JAIME

Partieron desde Invernalia a las pocas semanas. Una parte de él se alegraba de dejar atrás el Castillo. No le gustaba el frío y la nieve. Según Tyrion, en el Norte nunca era verano, porque hasta en el más caluroso de los días había que encender la chimenea.

Cuarenta caballeros y otros tantos escuderos aguardaban a Jaime y Daenerys ante los establos de Invernalia. La mitad eran hombres de su casa, leales al señor de Roca Casterly. La otra mitad, norteños, que seguirían a Dany hasta la muerte. Jaime montaba un caballo blanco como la nieve, de magnífico porte. Ser Barristan se adelantó para situarse junto a la nueva reina. Parecía esculpido en piedra, con el rostro sombrío, pero noble.

Abrid las puertas- Dijo Dany.

¡ABRID LAS PUERTAS!- Exclamó Jon, que acompañaría a la joven hasta el final.

La mayor parte de sus fuerzas aguardaba al otro lado de las murallas. Compañías de jinetes, de arquero, el grueso de los espadachines y lanceros, arqueros a caballo... La mayor parte de la milicia la componían los hombres que habían venido con Jaime, aunque a ellos tenían que unirse el resto de casas norteñas y de las Tierras de los Ríos leales a la casa Stark. Pero el número era lo de menos, puesto que pretendían evitar cualquier enfrentamiento.

Habían decidido seguir el Camino Real, desviándose tan sólo en Fuerte Terror, hogar de la Casa Bolton. Jaime envió un grupo de jinetes liderado por ser Addam Marbrand, su hombre más leal y capaz.

Robb Stark me cogió desprevenido en el bosque Susurrante- Reconoció el Lannister- No quiero que vuelva a suceder-

Pese a que Daenerys era la reina, dejaba que fuese Jaime liderase el ejército. Había dado órdenes estrictas de que nadie se apartara de la columna sin su permiso. Él se situó a la cabeza de la tropa, acompañando a la reina dragón. Allí, a caballo, al frente de un ejército y al lado de la mujer que amaba, se sentía satisfecho. El Sol alumbrándole el rostro, el aire fresco acariciando su cabello...

Aquella noche acamparon al pie de una colina. Mientras se ponía el Sol, varios centenares de tiendas se alzaron en la ladera y a lo largo de las orillas del arroyo que discurría junto a ella. Jaime mandó elevar una empalizada alrededor del campamento y escogió en persona a los centinelas. No esperaba que hubiera problemas tan cerca de Invernalia, pero era mejor no correr riesgos innecesarios.

En el centro del campamento alzaron la tienda que compartía con Daenerys. Antes preferían ocultar su relación, pero la timidez de Dany se había tornado en coraje desde que se alzó como reina. Jaime se reunió entonces con Tyrion en la rudimentaria posada que habían habilitado para pasar la noche. Les sirvieron un cordero asado con hierbas y un par de jarras de cerveza bien fría. El mayor de los hermanos Lannister dio un buen sorbo a la suya. Era tostada y espesa, como a él le gustaba.

Dime, hermano- Enunció Jaime- ¿Qué has estado tramando hoy?-

Poco, me he dado por vencido- Tyrion miró a su alrededor- Estoy rodeado por un montón de brutos armados, y apenas un puñado de mujeres que nada quieren conmigo-

Por eso no te preocupes. En las Tierras de los Ríos encontrarás un centenar de prostíbulos- Respondió Jaime- Pero tal vez algún día tu vida dependa de estos hombres brutos-

Eso no me causa temor...- Tyrion bebió un trago- Si mi vida corriese peligro cuento con mi valeroso hermano, respaldado por tres dragones- Sonrió-

Jaime probó un pedazo de cordero. Estaba tierno y jugoso. Además las hierbas aromáticas le daban un regusto muy agradable.

Dime una cosa- Dijo el Gnomo paladeando la cerveza- Si finalmente padre se niega a rendirse, ¿irás a la guerra contra él?-

Se rendirá... No es estúpido-

¿Y si no lo hace?-

Si no lo hace supongo que tendremos que saquear los alrededores de la ciudad. El hambre hará a la gente rebelarse. Además, tenemos tres dragones y no podrás negar que Daenerys inspira devoción-

Tengo entendido que eso se llama guerra-

No, es saqueo...- Jaime se retorció en la silla- Venga, dime qué quieres-

¿Yo?- Tyrion disfrutaba debatiendo- Evitar la guerra-

Jaime no dijo nada.

Vamos, estoy seguro de que sabes lo que estoy pensando- Intervino de nuevo Tyrion- Podemos evitar la guerra con un matrimonio-

¿Qué quieres decir?-

Si te casas con nuestra venerable reina, serás rey. Padre volverá a ser señor de Roca Casterly y no habrá necesidad de guerra-

Jaime casi se atraganta con la cerveza. Lo cierto es que él también había pensado en esa posibilidad, y lo cierto es que nada le gustaría más...

Todo sea por las vidas inocentes...-

Los Siete Reinos recordarían el enorme sacrificio que harás si te casas con alguien tan poco agraciado como la Reina Dragón-

Ambos hermanos rieron.

Quizás debería comentar esta posibilidad a Daenerys...- Dijo el Lannister.

Ambos sabemos que a nuestra reina le convencerá la idea-

Tranquilo, hermanito- Rió Jaime- Siempre tendré tiempo para emborracharme con el Gnomo-

Lo sé, siempre encontrarás un lugar donde meterme, ya sabes, soy muy pequeño-

Jaime se llevó la jarra de cerveza a la boca entre risas y bebió un largo trago. Iba a ser una noche muy larga.

DAENERYS

Dany se dejó caer sobre los cojines, junto a los dragones.

Tenéis que crecer grandes y fuertes- Les dijo- Ser Barristan dice que los dragones viven más que las personas, así que seguiréis existiendo cuando yo haya muerto. Entonces perteneceréis a mis hijos-

El mayor de ellos, el de color negro, curvó el cuello para mordisquearle la mano. Tenía unos dientes muy afilados, pero jamás le había arañado la piel.

Debería ponerles un nombre- Pronunció en voz alta- Lo discutiré con Jaime, seguro que se le ocurrirá algo. Siempre ha sido más ingenioso que yo...-

En el exterior de la tienda se escuchaba el ajetreo propio de un campamento. Canciones, caballos, martillos golpeando el acero... Las horas se arrastraban a paso de tortuga mientras Dany esperaba a que Jaime volviese.

No tuvo que esperar mucho más, porque antes de la media noche, el Lannister entró en la tienda. La encontró arropada con una enorme piel de oso, bajo la cual ocultaba su cuerpo semidesnudo.

Alteza- Saludó con tono burlón- Tengo algo que contaros-

General- Respondió Dany con el mismo tono- ¿Qué hacías? Llevo tiempo esperádote-

La joven notó que Jaime abría y cerraba la mano con la que sujetaba el puño de la espada. Está nervioso- Se dijo.

¿Qué te pasa?- Preguntó- ¿Has tenido una noche difícil?-

He tenido que cumplir con mis deberes de caballero. Ya sabes, organizar el campamento, escoger a los...-

¿Eso es lo que querías decirme?- Le interrumpió Dany.

No, no es eso-

La joven se acomodó en la cama, con el ceño fruncido.

¿Me contarás hoy que te pasa o tendré que esperar hasta mañana?-

He estado hablando con Tyrion y hemos concluido que lo mejor es evitar la guerra-

Dany soltó un bufido. Estaba cansada de hablar de estrategias de batalla.

¿Y habéis dado con una táctica milagrosa?-

Yo no la llamaría milagrosa- Jaime se permitió un atisbo de sonrisa- Sólo tenemos que pactar la paz con mi padre-

¿La paz? ¿Cómo? Jaime... Acordamos que llegaríamos hasta Desembarco del Rey-

Y lo haremos, creo que sé cómo convencer a mi padre de que te acepte como legítima reina-

Daenerys no respondió. Un millar de ideas pasaron fugaces por su cabeza hasta que... Dio con la que parecía correcta.

Dany- Jaime acarició su mano- Si unimos nuestras casas, si un Lannister se sentase en el Trono de Hierro...-

¿Quieres que me case... Contigo?-

¿Qué? ¿Conmigo?- Bromeó el Lannister- Yo había pensado en Tyrion...-

Daenerys le cogió un cojín y le golpeó con tanta fuerza que hizo que perdiese el equilibrio.

¡Es así como me pides que me case contigo!- Le regañó la joven.

Me temo que tendré que llevar casco para aguantar las caricias de mi reina- Rió el Lannister.

Aún no he dicho que quiera casarme- Dijo Dany sin poder ocultar una sonrisa- Tienes que pedírmelo bien-

Así que quieres el cuento completo ¿No?- Rió el Lannister.

Sí, y lo quiero con final feliz-

Jaime se arrodilló al fin y la tomó de la mano.

Daenerys Targaryen, ¿me tomaréis como esposo y me permitiréis amaros desde este día hasta mi último día?-

Sí- Respondió Dany- Es también mi deseo amaros desde este día hasta mi último día-´

El Lannister se puso en pie y acarició su rostro con ambas manos antes de besarla. Jaime pasó las manos por su rostro, acariciando su pelo con suavidad, para después bajar por su espalda hasta llegar a su cintura. Ella le aflojó el cinturón e introdujo la mano, buscando el contacto con su piel. Sintió como él la levantó con ambas manos y la dejó caer sobre la cama, mientras ella intentaba desabrochar su camisa. Dany comenzó a besar su torso descubierto mientras deslizaba su otra mano por la cintura, más y más abajo. Jaime volvió a besarla, ahora con más fuerza. Notó como comenzaba a jadear. Ella cerró los ojos y se dejó llevar, una vez más, como si fuera la primera noche.

Como tantas otras noches, habría deseado que no acabase nunca. Pero ya se había dado cuenta de que nada dura para siempre, y tras la noche llegó el amanecer.

Dany abrió los ojos cuando la oscuridad aún era completa. La única luz venía del exterior de la tienda, donde ardían varias hogueras. Por la pequeña rendija por la que entraban los pequeños destellos de las llamas se colaba también un aire gélido. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, haciéndo que se acurrucara aún más entre las sábanas. Se giró una vez más para encontrarse con el rostro de Jaime, que aún dormía. El Lannister había descuidado un poco su barba, como cuando viajaron juntos desde Aguasdulces hasta Desembarco del Rey. Por aquel entonces le odiaba- Recordó. Dany se acercó a él para rodearle con sus brazos, buscando su calor. Y así, sin darse cuenta, volvió a quedarse dormida.

Pero cuando la tenue luz del Sol alumbró el nuevo día, fue Jaime el que se levantó primero.

¿A dónde vas?- le preguntó Dany- Te prohibo que te marches-

Dentro de poco seré tu rey- dijo el Lannister- Ya no podrás darme órdenes-

¿Eso crees?- respondió ella- Quizá haga que duermas esta noche en el calabozo-

Acaba de amanecer. Ya tendré tiempo para preocuparme por lo que pase esta noche-

Entonces haré que te encierren de día-

¿Ese será tu regalo de bodas?- Rio Jaime- Mi reina es cruel-

Tú tampoco me has regalado nada... Ni si quiera me has traido unas flores-

De acuerdo, iré a buscarlas. ¿Tengo tu permiso para irme?-

No- Quería que se quedase y la abrazara.

Jaime abrió la boca para replicar, seguramente con algún comentario ingenioso. Pero un dragón, el de color rojizo, batió sus alas y dejó escapar una bocanada de fuego.

Vale, me quedo-

Dany rio mientras se ponía en pie.

Aún no les hemos puesto un nombre-

¿Hemos?-

Sí, esperaba que tú me ayudases-

Debo decir que nunca he puesto nombre a un dragón-

Siempre hay una primera vez... También me dijiste que nunca habías estado con un dragón.

Jaime sorió mientras se acercó para besarla una vez más.

Ahora sí que tengo que irme. Y tú deberías vestirte, ya sabes lo que le gusta a Tyrion entrar en las tiendas sin llamar-

La joven asintió resignada esta vez. Se vistió rápidamente con las ropas de cuero que usaba para montar a caballo y, tras coger una pieza de fruta para almorzar, salió al exterior de la tienda. Lo que hace unas pocas horas era un campamento perfectamente organizado ahora era poco más que una explanada. Las tropas habían comenzado a formar en una larga fila, dispuestas para iniciar la marcha hacia Desembarco del Rey, hacia el Trono de Hierro. Una sensación distinta recorrió todo su cuerpo. ¿Miedo?. No, no era miedo. ¿Vértigo?... No, eso tampoco era. Quizá impaciencia, ganas de continuar.

- Si miro atrás, estoy perdida-