— ¡Papá! — Gritaba emocionada una pequeña — Llegaste — Decía sonriente, mientras bajaba de las escaleras, apresurada — Tal como lo prometiste — Sonrió cerrando sus ojos, mientras que el rubio mayor se le quedaba viendo sin saber cómo actuar «Actúa normal... ¡¿Pero que es normal?!» aquella situación lo estaba exasperando — Debo mostrarte algo — Dijo la pequeña y sin esperar respuesta tomó su mano guiandolo.
Se dio cuenta que aquel pasillo por donde lo conducía no era otro más que hacia el jardín. Se quedó ahí, sin mostrar alguna expresión (para que la niña no sospeche), pero internamente estaba muy sorprendido, lo poco que recordaba de aquel jardín, antes maltratado, era un pequeño lugar que su madre cuidaba con mucho recelo porque las semillas habían sido un regalo de su tía Andromeda, pero ahora era diferente, no sólo estaba ahí el gran Rosal, sino que también estaba repleto de muchas flores.
— La vi esta mañana — Llamo su atención la niña — La cuide como te prometí — Decía mientras le hacía señas para que se acercará — ¡Un Malfoy siempre cumple su palabra! — Grito con todas sus fuerzas, haciendo que el rubio se estremeciera. — A las 5 en punto de la tarde, hace exactamente dos meses — Habló diplomáticamente — Se me encargo la semilla de la flor Dalia representación de mi pequeña hermana Aile, — Se aparto mostrando como una pequeña maceta tenia una planta con unos pequeños brotes de un tono violeta bajo — Hoy doy informe de sus pequeños brotes, ¡una gran paso para una planta! — Informó como si se tratara de un militar o algo por el estilo, el rubio no pudo evitar sonreir y esconder una carcajada.
— ¡Muy bien! — Le siguió la corriente — Espero sus excelentes informes con cada paso.
— ¡Así será! — Dijo firmemente, para luego observar los brotes, muy embelesada.
Draco se quedó observandola «También se parece a Granger, por querer todo perfecto» se dijo así mismo, al parecer sus dos hijos tenían un carácter combinado sobre los dos, aunque aún no se acostumbraba a la idea de estar casado... teniendo hijos y mucho menos con alguien a quien tanto daño había echo.
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— ¿Mamá? — Preguntó James apenas vio como su madre entraba apresurada con dirección al baño.
— Tranquila mamá — Consolaba la pequeña pelirroja, que ya estaba acostumbrada de ver a su madre vomitar. — Papá dijo que llegará pronto — Susurró, su padre ya les había comentado que debían estar al pendiente de su madre, pues tener un bebé dentro no era nada fácil.
— Estoy bien — Habló con dificultad, levantándose y tomando uno de los pañuelos del lava manos, observo a la niña que estaba su lado y negaría si dijera que no era la criatura más linda que había visto «puff hormonas» pensó, desviando la mirada «maldito Potter» maldecia. Al salir pudo ver como un pelinegro le miraba fijamente como si estuviera analizando las posibilidades sobre algo... también observo como uno más pequeño se acercaba con una niña entre brazos, pelinegra por cierto.
— ¿Mamá estas bien? — Preguntó "la copia de Potter», de alguna manera tenía ganas de reclamar y maldecir a los cuatro vientos al maldito idiota de cuatro ojos ¿Porque tenía que estar casada con él y tener tantos hijos?
— Claro — Respondió un tanto insegura, lo suyo no era tener una relación "amena" con los niños.
— Mamá — Llamo el más mayor — ¿Puedo hablar contigo? — Preguntó un tanto serio y nervioso, Pansy solo asintió sin saber cómo reaccionar, de repente sentía que lo que iba a escuchar no le gustaría para nada — A solas... Así que ustedes — Señaló a los más pequeños — Renacuajos, fuera de aquí.
— ¡Mamá! — Se quejó la niña a su lado.
— Sólo será un momento — Dijo y sin saber porque se acercó hasta su altura — Ve a jugar — Sonrió amablemente, la niña dudo un poco, pero luego bajo por las escaleras mientras le proponía juegos a su hermano.
— Vayamos a tu despacho — Dijo el pelinegro empezando a caminar, lo cual la pelinegra agradecía, pues aún no conocía esa mansión. Una vez dentro se sorprendió que hubiera dos escritorios y al parecer el suyo era el que más desordenado estaba «que horror» pensó, aunque ya sabía por donde empezar a buscar información, seguro que esas cajas tenían unas cuantas cosas que le interesaría... — Yo... — Titubeo el chico sacando de sus pensamientos a la chica — Quería pedirte permiso para asistir a un campamento de Quidditch — Dijo rápidamente, mirando a otro lado; la pelinegra se había dado cuenta que escondía algo.
— ¿Sabes? — Preguntó mirándolo fijamente, no sabía como ser una madre, pero sabía como transmitir confianza o sonar amenazante, insitando a hablar — Fui a Slytherin — Fue lo único que dijo, mientras que el muchacho tenía ganas de golpearse al sentirse como un libro abierto.
— Por eso te quiero más que a papá — Sonrió sin darse cuenta que la persona de enfrente se había quedado helada — Papá se daría cuenta que miento, pero lo aseguraría por si mismo y no sería tan directo como tu. — Se desordeno un poco el cabello antes de seguir — Lo que sucede es que quiero pasar tiempo con Sarah, se que tío Ron y papá me prohibieron acercarmela después de aquel beso — Contaba el muchacho misteriosamente, sin ser consciente que su madre perdía el aliento «¿Mi hijo beso a una Weasley?» se preguntaba escandalizada. — Pero te juro por Merlín que era un juego, solo que Tío Ron el exagero dramáticamente.
Levantó su mirada para encontrase con la mirada incrédula de su madre, suspiro, suponiendo que su madre seguía dudando; cuando en realidad los pensamientos de su madre eran todo, pero ninguno que analizará la ahora situación de su hijo.
— Sí, sí, lo admito — Dijo rodando los ojos y agarrándose de los cabellos, dramáticamente — Me gusta esa pelirroja egocéntrica, tonta y berrinchuda — Se levantó y empezó a caminar como león enjaulado — Tal vez herede más que el físico del abuelo — Hablaba, si no se encontrará en su propia crisis existencial se daría cuenta que su madre estaba más perdida que la piedra filosofal — La maldición Potter no afectó a papá, ¡pero a mi sí! — Se quejaba — ¿Porque un Potter tenia que prendase de una pelirroja?
La pregunta de su hijo la descoloco por completo ¿Ella que iba saber? Nisiquiera sabía de la existencia de esa maldición; observó al muchacho pelinegro de enfrente, buscando una respuesta adecuada...
— Supongo que al amor no se le puede llamar maldición ¿No? — Lo observó — ¿O dudas que sea amor?
— No, estoy seguro — Respondió rápidamente, recordando aquella pelirroja, leona tenaz.
— Si quieres ir al campamento será mejor que seas sincero, estoy segura que Potter lo entenderá — Aconsejó cerrando los ojos — De mi parte tienes el permiso — «Es Quidditch después de todo» pensó — Pero recuerda que debes tener de ambos o no haya nada.
— ¡Gracias mamá! — Sonrió triunfante — No se como, pero convencere a papá — Dijo con un brillo en su mirada — Por cierto — Se puso serio de pronto — ¿Pelearon con papá?
La pregunta le agarró desprevenida sin saber que responder.
— Sólo lo llamas por su apellido con estas enojada con él.
— Hormonas — Fue lo único que atinó a decir, encogiendo los hombros sin darle importancia, su hijo convencido la abrazo y salió sonriente.
Mientras ella observó, unos segundos más, la puerta por la que salió el muchacho para luego empezar a buscar en ese escritorio que parecía haber soportado un par de crucios.
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— ¡No es cierto!
— ¡Qué si!
— ¡Qué no!
Suspiro cansado, desde que había llegado sus hijos rápidamente lo abordaron acusandose el uno al otro, los observo mientras seguían discutiendo sobre de quién había sido la idea de volar en su escoba y por inexperiencia romperla; ambos niños eran castaños, tenían el cabello revoltoso, pero lo que los diferenciaba era los ojos mientras que de Lorcan eran azules profundos de Lysander eran grises, y ahora, ambos tenían un pedazo de hojas en los cabellos y lodo en sus mejillas.
— ¡FUE TU IDEA! — Volvía recalcar Lysander, molesto.
Suspiro, nuevamente, ambos eran su viva imagen, aún no entendía como es que eran tan hiperactivos siendo que él de niño se encerraba en la biblioteca, tampoco sus padres lo eran (a lo que el sabia) y Lovegood no parecía ser una persona hiperactiva; y como si fuera una respuesta clara, apareció la imagen de sus amigos... ahora si estaba claro, después de todo el siempre terminaba siendo arrastrado a las idioteces que hacían, por más en contra que estuviese.
— Es suficiente — Llamo la atención de los niños y levantó la mano en signo de silencio — Ambos están castigados...
Y las quejas no se hicieron esperar, incluso confesaban uno que otro secreto. Theo se llevó la mano a la frente, exasperado por la situación, sacó su varita de su bolsillo trasero y conjuro un hechizo para callarnos, además de mantenerlos quietos.
— Están castigados sin salir — Suspiró, de nuevo, al ver como parecían quejarse con la mirada. — Sin juegos y ayudarán a Tefy con los que haceres de la casa. ¡Tefy! — Llamo para que luego aparezca la elfina de la familia Nott — De ahora en delante Lorcan y Lysander — Les dedicó una mirada severa — Te ayudarán con los que haceres de la casa, dales algún trabajo, por favor.
La elfina lejos de estar de acuerdo se mostró totalmente alarmada, incluso se podría decir que el color se le iba de a poco de su rostro.
— Tefy cree que no es un buen castigo para los jóvenes amos
— Te ayudarán — Demandó autoritario, dejando claro que no había objeciones, la elfina se retiró un tanto molesta y asustada, no era fácil convivir con esos niños.
Pasó unos momentos, pensando en todo lo que veía, pues era todo lo contrario a lo que alguna vez había imaginado.
— Theo — Llamo una dulce voz desde las gradas — No pensaras dejarlos así — Señaló con la mirada a sus hijos.
— Ah, no, lo siento — Se disculpó apenado, se enfrasco tanto en sus pensamientos que se había olvidado de sus propios hijos.
— ¡Mamá! — Corrieron ambos niños fingiendo llorar, cada uno abrazo una pierda de la mujer.
«Serán Slytherin's» pensó al ver como se quejaban y de alguna manera buscaban que "su madre castigará a su padre"
— Era su escoba favorita — Los tranquilizaba, se habían sentado en los escalones a medida que hablaban. —Además este no es el peor castigo — Argumentó acarisiandolos, ambos niños de repente se callaron, divagando en sus recuerdos y sin decir más se fueron a sus habitaciones.
Mientras que el castaño mayor miraba confundido el segundo piso ¿Ya los había castigado? ¿Y fue peor que ahora? Pues se estaba sintiendo como un ogro por no saber de que iba todo, no recordaba algun objeto de importancia en su vida y por eso les dio un castigo improvisado.
— ¿Porque castigaste a Tefy también? — Preguntó la rubia, acercándose más — No creo que le guste la idea después de que destruyeran, la última vez, la despensa.
El no supo que responder, ahora entendía la frustración de la pobre elfina.
— Será por poco tiempo — Se excusó recordando que no había determinado el tiempo que durará el castigo.
— Tal vez deberías enseñarles a volar — Habló mientras le acariciaba la mejilla. El castaño lejos de separarse se acomodó al tacto de la rubia — Estoy segura que sus instintos de Slytherin's quieren ganarles a James.
Sonrió sin darse cuenta, ella también sabía que ellos irían a su casa.
— Uno de estos días les enseñaré.
Y antes de continuar un llanto llamo su atención, sin saber el porqué, una preocupación se alojó en su corazón.
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— ¿Princesa, estas segura? — Preguntó por quinta vez al ver que la niña pelirroja incorporaba harina a una cacerola.
— Si, si papá. Le encantará a mamá — Contestó sonriente, sin dejar de hacer su labor.
Al llegar se dio cuenta que su esposa no se encontraba, la niña aseguró que se había ido a una reunión con su equipo y propuso darle una sorpresa de "bienvenida", el punto era: que el no sabía nada ¿Cómo estaba eso de que era el mejor cocinero? Eso no lo recordaba, trató de comportarse normal y tal como lo hacía verdaderamente, ser cariñoso con los niños no era un problema, ya que el estaba acostumbrado a dar palabras de cariño a diferencia de sus amigos.
— No se que estas pensando papá — Comento una voz desde el marco de la puerta de la cocina — Pero si quieres dormir en el sillón vas por un buen camino.
— ¡Ay, Cass! deja de ser una amargada — Comento otra — Si explotamos la cocina no será la primera vez
— Claro que no, pero será la primera vez que mamá trate de matar a todos, al ver esa porquería — Señaló la cacerola que sostenía la pequeña.
— ¡Cass! — Se quejó la pequeña, sintiéndose repentinamente desanimada.
— Tal vez no saldría tan mal si la hacemos todos — Opinó una nueva voz, entrando y observando de cerca la cacerola.
— No pienso ensuciarme — Se apresuró a decir la morena.
Blaise siempre había sido perspicaz, aunque no se notaba; sonrió, esos niños parecían sus emociones unilaterales, ya luego buscarían más información, por lo pronto tenía la misión... de no dormir en el sillón.
— Creo que será tarde después de esto — Dijo lanzándole harina.
— ¡PAPÁ! — Se quejó horrorizada.
— Bien echo papá — Felicitó el más mayor.
La pelirroja se acercó molesta al envase, agarró un poco y la lanzó a su padre, que por consecuencia le cayó a los más pequeños.
— ¡OYE! — Se quejó la más pequeña mientras que el niño buscaba una servilleta para limpiarse el rostro.
El mayor no hacíamos que reírse con todo el espectáculo de ambas Zabini-Weasley, que se tironeban harina del envase, gritándose insultos; mientras que Blaise le hacía caras graciosas al más pequeño, que estaba sentado, asustado por el reciente ruido (aún no sabía que sucedía, pero ese niño no había hablado en ningún momento desde que "llegó")
— ¡Qué me la des mocosa! — Siseaba la mayor jalando con cuidado, pues tampoco quería lastimar a su pequeña hermana.
— Cass damela — Pidió en un susurró al ver que sus dedos se resbalaban del envase.
Todo parecía pasar en cámara lenta, el envase volando por la cocina, derramando de a poco su contenido por todos lados, hasta quedar en la cabeza del hermano mayor... El más pequeño que estaba por llorar, por tanto griterio, empezó a reír muy contento; risa que se escuchaba fuerte y claro en el silencio que se había formado.
— Jajajajajajaja pareces una momia — Se burló su hermana.
— Jajajajajajaja — Se reía la más pequeña y el otro niño reprimida una risa.
— ¡Si quieres reírte, sólo hazlo! — Le recriminó señalando, haciendo que César se estremeciera y empezará a reír un tanto nervioso. — Ya verán malditas pelirrojas — Se quejó para levantar la caserola que tenía la niña y vacierla en ellas, pronto empezaron a quejarse, y una guerra se armó con un César tratando de calmarlos, un William riendo como si no hubiera mañana y un Zabini dispuesto a unirse a la guerra.
Pasaron una hora peleando, donde más que ensuciar la cocina la habían destruido y sólo decidieron detenerse al quedarse sin "armamento".
— Debemos limpiar esto — Se lamentó el más mayor, Blaise.
— Debo bañarme — Dijieron al unísono los más mayores de los hermanos y antes de poder replicar se fueron corriendo y se podía escuchar como peleaban por entrar primero a la ducha.
— Yo también — Se escapó la niña, recordando, a diferencia de los otros, que no tenían un solo baño.
— Yo te ayudare papá — Ofreció sonriente el pequeño. Zabini podía jurar que lloraria en ese momento por la felicidad que sentía, pues no sería fácil recoger ya que no sabía dónde eran los sitios de cada objeto o especie. Le llevaría tiempo, incluso con magia.
— Muy bien Campeón — Felicitó acariciando su cabeza. Observo al pequeño que estaba aún sentado y le sonrió — Tu también terminaste involucrado — Dijo tratando de sacar la harina de sus pelos pelirrojos. En la tarde se había equivocado, no tenia mellizos el niño de enfrente era el más pequeño, pero su físico daba a pensar que sería mellizo de la la niña.
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— La estas mimando demasiado — Se quejaba una castaña.
— Un bebé no puede ser mimado —Argumentó el rubio.
— Claro que sí, ya déjala en su silla — Objeto, mientras que el rubio hizo caso a regañadientes.
Después de haber hablado con su hija, al entrar a la mansión la más pequeña llamaba su atención a puro llantos y una vez que la cargó, cuidadosamente, no quiso separarse de ella, aquellos ojos marrones lo había hipnotizado y se negaba apartarse de ella.
— Tu madre es una amargada — Susurró cerca de la pequeña, la cual lo observaba curiosa tratando de entender.
— Te estoy escuchando Draco — Se burló.
— Esa era la idea — Respondió arrogante con una sonrisa de lado.
— Aver padre "divertido" deja la manito de nuestra hija, no se irá a ningún lado. — Comento sonriente.
— Puede caerse.
— Está en un silla anti caídas.
— Pero puede pasar cualquier cosa — Se quejó observando a otro lado.
— Ya dejala empaz — Dijo riendo — Quiere jugar con sus manos.
Draco recién fue consiente que la más pequeña trataba de soltarse.
— De acuerdo — La soltó.
— Ya padre protector, ayúdame a servir la cena — Le dijo tiernamente tomando su mano.
El rubio por otro lado no hizo más que obedecer ¿Qué había sido todo aquello? Jamás recordaba hablar tranquilamente con Granger, es más, nisiquiera recordaba comportarse de esa manera, observo sus manos entrelazadas y luego a la niña ¿Tenía algo que ver su ahora familia? Un sentimiento cálido se alojaba en su corazón, pero fuera de estar asustado o sorprendido, sentía que ya lo conocía, como si hiera estado ahí, desde hace mucho tiempo...
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Extra
Objetos preciados
Un pequeño castaño observaba a su madre que estaba en frente del peinador sosteniendo una pequeña cajita, con recelo y sonriendo nostálgicamente.
— ¿Mamá? — Llamo su atención.
— Oh Theodore — Saludo sonriente la mujer, que mostraba los párpados cansados.
— Deberías estar descansando — Comento preocupado.
— Y tu deberías estar jugando — Contrataco maternalmente.
— Ya jugué mucho — Dijo desviando la mirada, sabía que no era cierto.
— ¿Seguro? — Preguntó divertida — Tefy me dijo que estabas en el jardín, leyendo.
— Sólo un poco — Dijo sonrojado por ser descubierto; su madre sólo rió por la ternura de su hijo, era muy pequeño aun. — Mira — Le mostraba cajita que tenía — Esto — Sacó una cadenita bañada en oro con un dije de una luna — Me la regalo tu padre cuando me pidió ser su novia.
El pequeño de no mas de 8 años la miraba un tanto fascinado, su padre siempre había sido una persona sería y de pocas palabras, pero su madre siempre hablaba todo lo que él callaba.
— Estaba realmente nervioso — Rió ante el recuerdo.
— ¿Porque? — Preguntó curioso — Ustedes ya estaban comprometidos desde que nacieron.
— Así es, pero tú padre no quería obligarme a nada, incluso estaba dispuesto a pelear por mi Libertad — Sonrió antes de empezar a toser, luego hizo un ademán para tranquilizar a su hijo y para no ser interrumpida — Este objeto es muy preciado para mi — Dijo mientras lo pasaba por el cuello de su hijo — Por eso, debes llevarlo tu. Cuando encuentres a la persona que ames se la darás y estoy segura que esa persona se la dará a tu hijo o hija o a uno de ellos y así seguirá de generación en generación recordando nuestro amor.
— Pero es tuyo — Quiso detener a su madre — Papá te lo dio a ti y es preciado para ti — Le recordó.
— Lo se cariño, es preciado para mi, pero tú lo eres más — Sonrió para luego dirigirse a su cama y palmear a su lado invitandolo a sentarse. — La familia y el amor siempre serán más preciados que cualquier objeto. — Concluyó dándole un beso en la frente, a su hijo, el cual estaba poco convencido sobre encontrar a alguien igual o más preciado que su propia familia.
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Hoooooola, es posible que este capítulo sea el más largo que escribí para una historia.
Gracias por su apoyo y nos leemos en el siguiente capítulo. El cual pueda que tarde, lo que sucede es que cada idea que se me viene la escribo sin importar qué y ya tenía todo, absolutamente todo, desde el nombre del cap hasta de lo que iba a tratarse (incluyendo extras) y se me borro todo, hay cosas que recuerdo y trató de volverlos a plantear.Hasta la próxima, saludos.
Pd: Los invito a leer mi otra historia «OneShot Dramione» que la pueden encontrar en mi perfil.
Pd2: Acabo de darme cuenta de los hermosos comentarios que dejarion (lo sé, soy una maldita despistada) ¡ENSERIO QUE MUCHAS GRACIAS!, sobre todo por las hermosas palabras de Cris James.
