JAIME

Habían pasado varios meses desde la noche en que Jaime sintió por un momento que lo había perdido todo. Todos decían que el Matarreyes era un temerario, que no sabía lo que es el miedo. Pues bien, todos se equivocaban. Cuando vio la habitación de Daenerys estallar en llamas, supo lo que era el verdadero terror. Esa noche había subido las escaleras de la Gran Torre de cinco en cinco, casi volando sobre ellas, para estrellarse contra la puerta, que quemaba como metal incandescente y, pese a ello, la había golpeado con las manos, con el hombro, con las piernas, todo ello para nada. Recordaba como había apuñalado hasta llenarse el brazo de sangre al hombre que se escondía detrás de la pared, convencido de que él había sido quien encendió el fuego.

Pero lo que nunca olvidaría era el momento en el que vio a Daenerys, acurrucada en el suelo con tres dragones vivos entre sus brazos. Estaba seguro de que nunca nadie en la historia del mundo había visto algo tan maravilloso como lo que vieron todos esa noche. La joven Targaryen que había entrado en fuego para después salir de él con tres dragones vivos.

Los horas posteriores también fueron diferentes. Jaime se había quemado dos veces las manos. La primera intentando derribar la puerta pocos minutos después de haberse iniciado el fuego, y la segunda abrazando a Daenerys, que abrasaba como si estuviese hecha de fuego. El Lannister echó a todo el mundo de la habitación, ya que la joven estaba desnuda y necesitaba un baño. Sonreía al recordar como Dany le curaba las manos y le llamaba tonto por haber intentado derribar la puerta a empujones. Y todo eso mientras contemplaba atónito las tres majestuosas criaturas que reposaban junto a ellos.

Desde ese día el Lannister se negó a dejar a Daenerys sola, más aún estando sin resolver el misterio del intento de asesinato. Jaime había matado al hombre que con toda probabilidad encenció el fuego, pero todos coincidían en que tenía que haber alguien más detrás. Él sospechaba de Meñique, y Tyrion defendía que esa forma de proceder era más bien propia de Tywin Lannister. Pero todo eso no eran más que conjeturas, de nada les servía. Estaba con ella siempre, a todas horas, y si por alguna razón debía ausentarse, aunque fuese unos minutos, se encargaba de que Ser Barristan estuviese con ella. Solo confiaba en él para proteger a Dany. Pese a que el anciano caballero prácticamente ni le dirigía la palabra, Jaime sabía que daría la vida por su reina si fuese necesario.

En cuanto a la guerra, aún no habían iniciado la marcha. Los refuerzos del valle habían llegado pocas semanas antes, suponiendo un total de más de veinte mil hombres. Por otro lado, Bran había llamado a sus vasallos. No todas las casas habían acudido a la leva, y las que lo habían hecho estaban mermadas por la guerra. Pese a todo, había logrado reunir más de diez mil hombres, repartidos entre infantería y caballería. Jaime por su parte había llamado a los vasallos de los Lannister. Muchos no respondieron a su llamada pese a ser Jaime el señor de Roca Casterly, seguramente debido al temor que inspiraba Tywin Lannister. De cualquier modo, sumando sus fuerzas contaban con más de sesenta mil hombres, y aún esperaban que se uniesen más cuando cruzasen las Tierras de los Ríos y cuando el nombre de Daenerys, madre de dragones, llegase a todas las aldeas.

Entre tanto habían tenido que exterminar un ejército enorme de salvajes que había conseguido cruzar el Muro. Pese a que no contaban con ninguna organización militar, el número de hombres era tan inmenso que habían conseguido causar algunas bajas.

Cuanto más cerca estaba el día de su partida, más aumentaba la agitación en Invernalia. Eran muchos los preparativos necesarios, muchas las cartas que llegaban cada día y muchos los peligros que se cernían sobre ellos. Para Jaime todo eso no era un problema. Estaba donde quería estar, aunque no se sentía cómodo con la perspectiva de enfrentarse a su señor padre. Pero si en algún momento había dudado si estaba haciendo lo correcto, tan solo con mirar a Daenerys esas dudas se disipaban. Pasaban mucho tiempo juntos, en ocasiones en silencio, observando a los dragones. Resultaba casi hipnótico ver como desplegaban las alas, como gruñían, como expulsaban pequeñas bocanadas de fuego por sus fauces... Las tres bestias resultaban hostiles para casi todos en el castillo. Si bien no atacaban a nadie, tampoco dejaban a nadie acercarse. Solo toleraban la presencia de Jaime y Daenerys, especialmente de esta última. Son mis hijos- Solía decir la joven.

Pocos días antes de que iniciasen la marcha hacia el sur, Daenerys solicitó una última reunión del consejo en Invernalia, a la que acudieron los habituales, a los que se sumaron Ser Barristan, Sansa y Meñique. La sala en la que solían tener lugar estas reuniones era una de las más acogedoras del castillo, gracias a su pequeño tamaño y la gran chimenea que hacía que se mantuviese caliente. Habían colgado estandartes con el dragón rojo de la casa Targaryen, que rodeaban la gran mesa de piedra central.

Jaime entró junto a Dany y Tyrion cuando el resto ya les esperaban.

Disculpad mi tardanza, mis señores- Entonó con voz dulce Daenerys.

No os preocupéis alteza- Respondió Meñique- Al menos estáis aquí. Eso ya os hace mejor que el Rey Robert-

Eso, y muchas otras cosas- Intervino entonces Jon, con su seriedad habitual.

Y no lo pongo en duda, mi señor- Dijo de nuevo Lord Baelish.

Basta- Interrumpió Jaime- Tenemos que poner en marcha todo un ejército- Recordó que su padre siempre dejaba que fuesen los demás los primeros en opinar. Había decidido hacer lo mismo- ¿Cómo deberíamos proceder?-

Para empezar, hay que aplastar a los Bolton- Apremió Bran- Quizá lord Tywin de su brazo a torcer cuando vea que vamos enserio-

No es tan fácil convencer a Tywin Lannister- Respondió Tyrion- Ni la vida de su hijo le hizo abandonar sus propósitos- Dijo mirando a Jaime.

Bran sacudió la cabeza.

Hay que marchar directamente hacia Desembarco del Rey. Cuanto más tiempo tengan para organizarse más difícil será derrotarlos-

No- Intervino Daenerys- Desembarco del Rey es mi ciudad. Es mi pueblo el que morirá-

Si atacamos las murallas correrá mucha sangre- Corroboró Jaime.

En toda guerra debe derramarse sangre- Dijo Bran con la voz propia de un adolescente en plena pubertad- Puedo encargar construir torres de asalto, trabuquetes y ...-

¿Y qué hará nuestro valeroso señor de Invernalia mientras tiene lugar la carnicería?- preguntó Tyrion.

Lord Brandon permanecerá en Invernalia para seguir reuniendo tropas- Intervino Jaime antes de que Bran pudiese responder.

Ser Barristan se puso entonces en pie.

Mis señores, como todos saben soy más hábil con la espada que en materias diplomáticas. Pero si mi experiencia me ha enseñado algo es que los largos reinados no suelen iniciarse con grandes matanzas-

Sabiamente habláis, mi señor- Respondió Meñique- Pero si bien tengo entendido la dinastía de los Targaryen comenzó con Aegon Targaryen y sus dragones arrasando Poniente con sangre y fuego-

El mundo no es el mismo que hace 300 años- El gesto de Ser Barristan se ensombreció. Aún no había olvidado como Meñique le despreció cuando Cersei le expulsó de la Guardia Real.

Ahora fue Tyrion quien se puso en pie.

Creo que hablo por todos si digo que la mejor batalla es la que no se produce. Si tenemos alguna posibilidad de alcanzar el trono sin luchar debemos aprovecharla-

¿Sin luchar?- Preguntó Jon.

Sí, sin luchar- Confirmó el menor de los hermanos Lannister- Ellos tienen un ejército, nosotros también. Ellos tienen un rey, nosotros una reina. En eso estamos igualados. Pero nosotros tenemos algo que ellos no tienen.

Dragones...- Entendió rápidamente Jaime.

El silencio se apoderó de la sala entonces durante unos segundos, hasta que Bran intervino de nuevo.

¿Decís que queréis evitar una batalla y después proponéis usar a los dragones para quemar la ciudad?- Protestó el señor de Invernalia.

Disculpad que os corrija mi señor- Tyrion sonrió- Yo no he dicho que quiera arrasar la ciudad-

Explicaos entonces- Dijo Jon.

El gnomo cogió su copa de vino y se puso a andar alrededor de la mesa.

No es necesario arrasar nada- Comenzó Tyrion- He visto los cráneos de dragón en los sótanos de la Fortaleza Roja. No existe ejército capaz de enfrentarse a una bestia así, esto nos da una clara ventaja y mi padre lo sabe. Si una vez allí le ofrecemos la paz a cambio del trono, creo que la aceptará-

¿Y si no lo hace?- Preguntó de nuevo Bran.

Ambos siguieron debatiendo largo rato. Jaime no soportaba las largas sesiones del consejo. El había nacido con la espada en la mano, no con la pluma. Finalmente decidieron que marcharían por tierra, liberando las Tierras de los Ríos del asedio y castigando la traición de Lord Walder Frey.

Una vez hubieron terminado, el Lannister salió del Gran Salón, buscando despejar un poco la mente. El día era frío y ventoso. Se fijó en como ondeaban las banderas. Lobos, leones y dragones danzando al mismo ritmo. El patio estaba repleto de soldados, caballeros y campesinos atareados. Cerró los ojos para escuchar mejor el sonido de los cascos de los caballos, de los martillos contra la madera, del acero chocando contra el acero... Ese era el ambiente que le gustaba. Se sentía más cómodo entre soldados que en la corte, y tenía que decir que sus hombres también parecían cómodos con él. Nada más salir tres ballesteros se acercaron hasta él para ofrecerle un pedazo de perdiz que habían cazado, y un joven caballero le pidió consejo sobre la mejor manera de defenderse de una maza.

Se recostó contra la muralla mientras observaba a sus hombres adiestrarse. Los veteranos tenían un estilo sobrio, propio de hombres curtidos en mil batallas. Los jóvenes por su lado, eran todo energía y vitalidad. Se le vinieron a la cabeza sus años como aprendiz de caballero en Aguasdulces. Era un escudero más verde que la hierba del verano- Se dijo Jaime- Lord Hoster le había tenido una semana entera sentado junto a su hija Lysa. Lo cierto es que Lady Lysa había sido una joven bonita, con una larga cabellera castaña. Pero era muy tímida, dada a ataques de risa tonta... No tenía el fuego de Daenerys, aunque en su defensa tenía que decir que no había conocido a nadie como la reina dragón.

Pensó en todo lo que había cambiado su vida desde que ella apareció, desde que la conoció en Invernalia. Habia dejado la Guardia Real, a su padre... Había dejado a Cersei. Y todo por ella. Pero lo que más le sorprendía es que no había dudado en ningún momento. Estaba donde quería estar. Al frente de un ejército luchando por Daenerys Targaryen.

SIENTO ACTUALIZAR TAN POCO. ME RESULTA DIFÍCIL SACAR TIEMPO PARA ESCRIBIR, INTENTARÉ HACERLO UN POCO MÁS HABITUALMENTE LAS PRÓXIMAS SEMANAS. PERO QUIERO VOLVER A DESTACAR QUE MI DESEO Y COMPROMISO ES TERMINAR ESTE FIC Y ASÍ LO HARÉ.