-Gracias por venir...- El despacho de Hayashi estaba más limpio y ordenado que de costumbre. Yuki había llegado con su expresión habitual de aprensión. Se sentó frente a su jefe, que parecía mucho más relajado que la última vez.

-Creo que es obvio cuál es nuestro próximo plan...- sentenció Hayashi ofreciéndole un cigarro a su interlocutor, que lo aceptó con manos temblorosas...-Sin embargo, no logré obtener mucha información de la ladrona. Solo un rumor de que se le ve muy seguido en la capilla de Santa Paula, del convento de la Orden Paulina de esta ciudad.- carraspeó. Tendremos que averiguar que es lo que hace rondando en aquel lugar tan seguido. Quizás sea su escondite o su base de operaciones. Extraño para una ladrona escoger como guarida una iglesia, no lo crees?...-

-Iré esta misma noche, como acordamos...-respondió Yuki sin parpadear. Hayashi sonrió con sus amarillentos y desiguales dientes.- Y yo iré mañana...-terminó el hombre barbado.- Tarde o temprano encontraremos algo. Estoy seguro de que no tarda en haber un robo de parte de esa mujer. Y la atraparemos con las manos en la masa.

-Solo me queda una duda, Isamu.- titubeó el detective flacucho.- Saben los detectives de Seika de que estamos siguiendo las pistas de la ladrona?.- El aludido hizo un gesto de confianza y despreocupación.

-Hay un gran caos en el departamento de detectives en esta mismo momento. Un escándalo de acoso sexual de parte del capitán. La bomba esta a punto de estallar ante los medios, que no dejan de presionar a la policía. Eso me ha venido de perlas para convencer al sargento de colaborar con la investigación de la ladrona. Asuka no se enterará, puesto que el defiende la inocencia del capitán por su amistad de muchos años con él. Y mucho menos sabrá su hijo que estamos interviniendo en la investigación que el estúpido alcalde le encomendó. El sargento no cree en la inocencia del capitán. Y yo tampoco. Conozco bastantes oficiales a las que acosó e incluso se quiso hacer el gracioso hace años con mi ex esposa en una cena del comisionado. No estamos rompiendo ninguna norma, ya que el sargento de detectives es quien autoriza a los detectives privados colaborar con las investigaciones, no el capitán...pero este hueco nos ha venido muy bien...- se rió con una carcajada estentórea.

-¿Entonces, podremos resolver este caso?- Los ojos de Yuki brillaban como los de un ratón curioso. Isamu resopló de disgusto.

- Hay aún un problema. El hijo de Asuka va a seguir tras la pista de la ladrona. Debemos tener cuidado. No me agradaría tener que usar medidas drásticas para quitarlo de en medio, así que debemos ser lo mas cautelosos posible. No debe saber que hay más detectives tras su caso. Parece un muchachito muy listo y tenaz para su edad según los informes que obtuve, aunque sigo sin creerme que el alcalde confíe en él...-

La misa de aquella tarde concluyó sin mayores aspavientos ni interrupciones en la capilla de Seika, mientras un cielo rojo cubría con su manto los techos de Seika. Un pequeño grupo de personas salía por el atrio de la iglesia. . Había sido un día tranquilo en la escuela, le había presentado a Meimi a Taro, su nuevo amigo. Ambas chicas admiraron la vasta y hermosa galería de dibujos a lápiz del muchacho, quien a pesar de habérselas mostrado a regañadientes, parecía estar sintiéndose un poco más cómodo en la compañía de las chicas, sobre todo con Seira, a quien no dejó de mirar con interés, aun cuando la joven novicia se sonrojaba y miraba hacia otro lado cada que sus ojos se cruzaban con los del chico. No podía negar que el joven le caía cada vez mejor, y que el entusiasmo que mostraba cuando dibujaba era contagioso y enternecedor.

De manera anómala, una persona entró a la iglesia a contracorriente del resto de las personas. Las velas encendidas iluminaban la capilla. Seira oyó como tocaban la campana de su confesionario.

-Adelante.- musitó.

-Hermana, vengo a confesarme.- La monja corrió la cortinilla para descubrir a su interlocutor. Reconoció al hombre de aspecto respetable que había visto hacía varios días en la capilla y que le había exigido confesión. Sin embargo, esta vez parecía mucho más tranquilo de lo que lo había visto la última vez que había hablado con él.

-Habla. Te escucho. El Señor iluminará tu camino. En que puedo ayudarte?- contestó tenuemente la monja.

-He sido un idiota. Estuve tantos años viajando y me olvide de él. Por qué no lo salvé cuando pude?-

-¿Qué ocurre?- La novicia estaba serena. El hombre se notaba bastante triste y alterado.

-Mi...hermano...- Ha muerto. Debí haber enmendado las cosas con él. Fue mi culpa...-

-Pero de qué habla? Por favor, necesito saber más detalles...- El hombre no dijo más. Unos minutos de silencio tenso, la voz del sujeto se alzó de nuevo.-

-Espero que el Señor pueda perdonarme...- carraspeó el individuo,

-El Señor ya te ha perdonado, hijo mío.- susurró Seira.- Desde que has cruzado esta que es su morada, te ha bendecido con su divino amor. Puedes marchar en paz.- El hombre salió del confesionario. La novicia no tenía ganas de decirle nada que lo hiciese sentir mal. Justo cuando el sujeto había desaparecido, Seira reparó en que alguien había dejado un bello racimo de rosas justo afuera de su arcón de madera. Una nota escrita con una caligrafía bastante pulida rezaba:

-Para la adorable Seira Mimori.-

Un escalofrío recorrió la columna de la chica. No estaba acostumbrada a ese tipo de detalles, que aunque inocentes, la hacían sentirse sumamente avergonzada. ¿Habría sido Taro quien le había dejado aquel ramo de flores? Podría ser una posibilidad ya que al muchacho no se le daba bien relacionarse con las personas. Tomó las rosas y las colocó en uno de los floreros de la capilla. Si había sido Taro, debía hablar con él, al día siguiente. Le aclararía que, penosamente, a ella no le agradaban esa clase de sorpresas anónimas. Marchó camino a casa, una hora más tarde, mientras el detective Yuki Nigata la observaba en la distancia, desde su auto...