El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Música de inspiración, no aparece en el texto:

"Treetops" de James Newton Howard

"The Fog" de James Newton Howard

"I Need You" de James Newton Howard

"Bow and Arrow" de James Newton Howard


-Pertenencia-

La tierra tiembla.

-Ranma- susurro el nombre de mi esposo y él me mira un instante, que me parece eterno, antes de que todo ocurra.

-Te amo- me dice antes de dejar de ser mi amado esposo y volverse el capitán de sables que es -¡Preparados todos!- ordena.

Al momento aparece frente a nosotros algo similar a un gigante metálico.

-¿Qué es eso?- pregunto sin encontrar la forma del ser.

-Es una chatarra- habla Ranma -¡tengan cuidado con este cacharro! hay que rodearlo, nada de lo que tenemos podrá detenerle. Saliendo de la cueva nos están esperando.

Con cuidado de no ser golpeados o pisados por este monstruo de acero vamos esquivándolo. Y tal como ha dicho Ranma el muro metálico es solo una forma de distracción para la verdadera amenaza.

Un grupo de insurgentes nos espera fuera de la cueva. En cuanto comenzamos a salir la lluvia de flechas inicia.

Disparo al azar y busco otro par de flechas del carcaj. Escucho quejidos de batalla y cuando alzo mi rostro, tras tensar la cuerda de mi arco con las flechas, veo a mi esposo derribando a uno de los que nos atacan.

-¡Cuiden sus flancos!- ordena a un grupo de samuráis de sable que están a su derecha -lleven a las mujeres a salvo hasta el otro extremo de la montaña, ahí les espera el Coronel Shinnosuke.

Veo a un hombre a punto de disparar sus flechas contra Ranma y me adelanto, el sujeto cae con mis flechas en su pecho. Mi esposo me mira y sonríe. Seguimos avanzando entre los atacantes.

Samuráis de combate golpean con fuerza a aquellos valientes que se precipitan con hachas y armas fabricadas de pedazos distintos entre sus manos. No son armas profesionales, las han confeccionado ellos. Siento cierta compasión, no tienen oportunidad contra los golpes de nuestros samuráis. Sus armas caen a sus pies antes de que sus cuerpos les sigan.

Ranma atraviesa el abdomen de un hombre que trata de atacarle y antes de que termine de sacar su sable otro se adelanta para intentar acuchillarle. Mi esposo se defiende con un tanto que lleva en su izquierda y le corta el cuello.

Yo sigo disparando flechas contra aquellos arqueros que nos amenazan desde lo alto. Algunas dan directo a los objetivos y otras se terminan desperdiciando al caer por el aire.

Escucho el ruido de la guardia del Coronel Shinnosuke. La ayuda ha llegado.

Veo al hombre que me ha tratado de cortejar arrasar con su caballo a varios de los rebeldes. Caen y él pasa por encima de sus cuerpos mal heridos.

Gritos, sangre, espadas que chocan entre sí, el sonido de la carne al ser golpeada, el sonido de los huesos al romperse. Todo esto, todo nos rodea.

-¿De donde llegan más?- pregunto a Ranma cuando pone su espalda contra la mía.

Hemos estado peleando a una distancia corta el uno del otro. Me limpio el sudor de la frente con mi antebrazo y saco otro carcaj nuevo de un icono.

-No lo sé, pero definitivamente nos estaban esperando- responde Ranma mientras me ayuda a cambiar el carcaj viejo por este -ten cuidado, no bajes nunca tu guardia.

Asiento.

Ranma se aleja de mí cuando su sable viaja desde lo alto de su cabeza para golpear el hombro de uno de los agresores que no le da tregua a uno de los nuestros.

Vuelvo a cargar mi arco con flechas, disparo. Una acción que repito unas dos veces más antes de que una mujer de cabello castaño corra directo a mí con un tanto en la mano.

-¡Muere maldita cortesana!- grita cuando brinca para golpearme.

No tengo tiempo de cargar nuevamente mi arco, la flecha sale disparada de mi mano cuando la mujer me hace caer al piso con su cuerpo sobre el mío.

-Son una escoria- me grita en la cara. Sus ojos azules reflejan el absoluto desprecio que nos tiene.

-La escoria son ustedes al atacarnos de este modo. Hay gente inocente.

-¿Inocente?- pregunta con la quijada rígida de la furia -¿Te parece poco matar a la mitad del país de hambre por sus ridículos estándares sociales?

Forcejeamos, trato de evitar que su arma se acerque a mí. La única barrera entre ambas es mi arco.

-Estas loca, el país entero está bajo la protección de los...- me muevo cuando consigue zafarse de mi agarre e intenta clavarme el tanto en el pecho.

Muevo mi arco y lo uso otra vez como escudo, con fuerza en las piernas hago palanca para quitármela de encima. Me pongo de rodillas y trato de levantarme, pero se abalanza contra mí y me tira boca abajo sujetando mis rodillas con sus brazos.

-¡Suéltame!- le grito sin dejar de arrastrar mi cuerpo caído con mis manos aferrándose al suelo.

Busco con la mirada mi arco y lo veo a poca distancia de mí. Necesito llegar hasta este.

De pronto siento el golpe de la afilada hoja entrando en mi pantorrilla. Grito todo lo que mis pulmones me dejan, el dolor es indescriptible.


Escucho el grito de Akane y doy por terminada mi batalla con el hombre frente a mí cuando corto su garganta.

-¡Akane!- la busco aterrado de que haya podido pasarle algo, voy entre los cuerpos tirados y golpeando con fuerza a quien se atreva a ponerse en mi paso -¡Akane!

Desesperado miro todo mi entorno, ha llegado ya el Coronel Shinnosuke y pelea hombro con hombro con varios de los nuestros. Parece una locura pero mi esposa tiene razón, de la nada siguen apareciendo rebeldes.

Al menos solo estamos en el campo de batalla samuráis entrenados, los civiles que venían en nuestro grupo se encuentran bajo resguardo ya esperando las naves de rescate. Una tarea complicada debido al gigante de acero que mueve sus brazos en el aire tratando de derribar las naves que se acercan.

De pronto la veo. Mi respiración se detiene cuando el terror me nubla la razón. Tirada, cargando con una mujer que le ha clavado algo en la pantorrilla, mi esposa se arrastra sin dejar de pelear.

Corro hasta donde ella y me preparo para defenderla. Golpeo con el puño del tanto a un hombre que se acerca para atacarme. Me derrapo para esquivar una katana que se atraviesa en mi camino y cuando me levanto veo el arco de mi esposa en el piso. Lo tomo automáticamente y preparo mi arma para atravesar a la mujer que se ha atrevido a tocar a mi amada.

Al instante que la mujer de cabello castaño me mira pronuncia mi nombre y se levanta de golpe emprendiendo la huida. Cobarde o sabia se aleja de mi esposa.

Akane alza su vista y me mira, la cara llena de tierra y sudor, el cabello alborotado, el cansancio y el miedo reflejados en sus ojos avellana. Mi corazón tiembla abatido al verla así.

-Te llevaré cargando lejos de aquí- le digo tomándola en brazos cuando guardo en su funda mi sable.

Aprieta los dientes cuando su pierna herida queda colgando, la sangre a llenado ya toda la parte inferior de su pantalón y cae a gotas en el suelo. La mujer que la atacó ya había sacado la daga o lo que fuese con lo que la ha atravesado, seguro planeando volver a hacerlo, dejando la herida al descubierto.

Llevo a mi esposa hasta donde unas rocas, cerca de la orilla de la montaña y lejos de todo este caos. Debo hacer un torniquete en su pierna para evitar que la sangre siga saliendo antes de sellarla.

-Vas a estar bien amor, vas a estar bien- repito mientras corto un trozo de tela de la manga de mi camiseta.

-Déjame aquí, no puedes solo enfocarte en mí Ranma- me dice Akane tratando de ayudarme a rodear su pierna con la tela.

-Estas loca mujer, no pienso abandonarte.

No dice nada, supongo que entiende que si fuera yo ella no me dejaría tirado con una herida.

Cuando termino busco en mi brazalete el medicamento para sellar su herida por lo pronto, pero no lo tengo, debió haber caído durante la pelea.

Akane también busca el suyo en su brazalete, pero este en sí ya no existe en su muñeca.

-Debió haberlo arrancado esa mujer- dice con los dientes apretados.

-Entonces tenemos que irnos, te llevaré a una de las naves de rescate.

Mientras hablábamos varias de nuestras naves han podido aterrizar en el otro extremo para llevarse a los civiles cuando un par de capsulas terrestres que han acompañado la guardia del Coronel lograron aferrar los pies del gigante al terreno. Inmovilizándolo.

-No podremos cruzar ese campo de batalla Ranma- me dice Akane preocupada.

-Ten un poco de fe en mí ¿Sí?- le guiño un ojo y antes de disponerme a levantarla entre mis brazos tomo su rostro y la beso, quiero que se de cuenta que siempre voy a protegerla.

Luego la levanto en vilo mientras Akane pone su arco en guardia con un par de flechas sobre la cuerda.

-¿Lista?

Ella asiente -lista.


Mi esposo está por correr a través de un mar de gente que solo trata de matarse o defenderse. No dudo de su capacidad como samurái pero temo por ambos.

-Te amo- le digo y él sonríe, tomando aire, confiado de lo que esta por hacer.

Voy preparada contra cualquier atacante sorpresa que quiera detenernos y entonces Ranma comienza a avanzar. No corre, pero vamos de prisa.

No comprendo como es que esta gente nos está atacando así ¿Quiénes son? Había escuchado de insurgentes, gente que se había deslindado de los imperios para vivir en los terrenos sin habitar entre fronteras. Pero pensaba que eran rumores.

Hasta ahora vamos bien, hemos avanzado casi un tercio del lugar. Una mujer nos ve y corre para abatirnos pero disparo una de las flechas y cae de rodillas. Seguimos avanzando.

Desafortunadamente la suerte no nos sonríe cuando el monstruo de metal se libera y se mueve. Ranma trata de esquivar uno de los pies pero en lugar de poder rodearlo el gigante nos pega.

Salimos disparados hasta caer casi de vuelta de donde hemos partido.

Me agarro las costillas cuando comienza a ser difícil respirar. Ranma está tendido e inconsciente unos cuantos pasos lejos de mí.

-¡Ranma!- grito o al menos lo intento, respirar es complicado y llamarlo mucho más.

Me arrastro hasta donde se encuentra y busco la forma de despertarlo.

-Ranma- lo muevo -despierta por favor.

Sus ojos se abren y acaricia mi rostro con cuidado -también eres linda cuando lloras- dice muy tranquilo.

Me dejo caer sobre su pecho -¿estás bien?

-Solo ha sido el impacto ¿Qué hay de ti?- pregunta cuando por fin se levanta.

-También, me he pegado en la lateral del cuerpo y me cuesta un poco de trabajo respirar.

Sus ojos se abren cuando digo esto, se levanta de inmediato tambaleando un poco. Antes de que pueda pedirle esperar a que recuperarse de la caída se agacha para volver a cargarme.

Sin embargo del gigante descienden unos cinco sujetos con los sables en posición para atacarnos.

Ranma se coloca delante mio para resguardarme mientras saca su arma de su funda.

-Peleare si es lo que quieren- les dice a los hombres que nos miran -protegeré a mi esposa a toda costa.

En un grito de combate los hombres corren hasta donde estamos, trato de ponerme en pie con la ayuda del arco y me coloco al lado de Ranma, quien me mira sorprendido antes de dibujar una breve sonrisa de orgullo cuando preparo mis flechas.

-¿Lista amor?

-Lista.

Disparo y detengo a dos de los atacantes, a pesar de esto los otros tres no se detienen. Vuelvo a cargar mi arco, Ranma se mueve inquieto en su sitio esperando la llegada de los invasores.

No soy lo suficientemente rápida y estos chocan las tres espadas contra la de Ranma que nos protege.

Doy unos pasos atrás a brincos para afinar mejor mi puntería.

Concéntrate Akane, me digo a mi misma mientras tomo aire, concéntrate.

Exhalo.

Inhalo.

Disparo, pero ambas flechas pasan de largo. Busco de nuevo otra flecha y tenso la cuerda de mi arco.

Al momento que estoy por disparar de nuevo veo otro sable en la contienda que detiene el arma de uno de los insurgentes. Siguiendo la trayectoria de este voy descubriendo que ha venido a nuestra ayuda el Coronel Shinnosuke.

-¡Mal nacidos!- grita el coronel cuando los empuja haciendo fuerza con el objeto filoso entre sus manos -pagaran caro esta afrenta.

Tanto Ranma como Shinnosuke responden con ferocidad a los ataques de estos rebeldes. Pero no puedo quedarme tranquila, enfoco mejor mi tiro buscando darle al menos a uno de los tres hombres que siguen peleando.

Las espadas chocan acompañadas de los quejidos de ambos bandos en esta batalla. Busco mi objetivo dejando que el destino sea quien decida. Estoy por disparar mi flecha cuando la tierra bajo nuestros pies tiembla.

Es en este instante de distracción que uno de los rebeldes aprovecha para atravesar el cuerpo del Coronel con su sable.

Shinnosuke da un tras pie, llevándose una mano hasta la herida en su abdomen. Su palma se llena de rojo y voltea a mirarme.

No puedo creer lo que mis ojos ven.

El atacante busca de nueva cuenta herirlo pero el Coronel alza su brazo con la katana para detenerlo.

Vuelve a temblar, es hasta este segundo que me doy cuenta que la causa es el monstruo de acero. Consecutivamente está golpeando el mismo punto en el terreno.

-¡Va a desquebrajar el risco!- grito a Ranma, quien sin dejar de pelear me mira un segundo asintiendo para que me de cuenta me ha escuchado.

Disparo la flecha contra el atacante del Coronel, pues es el que está más cerca, y Shinnosuke lo remata atravesando su sable en el pecho del hombre.

Solo queda un atacante para mi esposo y otro para el Coronel, quien a pesar de estar gravemente herido sigue peleando.

Busco tensar de nuevo mi arco, pero el constante temblor del lugar complica que pueda afinar mi disparo. Quiero acabar con el hombre que amenaza a mi esposo en la pelea.

Entonces alguien me derriba, se trata de la mujer que me atacó pues la reconozco cuando mi rostro busca mi arco con desesperación por el suelo. Ha vuelto por mí.

-Vas a perderlo- me dice -y te lo mereces.

Me amenaza con el tanto que ya me ha lastimado antes y yo esquivo como puedo sus ataques. Ranma definitivamente se desconcentra y mientras la mujer sigue amenazándome, la tierra sigue temblando. Es entonces que un golpe certero atraviesa el hombro de mi esposo.

-¡Ranma!- grito angustiada, quiero correr hasta donde él y abrazarlo y protegerlo y defenderlo.

La tierra sigue temblando.

Golpeo a la mujer que tengo frente a mí con el arco de mi palma en la mandíbula y cae desconcertada. Cojeando trato de correr hasta donde Ranma está, con el sable aún atravesando su hombro izquierdo.

Sigue temblando.

-¡Ranma!- sigo llamándole desesperada.

El hombre que le ha atacado quiere sacar su espada del cuerpo de mi esposo pero Ranma no se lo permite. Sujeta la hoja del sable y acerca al hombre a él, luego lo atraviesa con su espada directamente en el pecho.

Respiro aliviada al ver que mi esposo se ha quitado de encima un enemigo, su hombro requerirá seguramente una intervención pero estará bien. Todo estará bien.

Y es cuando sucede. Pero no puedo creerlo.

Ranma tira el cuerpo del atacante a un lado, luego se quita del hombro la espada que le atraviesa y me mira, sonríe y entonces le suelo bajo sus pies desaparece. Una enorme grieta se abre conforme un tramo del risco comienza a caer.

-¡Ranma!- grito desesperada cuando veo su cuerpo descendiendo a la par que la roca donde está parado.

El Coronel Shinnosuke termina de rematar al hombre con quien combate y me detiene de la cintura cuando estoy por caer también por el barranco que se ha formado.

Solo veo polvo y piedras, pero no veo a Ranma.

-Ranma- susurro entre los gimoteos de mi llanto -¡Ranma!


3 años y medio después...

El sonido de mis pisadas retumba por el pasillo.

-Su alteza imperial- me saluda uno de los hombres que hace guardia fuera del salón de reuniones.

Entro a la habitación y veo a mis generales de pie.

-¿Qué es tan importante?- pregunto señalando que pueden tomar asiento de nuevo mientras yo hago lo mismo.

-Su alteza imperial- habla el general Furumoto -hemos neutralizada la amenaza que estaba propagándose por el Norte señor, el emperador Kurenai agradece la colaboración de nuestro imperio enviando un obsequio de 500 caballos para fortalecer las fuerzas que tenemos repartidas en el Sur.

-¿Tenemos prisioneros de guerra esta vez General?

Furumoto mueve negativamente su cabeza –no señor.

Inhalo.

-Supongo que los caballos estarán bien adiestrados, al final Kurenai se ha quedado con la General Tendo- prefiero cambiar de tema.

En todas las batallas que hemos ganado nunca obtenemos información del grupo que se ha levantado en armas contra los imperios. Es frustrante.

-Sí su alteza imperial- Taro me mira esperando poder continuar hablando, hago una seña para que así lo haga -la General también envió un obsequio para su hermana.

Miro el objeto frente al General Furumoto. Hasta ese momento no había reparado en la caja.

-Señor secretario- llamo al escribano de la sala -por favor envíe nuestro agradecimiento al Emperador Kurenai por los corceles y a la General Tendo por su ayuda- me levanto de mi sitio para ir al centro de la mesa. La toco y esta se enciende mostrando el mapa con las marcas de nuestras misiones que se llevan en estos momentos a cabo -¿se ha localizado ya el cuartel del levantamiento?

El general Tendo niega -no su alteza imperial, los escuadrones montados no han localizado nada en el lugar que inteligencia ha marcado.

-Tan escurridizos siempre- digo con los dientes apretados.

Hace más de tres años atrás la rebelión se levantó en armas, los conocidos prodit fato atacaron todos los imperios al mismo tiempo. Se aseguraron de asesinar a los emperadores que estaban en la sede de Los Creadores. Para eso fue el sabotaje en diferentes cargamentos, una forma de atraerlos a un solo lugar.

Es una fortuna que el sistema no haya colapsado, todo gracias a la valentía de los generales presentes en la sede.

Carraspea el general Saotome -los chicos de arquería siguen en sus puestos alteza imperial, todavía reportan que hay movimiento sospechoso en la antigua sede de Los Creadores.

-Todo lo que había ahí es material suficiente para irse en nuestra contra, esperemos que ahora con la ayuda de los emperadores Kuno podamos ingresar al lugar lo más pronto posible.

Los generales en la mesa asienten.

Suspiro cansado -si no hay más que discutir debo entregar el obsequio de la general Tendo a su dueña, por favor también avísenme cuando mi prima llegue al palacio.

-Sí, su alteza imperial- responden mis generales.

En cuanto camino donde Taro los generales se levantan con una reverencia.

-Señores, pueden retirarse.

Tomo la caja metálica de la mesa y con mi preciada carga salgo del lugar. Detesto estas formalidades pero son necesarias. La guerra nos ha alcanzado y dista mucho de lo que creíamos.

El control mental solo ha sido una mentira sembrada por los rebeldes para distraernos entre imperios. Lo mismo han dicho de nosotros al Sur, mientras que a los imperios Norte les han hecho sospechar del Este. Sin embargo todo ha surgido en los imperios del Oeste, un territorio que ahora ya se ha perdido por completo.

Voy de nuevo por el pasillo cuando una de las damas de la corte se cruza por mi camino, lleva prisa y trae los brazos cargados de diferentes sables.

-Su alteza imperial- dice haciendo una reverencia con cuidado de no tirar nada.

-¿Dónde está la emperatriz?- pregunto cuando vuelve a levantarse.


La hoja del sable resplandece cuando la luz de la sala de entrenamiento se refleja en ella. La muevo hacia arriba para poder girar y golpear el muñeco frente a mí. El arma se clava en el material de este cuando lo toco, con fuerza jalo para liberar mi arma y hago el mismo movimiento en sentido contrario.

Repito varias veces el ejercicio, hasta que mis brazos dejan caer el sable en el acolchado piso y me tiro de espaldas, mirando el techo mientras trato de recuperar mi respiración.

El sudor recorre mi rostro, puedo sentir la espalda empapada también y aún cuando estoy cansada me siento satisfecha del entrenamiento de hoy.

Escucho entonces la puerta de la habitación abrirse.

-Te tardaste demasiado Satsuki.

-No soy Satsuki.

En cuanto escucho su voz me levanto.

-¿Qué haces aquí?- pregunto tomando del suelo mi sable.

Oigo que suspira a mi espalda mientras guardo mi arma en su funda -Kasumi te ha enviado un regalo.

Cuando habla de mi hermana me doy la vuelta, va vestido elegante lo que significa que ha tenido una reunión con los generales.

-Toma- me tiende una caja metálica alargada.

Me acerco a Shinnosuke tomando con cuidado el objeto de sus manos.

-¿Has estado practicando?

-Sí, debo compensar años de aprendizaje lo antes posible. Lo que una princesa aprende durante toda su vida yo debo saberlo ya a la perfección ahora.

-Llevas casi tres años entrenándote, eres mejor que la mayoría de las damas de compañía que han servido a Ukyo.

-Tengo que ser mejor aún. ¿Sabes si la dama Shampoo podrá venir a entrenarme?

Shinnosuke asiente -la emperatriz Kodachi le ha concedido una licencia para hacerlo- se acerca a mí y pone una mano en mi cintura, susurrando en mi sien -sabes que yo estoy dispuesto a entrenarte tesoro.

-Preferiría que no- le digo moviéndome a un lado -gracias por traerme el regalo de Kasumi. Iré a bañarme.

-Akane- me detiene tomando mi brazo con firmeza. Veo su mano sobre mi cuerpo y sigo el trayecto hasta toparme con sus ojos azules. Siento que va a decirme algo pero baja la vista cambiando de parecer -recuerda que te amo, por favor. Ábreme tu corazón, por el bien tuyo y mío.

Trago saliva -lo estoy intentando- no quiero que note como mi voz se quiebra -me pides demasiado. Al menos ya dormimos juntos ¿no?

Evita mi mirada cuando trato de buscar la suya -sí, así es.

Jalo mi brazo para liberarme -debo prepararme para la llegada de la emperatriz Kurenai. Con tu permiso.