El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
-Monasterio-
-Bienvenida sea alteza imperial- me recibe efusivamente el emperador Saffron Drac cuando sale a mi encuentro, besando mi mano al instante que desciendo de la nave.
-Eres muy amable- sonrío cariñosa.
Conocí a Saffron formalmente cuando asistió a mi boda con Shinnosuke casi cuatro meses atrás. Él y su hermana, la princesa Rouge, fueron muy enérgicos en demostrarme su posición respecto a los rebeldes. Dijeron que las puertas de su palacio siempre estarían abiertas para mí. Y es así como desde entonces hemos mantenido comunicación, lo considero más que un aliado un amigo.
-¿Dónde se ha quedado tu esposo?- pregunta divertido mirando por sobre mi hombro hacia la nave.
A Saffron no le cae muy bien Shinnosuke, piensa innecesaria la guerra, piensa que tal vez deberíamos hacer una pausa a todo esto y buscar la forma de entablar un acuerdo con los rebeldes a quienes en realidad él y su hermana se refieren como exiliados.
Dicen que las causas de los prodit fato no son tan absurdas y que en realidad solo la forma en la que quieren establecer sus ideales es la incorrecta. El fin nunca tendría porque justificar los medios.
Shinnosuke, por supuesto, cree que el objetivo de Saffron es estar en contra de la opinión general de los imperios. Y más en forma en contra de su opinión.
-Dirigiendo una justa lucha- respondo en voz alta -trata de salvarnos el cuello a todos.
-¡Ah! ¡El siempre justo emperador Kusao!
-Deberías disimular mejor tu desacuerdo con mi marido- me río.
-Más bien- dice mientras me ofrece su brazo y me acerca a él -deberías aceptar que estas de acuerdo conmigo.
Niego con la cabeza, me divierten los debates que ama crear Saffron. Vive de la polémica.
-Por cierto- sonríe mirándome de lado -me ha comuicado el joven príncipe Toma que se ha comprometido ya con la linda niña Saotome ¿tuviste algo que ver?
-Tuve todo que ver.
Mi pecho se alza por sentirme orgullosa de poder concretar una seguridad no solo matrimonial a Ranko, sino también para nuestro imperio. Aunque en estas épocas ni los Kuno se opondrían a las ordenes de Shinnosuke.
Mantenemos nuestra conversación mientras entramos en el palacio.
-Imagino que gracias a tu toque mágico- alza ambas cejas -tus dulces argumentos con tu emperador fueron los que seguramente dieron el tiro de gracia a favor de tu ex cuñada ¿cierto?
-Ranko es como mi hermana- sonrío cómplice -además solo le hice ver a Shinnosuke que mantener una alianza con el imperio del Este sería buena idea.
-Entiendo que hay cariño y todo eso, pero sacrificarte por los Saotome ha sido demasiado. Debiste haber aceptado ser mi coronel de arcos cuando quedaste viuda.
Niego con la cabeza -no he sacrificado nada, soy la emperatriz del centro- sonrío -¿acaso no estoy aquí porque quiero? y además siempre cuidaré de ella del mismo modo que Ranma hubiese cuidado a mis hermanas si hubiese sido yo quien falleciera.
Saffron me mira un instante en silencio, parece querer decir algo pero mueve la cabeza para mirar el cielo mientras suspira.
-Vayamos al comedor- dice al final -la bienvenida está lista y la comida del Norte es deliciosa.
-Gracias- le digo mientras me guía hacia una terraza cerrada dispuesta para recibirnos.
Cuando tomo mi lugar en la mesa, junto a Saffron, me doy cuenta que solo seremos él y yo.
-¿Dónde está Rouge?
-Se ha adelantado al monasterio.
-Pensé que me ayudaría a practicar el sable y que por eso habíamos organizado que me quedara con ustedes dos noches.
-Imagino que las damas de Kodachi han hecho bien su trabajo en entrenarte- me ignora Saffron -aunque para serte franco no entiendo.
Busco la servilleta de tela y la pongo sobre mi regazo esperando me diga Saffron que es lo que no entiende.
Pero ya sé lo que piensa decir.
-Que siendo la esposa del emperador de sables no sea él quien me entrene ¿eso es lo que no entiendes?
Saffron afirma, luego hace una seña a uno de los sirvientes próximo a la puerta para que envíen la comida -así es.
-No quiero que él me enseñe, no hay mucho que entender al respecto. Soy su esposa, soy la emperatriz, no quiero ser su alumna.
-¡Oh! Linda e inocente Akane, pero sí él ya es de cierto modo tu maestro en la vida. ¿Acaso no te forzó a casarte con él? Bien sabes que es un rumor que existe entre la realeza. Shinnosuke jamás quiso aceptar compromiso alguno con nadie porque te esperaba a ti.
Lo miro buscando respirar, sé de los rumores, Ukyo me lo había comentado y Shinnosuke también me lo había advertido. Y si tan solo todos supieran que los rumores son ciertos no sé de que otra cosa hablarían sobre mí.
Saffron espera una respuesta, una que no llega. Así que ambos nos quedamos en silencio mientras los sirvientes dejan frente a nosotros los platos de comida.
-Eso es todo- les indica Saffron sin dejar de mirarme -si requerimos de algo más se los haré saber. Pueden retirarse.
Los dos hombres y las tres mujeres que han dejado enormes charolas con alimentos sobre la mesa se marchan.
Saffron hace una seña con su mano abierta para mostrar todo el banquete al centro de la mesa -espero sea de tu agrado Akane.
-Aprecio el gesto. Estoy segura que así será.
Mientras corto un trozo del pescado sobre mi plato Saffron sirve un poco de verduras para ambos.
-Gracias.
-Estas verduras las han traído del sur, la emperatriz Kodachi las ha enviado.
Doy una probada a una -muy tiernas.
-No es lo único que me ha enviado Kodachi- habla mientras sirve un poco de agua fresca en mi copa.
-Algo tramas, hablas mal de mi matrimonio y ahora me cuentas que Kodachi y tú intercambian más que secretos de invernadero- le digo sin dejar de atender mi plato -¿me quieres de aliada? Te digo ahora que vas por mal camino.
-Kodachi piensa que encontró algo que nos ayude a entender que le sucedió a tu esposo.
Me quedo quieta, muy quieta. Nadie, salvo Kasumi y yo, ha continuado investigando algo relacionado con Ranma.
-¿No entiendo a lo que te refieres?- le digo calmada o al menos eso intento aparentar mientras dejo los cubiertos a cada lado del plato y me limpio los labios con la servilleta -¿Por qué Kodachi seguiría buscando el paradero de Ranma? Él ya fue declarado muerto en combate.
Mi cuerpo me traiciona cuando digo esto último, la voz me tiembla pero quiero ocultar el dolor que pronunciar esas palabras me causa tratando de sonreir sin mucho éxito a Saffron cuando no despega su vista de mí.
El emperador Drac alza una ceja antes de hablar -porque ella y yo pensamos que no ha sido casualidad Akane.
Lo miro fijamente.
Suspira, imagino que esperando cualquier reacción mía -algunos de los hombres más leales a ella estuvieron en esa batalla y le contaron que los cinco samuráis que fueron tras ustedes dos no eran los únicos que los buscaban en esa masacre.
-¿Dices que todo ese ataque fue para matar a Ranma y a mí?- pregunto con tono de burla pero por dentro estoy que tiemblo de los nervios.
-Digo que todo esto fue para retener gente con características específicas- acomoda sus manos por encima de la mesa -tu esposo no es el único que desapareció aquel día. Hombres clave de la sede de Los Creadores también desaparecieron cuando asesinaron a los emperadores y a mi padre- Saffron se nota herido también, una secuela de ese terrible momento en nuestra historia -mi capitana de combate igual se perdió, sin mencionar al prometido de Rouge, el coronel Ryu Kumon.
Debe notar mi cara de incredulidad. Esta historia que me cuenta la he escuchado tantas veces a lo largo de los años. Me siento defraudada, deseaba que el rayo de esperanza que comenzaba a dibujar Saffron con su discurso fuese algo más tangible, algo más certero.
-¿Crees que no había escuchado ya esa teoría? Los elegidos de los prodit fato, una mentira que se propagó para tratar de hacer que los imperios se tambalearan con una supuesta liberación a los pueblos de los terribles Imperios.
-No era una mentira.
-Comenzó a escucharse al año de lo sucedido. Viudas y viudos como yo nos aferramos a creerlo. Familias destruidas, padres que se quedaron sin sus hijos e hijos sin sus padres. La sombra de una gran tristeza parecía comerse los pedazos rotos de un país entero en luto.
-¿Y luego quien les dijo que todo era una mentira?- me mira suspicaz.
Me cruzo de brazos -tú lo que quieres es tenerme de aliada y sabes que me caes bien. No hace falta tanto teatro.
-No necesito un titiritero para mover a Shinnosuke, si bien no estoy de acuerdo con sus métodos para calmar al país tampoco comulgo del todo con las ideas de los exiliados.
-Nunca me has contado porque les llamas así- coloco mis brazos sobre la mesa, jugando con la orilla de los platos –son rebeldes que han traicionado a la nación. Buscan derrocar el poder para hacerse de este.
-Les llamo así por que una vez pertenecieron a los imperios.
Lo miro de forma acusadora -¿tú les ayudas Saffron?
-Eso sería traición ¿cierto?- ríe ofendido -y yo no soy un traidor.
-Siempre pareces saber mucho de los rebeldes pero nunca lo suficiente para ayudar a detenerlos.
-Por que a diferencia de tu emperador - toma su copa de agua y juega con ella -yo analizo las piezas que van consiguiendo los generales y coroneles en cada batalla. Y estudio Akane, realizo viajes religiosamente cada semana a la biblioteca del monasterio para investigar más sobre estos auto proclamados salvadores de la patria- se deja caer cansinamente en su silla -pero Shinnosuke no quiere escucharme jamás.
Su semblante cambia de vibrante y desafiante a sombrío y preocupado.
-Entonces me dices que por los rastros inexistentes tú logras saber todo en materia de los Prodit Fato ¿es así?- bebo de mi copa para aclarar mi garganta -así que lo que quieres de mí es ¿un salvo conducto para convencer a Shinnosuke de tus teorías?
Saffron se acomoda de nuevo en su lugar, toma sus cubiertos y continúa con su comida -será mejor que terminemos esto y luego te llevaré a ver nuestro nuevo salón de entrenamientos.
-¿Me contarás sobre tu teoría que al parecer compartes con Kodachi? ¿Sobre lo que piensan pasó con Ranma?- esto último lo digo en voz baja.
Mis manos se aferran ahora a la vajilla, nada propio de una emperatriz tanta tensión.
Mi anfitrión mastica con calma el bocado que se lleva a la boca, me mira de reojo e inspira.
-No aquí- dice mirando la puerta de su salón -no hoy, no así.
-Crees que Ranma sigue con vida ¿verdad?- mi voz suena ahogada, el ansia por esa preciosa luz de esperanza me hace una mala jugada al verme desesperada por información nueva.
Saffron me mira y asiente lentamente -no solo lo creo.
De repente el aire me falta en los pulmones, los ojos se me llenan de lágrimas amenazando con escapar. Es ilusión lo que crece en mi pecho porque ya no somos solo mi hermana y yo las que aún pensamos que Ranma sigue ahí afuera.
Y solo los dioses saben en calidad de que.
¿Estará herido?
¿Estará confundido?
¿Será un rehén?
Es de madrugada cuando suena la alarma de advertencia. Mi brazalete vibra o ¿es un sueño?
Pero es Yurika tratando de despertarme quien logra sacarme de la cama.
-¡Vamos Akane! ¡Levantate!- dice mientras mueve desesperada mi cuerpo adormilado para tratar de meterme en una bata que cubra mi ropa de noche.
-¿Qué sucede?- pregunto con la lengua pastosa y moviéndome lentamente a los ojos de mi dama de compañía quien me toma por la cintura para hacerme avanzar.
-Han sonado las alarmas, hay un ataque nuevo en todo el país.
-¿Todo?- pregunto confundida -¿todos los imperios?
-Han tomado el sur.
En cuanto Yurika me explica que hay un ataque nuevo y que otra vez ha iniciado en el sur mi mente se despierta por completo. No es un sueño, me pongo alerta.
Pienso ahora en mis hermanas. Las tres estamos en diferentes imperios en este momento. Aunque es justo decir que Nabiki es quien se encuentra con mayor protección en el centro, dado que está ahí papá y también su esposo, me tranquiliza saber que mis sobrinos están a salvo. Seguro los han llevado ya a los búnquers y papá y el señor Saotome deben estar al mando de las tropas, al lado de Shinnosuke.
Por Kasumi tampoco me siento realmente preocupada de su seguridad, ella es la general por lo que debe estar preparada ya con miles de jinetes a su mando rodeando los límites del Noreste.
Y yo, que soy la emperatriz más poderosa del país entero bien podría pensarse que soy la más vulnerable de las tres. Pero mi seguridad es una moneda lustrosa con la que presume mi marido ante el pueblo, jamás me pasaría nada. Y aunque no fuese el caso estoy más que entrenada ahora, soy la emperatriz de los sables.
-¿El emperador Saffron?- pregunto a Yurika cuando salimos de mi habitación, seguidas ya por unos cuatro guardias.
De cualquier modo mientras andamos, tanto Yurika como yo, nos preparamos con armamento de nuestros brazaletes. Ambas portamos nuestros sables al instante que los inconos son presionados.
-Aquí estoy Akane- dice Saffron cuando lo veo correr hacia nosotros de frente -¿estas bien?- pregunta mirando el sable entre mis manos.
-¿Qué esta ocurriendo?
-Tu marido ha enviado una alerta porque han atacado el sur, Tatewaki está desaparecido pero Kodachi ha defendido con fiereza su imperio. Sus hombres persiguen a los rebeldes ahora.
-¿Y el resto de los imperios?
-Toma ha confirmado que el Este se encuentra a salvo y en guardia.
-¿Mis hermanas?
Saffron asiente -el centro está siendo atacado ahora, por eso la alarma general. Shinnosuke me pidio avisarte que tu familia está a salvo, han sido llevados al resguardo junto con la población.
-¿Esto es una invasión? ¿Tratan de derrocar los imperios de nuevo?
Seguimos caminando por los largos pasillos del palacio, Saffron me lleva de la mano para obligarme a ir a su paso.
-Han pasado casi unas tres horas desde que Tatewaki y Kodachi avisaron de sus ataques. Solo estábamos en alerta por si comenzaba una ola de enfrentamientos como tres años atrás, esperando que no fuese el caso.
-Pero lo es ¿cierto?
Saffron me mira preocupado cuando nos detiene un segundo –sí, lo es.
-¿Kasumi?
-El imperio de Kurenai se encuentra vigilante, al igual que nosotros. Estamos evacuando a todos los civiles a las montañas.
Mi cuerpo reacciona, de manera involuntaria empiezo a temblar. No por temor a los ataques, no por temor a la seguridad de mi familia, sino que se trata de una simple e inexplicable reacción instintiva, una huella que está marcada en mi en cuanto Saffron ha comparado este ataque con el que vivimos tres años antes.
Ya he peleado una batalla contra los rebeldes.
Y he perdido.
-Tenemos que ocultarte- me dice Saffron al instante que nos frena a todos de correr hacia lo que parece la cava.
-¿Ocultarme?- pregunto contrariada, incluso ofendida -¡claro que no!
Saffron se detiene y me toma por los hombros, me mira directo a los ojos con genuina preocupación.
-Kodachi dice que uno de sus generales parece haber escuchado tu nombre entre los atacantes. No podemos correr ningún riesgo, sea porque están buscándote de nuevo como aquel día- cuando habla de ese horrible momento en que mi vida entera se derrumbó no puedo evitar titiritar de nervios con mayor violencia y él se da cuenta por lo que suaviza el agarre de sus manos sobre mi cuerpo -o porque eres lo único que de verdad le importa a Shinnosuke, no podemos dejar que lleguen a ti- retira un mechón de pelo que cae sobre mi frente.
-¿Qué propones Saffron? ¿Qué me quede oculta bajo tierra hasta que sea seguro salir? Ni loca, no voy a dejar que otros mueran por defenderme cuando sabes que estoy entrenada para pelear.
-Y lo harás- sonríe de lado –tampoco me perdonaría alejarte de la batalla que se avecina, pero no será como la emperatriz Akane Kusao.
-No... no comprendo- le miro ahora un poco asustada de lo que sea que piensa hacer.
-Vamos, tenemos que seguir bajando.
Yurika toma mi mano cuando la busco, nos aferramos la una de la otra a manera de mantener un vínculo conocido. Ella perdió a su familia aquel día, su padre era el coronel de combate del emperador Kuonji. Y su madre una creadora que estaba con el séquito del emperador en la Sede.
Sabe de perdidas, incluso más que yo misma.
-Por aquí- nos dice Saffron cuando desliza un panel oculto tras una de las paredes de la cocina.
-Extraño lugar para colocar una pared falsa- le digo tratando de calmar el ambiente tenso.
-Precisamente por eso está aquí, nadie buscaría un lugar tan raro para un nivel oculto.
Avanzamos tras él mientras los guardias permanecen fuera de esta especie de habitación del pánico.
-Tengan cuidado con los escalones- nos advierte Saffron.
La luz es tenue y el sitio es frío, silencio. Todo metal.
-¿Qué esto Saffron?- pregunto.
-Es un viejo refugio nuclear, cuando la era atómica.
Asiento al momento en que por fin enciende las luces con la ayuda de su brazalete. El mío ha dejado de vibrar pero esta completamente rojo, al igual que los de todos.
-¿Rouge está bien?
-El monasterio es un lugar seguro, por eso una parte de los civiles que están siendo evacuados se dirigen ahí. Y también nosotros- Saffron camina hasta otra puerta corrediza y cuando se abre veo una pequeña capsula de escape.
-¿Vamos a salir corriendo? ¿Vamos a huir?
Saffron se voltea a mirarnos, ve la indignación en mi rostro pero el solo sonríe de lado.
-Mi hermosa y valiente emperatriz Kusao, sepa que somos los últimos en este palacio. Jamás dejaría que usted o yo saliéramos huyendo como cobardes antes de salvaguardar a mis súbditos.
Un suspiro de tranquilidad.
-Gracias- asiento y voy con Yurika hasta donde Saffron.
Tomo lugar en el lado del copiloto, Saffron obviamente será quien navegará la nave pero necesita ayuda para despegar y aterrizar. Esa parte la realizaré sin duda alguna yo.
Yurika ya se ha colocado en uno de los cuatro asientos traseros y se está abrochando el cinturón de seguridad cuando verifico que las puertas de la nave se han cerrado correctamente.
-Comprobando motores- habla mecánicamente Saffron mientras oprime los paneles de cristal frente a nosotros -alineando los ejes de eyección.
-Ejes alineados y listos- confirmo en cuanto la pantalla me marca la luz verde del riel inferior.
-Desprende la nave del riel superior Akane.
Tomo aire, han pasado algunos años desde la última vez que navegue una nave como esta. Fue Ranma quien me enseño a los 16. Trató de hacerme enojar, como siempre, pero yo estaba concentrada en mi papel de copiloto y luego de piloto. Había aprendido de memoria el manual que me dio unas semanas antes de empezar nuestras prácticas.
-Desliza tus dedos por el riel sobre el panel con suavidad Akane- me había dicho Ranma en cuanto tuve que soltar la nave para que flotara.
Es una acción simple pero debe ser precisa y coordinada con el piloto. Al momento que la nave se libera del riel superior los motores se deben encender. No antes y mucho menos después.
Abro los ojos con una sonrisa en mis labios al evocar tan dulce recuerdo.
Coloco sobre la pantalla mis dedos índice y medio moviendo lentamente el seguro del riel. Saffron espera mi señal para encender con propiedad la nave.
Cuando está por desgancharse el último seguro que liberará la nave, y por el cual debo dar la señal de ignición, oprimo el aviso para Saffron.
La nave cae un segundo y se eleva por encima del riel inferior con la fuerza de los motores.
-Excelente maniobra emperatriz- me felicita Saffron mientras mueve el volante hacia adelante para impulsarnos a despegar.
-Me enseño el mejor- respondo sin dar más detalles, concentrándome en mis funciones de copiloto.
-¿Tú padre?- pregunta curioso.
-No.
Saffron ya no pregunta más, supongo que ve como se mueve mi pecho cuando un largo y profundo suspiro consigue escaparse de mí.
La nave avanza y la oscuridad de la madrugada nos recibe en cuanto abandonamos el palacio. Un par de naves siguen nuestro paso, imagino que con los guardias que nos escoltaron hasta la bóveda.
Me concentro en las coordenadas y en revisar nuestro plan de vuelo. Esta nave es una clásica capsula que en su mayor parte tiene la típica apariencia cristalina para dejar ver a la tripulación cualquier posible amenaza del exterior. Se trata de metal traslucido, permite mayor visibilidad desde el interior pero por fuera consigue el efecto camaleónico con el medio ambiente.
A los ojos de quienes nos vean pasar somos solo una marca de agua en el paisaje.
El vehículo avanza rápidamente, Saffron va a toda velocidad. Yo ya he guardado la katana en mi brazalete y busco informes sobre el ataque en las pantallas adjuntas al mando de control.
-¿Ninguna respuesta de tu marido aún?- pregunta Saffron sin desviar su mirada del camino.
-No lo estaba tratando de localizar, si dices que el centro está siendo atacado sería una tontería tratar de contactarlo ¿no crees?
Saffron me mira de reojo un segundo, luego vuelve su atención al frente –debo admitir que sigo sin entender el matrimonio, que raro se comporta una esposa devota.
-Idiota- río y él sonríe.
Yurika chasquea la lengua –el general Furumoto está enviando un mensaje su alteza imperial.
Le he dado a mi dama la pantalla que me regaló Shinnosuke para que pueda ayudarme a contactar a mis hermanas.
-¿Taro está con Nabiki?- mi voz suena angustiada.
Yurika agita la pantalla y puedo ver frente al mando la imagen de mi cuñado.
-¡Akane!- dice aliviado de verme –estas bien, ¡gracias a los dioses!
-Hemos salido ya del palacio Taro, vamos camino al resguardo. ¿Nabiki? ¿Los niños?
-Todos bien, me ha pedido quedarme con su comunicador ya que está con las mujeres en el búnker de las caballerizas.
-Gracias a los dioses- respiro aliviada -¿qué hay de papá y ustedes?
-Hemos conseguido mantener a salvo el territorio- traga saliva mientras se limpia el rostro mugriento y lleno de heridas recién hechas –Shinnosuke se ha unido a las fuerzas de la emperatriz Kuno para rastrear a los rebeldes que han sobrevivido y se han dado a la fuga.
-Eso esta muy raro Taro, debe ser una trampa.
-Lo mismo dijo tu esposo, por eso ha organizado a los hombres, tu padre y el señor Saotome han tomado rutas distintas. Yo me he quedado con una guardia a montar vigilancia para los civiles que no han podido escapar hacia el norte.
-¿Noticias de Toma?
-Siguen intactos, a la espera de esta ola que parece estar casi golpeando las fronteras del norte.
-Estamos preparados. No nos van a vencer. No esta vez- tengo los dientes apretados, una furia corre por mis venas de pensar que tengo la oportunidad de encontrarme con aquella mujer.
Kodachi ha dicho que sus hombres de confianza escucharon a varios rebeldes buscándonos a Ranma y a mí en aquella ocasión. No dudo que esta vez estén tratando de cazarme de igual forma.
Es una preciosa oportunidad la que tengo frente a mí.
-Seguiremos en contacto, mantente al resguardo por favor. No hagas nada temerario ¿entiendes?
-No tengas cuidado, estoy más que entrenada esta vez. Todo es distinto.
-Piensa en tus hermanas y en tu familia Akane, no estás sola.
Asiento mientras veo que Taro se coloca de nuevo la máscara de los combatientes.
-Mantén a salvo a mi hermana, más te vale. Es una orden de tu emperatriz.
Taro se golpea el pecho con el puño cerrado, como el oficial que es y que me debe lealtad –así será, su alteza imperial.
Cortamos comunicación y Saffron bufa –nadie creería que la dulce Akane Tendo se convertiría algún día en una manda más.
-Pues habrá que hacérselos creer ¿no es así?- alzo una ceja, satisfecha del subidon de adrenalina que ahora siento.
Una inexplicable emoción ha reemplazado el miedo.
Alcanzo a divisar en la distancia la fortaleza que es el monasterio. La cúpula al centro, la que mantiene sobre el lugar una fortaleza invisible, se abre para dejar entrar las naves. Puedo ver como los hombres de Saffron ya están resguardando en sus posiciones el lugar.
-¿Podrán los insurgentes, tus incomprendidos exiliados, atravesar el sitio?
Saffron suspira mientras apaga la nave cuando aterrizamos en la pista circular –si andan con esas bestias metálicas no apostaría mi vida a que no sean capaces.
-Pero ya no hemos tenido robo de materiales.
-Cierto- dice mientras se levanta y me toma de la mano para salir del vehículo –pero tienen a varios creadores entre sus filas ahora.
-¿Traidores?
-Yo diría que más bien rehenes de guerra.
Me acerco a Saffron más, apretando su mano con la mía –piensan tú y Kodachi que Ranma es un rehén ¿verdad?- susurro.
El emperador del Norte me mira un instante y niega –una cámara captó a la esposa desaparecida de uno de los generales de Kodachi hace unas semanas cerca de la frontera con el sur, deambulaba por el bosque y los guardias trataron de llegar hasta donde ella pero no lo consiguieron a tiempo.
-¿Qué dices?- lo miro con los ojos entrecerrados -¿Cómo que no llegaron a tiempo?
Saffron toma con fuerza mi mano y me aleja de la nave, hacia uno de los pasillos que conecta con el interior del monasterio. Quedo frente a él y aunque estamos solos lo noto nervioso.
-La mujer se lanzó del risco Akane- me dice por fin cuando parece verificar que no haya nadie cerca.
-¿Se suicidó?- siento como frunzo el ceño.
Saffron niega –la mataron, encontraron lentillas en sus ojos.
-Control mental, eso no es posible.
-Lo es, Shinnosuke lo descubrió hace años, incluso antes de que las rebeliones comenzaran.
Recuerdo que aquella vez en la ceremonia cuando me comprometí con Ranma algo mencionó sobre el control mental.
-Pero entonces- me quedo callada analizando las posibilidades -¿quién está detrás de esto?
-Los exiliados, más precisamente su comandante.
-Tú sabes quienes son ¿cierto? ¿por qué lo sabes?
-Porque conocí al general Daikoku antes de que el emperador Kuonji lo corriera del imperio.
-Nunca he escuchado de él.
-No tendrías- sonríe cansado –Kuonji se aseguró de borrarlo de la historia, incluso hizo que los monjes eliminaran cualquier rastro de su existencia en la biblioteca.
-Pero hubo gente que le conocía, como tú- replico mientras veo como asiente Saffron -¿qué fue lo que hizo?
-Trató de derrocar a Kuonji, con la ayuda de sus compañeros, aunque no todos estaban de acuerdo. Es decir que esperaba el apoyo de Saotome y tú padre.
-Mi padre jamás ayudaría a un traidor.
Saffron ríe negando –ni siquiera sabes los motivos.
-¿Importan?- lo miro furiosa –el imperio nos cuida.
-Si, les cuidamos a los súbditos pero también les mantenemos con una venda en los ojos ¿no es verdad?
-¿Qué dices? No ocultamos nada.
-¿Eso crees? ¿En verdad piensas que somos tan transparentes? ¿Qué no le debemos al pueblo una explicación de porque no se puede utilizar la tecnología abiertamente?
Me quedo callada, evidencia de que no tengo forma de contestar.
-Kuonji estaba equivocado en una cosa- rompe el tenso silencio Saffron.
-¿En qué?
Saffron mira hacia donde las naves están, sigo el curso de lo que contempla. La gente se mueve rápidamente para descargar provisiones que han llegado en una nave de entregas.
-Debió haber matado al traidor y no solo dejarlo a su suerte entre las fronteras desiertas.
Saffron no ha podido contarme más o tal vez yo no he podido interrogarlo más. Mil dudas saltan histéricas en mi mente, quisiera saber que tan cierto es lo de las lentillas para el control mental y si acaso son estas las que ocuparon en la gente que desapareció tres años atrás.
Una lágrima desciende por mi mejilla.
-No llores Akane- me dice Yurika mientras sigue cortando –tu hermoso cabello volverá a crecer.
-No estoy llorando por eso- digo limpiando mi rostro, mientras la ilusión que parecía un simple sueño lejano crece con fuerza dentro de mí.
Yurika no pregunta nada. No me cuestiona. Supongo que son las ventajas de ser la emperatriz.
Ella sigue cambiando mi aspecto, Saffron me ha pedido ocultar mi apariencia femenina. Ha pedido lo mismo a todas las mujeres que estaremos en el frente. Llevar armaduras masculinas para despistar a quienes quieran hacerme daño.
-Tienes suerte de llevar ya el cabello corto- me distraigo de mis pensamientos con banalidades cuando le hago algo de plática a Yurika.
-En eso se equivoca el emperador Drac- dice mientras termina de cortar el último mechón de mi pelo.
-¿En qué?
-No era necesario cortar tu cabello, pudimos haberlo recogido como un samurái de combate.
-Lo he sugerido yo- sonrío –la idea es que no me pueda localizar el enemigo, pero no puedo ir con la indumentaria de un samurái de combate porque mi defensa es el sable y el arco.
-Supongo que tiene sentido.
Me levanto y me quito la bata que cubre mi pecho para dejar a Yurika envolverlo y darle una apariencia menos curva.
-¿Te lastimo?- pregunta mientras sigue paseando entre mi espalda y mis senos el vendaje.
-No es insoportable.
-¿Podrás pelear con eso puesto?- pregunta Rouge cuando sale del baño ya vestida con ropa más adecuada.
-Seguro que sí.
-Bueno, menos charla y termina de vestirte Yurika- le dice la princesa a mi dama.
-Enseguida su alteza imperial.
Me doy la vuelta para tomar el traje de pelea de la silla y me visto deprisa. Rouge se acerca a mí para ayudarme con la armadura.
-¿Te ha contado ya mi hermano su loca teoría sobre las lentillas?- pregunta cuando termina de abrochar el último lazo de mi vestimenta.
-Sí, pero pensé que tú creías lo mismo.
-Que Ranma fue secuestrado junto con mi prometido no lo dudo. Pero que estén a merced del control mental eso no lo pienso.
-¿Tampoco lo crees posible?
-Eso es inexistente Akane, he leído cada descubrimiento, cada estudio, cada hipótesis, cada fantasía incluso al respecto y nadie lo consideraba realizable. La guerra que acabó con nuestro país hace siglos no fue por eso- dice esto último con rabia en sus palabras –créeme que no.
-¿Entonces?
Pero no puedo escuchar la respuesta de Rouge porque las alarmas suenan.
-Están aquí- me dice buscando sus armas entre su brazalete.
Asiento. Preparo un carcaj a mi espalda y otro en la cadera junto con la katana, luego busco mi arco.
-Estoy lista.
Yurika sale del baño, vestida y preparada con un sable entre las manos.
-Creo que tuvieron mucha suerte de estar listas- me dice Saffron cuando lo encontramos en el patio central del lugar.
-¿La gente?- pregunto preocupada.
-Están a salvo bajo tierra, en las bóvedas. No podrán llegar a ellos. Ni siquiera creo que puedan atravesar los muros.
-El palacio quedó totalmente vació ¿verdad?- pregunta Rouge a su hermano mientras seguimos caminando hacia la entrada principal.
-Sí.
-¿Has podido hablar con Tsubasa?- pregunto pensando sobre todo en mi hermana Kasumi.
Saffron asiente –han divisado en las cercanías a los insurgentes.
-¿Van a atacar a ambos reinos a la vez? Eso es suicidio- dice Rouge.
-Son los suficientes.
-No más que nosotros- respondo aferrando con fuerza mi arco, pensando en que si el ejercito enemigo se ha separado en dos bandos para atacar a todo el Norte tal vez es poco probable que me vuelva a encontrar con aquella mujer –no es una estrategia muy astuta.
-No creo que quieran una estrategia para eliminar los imperios Akane- dice Saffron apretando su mandíbula.
-¿Entonces?- pregunta Rouge deteniendo el andar de su hermano cuando se coloca frente a él -¿qué no nos estás contando Saffron?
El joven emperador se detiene por completo al verse rodeado por tres mujeres esperando respuestas.
-Desapareció Tatewaki- repite con calma para que consigamos entender que quiere decir con eso.
-Esto es como hace tres años- habla mirando a la nada Rouge.
-¿Vienen por más gente?- pregunto sin reparos en la presencia de Yurika.
-Eso parece, tendremos que estar comunicados en todo momento ¿entienden?- dice Saffron mirando a su hermana y a mí –no quiero perderlas de vista, no quiero perder contacto con ustedes. Mantengan sus brazaletes encendidos y sean ágiles.
Saffron se acerca hasta donde su hermana y la abraza con fuerza, luego susurra algo para ella y Rouge asiente repetidamente.
-Por el honor- grita –por la ciencia- me mira entonces antes de gritar de nuevo –por la certeza.
El estruendo es inconfundible, reconozco el temblor que provoca un gigante de metal. ¿Cómo han conseguido armar no solo uno sino tres de estas bestias?
Pienso que las teorías de Saffron tienen algo de cierto. Quisiera que estuviera mi padre para preguntarle por el general Daikoku y sobre todo quisiera recordarlo. Por más que hago memoria desde que me ha contado de su existencia Saffron no logro recordar y si fue compañero de mi padre estoy segura que le debí haber conocido.
-¡Samuráis!- grita Saffron al frente de filas de guerreros con sables entre sus manos, con arcos preparados, montados a caballo y mascaras de guerra en sus rostros con sus cuerpos en posición de batalla –¡cumplamos nuestro deber! ¡Por el honor, por la ciencia, por la certeza!
En cuanto pronuncia el lema de su imperio mi piel se eriza, bajo un instante la vista y es el tiempo suficiente para escuchar el inconfundible sonido de las flechas cortando el viento mientras buscan su objetivo.
-¡Arqueros!- grito con fuerza para mandar la división que me ha encomendado Saffron sobre la muralla del monasterio -¡A mi señal!- las cuerdas se tensan, yo la primera en estar lista.
Busco a lo lejos mis objetivos mientras veo como las flechas que han lanzando contra nosotros se queman contra el campo de fuerza que protege el lugar.
-¡Preparados!- grito de nuevo.
Mis órdenes se mezclan con las de Saffron y las de Rouge. Entre los tres vamos a comandar esta batalla.
Yo debo dar el primer paso, soy la ventaja para el resto de los samuráis. Así que estoy atenta, me concentro en el paisaje a la espera de que aparezcan nuestros enemigos.
Inhalo.
Exhalo.
Veo los tres monstruos acercándose. Pero nada más.
-¿Estás viendo lo mismo que yo?- pregunta Saffron por el comunicador.
-Solo son las bestias. Pero han lanzado centenares de flechas y por la posición solo una línea de arqueros es capaz de algo así. ¿Dónde están?
-Lanza tus flechas Akane- me dice Saffron -igual nos darán ventaja las explosiones que generen.
-No causarán gran daño Saffron, son gigantes de metal.
-Veamos que traman ¿sí?
Asiento.
Y en cuanto los monstruos están a una distancia que considero ventajosa doy la orden -¡Disparen!
Miles de flechas son lanzadas en dirección a los monstruos, algunas consiguen esquivar el campo de fuerza superior del monasterio.
Las flechas chocan contra las bestias, causan un poco de inmovilidad en estas, pequeños daños y mucho humo. Pero nada aún. Solo las bestias que siguen andando hacia nosotros.
-Es el caballo de Troya- dice Saffron con sarna –están dentro. Deben estarlo.
-Tenlo por seguro hermano- dice Rouge suspirando –los veré pronto chicos.
Rouge corta comunicación y escucho que la caballería sale disparada al encuentro con las bestias.
Alcanzo a ver como algunos de sus hombres consiguen rodear a una y hacerla caer, tan fácil, tan irreal.
-¿Crees que sea una trampa?- pregunto a Saffron desde mi posición.
La guardia de Rouge rodea la bestia metálica. Enganchan arpones para romper una abertura luego de que todos esperamos que algo suceda.
-Habría que darles la bienvenida adecuada- responde Saffron –mantente alerta Akane, cuida mi espalda.
Él y sus hombres salen al encuentro de la caballería de Rouge, consiguen abrir la bestia que está en el suelo.
-Esta vacío- digo asombrada, aumentando la visión de mis lentes para no perder detalle cuando Rouge y Saffron se miran entre ellos, incrédulos frente al monstruo.
De pronto escucho ruido a mi espalda y cuando me giro veo al menos cien hombres y mujeres atravesando el patio principal para llegar hasta donde estamos los arqueros.
-¡Están dentro! ¡Regresen!- grito desesperada a Rouge y a Saffron –se han colado por las montañas.
Cuando vuelvo mi vista hacia donde ellos los veo moverse y luego los hombres de Saffron corren de vuelta al monasterio.
-Voy de regreso- me dice Saffron –¡resiste!
Rouge está tratando de hacer caer a los otros dos monstruos de metal mientras Saffron viene a mi encuentro.
-¡Deberías estar más atento samurái!- me grita alguien a lo lejos, un insurgente.
-Estoy atento- respondo con fuerza disparando la flecha que tengo sobre el arco sin fallar.
El hombre cae y yo ordeno para movilizar a mis arqueros que ya se defienden. Estos se mueven estratégicamente para tratar de rodear a nuestros invasores sorpresa.
No estoy preocupada por la población que se resguarda porque no hay forma de llegar hasta ellos bajo tierra, pero de cualquier manera Yurika comanda la guardia que cuida el interior del monasterio.
-¡Yurika! ¿Estás bien?- pregunto por el comunicador mientras vuelvo a cargar mi arco con dos flechas y disparo a los rebeldes que vienen a buscarme con sus hachas por lo alto.
Parte de mí quiere llegar hasta donde ella para ayudarle, pero la otra parte sabe que de hacerlo podría estar guiando a los invasores hasta los civiles.
-Todo bien alteza, aún no hemos tenido un encuentro.
-Bien. Mejor. Mantente alerta y avísame cualquier cosa.
-Entendido.
Corro entre mis arqueros y consigo acabar con uno o dos rebeldes a mi paso. Decido sacar el sable cuando veo en peligro a unos cuantos de los míos.
De pronto me veo rodeada por cinco hombres, acabo con uno pero se lanzan contra mí los otros cuatro. Alguien dispara hacia donde estoy para tratar de ayudarme y cae otro hombre.
Mi sable se mueve ágil entre los tres restantes, recuerdo los consejos de Shampoo y las prácticas que he tenido con ella. Giro y detengo un ataque alzando mi arma sobre mi cabeza, mi rodilla derecha se dobla cuando los tres hombres aplican más fuerza para hacerme caer.
Si tuviera un tanto tal vez podría acabar con el que está a mi izquierda, pero nunca he podido acomodarme a su uso.
Aprieto los dientes por la fuerza que aplico en defenderme, pero mis brazos ya están cansados de la batalla, los músculos de mi espalda se tensan, el sudor baja por mi rostro y una gota entra en mis ojos dañándome la visión. Pero no cedo.
Debo hacer algo o no voy a sobrevivir. Bajo mi cuerpo y con el mi sable cae hasta el tobillo del hombre a mi derecha, le corto la pantorrilla y cae al piso en un grito de dolor. Logro escaparme de los otros dos hombres, claro que uno alcanza a cortarme en el brazo. También grito de dolor.
Pero no me detengo.
Corro hasta perderme por el pasillo mientras busco en mi brazalete algo con que detener la herida.
-¡Mierda! ¡Mierda!- justo me ha dado en el brazo derecho y el dolor se extiende por toda mi piel -¡Mierda!
Tengo la atención puesta en buscar algo que me ayude a seguir. Fuera escucho la batalla y yo aquí, escondida en un pasillo. Soy una vergüenza.
-Es tu hora de morir samurái- escucho una voz a la distancia.
Alzo la vista, un rebelde en indumentaria oscura se ve al final del pasillo. Completamente tapado con una media máscara de combate.
Me pongo de pie, aferrando tanto como puedo la empuñadura del sable. Cierro los ojos, pensando en mi familia y tal vez, si ha llegado mi hora, lo único que lamento es no haber descubierto que sucedió con el amor de mi vida.
-Veamos quien debe morir- respondo con sarna cuando el hombre se coloca en posición de ataque.
Retiro de mi cara las gafas de combate y limpio el sudor de mi frente con mi antebrazo.
El hombre da un paso hacia mí y yo le imito.
Todo es tan solemne, tan propio.
Acaricio con mi mano izquierda mi anillo de bodas, el que Ranma me dio. Y luego recuerdo el dije que Shinnosuke me regaló, cuando lo busco a tientas en mi cuello siento como la cadena se desprende, posiblemente se haya roto mientras me defendía de aquellos hombres.
El dije cae justo cuando mi atacante comienza a correr hacia mí -¡Muere! ¡Maldito cortesano!
Grito esperando el golpe del hombre. Grito con todo lo que tienen mis pulmones para dar y es cuando él está a tan solo un par de metros de distancia que se detiene en seco.
Baja su arma y me observa curioso.
-¿Inseguro de repente?- grito furiosa, lista para atacarlo, no sé que mosco le haya picado pero es mi oportunidad –querías la muerte, pues muere tú traidor.
Tomo vuelo, con mi arma sobre mi cabeza para acertar mejor mi golpe y cuando llego hasta donde él detiene la hoja de mi sable tomándola con ambas manos luego de que suelta su arma.
Me mira. Fijamente. Y yo hago lo mismo, sus ojos son preciosos de un azul intenso.
-¿Quién eres?- pregunta con la voz ahogada tras la media máscara que le cubre y cuando lo hace mi piel se eriza.
