El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Música de fondo:

"Ten years too late" de Sage (música elegida por Ranma y Akane para su boda)


-Estación-

Seis meses después...

-¡Vamos Akane!- grita con fuerza -no estás fijando bien el objetivo- lo escucho caminar de un lado al otro a mis espaldas.

Está un par de metros lejos de mí, pero me pone los nervios de punta cuando se concentra tanto en el entrenamiento.

-Déjame usar las lentillas- respondo desde mi posición.

-No, sabes bien que está prohibido.

-Eso te lo acabas de inventar- quiero girarme para verlo pero vuelve a gritar.

-No descuides tu guardia, pon atención.

Cierro los ojos, inhalo y exhalo. Tenso la cuerda del arco, esperando alguna otra indicación de mi prometido. Pero nada.

-¿Ranma?

-No bajes la guardia- me susurra al oído en tanto que sus manos acarician mi cintura hasta llegar a mi cadera.

-Eres la peor distracción- digo esperando la sonrisa en los labios se me borre de inmediato.

-Pero te gusta- jala de mi cadera hacia él para que pueda sentir su miembro -estamos solos en la sala de entrenamientos.

-Sí, porque solo tú me obligarías a entrenar a las 5 de la mañana -sigo con mi posición y la cuerda del arco tensa, tal como yo me empiezo a sentir con las manos de Ranma recorriendo el frente de mi traje de entrenamiento para acariciar cínicamente mi vientre e ir subiendo por mi abdomen -¡Ah!- jadeo cuando aprieta mis pechos al mismo tiempo que roza su nariz en mi cuello.

-¿Ya tienes en la mira el objetivo?- pregunta con voz ronca.

-Sí- mi voz quebrada no se puede ocultar, así como tampoco se puede ocultar el temblor en mis piernas.

-Dispara.

Suelto el arco y me giro para abrazarlo, lo beso mientras mis dedos deshacen su trenza y se hunden en su cabello para masajear su cuello después.

Ranma me acuesta con cuidado en el piso acolchado y abre el cierre de mi traje. Rápidamente hago lo mismo con el suyo y le ayudo a deshacerse de la ropa que me estorba de besar su pecho desnudo.

Las manos de mi prometido me libran de mi traje con eficacia y quedo desnuda de pies a cabeza mientras él saca su miembro erecto de sus pantalones cuando con un movimiento metódico jala mi cuerpo hacia el suyo y me penetra.

Me aferro a sus hombros, hundiendo mi rostro en su cuello para no gritar mucho y así no ser descubiertos.

Ranma esta de rodillas conmigo encima de él. Trato de mover mi cuerpo lo mejor que la posición nos lo permite.

-Anda amor mueve esas deliciosas caderas tuyas, tenemos que ser rápidos.

-Solo a ti- jadeo sin dejar de contonear mi cuerpo -¡ahh! solo a ti se te ocurre hacerlo ahora.

-No soy el único, estabas más que lista para recibirme- me besa, acompasando nuestros movimientos. Aferrando sus manos en la piel de mi cintura para ayudarme a moverme.

-¿Eso piensas? ¡Ah! ¡Mmh!- vuelvo a ocultar mi rostro en su cuello y él ríe.

-Me quieres hacer pensar que no- reclama cuando sus manos bajan por mi espalda y aprietan mis nalgas - ¡Sí! ¡Así mi amor!

Dejamos de hablar mientras aceleramos nuestros movimientos, somos gemidos de placer solamente. Tratamos de acallar un poco nuestros jadeos besándonos pero cuando llegamos al orgasmo el estallido de Ranma solo provoca que me separe de sus labios y grite.

Él ríe -tomaré eso como un cumplido.

-Solo por que te amo demasiado y amo demasiado lo que me haces sentir no te digo nada- jadeo aún.

Suspiro satisfecha y beso nuevamente a mi prometido antes de salir de él. Luego me recuesto en el piso acolchado y busco en mi brazalete el icono para tener una manta con que cubrirnos.

Después de 6 meses juntos he aprendido a cargar en mi brazalete con cosas tan absurdas como una manta y una muda de ropa limpia tanto para mí como para él.

Ranma se acomoda a mi lado, abrazándome. Yo me recargo feliz en su pecho y él acaricia con un par de dedos el contorno de mi cintura.

-¿Te ha gustado?- pregunta.

-Creí que el grito de placer era prueba suficiente, pero sí. Me ha gustado.

Suspira cerrando los ojos. Acompasando su respiración.

-¿A esto me has sacado de mi habitación Ranma? Hubiésemos hecho el amor en mi recamara. Es más cómoda mi cama.

Hace una mueca de disgusto.

-¿Pasa algo?

-El emperador quiere que vaya al sur, para cuidar al cortejo real que irá a la boda de la dama Shampoo. Sobre todo porque estará ahí la princesa.

-Pero eso sería casi una semana después de nuestra boda.

-Lo sé- cierra los ojos mientras aprieta el puente de su nariz.

-Al menos ya estaremos casados para poder ir contigo. Bien podríamos tomarlo como un paréntesis en nuestra luna de miel.

El emperador nos ha concedido casarnos antes del año con la condición de esperar 6 meses. Seis eternos y largos meses.

-Y aunque no estuviéramos casados no aceptaría si no pudieras ir conmigo. Pero...

-¿Qué?

-No me gustaría que vinieras, el sur es algo hostil.

-Ni hablar Ranma, soy tu esposa y quiero ir contigo.

Ranma ríe -aún no lo eres.

-¿Te parece poco lo que acabamos de hacer como prueba de nuestro muy consumado matrimonio?

-Te amo mi fierecilla guerrera- dice acariciando mi rostro -pero no te pienso poner en peligro.

-Y yo no te pienso dejar ir solo.

Me abraza para acercarme más a él y besa mi coronilla -¿Te dije esta mañana lo guapa que te ves con tu traje de entrenamiento?

-Tonto- lo golpeo con el dorso de la mano en el pecho y él estalla en risas -Ranma ¿en realidad por eso me pediste entrenar contigo ahora? ¿No sabías como decírmelo?

Se encoge de hombros -tal vez.

-No debería ser así Ranma, pronto estaremos casados y habrá muchos temas delicados a tratar.

-No lo hice porque pensara que fueras a molestarte- dice rascándose la nuca –más bien ha sido porque no sabía como abordarlo.

-Esta bien, pero que no vuelva a ser a las 5 de la mañana ¿sí?

Miro mi sortija de compromiso cuando mi mano queda recargada sobre sus pectorales. Me da felicidad saber que en poco tiempo estaremos casados.

-¿Tu vestido de novia te ha gustado?- pregunta cuando me pilla mirando la sortija.

-Sí- sonrío de oreja a oreja -y sé que te va a gustar también.

-Todo lo que usas me gusta.

-Tu traje también ya esta listo ¿no?

Asiente.

-Ranma- pregunto seria.

-Dime, cariño.

-¿Por qué nunca me dejas usar las lentillas para enfocar mejor mi puntería?

Acaricia mi cabello, meditando su respuesta.

-¿Sabes de algo malo?- pregunto pensando en lo que me contó meses atrás el Coronel Shinnosuke.

Mi prometido sofoca una risa -no, las lentillas no tienen nada malo.

-¿Entonces?- mi tono de voz es de molestia ya.

-Quiero que sepas tirar sin necesidad de la tecnología para mejorar tu puntería. Si por una razón te quedaras sin las lentillas no te verías en problemas.

Lo abrazo con fuerza, recargando mejor mi cabeza en su pecho -gracias.


Mi padre y el capitán Seki me han pedido ayuda para revisar las entregas de los nuevos arcos y flechas. Aprovechando el envío he realizado un pedido especial a Los Creadores para Akane, como parte del regalo de bodas que pienso hacerle.

-Lleven ese cargamento de flechas nuevas a la bodega del ala este- indico a un grupo de hombres -y el resto va conmigo al ala norte.

-¿Quieres que revisemos los arcos nuevos?- pregunta Mousse fijando su vista en la pantalla donde se van contabilizando los montos de entrega.

-Tras lo ocurrido en el palacio del Norte creo que no podemos escatimar en las precauciones.

Mi cuñada, la Capitana Tendo, fue quien dio aviso que durante las entregas de Los Creadores al palacio del emperador Kurenai uno de los cargamentos de flechas estaba destruido desde el interior.

Algo complicado de que ocurriera tomando en cuenta que los contenedores son metálicos y solo se cierran en los laboratorios de Los Creadores. No son abiertos sino hasta que los capitanes lo hacen.

Lo mismo ocurrió con los suministros de sillas de monta en el palacio del emperador Fenikkusu. Un par de contenedores estaban sellados, como debe ser, pero las sillas estaban desgarradas.

Los Creadores ya realizan las investigaciones y los emperadores de toda la nación se encuentran en la sede principal de estos. Lo lógico de la alarma, ya que es la fuente general de suministro para los imperios respecto a todo lo que empleamos. Una falla en entregas tan básicas como las que se han realizado representa un foco rojo para las siguientes.

-Yo pienso que han sido los auto nombrados salvadores de la patria- dice Mousse mientras caminamos hombro con hombro hacia el ala norte.

-¿Los Prodit Fato?- le miro incrédulo -son solo rumores.

-El Coronel Shinnosuke no piensa así.

-No hay evidencia de su existencia. Se han escaneado innumerables veces los terrenos aledaños a los imperios y no hay nada. Ni gente, ni armas, ni siquiera rastros de campamentos.

-Lo sé, pero es muy extraño lo que ha ocurrido con los suministros.

-Seguramente algún traidor.

-Los contenedores llevan seguridad interna Ranma y no hay evidencia de plagas.

-Es lo que leí en el informe que enviaron. ¿Sabes que piensa Taro?

Mousse niega -Taro tiene otras preocupaciones ahora.

Río al recordarlo. Nabiki y él se han casado hace un mes porque ella está esperando su primer hijo.

-Y decía ella que debían esperar el año- le comento a Mousse -nos criticó duramente a Akane y a mí por haber solicitado nuestra licencia para casarnos casi de inmediato.

Justo termino de decir esto cuando llegamos a la bodega del ala norte, uno de los aprendices de Los Creadores está en una de las mesas al centro del lugar con mi pedido. Esperándome.

-¿Me acompañas?- le digo a Mousse.

-Al fin ha llegado el regalo de tu novia. Tengo curiosidad de ver como ha quedado.

Mousse me ayudó a diseñarlo.

-Capitán Seki- habla el joven frente a nosotros -Capitán Saotome- hace una reverencia -aquí tengo el obsequio para su prometida capitán, mi maestro está muy complacido con el resultado y espera usted también lo este.

-Gracias Sentaro.

Me acerco expectante a abrir la caja de madera frente a mí. Es como un ritual. Lo hago con delicadeza, como si estuviera desvistiendo a mi amor. La tapa deja ver la cobertura de telas que protegen el arco y cuando por fin lo desenmascaro lo que veo me deja complacido.

-Es perfecto Sentaro.

-¿Puedo?- pregunta Mousse acercándose al arco.

-Adelante.

Mi amigo toma el objeto con rapidez y precisión. Revisa el peso del mismo, luego mira a detalle la cuerda y toma una de las flechas que están en el carcaj dentro de la caja. Lo tensa con esta.

-Esta muy bien hecho Sentaro ¿ayudaste a tu maestro?

El chico se sonroja -sí Capitán.

-Buen trabajo- lo felicita Mousse, luego coloca el arco de nuevo en la caja y la flecha de vuelta a su carcaj -es un regalo que Akane disfrutará mucho. Tal vez debiste haber pedido igual un...

-¡Capitán Seki! ¡Capitán Saotome!- gritan unos hombres en el extremo opuesto de la bodega.

Cierro la caja y voy corriendo, junto con Mousse, hasta donde los hombres nos han llamado.

-¿Qué ocurre?- pregunta Mousse.

Cuando le alcanzo veo que de uno de los contenedores recién abierto se derrama una especie de líquido negro. Apesta a químicos y el olor se hace más penetrante conforme se extiende.

-¿Qué es eso?- pregunto tapando mi nariz y boca con mi antebrazo.

-Será mejor salir de aquí- me dice Mousse en voz baja -¡todo mundo fuera!- ordena, luego se gira para verme -tendremos que poner en cuarentena la bodega hasta que Los Creadores envíen gente para revisar esto.

Asiento.

Mousse y yo salimos hasta que el último de los hombres lo hace, llevo bajo el brazo mi preciada carga.

-Al menos el arco de la señorita Tendo lo he traído siempre conmigo, capitán- me dice Sentaro cuando ve la caja.

-¿Estás seguro que puedo sacarlo Mousse?- pregunto a mi amigo.

-Sí- dice golpeando mi hombro -siempre estuvo con Sentaro y estaba lejos del contenedor dañado.


Nabiki coloca el velo sobre mi rostro a punto del llanto -te ves preciosa Akane.

-No llores Nab- le digo con cariño, acariciando sus hombros -piensa en el bebe- digo mirando su pequeño vientre.

-Son estas hormonas- comenta riendo.

-Toma Akane- se acerca a mí Kasumi, con un brazalete que sé a quien pertenecía -esto te lo ha dejado mamá para el día de tu boda.

Kasumi lo coloca en mi muñeca izquierda y en cuanto lo miro soy yo la que está a punto de llorar -quisiera que estuviera aquí.

Las tres nos abrazamos.

-Las quiero- nos dice Kasumi y tanto Nabiki como yo proferimos un quejido de ternura.

Se escucha un golpecito en la puerta seguido de la voz de nuestro padre.

-¿Están listas?- pregunta y en cuanto me ve él definitivamente se suelta a llorar.

-¡Ay! ¡Papacito!- corro a él para abrazarlo -te ves muy guapo- le digo quitando las lágrimas de sus ojos.

-Y tú te ves preciosa mi niña- sonríe -te deseo toda la felicidad y espero haber hecho bien al elegir a Ranma como tu esposo.

-Ha sido una elección perfecta papá, lo amo y él me ama.

-Lo sé, me dijo Genma que lo mismo le ha dicho Ranma. Es un buen chico.

-Sí- sonrío encandilada al pensar en él.

Un monje llama a la puerta -General Tendo, todo está listo para iniciar con la ceremonia.

-Gracias- responde mi padre -vamos- dice cuando me ofrece su brazo.

Al instante que mis manos rodean el antebrazo de mi padre y que salimos de mi habitación mi estómago comienza a revolotear. Estoy ansiosa y nerviosa. Espero no tropezar con el vestido y espero que le guste a Ranma. Espero tanto.

Mis hermanas van atrás de nosotros. Y escucho la música que hemos elegido Ranma y yo por todo el palacio.

Salimos y vamos hacia el templo donde se llevará acabo la boda. El camino está marcado por muchas flores. Me siento contenta de como ha quedado.

A lo lejos veo las puertas del templo abiertas.

-La procesión ha comenzado General- explica el monje que nos guía.

-¿Lista pequeña?- pregunta y yo gimo como respuesta -no te sientas nerviosa, siéntete dichosa de que tu prometido te espera ansioso dentro del templo.

Mis hermanas corren para entrar primero y luego de que ellas se pierden de mi vista dentro del templo papá avanza. Sin embargo nos detengo.

-Papá- me giro a verlo -yo, yo solo quería agradecerte por todo.

Mi padre sonríe y besa mi frente como respuesta -vamos Akane, no importa que ahora te conviertas en la esposa de alguien siempre serás mi pequeña y siempre podrás venir a mí para lo que sea.

Suspiro nerviosa -estoy lista.

Entramos.

Camino cobijada por las penumbras del templo que se va iluminando de poco en poco. Conforme avanzamos por el pasillo central mi corazón retumba fuerte, siento como mi pulso se acelera a cada paso.

Bajo la vista cuando creo que el vestido se enreda entre mis pies, pero han sido solo los nervios. Entonces cuando vuelvo a alzar mi mirada veo a Ranma al final.

Mi corazón golpea con más fuerza y trato de sonreirle, él hace lo mismo y veo que sus ojos brillan cuando me ve. Me siento especial mientras cada paso me acerca a él.

Llegamos por fin hasta donde el monje y mi padre toma mi mano, la besa y luego se la entrega a Ranma.

Él me toma, su mano tiembla tanto o más que la mía.

-Te ves preciosa amor- me dice en voz baja -no sabes como te amo.

-También estas muy guapo- respondo contenta, entrelazando mis dedos con los suyos -te amo.

Así, tomados de las manos, el monje comienza la ceremonia.


Ranma toma mi cintura y me alza girando. Yo estoy dichosa de verlo tan animado. Luego me baja con cuidado y mientras lo hace lo beso.

Seguimos así, bailando, girando, brincando. La música no para y nosotros tampoco. Sabía que sería un día memorable pero ha superado mi pobre imaginación.

-¿Te lo estas pasando bien?- me pregunta cuando me toma por la cintura y me inclina.

-Mucho mejor.

-Espero guardes energías, tengo en mente no parar de hacerte el amor en toda la noche.

-¡Ranma!- respondo angustiada de que alguien lo haya oído.

-Te ves preciosa amor. Tenías razón, el vestido te queda perfecto- mi esposo me levanta y colocamos nuestras palmas una frente a la otra, giramos según los pasos del baile -aunque me gustará más cuando te lo quite.

-Son muchos botones diminutos- respondo jugando.

-Más oportunidades para repartir besos por tu espalda.

Dejo a un lado el baile y lo abrazo. Vuelvo a besarlo.


Muevo a un lado el cabello ya suelto de Akane, beso su cuello y ella ríe. Luego voy delineando con un par de dedos el camino que mis manos deben tomar en su espalda para desabotonar su precioso vestido de novia. De mi novia. De mi prometida. De mi esposa.

-¿Podrás hacerlo Saotome?- pregunta la muy intrépida.

-Podre.

Con lentitud voy desabrochándolos y a cada uno, tal como le he prometido, dejo un beso sobre su espalda semi desnuda.

-¿Te ha gustado mi obsequio?- pregunta Akane.

-¡Mmhm! aunque todavía no lo termino de abrir.

-Me refería al tanto.

-Me ha fascinado cariño, es perfecto.

Akane suspira cuando mis manos acarician su cintura, puedo sentir el corsé de seda bajo las yemas de mis dedos.

-¿Tú arco esta bien?

-Es muy hermoso, muchas gracias. Las flechas también son preciosas.

Termino con el último botón y ayudo a mi esposa a sacar los brazos de las mangas del vestido.

-Te amo Akane Saotome y siempre te voy a amar- digo mientras la ayudo a salir del mar de tela blanca que se ha juntado a sus pies cargándola de forma nupcial hasta llevarla a nuestra cama y no parar de hacerle el amor en toda la noche.


El frío se ha sentido aún más fuerte esta mañana. Así que mientras reviso las maletas de los invitados a la boda de la dama Shampoo sean llevadas a la nave me coloco los guantes de piel.

-Capitán- saluda Ryoga en cuanto me ve -¿todo listo para partir?

-Sí- respondo abriendo la pantalla táctil y poder revisar el itinerario -te quedas al mando de las tropas Ryoga. Cualquier anomalía no dudes en avisarme.

Ryoga me da un par de golpecitos en la espalda -no te preocupes, soy tu segundo al mando y estaré al pendiente. El palacio se queda prácticamente vacío, el emperador sigue en la sede de Los Creadores, al igual que los generales. Casi media corte va a la boda de la dama Shampoo. ¿Seguro no quieres refuerzos para el trayecto?

-No te preocupes, el verdadero peligro será cuando lleguemos al Sur. Pero ahí nos alcanzará el Coronel, en la frontera.

Mi amigo asiente -tengan cuidado. Llevas a mi novia en esa nave.

-No te preocupes por nada.

Alcanzo a ver a Akane en la puerta del palacio, despidiéndose de Nabiki y Taro. Luego camina hacia donde estamos.

-Hola Ryoga- saluda Akane.

-¿Emocionada de ir al sur?- pregunta Ryoga.

-No realmente, hubiese preferido tomar nuestra luna de miel. Pero ya tendremos tiempo.

-¿Cuándo se van?- me pregunta.

-Regresamos del sur en un par de días y de inmediato partimos a nuestra luna de miel.

-No falta tanto Akane- sonríe -seguro Ranma sabrá compensarlo.

-Idiota- le digo a Ryoga golpeando su hombro.

Akane ríe -no te preocupes por Akari, estaré al pendiente de ella.

-Gracias- Ryoga abraza a mi esposa -tengan cuidado.

-También ustedes- respondo.

Akane me mira un instante y luego ve la pantalla que traigo en la mano -te dejaré para que termines, iré mientras a nuestros lugares.

-Muy bien.

Mi esposa sube a la nave y yo me concentro en terminar mi revisión.


Decido dormir en el trayecto hacia el sur, usando el brazo de Ranma como almohada. En la frontera nos encontraremos con el Coronel Shinnosuke y para ser sincera me alegro que no haya estado estos últimos meses en el palacio. Tuvimos suerte de no haber tenido que verlo en nuestra boda.

Ha sido un respiro.

Ya espero ansiosa nuestro viaje de bodas, iremos a las islas que están rodeando el país. Aún cuando el clima ha descendido no pierdo las esperanzas de que disfrutemos de un poco del sol ahí.

Sueño.

-¡Akane! ¡Despierta!- es la voz de Ranma quien grita mi nombre.

¿Sueño aún? No. Siento como si mi cuerpo cayera por el vacío. Abro los ojos y veo humo, escucho gritos y a Ranma abrazándome con fuerza.

-¿Qué está pasado?- pregunto mientras mi esposo acerca una mascarilla de oxígeno a mi rostro.

-Nos han derribado, las hélices de la nave han sido destruidas y estamos por chocar- me explica con voz calmada pero con la respiración agitada.

Luego acciona los botones de emergencia de nuestros asientos y las cápsulas de salvamento nos cubren. Veo de reojo como el resto de los tripulantes también son absorbidos por las cápsulas volviéndose pequeñas cabinas dobles.

-No tengas miedo Akane- me dice Ranma –estoy aquí- aprieta mi mano con fuerza y yo asiento –estoy aquí.

Todo ocurre entre brumas y pedazos de conciencia. La nave cae, se parte y comienza a incendiarse la parte trasera. Las capsulas salen disparadas por todo el terreno rocoso. ¿Dónde estamos? ¿Qué tan al sur?

Aún siento la mano de mi esposo aferrando la mía, pero cuando me giro a verlo está con los ojos cerrados.

Me quito el cinturón de seguridad y hago lo mismo con el de él. Abro la capsula, pues esta comienza a emitir un pitido de alerta, el oxígeno se acaba. ¿Hace cuanto que hemos caído?

-¡Ranma!- agito su cuerpo y para mi tranquilidad abre los ojos –tenemos que movernos.

-¿Akane?- pregunta –estas sangrando- me dice, pero yo no siento nada.

-Vamos, vamos, hay que movernos.

Con un gran esfuerzo salimos de la capsula salvavidas. Siento mi pie entumecido, pero creo que es solo por el golpeteo al descender que me duelen las piernas. Ranma parece intacto, rasguños solamente.

Caminamos con dificultad, veo rastros de la nave. Ranma ya se ha puesto en estado alerta, busca al resto de la tripulación con la pantalla táctil y también les llama por los intercomunicadores.

Akari y algunos miembros de la corte responden. Se encuentran bien y a salvo, el Coronel Shinnosuke ha llegado con ellos. Nos ha visto caer y han armado un cerco buscando qué o quién nos ha derribado.

También está la guardia real del Emperador Kuno a la caza de quienes hayan saboteado nuestra nave.

-Capitán- llama a Ranma una mujer de la corte. Ella junto con otro grupo de personas se acerca hasta donde estamos.

-Será mejor mantenernos alerta y juntos- ordena Ranma.

Entre este grupo hay miembros samurái de arquería, sable y combate.

-Capitán Saotome- llama por intercomunicador el Coronel a mi esposo –estamos tratando de rastrear las coordenadas donde se encuentran, no se muevan de ahí.

-¿Qué hay de la amenaza Coronel? Podríamos estar rodeados, creo que lo mejor será comenzar a movernos.

-¿No hay heridos entre su grupo Capitán?- pregunta Shinnosuke.

-No alteza- respondo en automático.

-Dama Saotome- dice Shinnosuke mi nuevo apellido con cierta contrariedad -¿se encuentra herida?

Niego con la cabeza.

Lo veo debatirse entre que ordenar –muy bien capitán, eres tú quien está en el terreno. Es tu grupo y sé que los mantendrás a salvo- le dice Shinnosuke a Ranma –procuraremos encontrarles lo más rápido y enviar naves de rescate. Manténganse ocultos.

-Sí, Coronel.

Luego de la llamada Ranma guarda su pantalla táctil y saca de sus aplicaciones una de sus katanas.

-Los samuráis que aún cuenten con su equipo de combate será mejor que lo mantenga a la mano. Tenemos que estar prevenidos- ordena.

Hago lo que mi esposo manda, busco en mi brazalete el icono de mi arco y un carcaj lleno. Ranma me ayuda a montar el carcaj a mi espalda.

-Tienes sangre en el rostro- me dice tratando de limpiarla con su camiseta -¿estás segura que no te duele nada?

-Debe ser un rasguño en la cabeza- le digo esperando mantenerme tranquila –estoy bien- acaricio su rostro.

Andamos un tramo por el terreno de piedras, veo el inicio del bosque que se encuentra cerca de la ciudad que rodea el palacio imperial.

-Debemos estar a una hora de distancia a pie- calcula Ranma –será mejor descansar un rato en aquella cueva- me muestra una abertura que está en la base de la montaña que estamos dejando atrás.

Me giro para ver a nuestro grupo y tiene razón, algunos de los que no están acostumbrados a los entrenamientos ya no pueden continuar con el trayecto.

Vamos hasta la cueva y cuando llegamos la mayoría se sienta en el suelo, otros cuantos buscan alguna roca donde poder recargar su cuerpo cansado. Pocos aún cuentan con botellas de agua en sus brazaletes y todos comparten el preciado líquido con los demás.

No pasan ni 10 minutos cuando el Coronel nos avisa que han localizado nuestra ubicación. Un respiro de calma se refleja en el rostro de Ranma. Esto ha sido un horrible susto que, al parecer, podemos contar con que se quede en solo eso. Un susto.

-Algo se acerca- me dice Ranma con los ojos abiertos, viendo el piso bajo nuestros pies temblar.

Lo miro preocupada y el resto de nuestros acompañantes samuráis se colocan en posición de ataque. Busco a tientas un par de flechas que acomodo entre mis dedos y tenso la cuerda de mi arco.

-¡Preparados todos!- grita Ranma –no estamos solos.