Bueno, después de 12 inactivo, acabo de escribrir este, el ocatvo capítulo ayer, es un orgullo para mí, espero les guste tanto cómo yo al escribirlo.
Por cierto, la canción es:
Willie Colón - El gran varón.
Sin más preámbulos, ¡a leer!
Capítulo 8: Hola, mi nombre es…
—Doble D —dijo con algo más de tacto —, lo que no quiero es que luego te imagines o te ilusiones con otra cosa que no puede ser.
—¿De qué hablas? —preguntó confundido.
—Sólo somos amigos, nada más que eso —por alguna extraña razón eso le dolió.
Estaba perdido, seguía hundido en sus pensamientos, no podía evitar pensar en las palabras de ella, porque todo era tan difícil, no era cómo que estuviera enamorada de ella, pero haber perdido su virginidad con ella y luego ser abruptamente rechazado e ignorado por ella de manera fría y radical era muy doloroso.
Y lo peor es que ella no se abría al dialogo, lo evitaba a toda costa, o sacaba alguna excusa mala o simplemente cambia de tema saliéndose finalmente por la tangente.
—Esto es una basura—seguía sosteniendo la rosa entre sus manos, era de color purpura cómo el cabello de ella —, y más sin embargo sigo aquí, tratando de arreglar una relación que tal vez nunca empezó ni existió.
Finalmente emprendió camino a dónde Lee había dicho que Marie fue a pasar el rato, su mente sólo se concentraba en ello.
1
El silbato del profesor sonó y dio inicio el partido de práctica, Ed tenía más energía y decisión que otros días, se podía decir que era una máquina imparable, su arco volvía a ser impenetrable, por más que todos los jugadores se esforzaran no lograban siquiera acercarse a atinarle a un poste, y eso que aún seguía usando sus viejos guantes rotos.
May lo miraba desde las gradas y de vez en cuando lo saludaba con una sonrisa coqueta, gesto que el correspondía para luego volver a concentrarse en jugar… las demás porristas de vez en cuando le hacían bromas a ella sobre su relación con Ed.
—¡Muy bien con eso es suficiente! —indicó el profesor con un megáfono —, ¡a las gradas! —todos se fueron a sentar.
—Buen entrenamiento Ed —felicitó Kevin.
—Si Ed, estuviste mejor que los otros días, es bueno saber que ya te encuentras bien —dijo uno de los defensas.
—¿Oye Ed y por qué no usas los guantes que te regaló May? —preguntó Kevin y todos los demás chiflaron por eso sonrojando a Ed.
—Porque no quiero desgastarlos en los entrenamientos, los usaré en el gran juego —eso los sorprendió a todos.
—Felicidades chicos, han estado jugando bien —dijo el profesor —, señor Ed me alegro que haya solucionado sus problemas y esté otra vez jugando cómo nunca.
—Gracias profesor.
—En otras noticias, tenemos un nuevo integrante al club, adelante chico, preséntate —de entre las gradas emergió: tez aperlada, cabello negro y corto, medía lo mismo que Eddy, traía puesto el uniforme del equipo, Ed tragó grueso, lo conocía y vaya que sí.
—Hola, mi nombre es Rafael A. —dijo su nombre Kevin también se sorprendió de su presencia —, soy de México, pero por azares del destino mi familia y yo nos mudamos acá.
—¿Qué significa A? —preguntó uno de los defensas.
—Es mi apellido sólo que abreviado, pero no se los diré porque no tiene relevancia en esto, sólo díganme Rafa.
—Muy bien Rafa, ¿qué posición juegas? —preguntó el profesor.
—De todas —eso hizo que los demás se miraran entre sí por la respuesta.
—Pero me gusta mucho ser portero y él lo sabe —apuntó a Ed, todos voltearon a verlo.
—¿Ya se conocían? —Ed asintió con algo de furia por el recuerdo del parque.
—Desgraciadamente —murmuró con rabia algo que dejó atónitos a todos.
—No es mi culpa que te distrajeras y te metiera un gol de manera sencilla —mencionó de manera burlona todos expandieron sus ojos a más no poder, Ed tensó sus puños y avanzó hacia él, pero los del equipo lo retuvieron.
—Déjense de niñerías, si tienen algún conflicto entre ustedes resuélvalo en la cancha —dijo el profesor con una voz autoritaria —, ¡penales!
May se acercó para poder apreciar mejor. Todos estaban en la meta, colocaron el balón en el punto, Rafael se puso primero de portero, no se había puesto guantes.
—¿No te vas a colocar guantes chico? —preguntó el profesor.
—No, yo siempre juego sin ellos —eso los dejó estupefactos.
—No creo que pueda atajar mucho, simplemente su estatura será un impedimento —murmuraba uno de los medios.
—¡Ahora! —el primero en tirar fue Kevin, el balón iba al ángulo derecho, Rafa corriendo hacia el poste derecho se impulsó hacia arriba logrando atajar el tiro sorprendiendo a todos.
Y así los tiros siguieron, nadie pudo meterle un gol, estaba a la par de Ed.
—Y por último Ed —él se colocó, tomó aire y tiró.
El balón iba curveando hacia arriba, parecía inevitable que entrara, pero de la nada saltó levantando su pierna izquierda tocando el poste y deteniendo el paso del balón dejando con la boca abierta a todos, demostrando su gran flexibilidad, Ed bufaba molesto por ello.
—Bien ahora Ed —pero Ed negó con la cabeza.
—No profesor, lo lamento, nos vemos mañana —fue hasta dónde May y la tomó de la mano para luego irse.
Rafa la miró y quedó sorprendido por su deslumbrante belleza al igual que su escultural figura.
—¿Quién es ella? —les preguntó.
—May Cruel, pero ni te ilusiones chico, es novia de Ed —respondió Kevin.
—Yo que sepa no son nada —dijo otro de los jugadores, Kevin le señaló con un ademán que cerrara la boca.
—Ya veo, excelente —dijo Rafa para luego irse de ahí.
—Idiota —pronunció Kevin.
2
Se encontraban comiendo en un restaurante, regularmente iban a uno una vez a la semana, ese día el turno fue de Lee, fueron a comer a "los hermanos", eran parrilladas.
—Está muy bueno —dijo Eddy saboreando cada pedazo de carne —, está muy jugosa y es suave.
—Sí, te dije, soy muy buena en esto, no cómo el otro restaurante que elegiste que fue una basura.
—¡Oye!, yo cómo iba a saber que utilizaban ratas en la comida china para hacerlas pasar por pollo —dijo con la boca llena.
—Primero traga y después hablas —él así lo hizo.
—Bien…
—Oye no se te vaya a olvidar que de este domingo al otro es la cena con mi padre —la expresión de Eddy cambió a una de seriedad molesta.
—Porque tienes que estarme repitiendo a cada rato eso, ya sé que tengo que ir, también que me asesinará en cuanto me vea y mi funeral será sencillo y sin mucha inversión —Lee rio por ese comentario.
—Tranquilo —dijo sobándole la espalda —, se llevarán bien, es más tú me recuerdas un poco a él —Eddy la miró de manera escéptica.
3
Estaba comprando unos comics, los que estaban ahí no podían creer que una chica, especialmente una porrista estuviese ahí adentro.
—Dime Ed, ¿qué te molesta? —preguntó con un tono suave poniendo su mano en el hombro mientras el miraba algunos comics.
—Él me anotó un gol otro día, demostró habilidad y agilidad que yo no tengo, incluso su técnicas son muy superiores a las mías —dijo triste y decaído.
—No digas eso —con su mano hizo que la volteara a ver —, tú eres muy bueno, quizás tiene más entrenando, pero no es algo que no logres con algo de práctica.
—Tienes razón —se quedaron mirándose durante unos segundos, sus rostros inconscientemente comenzaron a acercarse.
—Son veinte dólares —dijo el dueño de la tienda rompiendo el momento, Ed sacó el dinero de su bolsillo y se lo entregó.
—Vamos a cenar, ahora yo te invito —dijo él, ella se pegó a su brazo contenta por esas palabras.
4
Llegó, el letrero brillaba con intensidad, parpadeaba, se acomodó su chaqueta negra, sacudió un poco su gorra y se dispuso a entrar. Lo detuvo el mismo sujeto de dos metros de altura.
—Bienvenido al club Cínicos, anótese, su nombre, su expresión artística o algo que lo distinga de los demás —dijo en un tono monótono, Doble D tomó la tabla y escribió de forma rápida para luego entrar.
La melodía parecía ser triste, algo extraño para lo que representaba el lugar, pero lo raro es que la gente seguía en la pista, y fue cuando logro verla, estaba con un sujeto, parecía tener más edad que ambos.
El grupo musical se componía de dos trompetistas, un saxofonista, un bonguero, un conguero, baterista, güirista, tecladista, cuatro cantantes, un campanero, bajista y guitarrista.
En la sala de un hospital a las 9:43 nació Simón,
Es el verano del 56 el orgullo de Don Andrés por ser varón,
Fue criado como los demás,
Con mano dura con severidad nunca opinó.
Cuando crezcas vas a estudiar la misma vaina que tu papá,
Óyelo bien tendrás que ser un gran varón.
El ritmo comenzó, era muy pegadizo, el compás marcado por las congas, adornado por los bongos y la campana, la melodía de los teclados, trompeta, saxofón, guitarra y bajo daba un placer indescriptible. Marie bailaba muy bien al igual que el sujeto, se interpuso entre los dos sorprendiéndola.
—¿Me permite caballero? —preguntó para poder bailar con ella, él accedió.
—Voy por un whisky —dijo en última instancia antes de irse.
—¿Bailamos? —ella seguía con los brazos cruzados algo molesta.
—¿Por qué haces esto? —preguntó con frialdad.
—Vamos ándale —ella lo tomó de los hombros y él del brazo izquierdo y la cintura.
Al extranjero se fue Simón,
Lejos de casa se le olvido aquel sermón,
Cambió la forma de caminar usaba falda lápiz labial,
Y un carterón.
La hizo dar una vuelta de ciento ochenta grados, para luego pegarla a él y moverse hacia adelante y hacia atrás, nunca quitándole los ojos de encima… Marie estaba sorprendida por esa demostración.
Cuenta la gente que un día el papá
Fue a visitarlo sin avisar, vaya que error,
Una mujer le habló al pasar
Le dijo hola que tal papá como te va.
Se soltaron y bailaron moviendo las caderas de izquierda a derecha junto con las manos, después se tomaron de las manos por detrás de sus cabezas girando, para luego Doble D hacerla girar tres veces y seguir los mismo tres pasos, que eran lo suficiente para tenerla atada a él.
¿No me conoces? yo soy Simón,
Simón tu hijo, el gran varón.
No se puede corregir a la naturaleza
Árbol que nace doblado, jamás su tronco endereza.
Ella no podía evitar sonreír por su gran muestra de baile.
—¿Dónde aprendiste a bailar? —preguntó con curiosidad.
—Bailar es cómo efectuar una kata de judo, partes de un punto tienes que hacer los movimientos con la intención de regresar al punto de partida, eso contando la flexibilidad y agilidad que exige —esa explicación la dejó boquiabierta.
No se puede corregir...
Se dejó llevar por lo que dice la gente
Su padre jamás le habló lo abandonó para siempre
No se puede corregir...
Algunas mujeres miraban a ambos y el gran desenvolvimiento de él, y en sus ojos se notaban sus deseos de poder bailar con Doble D. En la barra se encontraba el sujeto que había ido con ella, dio otro sorbo al whisky y soltaba el aire con molestia.
No se puede corregir...
No te quejes Andrés, no te quejes por nada,
Si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada.
No se puede corregir…
—¿Por qué sigues evitándome? —preguntó él sacándola de juego, la extendió hacia su derecha girando para luego regresarla a él.
—Doble D, no es el momento ni el lugar para hablar de eso —Doble D frunció el ceño molesto.
—¿Entonces cuando?, nunca lo hablamos, jamás quieres, incluso me evitas cuando trato de solucionarlo.
Y mientras pasan los años el viejo cediendo un poco
Simón ya ni le escribía Andrés estaba furioso
No se puede...
Por fin tuvo noticias de donde su hijo estaba
Andrés nunca olvidó el día de esa triste llamada.
Alelelelele lelelele leleleleleeee
Alelelelele lelelele lelelelelee
La canción se detuvo y de nuevo empezaba la melodía del inicio.
—Dime, ¿qué hacer?, ¿sabes que me estoy volviendo loco por no dejar las cuentas claras? —le externó dándole un golpe bajo, ella agachó la mirada.
—No —respondió fría.
En la sala de un hospital
De una extraña enfermedad murió Simón,
Es el verano del 86
Al enfermo de la cama 10 nadie lloró
Simón, Simón, Simón.
Los tambores, congas, bongos y campanas retumbaron dando inicio de nuevo al ritmo.
No se puede corregir...
Hay que tener compasión basta ya de moraleja
El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
No se puede corregir...
De nuevo seguían bailando, no se cansaban y Marie por primera vez se dejó llevar perdiéndose en la mirada de Doble D, algo inaudito para el caballero de la barra. Quien apretaba los puños por su frustración.
El que nunca perdona tiene el destino incierto
De vivir amargos recuerdos en su propio infierno.
No se puede corregir...
Alelelelele lelelele lelelelele
Alelelelele lelelele
El final de la canción se aproximaba, Doble D hizo que Marie diera diez vueltas para luego hacerla caer en sus brazos quedando sus rostros a diez centímetros, podían sentir sus respiraciones. Todos aplaudieron por la gran canción.
—Creo que me acostumbraré a los grupos latinos —mencionó sonriéndole.
—No creas, mañana se presentará una banda de jazz —mencionó ella.
—Que interesante…
—¡Oye pendejo! —gritó el hombre acercándose a Doble D, echaba fuego por los ojos.
Marie al darse cuenta de lo que pretendía hacer se interpuso entre ambos.
—¡Max cálmate! —pero él inmerso en su rabia la empujó a un lado haciéndola caer, todos alrededor exclamaron un ligero "oh".
Doble D quedó estupefacto por ello y algo dentro de él empezó a crecer, era un enojo nunca antes sentido, un deseo que jamás desearía haber experimentado.
Su pierna derecha se extendía ligeramente hacía adelante y su pie ligeramente inclinado a la izquierda, su pierna izquierda sostenía el peso, su espalda inclinada hacia atrás, y su brazo derecho extendido hacia adelante apuntando con sus dedos a la cara de Max, mientras que la mano izquierda estaba pegado al lado del codo derecho con los dedos apuntando hacia el techo.
Max tiró el primer golpe, Doble D giró noventa grados a la izquierda desviando el ataque con su palma derecha, sin esperar nada impactó un golpe con su mano izquierda respectivamente con sus nudillos anular y meñique, después intercalo una serie de puñetazos veloces que en menos de diez segundos hicieron sangrar al individuo, para que luego lo tomara del cuello y lo azotara contra el suelo noqueándolo.
—¡Llamen a una ambulancia! —gritó una mujer al ver la sangre que brotaba de la nariz, boca y nuca de Max. Doble D levantó a Marie entre sus brazos y salió corriendo para evitar meterse en problemas.
—¡Vámonos!
Salió del lugar y la metió al carro, lo encendió y piso a fondo para perderse.
Llegaron a la colina de la segunda cita, dejaron de respirar agitados, se relajaron y comenzaron reír, nunca antes Doble D había vivido tal adrenalina.
—Me has sorprendido Doble D —comentó ella rompiendo el momento —, ¿desde cuándo entrenas kung fu?
—Desde que te fuiste de la ciudad —respondió un poco más calmado.
—Ya veo, por eso eres bueno en judo —dedujo haciendo que él se sonrojara.
—Ahora sí, ¿qué vamos a hacer? —dijo él volviendo al tema principal, Marie rodó los ojos exasperada, se acercó a él y unió sus labios con los suyos, dándole un giro completamente inesperado a la situación —, ¿qué haces? —preguntó cortando el beso.
—Solución sencilla: parece ser que ya me volví adicta a ti —Doble D alzó las cejas ante esa afirmación —, me refiero en el tema del sexo, es vergonzoso admitirlo, pero eres muy bueno, creo que el mejor con el que tenido relaciones —él sonrió con altanería —, no te emociones… y tú no puedes evitar pensar en mí, así que, volvámonos amigos con derecho.
—¿Cómo? —preguntó, pues desconocía el término.
—Cada que alguna de las dos partes quiera tener sexo el otro no deberá negarse, podemos salir con otras personas y nada de sentimientos cursis, ¿aceptas? —Doble D asintió —, perfecto —volvieron a besar mientras poco a poco la ropa salía sobrando.
5
El profesor Vicente leyó la hoja que el prefecto le entregó, después de unos segundos asintió con la cabeza aceptando.
—Adelante —indicó el prefecto —, estudiantes tienen una nueva compañera —ella entró.
Piel aperlada, cabello castaño, largo y ondulado, usaba lentes, vestía con una falda floreada de color blanco y una blusa de tirantes color amarillo.
Todos los chicos al verla quedaron deslumbrados. Doble D no pudo evitar abrir la boca ante su presencia, algo que molestó a Marie.
—Doble D cierra la boca o se te meterán las moscas —lo dijo en un tono alto para que todos escucharan, lo que desató la risa de todos los presentes y un ligero sonrojo de ella.
—Hola, mi nombre es… Ailin —se presentó finalmente.
Ya se armó, Doble D suertudo (¿será?), Marie que bipolar, que ojete es Rafa, pero bueno, vamos a ver cómo soluciona su bronca Ed, claro de la manod e su novi... ¡amiga!, perdón la costumbre.
Los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a seguir escribiendo, les agradezco a los que siguen esta historia, n otengo nada más que agregar, así que nos vemos en el siguiente capítulo.
Se despide su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
