JAIME

Despertó cuando aún no se había asomado el Sol. Le había costado descansar, quizá debido al ajetreado día anterior. Jaime se sentía cómodo frente a su ejército, con la armadura puesta y la espada en la mano, no le gustaba la política y todo lo que la rodeaba. Pese a todo, había intentado no mostrarse dubitativo en ningún momento.

Se permitió quedarse unos minutos más bajo las mantas, reflexionado. Giró la cabeza hacia el lado izquierdo de la cama, donde la noche anterior había estado Daenerys. Se dio cuenta de que la joven Targaryen era el centro de todos sus pensamientos. No se iba a engañar a sí mismo. Si estaba en Invernalia, era por ella. Había dejado Desembarco del Rey, la Guardia Real... Había dejado incluso a Cersei para atravesar los Siete Reinos solo por ella.

-Necesito despejarme- Se dijo. Se quitó las mantas de encima y se acercó a la ventana. Había dejado de nevar, por lo que Jaime decidió ir a dar un paseo. Salió de su habitación, bajó hasta el Gran Salón y atravesó la sala en dirección al exterior. Fuera no había nadie, exceptuando a los pocos guardias que se acurrucaban entre las grandes capas de piel intentando calentarse. Caminó en dirección al Bosque de los Dioses, que estaba en uno de los extremos del castillo.

Jaime tuvo que admitir que el lugar era especial. Los grandes árboles crecían muy juntos, robles imponentes, árboles extraños de un color verde intenso, grandes secuoyas... El Lannister anduvo largo rato sin un rumbo fijo hasta llegar a un pequeño claro junto a un arroyo donde se detuvo a descansar.

Las primeras luces del alba se colaron entre las copas de los árboles, proyectando sus sombras sobre las aguas cristalinas. Jaime cerró los ojos y respiró hondo. Pudo escuchar entonces el canto de los pájaros y el fluir de los arroyuelos mientras llenaba sus pulmones con el aroma de las flores. Así que esta es la tranqulidad del Bosque de los Dioses- Pensó.

Le llamó la atención una piedra de afilar que había en el suelo. Es posible que sea...- El Lannister tardó poco en atar cabos. Estaba en el mismo lugar al que solía retirarse Ned Stark. Apretó la piedra con tanta fuerza que casi se hizo sangre. Pese a todo el tiempo que había pasado, Jaime no había olvidado la mirada de desprecio de el Señor de Invernalia. Así que este era tu santuario...-

Se puso en pie para investigar más a fondo el lugar. A pocos pasos se alzaba un gran arciano. La madera del viejísimo árbol era blanca como el hueso, y sus ojas de un color rojo oscuro. En el tronco había una cara tallada, con rasgos tristes y ojos granates. El Lannister se dejó caer junto al tronco del árbol. Se percató entonces de que Tyrion Lannister se acercaba con su contoneo característico.

Jaime Lanister en el Bosque de los Dioses de Invernalia- Exclamó con una carcajada- Si ahora apareciese Aegon Targaryen a lomos de Balerion el Terror Negro casi ni me sorprendería-

Tienes un talento especial para aparecer en el peor momento-

Querido hermano, me ofendes- Tyrion rió- Yo nunca rechazaría tu compañía-

El enano se sentó junto a Jaime con torpeza.

Sabes como tratar a las mujeres, ¿verdad?- El menor de los hermanos Lannister comenzó a parlotear- Palabras cariñosas, caricias suaves... Claro, yo también soy bueno con las palabras, pero tú eres un poco más alto-

Tyrion... ¿Qué quieres?-

¿Es que no me vas a contar cómo te fue con la chica Targaryen?-

Jaime trató de esconder su sonrisa.

¿Y esa cara de bobo?- Tyrion soltó un bufido- La hija de Aerys ha ablandado el corazón del Matarreyes-

Cuidado...- Respondió frunciendo el ceño.

¿Así que es verdad?- El enano se echó a reir de forma descontrolada- Tengo... Tengo que admitir que me gusta más que nuestra hermana-

Jaime no respondió. Se limitó a juguetear con la piedra de afilar que había encontrado. Pasó largo rato analizando cada una de las delgadas marcas que había dejado la hoja de Ned Stark en el oscuro material mientras escuchaba a su hermano parlotear sobre mil temas distintos. Y más tiempo aún habrían compartido si no les hubiera interrumpido uno de los guardias del castillo, avisando de que el joven señor solicitaba su presencia en la reunión del consejo.

Los notables de la fortaleza aguardaban sentados alrededor de la gran mesa de piedra. Jaime se sentó en uno de los laterales, a la derecha de Daenerys, que sonrió al verle.

Os estábamos esperando- Dijo Bran apenas se hubieron sentado- Había empezado a perder la paciencia-

No sabéis cuanto lo lamento- Dijo Tyrion en su habitual tono burlón- Pero debéis saber que la paciencia es una de las virtudes que más aprecio en un gobernante-

Y vos debéis saber que me importa muy poco las virtudes que aprecie un Lannister en un gobernante-

Bran. Es suficiente- Intervino el maestre Luwin- Disculpad mis señores. Os hemos hecho llamar porque consideramos urgente la planificación de nuestro próximo movimiento, estamos rodeados de enemigos-

Estoy de acuerdo- Añadió Jon- No podemos esperar más-

¿Y qué es lo que sugerís?- Respondió Jaime.

Debemos atacar- Chilló Bran- Hay que acabar con ellos-

Gran idea, mi señor- Tyrion sonrió- Veo que sois todo un experto en estrategia-

¿Acaso vos lo sois?- El joven señor comenzaba a ponerse rojo.

Por favor mis señores, no discutáis- Intervino de nuevo Luwin, mirando de reojo a Jaime.

Les gusta mucho hablar- Pensó Jaime. Pero están esperando a que sea yo el que proponga algo.

Mi padre tardará en reunir fuerzas, me he traído conmigo la mayor parte del ejército de mi casa. Bolton no tiene suficientes fuerzas para enfrentarse a nosotros- En cuanto Jaime alzó la voz, todos los demás callaron- El problema está en Altojardín y en Dorne. Si mi padre se gana el apoyo de ambos será difícil derrotarlos-

¿Y podrá conseguirlo?- Preguntó Luwin.

Mi padre tiene la mala costumbre de conseguir todo lo que se propone- Respondió Tyrion- Altojardín será suyo si casa a Tommen con Margaery-

No aportáis más que problemas, mi señor- Bran interrumpió a Tyrion- ¿Podéis probar a sugerir alguna solución?-

Tenemos dos opciones- Jaime volvió a alzar la voz- Podemos resguardarnos aquí y esperar a que pase el Invierno o podemos marchar contra la capital para reclamar el trono. Todo lo demás supondrá nuestra derrota-

La primera opción no es factible, mi señor- Dijo Luwin- No tenemos suministros suficientes para alimentar a tanta gente-

Eso sólo nos deja una opción...- Respondió Tyrion.

Pero... ¡Eso es una locura!- Intervino Jon- No tenemos suficientes tropas para asaltar Desembarco del Rey. Ni siquiera Robb pudo-

Tenéis razón, no las tenemos- Dijo Jaime- Pero podemos conseguirlas-

La casa Tully nos apoya. Y con un poco de diplomacia también lo harán los Martell y los Arryn. Mi padre no es alguien querido, mucha gente se nos unirá. No es imposible-

Mi señor, mi vejez me ha hecho conocedor de muchas guerras- Intervino Luwin- Y por experiencia sé que la gente no apoya las causas. Apoya a los líderes como lo fueron Rhaegar Targaryen y Robert Baratheon-

Eso no es problema. Soy hijo de Ned Stark- Bran se puso en pie- Me seguirán, sin duda-

Aquí tenemos a nuestro líder carismático- Tyrion se echó a reir- No puedo esperar a veros con la armadura puesta-

Jon tuvo que sujetar a Bran del brazo para impedir que se avalanzase sobre el enano.

Mi señor, tranquilizaros- La calmada voz de Luwin volvió a llenar el salón- Lord Tyrion tiene razón. Sois muy joven para semejante campaña. Y nunca un Stark se ha sentado en el Trono de Hierro. Quizá Ser Jaime sería un mejor candidato-

¿El Matarreyes?- Bran volvió a ponerse de pie- ¿Quien iba a seguir a un hombre sin honor?-

Jaime apretó el puño. Si ese muchacho tuviese dos años más, estaría muerto. Aunque en el fondo sabía que tenía razón, su nombre estaba demasiado manchado.

Parece que tendré que ser yo quien os lidere- Rió Tyrion.

No será necesario-

Jaime se giró para ver como Daenerys se ponía en pie.

Yo reclamaré el Trono- La joven no titubeó en ningún momento-

¿Tú?...- Dijo Jon.

Si, yo- Respondió Dany- Soy Daenerys Targaryen, hija de Aerys Targaryen. Tengo más derecho que ninguno de vosotros al trono-

Nadie se atrevió a decir nada. De pronto, la figura de la joven pareció crecer grande como un gigante. Ella, que hace solo unos instantes parecía una niña asustada, se alzaba ahora, poderosa como los antiguos reyes Targaryen. Es un dragón...

Jaime se puso en pie y desenvainó su espada sin apartar la mirada de los profundos ojos violeta y, sin pensarlo dos veces, se arrodilló ante ella.

Yo, Jaime de la casa Lannister, juro lealtad a Daenerys, de la casa Targaryen, desde este día, hasta el día de mi muerte-

Alzó levemente la cabeza para mirar de nuevo Dany. Ya no veía solo a la joven de la que se había enamorado, ahora veía también a su reina... El dragón había despertado.

OS PIDO DISCULPAS POR HABER ESTADO TANTO TIEMPO SIN ACTUALIZAR. DESGRACIADAMENTE EN MI DÍA A DÍA NO DISPONGO DEL TIEMPO SUFICIENTE PARA ESCRIBIR. PERO EN ESTAS SEMANAS DE NAVIDAD VOY A INTENTAR ESCRIBIR TODO LO POSIBLE, PARA AVANZAR MUCHOS CAPÍTULOS O, CON SUERTE, TERMINAR MI HISTORIA.