Capítulo 11: Cena familiar y una pequeña sorpresa

Las cobijas cubrían la mayor parte de su cuerpo, se encontraba envuelto cual taco, los rayos del sol traspasaba las cortinas color avellana. Sus pantalones colgados en su silla, las flores debajo de la misma, en su perchero su boina y gorra se encontraban. Todo su cuarto parecía un caos, papeles por doquier, lápices, tubos de pintura, algunas manchas en la pared, dos paletas llenas aún de pasta estaban tiradas sobre su sillón junto a su mandil de mezclilla.

El sol le caló en el rostro, su cara hizo un gesto de disgusto y se volteó dando la espalda, su brazo derecho sobresalió tocando el suelo, revelando que sus dedos tenían impregnados colores. Sus ojeras y el cabello despeinado demostraban una evidente noche de desvelo.

Bostezó estirando completamente su cuerpo, se talló los ojos y los abrió de forma abrupta, estaban hinchados, le dolían, como si tuviera agujas inyectadas en ellos. Su única contemplación era el techo, unas lágrimas salieron de sus ojos.

—¿Por qué? —se preguntó, su voz interior despertaba —, ¿qué rayos ocurrió? —los recientes acontecimientos llenaban su cabeza, perturbándolo a cada momento, la tranquilidad había desaparecido. El frasco se encontraba a poco de romperse, tenía que dar con respuestas y con eso formular únicamente una pregunta; ¿qué significan esas cartas?

1

La cama estaba repleta de ropa, una montaña recién formada, Marie rodaba los ojos y negaba con la cabeza con decepción. May por su parte se probaba cada una de las prendas de la cama, revisándose al espejo, haciendo miles de combinaciones posibles e inventando algunas en el proceso de esa gama de posibilidades.

—May, ¿sabes que papá no te va a querer por más maquillaje que te pongas? —escupió de forma venenosa pero May sonrió con cinismo.

—Que te hayas peleado con Doble D no quiere decir que todos tenemos que sentir lastima por ti, ¿sabes? —Marie frunció el ceño molesta y se abalanzó sobre ella.

—¡Estás muerta estúpida! —gritó haciendo que May sintiera un miedo indescriptible.

—¡Ah! —y saltó de la cama huyendo del cuarto cómo alma que se la lleva el diablo. Cerró la puerta e hizo peso con su cuerpo para evitar que ella saliera. La puerta recibió unos manotazos que la hicieron temblar.

—¡Ábreme idiota! —fue un grito con una fuerza impresionante que hizo que un miedo recorriera su espalda, tragó grueso.

—Ni que estuviera loca, quiero vivir —pero una fuerte patada frontal empujó la puerta tumbándola, estaba indefensa en el suelo, los ojos de Marie lanzaban fuego, levantó su mano y May cerró los ojos aceptando su destino.

Diez segundos y no recibió golpe alguno, abrió los ojos y Lee tenía atrapada en su mano la muñeca de Marie.

—No puedo dejarlas solas ni un segundo sin que hagan algo estúpido —dijo de manera fría y seca —, tienen suerte que la puerta no se rompió, porque si no me iban a conocer enojada —Marie cambió su semblante enojado por uno serio e indiferente —. No puedo creer que ni si quiera porque él vendrá puedan comportarse y ponerse de acuerdo en algo —Marie rodó los ojos y negó con la cabeza alejándose de la escena y saliendo de su casa. Lee no podía hacer nada más que decepcionarse de la actitud de su hermana.

2

Era extraño, una experiencia que nunca imaginaba que iba a vivir, llevaba horas caminado en círculo dentro de su habitación. No entendía absolutamente nada. ¿En qué momento llegó a este punto?

Las respuestas no parecían llegar y eso comenzó a desesperarlo, la ansiedad lo carcomía y lamentablemente no podía hacer nada. ¿Qué le estaba ocurriendo?, más y más preguntas… ¿Por qué no se negó a esa petición?, ¿Qué hacía ahora?

—¡Ed!, ¡Mamá dice que vayas a la tienda por unos vegetales! —y con eso un escape se presentó —, ¡Y me vas a traer helado! —él suspiró y salió de su habitación.

3

Reía cómo loco, lo había logrado, un pequeño conflicto; el cuál sería el más fuerte de todos, empezando por una pieza desencadenaría el derrumbe total del rompecabezas.

Colocó las fotos sobre una pizarra con unos pines. La cual estaba dividida en tres columnas con los nombres: Ed, Edd y Eddy por último. Colocando las dos fotos en las dos primeras columnas.

—Con Edd fue sencillo —sonrió por eso colocando la foto de Marie y Ailin a los lados de su nombre —, por suerte esta latina llegó en el momento indicado y pudo acelerar mis planes. —Volteó a ver el nombre de Ed y se rascó la barbilla —, contigo no sé qué diablos haré, pero deberá ser algo mucho menos complicado —colocó la foto de él y May abrazados bajo el árbol — y con Eddy —puso la foto de Lee —, la compasión no existe, ni siquiera el tacto.

4

Caminaba sin rumbo alguno, cargaba su mochila con él, la capucha le cubría el rostro. Revisó su reloj: 6:30, el atardecer estaba ocurriendo. Se sentó sobre la banca de ese viejo parque. Sacó una pequeña libreta de hojas blancas junto con tres colores: amarillo, rojo y azul. Miró un punto que le gustaba y comenzó a realizar un bosquejo rápido. Captando la esencia, la figura y los colores de lo que podría ser su próxima pintura.

5

Tomaba la botella y bebía la cerveza de una manera "poco civilizada", ambos chicos estaban nerviosos frente al gigante, sudaban de una manera disimulada. Las chicas por su parte sonreían muy contentas por el encuentro.

—Oigan niñas —su voz profunda, aunado a su calvicie, pero altura considerable y masa muscular superior, lo hacían alguien digno de temer, vistiendo casualmente con unos vaqueros, botas cafés, camisa de cuadros y un cinturón con gran hebilla.

—¿Qué pasa papi? —preguntaron ambas al unísono.

—¿Por qué Marie no vino a esta cena? —ellas cruzaron miradas nerviosas, sin articular palabra alguna.

—Pues… —trató inútilmente May de inventar una justificación.

—Está deprimida por un chico —mencionó rápidamente Lee ocasionando que casi se atragantaran Ed y Eddy —, y pues debido a eso no se sintió muy cómoda para hacer algo como esto.

—Ella se lo pierde —bebió otra vez de su cerveza —, ¿y no me van a presentar a estos pedazos de estiércol? —eso hizo que ambos tragaran grueso, y él rio demasiado fuerte que se escuchó en todo el restaurante avergonzándolas a ambas —. ¿Tú debes ser el gran Eddy no es así? —le dio una palmada tan fuerte que le dejó rojo parte de la espalda y él no pudo hacer más que aguantar el dolor —, mi hija ha dicho que te gusta el beisbol.

—Así… es… se-se-señor —dijo adolorido y temblando del miedo.

—Yo era el mejor bateador en mis tiempos de juventud, ahorita estoy viejo y solo me dedico a ser cátcher —Eddy sonrió forzosamente.

—Creo que usted todavía es un buen bateador —estaba muy incómodo y necesitaba a toda costa disimularlo.

—Puede ser hijo, pero olvida las formalidades, dime Jeff —él asintió.

—Está bien Jeff —seguía forzando una sonrisa que Lee notó inmediatamente y negó disgustada con la cabeza.

—¿Y tú eres el gigante Ed? —él asintió —, eres una atleta, macho pelo en pecho, me recuerdas a mí en mi juventud, solo que creo que sin muchas jovencitas detrás ti.

—¡Papá! —exclamó molesta y enrojecida May por la estupidez machista que su padre mencionaba.

—Bueno me callo, oye, por cierto Lee.

—¿Qué? —preguntó.

—Me topé a alguien de caminó hacia la ciudad, ¿quién crees que es? —ella arqueó una ceja confundida y negó con la cabeza.

—Te suena el nombre Steve —ella dibujó una sonrisa muy ancha y una mano tocó su hombro se volteó y lo abrazó.

Rubio, misma estatura de Ed, delgado pero fornido, vestía una pantalonera deportiva y una playera verde limón con tenis de basquetbolista.

—No te has olvidado de mí, ¿verdad rojita? —dijo con tono suave y ladino que molesto a Eddy.

—Mi amor, ¿quién es él? —preguntó a la defensiva.

—Mi mejor amigo desde el kínder —Steve le guiñó el ojo haciéndolo rabiar internamente.

—¿Y qué haces por acá Steve? —interrogó Lee.

—Me cambié a la preparatoria de aquí, y pues sorpresa volveremos a las andadas como en los viejos tiempos —ella lo abrazó otra vez y May no pudo sentirse más incómoda por la imprudencia de su hermana mayor.