JAIME

La mañana amaneció fría, aunque la humedad templaba un poco el ambiente. Srr Addam Marbrand había entrado en la tienda que compartía con Dany para anunciar que la estrategia de la reina había sido acertada. Los Frey se habían dispersado y los Lannister de ser Daven se habían rendido.

La noche anterior habían acordado que Jaime y Barristan fuesen hasta el campamento de ser Daven para unirlos a su causa. Lo cierto es que habría preferido ir sólo, o con su hermano si fuese necesario. Quien soy yo para juzgar las decisiones de mi reina- Le había dicho a Dany con sorna.

Salió de la tienda con la armadura dorada de la casa Lannister. Ser Barristan ya le esperaba montado sobre su caballo, una yegua de color café. El anciano saludó a Jaime con la cabeza, sin mediar palabra. Jaime subió a su propia montura y picó espuelas, hacia el campamento de su primo.

No quedan Frey en el campamento- Dijo Jaime- ¿Se acabó?-

Por completo. Se marcharon anoche sin desmontar las tiendas-

Parece que les gustó el beso de fuego- rió el Lannister.

Les hizo huir, pero tocados en su orgullo- la voz de Selmy no mostraba ninguna calidez- No están vencidos-

Mi padre tiene un dicho. Nunca hieras a un enemigo si no puedes matarlo, los muertos no se vengan. Así se lo he hecho saber a Daenerys-

Pero quizá se venguen sus hijos-

Después de la Boda Roja no creo que nuestra señora tenga la intención de perdonar a ningún Frey, sea padre o hijo-

Los dos caballeros llegaron al campamento al trote, y los centinelas los miraron con más curiosidad que temor. Ninguno hizo el amago de llevar la mano al puño de su espada, cosa que a Jaime le pareció de maravilla. Tampoco les resultó difícil localizar la tienda de su primo. Era la más grande del campamento y la mejor situada, en el centro del recinto, desde donde tenía una buena vista de Aguasdulces.

Jaime y ser Barristan se bajaron de los caballos y se encaminaron hacia la tienda de ser Daven. Los dos guardias apostados junto a la entrada se miraron, nerviosos.

¿Queréis que os anunciemos, mis señores?- preguntó uno.

Ya nos anunciamos nosotros- Jaime apartó la lona de la tienda y se agachó para entrar.

Encontró a su primo tumbado en su lecho, profundamente dormido.

Ser Daven...- le llamó Barristan, tocándole un brazo con la mano.

El Lannister durmiente se levantó de golpe, rodando hacia un lado para echar mano de la vaina de su espada y se levantó aturdido, entre maldiciones.

Por los siete putos infiernos, ¿quién...?- Entonces vio a sus visitantes, y enseguida bajó la espada- ¿Jaime?... ¿Ser Barristan?-

Siento interrumpirte en un momento tan poco opurtuno, primo- se excusó Jaime con un atisbo de sonrisa- pero tenemos un poco de prisa. ¿Podemos hablar?-

Sí. Claro- ser Daven envainó la espada y se puso apresuradamente los pantalones- No os esperaba tan pronto, mis señores. No se me advirtió de vuestra llegada-

Te estás poniendo los pantalones al revés- Señaló Jaime.

Ser Daven se colocó correctamente los pantalones entre maldiciones e improperios. Le costó algunos minutos terminar de vestirse, quizá porque lo tuvo que hacer medio dormido.

Creo imaginar por qué estáis aquí. Es por lo que dijo ayer vuestra reina, lo de que nos unamos a vuestra causa-

Veo que sigues conservando tu ingenio- dijo Jaime, sarcástico.

Créeis bien, mi señor- intervino Ser Barristan, obviando el comentario de Jaime.

Ah, pues... No estoy seguro- Ser Daven se acarició la larga barba dorada- Podéis decirlo como queráis, pero me estáis pidiendo que traicione a Lord Tywin-

Son cosas de familia- respondió Jaime.

Ser Daven sacudió la cabeza y dio una vuelta por la habitación, haciendo ver que estaba indeciso.

Sé las cosas que hace Lord Tywin cuando le traicionan- murmuró- si me atrapase, me desollaría y me echaría de comer a los perros-

Jaime no pudo negar eso.

¿Y por qué luchar por alguien así?- preguntó ser Barristan- ¿Por qué no luchar por alguien que inspire amor y no miedo-

Si... Eso tiene sentido- masculló- pero... Me estáis pidiendo que me levante en armas contra tu familia-

Si todo va bien, no habrá necesidad de luchar- respondió Jaime.

Eso dijo ayer tu hermano... Y es cierto que vosotros también sois Lannister...- ser Daven se puso en pie- ¡Qué demonios!- Bramó- Iremos con vosotros-

Eso quería oír- dijo Jaime, que se acercó a su primo para estrecharle la mano- No tardarás en darte cuenta de que nuestra reina es mucha mejor compañía que ser Ryman Frey-

Eso no es difícil, primo- rugió de nuevo ser Daven, que parecía un hombre distinto- Se pasaba el día borracho. Y su hijo, Edwyn, no es tan imbécil como su padre, pero está tan lleno de odio como un forúnculo de pus. Y Emmon, ¡hay nuestro Emmon...!-

Pasaron unos minutos hablando antes de regresar con Daenerys. Ser Daven se quedó con sus hombres, que tenían que derribar las grandes empalizadas que habían levantado durante el asedio. Eso les llevaría varias horas, por lo que sería imposible marcharse de Aguasdulces antes de la mañana siguiente.

Había empezado a caer una ligera llovizna cuando regresaron al campamento con Daenerys. La clara luz rosada de la mañana arrancaba destellos de las ramas, las hojas y las piedras. Todas las briznas de hierba parecían talladas en esmeraldas. Cada gota de agua se había transformado en diamante. Hasta los charcos de barro tenían un brillo castaño. Entre todo el espectáculo luminoso hasta las tiendas de los soldados parecían brillar con luz propia.

Pero si había alguien que parecía reunir toda la magia de Poniente era Daenerys Targaryen. La joven les esperaba frente a su tienda, vestida con una túnica color violeta oscuro que hacía juego con el color de sus ojos.

¿Y bien?- Preguntó Dany al verlos llegar.

Está hecho- dijo Jaime- se unirá a nosotros mañana-

La joven sonrió, haciendo que se iluminase su rostro, a la vez que hacía un gesto con la mano para pedirles que fuesen tras ella. El Lannister tuvo que contenerse para no lanzarse a besarla. Su voz, su cuerpo, sus ojos de color violeta... Cada paso que daba resultaba provocativo. Les llevó hasta la colina, desde donde podían observar bien Aguasdulces.

Han abierto las puertas- observó al instante ser Barristan.

Mirad los estandartes- dijo Tyrion, que llegó andando tras ellos.

Jaime entrecerró los ojos, tratando de distinguir los estandartes. Vio la trucha de los Tully, el Lobo de los Stark y... El dragón de tres cabezas de la casa Targaryen.

Quizá seas la primera reina que se gana el favor de una gran casa en un día- Apuntó Jaime.

Aún quedan muchas grandes casas que ganarme- respondió la joven- al amanecer partiremos hacia Harrenhal y nos reagruparemos allí. Ahora debemos presentar nuestros respetos a Lord Tully-

Esperaron hasta poco antes del anochecer para bajar hasta el castillo. A Jaime no le gustaba la idea de asistir a un banquete en el que estaría rodeado de aquellos que pocos meses antes fueron sus captores. Pero Dany consiguió convencerle. Siempre conseguía convencerle de lo que quería.

Entraron en el castillo cruzando el puente levadizo. A su alrededor todo eran vítores y gritos de júbilo. ¡Viva Daenerys!... ¡Larga vida a la reina!- Exclamaban los soldados de la guarnición.

Sirvieron la cena en el gran salón de Aguasdulces. A Daenerys le asignaron el lugar de honor, presidiendo la larga mesa que cruzaba la sala de lado a lado. A él sin embargo le habían sentado con ser Barristan a la derecha y Brynden Tully a su izquierda. Jaime estaba seguro de que eso había sido obra del mismo Pez Negro, con el objetivo de amargarle la comida.

De todos modos, el banquete tampoco estaba a la altura, algo comprensible si se tenía en cuenta de que el castillo había estado varios meses bajo asedio. Comenzó con una sopa de puerros, seguida por una ensalada de judías verdes, cebollas y remolachas, dorada escalfada en leche de almendras y tajadas de buey correoso. Al menos el vino era bueno y Lord Tully no había escatimado con el hidromiel.

Decidme, Matarreyes- Enunció el Pez Negro, sentado a su lado- jurásteis a lady Catelyn que le devolveríais a sus hijas cuando os liberó, ¿no es cierto?-

Sí, e intento cumplirlo- respondió el Lannister- Sansa Stark está a salvo en Invernalia-

No gracias a vos, si bien tengo entendido. Puesto que no habéis cumplido vuestra palabra imagino que estaréis dispuesto a retomar vuestro cautiverio. Hemos puesto paja fresca en vuestra celda-

Sois muy atento, pero descanso mucho mejor la espalda en mi lecho-

Mientras que Catelyn disfruta de la comodidad de la tumba-

Jaime estuvo tentado de aclararle que no había tenido nada que ver en la muerte de lady Catelyn, y de que Brienne estaba tras la pista de Arya. Pero el Pez Negro le había mirado como lo miraba Eddard Stark cuando lo encontró sentado en el Trono de Hierro con la sangre del Rey Loco en la espada.

No he venido a hablar de los mueros. Quizá podríais agradecerme que viniese aquí a levantar el asedio-

Si bien tengo entendido ha sido Daenerys Targaryen la que ha liberado Aguasdulces de la casa Lannister, es decir, vuestra casa, a la que guardáis lealtad-

No fui yo quien ordenó atacar Aguasdulces, y mi lealtad la tiene Daeneys, no mi padre-

Eso tengo entendido. Espero que la joven se cubra bien las espaldas y no cometa el error que cometió su padre-

Jaime no iba a dejarse provocar.

¿Qué os pasa, ser Jaime? ¿No estáis disfrutando de la conversación?- preguntó ser Brynden- Es lógico, soy una compañía muy triste... Ser Barristan- dijo llamando la atención del anciano caballero- vos habéis tenido el honor de servir junto a ser Jaime en la Guardia Real, ¿verdad?-

Serví junto a ser Jaime muchos años- respondió Selmy.

Estaréis de acuerdo conmigo en que la Guardia Real está sufriendo un proceso de degeneración con los años-

Antes ser caballero de la Guardia Real significaba algo- respondió el caballero.

A Jaime le empezaba a estar muy molesto.

Sin duda la Guardia Real del Rey Loco cumplió muy bien con su papel- dijo Jaime.

¿Qué insinuais, Matarreyes?-

Nada, simplemente pienso en voz alta-

Si tenéis algo que decir, agradecería que me lo dijeseis ahora-

La ira ardía en el interior de Jaime. Tantos años aguantando el desprecio de todos a su alrededor, soportando que hasta el más mediocre le mirase por encima del hombro.

Insinuo que ninguno podéis darme lecciones de moral-

¿Habéis perdido la cabeza?- exclamó ser Brynden- no me jodas, Matarreyes-

Matarreyes, sí, maté a un rey- respondió Jaime- maté a un rey loco, que mis honorables compañeros protegieron pese a saber bien lo que era-

Cumplimos nuestro juramento- respondió Selmy.

Eso lo dudo. Si no recuerdo mal, los caballeros juramos proteger al inocente-

¿Sugerís que ser Arthur Dayne no protegía al inocente?-

¿Eran Brandon y Rickard Stark culpables de algún crimen?- respondió al instante Jaime- y la reina Rhaella, ¿merecía que Aerys la forzara cada noche?-

El deber de la Guardia Real es proteger al rey y...-

Sí, proteger al rey y no juzgarlo- le interrumpió Jaime- quizá juzgue mal pensar que la vida de medio millón de personas es más valiosa que la de un rey loco-

El Lannister se dio cuenta de que no debía haber dicho eso.

¿Cómo habéis dicho?-

No he dicho nada- El Lannister se levantó. Necesitaba salir de ese maldito salón. Al menos esa noche dormiría en un castillo y no en una tienda de campaña.

Subió hasta la habitación reservada para el rey. Todos los castillos de Poniente tenían unas dependencias en las que se alojaba el rey cuando visitaba la zona. La estancia era amplia, con una gran chimenea ya encendida y pendones de los Targaryen colgando de las paredes. Apenas había tenido tiempo de sentarse en la cama cuando la puerta de su habitación se abrió, y por ella entró Dany.

¿Ya te has cansado de la compañía de nuestros agradables anfitriones?- Preguntó Jaime.

Mucho he aguantado- respondió ella, que se inclinó, se cogió el vestido por el dobadillo, se lo quitó por la cabeza y lo tiró a un lado- En cuanto he visto que te marchabas te he seguido, sé que no puedes descansar tranquilo sin mi- dijo Dany, ante él, hermosa, llena de fuego.

Cállate y bésame- respondió Jaime. Percibió el sabor del vino en sus labios y sintió los pechos de la reina dragón contra él, mientras le desataba los calzones.

Fuera, había comenzado a nevar. Los guardias encendían grandes hogueras y se cubrían con pieles, intentando evitar que el frío les calase hasta los huesos. Pero Jaime no lo necesitaba. Daenerys era puro fuego, y su calor era todo lo que necesitaba.

Aquella noche volvió a soñar con la noche en que se convirtió en Matarreyes. Volvía a matar a Rossart, volvía a escuchar los gritos de ''¡quemadlos a todos!'' volvía a ver su espada cubierta de sangre real. Pero esa vez fue distinto. Cuando se sentó en el Trono, no entró Eddard Stark. En su lugar entraba un enorme dragón, que le llevaba en sus lomos muy lejos de allí.

Se despertó en la oscuridad. La habitación se había tornado fría como el hielo. Sólo Daenerys desprendía algo de calor. Jaime la separó de él con suavidad y se quitó las mantas de encima con la mano de la espada. Vio que el fuego de la chi,emea se había consumido y que el viento había abierto la ventana. Cruzó la estancia a oscuras para cerrar los postigos, pero cuando llegó, su pie descalzo pisó algo húmedo. Se sobresaltó durante un momento y dio un paso atrás. Lo primero que pensó fue que se trataba de sangre, pero la sangre jamás estaba tan fría. Era nieve, que se colana por la ventana.

En vez de cerrar los postigos los abrió de par en par. Abajo, el patio estaba cubierto por un fino manto blanco que se iba espesando ante sus ojos. Los copos caían silenciosos, y unos pocos entraron por la ventana para derretirse en su rostro. Jaime se veía el aliento.

Nieve en las tierras de los ríos- Si estaba nevando allí, quizá nevara también en Roca Casterly, y en Desembarco del Rey.

Se acercó a la chimenea y colocó unos pocos troncos sobre las cenizas. Aprovechó unas pocas ramas secas que habían quedado sin arder y las colocó en el centro, para que el fuego se avivara más fácilmente. Cogió dos piedras y las hizo chocar una, dos y tres veces, hasta que consiguió que la chispa prendiera. La tenue luz de las llamas volvió a llenar la habitación. Aprovechó para prender también un par de antorchas y las colocó en sus apliques de hierro para que no quedase ningún rincón sin iluminar.

Llamaron a la puerta, despertando a Daenerys.

¿Ya ha amanecido?- dijo somnolienta- Están llamando, ve a ver quien es.

Jaime obedeció, y caminó hasta la puerta. Se trataba de un mozo, que traía una carta.

Es de la Ciudadela- dijo el muchacho, que le tendió el papel y salió de la habitación.

El Lannister la leyó en el asiento de la ventana, a la luz blanca y fría de la mañana invernal. Las palabras eran escuetas y precisas.

¿Qué dice?- preguntó Dany.

Al final los Stark tienen razón- dijo Jaime, tirando la carta al fuego- el invierno ha llegado-