Se dio cuenta de que era la primera vez que visitaba el Santuario sin la intención de dirigirse a una batalla. Levantó la mirada para observar el color turquesa del cielo, tan diferente al de la ciudad. ¿Siempre había sido así de azul?

— ¿Verdad que es bonito, Shun?

Le sonrió a Seika y asintió. Se habían quedado al pese pie de las escaleras que marcaban el inicio del camino de las doce casas con el fin de esperar indicaciones de la joven Athenea. Seiya, Ikki y él le daban la espalda a los templos para evitar traer a su mente el dolor de la pérdida, al menos durante este feliz reencuentro. Jabu, Ichi y Nabu estaban sentados en el suelo frente a ellos haciendo toda clase de comentarios y bromas sobre el aspecto de sus amigos.

— Todo el mundo dice que se ven terribles pero les hemos dicho que están tan guapos como siempre.

— Excepto Ikki. Ya aclaramos que esa siempre ha sido su cara.

— No lo molestes, Jabu, ves que es la primera vez que no se larga en cuanto puede...

— ¡Es un cumplido! De ahora en adelante será "el temible caballero de fénix".

— ¡Shhhhh, Jabu! ¡Ikki va a darte una paliza!

Soltó una sonora carcajada. A su lado, Seiya esbozó una media sonrisa que su hermana correspondió con un guiño. Después, la chica se puso de pie y se alejó hacia los restos de una columna, al borde del risco, desde donde podía verse mejor el pueblo que rodeaba al Santuario.

Jabu la miró entre risueño y sorprendido. Luego le dirigió una sonrisa traviesa a Seiya.

— Tu hermana es muy linda, Seiya. De haberlo sabido antes, te hubiera ayudado a buscarla — el rostro de Seiya se tensó. Esta vez fue Jabu el que soltó una carcajada—. ¡Es broma, amigo!

— No le hagas caso, Seiya— Nachi le dio un codazo a Jabu y le sonrió a sus amigos—. Sólo quiere molestarte.

— Vamos, sólo quiero hacerlo reír. Es raro que esté aquí tan callado, me esperaría eso de Hyoga o de Shiryu. Quizá tal vez de Shun. Además no dije nada malo, Seika de verdad es lin...

—Vuelve a repetirlo y te rompo la boca, Jabu.

Todos miraron a Seiya ligeramente sorprendidos; incluso Ikki, quien permanecía indiferente, giró el rostro hacia su compañero. Shun estaba seguro de que era la primera vez que lo oía hablar desde que habían salido del hospital. Sospechaba que su silencio era una cuestión voluntaria, sin embargo, esperaba que decidiera dirigirles la palabra cuando no tuviera más remedio. Sintió alivio y felicidad: si su amigo era capaz de exasperarse con Jabu al grado de olvidar su mutismo, significaba que el Seiya al que conocía se encontraba ahí, que Hades no lo había quebrado del todo, a pesar de todo el daño que había sufrido su espíritu. Así que, cuando las miradas de ambos se cruzaron, Shun no pudo reprimir una enorme sonrisa. Ikki, por su parte, disimuló su alegría volviendo el rostro hacia otro lado.

— ¡Ese es el Seiya que conozco!

Jabu aplaudió entusiasmado y propició un puñetazo amistoso en el brazo de Seiya. El aludido sólo lo miró con fastidio.

— Por cierto, Shun, esperábamos que nos explicaras algo— El joven caballero de Andrómeda miró a Nachi con curiosidad. Éste carraspeó antes de continuar—. ¿Es verdad que quien viene con ustedes es una prisionera de Hades?

Shun le dirigió una mirada cautelosa a Ikki pero su hermano no reaccionó ante la pregunta; permaneció con la mirada perdida y el rostro inexpresivo. Rápidamente, el joven caballero les relató a sus compañeros la historia de su nueva amiga. Tuvo cuidado de omitir algunas partes, como la manera en la que la maldición de Hades lo había afectado personalmente y el misterioso vínculo que al parecer su hermano había forjado con ella. Todos escucharon con atención y seriedad, mientras Shun explicaba que ahora Pandora era aliada del Santuario y alguien a quien Saori le profesaba un profundo cariño, sentimiento que parecía ser mutuo. Cuando terminó hubo un minuto de silencio, en lo que todos procesaban lo que Shun acababa de narrar. Incluso él mismo entendió que aún había algunas lagunas que no terminaba de llenar, preguntas que quedaban sin respuesta. Pasados unos minutos, Ichi fue el primero en hablar.

— Athenea no debe tardar en mandarnos llamar— estiró sus brazos y se puso de pie—. Con que princesa del infierno y ahora del Santuario ¿eh? Debe ser extremadamente poderosa.

— Es muy bonita.

Al principio, pensó que se trataba de otra broma y no le hizo mucho caso pero comenzó a alarmarse cuando descubrió que su hermano tenía los ojos clavados en Jabu. El joven caballero no se había dado cuenta: miraba ensimismado hacia la cima de la montaña, donde se encontraban la cámara del patriarca y el templo de Athenea, donde debía estar ella. Un leve rubor encendía sus mejillas y sus ojos brillaban. Bajó la cabeza apenado cuando escuchó que Nachi e Ichi reían.

— ¡No seas tonto Jabu! Ella no está aquí para buscar novio.

— Además, no se fijaría en ninguno de nosotros.

— ¿Ustedes qué saben?— Jabu parecía ligeramente molesto. Nachi e Ichi compartieron una mirada divertida y sonrieron condescendientes—. Nadie vino aquí buscando amor pero algunos lo encontraron porque eso es lo que pasa, ¿verdad Shun?— el aludido se ruborizó pero no tuvo tiempo de responder porque Jabu continuó hablando—. Sólo es cuestión de tiempo, de que pueda hablar con ella. Además, si se queda en el Santuario necesitará compañía y prácticamente yo vivo aquí. Diles, Shun.

Se la pensó antes de contestar. Jabu lo miraba con insistencia, mientras Ichi y Nachi le dirigían una mirada de complicidad a sus espaldas. Seiya, por su parte, lo miraba con cautela y él entendía perfectamente porqué: a pesar de que su hermano se encontraba ligeramente distanciado, Shun casi podía escuchar sus gruñidos. Tragó saliva y desvió la mirada.

— Eh, no creo que ella esté interesada en eso Jabu.

— Ya— su compañero pareció decepcionado, sin embargo, no se dio por vencido—, pero ¿crees que tengo una posibilidad? Quiero decir, imagina que Hyoga no existiera, ¿considerarías salir conmigo?

Esta vez, el color rojo lo invadió hasta las orejas y desvió la mirada. Al notarlo, Ikki apretó los puños y frunció el entrecejo. Se hubiera lanzado contra el pobre caballero de Unicornio de no ser porque en ese momento todos escucharon a Seika soltar un grito de alegría. Por la escalinata, desde la casa de Aries, se podían apreciar dos figuras que iban hacia ellos. Todos, excepto el joven Pegaso, se pusieron de pie. Seiya sintió que su corazón le latía con fuerza al distinguir la caballera pelirroja de su maestra. ¿Cuánto tiempo había pasado?

Seika corrió hasta ellos.

— ¡Marin! ¡Es Marin! ¡Ven, Jabu, es Marin!

Tomó a su amigo de la mano y lo arrastró escaleras arriba mientras Ichi y Nachi se botaban de la risa. Ikki se acercó a Seiya y a su hermano. Aún tenía el ceño fruncido y los labios ligeramente apretados. Por su parte, Seiya miraba con los ojos entrecerrados a Seika y a Jabu correr escaleras arriba con las manos entrelazadas.

— Te propongo algo— Seiya no apartó la mirada de su hermana mientras hablaba. Shun lo miró y supo que no le hablaba a él—. Tú lo sostienes y yo lo golpeo.

Por toda respuesta, Ikki sonrió. La idea le parecía tentadora. Muy tentadora.