Antes de empezar quisiera tomarme un momento para agradecer muy en especial las atenciones de:

El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Música en este capítulo:

"Juliet's dream" de Abel Korzeniowski (no aparece en el texto pero si esto fuera una película esta sería la música de ambiente justo en la última escena del capítulo)


-Palacio-

Akane se acerca a mí con prisa y me toma del antebrazo -no es el momento Ranma- dice mirándome a los ojos en voz baja -te prometo que te contaré el motivo por el cual soy la emperatriz- voltea a ver la gente tras nosotros quienes esperan, con miedo en sus ojos, el poder salir de aquí -pero ahora mi única prioridad es sacar a esta gente sana y salva de este lugar.

-Bien- respondo con pesar cuando me cruzo de brazos y ella entonces me suelta -es lo correcto- no es el momento de exigir respuestas y mucho menos sabiendo que tampoco he sido del todo transparente con ella.

Pero si dice que estamos casados quiero creer que igual la deben haber engañado para que terminara siendo la esposa del Emperador Kusao.

-Entonces eres la hermana menor de la general Tendo ¿cierto?- pregunto al recordar haberla visto el día de su boda.

-Sí- Akane me mira extrañada de mi cuestionamiento -Kasumi es mi hermana mayor. ¿La recuerdas?

Dejo mis brazos a cada lado de mi cuerpo y luego me rasco la nuca sintiéndome apenado por que Akane se entere que he servido de espía para los exiliados -la conozco y no solo eso- digo cerrando con fuerza los ojos mientras tomo aire -yo estuve en el palacio el día de tu boda con el emperador.

-¿Qué? ¿Qué dices?

Abro de nuevo los ojos y me doy cuenta de su incertidumbre -estuve infiltrado recabando datos para la causa de los exiliados por aquellos días, aprovechando las festividades.

Me mira sin decir ni una palabra y luego parpadea sin saber como responder hasta que suspira -no es el momento- baja la vista aferrando su mano nuevamente alrededor de mi antebrazo -y ciertamente no es el lugar. Vamos.

Camina un paso y se detiene cuando se da cuenta que me tiene sujeto, luego me mira a los ojos y me suelta poniendo mala cara, admito que tampoco me gusta que me haya soltado pero no creo prudente decir algo. Aún estoy muy confundido entre lo que sé y lo que siento.

Con paso decidido la veo alejarse de vuelta hasta donde los samuráis que manda y yo me siento frustrado de no poder estar a solas con ella.


Mi corazón late con fuerza, estoy nerviosa de lo que debo explicarle a Ranma sobre mi condición como emperatriz pero más allá de justificar mi actuar quiero que entienda que sobre todo lo sucedido mi corazón jamás le ha pertenecido a nadie salvo a él.

Voy nerviosa hasta donde Yurika -dame tu comunicador- le ordeno sin pensarlo mucho y ella obedece al instante cuando se lo quita y me lo entrega.

Siento una mano sobre mi hombro y cuando intento girarme Ranma pega su rostro a mi oído, aún cubierto con esa media máscara siento escalofríos de su cercanía.

-Tu marido viene en camino, pensé que querrías saberlo.

Me volteo para mirarlo con preocupación -¿Shinnosuke viene hacia acá?- estoy segura que viene en mi búsqueda, esto no es bueno -¿cómo lo sabes?

-Me lo ha dicho...- se queda callado a mitad de su respuesta desviando su mirada y yo no puedo evitar alzar una ceja preguntándome porque no puede decir quién le ha avisado de esto -Kaori, ha sido ella- cuando termina su frase me mira como si buscara mi reacción a lo que ha dicho.

Un mal presentimiento cruza mi mente, pero no es tiempo de hacer caso a estas banalidades cuando la vida de la gente está en juego.

-Imagino que las nuevas costumbres de tu lealtad hacia ellos no van a cambiar de un segundo al otro- no puedo evitar mi comentario, pero me frustra saber que estos insurgentes le importan.

-Imaginas bien- responde él.

Estoy por darme la vuelta para colocarme el comunicador y hablar con Rouge cuando Ranma se acerca más para detenerme.

-Y sin embargo estoy aquí contigo.

Sonrío. Sonríe.

-Iré a verificar que ya pueda llevar a la gente al final del túnel- le digo a Ranma en tanto que busco colocarme el disco y entonces saco de mi brazalete una brújula -¿podrías marcarme aquí la coordenada de la salida del túnel?

Ranma lo mira extrañado.

-Seguro recuerdas como usarlo ¿cierto?- le digo arrojándole el artefacto cuando comienzo a alejarme.

Lo cacha al vuelo y lo analiza, veo que aprieta algunos botones del lateral y enseguida la brújula se enciende.

Confío que podrá hacerlo así que yo enciendo el comunicador cuando este se encuentra en su lugar para buscar a la princesa -¿Rouge? ¿Me escuchas?- llamo a la joven con la esperanza de escuchar su voz.

-¡Akane! ¿estás bien?- pregunta cuando por fin logro señal. Puedo escuchar su agitación.

-Estoy a salvo- digo contenta sin proponermelo, por que no puedo parar de mirar a Ranma pelearse con la brújula e imagino que mi tono alegre de voz no le va a hacer mucho sentido a Rouge -¿Qué hay de ti?- carraspeo -¿estas bien? ¿dónde está Saffron?

-Ambos estamos bien- contesta aún agitada –disculpa- jadea -estoy llegando al puerto donde están las naves de carga que transportaron a la población hasta aquí. Solo espero las coordenadas para poder llevarlas.

-Yo ya tengo lista a la población civil para sacarlos, enseguida te envío la ubicación.

-Los insurgentes están huyendo también ¿sabes? Saffron me ha dicho que los ha visto salir corriendo del monasterio, los infelices- dice esto último con todo el odio del que es capaz –mi estúpido hermano se encuentra buscando la forma de detener algún posible e inminente derrumbe. La montaña sigue desgajándose.

-Eso va a ser humanamente imposible- le digo a Rouge

-Se lo he dicho, pero tanto él como el Lama se encuentran salvaguardando la biblioteca.

-Es toda nuestra historia- digo triste de pensar que eso podrá perderse de forma indefinida.

-Pero son archivos que pueden recuperarse Akane.

Pienso entonces en el oro que hay bajo el monasterio y me pregunto si Saffron sabrá algo al respecto. Hasta donde tenía conocimiento los emperadores saben de la existencia de esta fuente de energía pero se considera sagrada por la poca cantidad que es. Pero ahora ya no estoy segura de que es cierto y que no.

-¡Lo tengo!- grita emocionado Ranma cuando las coordenadas aparecen en el reflector en tercera dimensión que muestra el camino existente –aquí tienes- me dice dándome la brújula y señalando la información que debo darle a Rouge.

-¿Quién está contigo?- pregunta Rouge.

-Un soldado- procuro restarle importancia a la pregunta de Rouge.

Sé que puedo confiar en los hermanos Drac, pero por ahora no quiero que nadie se entere de que Ranma está vivo y que además está conmigo.

Algo en mí me dice que Shinnosuke sabía que mi esposo no estaba muerto y que no es el único que lo sabía. Es imposible no haberlo descubierto con toda la información a su alcance y me pregunto ¿cómo es que yo no me di cuenta?

-Te envío la información- le digo a Rouge cuando enlazo la brújula con el comunicador.

Tengo que hacerlo a ciegas porque he dejado mis gafas pisos atrás y entonces pienso que también he perdido el dije que Shinnosuke me ha dado.

-Lo tengo- afirma Rouge cuando por fin le llegan las coordenadas –vamos en camino, ten a la gente lista para poder abordar en cuanto logremos tocar tierra.

-Entendido- y entonces recuerdo lo que me ha dicho Ranma sobre el emperador -¿Rouge?

-¿Ajá?- pregunta ella mientras se escuchan los motores de la nave donde seguro va.

-Shinnosuke viene en camino ¿cierto?

-Sí, acaba de enviar una alerta ¿cómo lo sabes?

-Era una corazonada.

-Puedo avisarle que te encuentras bien, ya que dudo que desde donde te encuentras haya señal suficiente para que hables con él.

Me pienso si será correcto que sepa Shinnosuke donde estoy –te lo agradecería- respondo cuando al instante me confieso que sería peor que piense estoy en peligro.

-Te veré en unos minutos.

-Bien.

Corto la comunicación con Rouge y miro a la población resguardada por los samuráis a mi mando. Veo a mi dama de compañía y tengo claro cual es mi deber. Pero entonces mi corazón me grita que le siga por una maldita vez en la vida.

Y eso es lo hago.


Llevo, junto con Akane, a los civiles por el túnel correcto para poder salir del monasterio.

Antiguamente estos túneles fueron usados para confundir a los enemigos que trataron de destruir las creencias cuando ocurrió la guerra entre las empresas tecnológicas que deseaban el poder sobre el gobierno.

Y pensar que fuimos una poderosa nación alguna vez, derrotada por nuestra propia ambición y la búsqueda por sobrevivir a las catástrofes que llevaron a la casi eliminación de la raza humana.

Somos unos sobrevivientes.

-¡Rouge!- grita Akane cuando la princesa Drac desciende de una de las enormes naves de carga que tocan el suelo al momento que salimos del monasterio.

-¡Akane!- responde emocionada la joven de cabello oscuro cuando corre al encuentro de la joven de ojos avellana –rápido, llevaremos a la población al Este, el príncipe Toma es el único que ha podido mantener a distancia a los Prodit Fato.

-¿Toma y Ranko están bien?- pregunta con alivio. Emocionada.

-Sí- responde la princesa y luego me mira sin decir nada, pero me doy cuenta que no le agrada mi presencia y estoy muy seguro que se debe a mi vestimenta -Ranko ha conseguido crear una barrera con flechas de seguridad. Así que los rebeldes no han podido llegar al imperio y su gente se encuentra en los búnkers.

-¿Podrán con estos civiles?- pregunta señalando a la gente tras nosotros.

-No te preocupes, llevamos provisiones suficientes.

-Bien.

Yo las miro sin intervenir, pero atento.

Rouge le sujeta por el brazo –vamos, sube para que me ayudes a organizar todo por dentro.

-Espera- la detiene –será más fácil que continúe organizando aquí.

-Esta bien- vuelve a decir la princesa Drac mirándome nuevamente -¿qué hace uno de ellos aquí?

Akane me mira un instante y luego regresa a la conversación con la princesa -me ha salvado, le debo mi vida.

Por encima del hombro de Akane la princesa me mira, me analiza, me desmenuza por completo de pies a cabeza -me parece conocido.

-No importa- responde Akane -tenemos que seguir- se gira y alza su brazo -¡Samuráis!- les ordena a los hombres y mujeres que rodean a la gente civil -¡Movilizar a la población! Son la prioridad ahora ¿entienden?

-¡Sí, alteza imperial!- gritan en respuesta y al segundo siguiente comienzan a guiar a la gente dentro de las naves.

-Te veré al llegar al Este- le guiña Akane a Rouge cuando la empuja dentro de la nave -Yurika, ve con la princesa.

-Alteza- habla la joven dudando en acatar la orden impuesta.

-No me hagas repetirlo, tengo que ir por Saffron- dice esto último en voz más baja y entonces la chica asiente.

La joven sigue a la princesa Drac hasta que se pierden de nuestra visión dentro de la negrura de la nave.

-¿Iremos por el emperador Saffron?- pregunto sin entender.

La pequeña mujer a mi lado alza su mirada, con los ojos casi a punto del llano -tenemos que llegar hasta el centro antes de que Shinnosuke se de cuenta de que estas vivo.

-¿Qué?

-Voy a reclamar el trono, soy la emperatriz y tengo derecho a esto cuando el emperador ha abandonado el imperio.

-¿Cuál es el plan Akane? ¿Cómo esperas que lleguemos hasta ahí?

Akane sonríe mientras se limpia las lágrimas que se han escapado -espiaste a Kasumi también ¿verdad?


Tenemos un par de horas de ventaja, podemos rodear el camino montañoso y cruzar luego por el río para llegar al Centro.

Antes de partir del monasterio le he contado a Saffron lo que pienso hacer, le he dicho que estoy segura que Shinnosuke es un traidor y él solo me ha deseado buena suerte y me ha aconsejado llevar todo lo que mi brazalete tiene pero dejando el armazón de mi muñeca en el monasterio.

-Los brazaletes pueden hackearse para que funcionen como localizadores Akane- me ha dicho -avisaré a Kodachi para que pueda alcanzarte en el palacio del centro y te proteja con su ejército, yo mantendré ocupado lo más que pueda a tu marido.

Y luego de sus palabras he hecho lo que me ha aconsejado, Ranma me ha ayudado a guardar todas las provisiones que llevaba en el brazalete y luego de esto me lo he quitado.

Destruirlo ha sido la peor parte hasta ahora, porque fue mi madre quien me lo puso muchos años atrás.

-¡Arre!- grito mientras mis pantorrillas presionan un poco más el cuerpo del caballo que me lleva a toda velocidad.

-¡Arre! ¡Arre!- escucho que grita Ranma cuando se empareja hasta donde estoy.

Una mezcla de sentimientos se adueña de mí, estoy nerviosa por lo que tengo que hacer pero a la par emocionada de que Ranma esté a mi lado, como siempre cuando debía enfrentarme a mis peores demonios y a mis más grandes miedos.

Sonríe cuando lo miro y yo hago lo mismo.

Ambos vemos a la distancia los árboles en la cima de la montaña agitarse.

-Por acá- me dice Ranma cuando señala su izquierda y yo le sigo.

Detiene el caballo y cuando baja toma de las riendas el mío para detenerlo también.

-Debemos esperar a que pasen las naves.

-Seguro es Shinnosuke- digo más para mí que para él.

Ranma alza su rostro y yo suspiro.

No puedo evitar desviar la mirada de la suya y hacer una mueca con mis labios, me disgusta tener que hablar del porque soy la emperatriz justo ahora que nos vemos forzados a no movernos, pero igual no habrá otro instante ¿cierto?

Hago una mueca de dolor y luego suspiro -durante un año buscamos tu rastro- le explico y él me mira atento -y no encontramos nada Ranma, fue como si hubieses desaparecido de la tierra y cuando digo nada me refiero a ni un solo cabello tuyo.

-Y eso sería extremadamente raro- añade pensativo -¿cuándo o cómo es que perdiste mi rastro Akane?

-Caíste cuando la tierra se hundió- explico -había un gigante de metal, el primero que hubiese visto en mi vida para ser francos y el golpeteo que propino sobre la tierra causó que esta se partiera, creando un barranco.

Ranma baja su vista y se queda mirando la crin de mi caballo, acaricia su pelaje sin decir nada y temo decir algo que pueda dañar más lo que seguro está pensando.

Un sonido ronco, que suena a auténtica frustración sale de su pecho -Kaori me contó que me encontraba defendiendo a un grupo de jóvenes guerreros cuando uno de los samuráis lanzó una flecha que se incrustó en mi pecho.

Cuando me cuenta esto se abre un poco la tela de su traje y me muestra la cicatriz que seguro fue causada por aquella espada insurgente que le atravesó.

Sin pensarlo mucho estiro mi mano para tocar la cicatriz -la espada atravesó tu piel mientras yo estaba al otro extremo sin poder protegerte. Me miraste sin miedo, y decidido tomaste el sable con tus manos y aprovechaste la cercanía para acabar con tu agresor.

-Entonces no fue una flecha- afirma.

-No, no lo fue.

-Sabía que mucho de lo que me contaba Kaori no parecía ser mío.

-Supongo que por la caída perdiste la memoria y se aprovecharon de ello.

Ranma niega -¿Quién es Ryu Kumon?

-El Coronel de Sables del emperador Drac. Era prometido de la princesa, en realidad.

Ranma abre mucho los ojos -¡vaya! él y yo solíamos practicar juntos, aunque le llamaba Ranma. Saber que yo tenía su identidad y él la mía solo me confunde más- cuando dice esto último se lleva una mano a la cabeza.

-¿Ranma?- le hablo mientras bajo de mi caballo de un brinco -estoy aquí mi amor, siempre voy a estar a tu lado- lo abrazo con fuerza y él cubre mi hombro con su brazo para acercarme más -debí haberte encontrado antes.

-Ya estamos juntos, eso es lo que interesa ahora. Y arreglaremos todo ¿sí?

-Sí.


-¿Cómo vamos a viajar por el río?- pregunto cuando llegamos hasta la orilla de este. No es muy rápido en esta parte del terreno pero no dudo que en algún punto sea catastrófico ir a nado.

-Había pensado ir por la orilla en los caballos hasta que no sea posible.

-¿Y entonces?

-Ya veremos.

-Te sigo alteza- me burlo de Akane y ella me arroja la manzana que lleva en la mano -siempre un idiota.

-Bueno- me río de ella -al menos yo aún conservo mi aperitivo. Te has quedado sin alimento hasta que lleguemos a palacio.

-Tampoco estamos tan lejos.

Me acerco hasta donde ella mientras parto la manzana en dos -toma, puedes tener mi mitad al menos- le ofrezco el trozo de fruta -al final ha sido mi culpa el que usaras tu alimento como arma.

Se ríe de esa manera linda -gracias- toma el alimento y lo muerde –no mentiré, tenía hambre. Hemos tenido que salir a mitad de la madrugada del palacio de Drac para resguardarnos en el monasterio- suspira cansada -y ha valido la pena- me mira contenta.

-Yo no estaba de acuerdo con el plan del líder Daikoku- carraspeo antes de morder el último trozo de fruta.

-¿Es el hombre que lleva la rebelión?- pregunta pero evado responder cuando solo alzo el rostro suspirando -¿Podrías contarme que es lo que quieren?- insiste.

-Quieren igualdad Akane- contesto molesto de que ella no se de cuenta -los emperadores han estado ocultando los recursos y los han estado dosificando entre la población a su antojo por años.

-Porque son limitados Ranma- responde más enérgica de lo que esperaba -no se pueden desperdiciar.

-¿También te has creído esa mentira? ¿Quién te lo ha contado? ¿Tu esposo?- lo admito, he dicho lo último resentido.

-He leído los informes de los creadores, algunas materias primas no se han podido replicar artificialmente. Lo existente es finito. Es por eso que ya no hay muchas clases de alimentos.

-Eso es una mentira, fuera de los bordes que resguardan a todos los imperios el mundo ha florecido. Se ha recuperado del cataclismo.

-¿Qué? Eso nadie puede saberlo.

-El líder Daikoku una vez tuvo de misión salir de las fronteras para conocer el estado del exterior. No iba solo, le acompañaban algunos de los altos mandos de otros imperios y él cuenta que ya no es desértico y vacío, más allá del mar se ve el florecimiento de la tierra.

-Eso no garantiza que haya vida. Por lo que sabemos bien podríamos ser los únicos sobrevivientes en el planeta.

-Me cuesta trabajo creerlo. ¿Todo un mundo y solo nosotros?

Akane permanece callada un rato mientras andamos con cuidado por la orilla.

-¿Es por eso que necesitan el oro? Es para la creación de maquinaria más resistente ¿verdad?- pregunta de repente.

La miro con curiosidad, preguntándome que tanto sabe y que tanto de lo que sabe es real. Al menos debe ser más real de lo que yo sé. Alzo los hombros -solo sé que es para crear energía.

-No hay oro suficiente bajo el monasterio para lo que desean.

-En eso estas equivocada- respondo con cierto orgullo -yo mismo exploré un tramo de la mina y es basta Akane.

Me mira confundida -¿en verdad?

Asiento.

-Tal vez ambos tenemos solo parte de la realidad- dice antes de volver a quedarse pensativa lo que resta del camino a caballo.


Cuando llegamos hasta la parte del camino en la cual los caballos ya no pueden seguir reviso la brújula y me doy cuenta que ha pasado una hora y cuarto desde que salimos del monasterio.

-No falta mucho y solo espero que lleguemos antes de que regrese Shinnosuke- digo mientras marco de forma virtual el camino que debemos seguir.

-¿Podrás andar lo que falta?- pregunta Ranma cuando señala mi herida del brazo en el instante que la toco porque me ha dolido la tensión de llevar las riendas.

-Tendré que correr el riesgo ¿no?- me alzo de hombros mientras guardo la brújula de nuevo en mi bolsa.

Veo que se deshace de la parte superior de su traje, quedando solo con una camiseta cubriéndole, y comienza a romperlo para crear tramos largos de tela.

-Las cuerdas de las monturas de los caballos son gruesas y pueden volverse resbaladizas cuando se mojen- me explica en cuanto tomo las riendas de ambos caballos y comienzo a quitarlas.

-Lo imagine- respondo -se las estoy quitando para dejarlos en libertad, así si alguien los ve pueden pensar que se trata de caballos libres.

Me mira y mira a los animales -si ese es tu plan deberás ensuciar su pelaje un poco.

-Cierto- digo y de inmediato corro hasta la orilla del río buscando un poco de lodo para hacer lo que Ranma ha sugerido.

-Ven- me llama con la cuerda que ha creado y yo me acerco temblando.


Con cuidado rodeo la cintura de Akane guiando la cuerda improvisada también por su pecho. Admito que tiene bonita figura.

-¿Acaso te has sonrojado?- pregunta divertida y yo niego cuando desvío la mirada de la suya.

-Debe ser el calor de andar a galope- respondo y escucho que ella ríe mientras toma una de mis manos y la coloca sobre uno de sus pechos.

-Añoro que vuelvas a tocarme Ranma- dice con voz baja.

Trago saliva cuando veo mi mano sobre su seno y luego alzo el rostro para mirar a la figura femenina sonriente frente a mí.

-No te he contado todo- le digo en un arranque de sinceridad, no puedo seguir ocultándole mi matrimonio con Kaori.

-¿De qué hablas?- pregunta extrañada cuando suelto con pesar su cuerpo.

Admito que la sensación de su figura bajo mi mano fue agradable y ansío no tener que privarme de esto.

-Kaori es...

Se escucha de pronto un estruendo y yo sujeto a Akane contra mí al instante, acercándola de forma brusca y con fuerza pero ha sido solo por evitar que caiga al río.

-No otra vez, no de nuevo- repite aterrada cuando abre sus ojos y mira por encima de mi cabeza -no, no, no, no, no.

Giro mi rostro y veo dos gigantes de acero. Los que se suponía atacarían el imperio que opusiese resistencia.

-Esos dos monstruos- le digo a Akane –estoy seguro que se dirigen al Este.

-¿Al Este?- pregunta angustiada -debemos llegar al palacio lo más pronto para avisarle a Toma.

-¿El príncipe Toma?

Akane asiente repetidamente -es de vida o muerte Ranma, tu hermana está en el este con su prometido.

-¿Mi hermana?

-Ranko, tenemos que llegar- se suelta un poco de mi brazos para colgarse de nuevo el bolso con las provisiones.

-Yo guiaré el paso- le digo colocándola tras de mí mientras termino de amarrar el otro extremo de la especie de cuerda alrededor de mi cuerpo, luego me giro a verla -ten mucha cautela al pisar ¿entiendes? habrá piedras resbaladizas y tierra movediza que pueda zafarse.

-Tengo el entrenamiento Ranma, no tengas cuidado.

Y sin pensarlo mucho la tomo de la cintura, alzo su rostro y la beso. La beso como deseaba hacerlo antes, justo al instante que ella me miró en aquel pasillo oscuro en el Monasterio.

-Vamos- le digo separándola de mí y ella asiente, sonrojada y sin poder o querer mirarme a los ojos fijando su atención en sus pies.

Es tan linda que no puedo evitar suspirar. Y yo me siento tranquilo a su lado, como en los últimos tres años no me había sentido.


Me aferro al beso que me ha dado Ranma. Me aferro para no pensar en el peligro que corren Ranko y todos aquellos en el Este porque sé que Nodoka debe estar con ella y no puedo darme el lujo de preocuparme.

Me aferro a la caricia de Ranma sobre mi cuerpo porque no quiero imaginar que Shinnosuke llegue al palacio antes que nosotros e intente reclamarme como su esposa, como la emperatriz y la futura madre del imperio.

Me aferro a la idea de triunfar sobre todos, sobre Shinnosuke y los rebeldes pues ya hemos vencido a la muerte, Ranma está a mi lado y eso es en lo único que debo pensar por ahora.

Me aferro a creer en nosotros porque sino voy a perder la confianza de poder atravesar este camino sin caer y entonces todo este plan, toda esta maldita huida habrá sido para nada y mi corazón no soportará haber dejado atrás a mis compañeros de lucha a su suerte.

-Ten cuidado en esta parte Akane- me dice Ranma cuando se detiene y extiende su brazo para alcanzar mi mano.

-Sí- respondo dando un brinco para sujetar su mano y así poder pasar de un extremo al otro en la parte donde tenemos que atravesar el río.

-Es el último tramo, lo haz hecho muy bien- dice con cierto orgullo en su tono de voz.

-Te dije que podía hacerlo, soy más fuerte de lo que piensas.

-Imagino que sí.

Cuando por fin dejamos el tramo más peligroso puedo respirar con más calma y luego de rodear una colina veo a la distancia el palacio.

-Ahí esta- digo aliviada, casi a punto del llanto. Estoy cansada y preocupada.

-La última vez que lo vi fue cuando me pregunte si la nueva emperatriz estaría bien- dice Ranma con cierto rencor en su tono de voz mientras desata la cuerda de mi cuerpo y del suyo -ahora me siento culpable de no haber investigado más.

-No había forma Ranma- le digo mientras me aferro a sus hombros cuando me toma de la cintura para ayudarme a bajar de un tramo de la tierra -no lo sabías. No tenías idea de quien eras. Y de haberte visto podría haber cometido una tontería y ponerte en peligro.

Asiente.

-Y sin embargo ahora eres la esposa de un emperador- dice en voz baja y triste.

-Lo he hecho para protegerme, para proteger a mi familia y a la tuya y para, sin saberlo en ese momento, vigilar a Shinnosuke. Ganarme su confianza.

-Akane- dice mi nombre mientras me mira a los ojos.

-Vamos, prometo contarte el resto en cuanto lleguemos- decido no hablar más y reviso en la brújula el tiempo que hemos hecho.

Busco preocupada en el cielo algún indicio de la nave de Shinnosuke. Y nada.

-Parece que vamos a lograrlo- le digo contenta del prometedor panorama.

-Será mejor darnos prisa Akane- responde con formalidad.

Tomo aire y corremos hacia la muralla que rodea el palacio. Estoy segura que Taro debe haber llevado a la población civil a los refugios externos bajo tierra y me pregunto si Ryoga y Akari estarán con él. La última vez que hable con ambos fue cuando habían vuelto del Sur.

Estamos a tan solo unos cuantos metros que no puedo parar de mirar el cielo segura de que algo irrumpirá. Pero nada. Y ni yo puedo creerlo cuando atravesamos las pesadas puertas del palacio.

-¿Lo logramos?- pregunto entre jadeos -¿es verdad?

Ranma también está tratando de recuperar el aliento -tal parece- se agacha con la mano en el abdomen -tal parece que sí, hemos llegado en tiempo.

Lo miro asombrada -iré a buscar un localizador- le digo corriendo hasta el pasillo central que lleva a las escaleras de mi habitación -¡sígueme!- le grito sin detenerme.

-Yo voy justo tras de ti- responde y en efecto escucho sus pasos.

Me río, eufórica y feliz, tan feliz y dichosa.

Empujo la puerta de mi habitación y veo todo tal como lo he dejado. Corro hasta donde esta un comunicador y lo enciendo y llamo a Saffron.

-Saffron- le hablo cuando me siento en la orilla de la cama.

-Alteza- responde aliviado -creí que no llegarías en tiempo.

-¿Y Shinnosuke?

-Toma envió una alerta de que veían cerca del palacio un par de esos monstruos de metal. Shinnosuke era quien estaba más próximo y ha ido en su ayuda. Le he mentido, le he dicho que estabas con Rouge en los refugios subterráneos.

-¿El Este como se encuentra? ¿Han sido atacados?

-No he podido comunicarme con nadie del territorio. Pero no te preocupes, estoy seguro que es a causa de los monstruos.

-Eso espero.

Ranma llega hasta donde estoy y se sienta a mi lado.

-Kodachi no debe tardar en alcanzarte.

-Debería avisar a Taro.

-Sería mejor que no, espera a que hagas el reclamo de tu derecho por abandono. ¿Entiendes? Porque Shinnosuke volverá hacia ti en cuanto lo hagas y por ahora no tienes certeza de cual es la lealtad de sus hombres hacia el emperador y cual es hacia ti.

Afirmo, aún si él no puede verme -entendido- tomo aire pensando en el plan de escape de la gente que estaba en el monasterio -¿A dónde has llevado a los civiles ahora que no pueden ir al Este?

-Tranquila, estamos todos listos para movernos en cuanto sea posible. Por lo pronto seguimos fuera del monasterio.

-Llámame cualquier cosa ¿si?

-Sí, amiga mía.

Corto la comunicación y me dejo caer de espaldas sobre la cama.

Ranma se sienta a mi lado -¿y ahora que sigue?

Lo miro aún recostada –tengo que reclamar mi derecho al mando por abandono- respondo tragando saliva.

-¿Y entonces?

-Solo quedará esperar a que alguien responda mi reclamo.


Salimos de la lujosa habitación, Akane sigue llevando la delantera y por cada pasillo y cada escalera que recorremos un sentimiento de familiaridad se va a apoderando de mi mente.

-En esa parte- señala Akane el ala opuesta a donde nos encontramos –están las viviendas de los samuráis en entrenamiento.

-¿Nosotros también vivimos ahí luego de casarnos?- pregunto.

Akane suspira sin dejar de andar –nosotros vivíamos ahí antes de comprometernos, después casi pasábamos la mayor parte del tiempo en mi habitación y luego de tu nombramiento como capitán nos asignaron una de las casas que rodean el palacio. Era bonita, no muy grande pero acogedora. Pasamos poco tiempo planeando sus adecuaciones.

Se detiene entonces y mira por el enorme ventanal junto a nosotros.

-Pero nunca vivimos ahí ¿verdad?- me aventuro a preguntar.

Akane niega.

-No. Nadie ha vivido ahí.


No es momento para ponerme triste, lo que no pudimos disfrutar no significa nada en comparación con la vida que nos espera ahora juntos. Recuperaremos el tiempo y eso me da mucha felicidad.

-Es aquí- anuncio cuando me detengo frente las puertas del gran salón –debo entrar y sentarme en el trono. Luego abrir el panel lateral y proclamar mi derecho como emperatriz en abandono- digo mirando entonces a Ranma.

-¿Qué necesitas que yo haga?- pregunta cuando ve mi perturbación.

-Solo que estés ahí conmigo.

Ranma asiente y me ayuda a abrir las enormes puertas. Entramos, estoy nerviosa de lo que tengo que hacer. Bajo este concepto se considera traición, yo fui quien partió primero del palacio en un viaje personal y ahora que estamos bajo ataque y el emperador ha dejado el palacio esto podría tomarse a que he sido yo quien ha planeado todo para derrocarlo de su poder.

-Ranma- le llamo cuando me quedo petrificada frente al trono del emperador.

-¿Qué sucede?- pregunta al instante que se acerca hasta mí.

-Cárgame hasta el trono por favor, estoy tan nerviosa que no puedo… yo no…- no puedo dar un paso más.

-Tranquila- dice mientras me toma de forma nupcial –aquí estoy junto a ti.

Lo miro fascinada mientras me lleva hasta la enorme silla de madera y metal adornada con telas de la región en diseños bordados con imágenes icónicas.

-Te ves más grande- le digo cuando paso mis dedos por su mejilla y él sonríe.

-Quieres decir que me veo viejo ¿es eso?- sonríe más y un par de arrugas diminutas se forman en la comisura de sus labios.

-Pero te sienta bien- respondo mientras me coloca sobre el sitio donde le he pedido me llevara –éramos muy jóvenes cuando nos casamos, seguro también pensarás que ya no me veo de 18 años.

Alza un hombro –solo sé que te ves preciosas y que eres mucho más linda que en mis sueños.

Tomo aire –ya me siento más valiente- sonrío.

-Haz lo que tienes que hacer Akane- me dice con fortaleza en sus palabras mientras desciende de la plataforma.

Cierro los ojos. Inhalo. Exhalo. Y entonces presiono uno de los botones ocultos del lado derecho del trono.

Abro los ojos y frente a mí aparece una pantalla que muestra mi rostro sucio y cansado.

Exhalo -leales súbditos, nobles samuráis del imperio del Centro, connacionales altezas imperiales del Sur, del Este y del Norte. Dignos Creadores. Venerado Lama. Me presento ante ustedes, la emperatriz Akane Kusao del imperio del Centro para reclamar mi derecho al trono como propio por el abandono del emperador Shinnosuke Kusao.

Contemplo mi rostro con cada palabra que digo y puedo ver de reojo el asombro en Ranma cuando termino mi reclamación.

-Les pido su apoyo mis hermanos emperadores para reconocer mi derecho por matrimonio.

Una vez que he enviado el mensaje apago la pantalla.

-¿Y ahora?

-Esperar- respondo mientras me levanto –puede tomar un rato y mientras Kodachi ya viene en nuestro encuentro para protegerme- alzo un hombro –no quiero que los samuráis que están cuidando a los civiles de la región descuiden lo que hacen por venir a mi. El ejercito de Kodachi es ahora mayor por los hombres que estaban también con su hermano.

-Tatewaki quiere el poder- dice sin más Ranma.

-¿Qué?

-El emperador del Sur es hermano de la emperatriz Kodachi ¿cierto?

Asiento.

-Él ha estado ayudando a mi… al líder Daikoku

Camino hasta donde está –déjame cambiarte ese vendaje- le digo cuando tomo su mano para revisar.

-¿Acaso no entiendes que Kodachi también puede estar de su lado?

Miro a Ranma –Kodachi no haría algo así, ella es quien me ha ayudado a convertirme en la emperatriz que debía ser.

Ranma baja su rostro y pega su frente a la mía, acaricia mis mejillas con sus manos –no puedo perderte de nuevo- susurra cerrando los ojos –hay muchas cosas que no logro comprender pero tenerte a mi lado es lo único que le da sentido a toda la neblina en mi cabeza.

Alzo mi rostro para besarlo y nuestros labios se funden con desesperación en una caricia brusca.


Es una necesidad primaria. Mis manos toman a Akane de la cintura y con cuidado la recuesto sobre el piso de madera mientras ella corresponde a mis acciones quitándome la camiseta que llevo puesta.

No puedo parar de besarla, beso su rostro, beso su mandíbula, beso su cuello y ella suspira. Su pecho se agita bajo mi cuerpo y eso me emociona sobre manera.

Mis dedos desabotonan la larga tira que cierra su traje y cuando abro la tela, con cuidado de no lastimar su hombro herido, me deleito con sus pezones erectos bajo la delicada prenda que los cubre.

Mi desesperación me lleva a querer tocarlos y desvío la suave cubierta hacia abajo mientras mi boca desciende hasta poder introducir uno de ellos entre mis dientes. Cierro los ojos embriagado por la textura de su rígido pezón en mi lengua, es mucho más suave de lo que imaginé. Mi boca succiona y Akane arquea su espalda al instante gimiendo.

-¡Ah!

Sus dedos se funden en mi cabello, masajeando mi cabeza sin que ella deje de moverse bajo mis caricias descuidadas y torpes, mis manos tan necesitadas de tocarla desesperadas viajan por toda su piel.

No puedo más, siento la presión de mi miembro dentro de la ropa así que de una u otra manera consigo deshacerme del pantalón, por lo que tengo que abandonar su pecho un instante.

Cuando miro a Akane la veo sonrojada, agitada, respirando de manera irregular pero también deshaciéndose de su vestimenta. No puedo dejar de verla a los ojos y ella tampoco despega su mirada de la mía.

En el momento que quedo libre y Akane igual la sujeto de nuevo de la cintura y sin más la penetro.

Ella grita y yo la imito placenteramente. Se retuerce bajo mi agarre y mueve su cadera de arriba hacia abajo acariciando con su interior mi miembro.

-Eres deliciosa- le digo al oído cuando comienzo a balancearme dentro de ella.

-Ranma, Ranma ¡Ah!- dice mi nombre mientras sus manos se aferran a mis antebrazos que se encuentran a cada lado de su cuerpo –te extrañe tanto, deseaba tanto que me hicieras el amor. ¡Oh! ¡Ranma!

La beso, con tanta pasión y tanta dulzura al mismo tiempo sin dejar de moverme dentro y fuera de ella. Es tan satisfactorio que pienso que estoy soñando, que todo esto no es más que un cruel juego de mi mente.

-¡Ah!- gime de nuevo entre cada uno de los embistes de mi lengua y mi cuerpo.

Sus manos se aferran a mi espalda y la tensión nos llena a ambos sin poder parar de movernos.

-Te amo Akane- le digo cuando siento la culminación de nuestra pasión –te he amado siempre y te seguiré amando aún después de la muerte.