El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Música con la que corre Akane:

"Matadora" de Sofi Tukker


-Emperatriz-

Salgo rápidamente de la sala de entrenamiento antes de que Shinnosuke quiera volver a detenerme. Corro por el pasillo hasta las escalinatas que llevan a mi habitación privada, lejos de la que comparto con él desde hace algunos días, al menos para dormir.

Creo que ya ha pasado una semana desde la última vez que trató de tocarme y aceptar compartir el lecho durante la noche se convirtió en una de las condiciones que impuse a cambio de que no lo volviera a intentar. Le dije que debía dejar que sea yo quien se acerque a él.

Luego de nuestra boda solo copulamos aquella noche, como prueba de la consumación de nuestra unión. Aún intento aceptar el hecho de que él es mi marido ya pero cada vez que me planteo estar con él no puedo con la sola idea.

Esa única ocasión fue desastrosa.

Reconozco que ha sido un esposo gentil, pero no puedo amarlo. No después de su insistencia durante años. No después de sus condiciones silenciosas para orillarme a aceptar. No después de que mi corazón solo le pertenece a Ranma.

Pero ahora no quiero pensar en eso o en el momento en el cual tenga que dejarlo volver a tocarme cuando sea tiempo de engendrar un heredero. Siento con más fuerza la presión de esto último ya que la emperatriz Kurenai está de encargo.

Respiro.

Abro las puertas de mi habitación y luego de cerrar tras de mí con llave me desvisto rápidamente, quiero tomar un baño y quitarme esta sensación de las manos de Shinnosuke sobre mi brazo.

Voy hasta el cuarto de baño y giro la llave del agua, la tina se llena casi al instante con agua caliente. Me meto y procuro no llorar mucho esta vez, no me puedo ver con el rostro hinchado con la llegada de la emperatriz Kurenai en cualquier instante.

Cierro los ojos mientras recargo mi cabeza en la orilla.

Son estos pequeños momentos donde me relajo lo suficiente cuando lo veo. Su sonrisa. Su mirada azul. La sensación de sus manos sobre mi rostro en aquel último beso que me dio.

Suspiro, las lágrimas comienza a descender y pequeños quejidos les acompañan.

-Como te extraño- susurro y luego me tapo la boca con ambas manos para no ser escuchada. Dejo que mi cuerpo se hunda en el fondo de la tina para acallar aún más mi llanto.

Mi corazón no se ha dado por vencido, nunca lo hará


Luego de que Ranma cayera por aquel barranco la batalla aún continuo. Pero la mujer que me había atacado desapareció repentinamente mientras Shinnosuke me llevaba a rastras, sin que yo dejara de patalear y pelear porque me soltara, a una de las naves de rescate.

En cuanto llegué al palacio azul del príncipe Tatewaki fue Akari quien me ayudó a coordinar, en conjunto con las instrucciones de Ryoga y Shinnosuke, un equipo de búsqueda. El Coronel no pudo ir con estos hombres debido a la grave herida en su abdomen, ningún órgano vital fue herido. Pero me juro que de haber podido levantarse él mismo hubiese encabezado esa misión. Encontrar a mi esposo sería su prioridad como prueba del amor que me profesaba.

Durante semanas hombres y máquinas limpiaron la zona, piedra por piedra se removieron los escombros. Confieso que aunque fuese doloroso me había resignado a tan siquiera encontrar su cuerpo. Pero nada.

Aparecieron los restos de dos de los hombres que descendieron del gigante de acero y nos atacaron, pero nada de mi esposo. Ni un solo cabello. Ni una sola gota de sangre. Ni un solo rastro.

Era como si Ranma se hubiese desvanecido durante la caída.

Papá me dijo que al menos eso debería ayudarme para no perder la esperanza. Eso fue hasta que dejó de hablarme cuando acepté casarme con el emperador.

Pero no quiero sentirme triste de nuevo, tomo aire mientras Yuka y Sayuri terminan de abrochar mi vestido.

-La emperatriz Kurenai ha llegado su alteza imperial- me informa Satsuki en cuanto regresa a mis aposentos con una de las coronas que ahora me pertenecen.

-¿Está con el emperador?- me siento de nuevo para que dos de mis damas de compañía acomoden sobre mi cabeza el adorno.

-Así es Akane- responde Satsuki cuando la veo de reojo buscar de mi joyero algo que combine con la corona.

-Muy bien, hay que darnos prisa- respondo monótonamente cuando la chica me coloca los aretes.

De pronto veo en el reflejo a mi cuñada y no puedo ocultar mi felicidad cuando me percato de su presencia.

-¡Ranko!- grito emocionada levantándome al instante y corro a su encuentro.

Ella también me imita y nos abrazamos con fuerza. Luego se separa de mi y hace una reverencia con esa sonrisa sarcástica idéntica a la de su hermano cuando quería burlarse de mí.

-Disculpe su alteza imperial por mis modales- habla mientras se separa de mí y realiza una reverencia exagerada.

Me río -parece que no has aprendido nada en la corte del emperador Kurenai.

Ranko lleva un año en la corte de Tsubasa para fortalecer su entrenamiento con Mousse, al ser coronel ahora se encuentra ayudando a los arqueros de Kurenai.

-Nada, nunca- ríe también -te extrañe mucho Akane.

-Y yo a ti- la tomo de las manos -déjame verte- la hago girar para mí -estas preciosa.

-Gracias- se sonroja -aunque tengo estos horribles callos -me muestra sus manos.

-También yo- le enseño las marcas de mi entrenamiento -pero debes sentirte orgullosa, son el reflejo de tu arduo trabajo.

-Estoy nerviosa- me susurra.

Sé porque se siente así, este fin de semana se llevará acabo una nueva ceremonia. A pesar de las revueltas y la amenaza inminente de los rebeldes esta clase de eventos levantan el ánimo de nuestros súbditos.

-Todo irá bien- le digo acariciando sus hombros -créeme.

-Dime por favor- da un pequeño brinco -tú sabes quien será mi prometido.

-Claro que lo sé, pero prefiero no contarte nada.

-Eres injusta- se cruza de brazos y eso me causa gracia cuando hace un mohín -mi hermano sabía lo de ustedes desde antes de la ceremonia.

Cuando menciona a Ranma no puedo evitar escuchar algunas expresiones de sorpresa de mis damas, abro mucho los ojos y Ranko de inmediato comienza a disculparse.

-Lo lamento mucho Akane, yo no quería. No fue mi intención.

-Tranquila- le ofrezco una sonrisa para calmarla -no está prohibido hablar de él.

-Mamá aún no pierde las esperanzas pero dice que no podemos detener el paso del tiempo- me cuenta convencida de que sus palabras curaran la herida en mi corazón.

-Tampoco yo las he perdido- susurro para ella, me volteo a buscar a mis damas para medir sus reacciones pero han actuado bien al irse de vuelta al baño. Escucho que mueven frascos y abren cajones -deben terminar de arreglarme para la cena de esta noche, pero te veré mañana- le digo a Ranko cuando me giro de nuevo a verla -¿Te gustaría practicar un poco para calmar tus nervios? Eso hizo tu hermano conmigo el día de la ceremonia.

-Gracias- dice antes de volver a abrazarme -te veré mañana entonces en la sala de entrenamientos.

Asiento.

Ranko da media vuelta para salir de la habitación y se detiene en la puerta -por cierto, te ves preciosa. Seguro mi hermano estaría encantado.

-Vete ya- la reprendo entre risas y ella sale corriendo.


-Su alteza imperial- anuncia mi llegada uno de los guardias en el salón de visitas -la emperatriz Kusao.

De inmediato se levanta del trono Shinnosuke y me alcanza a medio camino. Me da un beso en la mejilla y yo sonrío para guardar las apariencias frente a nuestra invitada.

-Estas más hermosa cada día tesoro mío- me dice en voz alta.

-Gracias cielo- respondo. Es el mote cariñoso con el cuál me dirijo a él siempre en estas ocasiones.

Me lleva de la mano hasta donde su prima, y aún amiga mía, Ukyo. Quien al verme frente a ella trata de ponerse de pie aunque con cierta dificultad debido a su estado.

-No debes hacer esfuerzos- la reprendo y la ayudo a que se vuelva a sentar, aprovechando el gesto para soltarme del agarre de Shinnosuke.

-Estas muy guapa esta noche- me dice alegre Ukyo mientras me abraza -lamento mucho haberme perdido de su boda.

-Bueno- sonrío mientras acaricio su abultado vientre -siempre puedes asistir a la próxima.

Ambas reímos.

-Espero esta sea la última- comenta Shinnosuke mientras se sienta de nuevo en su sitio.

-Eso espero también- responde Ukyo -¿Cómo te ha tratado el bruto de mi primo? Más le vale que bien.

-Sí- contesto simplemente.

-Por cierto- habla Shinnosuke para cambiar de tema -es una lástima que tu esposo no haya podido acompañarte.

-Era su intensión pero más allá de la frontera norte detectaron un campamento.

-¿De verdad?- pregunto con los ojos abiertos -esa es una novedad, normalmente son escurridizos.

-Mi esposo está tratando de llegar a ellos antes de que se muevan.

-Confiemos en que así sea- comenta Shinnosuke.

-Su alteza imperial, el príncipe Madono- nos anuncia el guardia la presencia de Toma ahora.

-Gracias mi buen hombre- dice el príncipe golpeando ligeramente el hombro del guardia que le ha anunciado -buenas noches a todos, una disculpa por la demora.

-Adelante Toma, solo te esperábamos para poder cenar- dice Shinnosuke haciendo una seña a otro guardia, imagino para que avise que pueden disponer el comedor para la cena.

Esta noche solo estaremos la realeza. Me parece tan extraño que ahora esté sea mi mundo.

-¿Nervioso por la ceremonia de mañana Toma?- pregunta Ukyo cuando el príncipe se acerca a ella para saludarle.

-Nada de eso Ukyo, estoy emocionado.

-Hola Toma- acaricio su rostro luego de que él besa mi mano como saludo -¿fue cansado el viaje?

-Algo, tener que rodear las montañas puede marear. Pero es mejor que utilizar una nave ¿no?

-Definitivamente, el Este se ha vuelto vulnerable en las alturas- comenta Shinnosuke.

-Y a pesar de todo seguimos sin descubrir que es lo que derriba nuestras naves- responde el príncipe.

-¿Sabes ya quien es tu prometida?- pregunta Ukyo.

-Sí- responde encantado y yo sonrío.

Desde que los vi bailando juntos sabía que Toma miraba a Ranko de ese modo en el cual una chica quiere ser vista por un hombre. Toma ha estado enamorado de ella desde hace algunos años cuando la conoció en un torneo de combate que se realizó en el palacio. Y yo intervine para que Ranko pudiera prometerse con él.

-Y debo agradecerte a ti Akane por ello.

-Saber que serán felices es la mejor recompensa.

Ukyo llama de nuevo a Toma y le pregunta algo, pero no pongo atención porque siento la mirada de Shinnosuke sobre mí. Me giro levemente para verlo. Está atento, serio. Luego me sonríe y yo hago lo mismo antes de volver a poner mi atención en Ukyo y Toma.

-La cena está servida su alteza imperial- nos informa uno de los guardias cuando entra al salón.

-Gracias, iremos enseguida- dice mi ahora esposo poniéndose de pie y buscando mi mano para ayudarme a levantar -por favor, pasemos al comedor.

Toma lleva de la mano a Ukyo -pienso que el embarazo te sienta bien.

-Con suerte este bebé llegara muy pronto a mis brazos.

-Así será- responde Toma.

Shinnosuke se inclina un poco hacia mí -te verías preciosa embarazada- susurra pero luego suelta una carcajada, imagino al ver mi reacción.

Me pongo tensa de solo imaginar que mi vientre servirá para engendrar a sus hijos.

-Aún es muy pronto, primero espero llegues a amarme para que puedas amar aún más a nuestros hijos.

Lo que dice hace que lo mire con atención. Sus ojos azules me analizan, son tan distintos a los de Ranma. El azul en su mirada es más profundo con algunas motas claras y están coronados por un halo en la pupila de un azul casi verdoso que les da cierto misterio. Admito que es una combinación bonita.

-Algún día- respondo simplemente y él parece satisfecho con esa promesa silenciosa de que estoy trabajando en mis sentimientos por él.


Cada paso que doy hace que mi respiración se agite más, el sonido hueco de mis pisadas en la pista es hipnótico. Me he levantado de la cama a las 5 de la mañana, Shinnosuke aún dormía así que he dejado una nota en su brazalete para avisarle donde estaba.

Quedé de verme con Ranko en la sala de entrenamientos a las 7 de la mañana, pero para mí este ha sido el pretexto perfecto para no tener que seguir con el brazo de mi marido alrededor de mi cadera en nuestro lecho.

No he tenido tiempo aún de revisar el regalo que me envió Kasumi, sigue guardado en mi brazalete y supongo que ahora que estoy sola podría ser un buen momento para verlo.

Sí, tengo miedo de lo que pueda ser. Durante los últimos meses mi hermana ha estado investigando por su cuenta algunas migajas de pistas que tenemos sobre lo que sucedió aquel día con mi esposo.

Aún cuando en el lugar donde él cayó no hubo nada a metros de distancia, en la cápsula de rescate donde veníamos ambos, Kasumi encontró huellas que trataron de ser borradas ahora que las cápsulas salvavidas comenzaron a ser reconstruidas para su nuevo uso en algunas naves.

Estas casi huellas han aparecido en los restos de algunas rebeliones que fueron detenidas durante estos meses.

Cuando mi hermana me pidió la ropa que llevaba ese día encontró las mismas huellas, por lo que estamos seguras que se trata de la mujer que insistentemente quería asesinarme.

¿Quién es ella?

Cada nueva pista que Kasumi encuentra me la hace llegar por medio de un obsequio disfrazado. Oficialmente Ranma se dio por muerto a un año del ataque, nombrándome viuda y así disponible para volver a casarme sí yo lo deseaba.

Claro que no lo deseaba. Pero fue la excusa perfecta para que Shinnosuke volviera a cortejarme, insistiendo en pedirme corresponderle el amor que me tiene.

Acelero el paso y subo el volumen de la música, no quiero pensar. No quiero pensar.

A veces, cuando estoy corriendo y cierro los ojos puedo ver a Ranma caer por la grieta que se formó con los golpes de ese monstruo de metal. Un cacharro armado de piezas de naves que habían estado desapareciendo desde años atrás y de las que ningún imperio dio importancia.

Gimoteo sin darme cuenta y me detengo cuando comienza a dolerme la pierna, donde aquella mujer me apuñaló.

-¿Todavía te duele?- pregunta la dulce y cantarina voz de Ranko cuando la veo entrar al salón.

Voy rengueando hasta el centro del mismo y me siento en el suelo acolchado, tratando de calmar mi agitada respiración. El sudor escurre por el contorno de mi rostro por lo que busco en mi brazalete el icono de una toalla para limpiarme.

-Tu hermano solía hacerme entrenar desde temprano aquí ¿sabías?- prefiero no responder a su pregunta porque sería seguir alimentando mi imaginación con aquella maldita mujer castaña.

-¿Cómo castigo?- pregunta mi cuñada arrugando su bonito rostro mientras se sienta frente a mí.

Pienso en la última vez que estuve con él en este salón, si Ranko supiera que bajo este techo Ranma y yo solíamos hacer el amor por las mañanas.

-A veces- respondo en voz baja sonrojándome.

-¿Aún piensas en él?- pregunta.

Alzo la mirada para ver la suya al punto del llanto -todos los días, a todas horas.

-Papá se molestó de que te hubieses casado con el emperador.

-Imagino que se sintió traicionado. Pero no tuve elección.

-Es lo que le dije, con los días ha ido aceptando el hecho de que ahora eres la emperatriz.

Me dejo caer de espaldas -suena extraño, no me gusta serlo.

-Es una oportunidad de que hagas algo Akane. Algo bueno.

-Llevo apenas unos meses como emperatriz y siento que soy un desastre- me llevo ambas manos a la cara -solo me la he pasado entrenando con el sable.

-Entonces lo de gobernar no te va porque eres un desastre ¿Una Tendo un desastre?

Ambas estallamos en risas y luego suspiro mientras dejo mis manos sobre el abdomen luego de arrojar la toalla lejos.

-Él entendería todo lo que haces Akane- me dice Ranko cuando se acomoda junto a mí en sentido contrario, de modo que su rostro queda a la altura del mío.

-No sé si podría perdonarme.

-Ni siquiera pienso que te juzgaría.

-¿Tú aún piensas que esté vivo?

Ranko se encoge de hombros -creo que soy igual que tú en ese sentido, no pierdo las esperanzas de encontrar algo de él pero ha pasado tanto tiempo que ya no sé.

-Comprendo- tomo aire y luego golpeo ligeramente su hombro -anda, vamos a ver que tan buena te has vuelto con el arco.

Me levanto y busco en mi brazalete el icono con mi arco de siempre, ahí también guardo el que me regaló Ranma por nuestra boda, es un precioso recordatorio de su amor.

-Aprecio que el emperador te haya permitido seguir usando el anillo que te dio Ranma- dice Ranko cuando ve mi mano.

-No pensaba preguntar.

Voy hasta el panel lateral del salón y programo diferentes blancos.

-Menos charla y veamos de que estas hecha Ranko Saotome- sonrío -preparada.


Mientras terminan de peinarme me coloco la segunda manga del vestido, para esta noche he elegido un atuendo lo más alejado del que utilice cuando fue mi ceremonia.

-Akane- me habla Sayuri mientras me muestra un collar para complementar mi vestimenta -¿te parece bien este?

-No es necesario Sayuri, no llevaré ninguna joya.

-¿Tampoco una corona Akane?- pregunta Yurika.

-No, nada. Las chicas de la ceremonia son las estrellas esta noche.

Las tres reímos por mi cursi comentario.

-Eso es un gesto muy hermoso Akane.

Me levanto y voy hasta la entrada de mi habitación cuando escucho su voz.

-Nodoka- me acerco a ella y pienso saludarla pero la mujer hace una seña para que me detenga y realiza una reverencia.

-Debes recordar tu lugar ahora, su alteza imperial.

-A veces es fácil olvidarme cuando la veo a usted o al General Saotome- veo a mis damas esperando ordenes -chicas por favor vayan a ver porque Satsuki tarda tanto con ese té que le pedí.

-Enseguida su alteza imperial- corean ambas chicas y salen de la habitación cerrando tras de sí.

Normalmente prefiero dejarla abierta, de todos modos siempre hay un guardia fuera. Salvo que quiera tiempo para mí sola mi habitación casi siempre está accesible para cualquier cortesano.

-¿Gusta tomar asiento?- le ofrezco a Nodoka ir hasta la pequeña sala de estar que se encuentra cerca de las ventanas.

-Gracias- dice mientras me sigue y espera a que yo tome asiento primero -me ha dicho Ranko que estuvieron practicando el arco por la mañana. Quería agradecerte todas las atenciones que has tenido con ella, sobre todo al enviarla con Mousse al Norte para protegerla.

-Ranko siempre será mi cuñada- respondo de forma natural -la quiero, es la hermana del amor de mi vida.

-También quiero que sepas que Genma no esta molesto contigo, no después de lo que le he contado.

-No era necesario Nodoka- juego con el tul que cubre la falda de mi vestido.

-Te ofreciste como sacrificio para cuidarnos.

-Lo he hecho por que ustedes son mi familia y también por Ranma- miro a Nodoka a los ojos para que entienda que lo digo en serio.

-Pero no haz perdido las esperanzas de que vuelva y aún así aceptaste casarte con el Emperador.

-Jamás perderé la ilusión de verlo algún día cruzando las puertas del palacio. Se pondrá furioso cuando sepa lo que he hecho pero sabrá aceptarlo.

-Cariño- dice acariciando mi mano que descansa sobre mi regazo -no creo que esté vivo. El que no hayan encontrado nada no implica que siga con vida. Han pasado más de tres años y él no ha vuelto. Es imposible que haya sobrevivido.

Una gota de agua cae sobre su mano, hasta que la veo ahí me doy cuenta que se trata de una lágrima mía.

-También lo sé. Pero no podría no despertar cada mañana si no me hago a la idea que él puede aparecer.

-No estas viviendo querida, solo sobrevives al día. Resignada. Tienes que seguir adelante. Te he observado cuando estas con el Emperador, se nota tu frialdad y la falta de estima que le tienes.

Alzo mi rostro y me enfrento con la mirada tierna de quien fuese una vez mi suegra -yo lo amaba Nodoka y ahora se ha ido y yo lo amaba- mi voz suena entrecortada cuando el llanto amenaza con volverse incontrolable.

Nodoka se levanta y se pone de rodillas junto a mí, abrazando mi tembloroso cuerpo, acariciando mi espalda para consolarme.

-Él lo sabía, murió protegiendo lo que más amaba y eso me da mucha felicidad. Ahora tienes que vivir, por su recuerdo y por honrar su sacrificio. Así como Ranko te honrará por siempre por el tuyo.


Shinnosuke estaba renuente a permitir que el príncipe de un imperio menor pidiera la mano de una samurái de tanta valía como Ranko Saotome. Aunque pienso que era más por el hecho de ser ella la hermana de Ranma que él no estaba seguro en aceptar la petición.

Fue así como llegamos a un acuerdo.

Meses después de que me declararan oficialmente viuda Shinnosuke no tuvo prejuicios en pedir mi mano. Por supuesto me negué. Mi pretexto inicial era necesitar más tiempo, luego el no tener la formación necesaria para ser emperatriz.

Tal vez si Ranma y yo nunca hubiésemos estado bajo el mismo techo, bajo el mismo imperio. Si nuestros padres nunca se hubiesen conocido. Si hubiésemos nacido en épocas diferentes el uno del otro, en países distintos. Solo tal vez, solo así, tal vez nunca nos hubiésemos enamorado. Y a pesar de todo lo dudaría.

-Te ves preciosa, como siempre tesoro- me dice Shinnosuke cuando pasa por mí a mi habitación.

Admito que se ve guapo con su traje de gala.

-Decidiste no usar alguna de tus coronas- afirma cuando ve mi sencillo peinado mientras mi mano rodea su brazo en el instante que me lo ofrece.

-Las chicas de la ceremonia deben ser las protagonistas, esta noche es importante para ellas.

Shinnosuke se agacha y besa mi sien -eres un ángel.

Quiero llorar, pero contengo las lágrimas y sonrío.

-Gracias cielo.

Se lo he dicho, aún cuando vamos por el pasillo solamente él y yo. Nodoka me ha pedido que siga con mi vida y no es como que con su permiso esté aceptando tan fácilmente a mi nuevo esposo. Pero si me permito considerarlo podría ser que con el tiempo deje atrás esa idea de solo sobrevivir y empezar a vivir de nuevo.

-Planeo que bailemos mucho esta noche, quiero que te diviertas de verdad.

-Espero también divertirme.

-El menú se ha pensado en los alimentos que más te gustan y...

Shinnosuke sigue hablando y yo asiento y sonrío pero he dejado de prestarle atención. Miro por los ventanales del corredor a varios guardias con redes llenas de lámparas.

-¿No habrá fuegos artificiales?

-¿Qué?- pregunta deteniendo nuestro andar y fijando su vista al ventanal buscando lo que yo veo -¡Ah! No tesoro, creíamos que te gustaría más lámparas flotantes.

-Me gustan los fuegos artificiales.

-Lo lamento pero no podemos desperdiciar material explosivo por ahora.

Asiento -esta bien.

¿Será esta una señal? La señal de Ranma de que debo rehacer mi vida.

Cuando nos acercamos al gran salón tanto mi padre como el general Saotome buscan a mi esposo.

-Sus altezas imperiales- nos saludan ambos hombres.

-General Tendo creo que podría acompañar a Akane con las damas de la ceremonia mientras yo y el General Saotome vamos a ver a los samuráis y al príncipe Toma.

-Por supuesto alteza imperial.

Papá me ofrece su mano y yo la tomo al instante. Veo como Shinnosuke se aleja de mí con el General Saotome de compañía.

-Sé que Kasumi te ha enviado algo- habla en voz baja mi padre mientras vamos hacia la entrada del gran salón -le dije a tu hermana que están corriendo un riesgo, deben parar.

-Pero ¿que hay de esa mujer que me atacó? fue tras de mí dos veces durante la batalla papá.

-Olvídalo Akane, ahora eres una emperatriz. Se vería muy mal si esto sale a la luz. Puede que a ti no te ocurra nada, eres la adoración del emperador. Pero ¿qué hay de tu hermana Kasumi? ¿Qué ocurrirá con tu hermana Nabiki? ¿Haz pensado en lo que le pasaría a tus sobrinos? Ahora eres realeza.

-No por gusto- digo con los dientes apretados, detengo a mi padre y lo aparto hacia un lado de la puerta. Lejos de todos los guardias -dijiste que siempre estarías ahí para mí, que no importaba si me convertía en la esposa de alguien.

-Pero ahora no hablamos de cualquier hombre Akane, estamos hablando del emperador más poderoso de todo Japón. Él guía a los demás imperios para destruir a estos mal nacidos insurgentes.

-Quieres mi resignación.

-Quiero que comprendas hija, no eres una niña y pronto te convertirás en la madre de un heredero.

-No pienses que será pronto.

-Sé que ha sido difícil aceptar la perdida de Ranma, créeme que a mi me duele también. Veo a mi mejor amigo sufrir a diario la perdida de su primogénito. Ranma era un buen hombre y dudo que quisiera verte así.

-Si hubiese sido al revés, si yo fuese la que estuviera perdida y sola no creo que le pedirías a Ranma detenerse en encontrarme.

-Pero él no está perdido Akane, él esa muerto.

-Solo porque ustedes así lo decidieron.

Veo por sobre el hombro de mi padre al General Saotome salir de la habitación donde se reúnen los samuráis a meditar antes de cualquier ceremonia.

Él seguramente siente mi mirada porque voltea hacia donde estamos papá y yo. Lo veo caminando hasta nosotros.

-Akane, las damas de la ceremonia te esperan- me dice mi suegro.

Miro a ambos hombres, veo la determinación en el rostro de mi padre y entiendo que han hablado ya del tema.

-Pues no estoy de acuerdo- les digo a ambos antes de moverme hacia las puertas del gran salón -iré a ver a las chicas.

Tomo mi vestido, con ambas manos, para alzar la falda y no tropezar cuando voy tan aprisa hacia el salón. Atravieso las puertas con cero gracia en mi andar, pero no me importa. Soy la emperatriz y puedo hacer y actuar como me plazca.

-Su alteza imperial- hace una reverencia frente a mí, deteniendo mi furioso andar dentro del salón, la dama Shampoo -es un gusto verla de nuevo.

-No sabía que ya se encontraba en la corte imperial del centro- respondo secamente, alzando la barbilla.

Shampoo se pone de nuevo recta y yo sonrío de lado -¿por qué no me avisaste idiota?

Ella ríe -quería darte una sorpresa.

-Menuda sorpresa.

Abrazo a Shampoo y ella también me abraza con fuerza.

-Así que tu marido te ha dejado venir- me burlo de ella.

-Fue su idea.

-Fue idea mía, te necesito para seguir aprendiendo nuevas técnicas.

-Pero sí ya estás más que lista. ¿Acaso esperas problemas Akane Kusao?

-Siempre- me río.

Mientras estaba hospitalizada en el palacio azul Shampoo fue la única dama disponible entre todo ese caos para cuidar de mí.

Kasumi estaba en el Norte coordinando una misión de rescate hacia la sede de Los Creadores. Akari y Ukyo no se daban abasto con los heridos por la batalla. Y Shampoo estaba recién casada, con un esposo rastreando la coalición insurgente junto con otros hombres.

Fue así como un día terminó en mi habitación, llevándome un poco de alimento.

Al final ella fue quien me inicio en la practica del sable, para fortalecer mi pierna en recuperación. Una forma de terapia. Acordamos que nuestra recién descubierta amistad se quedaría entre solo ella y yo. Me pidió perdón por lo como se había insinuado a Ranma, se disculpo diciendo haber actuado llevada por sus impulsos y por el no saber que podía llegar a ser amada por alguien que no fuera de su familia. Tenía miedo de su matrimonio arreglado, pero Kirin se había mostrado desde que fuese a vivir al Sur como todo un caballero deseoso de adorarla.

Ahora es madre de un pequeño de dos años.

-Pensé que tal vez no te dejaría venir Kodachi, con todo lo que tu esposo está haciendo en el Sur.

-La emperatriz fue amable, dijo que era necesario que las líderes de los imperios siempre estuvieran preparadas. Ella misma también está entrenando el arte del sable.

-Me alegro.

-¡Akane!- grita Nabiki desde la puerta –perdona- ahora su tono es puro sarcasmo -su alteza imperial. ¿Qué haces ahí? Las chicas te están esperando.

Shampoo se ríe y yo pongo los ojos en blanco -no puede aceptar que soy más importante ahora que ella. Además está hiper hormonal- digo en voz baja.

-Es lo que veo- responde Shampoo abriendo mucho los ojos cuando de seguro ve tras de mí una embarazada Nabiki.

-Dama Shigawa- le saluda mi hermana a Shampoo con un tono dulce, nada que ver con su agresiva reprimenda hacia mí.

-Dama Furumoto- responde la aludida -¿segundo trimestre?

-Sí, muy contenta de haber pasado ya lo peor- responde mi hermana llevándose la mano al vientre para acariciarlo.

-Bueno- les digo a ambas -debo proseguir con mis deberes de emperatriz, no tarda en salir mi esposo para iniciar la ceremonia.

Me alejo de ambas, ignorando a Nabiki quien seguro también me buscaba para continuar donde mi padre se quedó. Voy hasta donde las jóvenes que serán prometidas están sentadas ya. Entre ellas Ranko, quien me sonríe en cuanto me ve.

-Buenas noches señoritas- les digo a todas y estas corean al mismo tiempo.

-A sus pies justa belleza, guerrera celestial.

Este título es lo que más me cuesta de todo, ser la emperatriz implica ser una justa guerrera llena de belleza, capaz de gobernar todo un imperio al lado de la genialidad celestial del emperador. Él es la sabiduría y yo la fortaleza encarnada por la gracia divina. O al menos eso se supone.

En parte doy gracias que en esta ocasión las chicas tengan una representante femenina en el trono, solo la emperatriz puede hablarles.

-La importancia de esta sagrada ceremonia radica en la oportunidad que nos conceden en ofrecerles una pareja en la vida, les conocemos y sabemos más de ustedes que ustedes mismas. Señoritas han sido seleccionadas para formar parte de una nueva futura familia que brindará estabilidad al imperio. Su papel en el matrimonio que se avecina con su hoy prometido es crucial, no solo para ustedes dos, sino para la sociedad en la que vivimos. Siéntanse orgullosas y dichosas de formar parte de todo esto. Les deseo la felicidad mis bellas guerreras.

-Agradecemos su divina intervención, su justa belleza guerrera celestial- responden las chicas.

No puedo evitar reírme -disfruten esos nervios que sienten, son la mejor parte de esta ceremonia.

Lo último lo digo de corazón, fue emocionante escuchar mi nombre años atrás. Ponerme de pie y caminar hasta Ranma. Su mano y la mía unidas por un lazo dorado.

-Con permiso señoritas- les digo a las chicas y salgo del gran salón, voy hasta el pequeño anexo y le pido a uno de los guardias que llame a mi esposo.

Como soy mujer no puedo entrar.

-¿Qué sucede tesoro?- pregunta Shinnosuke cuando sale en mi encuentro.

-¿Me puedes dar unos minutos de tiempo antes de empezar con la ceremonia?

Shinnosuke voltea un instante a ver las dobles puertas de madera tras él y luego me mira dudando. Así que empleo la artillería femenina, tomo su mano acariciando con mi pulgar el dorso.

-Por favor- le pido mirándole a los ojos -he olvidado el obsequio para Ranko.

Mi esposo hace una mueca -esta bien. En cuanto vuelvas empezaremos.

-Gracias- respondo poniéndome de puntillas y besándolo.

Él responde a mi beso y acaricia mi cintura con su mano libre. Dejo que lo haga por el bien del tiempo que necesito.

Al instante que me suelta corro hacia el pasillo que lleva a mi habitación.

Subo y cierro la puerta tras de mí con el seguro. Busco desesperada en mi brazalete el obsequio de Kasumi. La última vez que hablamos me dijo que un camino dorado sería un lindo toque para adornar mi fiesta de cumpleaños. Pero para este faltan muchos meses, así que no le tome importancia.

No fue sino hasta que pensé en el lazo dorado que colocaron sobre nuestras manos los monjes.

Saco la caja metálica y la abro, con la esperanza de mi corazón inquieto por encontrar ahí el lazo dorado que solía portar en su muñeca Ranma. Desde nuestro compromiso jamás se lo había quitado.

Pero la decepción cae como agua fría. Es un lazo dorado nuevo del templo del Norte. Con una nota de Kasumi.

"Los monjes del Norte son los que realizan los lazos de compromiso para todos los imperios ¿lo sabías?"

Mi mente no comprende este mensaje de mi hermana pero sé que no lo ha enviado solo por hacerme llegar un regalo.