El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Música de fondo:
"Come to me" de Goo Goo Dolls
"Tell me you love me" de Boy Epic
"Kiss me" de Ed Sheeran
"Malmö I Mitt Hjärta" de Sarah MacDougall (no está en el texto pero sirvió de inspiración para la última parte de este capítulo) ¡Rooooooomance total!
-Destino-
Cuando salimos al gran salón me dí cuenta la forma como el Capitán Shinnosuke miraba a Akane, solo a ella. Y luego anunciaron nuestro compromiso y él bajo la vista mientras Akane pasaba a su lado hasta llegar conmigo.
Por un momento temí que pudiera haber hecho algo para evitar lo mío con Akane.
-¿Te ha gustado la cena?- pregunta mi ahora prometida mientras caminamos de vuelta, junto con el resto de la gente, al gran salón para el baile.
-No ha estado mal.
-Estoy tan nerviosa y emocionada que no he podido comer mucho- lleva su mano libre, la otra está sujeta a mi brazo, hasta su esbelta figura.
Me río y ella me mira con el ceño fruncido -¿te burlas de mí? ¿Ranma?
-No, es que yo también me siento igual y creo que por eso no he disfrutado mucho la cena. ¿Sabes que me apetece más?- bajo la voz.
-¿Qué?- me mira de reojo, con las mejillas ligeramente sonrosadas.
Bajo mi cuerpo un poco para susurrarle solo a ella mi respuesta -tú y yo solos, en mi habitación.
-¡Eres un idiota!- se ríe y luego suspira –pero quiero bailar.
-También quiero bailar contigo.
Cuando entramos al salón la música cubre el ambiente, las parejas que hemos sido comprometidas esta noche somos quienes deben iniciar el baile.
Así que llevo a Akane al centro de la pista y ambos hacemos una reverencia hacia el otro. Tal como el resto de las parejas.
La guitarra acompaña las letras del cantante mientras que mis manos se hacen con la cintura de Akane y con un movimiento simple muevo su cuerpo para que pueda girar con gracia un par de veces antes de levantarla mientras que ella apoya sus manos sobre mis hombros, es al bajarla que Akane se gira para que su espalda se encuentre en mi pecho, se inclina y yo me inclino con ella. Me sonríe y entonces vuelvo a girarla para hacerla quedar frente a mí.
Es una coreografía que nos enseñan desde niños, una costumbre aprendida y tomada de las cortes europeas durante la época isabelina.
Vuelvo a girarla y cuando lo hace las mangas de su vestido flotan a su alrededor. Cuando vuelve a mí yo no paro de mirarla a los ojos fascinado por su belleza. Se ve radiante y feliz. Sus manos se instalan a cada lado de mi rostro mientras ambos giramos a la par.
Akane ríe y yo le acompaño, estamos eufóricos, llenos de vitalidad y de alegría. La quiero, la quiero de verdad y ella me corresponde ese cariño.
Tomo una de sus manos y le doy un beso en el dorso, luego la hago girar de nueva cuenta y ella regresa. Su mano libre se queda en mi hombro mientras que la mía se posiciona en su cintura de nuevo.
Pego mi frente a la de ella.
-Te quiero Akane- digo con certeza absoluta.
Ella cierra los ojos, sonríe dejando ver sus dientes y luego me mira emocionada, al punto de las lágrimas.
-También te quiero Ranma.
Mi pecho arde, mi corazón vibra. La quiero. Era nuestro destino.
La música termina y la multitud aplaude. Hacemos una reverencia de nueva cuenta para agradecer la danza, a los músicos y la bendición del emperador.
De inmediato suena otra melodía y es entonces cuando el Capitán Shinnosuke se acerca a nosotros.
-Debo irme pronto de la fiesta, por eso les pido disculpen mi atrevimiento al solicitar una pieza de baile con la señorita Tendo- nos habla a ambos y Akane, quien aún respira para recuperar su aliento por nuestro baile, me mira esperando mi respuesta.
-Será un honor su alteza- le digo y luego beso en la sien a Akane –si mi prometida está de acuerdo.
Akane me sonríe cómplice, a continuación mira al capitán y hace una reverencia –será un honor su alteza.
Ambos estamos conscientes en que una petición así no se la podemos negar.
El capitán toma la mano de Akane y la aleja de mí. Cuando me giro lo veo posando una de sus manos en la cintura de ella en tanto que mi prometida se coloca en posición para bailar con el capitán.
Se mueven adelante, atrás, de un lado a otro. La melodía, en esta ocasión exige otra clase de baile, es una pieza lenta. Y aunque la mayoría debería pensar que estaría preocupado agradezco mi suerte, esta canción triste de desamor se baila al estilo victoriano, así que hay una considerable y aceptable distancia entre mi prometida y el capitán.
-Ranma- me giro al instante que escucho la voz de una de las damas de compañía de la princesa, es justo la chica que esperaba Mousse como prometida.
-Dama Shampoo- hago una reverencia de cortesía –creí que esta noche se encontraría entre las damas que podrían ser prometidas.
La verdad es que no fui el único que quedó sorprendido al darse cuenta que Shampoo no fue nombrada durante la ceremonia.
-Me han comprometido ya con un clan vecino.
-¿En el imperio del príncipe Tsubasa?
Ella niega –no, me temo que me iré al otro extremo del país.
-¿Al sur? ¡Imposible!
El imperio del sur, la casa del emperador Kuno son los dueños de esos dominios. Son aquellos que causan revueltas y discordia ente el resto de los imperios. Pero sobre todo entre ellos mismos, y es que la casa del emperador Kuno está coronada y dividida por ambos herederos.
El príncipe Tatewaki, el señor de los sables azules, también conocido como El Relámpago del Sur. Y la princesa Kodachi, dama de las flechas negras.
La verdad es que de tener que enfrentarme algún día a ellos francamente preferiría luchar con la casa de las flechas negras, la princesa Kodachi es una poderosa e interesante rival. Gracias a ella la arquería cobra sentido como una disciplina que se debe temer y espero orgulloso que algún día Akane sea una digna representante del imperio central.
-Sí, el emperador y mi abuela han pensado que sería buena idea para mantener una alianza con nuestro imperio. Claro que no seré la única chica en casarse con un sureño pero al ser la principal dama de compañía de la princesa tenía cierta lógica que me comprometieran con el Coronel Kirin, la mano derecha del príncipe Tatewaki.
-Si Akane hubiese aceptado ser dama de compañía de la princesa entonces…- no puedo evitar horrorizarme con la idea.
-Entonces ella estaría tomando mi lugar y quien sabe- sonríe con tristeza mientras acomoda una arruga invisible en mi pecho –tal vez yo sería tú prometida- alza su mirada, esperando seguramente que diga algo romántico para ella.
-Lamento mucho tu situación dama Shampoo pero lo mío con Akane, ella- me giro un instante para verla.
Escucho que Shampoo chasquea la lengua –ya, eso me temía. Que en realidad estuvieras enamorado.
Vuelvo mi atención a Shampoo y sonríe acariciando mi rostro en el proceso –tú siempre me gustaste Ranma, pensé que esta noche podrías regalarme un gesto de despedida.
Frunzo el ceño y doy un paso hacia atrás.
-Pero veo que no, lo siento por mí. Ha sido un gusto conocerte Ranma Saotome.
Para entonces la música ha terminado, así que me giro buscando a mi prometida. Pero tanto ella como el capitán ya no están en la pista.
Los invitados a la fiesta ya se ha animado más a bailar, así que me cuesta un poco de trabajo caminar entre toda esta multitud.
Confundido volteo buscando también a la dama Shampoo, presiento que ella ha sido la distracción para que el capitán se llevara a Akane a otro sitio. No dudo en mis pensamientos al respecto cuando veo que Shampoo sale corriendo del gran salón.
-Necesito hablar contigo, dama Akane- me dice el capitán cuando se distrae viendo algo por sobre mi hombro. Yo no puedo seguir su mirada porque me tiene sujeta por la espalda firmemente.
-Soy toda oídos su alteza- respondo cordial y educada.
-Debo confesarme.
-¿Confesarse?- alzo ambas cejas sorprendida -¿qué clase de mala broma piensa jugarme?
Sonríe –me gustas Akane Tendo y durante semanas me la pasé tratando de convencerme de no pedirle a mi tío que me concediera tu mano esta noche.
-Me halaga su alteza, pero ya estoy prometida al Samurái Ranma.
-Lo sé, pero necesitaba hacértelo saber.
-Lo quiero- digo con firmeza en mis palabras, no puedo permitir que deje a malos entendidos nada de lo que pueda responderle.
-Eso es lo que también he notado esta noche y por lo que he visto también él te quiere, aunque no es difícil de entender.
-Entonces comprenderá que no puedo corresponder a sus sentimientos su alteza.
Vuelve a mirar algo por encima de mi cabeza y sonríe de lado -probablemente la guerra estalle pronto.
-¿Me está amenazando?
Entonces baja su mirada hacia mí -te estoy dando una oportunidad para que cuides a tu prometido, piensa en mi propuesta Akane. Si aceptas deshacer tu compromiso con él y aceptas casarte conmigo puedo cuidar que tu prometido, en cuanto la guerra estalle, no tenga que estar en el frente.
-Me está amenazando entonces- quiero soltarme de su agarre pero él me aferra con fuerza de la muñeca y me jala, sacándonos de la pista.
Cuando me giro para buscar aterrada el auxilio de Ranma lo veo hablando con la dama Shampoo, está me mira un instante antes de acariciar el rostro de mi prometido pero no sé que más sucede porque los pierdo de vista.
Andamos fuera del gran salón y vamos por el pasillo adjunto hasta que Shinnosuke abre una puerta de madera, reconozco que se trata del salón donde suele tener sus reuniones el emperador con sus generales.
Ya he entrado aquí en otras ocasiones, el lugar esta tapizado con mapas del país, mapas antiguos de cómo solía ser y el más actualizado es el que se proyecta en la pantalla de la mesa de juntas.
El capitán enciende la mesa y veo marcas por todo el mapa.
-Han ocurrido pequeñas rebeliones por parte de los imperios del norte- me muestra.
-Pero eso es imposible, uno de esos imperios es el del príncipe Tsubasa.
-¿Por qué piensas que han adelantado la fecha de la boda de la princesa? Para tratar de ver si eso calma a los rebeldes. Exigen una unión con los clanes vecinos para enfrentar al sur.
-Entonces su idea de una guerra próxima es solo una teoría capitán.
-Dime Shinnosuke- habla cerrando sus ojos molesto un instante antes de mirarme fieramente -detesto que te pongas tan formal conmigo- se acerca a mí por detrás y pone mis manos sobre la mesa con las suyas encima para sujetarme –observa bien.
Miro el mapa, tratando de no ponerme nerviosa por la cercanía y posesividad de sus actos.
-Hemos descubierto que el Norte posee tecnología infiltrada en sus armas, si llegaran los rebeldes del sur hasta nosotros y el norte ataca estallará sin duda alguna otra guerra civil.
El mapa se extiende y veo lo que el capitán me explica. Pero en las imágenes amplificadas se ven cargamentos de lentillas para el tiro con arco.
-Son lentillas para la práctica- respondo restando importancia.
-No son solo para practicar tiro con arco Akane, no seas tan ilusa- su rostro se pega aún más al mío, puedo sentir su aliento sobre mi piel –están diseñadas para atacar al enemigo, utilizan tecnología vieja para el control neurológico del oponente.
-¿Control mental? Creí que solo se había quedado en una teoría que jamás fue llevada a la práctica.
-Justo cuando la guerra civil estalló y algunos historiadores afirman que se trató de hecho de la causa.
Me remuevo bajo su cuerpo–necesito moverme, me estoy sintiendo incómoda.
-Lo lamento- se aleja al instante, liberándome –solo quería sentir…
-¿Sentir qué Shinnosuke?- lo miro horrorizada, porque yo sí que he sentido algo.
-Tu cercanía, tu calor, tu aroma.
-Lo lamento, pero no puedo creerte. El control mental, si es que alguien lo hubiese realmente retomado, sería tecnología vieja y por lo tanto los cascos que se utilizan durante los enfrentamientos impiden cualquier interferencia.
-Sí Akane, los cascos. ¿Pero y si alguien mira directamente a su enemigo a los ojos?
-¿Aún por sobre las gafas?
-Esto va más allá de las gafas, estas lentillas sirven como una clase de somnífero. El que recibe el ataque pierde completo dominio de su mente y el que le somete se hace de su capacidad motora. Es como duplicarse.
-¿Cómo los muñecos que sirven para el estudio médico?
Shinnosuke asiente.
-Pero su simple existencia rompe con los acuerdos- camino alrededor de la mesa, alejándome de su alteza.
-Por eso la urgencia de la boda de la princesa.
-De cualquier forma- me paro recta –eso no tiene nada que ver con Ranma y conmigo.
-Piénsalo, mi oferta seguirá en pie hasta que no se fije la fecha de tu boda.
-No tengo nada que pensar su alteza, con su permiso mi prometido debe estar preocupado por mí.
Doy la vuelta para salir cuando siento el agarre del capitán sobre mi brazo –creo que está por demás advertirte que este secreto que te he compartido debe quedar solo entre tu y yo. No puedo dejar que se corra el rumor ¿entiendes?
-Debería sentirme ofendida ¿por su propuesta o por la forma en como me ve?
Jalo mi brazo para liberarme de su agarre y salgo de la habitación, más furiosa que preocupada por lo que acaba de contarme. De ser cierto, de poder el Norte controlar la mente de sus enemigos, no solo el Sur estaría en peligro sino el país entero.
Camino por el pasillo que está en el otro extremo del gran salón, de pronto escucho una puerta azotarse y veo a Akane con paso decidido alejándose de esta. En cuanto me ve corre hasta mí.
-¿Qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo?- pregunto cuando mi prometida rodea con sus brazos mi cuerpo y esconde su rostro en mi pecho.
-Nada importante- se queja.
-Le partiré la cara, realeza o no se las verá conmigo por haberte hecho algo.
-No, por favor, dejemos este mal rato lejos de esta noche. ¿sí?- Akane me mira, con su barbilla apoyada en mi pecho y yo suspiro al verla. Acaricio su mejilla y ella sonríe de nuevo, solo para mí -¿puedo saber porque estaba tan cariñosa contigo la dama Shampoo?- cambia su sonrisa por un ceño fruncido.
-Venía a decirme que le han comprometido con alguien de la realeza del imperio del Sur.
-Es broma ¿cierto?- su gesto se vuelve preocupación.
Estoy encantado con esta gama de emociones por la cual es capaz mi prometida de pasar en cuestión de segundos. De cierto modo sigue siendo esa niña testaruda.
Niego –también pensé lo mismo, es por eso que ella no participó esta noche en la ceremonia.
-Creí que el sur nos detestaba. Que las revueltas que se llegan a formar son por la causa de esos imperios. Los Kuno.
-Es lo que todos hemos escuchado y bien sabemos que el emperador Kuno y sus hijos no son grandes aficionados de llevar la paz.
-Es una familia complicada.
Alzo el rostro de Akane por la barbilla con cuidado, puedo sentir su respiración rozándome -¿qué te ha hecho el capitán?- pregunto con seriedad -¿te ha lastimado? ¿Por qué te ha alejado del salón?
Cierra los ojos, parece debatirse entre contarme o no.
-Ahora soy tu prometido, es mi deber cuidarte más que nunca. Aunque- sonrío como idiota –siempre te he cuidado.
-Mentiroso- me dice abriendo mucho los ojos, sus mejillas se ponen más rosas de lo que su rubor.
-Dime- insisto.
Ella asiente y suspira –me ha dicho que siente algo por mí, que pensaba pedirle al emperador liberarme de mi compromiso contigo para hacerme su esposa. Pero al final el peso de lo que nuestro matrimonio significaría para el imperio ha sido mayor que el hecho de que él sea familia del emperador.
-No me sorprende, he visto la forma en como te mira- me detengo cuando escucho que la puerta por donde Akane ha salido parece comenzar a abrirse, así que la tomo de la mano y salgo con ella corriendo hacia la puerta del palacio –vámonos.
Corremos fuera del palacio y vamos hasta donde las caballerizas. Algunos de los invitados están cerca de los estanques, tomando el fresco de la noche.
Las estrellas brillan fuertemente en el cielo y mientras giro mi rostro para ver si Shinnosuke no nos ha pillado fuera del salón de juntas del emperador me doy cuenta de que la fiesta adentro del gran salón aún está animada.
La música se alcanza a escuchar aún estando lejos.
-Para, para por favor- le digo a Ranma frenándome en seco.
Se detiene y se acerca a mí -¿estás bien?
-Son estos zapatos- alzo un poco mi vestido –con esto no puedo correr tan rápido como tú.
-Cariño- me dice por primera vez en lo que nos conocemos –nunca haz sido tan rápida como yo.
-¿Qué dijiste?- pregunto con los ojos abiertos, sorprendida y conmocionada.
-Que no eres tan rápida.
-Lo otro. ¿Cómo me llamaste?
-Cariño- dice acariciando mi rostro con el dorso de sus manos mientras se acerca a mí –cariño, mío y solo mío, por siempre y desde siempre.
Mis manos buscan de donde aferrarse a él, lo más cercano son sus bíceps. De estos me sujeto cuando el rostro de Ranma reclama mis labios.
Gustosa le beso, es nuestro primer beso como prometidos y lo estoy disfrutando encantada. Su lengua se aventura para hacerme abrir los labios y cuando nuestras lenguas se toca una necesidad primaria, un sentido auténtico de pertenencia se apodera de todo mi cuerpo. Mi mente se nubla y mis labios cobran vida propia. Independientes reconocen el terreno que ahora les pertenece, la boca de mi adorado.
Me cuesta trabajo respirar, todo el oxígeno que poseo está enfocado en este beso. Así que cuando Ranma se separa de mí un instante tomo aire.
El ríe afectuosamente, posando su frente sobre la mía con los ojos cerrados.
-Vamos a mi habitación- susurra.
-¿Deberíamos?
-Probablemente no- abre al fin sus ojos, el brillo de su mirada añil me mueve.
-Tal vez sea mejor que por ahora volvamos al gran salón.
-¿Te apetece seguir bailando, mi dama?
Gozo con la forma en como me habla ahora que soy su prometida.
-¿Muy formal?- pregunta mientras sus manos siguen masajeando mi cuerpo.
-No te sienta bien- le digo y él besa mi nariz –no te queda.
-Entonces seguirás siendo la torpe Akane.
-¡Eh!- le pego con el dorso de mi mano en las costillas y él se carcajea –oíste al emperador, debes tratarme con respeto y amor.
-Por eso quería que fuéramos a mi habitación.
-¡Ranma!- consigo decir su nombre en un susurro, por supuesto que quiero volver con él a su habitación donde seguramente me reclamara amor y yo encantada le corresponderé. Pero temo, soy virgen y no sé que o como hacer.
¿Y si Ranma no es virgen como yo? ¿Cómo me sentiré al saber que ya ha estado con otra mujer?
Nuestro rango nos pide serlo hasta que seamos comprometidos.
-Vale, si quieres bailar un rato más- se separa de mí por completo y hace una reverencia -¿me concede esta pieza dama Akane?
Estiro mi mano para tomar la suya –será un placer.
Prefiero disfrutar de mi prometido, de sus labios, de sus manos sobre mi cintura, del baile y la música. De esta noche fresca, la luna y las estrellas.
Bailamos unas dos, tres o cuatro piezas más hasta que Akane por fin cede a mis caricias, nuestros labios no pueden parar de encontrarse y descubrirse con cada giro y cada vez que la cargo. Quiero memorizar cada uno de los movimientos que nuestros besos producen.
En algún punto mis manos rodean su cintura hasta tocar su espalda para hacer que se acerque más a mí. Su cuerpo se acomoda perfectamente al mío, su estatura es la ideal para la mía, sé que estamos hechos el uno al otro. Necesito descubrirlo, necesito descubrirla.
Y aunque soy un inexperto por completo, causa de nuestro estatus como samuráis que nos exige la virginidad hasta el compromiso, sé que con ella aprenderé con facilidad a ser el amante que necesita de mí.
-Creo que- me dice entre besos –deberíamos.
-Sí, deberíamos- respondo igual de apremiante cuando las manos de Akane se aferran a mi kimono.
-¿Mi habitación?
-Volvamos entonces.
Le ofrezco mi brazo, ella se aferra a este y mientras caminamos me voltea a ver. Nos detiene y comienza a mofarse de mí.
-Espera ¿tienes un pañuelo?- pregunta buscando entre mi kimono sin esperar a que le responda.
-Cariño, es más sencillo que traigas tú un pañuelo.
Akane asiente y toma un icono de su brazalete. Cuando lo aprieta se abre un pequeño bolso del cual saca un pañuelo y comienza a limpiar mi rostro con cuidado.
-¿Qué tengo?
-Mi lápiz labial- responde ocupada en lo que hace -parece como si alguien te hubiese golpeado la cara- dice con una sonrisa –es mi culpa, no he sellado mi labial por los nervios.
-¡Oh!- respondo dejándome hacer.
Akane termina y guarda nuevamente el pañuelo y su bolso –listo, seríamos todo un escándalo si alguien te viera en el palacio con la cara así.
-No realmente, estamos comprometidos.
-Cierto, pero se supone que a penas nos vamos a comenzar a tratar como prometidos.
-Todo mundo sabe que tú y yo nos conocemos de toda la vida, seguramente…- detengo mi tren de pensamiento ahí antes de decir algo que no debiera.
-¿Seguramente qué?
Seguimos avanzando, subimos las escalinatas y Akane jala de mi brazo –anda, dime que te guardas para ti.
-Bueno, tal vez no sería una novedad si fijamos la fecha de nuestra boda antes de que se cumpla el año.
-Muy pocas parejas lo han hecho así Ranma.
-Tú hermana Kasumi se caso con el doctor Tofu al mes de comprometerse con él.
Akane baja la mirada –supongo que sí, pero ellos eran más grandes que tú y yo ahora.
-¿Te da miedo el matrimonio?
-Viviríamos en una de las casas que rodean el palacio Ranma.
-Lo sé.
-Podemos pensarlo ¿no crees?
-No quiero apresurarte cariño, pero el hecho de que un hombre te haya confesado lo que siente por ti y que no fuese yo me preocupa.
-¿Celoso?
-Celoso no, solo quiero cuidar de ti y mientras no seas mi esposa.
-Lo sé, lo siento- dice acariciando el brazo del cual va prendada –lo pensaré, lo prometo.
Sin darnos cuenta llegamos a la puerta de su habitación.
-Hemos llegado- anuncio y Akane baja la vista sonrojada. Levanto con cuidado su mentón –no tenemos que hacer nada, si así lo prefieres.
-Lo entiendo pero es que yo… jamás…- su voz se vuelve melancólica.
-También sería la primera vez para mí Akane- me apresuro a hablar.
-Creía que tú, ya sabes- alza un hombro mirando hacia un lado y otro.
-No podría haberlo hecho con nadie que no fueras tú, aún si no nos hubieran comprometido hubiese buscado la manera de pasar una sola noche a tu lado.
Me mira. Y luego se pone de puntas mientras sus brazos rodean mis hombros, acariciando mi nuca.
-Y yo hubiese dicho que sí.
Akane estira su mano y pasa su brazalete por la mirilla de la puerta, esta se desliza y se ilumina al instante.
En cuanto la puerta se abre Ranma baja ligeramente su cuerpo y me atrapa de las piernas y las costillas para levantarme.
-Ahora eres mi prometida, cariño- dice mientras besa mi mejilla y yo asiento.
La puerta se cierra luego de que entramos. Ranma acerca su brazalete de servicios hasta el espacio donde se reproduce la música. Comienzan a sonar tonadas cursis que me sorprenden gratamente. "Kiss me" de Ed Sheeran. Uno de mis clásicos predilectos.
-Veo que lo tenías planeado- digo juguetona aún en sus brazos, acariciando su mandíbula con un dedo antes de acercarme para besarlo.
Las luces descienden un poco, imagino que también ha sido por el brazalete de mi prometido.
No veo bien por donde va, la verdad es que yo estoy disfrutando el ir en sus brazos, besando sus labios, acariciando sus hombros y su pecho.
Quiero sentir su piel, así que me aventuro a meter mis dedos por el breve espacio de tela al frente de su kimono. Pero no logro nada pues él comienza a bajarme, quedo entonces de pie.
-¿Me dejas desvestirte?- pregunta cuando me rodea y yo asiento solamente.
Ranma besa mi cuello, con pequeños besos que recorren desde mi mandíbula hasta mis hombros. Estoy ya de espaldas a él, así que en tanto que sus labios prueban el calor que emana mi piel sus manos comienzan a abrir lentamente uno a uno los pequeños botones en mi vestido.
Cierro los ojos.
-Akane- susurra mi nombre y hasta ese momento me doy cuenta que estoy gimiendo.
Sus manos se abren paso sobre mi cuerpo a través de la abertura que ha hecho en mi vestimenta, sujetan mi cintura y él sigue su tarea de besar mi cuello, luego mi espalda y con su boca empuja una de las mangas del vestido por el hombro hasta hacerla ceder lejos.
-Akane- vuelve a nombrarme.
Mis manos actúan en automático, más listas que yo misma se elevan por sobre mi cabeza buscando el contacto con mi prometido.
-Ranma- le llamo, necesito besarlo, necesito tocarlo, necesito que me toque más, que me bese más.
Giro mi cuerpo y comienzo a desvestirlo, me deshago del nudo de su cinturón y enseguida la bata del kimono se abre, puedo acariciar su pecho. Muchas veces ya le he visto con el torso al desnudo y crean cuando digo que siempre es un espectáculo que disfruto ver. Sin embargo la vista no hace justicia a lo que mi tacto ahora disfruta.
Me pregunto ¿será malo si tengo ganas de probar su piel también?
Sin dejar espacio a responderme bajo mi rostro hasta su pecho, lo beso. Su piel es cálida y huele delicioso. Beso hasta llegar a su cuello y sin pensar tanteo con mi lengua lo que mis besos ya han acariciado.
Su cuerpo vibra y sus manos se ocupan del restante de tela que me cubre. Le imito, bajo la tela del kimono mientras mis dedos se aferran a sus omóplatos. Amo la forma en como se sienten bajo mis yemas, es el lugar perfecto para acomodar mis manos traviesas.
Mi pecho siente el candor de la piel expuesta de Ranma.
Nos quedamos silenciosos mientras exploramos nuestros cuerpos mutuamente, las manos de Ranma me liberan de la ropa interior y yo le ayudo con sus prendas. Hasta que estamos desnudos uno frente al otro.
Jadeando y con los labios adoloridos de tanto besarnos camino unos pasos atrás de mí, aún estando de frente a él. Mis nalgas dan con la cama endoselada y me subo a ella sin dejar de mirar a Ranma.
Él me sigue, en silencio también, con los labios entre abiertos y la vista acariciando cada una de mis curvas. Me siento deseada y amada por partes iguales.
Cuando quedo completamente recostada Ranma sube encima de mí, abriendo mis piernas con su cuerpo.
-Creo que deberíamos protegernos- sonríe maliciosamente cuando su notable erección toca la entrada de mi centro.
Doy un respingo cuando lo siento y él ríe.
-¿Quieres verme?- pregunta y yo me pongo roja de vergüenza, siento el calor llenar por completo mi rostro –porque yo sí que he disfrutado al verte cariño, fue inevitable que de inmediato yo…
-¡No, no lo digas!- casi grito mientras mis manos aprietan los brazos de Ranma que se encuentran a cada lado de mi cuerpo –por favor.
-¿Te da vergüenza?
Asiento, mirando hacia otro lado.
-Eres adorable- besa mi sien –pero a mí la vergüenza se me acabo en el momento que tus manos acariciaron descaradas mi cuerpo.
Vuelvo mi vista hacia sus ojos. Hay algo en su mirada, fuego azul danza cuando me mira con tanta pasión.
Bajo entonces mi vista y Ranma alza un poco su cadera, puedo ver su miembro erecto.
-¿Dolerá?- pregunto, más para mí que para él.
-Dolerá- responde –lo haré lento, si es insoportable para ti avísame y me detendré ¿de acuerdo?
-No creo estar… ya sabes- digo mordiéndome los labios.
-Tal vez deba comprobarlo, casi no hemos hecho nada para que puedas excitarte lo suficiente.
Con gentileza acaricia el contorno de mi cuerpo desnudo y expuesto.
-¡Ah!- gimo y él sonríe.
Luego siento como pasea su mano por mi vientre y lentamente, midiendo mis reacciones con seguridad toca mi vulva.
-¿Esto te gusta?- pregunta con su rostro muy cerca del mío, mirándome a los ojos sin dejar de mover su mano por la cercanía de mi abertura.
Asiento.
-Sí.
-¿Se siente bien?
-Sí.
Sus dedos bajan y puedo sentir como mis piernas se abren más para darle acceso a la entrada de mi vagina.
Mi espalda se arquea, mis ojos se cierran y gimo involuntariamente cuando dos de sus dedos masajean los labios internos y externos de mi parte íntima. Hasta dar con mi clítoris.
-Cariño, créeme que estas lista.
Suspiro inquieta bajo su toque.
-Por favor- digo abriendo mis ojos y me maravillo al ver a mi prometido sonrojado –sé gentil.
-Por supuesto que sí- besa mi frente mientras se incorpora sobre sus rodillas.
-¿Qué haces?- pregunto angustiada de que se aleje de mí.
-Te dije que necesitamos protección.
Ranma está a punto de moverse de la cama pero le detengo –espera, yo he estado tomando algo.
Me mira interesado alzando una ceja -¿Sí?
-Sabía que la ceremonia estaría cerca.
-¿Pensabas entonces irte a la cama la primera noche con tu prometido?- su mirada es indescifrable, pero presiento que hay tintes de celos en su pregunta.
-No- respondo –comencé a tomarlas cuando descubrí que se trataba de ti.
-¿Lo sabías desde antes?- sus ojos se abren mucho por la sorpresa.
-Yo no- quiero explicarme –no sabía como decírtelo.
Ranma vuelve a ponerse encima mio, con mis piernas a cada lado de su cuerpo y sus brazos a la altura de mi cabeza.
-También lo sabía- dice besándome antes de que pueda reclamar nada.
Cierro entonces los ojos, dejándome llevar por este beso que acaricia mi lengua y dibuja notas de amor con cada suspiro y cada jadeo. Ranma acaricia mis muslos y eleva una de mis piernas para rodear su cadera con ella.
-¿Estás lista?- me pregunta.
Puedo sentir el inicio de su erección en la entrada de mis partes. El deseo de volvernos uno quema.
-Sí- respondo.
-¿Estas segura Akane?- pregunta con una mirada de temor –porque no hay marcha atrás, una vez que pase esto solo seré tuyo y tu mía.
-Te quiero Ranma, no tienes nada de que preocuparte.
Me besa mientras su miembro comienza a invadir mi intimidad, el dolor me toma por sorpresa y hace que tense todo mi cuerpo.
-Trata de relajarte- susurra –estás muy prieta, demasiado cariño.
Asiento sin poder hablar. Cerrando los ojos con fuerza mientras el cuerpo de Ranma sigue entrando en mí.
-Mírame cariño- me llama pero no puedo hacer lo que me pide –mírame- toma mi rostro entre sus manos para que abra los ojos.
Me fascina el azul de su mirada, siempre cambiante, siempre misterioso. Descubro matices nuevos mientras Ranma me llama a relajar mi cuerpo con su voz y sus besos.
-Déjame amarte Akane. Por que yo te quiero, te quiero, te quiero.
