El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
-Ceremonia-
Año 2125, Era Fukkatsu.
Luego de que la tecnología ayudara a mejorar la vida de las personas, la tecnología se volvió la fuente del poder. Quien creaba era quien gobernaba.
Fue causa suficiente para que tarde o temprano una guerra civil dividiera al país.
Por fortuna ahora vivimos el inicio de una era que promete ser gloriosa. Los imperios que se crearon durante esta división conviven y adaptan sus innovaciones para el bien de sus pueblos. Han llegado a un acuerdo.
El cumplimiento de esta paz está a cargo de los Samuráis, nobles guerreros que defienden a aquellos que lo necesitan con métodos considerados reliquias de la antigüedad. Tradicionales técnicas que formaron parte del acuerdo firmado por los imperios "Ningún arma creada de la tecnología podrá ser empleada en la destrucción"
Mi padre y el padre de Ranma son parte de los generales del ejercito samurái de su majestad el emperador Kuonji, regente del imperio central y que antes de la guerra civil era conocida como la capital del país.
Mi padre se encarga de comandar la caballería, mientras que el padre de Ranma los arqueros.
Puede que los samuráis en la antigüedad tuvieran que dominar distintas disciplinas al mismo tiempo para ser considerados dignos. Pero ahora no funciona de esa forma. El pensamiento es que la especialización y la unión hacen la fuerza.
Las técnicas samuráis tradicionales se han resumido en cuatro disciplinas independientes que son: caballería, arquería, artes marciales y uso del sable. Siendo esta última la estrella de la casa Samurái de cualquier imperio.
Así que a los 15, cuando tuve que decidirme por una disciplina en la cual especializarme, elegí sin pensarlo dos veces la arquería.
Verán, Ranma y yo nos conocemos desde niños y si he elegido la arquería se debió por el puro placer de que él fuera mi instructor.
Ranma es unos 3 años mayor que yo. En teoría él debería ser ya el Capitán en esta rama, por lo que es fácil comprender que sus habilidades tienen el suficiente recorrido como para ahora ser quien enseña a los nuevos reclutas.
Pero declinó la oferta de ser capitán por la oportunidad de aprender y dominar el uso del sable. Una técnica de combate exclusiva para la familia imperial, algunos elegidos y las damas de compañía de la princesa y/o la emperatriz.
Suspiro.
No puedo evitar mirarlo mientras recogemos las flechas que están regadas por el campo de adiestramiento.
Su espalda me hipnotiza, no puedo evitar contemplarle. Lleva el mismo traje de entrenamiento que yo, pantalones y camiseta ajustados al cuerpo. Hechos de un maravilloso textil que absorbe la energía que empleamos para luego reciclarla en las armas que estemos ocupando. Así que es imposible ignorar su amplia y musculosa espalda que se marca con esta vestimenta.
No, no sé en que momento comencé a verlo con otros ojos.
Desde que tengo memoria Ranma siempre ha sido parte de mi vida, lo cual tiene sentido porque estamos comprometidos. Solo que hay un problema, Ranma no lo sabe.
De hecho yo tampoco tendría porque saberlo aún simplemente que por error, o tal vez por curiosidad y el debido descuido de mi padre, he leído unos documentos donde el emperador ha firmado la aceptación de nuestro compromiso desde hace unas semanas.
La culpa de esta insana, si debemos ponerle un adjetivo, curiosidad la tiene Nabiki. Mi hermana mayor me ha dicho que papá ya tenía un pretendiente para mí.
De cierto modo los samuráis somos nobleza también, somos familiares lejanos del emperador y estamos en la línea de sucesión al trono por lo que nuestros matrimonios deben ser arreglados y tener el favor de su majestad imperial.
Comúnmente cuando los hombres cumplen 21 años se realiza una ceremonia donde se les presenta a su prometida y futura compañera de vida.
A partir de ese instante se les otorga un año para que convivan, se conozcan mejor, sepan si existe un futuro para ambos y puedan entonces fijar la fecha para la boda. Pero si no hay química entre estos el compromiso se anula y la mujer puede elegir pretendiente. Son ahora ellos quienes están, por así decirlo, en el escaparate.
Las mujeres pueden ser elegidas para un compromiso solo a partir de que han cumplido los 18 años.
En el imperio Kuonji hay varios jóvenes que están próximos a cumplir los 21 o que recién ya los han cumplido, por lo que en una semana se realizará una ceremonia de compromiso.
Nabiki tiene los ojos puestos en Taro Furumoto, el capitán samurái de la disciplina de artes marciales.
Solo Nabiki y yo participaremos. Kasumi, nuestra hermana mayor, hace unos años fue seleccionada para ser la prometida de un alto comandante, pero rechazó la petición de mano y en su lugar eligió al galeno del emperador, el Doctor Tofu Ono.
Ahora mi hermana es la capitana de la caballería y el doctor la cabeza médica del imperio. Claro que mi hermana no lo hizo con la idea de obtener un rango a largo plazo, sino porque estaba enamorada desde siempre del médico.
Cuando era pequeña, y asistíamos a alguna ceremonia de compromiso, solía pensar que los matrimonios para los samuráis eran más un tema de negociación que de amor. Me parecía un espectáculo triste de ver en algunos casos.
Pero ahora que sé quien será mi prometido ya no estoy tan de acuerdo. Puede ser que los matrimonios que se arreglan son cuidadosamente seleccionados con el afán de un porvenir para toda nuestra sociedad.
-Estas muy distraída- me molesta Ranma cuando se acerca a mí para ayudarme a recolectar las flechas que no han dado en los blancos -¿es por la ceremonia de compromiso?
-No digas nada al respecto- respondo tratando de sonar indiferente o al menos tratando de parecer normal.
-¡Vaya!- ríe con fuerza -seguro te preocupa que tu padre no tome en cuenta tus deseos al momento de elegir a tu marido, como sea saldrás seleccionada durante la ceremonia, ya no eres una niña y recién haz cumplido los 18 años.
-No sé de que hablas- le muestro la lengua -quien debería estar más preocupado eres tú. En unos días te van a decir con quien te vas a comprometer ¿no sientes nervios?- me burlo de él, aunque la realidad es que anhelo saber que piensa al respecto.
-Eso no me interesa- habla jugando con la punta de una de las flechas -sabes bien que en lo único que debo preocuparme por ahora es en mi adiestramiento. Con suerte seré nombrado capitán muy pronto.
-Estas celoso porque su alteza Shinnosuke está por subir de rango- me río -lo olvidaba, tal vez lo que te da coraje es que Ryoga ya realizó las pruebas para ser capitán y tú aún no puedes hacerlo.
Ranma camina hasta ponerse frente a mí y me mira directo a los ojos -es varios años mayor que tú. Dudo que pueda ser tu prometido, por mucho que te guste.
Me giro para evitarlo -no tengo idea de a quién te refieres- hablo con fuerza para demostrarle que estoy molesta por sus palabras.
-¡Anda! He visto la forma en como te le quedas viendo a su alteza Shinnosuke, aprovechas que es primo directo de la princesa para verlo seguido. Y es una suerte para ti que no haya aceptado aún una prometida de otro imperio.
-Ya te dije que no me molestes- le doy un manotazo para alejarlo de mí cuando su rostro aparece inclinado frente al mío y comienzo a caminar con dirección a las escalinatas que llevan al palacio.
-Bueno es que desde el anuncio de la ceremonia te noto distraída, más de lo usual. Y mira que nunca te has caracterizado por ser...
Le arrojo una flecha que solo le pega en el brazo -no te atrevas a decir que soy una torpe.
-Lo eres- ríe nuevamente y yo prefiero mejor alejarme de él antes de que me vea roja de vergüenza.
A pesar de nuestra plática, que no ha salido como esperaba, debo admitirme que amo su risa.
Suspiro cabizbaja mientras subo los peldaños de vuelta al palacio.
-Dama Akane- escucho que alguien me llama en cuanto atravieso las puertas. Me detengo al reconocer la voz de la princesa.
Doy media vuelta y hago una reverencia –su alteza imperial.
-Akane no seas tan formal conmigo ¿sí?
Alzo la mirada y sonrío cuando ella lo hace.
Ukyo y yo somos de la misma edad por lo que nos hemos vuelto muy buenas amigas. Tuve la oferta de ser una de sus damas de compañía, aprender a usar el sable sonaba tentador.
Su capitán es Shinnosuke, pero pronto será nombrado coronel y por eso los chicos están realizando pruebas para saber quien tomará su lugar.
Admito que es un hombre muy apuesto, es inevitable observarlo de vez en cuando, pero definitivamente no es Ranma.
-¿Clases particulares de nuevo?- señala con su abanico el arco que llevo en la mano.
Los entrenamientos se han suspendido una semana hasta después de la fiesta de compromiso. Por eso Ranma aún no ha podido realizar la prueba para capitán.
-Siempre es bueno practicar para convertirme en la mejor.
-Debe tenerte miedo entonces el samurái Ranma.
-Más le vale que así sea ¿no lo cree su alteza imperial?
-Cierto- contesta emocionada -es tiempo que una dama vuelva a ser la cabeza de la división de arquería. Aunque seguramente el general Tendo hubiese preferido que te especializaras en ser una jinete.
-Kasumi ya se ha adueñado de esa disciplina.
-Es probable- sonríe amable -pero bueno te buscaba para ver si te interesaba acompañarme a la prueba de mi atuendo para la fiesta.
Medito un poco al recordar que yo no he vuelto para ver como ha quedado mi atuendo para esa noche. Probablemente sea buena idea visitar a la modista real.
-Sí, será un placer- bajo la mirada hacia mi vestimenta de práctica -aunque creo que primero debo cambiarme de ropa.
-Vayamos a tus aposentos entonces.
Akane camina deprisa, casi corriendo cada escalón de vuelta al palacio. Incluso ha olvidado su carcaj. En serio que está distraída, desde que se anuncio la ceremonia de compromiso la he notado distante y eso no me agrada para nada.
Por eso esta mañana he querido que continuáramos con las lecciones de arquería. Sorprendentemente ha avanzado mucho, es más diestra en esta práctica de lo que imaginé sería. Conociéndola, tan torpe siempre, creí que le costaría trabajo encontrar una disciplina.
Toda mujer debe saber defenderse, aún cuando estamos en paz con los clanes vecinos nunca se está lo suficientemente seguro de que otra guerra no estalle.
Creo que en gran medida los matrimonios arreglados han ayudado a mantener dicha paz.
Suspiro -me pregunto que estará pasando por su mente.
Debe estar preocupada por saber con quien podrían casarla, Akane ya está en edad para ser la prometida de alguno.
Cierro el puño con fuerza.
El primo de la princesa Ukyo aún está soltero y según escuche, durante uno de los entrenamientos con el sable, había rechazado una propuesta de compromiso con una dama de un clan vecino porque la chica estaba enamorada de otro hombre.
La otra versión es que él rechazó el compromiso porque la chica que a él le interesa aún no cumplía la edad para ser prometida. Y es precisamente este último rumor el que me preocupaba.
Me he dado cuenta de la manera en como observa a Akane y eso me molesta. Porque desde que mi padre comenzó el fastidioso papeleo con el emperador sobre mi matrimonio me he dado a la tarea de investigar con quien piensan comprometerme. Y bueno, sé que el emperador a aceptado mi compromiso con ella. Solo hay un problema, Akane no lo sabe.
Puedo ser un fastidio para ella, pero supongo que a veces me comporto de esta forma para evitar que se de cuenta lo que me hace sentir. Tiene tiempo que llevo viéndola de otra manera, aún cuando nos conocemos desde que tengo memoria.
Cuando ella eligió arquería me hice de tiempo suficiente para seguir enseñando a los nuevos, sin importar el cansancio que tuviera. Quería adiestrarla en este arte. Yo, por estar más arriba en la lista de sucesión imperial puedo acceder sin condiciones para entrenarme en el uso del sable. Mi meta es ser el siguiente capitán en cuanto asciendan al primo de la princesa.
-¿Qué voy a hacer?- me pregunto en voz alta mientras termino de recoger todo.
De pronto escucho el aviso de la marcha imperial, debe estar llegando alguien importante al territorio. Alzo la vista y veo una nave acercarse a palacio en el horizonte, me fijo mejor en el escudo que porta y me doy cuenta que se trata del sello real Kusao.
-No sabía que el capitán llegaría hoy- es la voz de Mousse quien se acerca para estar junto a mí. Lleva un carcaj en la espalda y un arco en la mano.
-¿Pensabas practicar?- pregunto al verlo pero él esta muy interesado en la nave.
-Sí, aprovechar que estabas con Akane practicando. Retarla a una competencia de tiros, pienso que tiene potencial para ser capitana algún día- sonríe -pero veo que he llegado tarde.
Mousse es el capitán de los arqueros, puesto que mi padre pensaba yo debería haber solicitado. Seguro habría sobre salido y escalado con rapidez la arquería, pero yo necesitaba un reto, algo que no fuese tan habitual para mí.
-Tengo cosas que arreglar para la famosa ceremonia de este viernes- le explico a Mousse, es un año mayor que yo pero somos excelentes amigos –por eso hemos dado por terminada esta práctica.
-¿Nervioso?- pregunta al fin mirándome a la cara.
-¿Tú?
Se alza de hombros –prefiero no pensar en ello.
-¿Alguien que te interese?- mi morbo me provoca preguntar esto a todos los que vamos a estar en esa encantadora y fascinante noche.
Mousse se ríe –una de las damas de la princesa, por supuesto.
También me río -¡Ah! ¿ojos azules, cabello violeta y un carácter del demonio?
Mi compañero se sonroja un poco –huele a jazmín ¿sabes? Cada vez que la veo por los campos de entrenamiento junto a la princesa no puedo evitar mirarla como idiota. Siempre me sonríe también.
-Bueno- termino de guardar las flechas de Akane en su carcaj- tal vez tengas suerte.
-Ni siquiera tengo la certeza de que ella vaya a participar en la ceremonia ¿Qué hay de ti?- pregunta.
-Claro que hay alguien que me gusta- sonrío mostrando los dientes –pero no quiero salar mi oportunidad tentando a los dioses al decir su nombre en voz alta.
Tal vez de cierto modo ya los habría tentado a jugarme una broma por tan solo nombrarle con el pensamiento.
-Estas más distraída que de costumbre- le digo a Akane y ella responde mostrándome la lengua.
Es jueves por la tarde, la mayoría se está preparando para la ceremonia de mañana por la noche. Nosotros deberíamos de estar haciendo lo mismo. Pero en lugar de estar en una capsula de relajación Akane me ha pedido que practicáramos.
Acepté porque estoy a punto de confesarle mi mayor secreto desde que la conozco. Que la quiero y que mañana en la ceremonia le dirán que se convertirá en mi esposa algún día. No puedo esperar para que un extraño, monje o no, una su mano con la mía mientras el emperador le indica que yo seré su esposo.
Me encuentro justo frente a la puerta de metal de la habitación de Ranma, no es la primera vez que vengo pero estoy insoportablemente nerviosa.
Suspiro cuando mis piernas dejan de temblar un poco y decido tocar a la puerta. Necesito verlo antes de mañana.
Enseguida se abre y aparece Ranma, lleva una camiseta sin mangas y un hakama del mismo tono negro.
-¡Hola!- me recibe alegre -¿a qué debo el honor? ¿No deberías estar horneandote o algo así?
Me río, me relajo, me siento a gusto cuando estoy con él –se llama terapia de relajación.
-Me refería a que deberías estar preparándote para mañana ¿no? Biz Co Chi To- deletrea la palabra lentamente.
-Eres un idiota ¿sabías?- hablo con calma, no quiero parecer una niña caprichosa, quiero que me vea como la mujer que puede estar a su lado.
-Bueno, dime a que has venido.
Me ignora olímpicamente –quería saber si podemos practicar un rato- desprendo de mi collar la iconografía de mi arco. La tecnología me encanta, tan solo apretarlo dos veces hará que se haga del tamaño que necesito.
Ranma me mira de arriba abajo –ahora comprendo la vestimenta.
-¿Eso es un sí?- pregunto molesta por la inspección no solicitada -¿o te estas preparando para hornearte BIZ CO CHI TO?- le doy con su misma palabrería barata.
-Vamos- responde serio, de repente se detiene –solo déjame ir por mi arco.
Va de vuelta a su armario y desprende de su pantalla la iconografía que necesita.
Caminamos por los pasillos, los únicos que andan de un lado a otro son la gente de servicio que esta terminando de armar el gran salón.
-¿Has podido hablar con su alteza real Kusao?- pregunto, solo por hacer plática.
Ranma se tensa –no hemos tenido oportunidad de verle- dice y luego voltea a ver distraído el paisaje que se aprecia tras los enorme ventanales del palacio –desde que llegó se ha encerrado con mi padre, los demás generales y el emperador.
-Pensé que venía para adelantar las pruebas faltantes relacionadas con la selección del próximo capitán.
-Lo mismo creímos nosotros- suspira –pero también escuche que se trata de una revuelta que hay en el sur.
-¿Es algo por lo cual preocuparse?
-No- niega con la cabeza –seguro es una tontería.
Luego de que le digo que está distraída parece cambiar por completo. Practicamos varios blancos virtuales que hago salir a su alrededor. Aprovecho al máximo que tenemos para nosotros solos el salón de entrenamientos ya que no podemos ir afuera.
Pero creo que en gran medida todo esto lo estoy haciendo para retrasar mi plan de confesarme.
No es que me lo esté pensando dos veces es solo que estoy pensando como voy a reaccionar si ella se siente decepcionada. El peor escenario. La peor catástrofe. Tal como nos han entrenado.
-¿Qué tal vas con el sable?- pregunta Akane mientras corre hasta donde estoy para que le de un nuevo carcaj lleno.
-Bien.
Ella alza una ceja -¿Sólo bien?
-¿Qué esperas que te diga?
-No lo sé- alza los hombros despreocupada –conociéndote creí que me contarías tus fabulosos avances, que me dirías que has nacido para ser el amo y señor del sable, que el entrenamiento te queda chico.
Lo que sigue lo hago por instinto, no lo pienso mucho cuando mis manos dejan caer el carcaj y toman la cara de Akane para besarla.
Ella se queda quieta un segundo, un solo segundo que siento como una eternidad antes de que sus manos rodeen mis costillas y se instalen asiendo mis omoplatos. Sus guantes raspan mi espalda semi descubierta pero no me interesa, lo que me hipnotiza es la forma como se aferra a mí. La manera tan natural como me corresponde. Y entonces ya no tengo duda alguna, sé que siente lo mismo que yo por ella.
La marcha real anuncia en todo el palacio el inicio de la ceremonia. Nos llama a todos a ir directo al gran salón.
Nabiki me avisa que se adelantará con sus amigas mientras que yo sigo mirando mi aspecto en el espejo de cuerpo entero. No es que me sienta insegura de mi elección, pero solo quiero que a él le agrade.
Entonces la puerta de la habitación suena y mi corazón retumba en mi pecho emocionado.
Abro la puerta a distancia mientras me escondo cobardemente en el vestidor.
-¿Akane?- pregunta Ranma desde la entrada.
-¡Pasa! Ya casi salgo.
No es que me falte algo, salvo valor para dar la cara. Y entonces lo espío desde mi rincón, camina con paso seguro por el lugar que conoce de memoria. Me derrito al verlo traer en una mano una rosa roja.
-¿Eso es para mí Saotome?- pregunto cuando salgo por fin del vestidor.
Ranma me mira como si acabara de ver agua en el desierto y eso me hace sentir más que bien.
-Akane- susurra mi nombre, la forma en como me llama me causa un agradable escalofrío en la espalda y uno más agradable en el vientre –te ves majestuosa.
Hago una pequeña reverencia –agradezco su cumplido, gentil señor.
Se acerca a mí, toma mi mano derecha y besa el dorso con suavidad –el que agradece la visión soy yo, señora.
Quisiera que no tuviéramos que ir a la ceremonia, nuestro compromiso es un hecho así que ¿por qué no saltarnos a la noche de bodas ahora mismo? Las piernas me tiemblan y mi vientre reclama el contacto de Ranma.
-Ranma- susurro ahora yo, la voz se me ha escapado gustosa.
Él alza la mirada, el azul de sus ojos quema cada una de mis neuronas.
-Te he traído esto- me dice entregándome la flor –pensé que te gustaría, eso hacía la gente cuando salía en citas. O al menos es lo que he leído.
-Es muy amable de tu parte- respondo tomando la flor –aunque apuesto a que fue Ranko quien te lo contó.
Me mira divertido –lo leí en una de las lecturas que tenemos que hacer- aparta entonces un mechón de cabello de mi rostro -¿lista para irnos?
Asiento embobada.
Le ofrezco mi brazo a Akane y ella se sujeta con delicadeza. Su vestido es precioso, es negro como dicta el protocolo, pero el de ella me deja ver un poco la piel de sus senos debido al escote que llega hasta su cintura. La silueta es ajustada a sus curvas y las mangas del vestido son largas como una capa que se adapta a su cuerpo.
Se ve perfecta.
Un ridículo orgullo me llena al saber que mi futura esposa será el blanco de todas las miradas esta noche.
Yo voy vestido con la indumentaria reglamentaria samurái para estas ocasiones, un kimono, el mío es gris con adornos bordados en hilo de plata.
-También te ves muy guapo Ranma- me dice Akane mientras salimos de su habitación.
-¿Este vejestorio?- quiero hacerla sentir cómoda y relajada. Aunque es la noche más importante de nuestras vidas.
La música suena por todo el lugar, puedo ver por los ventanales que la gente que no vive en palacio comienza a entrar a este encaminada hacia el gran salón.
-¿Nerviosa?- pregunto mientras estamos acercándonos.
-No realmente- sonríe cerrando ligeramente sus ojos –ya no.
Akane pega un instante su cuerpo a mi brazo y yo no puedo evitar sentir como el pulso se me acelera.
-¡Ah! ¡Ahí están!- es mi padre quien está en la puerta del gran salón –Ranma me da gusto que hayas pasado por Akane. Tu madre y tu hermana ya están dentro, ahora necesito que vayas al salón adjunto con el resto de los chicos mientras yo acompañaré a mi niña a su asiento- dice esto ofreciendo su brazo para Akane, enseguida ella lo toma.
-Te veré más tarde- sonríe y yo la imito.
-Mi niña te ves preciosa- escucho decir a mi padre mientras me alejo hacia donde me ha indicado.
Cuando abro las dobles puertas de madera veo a todos mis colegas platicando entre ellos.
-Creí que no llegarías- dice Ryoga cuando se acerca a mí –pensé que te escaparías y dejarías a quien sea tu futura esposa libre para no sufrir a tu lado.
-Eres un idiota ¿sabías?- me río y lo abrazo -¿nervioso?
-En lo absoluto. ¿Tú?
-Por supuesto que sí- respondo fingiendo indignación -¿y si me comprometen con una loca?
-Yo sería feliz si me comprometieran con Akane Tendo- dice de forma natural y yo trato de mantener calma. No es su culpa. Él no sabe que ella será mi esposa.
-¿De verdad?- alzo una ceja interesado en su respuesta.
-Tú solo la ves como una amiga Ranma pero ella es preciosa, es graciosa y es muy amable.
-Osea que te gusta ¿no?
Ryoga alza un hombro –no es la única que me gusta.
-¡Anda! No pensé que fueras así.
-¿Así?
-Ya sabes, todo un cerdo.
El resto de nuestros compañeros ríen.
-¡Callate!
-Silencio todos- escuchamos la voz del emperador Kuonji y enseguida nos alineamos haciendo una reverencia.
-Nos postramos a sus pies, su genialidad celestial- decimos todos a la vez para mostrar nuestros respetos.
-De pie mis guerreros, de pie mis samuráis.
Todos nos levantamos mientras el emperador pasa frente a nosotros –hoy es una noche importante, una ceremonia como tenía años no presenciábamos. Hoy se les dará la oportunidad de forjar una unión sagrada con la divinidad hecha mujer. Hoy se les concederá el derecho de elegir esposa, una compañera, un consuelo, un deber, un amor. Por que deberán amarla, respetarla, adorarla y retarla, protegerla y ayudarle por siempre en su crecimiento como madre, amiga, esposa y compañera de vida.
-Así se hará, su sabia genialidad celestial- respondemos en coro.
-Bien mis guerreros. Les deseo una buena y prospera velada a todos. Que la luz, los dioses y la evolución guíen su senda.
El emperador camina por la puerta que lleva hasta el trono mientras nosotros volvemos a inclinarnos en una reverencia.
La puerta se cierra sin que nosotros nos movamos.
-De pie chicos, están por salir al público- habla ahora el general Tendo, mi futuro suegro –quiero que sean dignos representantes de este honorable imperio.
-Sí general- se escucha en la sala.
La puerta vuelve a abrirse y comenzamos a salir mientras vamos colocándonos en reverencia frente al emperador y la princesa.
-¡Akane! Estás preciosa en ese vestido- me llama sorprendida la princesa cuando me ve mientras ella anda por el pasillo central, saludando a todos.
-Muy amable su alteza- le digo haciendo una reverencia –pero usted se ve radiante.
-Ame lo que consiguieron hacer con mi atuendo, pero tú te ves despampanante. Hoy también participaras en la ceremonia ¿cierto?
Asiento sonrojada e ilusionada.
-Espero no te sientas nerviosa, hay muy buenos candidatos a futuro esposo en esta ceremonia.
-Su compromiso con el príncipe Tsubasa también será firmado esta noche su alteza imperial, debe sentirse emocionada.
-Lo estoy, la verdad es que en este último año que el príncipe y yo nos hemos estado frecuentando puedo asegurarte que me siento preparada para casarme con él.
-Es un hombre muy gentil.
-Y apasionado- ríe y yo la imito –debo irme- sujeta mis manos –mucha suerte- me guiña un ojo.
Cuando pasa hacia el trono el resto de sus damas de compañía le siguen. Entre ellas se encuentra Shampoo, diestra aprendiz del sable y a veces una descarada con los chicos.
-La ceremonia ya va a comenzar Akane- me dice Nabiki cuando se acerca a mí para tomar su lugar a mi lado.
-¿Y Kasumi?- pregunto buscándola entre el resto de los invitados.
A las damas que seremos comprometidas esta noches nos han colocado al frente.
-Anda en la entrada con Tofu, hablando con el capitán Shinnosuke.
-¿Conseguiste averiguar con quien te han comprometido?- pregunto en voz baja mientras me acomodo en mi sitio, veo una sonrisa en sus labios.
-Así es.
-Por tu cara de felicidad imagino que se trata del capitán Furumoto.
Ella asiente.
-Lo único que espero es que él me acepte. Note que Ranma pasó por ti a tu habitación ¿le dijiste que sabes que están comprometidos?
-No.
-¿Entonces?
-Ayer me besó- sonrío bajando la mirada, seguramente sonrojada.
-¡De verdad! No pensé que Ranma sintiera eso por ti, siempre está molestándote.
-Lo sé, pero así fue.
-Debiste haberle dicho que están comprometidos.
-No tiene caso Nabiki, de cualquier forma sé que él siente lo mismo que yo. Y hoy será oficial ante toda la corte lo nuestro.
Nabiki me sonríe cariñosamente -me da mucho gusto por ti hermanita.
Rodea mis hombros con un brazo y ambas juntamos nuestras cabezas en un gesto fraternal.
-Gracias- susurro.
La marcha imperial suena.
-¡El emperador Kuonji!- anuncian y todos los asistentes nos ponemos de pie.
El emperador hace un gesto mientras toma asiento en el trono y luego hace lo mismo la princesa.
De inmediato comienzan a salir por la puerta lateral los samuráis, entre ellos Ranma. Lo veo serio y apegado al protocolo. Comprometido con la ceremonia. Entonces alza brevemente su mirada cobalto y sus ojos chocan con los míos, me sonríe un instante y luego vuelve a su papel.
-Esta más que enamorado de ti Akane- susurra Nabiki y yo le golpeo con el codo ligeramente para que no me moleste.
Los samuráis se inclinan frente al emperador.
-Nos postramos a sus pies, su genialidad celestial- corean todos haciendo una reverencia.
El emperador asiente y los chicos se ponen de pie mientras todos los demás tomamos asiento de nuevo.
-Esta noche celebramos una ceremonia de compromiso como tenía años no veíamos. Los jóvenes guerreros que tenemos aquí presentes buscan una compañera de vida, una mujer en toda la extensión de la palabra.
Uno de los monjes se acerca al emperador con un pergamino.
-Los compromisos han ayudado a los imperios a mantener no solo la paz, sino la determinación del amor verdadero. Son alianzas divinas cuidadosamente estudiadas- el emperador mira a la audiencia, haciendo énfasis en las damas que estamos esperando a ser nombradas –ahora- toma aire mientras despliega el pergamino en sus manos -daré lectura a los futuros esposos. Samurái Hibiki, un paso al centro.
Ryoga se separa de la fila y camina frente al emperador, hace una reverencia.
-Se le concede la mano de la señorita Akari Unryu.
Las chicas volteamos a ver a Akari, ella se sonroja mientras se levanta de su lugar y camina hasta donde Ryoga.
Este extiende su mano y Akari coloca la suya sobre la de él, un monje se acerca hasta donde ellos y une sus manos con un lazo dorado.
-Tienen un año para fijar la fecha de su boda- dice el emperador mientras el monje recita una bendición solo para ellos.
Ryoga mira de vez en cuando a Akari y luego de que el monje retira el lazo este toma la mano de su ahora prometida y caminan de vuelta al público.
Es escuchan aplausos. Me da gusto por Akari, sé que ella siente algo por Ryoga y que ese sentimiento ha ido creciendo desde que forma parte de las damas de compañía de la princesa.
-Capitán Samurái de artes marciales Furumoto- habla el emperador.
Nabiki se pone más recta en su lugar.
-Tranquila- le susurro y ella asiente tomando una de mis manos entre las suyas. Detrás de esa aparente calma hay una chica temblando.
-Se le concede la mano de la señorita Nabiki Tendo.
Mi hermana se pone de pie al escuchar su nombre, camina hacia donde se encuentra el emperador y su prometido quien, para sorpresa de muchas, sonríe encantado de oreja a oreja al ver a Nabiki acercarse.
Taro coloca su mano y luego Nabiki encima la suya, el monje toma un lazo dorado y rodea sus manos. Hace su plegaria mientras el emperador repite que tienen un año para fijar la fecha de su boda.
-Samurái Saotome- llama el emperador a Ranma al centro.
Mi corazón golpea contra mi pecho y los oídos me zumban.
-Se le concede la mano de la señorita Akane Tendo.
Sin saber muy bien como me pongo de pie, con cuidado de no tropezarme con las mangas del vestido. Miro a la princesa fascinada aplaudir cuando me acerco a Ranma.
Mi prometido toma mi mano derecha y la besa antes de colocarla sobre su izquierda.
El monje se acerca a nosotros y rodea nuestras manos con un lazo dorado –una pareja forjada del amor, destinados a la grandeza, unidos por el místico hilo rojo. Son destino, su unión es la esperanza, jamás lo olviden.
Miro emocionada al monje y luego a Ranma.
-Tienen un año para fijar la fecha de su boda- nos indica el emperador y ambos asentimos.
Soy consciente de los aplausos, de que el monje retira el lazo dorado y que se lo entrega a Ranma y este lo besa mientras acaricia mi mano para guiarme de vuelta a nuestros lugares como prometidos entre el público.
Pero el resto de la ceremonia es simplemente ya un espectáculo que no me llama mucho la atención. Mi interés se centra en muestras manos, en nuestros dedos entrelazados, en las caricias que me propicia Ranma con sus labios cuando de vez en cuando se acerca para besar mi mejilla o mi sien mientras yo recargo mi cabeza sobre su hombro.
-¿Estás feliz?- me pregunta.
-Sí, mucho- lo miro a los ojos cuando alzo mi cabeza y él sonríe.
-Soy afortunado, no sabes desde hace cuanto me gustas Akane.
-Y tú a mi Ranma.
-Las palabras del monje tienen todo el sentido.
-Lo sé, es el destino.
La multitud aplaude, el emperador se pone de pie nuevamente tomando la mano de su hija para ayudarla a levantarse.
-Me llena de gran emoción la futura unión de estas parejas frente a mí. Pero más emoción recae ante un padre cuando su hija ha aceptado el compromiso con el príncipe del imperio vecino. Esta noche me llena de orgullo anunciar el matrimonio de la princesa Ukyo con el príncipe Tsubasa, las nupcias se llevarán a cabo a principio de la primavera. En un mes exactamente.
Todos aplaudimos mientras el príncipe Tsubasa, seguido de sus samuráis camina por el pasillo con un ramo de flores y una caja, que seguro contiene el anillo de compromiso para la princesa.
El príncipe se pone de rodillas frente a Ukyo y coloca la sortija en su dedo, luego se pone de pie y la besa frente a todos.
-¡Qué comience esta fiesta!- anuncia el emperador.
Tanto él como la princesa y su prometido salen del salón, seguidos por la corte real.
-Debo felicitarles por su compromiso- se acerca a Ranma y a mí el capitán Shinnosuke Kusao.
-Gracias su alteza- responde Ranma aceptando el saludo de mano del capitán.
Luego se acerca a mí para besar mi mano –radiante como siempre, dama Akane.
-Le agradezco su alteza.
-Si me disculpan, debo seguir a mi tío hasta el comedor. Espero me conceda una pieza esta noche con su prometida, samurái Ranma.
-Si ella acepta por supuesto- responde educado Ranma.
Shinnosuke sonríe y se aleja con el resto de la corte, luego salen nuestros padres y al final podemos seguir los demás.
