El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi


-Monje-

Luego de la ceremonia y el banquete no queda más que retirarnos a la pequeña cabaña, al otro lado del lago, que han preparado para la consumación de nuestro matrimonio.

Cargo a Kaori en mis brazos hasta llegar a la puerta de madera.

-Estas temblando- le digo a mi ahora esposa.

-Estoy nerviosa.

Me río –no parecías nerviosa aquella vez que estabas desnu…

Kaori me tapa la boca con las manos -¡Callate! Solo quería pasar la noche contigo, creí que tal vez eso te haría darte cuenta de que nosotros siempre hemos estado enamorados. Hubo meses en los que pensé que romperías el compromiso conmigo. Estaba preocupada.

-Yo fui quien te pidio casarte conmigo ¿cierto?

Ella me mira con sus grandes ojos azules –sí- susurra –y yo acepté porque te amo. Por que nos amamos.

-Ayúdame- le digo mostrando con la mirada la puerta frente a nosotros –ábrela por mí.

Ella ríe y hace lo que le pido empujando con su pie la madera.

La cabaña está oscura y cuando doy un paso dentro bajo a mi esposa cerrando la puerta tras nosotros –iré a encender las velas.

-Te ayudo- escucho que dice mientras yo ya voy más adelante encontrando casi de inmediato las velas.

Me dedico a encenderlas y veo que ella también lo ha hecho con las que están en el otro extremo del lugar.

En realidad el espacio es modesto, básico. Pero no requerimos por ahora de más. Estaremos aquí unos días y luego volveremos a nuestras actividades normales.

Kaori ya sabe que su padre me enviará a una misión en el monasterio del Norte. Aprovecharemos que un grupo de monjes jóvenes ingresará al lugar para su entrenamiento y buscaré conseguir la confianza no solo del maestro espiritual del monasterio sino de la general Kasumi Tendo y el general Mousse Seki, quienes constantemente visitan el lugar.

-Encenderé el fuego de la chimenea para calentar la cabaña.

-¿Quieres tomar algo?- pregunta Kaori mientras veo que saca un par de vasos de cristal de la alacena junto con una botella de licor.

Asiento -gracias.

Me dedico al fuego y me siento frente a este cuando ella se acerca de nuevo a mí con nuestras bebidas –aquí tienes- me entrega una y yo bebo un sorbo mientras Kaori se sienta a mi lado.

-¿Estas nerviosa?- vuelvo a insistir.

Me mira de reojo cuando escucha mi pregunta –un poco- baja la vista, entretenida en el vaso entre sus manos -ahora sí.

-¿Ahora si?

-Bueno ha pasado un tiempo desde la última vez que tú y yo.

-¡Ah!- me río –sé que hemos estado juntos antes pero yo…

-Lo sé- me salva de seguir diciendo palabras que sé la hieren –entiendo que hay muchas cosas que no recuerdas pero- gira su cuerpo para quedar frente a mi de rodillas, me quita la copa de la mano y la deja junto con la suya frente a la chimenea –yo no puedo olvidar tus caricias.

Toma mi nuca y recarga su otra mano en mi hombro para besarme. Mis manos se colocan sobre su cintura mientras la dejo llevar el mando. Sé que hemos hecho esto años atrás pero es nuevo para mí. Tal vez quien esta más nervioso soy yo.

-Hazme el amor Ryu- me habla cuando termina con su apasionado beso.

Sus ojos están cerrados y su pecho se eleva agitado por la tensión que se siente en aquel pequeño lugar.

Me inclino para besar su mejilla –eres tan linda- le digo mientras busco deshacer el lazo de su vestido de novia en la espalda –y prometo ser cuidadoso.

-No sabes como ansiaba este momento- susurra cuando ella comienza a mover sus manos por el frente de mi kimono para ayudarme a desvestir.

Mi mujer se abre de piernas colocándose sobre mi, rodeando mi cintura con sus muslos. El instinto es lo que me guía cuando mis manos comienzan a descender la parte superior de su ropa. Beso su mandíbula y desciendo lentamente por su cuello. Ella lanza un gemido y aprieta sus dedos contra mi piel desnuda cuando me deja sin la parte superior de mi propio ropaje.

-Te amo Ryu- dice cuando la alzo de las nalgas para levantar la falda y toda la tela del vestido queda amontonada alrededor de su cintura.

Kaori se quita las bragas mientras yo abro la parte inferior de mi kimono y descubro mi erección.

Con cuidado la toma y me sonríe. Imito su gesto antes de besarla mientras ella atiende el penetrarse con mi miembro.

Gimo cuando siento el calor de su vientre y ella se sujeta de mis hombros mientras se dedica a mover su cuerpo sobre el mío.

Cierro los ojos, dejándola hacer, colocando mis brazos tras mi espalda para mantener nuestros cuerpos en esta posición. Físicamente se siente bien pero a nivel emocional no puedo percibir la satisfacción de lo que hacemos. ¿Serán todavía mis nervios?

Quiero creer que es porque Kaori aún se sigue sintiendo como un enigma para mí. Hay cosas que dice he hecho o dicho y que por más que quiero recordar no logro entender. Es como si no me reconociera a mi mismo a través de sus recuerdos.

Un escalofrío me recorre y cuando mi mujer gime en uno de sus movimientos pienso en la joven de ojos avellana. En su sonrisa.

-¡Ah!- grita Kaori mientras gime y unos cuantos gruñidos se escapan de mis labios.

Siento su cuerpo contraerse, su pelvis frotar con más fuerza cuando su cadera se mueve de adelante atrás un par de veces más antes de dejarse caer contra mi pecho. Haciendo con este impulso que caigamos sobre el piso.

Kaori ríe, fascinada -había pasado mucho tiempo- me dice jadeando mientras se acomoda aún más -¿no terminaste?- me pregunta confundida antes de besar mi pecho desnudo.

-No- sonrío mientras beso su frente –así que te voy a recostar ¿esta bien?

-Esta bien.

Sin salir de ella la tomo de la cintura para dejarla bajo mi cuerpo y busco mi satisfacción entrando y saliendo de ella repetidamente. Acaricio sus pechos desnudos y ella gime, también buscando lo mismo que yo al moverse por su cuenta.

El placer. La culminación.

Y sin embargo no siento que estemos conectando en lo físico. Ella gime, gime fuerte y jadea. Pero no logro concentrarme.

Bajo más mi pecho, casi aplastandola -¿estás bien?- pregunto cuando hago esto.

-Sí, sigue- jadea –estoy bien.

Pasa sus manos por mi espalda y se aferra a mi cuerpo. Me apoyo con los antebrazos y muevo mi cadera con mayor rapidez. Cierro los ojos con fuerza sin dejar de escuchar los sonidos de placer que profesa mi ahora esposa.

Esos ojos avellana vuelven a mí. Esa sonrisa. Y cuando evoco ese sueño que siempre tengo la felicidad se instala en mis labios. Me aferro a ese sentimiento con el que despierto cada mañana, esa dulce agonía. Es hasta entonces que encuentro la paz en mi propio orgasmo y gimo, arrastrando conmigo el placer de Kaori también.

-Te amo- me repite varias veces más cuando nos recostamos bajo las mantas para resguardarnos mejor del frío que se siente.

No respondo nada, solo la abrazo y beso su sien –descansa cariño.

Y ella suspira rodeando mi cuerpo con un brazo.


Han pasado dos semanas desde mi boda, he tenido que colocar junto con el colgante que lleva la máscara que guarda mi identidad mi anillo de matrimonio.

El campanario anuncia la hora del desayuno, así que me levanto y me visto. Luego salgo de mi habitación y me uno a la fila de hombres y mujeres que se dirigen al comedor.

-¿Cómo van tus noches Daimonji?- pregunta el maestro espiritual Gosunkugi cuando me ve entrando al enorme lugar donde tomamos los alimentos.

Hago una reverencia, él es la cabeza del monasterio. A pesar de su juventud posee un gran conocimiento.

-Buen día Lama Gosunkugi- lo saludo –plácidas, gracias por el remedio.

La verdad es que luego de que se diera cuenta el maestro que mis sueños parecían angustiarme en lugar de permitirme reponer el cansancio del día me indicó tomar un té de hierbas especiales antes de dormir.

Aún sigo soñando con la joven de ojos bonitos, pero ya no tengo miedo de acercarme a ella. Por el contrario, desde entonces cada noche soy capaz de abrazarla y con eso me basta para sentir la paz.

-Sí- responde cuando avanza conmigo dentro del enorme comedor –tu semblante se nota mejor.

-Descanso.

-Me da gusto porque hoy tendremos que transcribir algunos documentos que han enviado desde la antigua sede de Los Creadores.

Abro mucho los ojos, porque sé que el sitio está resguardado por un pequeño ejercito de los exiliados del sur.

-¿Ha podido algún imperio recuperar el lugar?- pregunto a sabiendas que eso significaría que el emperador Shinnosuke ha descubierto a mi suegro o que el emperador Kuno ha traicionado a mi suegro. Como fuese el caso yo estaría en peligro entonces.

Pero el maestro niega sonriendo –son archivos que pudo conseguir el general Saotome, si no mal estoy enterado.

-¿Saotome?

-Así es, ahora vayamos a comer algo o no podré parar de pensar en alimentos todo el día.

Por supuesto el maestro ignora mi desconcierto por el apellido que también lleva Ranma. Aunque puede ser que tal vez parte de su familia aún quedara a merced del imperio, ni él sabe que fue de los suyos en realidad. Solo que tenía una hermana menor quien fuera asesinada durante el encuentro donde yo perdí a mis padres.


Durante el tiempo que he estado en el monasterio he podido continuar con mi entrenamiento de arquería. El sable ha sido un tema imposible de tomar porque ninguno de los monjes puede practicarlo. Un ejemplo más de la injusticia de los imperios, la prohibición del aprendizaje de acuerdo al rango de una persona.

Suerte la mía que el arco no está prohibido aquí, así como tampoco la lucha libre o la equitación. Son disciplinas que pueden practicar también los monjes si así lo desean, aunque más como un pasatiempo. Y es justo por este último tema que tendré la oportunidad de acercarme a la General Tendo.

-¡Que bien que has terminado ya Yamil!- me dice uno de los monjes con quienes comparto deberes al mando directo del Lama Gosunkugi.

Cierro la pantalla frente a mi y guardo los cilindros con la información que he transcrito, cosas que serán de utilidad para mi suegro, como los mapas conceptuales de diversos inventos creados hace menos de 10 años atrás.

-¿Debemos ir a algún lado?- pregunto levantándome de mi lugar.

El monje, cuyo nombre he olvidado, asiente –vamos, la general Tendo ha llegado ya con un cargamento de alimentos para la reserva. El maestro quiere presentarte.

No puedo creer lo fácil que ha sido ganarme al maestro, le he contado parte de mi historia luego de la batalla donde los emperadores fueron asesinados. Claro que no le he dicho que soy un exiliado. A sus ojos soy primo lejano del creador Sentaro Daimonji.

Viajamos por uno de los elevadores hasta el cuarto piso, donde están las bodegas de almacenamiento y las cocinas. Es ahí donde veo por primera vez a una hermosa mujer de sonrisa amable, vestida como una samurái de alto rango.

-Aquí tiene Lama Gosunkugi, esto lo ha enviado para usted la emperatriz Ukyo Kurenia- la mujer le entrega unos libros al maestro.

-Espero que la emperatriz se sienta mejor ya con los remedios que le hemos enviado- responde el maestro mientras toma los libros.

-Así es, está muy agradecida.

Uno de los monjes con los que voy se acerca al maestro, yo sigo mirando de lejos a aquella mujer. Tiene algo que me parece familiar, pero no logro entender que es.

-¡Ah! Maravilloso, por fin están aquí chicos- habla el maestro y se gira para buscarnos al resto –vengan jóvenes, quiero presentarles a la General de caballería Kasumi Tendo.

Los tres hombres hacemos una reverencia –es un honor general.

-Así que han llegado ya los nuevos aprendices- habla fascinada la mujer y luego se acerca a nosotros –es un placer conocerlos.


La general estará con nosotros durante un par de semanas y luego será reemplazada por el general Seki.

Lo que mi suegro necesita de mí es descubrir que tanto saben ambos de la guerra contra nosotros, pero por sobre todo me ha encargado conocer más de la general Tendo. Es la mano derecha del emperador Kurenai, un rango que normalmente ocupa el general de combate libre.

¿Qué ha hecho esta mujer para ganarse tal puesto?

Necesitamos infiltrar a alguien en alguna de las cortes del norte, pero se ha complicado esta tarea más de lo que se creía. Ambos imperios se resguardan con fuerza, incluso más que el propio Shinnosuke.

Por lo que se piensa que cuidan algo de gran valor aquí en el monasterio y tal parece que la clave es esta mujer que siempre come en privado con el maestro.

-Buen trabajo- escucho la voz de la general mientras algunos de los monjes ensillan a los caballos recién llegados –me gustaría ver que tanto han avanzado chicos.

-General- me atrevo a hablarle –buen día- hago una reverencia.

-Buen día Yamal- sonríe.

-Quería saber si es posible que permanezca durante la práctica de hoy- pregunto ya que usualmente solo están aquellos monjes que han tomado la disciplina ecuestre.

La general me mira, dudando y luego pone atención en mi collar.

-¿Eres casado?- pregunta señala mi anillo de bodas.

-Así es general- decido ocupar su interés en mi matrimonio para ayudarme a estar cerca de ella, casi no he podido hablar con la mujer a solas –es reciente, justo antes de ser aceptado para pasar un año en el monasterio.

-¡Ah! Ya entiendo.

-La familia de mi esposa se dedica a cuidar de algunos establos en la ciudad- agrego –me gustaría aprender algo para ser de utilidad.

Sigue mirándome, interesada en lo que le cuento.

Por lo general el monasterio acoge gente de menor rango de las ciudades de todos los imperios para que puedan aprender alguna habilidad que les permita subsistir, aunque también hombres o mujeres interesados en dedicarse al templo.

-Creí que eras primo del creador Sentaro Daimonji.

¡Diablos!, pienso. Porque el hecho de que mi primo sea un personaje de alto rango da la impresión de que en realidad yo estoy aquí para el pago de una manda hacia los dioses. Una penitencia como pago a algún favor que haya solicitado, que es el motivo por el cuál un samurái estaría trabajando entre los monjes.

-Somos familia lejana, pero yo soy solo en el mundo general- explico con calma –he vivido en instituciones hasta que cumplí la mayoría de edad.

La general asiente –esta bien, pero necesito que permanezcas callado.

-Gracias.

La sigo y ella se gira a verme un par de ocasiones durante nuestro trayecto al patio externo donde se llevan las prácticas con los caballos. Es un espacio amplio en la esquina derecha del monasterio limitando con las montañas.

-Entonces tu primo jamás ha visto por ti ¿correcto?

-Lo único que compartimos es un apellido viejo general.

-Lo lamento.

-Ahora tengo una familia- explico sonriendo.

-Me da gusto, la familia es importante.

-Usted es casada ¿cierto?

-Sí, con el galeno Tofu.

-Puedo preguntar porque no usa su apellido.

La general parpadea unas cuantas veces, seguramente sorprendida de mi atrevimiento pero no dice nada al respecto, sino que contrario a ello responde -bueno él me pidió no cambiarlo, soy la mayor de tres hermanas y sabía que nuestro apellido se perdería si las tres utilizábamos el de nuestros esposos.

-Ha sido un gesto generoso de su esposo.

-Él es un hombre generoso- luego baja la vista, se nota triste.

-¿Pasa algo malo?- pregunto inclinándome para verla.

-Es una lástima que aún no hayamos podido encargar familia- sonríe o al menos lo intenta.

-¡Ah! Seguro es cuestión de esperar un poco más, imagino que desde la batalla con los rebeldes ustedes tienen menos tiempo para su matrimonio.

Suspira –eso creemos, ambos gozamos de buena salud pero en efecto nuestras obligaciones nos impiden llevar una vida matrimonial común.

-¿Acaso algún samurái la tiene?- no puedo evitar reír con sarna y eso llama la atención de la general –lo lamento, no ha sido mi intención.

-Veo que no eres muy afecto a nuestra tradición de matrimonios arreglados pero aunque no lo parezca la mayoría llevamos una vida feliz, plena de amor verdadero. Una de mis hermanas ya es madre de un pequeño y esta esperando al segundo ya.

-Bendiciones para la futura madre- digo con una reverencia.

-Que las bendiciones sean escuchadas- responde.

-Y la más pequeña acaba de convertirse en la emperatriz ¿no es verdad?- mi curiosidad por saber que ha sucedido con la novia de Shinnosuke es la que me hace preguntar.

La general asiente –así es- pero no habla más, da por terminado el tema cuando se encarga de dar indicaciones a los monjes que ya están sobre los animales cabalgando por el espacio lleno de obstáculos.

No puedo evitar darme cuenta que no habla con la misma pasión del matrimonio de su hermana recién casada como lo ha hecho con la que ya es madre.

Pero creo que no es sano seguir preguntando por algo que realmente no debe importarme, para fines prácticos Kusao ni siquiera es propiamente el emperador a quién se supone yo sigo, pues en teoría soy del sur.

Luego de que la práctica termina la general me hace una seña para que me acerque –podrás venir todas las veces que se practique con los caballos, siempre y cuando no interfiera con tus obligaciones ¿entiendes? Espero que con ver seas capaz de aprender algo, creo que eres listo muchacho.

Hago una reverencia –es usted muy amable general.

-Dime Kasumi, por favor.

-No podría.

-Es una orden.

Sonrío –esta bien Kasumi.

Caminamos juntos de vuelta a los establos cuando la general sigue con la plática -¿puedo saber algo?

-Claro.

-Si tu interés está en aprender sobre estos animales ¿por qué pedir la disciplina de la arquería?

-Eso me alimentará- respondo en automático y ella asiente.

-Ya. Entiendo.


Los días avanzan y cada práctica no solo me permite aprender sobre las técnicas de mando de la general. Es amable pero firme, su mando se basa en el respeto y al enaltecer las cualidades de sus alumnos.

No puedo evitar sentirme mal de estar traicionando su confianza, al final del día no pretendo serle leal. Estoy sacando información para los míos.

Y pensando en eso me doy cuenta de lo vulnerable que está el monasterio en esta zona. Cualquier invasión sería capaz de entrar sin problemas desde este punto.

Mi mente piensa de inmediato en algunas mejoras que se deberían realizar para resguardar el monasterio. Y luego las desecho.

Sé que mi suegro estará muy interesado en entrar al lugar, aquí está el compendio de toda la existencia de la patria. Sus creaciones y su historia. Todo.

Por la tarde, luego de la última comida decido que necesito practicar un poco el arco. Llevo días sin que mis dedos tensen la cuerda de este y eso me hace sentir fuera de mi elemento.

Tomo un par de carcajs llenos y voy hasta el patio donde se puede tirar al blanco. Es un jardín artificial ubicado en el tercer piso del monasterio. Es tan majestuoso el jardín que una parte del piso es de cristal, lo que permite que una sección de la biblioteca bajo este sea enmarcada por los árboles y las flores del sitio.

Me coloco al centro del espacio verdoso. Soy capaz de ver bajo mis pies a algunos de los monjes en la biblioteca, algunos leyendo y otros buscando libros. Esta parte está dedicada a la historia, el folklore, las leyendas. Yo mismo he estado ahí algunas veces, el lugar es bonito y los libros que se encuentran en los estantes son antiguos.

Muevo mi cabeza de un lado al otro, buscando concentrarme de nuevo en la práctica del arco.

Tomo una flecha del primer carcaj y la coloco sobre el arco, tenso la cuerda y enfoco el blanco antes de liberar la flecha que presta atraviesa el sitio hasta clavarse unos cuantos espacios por debajo del centro.

Repito la acción hasta acabar con el primer carcaj en un tiempo record. Voy por el segundo antes de recoger las flechas de los blancos al frente y hago lo mismo que con el primero, una flecha tras otra salen disparadas. Algunas dan en los centros rojos y otras se acercan bastante.

-Te he estado observando- escucho a alguien y me giro, se trata de la General Tendo.

Mi puño se cierra con fuerza alrededor del arco que llevo en la mano, seguro de que me ha descubierto.

-Ha sido suerte de principiante Kasumi- digo buscando restarle importancia a lo que seguramente no entiende ¿un nadie capaz de ser tan bueno en los pocos días que ha estado en el monasterio?

-A mi no me engañas- camina hasta donde estoy y me observa detenidamente –tu actitud y tus preguntas son propias de alguien que ha sido educado como samurái. Te manejas como uno de nosotros.

-No sé de que habla- me doy la vuelta para buscar las flechas en los blancos, cargando los carcaj para rellenarlos –tal vez es porque he sido ya instruido en arquería básica mientras trabajaba hace años para un cortesano.

-Tu técnica es propia de los Saotome.

-Desconozco ese nombre- río al pensar en Ranma. Así que su apellido es famoso incluso, esto debo contárselo cuando vuelva al campamento.

La general se acerca de nuevo a donde estoy, impidiendo que siga haciendo lo que hago –está vivo ¿cierto?- pregunta con una mirada llena de esperanza -¿se está protegiendo? ¿está en peligro? ¿está bien?

-No sé de que me habla Kasumi- respondo en verdad confundido.

-Mi cuñado se perdió durante la batalla de los rebeldes, tres años atrás- explica –pero estoy segura y tengo pruebas de que no falleció. Solo que no sabemos donde está. Primero pensaba que se encontraba en el centro pero luego las pistas me llevaron a la Sede de los creadores y de ahí al Norte. Y ahora que te veo practicar sé que esta forma de tirar te la ha enseñado un Saotome.

Niego –lo lamento, pero lo he aprendido en casa. Al Sur.

Tuerce sus labios en una mueca y suspira –tal vez estoy confundida entonces.

-Lo siento, entiendo lo que es perder a alguien.

Kasumi asiente –pero ahora tienes una familia ¿cierto?- sonríe y yo hago lo mismo –la amas mucho seguramente.

-Perdón no entiendo a que se refiere- hablo en automático.

-A tu esposa. ¿Cómo se llama?

-Kaori- digo sin más.

-Bonito nombre. Disculpa lo que ha ocurrido, te pido que no digas nada a nadie de lo que te he dicho.

-No se preocupe general, no diré ni una palabra.


El tiempo de la general en el monasterio se termina y ella se va del lugar, yo he completado mi misión casi en su totalidad. Ha sido muy hermética respecto al tema de los rebeldes, los exiliados o como ella nos ha llamado los Prodit Fato.

A la mañana siguiente, cuando salgo del gran comedor luego del desayuno me topo con varios monjes cargando vasijas metálicas llenas de láminas de oro.

-¿Qué van a hacer con eso?- pregunto a uno de mis compañeros de práctica.

-Son para los lazos dorados que se enviarán para las ceremonias.

-¿Las qué?

-Ya sabes, las ceremonias de matrimonio de los samurái.

-Creí que no habría hasta que el emperador Shinnosuke diera con la rebelión.

-Bueno, parece ser que uno de los príncipes está interesado en una dama samurái. Ha hecho hasta lo imposible por conseguir que las ceremonias se llevaran a cabo de nuevo.

No digo más y veo como se alejan los hombres tras las puertas que llevan al taller del último piso.


No me quedo en el monasterio más tiempo luego de la visita del general Seki. Ha sido un hombre muy divertido e imagino que en otras circunstancias hubiésemos sido amigos.

Hablo con el Lama Gosunkugi, luego de que una falsa carta llega al monasterio avisándome del estado de salud de mi mujer. Advierte que está esperando y que su estado es delicado, por lo que se me urge regresar a casa.

Así es como mi misión termina, lo que la general Tendo no ha podido darme me lo ha contado el general Seki. Y yo me siento fatal por la información que me llevo de este lugar. Lo que se esconde bajo el suelo es lo que seguramente quiere mi suegro.

Entonces salgo del monasterio a primera hora de la mañana, luego de estar aquí casi dos meses. Deseando no haber venido en primer lugar.


-No tengas cuidado, ya salimos- escucho que dice Kaori a alguna de sus amigas del campamento luego de que vuelve a nuestra tienda.

Yo estoy terminando de guardar mis armas en el cinto de mi cintura. Algo no me va con este ataque sorpresa que ha planeado mi suegro.

Cuando volví le di todo la información que había recabado, busqué a Ranma para contarle mi extraño encuentro con la general pero había sido enviado al sur con el emperador Tatewaki.

-¿Estás listo amor?- pregunta mi esposa cuando se para frente a mi, arreglando mi traje de batalla.

Asiento.

Ella ya esta lista desde muy temprano.

-Estoy nerviosa pero todo saldrá bien.

-El emperador Shinnosuke no nos ha encontrado, no es una amenaza. ¿Por qué atacar ahora a los imperios?

-Precisamente porque no son una amenaza. Además tenemos la ventaja de que la emperatriz Kusao está de viaje.

-Lo sé, tu padre piensa capturarla para obligar a Shinnosuke a que se rinda. Entiendo el plan.

-Recuperaremos lo que nos corresponde- sonríe antes de ponerse de puntillas y besar mis labios.

-Esa gente no es mala Kao- susurro.

-¿Te refieres a los monjes?

Asiento de nuevo.

-Ellos estarán protegidos con la población, ya lo verás- me guiña un ojo.

-Pero algunos estarán con los samuráis intentando defenderse.

-¿Defenderse?- pregunta contrariada –no es una invasión.

-¿No?

-Estamos liberando a los imperios del mandato de unos dictadores que ocultan los recursos y la tecnología. Limitan a la gente y eso no debería ser así, incluso la elite, los cortesanos y los samuráis sufren con las absurdas reglas Ryu. Hacemos el bien con esta batalla, unos pocos sufrirán por su falsa lealtad pero al final el pueblo, la gente será libre.

-Y tu padre y el emperador Tatewaki serán los libertadores ¿no es así?

-Debemos sentirnos orgullosos.

Y aún con todo lo que me dice mi esposa no siento que sea correcto.


Los gigantes de metal serán la distracción mientras nosotros avanzamos por el punto ciego del monasterio.

Sabemos que se han dado las alertas entre los imperios, lo esperábamos para que pudieran resguardar a los civiles.

-¡Civiles bajo tierra!- grita uno de los comandantes del líder Daikoku.

Kaori y yo vamos a la cabeza de uno de los regimientos que entrará al lugar buscando la rendición de los samuráis dentro.

Pero por lo que tuve oportunidad de estudiar de estos hombres y mujeres que sirven a los imperios, la rendición no será fácil. Están dispuestos a dar su vida por sus creencias y de cierto modo envidio esa fe que tienen en su mundo.

-¡Las flechas han sido lanzadas!- avisa otro de los que están al mando de la misión del Norte.

Mi suegro está al sur, con el emperador Tatewaki para su extracción sin levantar sospechas de su hermana Kodachi.

-Es el momento- me dice agitada Kaori mientras se coloca su máscara y yo hago lo mismo cuando me cubro el rostro -¡Sigilosos! No nos esperan- ordena a los nuestros antes de avanzar.

La sigo.

Cuando cruzamos el patio donde ser llevan a cabo las prácticas ecuestres pienso en la general Tendo, espero que no salga mal herida de esta batalla. No puedo desearle el mal luego del tiempo que compartí con ella.

También pienso en el general Seki e igual deseo que se encuentre a salvo.

Vamos por entre los diferentes niveles del monasterio, Kaori y yo nos acercamos hasta el patio principal. Es ahí, en la punta del lugar donde se encuentra la gran mayoría de los samuráis defendiendo el sitio.

-¡Ataquen!- grita Kaori y luego de eso corre hacia la izquierda mientras yo me quedo de pie sin saber que hacer.

Veo a lo lejos, por entre los arcos que dan hacia el patio, a los rebeldes atacando a los samuráis. Samuráis atacando a los exiliados.

Golpes de espadas, flechas atravesando el espacio en busca de algún enemigo, hombres combatiendo y mujeres luchando. Todo parece un recuerdo y no algo que este sucediendo realmente.

Yo vago por el pasillo principal, guiando a otros cuantos de los nuestros para ir hacia la entrada principal. Les dejo hacer y defender mientras yo también ataco y actúo para mi protección.

Sangre que se derrama y cae sobre mi ropa, no se nota nada de esto por mi traje color oscuro pero puedo percibir el aroma.

Deambulo por el lugar en solitario cuando veo que un samurái de muy alto rango, por sus ropajes, se resguarda cobarde. O tal vez no es cobardía, ha salido mal herido y busca curarse con algo que seguro porta en esos brazaletes que todos ellos traen.

Me enferma pensar que es capaz de salvarse. ¿Por qué solo él tiene derecho a llevar consigo lo necesario? Mi familia no tuvo la misma oportunidad.

Algo en mi se activa, una furia que había olvidado.

-¡Es tu hora de morir samurái!- grito con fuerza.

El samurái me ha escuchado, alza su cabeza y con lentitud se levanta.

-Veamos quien debe morir- responde con voz aguda.

Pienso que es muy joven, pero no me tiento el corazón así que me pongo en posición de ataque.

El samurái se quita del rostro las gafas que suelen ocupar para enfocar mejor su visión durante el tiro con arco, luego se pasa el antebrazo por la frente.

Doy un paso hacia él y hace lo mismo que yo cuando avanza un paso hacia mí.

Si ha de morir por mi mano quiero que sea de forma tradicional, con el honor que merece a pesar de su falsa creencia.

Busca algo en su cuello y baja la mirada cuando, sea lo que sea, cae al suelo con un ligero repiqueteo. Sigo el trayecto del objeto, es algo dorado, seguro una reliquia familiar.

Aprovecho esto y comienzo a correr hacia él gritando -¡Muere! ¡Maldito cortesano!- me prometo ser rápido y darle muerte de un solo golpe.

El samurái no se mueve de su sitio pero grita con su arma por lo alto. Estoy casi llegando hasta donde se encuentra cuando mis ojos me traicionan al verla.

Creía que era un hombre joven pero ahora veo que se trata de una pequeña y esbelta mujer ataviada en ropas de hombre. ¿Por qué?

Bajo mi arma y no puedo parar de mirarla. ¿Es posible lo que mis ojos ven?

-¿Inseguro de repente?- grita furiosa mientras toma vuelo con su sable y corre hasta donde estoy –querías la muerte, pues muere tú traidor.

Pero lo único que puedo hacer es seguir mirándola. La hoja de su sable está a nada de chocarme y no me defiendo, no quiero lastimarla. Así que la detengo con ambas manos, el golpe duele. Ni siquiera fui consciente de que había soltado mi arma.

Solo la miro. Fijamente. Y entonces ella me imita. No puedo creer lo que veo ¿realmente lo que veo es real?

Es ella.

La mujer de mis sueños.

-¿Quién eres?- pregunto en voz alta y entonces ella suspira sorprendida sin saber que decir.

Se acerca a mí, con su pequeña mano estirada tratando de tocar mi rostro y esos bonitos ojos avellana mirándome emocionados.

-Esto- susurra -¿es real?

Dejo que tome la media máscara que cubre mi rostro, siento el temblor en sus movimientos. Está nerviosa así que le ayudo aunque al soltar la hoja del sable, para quitarme yo mismo el material que me protege, el dolor hace su reclamación. La hoja de su arma ha atravesado mi piel y la sangre corre por mi antebrazo, aún así no detengo lo que hago y me descubro.

Cuando lo hago ella sonríe y llora a la vez –estoy muerta ¿cierto?- dice para mi sorpresa -¿volver a verte es mi recompensa?

-Tal vez el que ha muerto soy yo- sonrío también.

-¿Cómo?- pregunta mientras acaricia mi mejilla -¿dónde habías...?

El contacto de su piel sobre la mía me llena de escalofríos pero es mucho más agradable que en mis sueños. Cierro los ojos mientras me dejo llevar por el agarre de sus manos.

Baja mi rostro y apoyo mi frente sobre la suya. Cuando vuelvo a abrir mis ojos veo que ella los ha cerrado.

-¿Quién eres?- insisto.

La mujer abre los ojos y me mira confundida –soy el amor de tu vida y tú eres el mío.

-¡Ryu!- escucho la voz de Kaori entonces y le tapo la boca a la mujer frente a mí con fuerza mientras hago una seña con mi mano libre de que guarde silencio.

Empujo su cuerpo hacia la esquina del pasillo y aprovecho la oscuridad para acercarme a su oído.

-Tírate al suelo ¿entiendes?

Ella asiente, aterrada sin dejar de mirarme o de mirar por un lado de mi brazo.

-¡Ryu!- sigue buscándome mi esposa cuando suelto a la mujer y ella cae como un costal de papas al piso.

-Estoy aquí, he terminado con uno que quería escapar- respondo sin dejar de mirar la pequeña figura en el piso en tanto que me coloco de nuevo la máscara y me agacho para recoger mi arma.

-Bien- responde Kaori –llevaré a los nuestros al siguiente nivel. La emperatriz debe estar cerca, no la vieron salir junto con los hermanos Drac.

-Esta bien. Yo me encargo de los sobrevivientes aquí.

-Gracias- dice ella cuando me giro –nada de rehenes ¿entiendes?

Asiento. Sé lo que significa eso, tengo que rematar a aquellos que aún tienen la desgracia de estar con vida.

-Te veré en la biblioteca entonces- me dice y yo asiento.

-¿Los civiles?

-Bajo tierra- se encoge de hombros –resguardados, no te preocupes.

-Bien.

Espero a que Kaori ya no se vea a la distancia para levantar a la mujer con cuidado.

-¿Ryu?- pregunta ella cuando está de pie de nuevo, sujetándose el brazo que tiene herido.

-Así me llamo- respondo en tanto que me quito de nuevo la media máscara.

-No Ranma, ese no es tu nombre.

Cuando me llama por el nombre de mi compañero de prácticas un mal presentimiento me recorre la espalda por completo.

Alguien miente.