Harry Potter: Una lectura distinta

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


La Piedra Filosofal

CAPÍTULO 4 El guardián de las llaves

Cuando Harry vió que el atril se ubicaba delante del guardabosque de Hogwarts, sonrió, recordando la triunfal entrada de éste a la cabaña. Ese gesto no pasó desapercibido para Ron y Hermione, quienes, abriendo sus ojos, sonrieron también. Hagrid sonrió a su vez, extendió el pergamino y comenzó a leer:

BUM.

Llamaron otra vez. Dudley se despertó bruscamente.

¿Dónde está el cañón? —preguntó estúpidamente.

—Me imagino su cara —comentó James, divertido.

—Realmente me había asustado —respondió Dudley, rojo como un tomate.

Se oyó un crujido detrás de ellos y tío Vernon apareció en la habitación.

Llevaba un rifle en las manos: ya sabían lo que contenía el paquete alargado que había llevado.

—¡Y con dos niños! —exclamó Lily, mientras que los que no conocían lo que era el rifle miraban extrañados. Hermione explicó rápidamente:

—Es un arma muggle, lanza proyectiles a mucha velocidad, y puede ser mortal.

—Por eso tanta alarma —expresó Sirius al ver a los nacidos muggle molestos.

¿Quién está ahí? —gritó—. ¡Le advierto... estoy armado!

Hubo una pausa. Luego... ¡UN GOLPE VIOLENTO!

—Hagrid, no es necesario que grite —le comentó Dumbledore, sonriendo.

—Lo siento, profesor —se sonrojó el semi-gigante—, como está escrito en mayúsculas, pensé que había que levantar la voz.

Varias risas se escucharon en la sala.

La puerta fue empujada con tal fuerza que se salió de los goznes y, con un golpe sordo, cayó al suelo.

Un hombre gigantesco apareció en el umbral. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.

El gigante se abrió paso doblando la cabeza, que rozaba el techo. Se agachó, cogió la puerta y, sin esfuerzo, la volvió a poner en su lugar. El ruido de la tormenta se apagó un poco.

—Eso —comentó James, sonriendo—, es una entrada triunfal.

—Digna de alguien como Hagrid —remató Sirius.

Se volvió para mirarlos.

Podríamos preparar té. No ha sido un viaje fácil... Se desparramó en el sofá donde Dudley estaba petrificado de miedo—. Levántate, bola de grasa —dijo el desconocido.

Dudley se escapó de allí y corrió a esconderse junto a su madre, que estaba agazapada detrás de tío Vernon.

—Cobarde —gruñó Ron, secundado por Neville y por varios de los Weasley.

¡Ah! ¡Aquí está Harry! —dijo el gigante. Harry levantó la vista ante el rostro feroz y peludo, y vio que los ojos negros le sonreían—. La última vez que te vi eras sólo una criatura… Te pareces mucho a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre.

—Y aquí comenzó todo —exclamó Harry de forma monótona. Sorprendidos, James y Lily lo vieron, y la madre le preguntó:

—¿En qué forma, Harry?

—Ah, quiero decir —ya todos lo veían interesados—, Hagrid fue el primero que comentó eso, y de ahí en adelante muchos me lo dijeron. Al principio me halagaba, por supuesto, pero ya después se me hacía rutinario y hasta molesto.

Un ruido de Mmmmmmmm se escuchó en la sala, y al acallarse, Hagrid continuó leyendo.

Tío Vernon dejó escapar un curioso sonido.

¡Le exijo que se vaya enseguida, señor! —dijo—. ¡Esto es allanamiento de morada!

Bah, cierra la boca, Dursley, grandísimo majadero… dijo el gigante. Se estiró, arrebató el rifle a tío Vernon, lo retorció como si fuera de goma y lo arrojó a un rincón de la habitación.

Tío Vernon hizo otro ruido extraño, como si hubieran aplastado a un ratón.

—Y con eso se le acabó lo valiente —comentó Dil, sonriendo.

—No cantaría victoria tan rápido —le dijo Harry, lo que la hizo fruncir el entrecejo.

De todos modos, Harry —dijo el gigante, dando la espalda a los Dursley—, te deseo un muy feliz cumpleaños. Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco, pero tiene buen sabor.

Del bolsillo interior de su abrigo negro sacó una caja algo aplastada. Harry la abrió con dedos temblorosos. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «Feliz Cumpleaños, Harry» escrito en verde.

—Tu primer pastel, ¿no? —preguntó Ron, ante el asombro del resto de los presentes.

—Que recuerde, sí. Imagino que para mi primer año tuve pastel —comentó, mirando a sus padres.

—Por supuesto, mi vida —respondió Lily, acariciando la barbilla de su hijo—, pastel de melaza con cobertura de merengue y relleno de chocolate.

—De allí viene tu gusto por la torta de melaza —sonrió Ginny—, hasta tuve que aprender a hacerla.

Harry abrazó a su madre y a su esposa, sus dos amores, además de sus tres hijos, que imaginaba durmiendo en el propio castillo de Hogwarts.

Harry miró al gigante. Iba a darle las gracias, pero las palabras se perdieron en su garganta y, en lugar de eso, dijo:

¿Quién es usted?

—¡Harry! —exclamo Lily.

—¡Mamá! ¡Estaba sorprendido!

—Punto a su favor —medió James, ganándose una sonrisa de Harry y una mirada reprobatoria de Lily.

El gigante rió entre dientes.

Es cierto, no me he presentado. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts Extendió una mano gigantesca y sacudió todo el brazo de Harry—. ¿Qué tal ese té, entonces? —dijo, frotándose las manos—. Pero no diría que no si tienen algo más fuerte.

Un nuevo grupo de risas se dejó escuchar. Hagrid se habá sonrojado nuevamente.

Sus ojos se clavaron en el hogar apagado, con las bolsas de patatas fritas arrugadas, y dejó escapar una risa despectiva. Se inclinó ante la chimenea. Los demás no podían ver qué estaba haciendo, pero cuando un momento después se dio la vuelta, había un fuego encendido, que inundó de luz toda la húmeda cabaña. Harry sintió que el calor lo cubría como si estuviera metido en un baño caliente.

El gigante volvió a sentarse en el sofá, que se hundió bajo su peso, y comenzó a sacar toda clase de cosas de los bolsillos de su abrigo: una cazuela de cobre, un paquete de salchichas, un atizador, una tetera, varias tazas agrietadas y una botella de un liquido color ámbar, de la que tomó un trago antes de empezar a preparar el té. Muy pronto, la cabaña estaba llena del aroma de las salchichas calientes. Nadie dijo una palabra mientras el gigante trabajaba, pero cuando sacó las primeras seis salchichas jugosas y calientes, Dudley comenzó a impacientarse. Tío Vernon dijo en tono cortante:

No toques nada que él te dé, Dudley.

El gigante lanzó una risa sombría.

Ese gordo pastel que es su hijo no necesita engordar más, Dursley, no se preocupe.

—Buena respuesta, Hagrid —exclamo Charlie.

—Además —aclaró el guardabosques—, sería a la última persona en esa cabaña que le ofrecería algo de comer.

—No lo dudo —comentó Dudley, con la mirada fija en el suelo—, y lo merezco, por todo lo que le hicimos pasar al primo…

—Ya, Gran D —atajó Harry—, recuerda lo que hablamos, ¿sí?

Le sirvió las salchichas a Harry, el cual estaba tan hambriento que pensó que nunca había probado algo tan maravilloso, pero todavía no podía quitarle los ojos de encima al gigante. Por último, como nadie parecía dispuesto a explicar nada, dijo:

Lo siento, pero todavía sigo sin saber quién es usted.

—En serio —aclaró Harry, mientras lo veían con mala cara algunos en la Sala—, dudo que pudiera haber entendido algo, entre la comida y la sorpresa de verlo allí. Con lo primero que me dijo, no me había dicho algo realmente comprensible, ¿no?

Algunos gestos de asentimiento se dejaron ver por la sala.

El gigante tomó un sorbo de té y se secó la boca con el dorso de la mano.

Llámame Hagrid —contesto—. Todos lo hacen. Y como te dije, soy el guardián de las llaves de Hogwarts. Ya lo sabrás todo sobre Hogwarts, por supuesto.

Pues... yo no... —dijoLo lamento.

¿Lo lamento? ¡Ellos son los que tienen que disculparse! Sabía que no estabas recibiendo las cartas, pero nunca pensé que no supieras nada de Hogwarts. ¿Nunca te preguntaste sobre el colegio donde lo habían aprendido todo tus padres?

¿El qué? —preguntó Harry

¿EL QUÉ? —bramó Hagrid—. ¡Espera un segundo!

—Hagrid, por favor —insistió Dumbledore, sonriedo ampliamente—, no necesitas elevar la voz en los diálogos donde se exclame algo.

—Sí, profesor, pero es que me acuerdo y me molesta todo lo que Harry pasó para que le llegara su carta.

—No lo dudo, Hagrid —comentó a su vez McGonagall.

Se puso de pie de un salto. En su furia parecía llenar toda la habitación. Los Dursley estaban agazapados contra la pared.

¿Me van a decir —rugió a los Dursley— que este muchacho, ¡este muchacho!, no sabe nada... sobre NADA?

Harry pensó que aquello iba demasiado lejos. Después de todo, había ido al colegio y sus notas no eran tan malas.

Yo sé algunas cosas —dijo—. Puedo hacer cuentas y todo eso.

—Exacto, pero querías decir nada sobre la magia —comentó Hermione.

—Claro, sobre eso sí que no sabía nada —aclaró Harry.

—Hablando de eso —intervino Lily, interesada—, ¿cómo eran tus calificaciones?

—¿Antes de Hogwarts?, nada impresionantes…

—¡Primo! —exclamó Dudley, levantando la vista y viendo directamente a Harry— ¡siempre estuviste en el cuadro de honor! ¡Nunca bajaste del tercer puesto!, ¡todos los años! Yo era el que pasaba los cursos casi arrastrando.

—Pero mejoraste cuando estudiaste en la universidad —le señaló Samantha.

—Entre la beca y el boxeo, que me creó disciplina, mejoré; pero nunca estuve en cuadros de honor o cosas así.

Al formarse un nuevo silencio, el guardabosques siguió leyendo.

Pero Hagrid simplemente agitó la mano.

Me refiero a nuestro mundo. Tu mundo. Mi mundo. El mundo de tus padres.

¿Qué mundo?

—Nuestro mundo —inició Fred.

—Tu mundo —siguió George.

—Su mundo —continuó Sirius, sintiéndose de nuevo merodeador y señalando a Hagrid.

—El mundo de tu mamá y mío —remató James, riendo a mandibula batiente. Lily, mientras tanto, sólo negaba, sonriendo.

—Sí, ya sé —sonrió Harry, viendo a los cuatro chocar sus manos—, nuestro mundo.

Mientras tanto, el resto veía divertido la relación que se iba formando entre los Merodeadores y los gemelos Weasley.

Hagrid lo miró como si fuera a estallar.

¡DURSLEY! —bramó.

Tío Vernon, que estaba muy pálido, susurró algo que sonaba como mimblewimble.

—¿Ese no es el encantamiento de lengua atada? —preguntó Hannah, sorprendida—, ¿cómo lo conoció tu tío, Harry?

—Yo lo usé varias veces contra él —respondió Lily, ante la mirada sorprendida de Harry y de la profesora McGonagall—, especialmente cuando James y sus padres me acompañaban y él estaba con Tuney, porque ellos comenzaron su noviazgo cuando yo estaba en cuarto o quinto año. En lo que comenzaba con sus burlas, ¡bum!, se lo lanzaba por unos minutos.

—Recuerdo que al menos una vez a la semana me lo lanzabas —recordó Sirius, riendo—, por eso te terminaba saliendo excelente.

—Es que ese terminó siendo su hechizo-firma —aclaró James.

—Así como el mío es el Expelliarmus —complementó Harry—, o el de Ginny la maldición de moco-murciélagos.

—Exacto, un hechizo que termina siendo dominado a la perfección —concretó el profesor Flitwick—, y que por eso se convierte en característico de ese mago o bruja.

Hagrid, enfurecido, contempló a Harry.

Pero tú tienes que saber algo sobre tu madre y tu padre —dijo—. Quiero decir, ellos son famosos. Tú eres famoso.

¿Cómo? ¿Mi madre y mi padre... eran famosos? ¿En serio?

—Bueno —aclaró McGonagall—, como vimos, su fama, más que dar alegría, generaba tristeza y duelo.

—Eso es verdad —ratificó la profesora Sprout, pestañeando rápidamente para evitar una lágrima.

No sabías... no sabías... —Hagrid se pasó los dedos por el pelo, clavándole una mirada de asombro—. ¿De verdad no sabes lo que ellos eran? —dijo por último. De pronto, tío Vernon recuperó la voz.

¡Deténgase! —ordenó—. ¡Deténgase ahora mismo, señor! ¡Le prohíbo que le diga nada al muchacho!

Un hombre más valiente que Vernon Dursley se habría acobardado ante la mirada furiosa que le dirigió Hagrid. Cuando éste habló, temblaba de rabia.

—No lo dudaría —sonrió Sirius, secundado por James—, Hagrid como amigo es un pan, pero como enemigo no es algo agradable de ver.

Harry, Ginny, Ron, y Hermione asintieron, sonriendo. Dudley tuvo que darles la razón, en silencio.

¿No se lo ha dicho? ¿No le ha hablado sobre el contenido de la carta que Dumbledore le dejó? ¡Yo estaba allí! ¡Vi que Dumbledore la dejaba, Dursley! ¿Y se la ha ocultado durante todos estos años?

—Dudo que esa carta si quiera existiera —bufó McGonagal—, como dije ya, lo más sensato hubiera sido llamarlos y hablar directamente en persona con ellos.

—Lo hecho, hecho está, Minerva —respondió Dumbledore, apoyando sus dedos bajo la barbilla.

¿Qué es lo que me han ocultado? —dijo Harry en tono anhelante.

¡DETÉNGASE! ¡SE LO PROHÍBO! —rugió tío Vernon aterrado. Tía Petunia dejó escapar un gemido de horror.

Voy a romperles la cabeza —dijo Hagrid—. Harry, debes saber que eres un mago.

—Y con la sutileza propia de Hagrid… —comentó Fred.

—… viene y le lanza esa bludger al estómago —remató George.

Se produjo un silencio en la cabaña. Sólo podía oírse el mar y el silbido del viento.

—No lo dudo —exclamó Dil—. Después de todo ese alboroto y que te diga de buenas a primera que eres mago, es como para quedarse congelado, ¿no?

¿Que soy qué? —dijo Harry con voz entrecortada.

Un mago —respondió Hagrid, sentándose otra vez en el sofá, que crujió y se hundió—. Y muy bueno, debo añadir, en cuanto te hayas entrenado un poco. Con unos padres como los tuyos ¿qué otra cosa podías ser? Y creo que ya es hora de que leas la carta.

Harry extendió la mano para coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al «Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar». Sacó la carta…

—¡Por fin! —exlamó James, alzando los brazos al cielo, mientras Sirius se arrodillaba asumiendo una actitud similar. Los gemelos se desencajaban de la risa, y Lily y Molly, además de la profesora McGonagall los miraban serias; el resto de la sala los veían divertidos. Después de unos cinco minutos de risas, Hagrid pudo continuar:

Sacó la carta y leyó:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore (Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos).

Querido señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente,

Minerva McGonagall

Directora adjunta

Las preguntas estallaban en la cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera. Después de unos minutos, tartamudeó:

¿Qué quiere decir eso de que esperan mi lechuza?

—La mejor pregunta de la historia reciente de Hogwarts —exclamó Bill.

—Apenas me estaba enterando de todo —aclaró Harry—, y dudo que entendiera nada de lo que estaba en esa carta.

Al instante los intentos de risas se ahogaron en suspiros de vergüenza.

Gorgonas galopantes, ahora me acuerdo —dijo Hagrid, golpeándose la frente con tanta fuerza como para derribar un caballo. De otro bolsillo sacó una lechuza (una lechuza de verdad, viva y con las plumas algo erizadas), una gran pluma y un rollo de pergamino. Con la lengua entre los dientes, escribió una nota que Harry pudo leer al revés.

—¡Wow! —exclamó Hermione.

—Bueno, no es difícil —mencionó Harry, sonriendo—, la letra de Hagrid es enorme y muy cuadrada, nada difícil de leer si de paso estás interesado.

Querido señor Dumbledore:

Entregué a Harry su carta. Lo llevo mañana a comprar sus cosas. El tiempo es horrible. Espero que usted esté bien.

Hagrid

Hagrid enrolló la nota y se la dio a la lechuza, que la cogió con el pico.

Después fue hasta la puerta y lanzó a la lechuza en la tormenta. Entonces volvió y se sentó, como si aquello fuera tan normal como hablar por teléfono.

Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró rápidamente.

—No lo dudo —mencionó Lily, aún en el abrazo que Harry le daba—, así estaba yo cuando el profesor Dumbledore nos explicaba a tus abuelos y a mí todo lo relacionado al colegio.

—¡Dígame yo! —exclamó Hermione—, ¡mientras me hablaban, yo pensaba en los libros que quería leer para conocer más acerca de Hogwarts!

—Ustedes tres se van a llevar bien, Lunático —le comentó Sirius, sonriendo. Lupin asintió, recordando que sí, con las dos se llevaba bien. Tonks sonrió a su vez, conociendo a su esposo y las dos mujeres.

¿Por dónde iba? —dijo Hagrid. Pero en aquel momento tío Vernon, todavía con el rostro color ceniza, pero muy enfadado, se acercó a la chimenea.

Él no irá —dijo.

—Y Hagrid te hizo caso —comentó Ron, con sarcasmo. Hagrid sonrió y le dijo:

—Espera para que oigas lo que le respondí.

Hagrid gruñó.

Me gustaría ver a un gran muggle como usted deteniéndolo a él —dijo.

¿Un qué? —preguntó Harry, extrañado.

Un muggle —respondió Hagrid—. Es como llamamos a la gente «no-mágica» como ellos. Y tuviste la mala suerte de crecer en una familia de los más grandes muggles que haya visto.

Cuando lo adoptamos, juramos que íbamos a detener toda esa porquería —dijo tío Vernon—. ¡Juramos que la íbamos a sacar de él! ¡Un mago, ni más ni menos!

—Sobre todo que ellos me adoptaron —mencionó Harry, molesto—. Si hubiera sido así, me llamaría Harry Dursley ¿no?

—Un nombre horrible, por cierto —exclamó Lily, haciendo una muy certera imitación de su hermana, que arrancó risas de varios en la sala, incluyendo al propio Dudley.

—De paso —gruñó Neville—, como es tan fácil sacar a alguien de la magia…

—Sobre todo si ese alguien es Harry Potter —comentó Charlie.

¿Vosotros lo sabíais? —preguntó Harry—. ¿Vosotros sabíais que yo era... un mago?

—¡Por supuesto que lo sabían! —explotó Lily— ¡Sobre todo Tuney!

—Ya vas a ver la respuesta que dio tía Petunia —indicó Harry a su mamá, para luego preguntarle a Hagrid—: Porque es lo que viene a continuación, ¿no?

Una afirmación silenciosa del guardabosque, y de vuelta a la lectura:

¡Saber! —chilló de pronto tía Petunia—. ¡Saber! ¡Por supuesto que lo sabíamos! ¿Cómo no ibas a serlo, siendo lo que era mi condenada hermana? Oh, ella recibió una carta como ésta de ese... ese colegio, y desapareció, y volvía a casa para las vacaciones con los bolsillos llenos de ranas, y convertía las tazas de té en ratas. Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad! Pero para mi madre y mi padre, oh no, para ellos era «Lily hizo esto» y «Lily hizo esto otro». ¡Estaban orgullosos de tener una bruja en la familia! —Se detuvo para respirar profundamente y luego continuó. Parecía que hacía años que deseaba decir todo aquello—. Luego conoció a ese Potter en el colegio y se fueron y se casaron y te tuvieron a ti, y por supuesto que yo sabía que ibas a ser igual, igual de raro, un... un anormal. ¡Y luego, como si no fuera poco, hubo esa explosión y nosotros tuvimos que quedarnos contigo!

Harry se había puesto muy pálido.

Como todos en la sala.

Harry recibió un abrazo fuerte de parte de su madre, quien lloraba silenciosamente por la actitud de su hermana. Ginny le cedió el puesto a su suegro, quien abrazó a su esposa e hijo en silencio.

Tan pronto como recuperó la voz, preguntó:

¿Explosión? ¡Me dijisteis que habían muerto en un accidente de coche!

¿ACCIDENTE DE COCHE? —rugió Hagrid dando un salto, tan enfadado que los Dursley volvieron al rincón—. ¿Cómo iban a poder morir Lily y James Potter en un accidente de coche? ¡Eso es un ultraje! ¡Un escándalo! ¡Que Harry Potter no conozca su propia historia, cuando cada chico de nuestro mundo conoce su nombre!

No había lugar para bromas, sólo la voz de Hagrid se dejaba escuchar, intentando no poner excesivo énfasis en las exclamaciones.

Pero ¿por qué? ¿Qué sucedió? —preguntó Harry con tono de apremio.

La furia se desvaneció del rostro de Hagrid. De pronto parecía nervioso.

Nunca habría esperado algo así —dijo en voz baja y con aire preocupado—. No tenía ni idea. Cuando Dumbledore me dijo que podía tener problemas para llegar a ti, no sabía que sería hasta este punto. Ah, Harry, no sé si soy la persona apropiada para decírtelo, pero alguien debe hacerlo. No puedes ir a Hogwarts sin saberlo. Lanzó una mirada despectiva a los Dursley.— Bueno, es mejor que sepas todo lo que yo puedo decirte... porque no puedo decírtelo todo. Es un gran misterio, al menos una parte...

—Es decir —McGonagall se enderezó en su silla y le preguntó a Hagrid—, ¿tuviste que resumirle a Harry todo lo que se suponía que le había dejado escrito Albus en la carta a sus tíos?

—Al menos lo que sabía, profesora McGonagall.

Se sentó, miró fijamente al fuego durante unos instantes, y luego continuó.— Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...

¿Quién?

Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.

¿Por qué no?

Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.

—Nosotros nunca, pero lo que se llama nunca, logramos que lo llamara por su nombre —indicó James—, no creo que tú lograras hacerlo decir Voldemort apenas una hora después de conocerlo.

—Le sorprenderá todo lo que Harry logró hacer a la primera, señor James —le respondió Ron, orgulloso de su cuñado. Este asintió y le pidió a Hagrid seguir leyendo.

¿Quiere escribirlo? —sugirió Harry.

No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort. —Hagrid se estremeció.

James y Siruis se quedaron con la boca abierta.

—¡No me j…

—¡JAMES! —exclamaron al mismo tiempo Lily, Molly y la profesora McGonagall luego del palabrón que soltó el susodicho, mientras Harry reía, a pesar de lo grave que había sido ese momento cuando lo vivió. La expresión de su padre y padrino era imposible de describir.

—¡Se lo hizo decir! —no podía creerlo. Su hijo había logrado en una hora lo que a él y Sirius le había sido imposible. Ron sonrió y se lo recordó.

—Se lo dije, señor James.

No me lo hagas repetir. De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder. Eran días negros, Harry. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-tú-sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos. Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros! Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro. Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio. Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años. Tú tenías un año. Él fue a vuestra casa y... y...

De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido como el de una corneta.

Las risas de hacía un momento habían dado paso a un silencio pesado, doloroso, sólo roto por los sollozos renovados de Lily, a los que se le habían sumado los de Molly, Hermione, Ginny y la profesora Sprout. Los demás hacían denodados esfuerzos para no llorar ante la narración que había hecho Hagrid en su momento y que él mismo leía.

Lo siento —dijo—. Pero es tan triste... pensar que tu madre y tu padre, la mejor gente del mundo que podrías encontrar... Quien-tú-sabes los mató. Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto... también trató de matarte a ti. Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando. Pero no pudo hacerlo. ¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó. Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry. Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones, los Prewetts...) y tú eras muy pequeño. Pero sobreviviste.

Y en ese momento Tom dejó parte de su alma en ti, pensó Dumbledore, con la mirada extraviada en alguna de las antorchas que iluminaban las paredes de la sala. Mientras tanto Molly, a la mención de su familia, arreció en sus sollozos, recordando a sus hermanos, mientras era abrazada por su esposo Arthur.

Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordó de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.

—¡Por Merlín, Harry! —exclamó Ginny— ¡Desde ese momento comenzaste a recordarlo!

—Sí —respondió con un tono grave y reseco en su voz—, pero no era algo que intentara fijar en mi mente en ese momento.

Hagrid lo miraba con tristeza.

Yo mismo te saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore. Y te llevé con esta gente...

Tonterías —dijo tío Vernon. Harry dio un respingo.

Muchos en la sala reaccionaron igual. La emotividad del relato de la muerte de James y Lily había hecho mella en todos.

Casi había olvidado que los Dursley estaban allí. Tío Vernon parecía haber recuperado su valor. Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados—. Ahora escucha esto, chico —gruñó—: acepto que haya algo extraño acerca de ti, probablemente nada que unos buenos golpes no curen…

—Harry —expresó James en tono amenazante—, no me digas que Dursley te puso la mano encima.

—Puede ser —trató de barajar la pregunta—. Igual eso es pasado. Yo les comenté que iba a ser incómodo cuando apareciera cómo me trataban mis tíos, y creo que acá se está mostrando.

—¿Dudley? —interrogó James, sin cejar en su idea. Dudley intentaba hacerse cada vez más pequeño, lo que le costaba. Ante la mirada agresiva de padres, padrino, "tío" y profesores, sólo pudo decir:

—Creo que lo más rudo que fue papá con Harry fue lo que leyeron hace un rato, cuando las cartas. Creo que dejaba que yo lo golpeara, aunque confieso que era muy difícil sorprenderlo.

Y todo eso sobre tus padres... Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos... Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos... Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...

—Apuesto que Hagrid lo va a poner en su sitio —alzó la voz George.

—No lo dudo, por eso no apuesto —respondió Hermione, sorprendiendo a Fred.

Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas rosado. Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:

Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...

Ante el peligro de ser alanceado por la punta de un paraguas empuñado por un gigante barbudo, el valor de tío Vernon desapareció otra vez. Se aplastó contra la pared y permaneció en silencio.

—Miserable muggle cobarde —gruñó James—, como te salió alguien de tu tamaño ya no eres tan valiente.

—Bueno, papá —sonrió Harry—, Hadrid le lleva un buen largo.

—Eso es verdad, Cornamenta —ratificó Sirius, quien se había quedado en una pieza al oir la narración que el guardabosque le había hecho a su ahijado ese día.

—¿Ven por qué no aposté? —le comentó Hermione a los gemelos.

Así está mejor —dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo. Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.

Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quién-usted-sabe?

Buena pregunta, Harry. Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató de matarte. Eso te hizo aún más famoso. Ése es el mayor misterio, sabes... Se estaba volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue? Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo…

—Y nunca estuviste más alejado de esa idea, Hagrid —le indicó Dumbledore, lo que hizo sonreir al guardabosques.

La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance. No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara. La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió sus poderes. Que está demasiado débil para seguir adelante. Porque algo relacionado contigo, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe... Pero algo relacionado contigo lo confundió.

Hagrid miró a Harry con afecto y respeto, pero Harry, en lugar de sentirse complacido y orgulloso, estaba casi seguro de que había una terrible equivocación. ¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible? Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon. Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?

Los gruñidos que James, Sirius y Remus emitieron al oir estas reflexiones de Harry, asustaron a buena parte del auditorio en la Sala de los Menesteres, comenzando por el propio Dudley, quien sentía que en cualquier momento se desataría una hecatombe donde él seria la única víctima.

Hagrid —dijo con calma—, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser un mago.

—Una reacción lógica para alguien que no comprende lo que ocurre a su alrededor, cariño —le mencionó Lily, acariciándole su rebelde cabellera, idéntica a la de James.

—Exactamente, Harry —recalcó Hermione—. Así me sentí yo cuando el profesor Flitwick me lo contaba todo sobre Hogwarts.

Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.

No eres un mago, ¿eh? ¿Nunca haces que sucedan cosas cuando estás asustado o enfadado?

Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían hecho que sus tíos se enfadaran con él, habían sucedido cuando él, Harry, estaba molesto o enfadado: perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le había crecido de nuevo y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él, aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la boa constrictor?

Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.

¿Te das cuenta? —dijo Hagrid—. Conque Harry Potter no es un mago... Ya verás, serás muy famoso en Hogwarts.

—¡No me digas! —exclamó Fred.

—Harry, ¿nos regalas un autógrafo? —remató George, lo que provocó la risa de varios en la Sala.

Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.

—¿Y vas a seguir? —saltó Hannah, sorprendiendo a varios.

—Verdad que sí —comentó Neville—, el tipo es perseverante, hay que darle ese punto a favor.

¿No le hemos dicho que no irá? —dijo con desagrado—. Irá a la escuela secundaria Stonewall y nos dará las gracias por ello. Ya he leído esas cartas y necesitará toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...

Si él quiere ir, un gran muggle como usted no lo detendrá —gruñó Hagrid—. ¡Detener al hijo de Lily y James Potter para que no vaya a Hogwarts! Está loco…

—¿Y lo dudabas, Hagrid? —le preguntó Remus, impresionado—, ¿con todo lo que hizo para que Harry no recibiera su carta?

—Realmente esperaba que entendiera, Remus, pero es de pocas luces.

—Verdad que sí —admitió Lily, molesta con su cuñado.

Su nombre está apuntado casi desde que nació. Irá al mejor colegio de magia del mundo. Siete años allí y no se conocerá a sí mismo. Estará con jóvenes de su misma clase, lo que será un cambio. Y estará con el más grande director que Hogwarts haya tenido: Albus Dumbled...

¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LE ENSEÑE TRUCOS DE MAGIA! —gritó tío Vernon.

—Señoras y señores —se levantó Fred, muy solemnemente.

—Un minuto de silencio por tío Vernon —George se llevó su mano derecha al pecho, y ambos dramáticamente inclinaron su cabeza. James y Sirius entendieron el juego:

—Fue un tío amoroso y comprensivo —expresó James, tratando de no reírse por el tono irónico que empleó.

—Pero cometió un error imperdonable —indicó Sirius, mirando a Remus, quien tardó en reaccionar, y sólo se levantó cuando Black le arrió un zape en la coronilla.

—¡Auch! ¡Sí! Insultar a Albus Dumbledore delante de Hagrid.

—Estás lento, Lunático, eso es culpa de la primita —le susurró al oído, mientras todos reían por la ocurrencia de los cinco. Luego del susodicho minuto, matizado por las risas de los "jóvenes", incluyendo a Dudley, Hagrid pudo seguir la lectura.

Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó sobre su cabeza.

¡NUNCA... —bramó— INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MI-PRESENCIA!

Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente, Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero, mientras gemía de dolor. Cuando les dio la espalda, Harry vio una rizada cola de cerdo que salía a través de un agujero en los pantalones.

La explosión de carcajadas en la sala luego de la narración del episodio duró unos diez minutos, puesto que apenas se calmaba, alguien, principalmente James o Sirius, decía algo relacionado a cerdo, o veían al propio Dudley, quien trataba de ocultar su rostro en el abrazo que su esposa le daba, lo que renovaba las risas en la sala. Dil tuvo que salir corriendo al baño, seguida de Hannah y Hermione. Cuando regresaron, aun sonriendo, ya se había calmado el ambiente en la sala, y se pudo continuar la lectura.

Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación, lanzó una última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.

Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.

No debería enfadarme —dijo con pesar—, pero a lo mejor no ha funcionado. Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no había mucho por hacer.

Otras carcajadas se dejaron escuchar.

Miró de reojo a Harry, bajo sus cejas pobladas.

—Te agradecería que no le mencionaras esto a nadie de Hogwarts —dijo—. Yo... bien, no me está permitido hacer magia, hablando estrictamente. Conseguí permiso para hacer un poquito, para que te llegaran las cartas y todo eso... Era una de las razones por las que quería este trabajo...

¿Por qué no le está permitido hacer magia? —preguntó Harry.

Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me expulsaron. En el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara como guardabosques. Es un gran hombre.

¿Por qué lo expulsaron?

—¡¿No me digas que también lograste que te dijera por qué lo expulsaron?! —exclamó James casi al oído de Harry. Éste se inclinó hacia Lily y respondió:

—¡Papá! Deja ver a ver qué me dice —algo recordaba de su respuesta, pero prefería que la lectura lo refrescara.

Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana —dijo Hagrid en voz alta.

—Lógico —gimió Sirius—, otra cosa que nunca logramos que nos dijeras.

—Aparte, uno de esos cambios de tema típicos de Hagrid —mencionó James.

Tenemos que ir a la ciudad y conseguirte los libros y todo lo demás. Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry— Puedes taparte con esto —dijo—. No te preocupes si algo se agita. Creo que todavía tengo lirones en un bolsillo.

—Hagrid —preguntó Hannah, entre divertida y extrañada—, ¿usted recuerda que tanto lleva en ese abrigo?

—Sinceramente, a veces olvido que llevo en los bolsillos que menos utilizo, pero sí, suelo recordar que llevo en la mayoría —y viendo el pergamino, suspiró y comentó—. Acá terminó este capítulo.

Colocó el pergamino en el atril y éste, silenciosamente se desplazó hasta colocarse delante del propio Harry.


Buenas noches desde San Diego, Venezuela! Casi se te va el tren, araña! (Perdón, eso es de otro spiderverso...), pero llegué a tiempo y pude publicar hoy, como la tradición manda... Se vienen cosas interesantes en el relato, y algo que hasta ahora ningún "reading fic" ha hecho: hacer leer al propio Harry... Gracias a los que poco a poco se están incorporando al relato, siguiéndolo, marcándolo como favorito y, muy especialmente a la compatriota lavida134 por sus comentarios... Nos leemos en el cuadrito o enlace de abajo! Salud y saludos!