- ¿Alguna vez te preguntaste porqué los hombres necesitan sentirse poderosos? ¿Por qué para ellos nunca es suficiente, a pesar de tener tanto? ¿Por qué no soportan que otro tenga más?
Perséfone miraba directamente a los ojos de Athenea mientras acariciaba el forro del sillón. Muy pocas veces se había manifestado en la tierra y jamás lo había hecho durante la modernidad: el espacio que la rodeaba constituía un cúmulo de sensaciones envolventes imposibles de ignorar. Incluso el simple hecho de respirar a través de un sistema respiratourio humano le parecía una verdadera maravilla.
- No me extraña que todos quieran apoderarse de tu reino.
- No es mi reino, es el hogar de otros. Yo sólo lo protejo.
Orgullosa y comprensiva, Perséfone sonrió.
- Esa es la diferencia entre tú y todos los demás, Athenea. Vives para aquellos considerados inferiores a ti.
La diosa dirigió su mirada hacia la joven de cabello púrpura que se encontraba sentada a la izquierda de su hermana. Respiró profundo y juntó sus manos: concentró todo su cosmos en la tristeza y el dolor que emanaba el corazón de la joven hasta que formó una semilla pequeña, color marrón. Triunfante, se le entregó a Pandora.
- Los dioses son los seres más egoístas y vanidosos que han existido: necesitan saberse temidos y adorados, alabados como la cumbre de toda la existencia. De sus guerras, sus amores, sus alianzas y traiciones nació la Tierra al igual que las personas; sin embargo, su prodigio se salió de control. La vida, los lazos, el verdadero amor, todo esto trascendió las intenciones primeras de los creadores. Las plantas, los animales, los mares, las montañas, de todo este universo nacieron espíritus y entidades mucho más poderosas que el mismo Zeus. Tú fuiste la primera en caer- la sonrisa luminosa de Perséfone brilló en los ojos de Athenea-. Te proclamaste la protectora de este lugar. No sabes lo mucho que admiré tu valor, pero Zeus no estuvo ni remotamente conforme. Sus hermanos, Poseidón y Hades, por otro lado, aceptaron el poder infinito que procedía la Tierra y decidieron, cada uno por su parte, apoderarse de ella. Al igual que tú, construyeron sus santuarios en el mundo de los hombres para cuándo llegara el momento de establecer su reinado. ¿Te imaginas la cantidad de poder que obtendrían? Sería peligroso para el Olimpo del padre, esa es la razón por la cual Zeus quiere destruir este mundo.
El rostro de Saori se ensombreció pero no mostró niguna señal de sorpresa; al contrario, bajó la mirada y exhaló un largo suspiro. Pandora, por otro lado, sintió una gota de sudor frío bajar lentamente por su espalda, sus manos temblaron en su regazo y una naúsea violenta le subió por la garganta. Por favor, no.
- Tres dioses protegían la tierra: dos por un interés egoísta y la otra por amor. Durante muchos años los tres dioses lucharon entre ellos para lograr su objetivo, ya fuera el poder o la paz. Reencarnación tras reencarnación, las Guerras Santas se repitieron una y otra vez; hasta hace poco- Perséfone desvió la mirada hacia la ventana-. La diosa Atenea finalmente logró sellar el alma de Poseidón y destruir el ciclo de Hades. Por primera vez en toda la historia, este mundo encontró la paz y ahora más que nunca están vulnerables- Volvió sus ojos ardientes hacia sus interlocutoras y su rostro brilló en la oscuridad.- Dos de la Gran Triada, Guardianes celosos de la Tierra, han caído. El único obstáculo que se interpone entre Zeus y su cometido, eres tú.
Un profundo silencio inundó la habitación. La noche afuera estaba fresca: las plantas brillaban bajo la luz plateada de la luna, se oía el perezoso canto de los grillos y el respirar tranquilo del sueño. En el cielo, las estrellas titilaban un baile, presumiendo con sus hermanas la hermosura y el poder de los seres milenarios. La brisa olía a vida; en la mansión Kido se presagiaba la muerte.
- ¿Qué es lo que quieres, Perséfone?
Athenea se puso de pie y de pronto el universo se reflejó en su rostro. Diosa mujer, diosa protectora, diosa implacable. Perséfone volvió a inclinarse.
- Tenemos que traer de vuelta a los ejércitos derrotados. No hay otra opción.
-¿Y cómo vamos a hacer eso?- la voz de Pandora se quebró- ¿Cómo asegurarnos de que Hades no va a intentar algo en contra nuestra? ¿Qué pasa si utiliza esta nueva oportunidad para atacar la Tierra?
Lágrimas calientes resbalaron por su barbilla al mismo tiempo que un sollozo le colmó la garganta: acababa de salir de una pesadilla de eterno sufrimiento y oscuridad. No quería volver, aunque no se mereciera esa nueva vida, no quería renunciar a las promesas recuperadas. Avergonzada, se cubrió el rostro con las manos.
Perséfone miró con humildad a Athenea antes de arrodillarse frente a la joven que acaba de colapsar. Hundió sus manos, cálidas y fuertes, en la cara de la joven y la obligó a verla a los ojos.
- Jamás pensé en ti como una peste o un castigo. Yo también voy a protegerlos a todos y tomaré tu lugar como comandante. Has hecho ya mucho, amor, no permitiré que soportes más.
Pandora tragó saliva y asintió. Perséfone por su parte se puso de pie e hizo emerger de la nada un báculo negro como la obsidiana, adornado de ramas y flores multicolores; lo extendió hacia Atenea, firme e imponente.
- Diosa de la sabiduría, la guerra, la paz, la civilización, las ciencias, la habilidad y la justicia; favorita de Zeus; la de los ojos de lechuza, ¿aceptas la alianza que hoy te propongo?
Saori estiró sus brazos y en sus manos aparecieron la balanza y su escudo, al mismo tiempo que su casco de águila coronaba su frente y una gargantilla con el emblema de la diosa rodeaba su cuello. Con un movimiento, los objetos se integraron en su característico báculo dorado que unió al de Perséfone.
- Diosa de la vida, la muerte y la resurrección; ciclo de mujeres, origen de la fertilidad; hermana querida: acepto tu petición.Tú, creación de los dioses, mujer más poderosa sobre la tierra, quedas de testigo.
Pandora tembló cuando su dedo rozó el centro del círculo dorado desprendido por las diosas. Una guerra estaba por llegar.
