La líquida calidez envolvió su garganta y se expandió por su estómago, calmando así las naúseas que amenazaban con desbordarse en cualquier momentos. Saboreó el dulce de la miel, el aroma tranquilizador de la manzanilla y el contacto de la taza tibia con sus labios mientras permanecía con los ojos cerrados. Le parecía que disfrutaba de un placer sumamente humano, nimiedades extraordinarias con la cualidad de hacerle sentir una persona normal. Los rayos de luz se deslizaban por las ventanas abiertas; a través de ellas el viento impregna la habitación y regaba una brisa límpida. Esa mañana tan apacible menguaba los recuerdos del infierno al grado de hacer que se preguntase si realmente había atravesado semejante lugar, si sus mañanas no habían sido siempre de luz, té y su hermano comiendo una rebanada de pan en frente de él.

Shun bajó la taza lentamente hasta posarla en la mesa del comedor. Llenó sus pulmones con el aroma de pan recién tostado, mantequilla y fruta; después se concentró en el largo cabello de Shiryu, quien estaba parado de espaldas en el fregadero, y en los destellos obsidiana que emitía por la luz. Siempre había admirado la tranquilidad que emanaba el cosmos de su amigo, así como su fuerza: su presencia era un río en el que tranquilamente se podía meter la punta de los pies. En ese momento, era lo que Shun necesitaba.

Ikki, quien había permanecido abstraído en sus pensamientos, clavó su intensa mirada en él. Shun extendió su brazo hasta alcanzar la mano de su hermano en un gesto tranquilizador. A pesar de ser amable, no le gustaba que se preocuparan mucho por él.

-No deberías esforzarte tanto.

-Fue una noche reparadora y me encuentro mucho mejor.- esbozó una sonrisa juguetona- me estoy recuperando como un hombre, hermano.

A Shiryu se le escapó una risa baja e Ikki volteó los ojos. Shun había despertado con la firme determinación de disfrutar ese día milagroso en el que todos se encontraban en casa, algunos más recuperados que otros pero al fin juntos.

Escuchó sus pasos cuando bajó por la escalera y el bostezo antes de abrir la puerta; al entrar, saludó a Ikki con un gesto de la mano e inmediatamente ocupó el asiento contiguo a Shun, a quien rodeó con un brazo con toda la naturalidad del mundo. El joven se ruborizó ligeramente pero no despreció el abrazo; al contrario, después de beber otro trago de té, se recargó en el hombro que le ofrecían.

Recordó cuando todos abandonaron la casa Kido después de la batalla en el Santuario y por primera vez se quedó solo con Saori. Como no soportaba ser atendido sin hacer nada, decidió ayudar lo más que pudiera dentro de la mansión; su primer intento de ser útil resultó en un sinfín de regaños por parte de Tatsumi. Días después, el mayordomo le enseñó todo sobre modales y comportamiento dentro de la burguesía, pues "ahora que vivía con la princesa no podía permitirse ser el niño majadero que llegó al orfanato hacía ya tantos años". Shun era bastante educado y disciplinado, además de amable, por lo que le agradaba a todos los empresarios y periodistas con los que se llegó a cruzar; sin embargo, cuando se quedaban solos los tres, se permitía poner la mesa de manera informal sólo para sacar de quicio a Tatsumi, algo que Saori también disfrutaba.

Charlaron un rato sobre la comida, Tatsumi y sus recuerdos del orfanato. Shiryu y Hyoga constantemente se tiraban burlas entre ellos que Shun complementaba con comentarios mordaces. Aunque Ikki no participaba en la conversación, constantemente tenía que beber sorbos de té para disimular las sonrisas delatoras que curvaban sus labios.

Cuando Seika entró en el comedor, hubo un breve momento en el que el ambiente se tensó un poco, sin embargo, los cuatro jóvenes procuraron seguir la conversación lo más normal posible. Shiryu hablaba del torneo galáctico y las primeras impresiones que tuvo de sus compañeros; Shun soltó una tremenda carcajada cuando su amigo le comentó a Hyoga que lo tomó por un dramático prepotente.

-Disculpa, yo no me quité la armadura en la primera oportunidad que tuve. Esa fue una excelente primera impresión…

-Bueno, te concedo eso, pero pensé que estaba claro quién era el de las entradas teatrales ¿No es cierto, Ikki?

-¿Ikki el caballero de Fénix?

Todos guardaron silencio y miraron sorprendidos a Seika, quien se sentó al lado de Ikki y lo miraba con sus grandes ojos cafés llenos de curiosidad.

-¿El que interrumpió el Torneo Galáctico y robó la armadura de Sagitario? ¿El que derrotó a tres caballeros de bronce de un mismo golpe y renació de la muerte? ¿Ese Ikki?- sin mirarla, Ikki asintió. La muchacha se quedó mirándolo unos minutos hasta que el aludido volteó a verla con una ceja alzada; ella se encogió de hombros y tomó un pan con mantequilla-. Eres más guapo de lo que te recuerdo en televisión.

Los tres menores se destornillaron de risa ante el rostro atónito de Ikki y el color bermellón que adquirió; ni siquiera una de sus miradas fulminantes, las lágrimas y la violenta tos que los acometía, los calló. Seika los miraba curiosa, como si no comprendiera la inocencia de su comentario.

A Saori le hubiera gustado congelarlos así para siempre e incluso le pesó tener que entrar. Saludó a Seika con cordialidad que la muchacha correspondió radiante; inmediatamente, saltó de su silla y se lanzó a los brazos de Pandora, quien entró sigilosamente detrás de Saori.

Hyoga y Shiryu se callaron casi inmediatamente; él, en cambio, continuó sonriendo y saludó feliz a Saori. Cuando Pandora y Seika se separaron, Shun pudo apreciar el mismo gesto de pena y sorpresa que momentos antes había alterado el semblante de su hermano e imaginó que si alguien comprendía la vergüenza y culpabilidad de la joven, esa persona era Ikki.

El desayuno transcurrió en pacífico silencio. Tatsumi apareció para servir el té y, por supuesto, dirigir a Shun una mirada de reproche por el acomodo de la mesa. Seika pidió permiso para retirarse y llevar el desayuno a Seiya. Una vez que todos hubieron terminado, Shiryu tomó la palabra.

-Athenea, agradezco profundamente la atención y el cariño que nos has dedicado. Estas semanas han sido difíciles pero no habría podido llegar a este punto de mi recuperación de no ser por ti y mis amigos; por eso me gustaría pedir tu permiso para regresar a China el día de mañana.

-¿Crees poder resistir el viaje, Shiryu?

-No me cabe duda. Además, quisiera ver a Shunrei.

Saori sonrió y asintió con la cabeza. Comentó que informaría a Tatsumi y se aseguraría de que un avión privado lo transportara directamente a China, para evitar complicaciones. Entonces Hyoga intervino para pedirle permiso a la joven para volver a su hogar en Rusia.

-¿No te sientes bien aquí, Hyoga?

-No es eso, señorita. Quisiera visitar a Jacob y a mi madre; además estoy algo intranquilo por la señorita Fleire e Hilda, entonces me gustaría asegurarme de que se encuentran bien.

-Está bien. Haré los preparativos para que puedas irte mañana también.

Shun quiso disimular su desilusión con comprensión; sabía que la principal razón por la que sus compañeros querían partir de debía al luto que guardarían por sus respectivos maestros en su lugar de entrenamiento. Él no había tenido la oportunidad de hacer lo mismo en la isla de Andrómeda, sin embargo, Shaka les había permitido a él y a June orar en el templo de Virgo por el alma de Albiore de Cefeo y sus compañeros. Shaka… sería buena idea volver a la sexta casa para orar por su segundo maestro esta vez.

-¿Qué me dices de ti, Ikki?

Tanto como Pandora como Shun sintieron un vuelco en su corazón y clavaron su mirada en Ikki. Él miraba intensamente a Saori con la misma exigencia que había expresado cuando ella apareció en el cuarto del hospital; la princesa sostenía sus ojos con seriedad, sin retroceder.

-Si me lo permites, quisiera quedarme aquí un tiempo con mi hermano.

La nota de tristeza que había invadido las emociones de Shun desapareció luego de escuchar tal afirmación. Por fin la posibilidad de recuperar el tiempo perdido con su hermano se le presentaba como realizable, en vez de ser un sueño lejano. Pandora, por otro lado, sonrió y ninguno de los presentes pasó por alto dicho gesto.

-Eres bienvenido- la joven se puso de pie e inmediatamente todos los demás la imitaron-. Me gustaría que descansarán, caballeros, sin preocuparse por cualquier incidente. Les aseguro que su recuperación es lo que más importa en este momento.

Pandora bajó la mirada y su rostro se endureció. Hyoga y Shiryu pidieron permiso para retirarse y comenzar sus preparativos para el viaje, mientras Shun decidió que ir al jardín en ese momento era una buena idea, pero no quiso irse solo.

-Saori, ¿Te la puedo robar un rato?

Su amiga sonrió como respuesta. Vaciló un momento antes de ofrecer su brazo y sintió su corazón latirle muy fuerte cuando ella lo aceptó sin ocultar su expresión atónita. Pandora se sintió abrumada pues jamás había percibido tanta calidez, tanta bondad ni tanto poder; pensó que seguramente el cosmos de Shun había estado mermado por la maldición de Hades y sólo ahora podía emanar todo su resplandor. Entonces le dedicaron la sonrisa más límpida que había visto en milenios.

-¿Habías visto la época de cerezos, Pandora?