El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi


-Secretos-

La miro entrecerrando los ojos -¿Ranma me llamas?- pregunto enojado -tal vez me confundes entonces- digo en realidad decepcionado.

Así es como me siento.

Pero no por ella sino por la confusión que crece en mí, la molestia. Sé que alguien me miente y estoy muy seguro que se trata de Kaori. ¿Cierto? Esta criatura frente a mí ha estado en cada uno de mis sueños desde que desperté tres años atrás, ella no sería capaz de tanta crueldad.

-¡Por todos los dioses!- responde ella exasperada -¿crees que no reconocería al dueño de mi corazón?- me abraza con fuerza, con angustia. Siento sus dedos clavarse en mi espalda y mis riñones -no tienes idea la angustia que he vivido estos últimos tres años, estaba muerta en vida sin ti.

La abrazo en automático y solo atino a decir lo que mi corazón necesita -ya estoy aquí- luego lentamente la separo de mí esperando que se evapore como en mis sueños, pero no es así -¿quién eres pequeña?

Ella alza su bonito y sonrojado rostro, cubierto de rastros de sudor y sangre -soy Akane- dice con emoción -no sé bien que ha sucedido pero- se calla llevándose un par de dedos a sus labios, pensando -por lo que estoy entendiendo has perdido tu memoria Ranma.

-A pesar de lo descabellado que suena tu teoría puedo confiar en ti, ¿no es así?

Akane se alza de puntillas y besa mi mejilla con timidez -siempre haz podido confiar en mí tonto- sonríe, de tal manera como mis sueños nunca le han hecho justicia.

Vuelvo a rodear su cuerpo con mis brazos -eres tan cálida.

Ella ríe mientras esconde su rostro en mi pecho -te he extrañado tanto, tanto, demasiado.

Estoy por hablar de nuevo cuando de pronto escuchamos ruidos y en automático tomo a Akane de la mano para que no se aleje de mí.

Con cautela nos encamino hacia uno de los arcos y veo a unos cuantos samuráis que se han levantado de entre los heridos para verificar el estado de algunos de los suyos y revisando, además, si los exiliados que han caído realmente están muertos.

-Debemos movernos de aquí- le digo a la mujer a mi lado y cuando me giro para verla noto que está atenta de los suyos -a menos que quieras ir con ellos.

Ella niega sin mirarme -no por ahora, aunque estoy preocupada por Saffron y Rouge.

-¿El emperador Drac?- la miro interesado, seguro de que ella es una samurái de alto rango.

-¿A dónde iremos?- pregunta ignorando mi duda.

-No creo que podamos salir aún del monasterio- miro por el largo pasillo a nuestra izquierda -pero conozco un buen escondite cerca.

Sin siquiera negarse ella me sigue con facilidad en el instante que me muevo, pienso en que confía plenamente en mi y quisiera solo saber más de nosotros.

Con cuidado bajo al siguiente nivel por unas escaleras de piedra en forma de caracol, conozco esta ruta de cuando tenía que llegar a mis tareas a tiempo luego de quedarme de más con la General Tendo.

Llego hasta donde el comedor, vacío y ordenado como cualquier otra tarde en este lugar. Atravesamos el espacio y cruzo por la cocina hasta llegar a la alacena, luego abro una loza y unas escaleras de madera aparecen.

-Es donde los monjes almacenan los cereales- le explico a Akane cuando me mira sorprendida.

-Esta bien- dice sin más pero noto una pregunta que no se atreve a hacer en su rostro.

Cuando cierro de nuevo el sitio con la loza sobre nuestras cabezas no puedo evitar regresar hasta donde ella se encuentra y la tomo entre mis brazos, necesito cerciorarme de que esto realmente está ocurriendo.

-No sé bien quien eres- le digo honesto -pero siempre te he soñado.

Escucho que gimotea, pero también ríe -encontraste la forma de volver a mí.

Limpio su rostro de las lágrimas con mis manos sucias y al hacer esto dejo un rastro de sangre sobre una de sus mejillas.

-Soy un imbécil, te he ensuciado.

Akane se lleva una mano al rostro y ve la sangre en la yema de sus dedos -estas herido- al mismo tiempo busca algo en su brazalete.

-También tú lo estas- le digo mientras le ayudo a sentarnos al mismo tiempo en el suelo y reviso el corte limpio de su brazo -¿duele mucho?- pregunto cuando dejo al descubierto la herida y veo que ella aprieta los dientes.

-Sí, duele.

-Dame eso- le digo estirando mi mano para tomar de las de ella el ungüento que tiene, abro el frasco y rocío sobre su piel lastimada el líquido pastoso.

Me entrega una gasa transparente y yo se la coloco encima de su brazo.

-Mejor, gracias- dice mientras se pone de rodillas y toma mi mano herida -siempre tan imprudente- musita ella de buen humor cuando me quita el ungüento con el cuál yo he sellado su herida -va a arder- avisa pero no puedo responder nada porque estoy fascinado viendo lo que hace.

-¡Maldición!- digo en voz alta y ella me mira con los ojos abiertos.

-Te dije que te iba a doler.

-Creí que lo decías solo por verte linda y preocupada conmigo- alego -tú parecías tan calmada.

Ella se encoge de hombros en tanto que toma un vendaje para envolver mi mano -estoy acostumbrada.

-¿Por qué tendrías que estarlo?- mi curiosidad, toda ella es una interrogación.

Se muerde el labio mientras baja la mirada y se pone más atenta a terminar con la curación.

-¿Qué vamos a hacer Ranma?- evita mi pregunta con una pregunta que no entiendo.

Una risa ronca se escapa de mi, no pienso presionarla para que me diga que ocurre porque ni yo mismo sé que puede ocurrir.

-Akane- le hablo para que alce su rostro cuando guarda de nuevo en su brazalete todo para curar nuestras heridas -¿qué somos tu y yo?

-Somos marido y mujer- responde serena.

-Pero tu eres una cortesana- hago hincapié en lo obvio, nuestros mundos son polos opuestos.

-Una samurái, así es- asiente con cierto orgullo.

-¿Entonces cómo es posible que tu y yo seamos amantes?

Abre mucho los ojos, aunque no dura su expresión porque al segundo siguiente me mira con cariño y un bonito sonrojo nuevamente en sus mejillas -somos más que amantes, Ranma- suspira -eres mi esposo, mi amigo, mi entrenador incluso- ríe pero yo la miro sin entender lo que dice -no me mires como si estuviera loca.

-No creo que lo estés es solo que yo no soy un samurái Akane, soy un exiliado. He vivido de siempre en la frontera Sur.

-¿Esa es la mentira que te han contado esos malditos insurgentes?- su rostro calmado se vuelve furia absoluta.

-Desperté luego de una terrible batalla con los imperios, cuando estos decidieron atacar a las comunidades de exiliados en las fronteras. Perdí a mis padres en esa batalla y sufrí heridas de gravedad.

Akane me mira, con la confusión y la furia creciendo por igual en su rostro. Sus ojos se llenan de lágrimas de un momento a otro y cuando por fin deja que estas salga para empapar sus mejillas se pone de pie. En silencio la veo caminar de un lado al otro en el pequeño espacio que nos sirve de refugio con una de sus manos en la cadera y la otra sobre sus labios. Meditando.

-Por tu reacción veo que algo no va- me levanto para tratar de abrazarla, me inquieta tremendamente verla así -vamos, ven- la tomo del antebrazo para detenerla y ella se deja -cuéntame que va mal.

Cuando ella recarga su cabeza en mi pecho soy yo quien suspira.

-Tú eres Ranma Saotome- habla antes de tomar aire y continuar –eres hijo del General Genma y la dama Nodoka Saotome. Tienes una hermana menor, Ranko. Crecimos juntos en el palacio del Centro, éramos amigos hasta que empezamos a enamorarnos el uno del otro sin decir nada hasta la semana de la ceremonia, cuando tú me besaste por primera vez y yo supe que mi corazón sería por siempre tuyo.

Todo lo que cuenta me parece imposible, pero no le contradigo por temor a que se suelte a llorar con más fuerza.

-¿Y entonces?- pregunto cuando se queda callada más de la cuenta.

-No me crees- afirma mientras se aleja de mi abrazo.

-Quiero creerte Akane- le digo acariciando su espalda -en serio que sí, pero yo no me veo como un señor samurái.

La sola idea parece risible en verdad.

-Pero lo eres Ranma, justo antes del asalto de los insurgentes hacia los imperios tú eras el capitán de sables del Centro.

Akane me mira esperando alguna palabra mía, pero estoy mudo.

-¿Mis padres están vivos?

Ella asiente.

-Kaori siempre me dijo que mis padres habían muerto en la batalla y que el no haber estado ahí cuando ellos perecieron no debía ser una carga para mi alma.

-¿Kaori es quien te rescató aquel día?

-Sí, ella es...- veo la tristeza en Akane, así que prefiero no decir nada aún -cuéntame que pasó entonces aquel día, por favor.

Suspira y se aleja de mí mientras se sienta de rodillas frente a mi, pero guardando su distancia.

-Íbamos hacia la los festejos de boda del Coronel Kirin con la dama Shampoo cuando fuimos atacados por una fuerza rebelde.

-¿Nosotros fuimos atacados?- pregunto sin darme cuenta que las palabras salen de mis labios.

-Sí- Akane resopla, quitándose cabello del rostro en el acto -entiendo que también te contaron que nosotros fuimos los que les atacamos. Pero no es así Ranma, tal como ahora nos atacan los rebeldes. Ellos son los que han dado siempre el primer golpe. Solo tratamos de defendernos.

-¿Tú defiendes los ideales de tu emperador?- el asco por no entender nada me deja mal sabor en la boca.

-Sé que hay cosas que se le ocultan al pueblo, pero es por su propia seguridad Ranma.

-Así que sí, eres partidaria.

Me levanto y me alejo molesto mientras me quito el cabello de la cara pasando ambas manos por mi cabeza, frustrado.

-¿Por qué tienes el cabello corto?- pregunto mientras veo a Akane analizando mis reacciones desde el otro extremo del sitio.

-¿Qué?- pregunta notablemente confundida de mi estúpida observación.

Señalo su cabeza -tu cabello es largo o al menos eso es lo que siempre soñé.

Se toca los mechones de sueltos que acarician su mandíbula -fue para proteger a la emperatriz Kusao- parece molesta.

Abro mucho los ojos -entonces sí es cierto que está aquí en el monasterio.

Akane asiente -eso parece que te disturbar ¿por qué? ¿han venido por ella?

-No debería decir nada- respondo apretando los dientes.

-¿Sientes que le debes tu lealtad a esos miserables que tan robado de mí? ¿De tu familia? ¿De tus amigos?- se nota que su exasperación va en aumento con cada cuestionamiento que me hace.

-Sé que para ti suena absurdo, pero tienes que comprender que mi vida se resume a los últimos tres años- contesto irritado de no entender y de que ella no me entienda.

Veo que aprieta la mandíbula, toda ella se nota tensa.

-Tenemos que salir de aquí, del monasterio- se pone de pie también -debo comunicarme con Saffron, él nos ayudará con esto y cuando lleguemos a casa podrás hablar con tu familia y te darás cuenta de todo.

La veo buscando algo en su oído y moviéndose por el sitio.

-¿Qué haces?- pregunto sin dejar de mirarla desde mi esquina. ¿En que momento nos separamos tanto? Uno a cada lado del espacio que nos resguarda.

-Busco señal.

-¿Piensas llamar a alguien? ¿Al emperador?

Akane asiente.

Camino hasta donde ella y le retiro la mano del oído, busco el aparatito pegado en el cartílago de su oreja -estas loca mujer- digo mientras le retiro el pequeño disco de metal y lo arrojo al suelo para destruirlo con el talón de mi bota.

-¡Qué haces!

-No puedes llamar a ese hombre- digo con seriedad sujetándola del brazo -¿por qué le conoces? ¿Eres una samurái importante? ¿Tienes un rango acaso? ¿También eres capitana como dices que yo lo era?

Se suelta de mi agarre y me mira con una respiración agitada -no, por favor no me preguntes nada ahora.

-¡Qué demonios!

-Saffron no es malo Ranma, no lo conoces pero te prometo que él puede ayudar...

-¡Claro que no! No se puede confiar en ningún maldito emperador Akane.

Ambos nos quedamos en silencio cuando sentimos que la estructura entera tiembla con fuerza.

-¿Son los monstruos de metal?- me pregunta aterrada.

-No, no son capaces de mover este lugar de esa forma.

-¿Entonces?

Miramos sobre nuestras cabezas la tierra que se ha soltado del techo. Los sacos de semillas incluso se han caído a nuestro alrededor, al igual que toda una estantería con frascos de conservas.

-Tal vez alguna explosión.

-¡Pero hay civiles aquí!- dice furiosa mientras se mueve hacia las escaleras -¡por todos los dioses! Yurika debe necesitar ayuda.

Sube unos cuantos peldaños y la detengo, sujetando su cintura para cargarla de nuevo hacia abajo.

-¡Déjame ir!- grita mientras busca soltarse de mi agarre -tengo que ayudar a los samuráis contra este ataque, no puedo quedarme escondida aquí.

Patalea con fuerza, pero yo la tomo con firmeza contra mi pecho para evitar que se me escape.

-¡Suéltame Ranma! O te juro que soy capaz de...

-¿Siempre eres tan poco femenina?- me causa cierta emoción ver su ferocidad. Tan preocupada por los civiles.

-¡Eres un idiota! Sin memoria y todo sigues siendo un idiota.

-Un idiota que siempre te ha mantenido en su corazón al parecer, Akane- me atrevo a decir su nombre con un tono cariñoso, en mi boca sabe a maravillas encontradas pronunciarle.

Al momento deja de pelear y todo su peso cae hacia el frente. Quedando ella de rodillas y yo a su espalda, abrazándola aún.

-No puedes- susurra -no puedes ser así conmigo, me pides mucho si no salgo a combatir.

-No irás sola, me tienes a mí.

-¿Estás dispuesto a cambiar tus nuevas creencias?- pregunta incrédula.

Asiento -me importa más cuidarte- la muevo para que quede frente a mí -sé que parece ilógico, la idea de que yo sea un samurái y además capitán de sables me parece irrisoria.

Veo que hace un mohin y baja la vista. De modo que tomo entre mis manos su rostro para que me mire.

-Pero lo único que me hace sentido es protegerte. Y si quieres pelear ahí estaré a tu lado.

Akane sonríe de nuevo y se alza sobre sus talones un poco para pegar su frente a la mía.

-Prometo contarte todo siempre y cuando tú me cuentes todo ¿sí?

-Si- sonrío y siento este impulso por besarla pero el maldito anillo de matrimonio se hace presente cuando recuerdo que estoy casado con Kaori. Aunque en realidad quien está casado con ella es Ryu Kumon y al parecer ese no soy yo.

Se separa de mí y se pone de nuevo en pie -vamos- me pide subir por las escaleras y yo la sigo tan gustoso como ella me ha seguido a mí hasta aquí.

-Akane- le llamo sin dejar de hacer lo que hago, estoy levantando la loza para que podamos salir.

-¿Dime?

-¿Tú y yo estamos casados?

Suspira y luego sonríe delicada -sí, lo estamos. Y ahora que nos hemos encontrado volveremos a estar juntos.

-Me gusta como suena eso.


En cuanto salimos al pasillo veo lo que ha causado el estruendo que hemos sentido antes, y es que parte de la montaña, bajo la cual está el monasterio, se ha desquebrajado.

-Debió haber sido por los monstruos de metal- digo afligido, después de todo este sitio fue mi hogar por un tiempo.

-Al menos no ha caído por la zona donde están las entradas al resguardo de los civiles.

Las piedras sueltas han destruido la parte donde se encuentra la biblioteca. Y es entonces que pienso en el oro que hay bajo el monasterio.

-Debemos advertir a los civiles, todos tienen que evacuar el sitio- le digo a Akane.

-¿Crees que estén en peligro?

-Bajo el suelo de este monasterio hay una antigua mina de oro ¿lo sabías? Y estoy seguro que los exiliados en realidad han venido a sacarlo y no a llevarse a la emperatriz.

Akane niega. Primero consternada y luego molesta tocando la piel de su cuello.

-El dije que me ha dado no era la reliquia- musita.

-¿De que dije hablas?

Mueve la cabeza de un lado a otro –No es importante ahora- se toca de nuevo el lugar donde su comunicador y luego de recordar que no lo lleva más me mira furiosa -¡destruiste mi comunicador!- bufa mirando ambos lados del pasillo -tengo que ir a buscar a Yurika a como de lugar.

-Esta bien, lo haremos a tu modo entonces.

Me sujeta de la mano y luego de tomar aire me voltea a ver -tienes que confiar en mí Ranma y pase lo que pase recuerda que te amo más que a mi vida.

Analizo sus palabras -también debo amarte Akane porque confío en ti plenamente. Y te creo, todo lo que me has dicho.

Ella asiente –bien, ahora tenemos que bajar al sótano por los establos.

-Sígueme.


De algún modo Ranma conoce cada uno de los pasajes de este lugar, pero no recuerdo que alguna vez estuviéramos aquí antes. ¿Cómo es que sabe moverse tan bien por el monasterio?

-Ten cuidado con la cabeza- me dice mientras bajamos otro nivel más que está bloqueado por el derrumbe.

-Sí- respondo tratando de concentrarme en el camino y no en perderme en mis pensamientos.

Sin embargo no puedo parar de mirarlo, es como un sueño el tenerlo aquí frente a mí. ¡Ha vuelto! ¡Ha vuelvo a mi!

Ambos llevamos en las manos nuestras armas listas en caso de necesitarlas. Un par de niveles antes nos topamos con unos cuantos de los insurgentes y Ranma les ha abatido con facilidad sin hacerles mucho daño, se trataban de unos chicos jóvenes seguramente de unos 15 años.

Pero cabe la posibilidad de que nos topemos con más guerreros, ya sean insurgentes o samuráis.

-Solo falta un nivel más pero no escucho nada- me dice Ranma cuando abre otra puerta para descender más escaleras.

-Déjame ir primero, si te ve Yurika y la guardia que le acompaña seguro te dispararán.

Me mira un instante con el ceño fruncido -¿Y tú vas a convencerlos de no disparar si te presentas primero? ¿Qué si han llegado ya hasta donde tu compañera los exiliados?

-Dijiste que el interés de los insurgentes no era la población civil.

Asiente.

-Esta bien.

-¿Sabes entonces como tendremos que evacuar a los civiles?

-Sí, ya te dije que hay unos túneles por debajo de los búnkers que permiten la salida por el otro extremo de la montaña.

-¿Y piensas que estarán aún abiertos? ¿Aún después del desprendimiento de las rocas superiores?

-Sino tendremos que sacarlos por la entrada principal, pero eso no sería muy conveniente.

El monasterio vuelve a moverse y Ranma me sujeta con fuerza contra él para detenerme.

-Gracias.

Me mira y sonríe –vamos, ya solo falta un pasillo.

Unos pasos más llegamos hasta donde los arcos que anuncian un nuevo corredor aparecen.

-Silencio- le digo en voz baja y camino por delante de él un par de pasos -¡Yurika! ¿Me escuchas?

-¿Alteza imperial?- pregunta mi dama -¿es usted?

-Perdí mi comunicador pero tenía que llegar hasta donde estas- me giro para ver a Ranma y sin importar la cara de sorpresa que tiene le coloco la media máscara de nuevo –será mejor que no te vea aún.

-¿Alteza imperial?- me mira con justa molestia que yo ignoro -¿Akane?

Asiento –te prometo contarte todo, pero ahora nuestra prioridad es la gente y su seguridad.

La seriedad sigue en sus bonitos ojos azules –esta bien, alteza- dice como si le costara cada letra de la palabra.

Pero no hay tiempo para satisfacer su interrogante.

-Vengo con ayuda- sigo hablando mientras avanzo y claro que en cuanto nos dejamos ver Yurika vuelve a poner su arco y flecha en posición de guardia.

-¡Es un insurgente alteza imperial!

Pongo mis manos en alto para que se detenga, así como el resto de la guardia que le acompaña –me ha salvado de unos que me han atacado, le debo y confío mi vida. Está aquí para ayudar así que bajen sus armas- les ordeno.

Mi dama me mira y analiza a mi acompañante aún si bajar su arco –como usted ordene alteza imperial- habla haciendo una reverencia.

-Llama a Saffron, avísale que tenemos que evacuar a los civiles y que he encontrado la forma de hacerlo. Todos corremos riesgo de permanecer aquí.

-¿Los insurgentes?- pregunta con justa preocupación.

Pero yo niego –la montaña se ha desquebrajado, algunas rocas han caído sobre la biblioteca pero no tenemos la certeza de que no sigan cayendo piedras y destruyan todo el lugar, con nosotros adentro.

-Enseguida me comunico con su alteza imperial- habla y luego camina buscando también señal bajo este nivel.

-El resto síganme, tenemos que proteger a los civiles a su salida ¿entienden?- mando a los hombres y mujeres que están esperando ordenes.

-Sí, alteza imperial.

-Vamos- le digo a Ranma cuando me volteo para verle y él asiente –te seguimos.


Yurika no ha podido contactar a Saffron pero ha podido hablar con Rouge y le ha explicado la importancia de evacuar a los civiles. Ella nos ha puesto al tanto de lo que ocurre fuera y ha acordado con tener listas las naves para transportar a los civiles.

-¿Crees entonces poder hablar con el líder de este ataque?- pregunto a Ranma aún incrédula.

-Ya te he dicho que sí- responde en voz baja mientras algunos de los samuráis a mi mando nos rodean para abrir las enormes compuertas del búnker.

-Ok.


Me aparto de Akane mientras los samuráis le dan el paso para que organice a los civiles. Sigo sin comprender porque le llaman alteza imperial pero ella me ha dicho que me explicará el motivo más tarde.

Ella ha dicho que es una samurái y que además estamos casados. Mi lógica me dice que no debería de confiar en las palabras de una cortesana, que tal vez se aprovecha de que le he dicho sobre mis sueños pero mi corazón, no puedo ignorar lo que siento cuando estoy cerca de ella, cuando está entre mis brazos y la forma en como me mira me hace perder la lógica.

Y a pesar de todo quiero, necesito, deseo creer todo lo que me ha contado. De ser cierto significa que mis padres están con vida, significa que tengo más familia y significa que todo lo que Kaori, el líder Daikoku y los exiliados me han dicho durante estos años es una mentira y de ser así a Kaori no le debo la fidelidad que le prometí en nuestra boda porque ella me ha ocultado todo lo que soy.

Akane me mira mientras me llevo la muñeca derecha hacia la media máscara que me cubre para activar mi comunicador así que me giro para alejarme un poco de ella, por extraño que parezca no quiero que se entere que yo estoy al mando de uno de los regimientos, a quienes he abandonado a su suerte por cuidar de ella.

-Aquí el comandante Kumon- hablo primero para identificarme -¿quién me escucha?

Interferencia, seguro que por el lugar donde me encuentro hasta que escucho señal al otro lado del comunicador.

-Aquí la teniente Kumon- responde de inmediato y primera Kaori, como lo suponía -¿dónde diablos estás Ryu?- pregunta molesta.

-Buscando el regimiento- miento –luego del desgaje de la montaña los he perdido, tenemos que evacuar Kao este lugar corre peligro.

-Lo sé, el imbécil de Daisuke trató de deshacerse del emperador Drac cuando estaba buscando derribar los monstruos de acero y al hacerlo han golpeado contra la montaña. Se dispararon algunos explosivos hacia la punta.

-¿Pudiste encontrar a la emperatriz?- me interesa confirmar algo.

-No- responde frustrada -¿qué hay de ti?

Miro a Akane de reojo, sospechando que lo que temo en mi corazón sea verdad –tampoco.

-Las mujeres samuráis visten como hombres, seguro idea de los Drac porque la princesa también iba con indumentaria masculina.

-¿Qué hay de nuestras bajas?- quiero saber que tantos exiliados puede haber fuera de la fortaleza del monasterio.

-Nada importante, creo que seguimos estando en ventaja pero ya he enviado a una parte de mi regimiento al encuentro con el emperador Kusao. Te he estado buscando.

Abro los ojos por lo que me dice -¿El emperador Kusao? ¿Vas a ir a buscarlo al centro?

-¿Acaso no viste la alerta que envió mi padre?- pregunta confundida mientras busco en mi visor cuando lo hago descender sobre mis ojos, se trata de un aviso en donde se explica que el centro ha conseguido aniquilar gran parte de nuestra gente y que han buscado mejor retirarse pero los infiltrados confirman que el emperador ha partido hacia el norte –estoy segura que viene a buscar a su preciosa esposa- dice con fastidio Kaori.

-Tenemos que salir, reunirnos con tu padre.

-Tenemos que buscar a la emperatriz- afirma con furia –esa es la misión Ryu ¿por qué crees que me he arriesgado enviando hombres a detener lo más que se pueda el paso del emperador?

-Creí que tendrías otra misión- digo sin más.

-¿Otra misión?

-No creo que el desgaje de la montaña haya sido un accidente- respondo.

-¿Perdona?

-Ha destrozado la biblioteca y por mis informes sabes muy bien que hay debajo.

Kaori ríe, amargamente -¿acaso te ha dado nostalgia ver la biblioteca de este lugar destruida? Sabes que se necesita el oro bajo tierra para crear energía que nos ayude a sobrevivir.

-Sigues mintiéndome entonces.

-¿De qué hablas?

-Será mejor que salgas Kao, si es que quieres sobrevivir. Buscaré a los hombres a mi cargo y los enviaré de vuelta al sur por alguna ruta segura. No tiene sentido arriesgar más vidas si no estamos consiguiendo nada.

-Cobarde.

Río frustrado –mentirosa.

Corto la comunicación antes de esperar la respuesta y cuando me giro veo a Akane esperándome, atenta a mi conversación seguramente. Tras ella, a unos cinco metros, están los samuráis a su mando ayudando a organizar a los civiles para poder evacuar.

-¿Eres un comandante?- pregunta mirándome con pena.

-Tal vez la charla larga no pueda esperar ¿verdad? Alteza Imperial Kusao- digo con amargura mientras hago una reverencia.


Cuando la comunicación se corta me quedo helada mirando a la nada, frente a mí está parte de mi regimiento recolectando armas entre los samuráis caídos.

-¿Está bien teniente Kaori?- pregunta Hiroshi cuando se me acerca.

-Tenemos que salir de aquí- le digo casi en un susurro buscando la forma de no dar rienda suelta al dolor que crece en mi pecho.

El mal presentimiento me recorre como un veneno cuando recuerdo las últimas palabras de Ranma, me llamó mentirosa.

-¡Atención todos!- grito –el lugar está comprometido, parte de la montaña se ha desgajado y corremos el riesgo de que la estructura del monasterio se venga abajo. Hay que salir.

Los hombres y mujeres a mi cargo me miran con atención y afirman en tanto que se mueven para buscar el regreso por el largo pasillo del cuál hemos salido hacia la entrada principal.

Yo voy al final de todos a paso rápido mientras busco contactar a mi padre.

-Aquí Kao- le digo cuando por fin escucho que se conecta su comunicador.

-¿Estás bien hija?- pregunta con la cara llena de mugre y rastros de sangre.

-Vamos a evacuar, el monasterio puede caerse- le explico.

-¿Cumplieron con su misión?- me pregunta mi padre.

-El oro aún se puede sacar, le diré a Daisuke excave en cuanto el monasterio se derrumbe.

-¿Y la emperatriz? Veo en el rastreador que lleva el emperador que no tardará en estar en el monasterio, tal vez tienes una hora más si los hombres que has enviado pueden detenerle un poco.

-Ryu la ha encontrado- espeto mientras activo el localizador de Ryu.

-Eso es…- habla mi padre dudando que comentar al respecto.

-Desafortunado- respondo –lo sé, pero yo la buscaré y Ryu volverá a mí, como siempre ha debido ser.

-Sé que podrás encargarte, por fortuna ya hemos recuperado al comandante Ranma- dice mostrándome tras de sí a quien fuese la mano derecha de Tatewaki hablando justamente con él.