JAIME
Un soplo de viento del este le revolvió el cabello enmarañado. Oía el canto de los pájaros y veía el arroyo fluír junto al camino, mientras que los rayos de Sol acariciaban su rostro pálido por el cautiverio. Después de tanto tiempo en la oscuridad, el mundo era tan hermoso que Jaime se sintió abrumado.
Estoy vivo y ebrio deluz- Se dijo soltando una carcajada.
Silencio- Refunfuñó Brienne, con el ceño fruncido.
Siempre tenía el gesto torcido, aunque lo ciertamente ese gesto era mucho más apropiado para su rostro ancho y basto que una sonrisa. Se entretuvo imaginándose a la moza con un vestido de seda, de esos que tanto le gustaban a Cersei. Sería lo mismo vestir de seda a una vaca que a esta mujer- Pensó.
Mi señora, ¿Pensáis protegernos a los tres desde aquí hasta Desembarco del Rey? Quitadme al menos las cadenas-
Llevaréis las cadenas, Matarreyes-
¿Créeis poder derrotar vos sola a un regimiento de norteños, moza?
Me llamaréis Brienne, no moza-
Y vos me llamaréis Jaime, no Matarreyes-
¿Negáis haber matado a un rey?-
¿Y vos negáis vuestro sexo?- Dijo Jaime sonriendo- Además, pude escuchar a los carceleros hablar de como matásteis a Renly, de modo que aquí ambos somos Matarreyes-
No le hice ningún daño a Renly- La moza volvió a fruncir el ceño- Mataré a todo hombre que diga lo contrario-
Muy bien, comenzad con la guanición de Aguasdulces. Sin duda podríais dar un giro a la guerra. Y aún os quedarían muchos por matar, a juzgar por lo que se cuenta-
Mentiras- Respondió Brienne- Había una sombra... Mucho frío... Las velas parpadearon... Y de pronto todo se llenó de sangre-
Vaya, qué bien- Jaime se echó a reír- Debo admitir que sois más ocurrente que yo. Cuando me encontraron junto al Rey que maté podría haber dicho... No, no fui yo. Fue una terrible sombra fría que hace parpadear las velas. Venga moza, decidme, de Matarreyes a Matarreyes. ¿Quién os pagó? ¿Fue Stannis? ¿O tal vez los Stark? O fue que estábais sangrando. No se le debe dar una espada a una mujer cuando está en esos días...
Vamos Ser Jaime, sed más cortés- Dijo Dany- Le debo la vida a Lady Brienne.
Y siempre le estaré agradecido por habérosla salvado-
Jaime se giró para mirar a Daenerys, que cabalgaba detrás de ellos. La larga cabellera de color plateado caía sobre sus hombros, resaltando aún más su delgada figura. El Lannister sonrió tras encontrarse con la mirada de la joven. Esos ojos color violeta era lo más especial que había visto nunca.
Las palabras de Daenerys consiguieron calmar las ganas de confrontación de Jaime. Al principio disfrutaba haciendo enfadar a Brienne, pero ella cada vez era más susceptible y él estaba más cansado de discutir. El Lannister comenzó entonces a recordar. Comenzó por la noche de su fuga, de la que apenas tenía una idea, porque Lady Catelyn lo había emborrachado a base de vino para sacarle información. Pero sí recordaba el juramento que había hecho... Devolver a las niñas Stark con su madre y jamás volver a alzar la espada contra su familia...
El Lannister se volvió a girar para mirar de nuevo a Dany. ¿Y qué hay de ella?- Se dijo. Jaime sabía que la joven no tenía la menor intención de viajar hasta Desembarco del Rey y seguramente les delataría si tuviese la oportunidad. Si hubiese sido otra persona, habría convencido a Brienne de que la dejasen a su suerte rodeada de bandidos, pero ella era especial. Jaime no sabía por qué, pero le despertaba algo en su interior que creía dormido desde que mató a Aerys.
Siguieron cabalgando en silencio durante el resto del día, un silencio únicamente roto por Jaime, que pedía inútilmente que le dejasen cabalgar con el caballo suelto. Brienne había atado el caballo de Jaime al suyo, lo que impedía que el Lannister se alejase más de dos metros. El Lannister habría preferido cabalgar junto a Daenerys, que ofrecía una conversación interesante, al menos mucho más interesante que Brienne. En cualquier caso, siguieron su camino hasta que divisaron una posada, donde decidieron pasar la noche.
Brienne se encaminó convencida hacia la posada, pero Jaime la detuvo.
Aguardad, moza- Dijo en voz baja- ¿Qué créeis que pensará el posadero si en su posada entran una mujer enorme con armadura, un hombre encadenado y una joven de pelo plateado y ojos de color violeta?-
No voy a...- Comenzó Brienne.
A quitarme las cadenas, lo sé- El Lannister leía la mente de Brienne como si fuese un libro abierto- Pero al menos debemos cubrir el cabello de su majestad... Si ella me lo permite-
Daenerys no dijo nada, se limitó a sacar una larga toga con capucha que se puso para tapar su larga melena. Una vez lo hubo hecho, los tres caminaron hasta la puerta. Cuando estaban a pocos pasos, esta se abrió de un golpe y un joven de no más de quince años con una ballesta apuntando directamente a Jaime.
¿León, pez o lobo?- Preguntó el chico.
Preferiríamos un capón- Respondió Jaime- La ballesta es un arma de cobardes-
Pero igualmente atravesaría vuestro corazón con un movimiento de mi dedo-
Quizá- Respondió Jaime- Pero antes de que volvieras a cargarla esta moza hará que las tripas se te derramen por el suelo-
No asustes al chico- Intervino Daenerys, dedicando por primera vez una ligera sonrisa a Jaime.
Es aún más hermosa cuando sonríe...- Pensó fugazmente el Lannister.
No queremos hacerte ningún daño- Dijo Brienne dando un paso adelante- Tenemos monedas para pagar comida, bebida y alojamiento-
Brienne mostró su bolsa al chico que bajó unos palmos su ballesta, y después se fijó en los grilletes de Jaime.
¿Y tú por qué llevas cadenas?- Preguntó alzando de nuevo la ballesta.
Porque maté a varios ballesteros- Respondió Jaime- ¿Tenéis cerveza?-
Sí...- Respondió el chico que se hizo a un lado para dejarlos pasar- Pero quiero que entréis desarmados-
Brienne dejó sus armas en las alforjas del caballo y los tres entraron en la posada. El cocinero, gordo y con el rostro picado de viruelas salió a su encuentro.
¿Sois tres?- Preguntó el hombre- Tenemos un cordero muy bueno, asado con hierbas, y unos patos que ha cazado mi hijo. ¿Qué os pongo?-
Las dos cosas- Respondió Jaime.
¿Querréis también unas jarras de cerveza?- Preguntó el hombre- Y me imagino que también querréis una habitación-
Sí, sois muy amable- Intervino entonces Brienne.
Los tres siguieron al posadero hasta el interior de la posada. Era cálida y acogedora. Se sentaron en una mesa que había junto a la chimenea, que ya estaba encendida. Jaime se dejó caer en el banco y estiró las piernas todo lo que pudo. El tintineo de las cadenas acompasaba todos sus movimientos. Detesto este sonido- Pensó.
El posadero entró en la cocina para preparar el cordero y los patos. Mientras esperaban, una mujer bajita y regordeta, que debía ser la esposa del posadero, entró en la sala con dos jarras de cerveza.
A Jaime le molestaban enormemente los grilletes. Incluso para coger una buena jarra de cerveza tenía dificultades. El posadero entró de nuevo en el salón, con un plato de tortas de avena con manteca de cerdo.
El cordero y el pato están recibiendo el último golpe de calor, no tardará mucho- Dijo mientras cogía una silla y se sentaba con ellos.
¿Qué noticias hay de Aguasdulces?- Preguntó Brienne.
Aquí no estamos muy al tanto de las últimas noticias- Respondió el posadero- ¿A dónde os dirigís, mis señores?-
A Desembarco del Rey- Contestó de nuevo Brienne-
Entonces sois tres tontos- Respló el anfitrión- Lo último que he oído es que Stannis está a las puertas de la ciudad con un ejército de cien mil hombres y una espada mágica-
Jaime agarró las cadenas con las dos manos y las apretó con todas sus fuerzas, deseando tener poder suficiente para romperlas. En cuanto me libere de estos grilletes le enseñaré a Stannis por donde puede meterse su espada mágica- Pensó. Se fijó en que Dany le miraba con atención.
Y también haríais bien en alejaros del Camino Real- Intervino de nuevo el posadero- He oído que está lleno de maleantes aprovechando los tiempos de guerra.
Miserables- Dijo Brienne- Gente como esa no se atrevería a atacar a caballeros armados-
Disculpad mi señora- El posadero no dejaba de hablar- Pero solo veo a un hombre encadenado y a dos mujeres.
A la moza le molesta que le recuerden que no es un hombre- Pensó el Lannister al ver como Brienne apretaba los dientes.
Disculpad mi señor, pero estamos cansados y tenemos hambre- Intervino Daenerys al ver que el posadero estaba tocando temas sensibles- ¿Sabéis si aún falta mucho para que esté lista la cena?-
Oh no...- El hombre se levantó como un resorte- Ya debería estar listo... Sï, ya debería estar-
El posadero corrió a trompicones hacia la cocina- Estúpido... Este lleva muchos años sin que le hable una joven tan hermosa como mi compañera de travesía- Pensó Jaime.
A los pocos minutos el hombre salió de la cocina con una gran bandeja de cordero asado, seguido por el chico de la ballesta, que traía otra con los patos. Jaime disfrutó de la cena más que nunca. Llevaba demasiado tiempo alimentándose de pan duro. El cordero estaba tierno y jugoso, al igual que el pato, asado con frutos y casi sin grasa. Los tres comieron gustosamente hasta quedar saciados. Al terminar los tres se dirigieron a la habitación que ya les habían preparado. Jaime se dejó caer sobre la cama. Cuánto tiempo sin dormir en una cama- Se dijo el Lannister. Pero cuando ya estaba listo para echarse a dormir, Daenerys le toco el hombro, haciendo un gesto para que la siguiese. El Lannister se levantó resignado, aunque sorprendido en cierta medida. Siguió la plateada cabellera hasta el exterior de la posada. La oscuridad reinaba ya en el exterior, y ambos quedaron iluminados por el tenue brillo de la luna.
Oye todo esto es muy romántico, pero os aseguro que no es el momento- Dijo Jaime con su habitual sarcasmo- ¿Sabéis cuanto llevo sin descansar en un buen lecho?-
Ahora soy yo la que tiene una conversación pendiente con vos- Dany no sonreía.
¿De veras? No podría esperar a mañana. La moza se puede asustar si ve que no estoy a dos metros de su enorme trasero-
Basta de ironías- La seriedad con la que hablaba la joven hizo que Jaime se acordase de que por sus venas corría la sangre de los Targaryen- ¿Por qué me tratáis diferente al resto? ¿Es porque queréis mi perdón?-
¿Para esto me habéis hecho salir de la cama? ¿Qué tenéis vos que perdonarme? ¿Os he hecho algo acaso?-
Habéis hecho daño a otros. A aquellos a quienes jurasteis proteger, a los débiles, a los inocentes y...
Y... ¿A vuestro padre- Siempre es lo mismo, se dijo Jaime- No intentéis juzgarme por aquello que no conocéis-
¿Por qué hicísteis el juramento?- Preguntó Daenerys con un ligero temblor en la voz que hizo ver a Jaime que estaba encolerizada- Por qué jurásteis proteger al rey si teníais intención de traicionar vuestra palabra?-
¿Por qué?... Era un niño, tenía quince años, era un gran honor para alguien tan joven...
No me toméis por tonta, no soy una niña- Respondió Daenerys- Quiero la verdad-
No te gustaría oír la verdad-
¿Que no me gustaría?- Daenerys estaba al borde de las lágrimas, lo que incomodó a Jaime- Tengo derecho a saber por qué murió mi padre-
Tu no sabes como era Aerys Targaryen...-
Mi padre estaba loco- Lo interrumpió Dany sin escucharlo- y era cruel, nadie lo niega. Pero era tu Rey, y juraste protegerlo-
Se lo que juré-
¿Entonces por qué lo mataste?-
Jaime estaba empezando a perder la paciencia. Me juzga... Como hacen todos- Pensó.
No voy a hablaros de Aerys aquí y ahora- Dijo el Lannister queriendo terminar la conversación- Me voy a dormir, alteza, y vos deberíais hacer lo mismo-
Jurásteis por los dioses y los hombres que protegeríais al rey...-
No os preocupéis, a los dioses no les importa- Respondió el Lannister girándose una última vez- Ellos han derramado más sangre que todos nosotros juntos-
Y con esas palabras entró de nuevo en la posada. Se dejó caer sobre la cama y, con los ojos cerrados, escuchó a Daenerys hacer lo mismo. Esa noche soñó con Aerys. Lo tenía a sus pies, muerto, y en su mano la espada cubierta de sangre. Entonces entraba Eddard Stark, que le declaraba culpable con solo mirarlo. ¡Tú tampoco tienes derecho a juzgarme, Stark! ¡Ni siquiera tú puedes hacerlo!- le gritaba.
Brienne lo despertó clavándole la bota en las costillas.
Buenos días moza- Dijo el Lannister aún dormido- Vos siempre tan dulce-
Pero estaba equivocado, puesto que aún quedaba mucho para que llegase la mañana. Desayunaron tortas de avena y unas pocas zarzamoras en el salón de la posada, en silencio, y volvieron a montar en los caballos cuando aún no había salido el Sol. Aún les quedaban dos días a caballo del camino Real y aún cuando llegasen les quedarían varias jornadas hasta alcanzar Desembarco del Rey. Esa mañana atravesaron una zona cubierta de arroyos. Estos bajaban crecidos con las aguas del otoño, así que tenían que bordearlos en busca de vados por los que poder cruzar. Más tarde pasaron junto a una enorme poza de agua.
Cansado del silencio Jaime comenzó a cantar una canción.
And who are you? The proud lord said, that I must bow sow low...- Entonó Jaime.
¿Qué hacéis?- Preguntó Brienne.
¿Estoy cantando Las lluvias de Castemere. Seguro que la conocéis, narra la masacre que sufrió la casa Reyne cuando desafió a mi padre-
Callaos- Ordenó entonces la enorme mujer.
Lo más habitual cuando alguien quiere pasar desapercibido es no llamar la atención- Dijo Daenerys en un tono más tosco que el habría empleado antes de su conversación de la noche anterior.
Y ahora me diréis que no os gustaría que vuestro caballeroso rey apareciese para volver a meterme en una celda- Jaime se giró para mirar esos ojos violetas mientras hablaba.
Si no guardáis silencio tendré que amordazaros, Matarreyes- Intervino Brienne
Quitadme los grilletes y permaneceré callado todo el camino hasta Desembarco del Rey. ¿No es un trato justo, moza?-
¡Brienne! ¡Me llamo Brienne!-
Una bandada de pájaros salió volado, sobresaltados por el ruido.
¿Os apetece un baño, Brienne?- Dijo el Lannister echándose a reír- ¿Y a vos alteza? Ahí tenéis una poza. Yo mismo os enjabonaré la espalda-
Ninguna de las dos respondió. En lugar su lugar la moza picó espuelas para poner el caballo al trote. Cabalgaron a través de un gran campo de trigo antes de volver de nuevo a una zona boscosa. Jaime detuvo su caballo al ver algo en el suelo.
Mirad eso- Dijo señalando unos cadáveres- Su ropa es de color escarlata-
El Lannister bajó de su caballo y se acercó a los cuerpos. Empujó uno de ellos con el pie para darle la vuelta y ver su rostro.
¿Qué hacéis?- Preguntó Brienne- Volved a vuestro caballo-
Quiero ver si le conozco- Dijo fijándose en la espada que llevaba el cadáver- Me quedaré su ropa y su espada. Así podremos turnarnos las guardias-
Montaréis guardia sin armas- Dijo la mujer bajando de su caballo- Y me llamo...
Brienne, sí, lo sé. Os juraré no causaros daño si eso calma vuestro miedo- El Lannister desabrochó el cinturón del muerto.
Vuestras promesas no tienen ningún valor. También jurásteis proteger a Aerys- Dijo Brienne desenvainando su espada- Soltad ese cinturón-
Jaime estaba harto. Harto de su desconfianza, harto de insultos, de desprecios, de su rostro aplastado, de sus dientes torcidos. Se iba a quitar de enmedio a esa moza. Sin hacer el menor caso a sus amenazas, agarró la empuñadura de la espada con ambas manos y la sacó de su funda. Apenas hubo salido la hoja de la vaina, Jaime ya la giraba, chocando contra el acero del arma de Brienne con un clamor espantoso. Daenerys solto un grito.
Muy bien, moza- Dijo riéndose.
Dame la espada, Matarreyes-
Ahora mismo-
Se puso en pie de un salto, y la espada pareció cobrar vida en sus manos cuando lanzó una estocada. Brienne dio un paso atrás para detenerla, pero al instante Jaime ya estaba soltando otra, y otra, y otra más.
Los grilletes no me dejan manejar la espada, es demasiado peso, y tengo que manejar una espada corta con las dos manos...- Pensó el Lannister. Pero aún así me basta para poner fin a la vida de la tal Brienne de Tarh.
Golpes altos, golpes bajos, estocadas... Hizo caer sobre ella una lluvia de acero, que la mujer detenía con dificultad. Donde no bloqueaba con la espada, se protegía con la armadura. El Lannister se detuvo para coger aire. Le pesaban mucho las manos, y sentía débiles las piernas después de no usarlas durante meses.
No está mal- Reconoció- Para ser una moza-
Brienne respiró profundamente, mientras lo miraba con desprecio.
Tirad la espada y no os haré daño, Matarreyes-
Como si pudieras...- Jaime empezaba a estar agotado.
Volvió a hacer girar la espada por encima de su cabeza, pero alguien le empujó por detrás, haciendo que perdiese el equilibrio, momento que aprovechó Brienne para abalanzarse sobre el y tirarle al suelo.
¿Alteza, por qué habéis hecho eso?- Dijo sarcástico mientras Brienne le arrebataba la espada- Si queríais que soltase la espada solo teníais que pedírmelo-
Daenerys se había acercado por su espalda para detenerlo sin que se diese cuenta. Ahora no volveré a tocar una espada hasta que no llegue a Desembarco del Rey...- Pensó. Pero de pronto se dio cuenta de que el bosque se había llenado de bandidos. Aparecieron detrás de Daenerys. Se fijó en que eran hombres de muy distinta procedencia, bien armados y habituallados. La Compañía Audaz- Pensó el Lannister.
Tengo un centenar de venados- Dijo Brienne a los bandidos que se acercaban.
Os agradezco que seáis tan generosa, mi señora. Pero vendréis con nosotros. Especialmente vos, preciosa- Dijo un hombre gordo y desnarigado mirando a Daenerys.
Jaime se puso en pie para interponerse entre Daenerys y el hombre.
¿Sabéis quien soy?- Preguntó Jaime serio, sin rastro de su habitual tono de burla.
Sé quien sois, admito que sois inconfundible- Contestó el hombre- A mi me llaman Urswyck el Fiel-
Si me conoces, Urswyck, sabes que tendrás una buena recompensa si me entregas en Desembarco del Rey. Los Lannister siempre pagamos nuestras deudas. En cuanto a mis dos acompañantes, vendrán conmigo-
¿De veras?- Preguntó con una sonrisa- Que afortunado me siento-
Ya me has oído. ¿Dónde está tu jefe?-
A pocas horas de camino. Estará encantado de recibiros-
Iremos con vos entonces- Respondió Jaime- Quitadme estas cadenas-
Urswyck se rio al escucharlo.
¿He dicho algo gracioso?-
Hemos escogido bando en la guerra- Respondió el bandido- Ahora servimos al Rey en el Norte-
Sin mediar palabra, los ataron y los llevaron a pie hasta su campamento. Miró a Daenerys, la cual no aparentaba sentir temor. Querrán violarla, uno tras otro, durante toda la noche, pero no parece asustada- Pensó Jaime. La sangre del dragón...
