El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
-Nieve-
Cada noche es igual.
La veo en medio de la nieve con los copos acariciando su largo cabello azulado cuando caen. Gira su rostro para verme y sus ojos avellana me sonríen a la vez que sus bonitos labios estallan en una risa agradable.
Aunque hace frío ella irradia un calor que me llena por completo. Siento la dicha, siento la paz. Me siento feliz.
Pero conforme avanzo hasta donde ella el miedo me vence. Temo hacerle daño. Temo que ella me lo haga.
Y entonces despierto. Con la sensación de amar a alguien a quien nunca he visto y que no conozco.
Empapado en sudor abro y cierro los ojos repetidamente para despabilarme, siento los brazos de Kaori alrededor de mi cintura y, como casi siempre, la muevo con cuidado de no despertarla.
Me levanto, me limpio y me abrigo bien para salir de nuestra cabaña.
Kaori y yo estamos comprometidos y vivimos juntos. Parecemos un matrimonio pero no lo somos, al menos no en forma. No hasta que sea nuestra boda.
Será anticuado mi pensar pero no me parece correcto aprovecharme de la situación. Con todo y que ella ha buscado de diferentes formas ese contacto íntimo entre nosotros, por eso he accedido a que durmiéramos en la misma cama mientras no volviese a sorprenderme desnuda sobre mi futon cuando llegara a casa luego de una jornada de trabajo.
Y es que si bien ahora nos hemos visto forzados a compartir vivienda es porque mis padres fallecieron tres años atrás, durante los ataques que hicieron los imperios contra los exiliados. Contra nosotros. Y tuvimos que mover el campamento.
Pero no quiero pensar en más desgracias, decido ir hasta donde los cultivos para revisar como va todo. Es ahí donde paso la mayor parte de mi tiempo, aunque también me dedico a practicar con el sable y el arco. Esperando algún día regresar a los grupos de caza.
Yo no recuerdo nada de aquella batalla. Desperté un mes después con el brazo roto y a la espera de que sanara. Con Kaori siempre a mi lado, cuidando de mí.
El Líder Daikoku, mi suegro, dijo que tuve mucha suerte de salir con vida.
Por lo que me han contado el ejercito del imperio entró a la zona que ocupaba la población exiliada en el sur, mujeres y hombres que fueron rechazados por sus ideas en el Imperio y dejados en las fronteras a su suerte.
Tuvimos que defendernos. Eran ellos o nosotros.
Kaori dice que pelee con valentía, dejando en alto el apellido Kumon.
-¡Buenos días Ryu!- grita uno de los hombres que me ve pasando hacia los invernaderos.
-Buenos días- respondo.
Sigo mi paso, la temperatura ha bajado debido a la temporada por lo que las mañanas han estado muy frías últimamente. Me froto los brazos para entrar en calor. No tardará en comenzar a nevar.
Nieve.
La nieve siempre me recuerda mis sueños. Son algo muy mío, jamás se los he contado a nadie, ni siquiera a Kaori.
-Buen día viejo- saludo al pequeño hombre que se supone monta guardia en la entrada del invernadero.
-¿Qué haces aquí tan temprano muchacho?- pregunta Happosai cuando me ve acercarme.
-Venía a ver como ha pasado la noche helada mi huerto- sonrío para retarle.
-No son horas para estar fuera, deberías estar en cama aún. Calientito abrazando a tu mujer- el hombre mayor gesticula la acción de abrazar a alguien de manera sugerente y me causa un poco de risa su forma de moverse.
No es mala persona, solo un viejo recordando sus épocas doradas de Casanova. Nunca se casó e imagino el motivo.
-Kaori no es aún mi mujer- replico para aclarar mi situación con ella.
-¡Bah! Eso puedes contártelo cuantas veces quieras pero nadie te lo va a creer. Mucho menos ahora que está cerca su boda. ¿Estás emocionado muchacho?
-¡Mhm ajá!- quiero sonar optimista, pero termina escuchándose como indiferencia cuando dejo al viejo al otro lado de la puerta del invernadero dando por terminada mi conversación con él.
Camino por entre las filas de verduras de distintas clases que se alzan en espera de algunos meses más por delante para la recolección.
-Buenos días mis pequeñas- les hablo cuando reviso la temperatura con un aparato que yo mismo he construido.
Los exiliados nos tenemos que idear la vida, no tenemos acceso a los grandes lujos de los imperios. Es una agonía cuando sabemos que hay recursos suficientes para todos y esa es la causa que encabeza mi suegro, la igualdad y la protección para nuestra gente.
Los imperios se olvidan de los desperdicios, los dejan abandonados en las líneas fronterizas, como si fueran sus tiraderos de basura. Preciosos materiales que pueden reutilizarse.
Pero prefiero dedicarme a lo mío y olvidarme de la causa.
Me paso gran parte de la mañana tratando de distraer mi mente de estos sueños que no me dejan tranquilo. Hay días que pienso que tal vez esa mujer es alguien de una vida pasada y hay otros días en los que definitivamente creo que es solo una secuela de mis heridas por aquella batalla mezclado con recuerdos de mi infancia. ¿Mi madre de joven tal vez? Aunque mi madre tenía ojos azules, como los míos.
Escucho que la puerta se abre pero no me giro para ver quien ha entrado, sigo colocando las vitaminas en la tierra para las plantas que veo más débiles por el clima.
-Buenos días amor- habla Kaori cuando llega hasta donde estoy y me ofrece una taza de algo caliente –te he traído un poco de avena y té.
Alzo la mirada y sonrío –buenos días- miro la taza de té y la tomo con la mano que tengo menos sucia –gracias, la avena la desayunaré más tarde.
-¿De nuevo esas pesadillas?- pregunta mientras deja sobre la mesa de madera el plato.
-No- miento –me he levantado temprano porque estaba preocupado por el sembradío. Ha bajado mucho ya la temperatura durante la noche y quería cerciorarme que no hubiésemos perdido mucho del cultivo.
-¿Todo bien?- se sienta a mi lado mientas bebo la taza de té y ella retira la tierra de mi rostro con delicadeza.
-Sí- dejo mi taza a un lado de mi cuerpo –todo en orden- tomo su mano y beso los dedos que sobre salen del final de sus guantes tejidos. Sonrío.
-Bien- me mira fijamente, como si quisiera entrar en mi mente.
-¿Pasa algo?- pregunto tratando de no llamar mucho su atención tomando de nuevo mi taza de té.
-Nada- suspira y luego se levanta –por cierto papá se ha ido esta mañana con un regimiento.
-¿Qué?- me pongo de pie de inmediato y la sigo hacia la salida, dejando la taza sobre la mesa junto la avena -¿Por qué no me han llevado? Quedamos que estaba listo para ir esta vez, me he ejercitado lo suficiente y estoy a la par que Saotome.
-¿Ranma?- pregunta burlona
Asiento.
-No te enojes- acaricia mi mejilla mientras se pone de puntitas y pega su frente a la mía –han ido a una misión especial.
-¿Una misión especial?- pregunto cuando exhalo, tratando de relajarme. Pero se nota mi exasperación y lo frustrado de que me dejen atrás siempre en las misiones.
-Sí- Kaori se acerca más y me besa castamente –mañana es la boda del emperador Kusao.
Abro los ojos -¿se casa?- frunzo el ceño –¿con quién?
Ese mal nacido fue quien atacó las tierras fronterizas entre el centro y el sur. Es la causa de esta guerra y de la muerte de mis padres. Por él lo perdí todo.
-Con una samurái de su imperio, una cortesana mimada.
-Tu rabia suena a algo personal- respondo acariciando su cintura para calmarla y para que me cuente más.
-Odio a esas mimadas cortesanas, viven en la opulencia.
-Tenemos todo lo que necesitamos aquí Kaori- alzo mi mano para frotar su mejilla -¿no te es suficiente?
-Me es suficiente- suspira –pero quiero que nuestros hijos vivan en un mundo libre, donde ellos puedan disfrutar de las comodidades tecnológicas de las cuales somos privados por nuestra forma de pensar.
-Es muy simple, no queremos vivir bajo sus absurdas reglas- me encojo de hombros.
-Mi padre va a conseguir nuestra ventaja- dice emocionada –ya lo verás.
-¿Piensa sabotear la boda?
Kaori niega –no, eso sería ponernos en evidencia. El emperador Shinnosuke Kusao piensa que somos un pequeño grupo rebelde, unos cuantos miserables de los sobrevivientes a su ataque. Papá va a asegurarse de que siga pensando así.
-¿Cómo?
-Aprovechará la fiesta para infiltrar a algunos de los nuestros. Con todo mundo distraído por el evento es una oportunidad de oro.
-Eso es peligroso Kao- la interrumpo preocupado –no creo que sea un movimiento prudente, estoy seguro de que el emperador Kusao duplicará la vigilancia y más si se trata de su boda.
-No- dice ella –eso no. Nuestros informantes han confirmado el paso seguro.
-¡Por los cielos eternos Kaori!- digo exasperado de su ingenuidad –¿Tú padre confía en el emperador Kuno de verdad?
Kaori me mira preocupada, sé que ella tampoco confía en ese hombre.
-Debo ir tras tu padre, estoy seguro que se dirige a la boca del lobo gustoso de ser devorado y necesitará más hombres a su lado.
-¡Ryu!- me grita cuando me alejo corriendo –¡espérame!
Pero por supuesto no lo hago, soy más veloz que ella y rápidamente llego hasta las caballerizas. Tomo el corcel que me han asignado y monto de un solo brinco. Sin ensillar.
Mientras salgo a trote del lugar alcanzo a tomar al vuelo del cobertizo abierto un sable.
-¡Espera!- escucho que sigue gritando Kaori.
Giro un instante mi rostro –no te preocupes, iré a ayudar.
Tal vez no pueda detener lo que tiene planeado pero sé que puedo ayudarle en lo que sea necesario. No me quiero seguir quedando atrás.
Sé que mi suegro debe haber tomado el camino principal para llegar al palacio del centro. Es lo más seguro con la boda real a solo unas horas de realizarse.
Hago lo mismo, voy por el camino marcado de piedras y barro. Algo rústico y olvidado. La mayoría de los cortesanos y pueblerinos viaja en las aeronaves. Son raros aquellos que buscan la aventura de ir en carruajes de metal o a caballo.
También hay viajeros que van en las pequeñas ruedas, deslizadores terrestres similares a los que solían llamar bicicletas siglos atrás.
Pero para mi suerte el camino va solo, sin rastro de mi suegro y los hombres que le acompañan.
Si estoy en lo correcto harán una parada en alguna de las dos villas que están cerca del centro, es ahí donde les alcanzaré.
De pronto escucho el característico ruido de un carruaje de metal y opto por no levantar sospechas, un viajero solitario que va hacia el imperio del centro no sería algo común.
Bajo del caballo y con cautela me muevo fuera de la piedra bajo mis pies, me adentro en el bosque que rodea el sendero y me escondo, tranquilizando a la bestia para que no haga ruidos mientras acaricio su lomo y susurro palabras a su oreja.
Veo pasar primero deslizadores con el escudo real del imperio del centro, al verlos no puedo evitar tensarme. Cierro los ojos para respirar. Luego veo el carruaje, por las inscripciones en la lateral sé que se trata de una comitiva de monjes del monasterio. Y después del carruaje de nuevo un grupo de deslizadores.
Posiblemente sean los monjes que fungiran de testigos religiosos para la ceremonia nupcial y probablemente lleven todo lo necesario para la unión.
Inevitablemente bajo la vista y es que en mi muñeca izquierda siempre llevo un lazo dorado. El lazo ceremonial de mis padres.
La ceremonia es una tradición cortesana de los samuráis, son compromisos arreglados donde el amor no es la razón de la unión.
Sé que mis padres pertenecían a ese mundo antes de que fueran echados a su suerte, conmigo en el vientre de mi madre. Todo ocurrió luego de que ambos se pusieran en contra del emperador Kuonji y buscaran defender sus ideales. Mi padre sabía lo que el imperio ocultaba al pueblo pero fue traicionado por otros samuráis que igual no estaban de acuerdo con el régimen que se llevaba.
Fue el líder Daikoku quien los recató. Así que le debo mi vida aún antes de que saliera al mundo para poder pelear.
Sin embargo mis padres, con todo y haber sido unidos cuando solo eran dos extraños se querían y al pensar en el amor que se tuvieron mis padres no puedo evitar sentir que no soy capaz de comprender si lo que yo siento por Kaori es lo mismo. ¿La amo? Sé que fui yo quien le pidió casarse conmigo pero quisiera recordar cuando fue eso y como fue.
En nuestra sociedad no existen esos ritos obligatorios. Somos libres de elegir con quien queremos compartir nuestra vida.
Dejo mi línea de pensamiento atrás cuando el estómago me gruñe.
-Debi haber comido la avena- digo a regañadientes cuando recuerdo que solo he tomado un poco de té desde la mañana.
Espero entre los árboles prudentemente un poco más para poder continuar con mi viaje.
Cuando entro en la villa procuro no llamar la atención de los pobladores que pasan a mi lado mirando superficialmente mi andar. Un niño señala la espada que llevo en el cinturón pero nadie le hace caso y suspiro aliviado de ver a la distancia los caballos del regimiento del líder Daikoku. Reconozco su corcel y el caballo de Saotome.
Él y yo somos compañeros de práctica, hemos ejercitado nuestros oxidados y maltrechos cuerpos casi a la par. Ambos fuimos heridos de gravedad durante la batalla pero él es quien acompaña más comúnmente a mi suegro, supongo que Kaori tendrá que ver en algo.
Voy hasta donde los corceles y dejo el mío al lado del resto. Camino por la calle hacia un lugar de comida tradicional cuando de pronto siento que alguien me jala de los hombros y me lleva a la fuerza hacia otra calle.
-¿Qué demonios haces aquí Kumon?
Reconozco la voz de mi atacante.
-Kaori me ha dicho que irían de misión, Saotome- respondo cuando me lo quito de encima.
-Si el líder no te ha pedido venir es por algo ¿no crees?- se coloca frente a mí con los brazos cruzados.
Va vestido con mejores ropas de las que normalmente llevamos.
-Necesitaba acompañarlos, estoy listo.
-No es porque no lo estés, pero la misión es para infiltrar gente. Gente que no va a volver al campamento en un tiempo.
-¿Te vas a infiltrar en el palacio?- pregunto mirándolo con los ojos entrecerrados. Me cruzo de brazos también cuando Ranma asiente –ha sido Kaori ¿verdad?
Ríe, más relajado –tu mujer está obsesionada con no alejarse de ti- me palmea el hombro con la mano –además tu boda será la próxima semana ¿cierto?
Asiento -¿y te la piensas perder? Iba a pedirte que fueras mi padrino.
Niega divertido mientras suspira –el deber me llama- se lleva ambas manos a cada lado de su cintura –además la misión requiere estar cerca de Shinnosuke y su esposa por un largo tiempo. Hasta que el líder lo crea conveniente. Pueden ser meses o hasta un año. Y no creo que sea muy sano para ti eso.
Me río sarcásticamente –el líder no esperaría un año.
-Lo haría de ser necesario muchacho- escucho la voz de mi suegro a mi espalda –no debiste haber venido.
-Necesito participar activamente en el movimiento- respondo buscando me deje ayudar –es importante para mí, por mi familia.
-Mi hija es ahora tu familia.
-Lo sé, pero yo lo hago también por ella. Sé que puedo servir a la causa.
-Y lo harás, luego de tu boda con Kaori pienso mandarte a un sitio. Pero este no es el lugar indicado.
No sé que decir. No sé si agradecer por la futura misión o renegar por no poder estar en esta.
-Vendrás con nosotros y volverás al campamento conmigo. Me hace falta un poco de ayuda en caso de necesitarla.
-Esta bien- respondo al final –gracias líder.
Conforme nos acercamos a la periferia del palacio comienzo a sentirme nervioso, este lugar me repugna y la vez me tiene fascinado. No había tenido la oportunidad de ver tanta opulencia.
Las casas que rodean el palacio son preciosas y creo entonces comprender un poco más porque el odio de Kaori hacia estas personas. Lo tienen todo.
La gente se mueve feliz entre las calles, veo anuncios de la boda real por las pantallas laterales que están en algunos comercios.
-No te distraigas muchacho- me dice el líder cuando me quedo rezagado del grupo.
-Lo siento- respondo galopando ligeramente hacia donde el resto -¿quién es la novia?
-Dicen que una bella samurái- se adelanta a responder Ranma –una Tendo si no mal recuerdo.
-Creo que nunca había escuchado ese apellido.
-Mejor- replica mi suegro –el General Tendo es uno de los que traicionaron a tu padre y a mí años atrás. Se casó con una hermosa dama de la corte y tuvo tres hijas. La mayor es con quien necesito te relaciones en tu misión muchacho.
-¿Entonces la prometida del emperador Kusao no es la mayor de las Tendo?
El líder Daikoku niega –es su hija menor, una dama de la princesa Kuonji.
-¡Ah! ¿Entonces una samurái de sable?
-Demasiadas preguntas y mucho interés por una mujer que no es mi hija ¿debo preocuparme Kumon?
Niego de inmediato –claro que no señor, era solo mera curiosidad. Saber que clase de chica aceptaría casarse con ese monstruo.
Saotome ríe roncamente –seguro no ha aceptado.
-¿Cómo?- pregunto interesado aún.
-Quiero decir que por lo que sabemos de Kusao estoy seguro que la ha amenazado para estar con él. Siento lástima por la chica.
Asiento.
Siento lástima también por ella.
Seguimos avanzando hasta rodear la muralla este del palacio y entramos a uno de los restaurantes de ramen que están pegados a esta.
-Busquen una mesa y pidan algo decente de comer, yo invito chicos- grita alegre el líder –hay que celebrar las nupcias de nuestro noble señor.
Todos vitoreamos a la par, tenemos que mezclarnos con el entusiasmo de la gente.
-Vamos Kumon- dice Ranma cuando me toma del hombro mientras vamos hasta una de las mesas del fondo -¿nervioso por tu boda?
-Un poco.
-Me siento mal de que no estaré ahí para ti hermano. Dale de mi parte a Kao un abrazo y envíale mis felicitaciones.
-Gracias.
Nos sentamos uno frente al otro, con el resto de los chicos a nuestros lados.
-Espero puedas complacer a tu mujer Kumon- me dice un hombre mayor de nuestro grupo.
Todos ríe y yo también lo hago –seguramente mi mujer ya está complacida- miento.
Pero es suficiente para que me dejen en paz con el tema de mi boda. Quiero pasar página de esa ceremonia para concentrarme en la misión que me va a imponer mi suegro.
Casi anochece cuando mi suegro paga la cuenta y salimos del establecimiento con algunos de los nuestros tambaleándose por todo el licor que han consumido. O que aparentemente han consumido para ser más claros.
La idea es ser imprudentes, ser un grupo de alegres borrachos a quienes los guardias ni siquiera les presten atención.
-Por acá- dice otro de nuestros hombres cuando se recarga a orinar sobre el muro y vemos que se alejan unos cuatro guardias riendo de nuestra pinta, ya que estos se han alejado el hombre susurra –las piedras falsas están de este lado.
Le seguimos con cautela de no ser vistos. Me detengo cuando el resto lo hace y escucho como abren con cuidado una puerta escondida tras unas cuantas rocas falsas y ligeras.
-¡Vaya!- exclama en voz baja Saotome.
-Vengan muchachos, pasen sin tocar el marco de la puerta o activaran las alarmas.
Hacemos lo que mi suegro nos pide y de forma cuidadosa atravesamos el estrecho espacio que nos lleva al interior de unas caballerizas vacías.
-Ahora será el momento de activar sus máscaras- les habla a los demás y veo que mis compañeros sacan de sus bolsillos unos dijes pequeños con distintas formas.
-¿Qué son esos?- pregunto cuando veo que Saotome se coloca el suyo.
-Ya verás- sonríe y cuando termina de abrochar la cadena tras su cuello su rostro cambia por completo. Deja de ser ese chico que conozco para convertirse en un completo extraño, sus facciones se vuelven regias y su nariz un poco ancha. Sus pómulos más marcados y el color de sus ojos de un gris oscuro.
-Fascinante- digo sin poder evitar mirarlo desde otro ángulo.
-Es una maravilla ¿cierto? Nos los ha construido Sentaro.
-¿El creador en jefe del emperador Kuno?
El líder asiente.
-Es asombroso.
-Vamos, no hay tiempo que perder. En el cobertizo deben estar ya sus uniformes y recuerden que deben buscar la forma de permanecer cerca del emperador y su esposa para saber que traman.
-Así será noble líder- responde uno de los hombres y el resto asiente.
Cuando mis compañeros desaparacen tras otra puerta me giro para ver a mi suegro –¿nos iremos ya?- pregunto esperando una negativa.
-Esperaremos hasta mañana por la tarde para irnos, cuando la fiesta esté en su apogeo. Ven iremos a descansar a la posada más cercana.
Y así salimos por donde hemos entrado. Dejando tras nosotros el palacio del emperador Kusao.
A la mañana siguiente solo estamos mi suegro y yo en la posada desayunando tarde. El resto de la población se encuentra alistándose para el gran día de su emperador.
-¿Iré solo?- pregunto antes de meterme un trozo de pan recién horneado a la boca.
Mi suegro no responde, sigue comiendo y estoy por volver a preguntar cuando alza la mano.
-Te escuche, y sí irás solo.
-¿Kaori está de acuerdo?- digo luego de tragar.
-Ella no lo sabe.
Abro los ojos sorprendido.
-Y sé que no va a estar de acuerdo. Mucho menos luego de que se casen.
-Bueno le agradezco la oportunidad.
Asiente y no dice nada más.
Terminamos de comer y mi suegro paga la cuenta –vamos hijo, tenemos que alistarnos para la boda.
Subimos a nuestras habitaciones y luego de tomar un rápido baño me visto con nueva ropa que me ha dado mi suegro. Son vestimentas de un cortesano y aunque no nos vayamos a quedar a la ceremonia tenemos que pasar desapercibidos.
Luego salimos del lugar.
-¿Qué pasará con los caballos?- pregunto cuando voy hasta el mío.
-Te llevarás ese- dice cuando señala con la mirada el caballo de Saotome –es de lo mejor que tenemos. El resto ha sido vendido a un comerciante que vendrá por ellos más tarde.
-Esta bien- monto en el nuevo corcel.
En realidad estoy acostumbrado a no poseer nada por lo que me despido a la distancia del animal que me ha traído hasta aquí y le deseo con el pensamiento buena suerte.
Luego sigo a mi suegro hasta la entrada del poblado. Dejamos los caballos en los establos y vamos a pie, junto con el resto de la gente, hacia la plaza principal donde hay instaladas pantallas enormes para que el pueblo de Kusao pueda ver su momento romántico.
Pero nosotros seguimos de largo hacia el restaurante cercano a la entrada oculta. La calle está vacía.
-Con cuidado muchacho- me dice cuando la puerta se abre y yo paso tal como anoche, sin tocar el marco.
-¿Todo bien?- pregunta uno de los guardias cuando cruzamos a la caballeriza.
-¿Saotome?- pregunto tratando de recordar como se veía luego de la máscara.
Asiente –el emperador ya ha bajado al templo donde se llevará acabo la ceremonia pero hay problemas.
-¿Qué clase de problemas?- pregunta curioso mi suegro.
-La novia no quiere salir de su habitación o eso fue lo que unas lindas señoritas de la cocina me contaron.
-¿De verdad?- pregunto sorprendido.
Saotome asiente divertido –tendrán que esperar para poder entrar al palacio.
-¿Vamos a entrar a la boda real?- pregunto sin entender.
Mi suegro niega –vamos a entrar al palacio, necesito una copia de los informes actuales de Kusao. Quiero saber que tanto de lo que sus generales le han dicho es verdad y que tanto los rumores que Kuno ha infundado.
-Una forma de verificar que sea cierta la lealtad de Kuno?
Daikoku asiente –hay que tener a los amigos cerca pero ¿los enemigos?
-Aún más- respondemos al mismo tiempo Saotome y yo.
-Iré a ver si la novia ya ha salido del palacio rumbo al templo- dice Saotome cuando se va por la puerta principal de la caballeriza.
No tarda ni cinco minutos en volver, debemos estar cerca de los aposentos de la novia entonces. La insana curiosidad que ha molestado a mi suegro sigue golpeando mi cráneo, quisiera ver si es tan bonita como dijo que lo era Saotome.
-Está montando su carruaje- dice haciéndonos una seña para seguirle –podemos salir, los guiaré por la cocina. Las chicas del servicio están distraídas, pegadas a los ventanales para ver a la futura emperatriz.
Mi suegro asiente y vamos en silencio a la espalda de Ranma. Atravesamos un pequeño jardín y otro de los guardas asiente a modo de saludo cuando nos ve pasar, imagino que otro de los nuestros.
Luego Saotome abre una puerta de metal y un largo pasillo de azulejo azul claro nos recibe, tal como ha dicho las mujeres del servicio están estiradas tratando de ver algo del cortejo de la novia que sale ya por una de las puertas del palacio.
Veo a una mujer embarazada alzando las manos hacia otra vestida igual que ella.
-La mujer de cabello largo es la General Tendo- me dice mi suegro cuando Ranma hace que nos detengamos un instante –ella es a quien tendrás que seguir en tu misión.
Asiento.
Estamos por movernos cuando vemos que la novia baja el último tramo de la escalera de madera y metal, con un pesado velo que le cubre el rostro para mi desgracia. Su vestido es ajustado y lleva un enorme lazo a la espalda que hace a la vez de la cola del vestido de novia.
De repente se detiene y se sienta en el escalón.
-Debe tener los pies helados- dice Ranma divertido al verla –vamos, podemos seguir.
Quisiera ver más pero debo continuar mi paso, y cuando estoy por avanzar una punzada de angustia surge en mi pecho cuando la veo llorando. Sus hermanas se acercan rápido a ella y no sé que más ocurre porque Saotome jala de mi brazo para hacerme seguir. Perdiendo de vista a la novia y futura emperatriz del centro.
Ha pasado una semana ya desde nuestra aventura a la boda real del emperador Kusao. Y comienzo a entender los nervios que debió haber vivido la pequeña y frágil novia del hombre que odio.
Termino de ponerme el saco cuando escucho un golpe a la puerta de la habitación que estoy ocupando para vestirme.
-Adelante- hablo.
-¿Estás listo Kumon?- pregunta el viejo Happosai cuando abre la puerta –te ves muy bien chico. Tú novia está preciosa también, ya he ido a darme una vueltecita.
Me río de las ocurrencias del viejo –estoy listo.
Salgo tras él y luego bajamos las escaleras. Salimos de la casa de mi suegro y otro de mis compañeros de entrenamiento se acerca a mí para que le entregue el anillo que he fabricado con mis propias manos para mi prometida.
El resto de los habitantes del campamento ya están en el lugar donde se llevará a cabo la ceremonia, cerca del pequeño lago.
-¿Estás listo Ryu?- pregunta mi suegro cuando me recibe a un lado del altar, él será quien oficie la ceremonia.
Asiento –si señor, lo estoy.
De pronto la música comienza a sonar y bajo la vista hacia mis manos inquietas. El brazo comienza dolerme y me froto el hombro. Debe ser el frío.
Y entonces alzo de nuevo la vista y me encuentro con la mirada emocionada de Kaori, debo admitir que se ve preciosa pero a pesar de su esfuerzo por lucir despampanante no puedo quitarme de la cabeza la silueta de la ahora emperatriz en ese vestido que llevaba.
¿Habrá dejado de llorar o llegaría hasta el altar con el rostro bañado en lágrimas?
Un copo de nieve cae sobre mi nariz y me distrae, alzo la vista y veo que comienza a nevar.
Nieve.
La nieve siempre me recuerda mis sueños.
