Capítulo 6 – Carne de presa

—Todos querían mi carne, y no les permití tomarla. —Dijo la elefante llena de furia, mientras se incorporaba dificultosamente. La herida que Rhinowitz logró infligirle había restringido enormemente sus movimientos—. Tu tampoco la tendrás, Hopps. ¡Ni tu... ni nadie más! ¡No lo permitiré! —Gritó al precipitarse, impactando el suelo con sus patas delanteras al emplear una fuerza imposible. Judy apenas alcanzó a esquivar el ataque, alejándose lo suficiente de su antigua compañera, y tomando el cuchillo de su cintura rápidamente. Por nada en el mundo dejaría que la elefante tomara a una nueva víctima.

—¡Francine! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —Alcanzó a gritar, a tiempo para rodar y evitar la embestida del paquidermo.

—¡Te aplastaré como aplasté a todos los demás! ¡No podrás matarme si te mato a ti primero! —Grito furiosamente al voltearse.

—¡Estás loca de remate!

—Todos están locos, yo al menos estoy lo suficientemente cuerda para no confiar en ti o en los otros. —Cargó contra ella nuevamente, pero esta vez la coneja no solo la esquivó al deslizarse por debajo de ella, sino que también intentó emplear el cuchillo para lastimar su pata derecha. Sin éxito, dado el grosor de la piel de la criatura. Al voltearse, la mirada de su antigua compañera hizo que su cuerpo se estremeciera—. Lo sabía... tu también eres como ellos.

—Te lo advierto Francine, no quiero lastimarte. —Amenazó Judy, con el cuchillo de cocina en alto.

—Por supuesto que quieres. —Devolvió ella—. No eres diferente a todos ellos, conejita. Tienes dentro de ti una sed de sangre que te carcome, por eso mataste a ese guepardo. —El agarre de Judy aflojó ante esas palabras y el cuchillo estuvo a punto de caer al suelo, pero no tardó en recuperar la compostura—. Si, lo vi desde aquí. Si crees que tendrás perdón por eso...

—¡No me dejó opción!

—¡No buscaste otra!

—¡Hice lo que debía para conservar mi vida, y lo haré ahora si sigues presionándome!

—¿Crees que tendrás oportunidad? —Sonrió con malicia la elefante—. Te mataré a ti también Hopps, a ti y a la oveja que dejaste abajo. ¡Los mataré a todos! —Cargó contra ella nuevamente, pero la agente no estaba dispuesta a recibir aquel ataque.

—¡No si puedo evitarlo! —Gritó al deslizarse por debajo de ella nuevamente, a tiempo para saltar a su cola en plena carrera, trepar e intentar acuchillar su cintura, luego trepando un poco más y atacando por debajo de su axila, buscando un área blanda en donde pudiera provocarle un daño mayor, pero la elefante la capturó en sus patas antes de que pudiera conseguirlo.

—¿Con un simple cuchillo de cocina? ¿Es en serio? —La lanzó contra el suelo con toda su fuerza, dejándose caer sobre ella después. De no haber sido porque la coneja reaccionó en el instante justo, sin duda no habría sobrevivido a ello. Judy se apartó rápidamente, con su cuerpo en extremo dolido luego de aquel impacto, y ahora no podía evitar arrastrar su pata izquierda—. Acéptalo, ¡no puedes matarme! —Dijo al voltearse hacia ella.

—¡No significa que no pueda intentarlo! —Respondió la policía, llena con determinación.

—Eres una imbécil... —Francine se dirigía hacia Judy sin duda en su mirada, teniendo pensado aplastar su cuerpo tal y como había hecho con las presas del centro comercial con anterioridad, y ella no podía hacer nada al respecto. La coneja no contaba con el estado físico adecuado para evitar un nuevo ataque, ni tampoco con la fuerza necesaria para enfrentar a la elefante. Lo viera por donde lo viera, ya no había nada que pudiera hacer contra ella.

—¡Judy! —Al levantar la vista, encontró parada junto a la escalera a su compañera oveja, que al ver a la enorme criatura parada frente a ella, quedó completamente paralizada—. Oh...

—¡Diana, huye de aquí! —Gritó desesperada.

—Ju-judy...

—Vaya, el lobo en piel de cordero ha vuelto. —Sonrió Francine, volteándose hacia Hopps—. ¿De verdad has olvidado que fue una oveja quien casi acabó con nuestra ciudad en el pasado? ¿Tan estúpida eres?

—No... ella no tiene nada que ver con eso. Por favor Francine, ¡reacciona! —Suplicó la policía, pero su antigua compañera hizo caso omiso a sus palabras.

—Siempre fuiste demasiado blanda Hopps. Incluso ahora. En ese entonces, debiste acabar con Bellwether cuando tuviste la oportunidad. —Le dio la espalda, dirigiéndose hacia la oveja, quien era incapaz de mover un sólo músculo.

—¡No! ¡Detente! —Suplicó en un grito, pero la elefante no la escuchó—. ¡Detente! —Judy se incorporó y corrió hacia la elefante, intentando ignorar el dolor en su pierna, empleando sólo una para saltar a la espalda de su antigua compañera, quien se detuvo para quitarse a la coneja de encima—. ¡Detente! —Judy evitó sus patas, trepando a su cabeza, y clavó el cuchillo en su ojo izquierdo.

—¡Maldita coneja! —Gritó la elefante invadida por el dolor, siendo incapaz de alcanzar a Judy en su ubicación actual.

—¡Detente! —Continuó gritando la coneja, hundiendo el cuchillo de cocina incluso más, hasta llegar al centro del sistema de la criatura. El cuerpo de la misma permaneció quieto un instante, antes de comenzar a desplomarse de espaldas. Para entonces Judy ya había saltado de su oponente, aterrizando a pocos metros de la oveja, y allí se desplomó. Estaba exhausta, tanto física como mentalmente. Ya no podía seguir adelante—. Detente... —Susurró al ver el cuerpo de Francine, ahora tendido en el suelo frente a ella.

—¡Judy! —Diana se aproximó rápidamente a la coneja arrodillada con gran preocupación—. Judy, ¿estás bien? —Preguntó, pero la coneja no le respondió—. ¿Judy?

—¿En qué me he convertido? —Dijo sin dejar de ver el cuerpo de la elefante—. Francine... —Susurró, notando entonces que algo había caído del bolsillo de su antigua compañera. Se incorporó con dificultad para caminar hacia el cuerpo, y al arrodillarse encontró que el objeto en efecto era un anotador.


Notas de Francine

"Aún no puedo creer lo que está sucediendo. No sé que haya hecho ese humo que cubrió la ciudad, pero todos los depredadores se han vuelto salvajes de un momento a otro luego de aspirarlo. Lo que han hecho desde entonces es irreal.

Rhinowitz y yo estábamos de servicio aquí en el Distrito Forestal, y apenas vimos que algo iba mal reunimos a cuanta gente pudimos en el centro comercial, nos atrincheramos y enfrentamos a los depredadores que atacaron.

En estas últimas horas hemos hecho cosas de las que no me enorgullezco, y las cuales quisiera olvidar que alguna vez hice, aunque siento que me perseguirán por el resto de mi vida.

Mientras escribo esto, Rhinowitz está reuniendo a las presas más fuertes e ideando un plan para sacarnos a todos de aquí, y llevarnos lo más lejos posible del centro de la ciudad. La última transmisión que nos llegó fue del jefe Bogo, y decía que el lugar era un infierno. Nos dio la orden de proteger a las presas que logramos salvar aquí, pero eso fue hace tres horas.

El jefe reunió a cuantas presas capaces de luchar pudo, y se fortificó en la comisaría con el resto de nuestros compañeros. Rhinowitz está intentando hacer lo mismo, pero sólo veo al búfalo aquí presente como alguien capaz de luchar a nuestro nivel.

Afuera hay muchos depredadores intentando entrar por la fuerza, pero creo que hicimos un buen trabajo con las puertas, aunque solo es cuestión de tiempo. Si tengo que calcular nuestras posibilidades frente a todas esas bestias sanguinarias diría que el porcentaje es cero, aunque la esperanza es lo último que se pierde, ¿cierto?

Lo único que lamento de todo esto es que no le dije a Delgato lo que sentía por él, y quizá ahora sea muy tarde. Después de todo, lo más probable es que ahora esté recorriendo las calles del centro, despedazando a presas inocentes con sus garras y colmillos.

Creí que podría resistir, pero me equivoqué. Sólo quiero rendirme, dejarme ir. Tengo miedo, mucho miedo.

[Le siguen varias páginas en blanco, hasta una manchada de sangre. La escritura es bastante más descuidada en comparación a la anterior, pero no hay duda de que es de Francine.]

Sabía que no podía confiar en Rhinowitz. El bastardo estaba esperando al momento ideal para matarme, pero yo me adelanté. Lo derribe y aplaste su cabeza sin siquiera pensarlo. Se sintió bien. No me sorprende que todos hayan querido atacarme después. Todos quieren la carne de presa, pero no la conseguirán fácil. Y si alguien quiere tomarla, tendrá que arrancarla de mi frío cadáver."

NOTAS DE FRANCINE (ARCHIVADO).


Judy sostuvo el anotador de su antigua compañera por un breve momento, antes de perder fuerzas y dejarlo caer al suelo. La niebla había cambiado a Francine en cuestión de unas pocas horas. Entonces, ¿cuánto tiempo pasaría antes de que ella sufriera el mismo cambio? ¿Mataría a la oveja que ahora protegía luego de perder la cabeza? ¿Se volvería un peligro para los que antaño habían sido sus amigos? Diana se aproximó a ella a su espalda, no sabiendo que decir exactamente.

—Hi-hiciste lo que debías, esa bestia estaba dispuesta a matarte si le dabas la oportunidad. No tenías otra opción. —Intentó consolarla, pero aquello no fue suficiente. La coneja ya no encontraba fuerzas para continuar—. Judy... —Iba a añadir algo más, pero una extraña melodía comenzó a sonar, interrumpiéndola. Tardó unos pocos segundos en descubrir que aquel tono provenía del teléfono que había recuperado en el restaurante, y que ahora tenía el chip de la oficial coneja—. ¿Esto es...? —Judy se incorporó rápidamente, tomando el celular de la pezuña de la oveja y atendiendo rápidamente.

¡Judy! Judy, ¿estás ahí? —Aquella voz que tanto ansiaba oír sonó en el parlante, y las lágrimas descendieron por las mejillas de la coneja.

—Mamá...

—Oh, por todas las zanahorias. ¡Respondió! Hija, ¿dónde estás? ¡He estado tratando de llamarte durante horas!

—Mamá, no sabes lo mucho que me alegra oírte. —Dijo con voz temblorosa—. E-estoy en el Distrito Forestal, cerca del centro.

¡¿El centro?! —Luego de su pregunta, un sonido brusco se oyó en el celular, lo cual asustó a la coneja.

—¡Mamá! Mamá, ¿estás bien? —Preguntó preocupada.

Si, alguien se cruzó en el camino y tu padre estuvo a punto de chocarle con la camioneta. No te preocupes, estamos bien. Pero tú... Judy, todos dicen que lo que está sucediendo comenzó en el centro. Hija, tienes que alejarte de ahí enseguida. ¡Encuentra un vehículo y sal de la ciudad tan pronto como puedas!

—Lo haré... lo haré, no te preocupes. ¿En dónde están?

Cuando oímos las noticias, reunimos a toda la familia y tomamos la interestatal, pasando Foxville. Escúchame, tienes que salir de ahí. Iremos a-... Alfred-... en-... inten-... —La voz de su madre comenzó a entrecortarse, resultando en sonidos ininteligibles.

—¿Mamá? Mamá, ¿estás ahí?

Ju-... —El tono de fin de llamada iluminó la pantalla nuevamente, y la oficial se quedó allí parada, tiesa, durante unos segundos más. Dirigió su mirada al celular, y confirmó lo que ya sospechaba.

—No hay señal...

—Pe-pero eso es imposible, aquí no hay nada que la bloquee. —Respondió la oveja.

—Parece que finalmente las comunicaciones cayeron. —Guardó el celular en su bolsillo nuevamente—. Me sorprende que siguieran funcionando hasta ahora. De cualquier forma, tenemos que llegar al centro lo antes posible, y encontrar la forma de arreglar todo esto. —Le dijo a Diana, quien asintió al instante. Estuvo a punto de ponerse en camino cuando una voz se oyó a través del altoparlante en el tejado del centro comercial.

¡Judy! Pero que sorpresa verte por aquí. —Dijo una voz femenina amablemente, y la coneja se detuvo en seco.

—Esa voz...

Por un momento creí que la elefante te aplastaría, pero me alegra ver que me equivoqué.

—No puede ser...

Después de todo, soy yo quien te dará muerte al final. —Su tono se volvió áspero en el final, y la coneja ya no tuvo dudas. Sabía exactamente de quien se trataba.

—¡Bellwether! —Gritó con furia.

¡Bingo! Eres la conejita más lista que he conocido. Bueno, actualmente eres de los pocos conejos que quedan en la ciudad. ¿Quién lo diría? Creí que todos eran hábiles como tú, pero me equivoqué. Pobrecitos...

—Sabía que eras cruel, pero... nunca hubiera imaginado que llegarías a este punto. —Apretaba las patas, intentando contener la ira que la invadía—. ¡Eres un monstruo!

Tranquila conejita, yo no causé todo esto, simplemente aproveché la ocasión. Ahora estoy al mando de la prisión, y puedo ver todo a través de las cámaras de seguridad. —Diana señaló rápidamente el aparato colocado en la rama de un árbol cercano, cuyo lente apuntaba en su dirección—. Creé un usuario fantasma en el sistema por si algún día lo necesitaba, y me alegra haberlo hecho. Puedo controlar muchas cosas desde aquí, ¡cómo esto! —En algún lugar del bosque una maquinaria se puso en marcha, y el teleférico en lo alto del distrito inició su recorrido nuevamente. ¿De verdad les había dado la clave para regresar a la ciudad tan fácilmente?

—¿Qué es lo que pretendes?

Ayudarte, por supuesto. —Explicó, como si de algo obvio se tratase—. ¿No quieres acaso reencontrarte con tu compañero zorro?

—Ese es tu plan, ¿no? Guiarme hasta Nick y esperar a que él me asesine, tal y como la última vez. —Replicó con saña.

Aunque sería un bonito espectáculo... no, ese no es mi plan. Él fue tan responsable de mi encierro como tú, pero aplicarle su castigo ahora no tendría sentido, pues no es consciente de nada. Necesito que recupere su consciencia para poder castigarlo, y creo que tú buscas lo mismo. ¿No es así?

—Entonces... ¿hay una forma de salvar a los depredadores?

—Judy... —Susurró Diana, temiendo que la coneja pudiera caer en las pezuñas de la ex-alcaldesa.

¡Por supuesto que la hay! Bueno, al menos eso creo. Si no me equivoco, quien hizo esto encontró la forma de modificar el tóxico aullador a un nivel mucho más avanzado que yo, pero el antídoto debería seguir siendo el mismo. Por lo que tengo entendido, hay una reserva en el hospital general de Zootopia, así que esa debería ser tu siguiente parada.

—No estás segura de que el antídoto sea efectivo, ¿no es así?

Por supuesto que no, solo puedo guiarme por lo que estoy viendo desde aquí. De una forma u otra, es la única oportunidad que tienes de rescatar al zorro. Si tienes suerte, él recuperará su consciencia, y entonces podré ir a por los dos. Y si sale mal, y no consigues devolverlo a la normalidad, los dos se enfrentarán en un combate a muerte. Ya sea que él gane y te despedace, o tú ganes y lo asesines, mi venganza se habrá completado de todas formas. ¿No es eso fantástico? —Preguntó, y la emoción con la que dijo aquellas palabras hizo que el pelaje de Judy se erizara. Estuvo a punto de responderle, pero entonces el altoparlante se desactivó. Claramente la oveja no esperaba una respuesta por su parte, pues sabía bien qué era lo que la oficial haría.

—Maldición. —Se volteó hacia Diana, quien la observó con cierta duda en su mirada—. Tenemos que tomar el camino que nos marcó.

—¿De verdad crees que nos ayudará?

—No, pero no tenemos otra opción. —Miró por última vez el cuerpo de Francine, tieso en el suelo, con el cuchillo de cocina clavado profundamente en su ojo, y se dijo a si misma que no moriría en esa ciudad. Escaparía de allí a como dé lugar—. Andando. —Ambas se pusieron en camino hacia el teleférico ahora activo, caminando hacia la carretera bajo el resplandor de la luna. Aún faltaban varias horas antes del amanecer.