Harry Potter: Una lectura distinta

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


La Piedra Filosofal

Interludio: Un almuerzo con nuevos invitados

—Entonces —sonrió Dumbledore—, dispongamos todo para la comida.

Cuando Dumbledore indicó que podrían almorzar, el atril frente a Ginny se desvaneció, lo que aprovechó junto a Molly, Lily, Tonks, Hermione, Hannah, Samantha y Dil, a pesar de su embarazo, para acercarse a la cocina, donde comenzaron a preparar un suculento almuerzo, comandadas por la matriarca Weasley.

Mientras, los profesores antiguos y actuales se reunieron a conversar sobre cómo era Hogwarts en la actualidad, o en todo caso a escuchar las quejas que McGonagall y Neville exclamaban acerca de la nueva camada de bromistas, entre los cuales, apenado, el profesor de Herbología debía incluir a su hijo mayor.

—¿Así que tu hijo también es partícipe de esas bromas, Longbottom? —le preguntó Snape, intentando no sonreír—, porque hubiera pensado que por tu tendencia a los accidentes él sería similar a ti.

—-No, profesor, él sacó el talento solidario de su madre, y mi valentía de efecto retardado, la torpe es mi pequeña Alice —comentó casi como un susurro—, pero intenta evitar los daños graves, si no, más de uno hubiera ido directo a San Mungo. Menos mal que los mellizos tampoco sacaron esa vena merodeadora…

—Si —complementó la directora—, porque entre él, el Potter mayor, Weasley Johnson y la pequeña Lucy, el alumnado hubiera descendido abismalmente. Ahora los llaman "Los nuevos merodeadores" … Son imposibles de controlar.

—Bueno, Minerva —comentó Dumbledore, sonriendo—, es la alegría de la juventud, no puedes reprimirla sino disfrutarla.

—¿Disfrutarla? ¡Si pasan dos días sin una broma es un milagro! ¡Ni siquiera en tiempos de exámenes esos "Nuevos merodeadores" dejan de hacerlas!

Al oír esas exclamaciones, Harry, Ron, los gemelos y demás hombres, quienes conversaban en un grupo aparte, se sorprendieron.

—¿"Nuevos merodeadores"? —preguntó James, interesado, a lo que Sirius y Remus asentían. Harry tomó la palabra y comentó:

—Así le dicen a mi hijo mayor, el menor de George, la menor de Percy y el mayor de Neville. Son tal como eran ustedes —señaló a James, Sirius, Remus y a los gemelos—, pero potenciados gracias a la tienda de bromas de ustedes —dejó el dedo señalando a los Weasley. Fred, emocionado, preguntó:

—¿Nuestra tienda sigue abierta?

—Y cada vez más exitosa, hermano —respondió George, orgulloso—: tenemos sucursales en los seis continentes: la casa matriz en Londres, y una red de lo que los muggles llaman franquicias en Hogsmeade, Madrid, Múnich, Moscú, Tokio, Sydney, Dakar, Pretoria, Nueva York, Los Ángeles, Ciudad de México, Lima y Buenos Aires.

—Ah y no se te olvide las nuevas tiendas en El Cairo y en Doha —recordó Ron, alegre—, esos magos árabes deliran con nuestros productos.

Una exclamación de sorpresa salió de todos quienes escuchaban, pero más aún de Fred, quien abrazó a su hermano gemelo y le dijo, entre lágrimas:

—Gracias, hermano, por mantener vivo nuestro legado.

—No fue fácil —mencionó George, con un nudo en la garganta—, si no hubiera sido por Ron, Angie, los demás de la familia, el propio Harry y nuestra querida Verity, no hubiera podido abrir de nuevo la tienda.

—Buena decisión entonces —comentó Harry, mientras veía como los gemelos volvían a abrazarse.

—Hablando de hijos —indicó Arthur, sonriendo—, sería muy lindo que ustedes pudieran ver aunque sea un rato a sus descendientes —mencionó mientras veía a James, Remus y Sirius. Los tres, junto a Fred, se quedaron en silencio, sorprendidos y emocionados por esa posibilidad.

—¿Sería posible? —se preguntó James, aunque varios lo escucharon, incluyendo la sala, la cual dejó escuchar su voz:

—Si los asistentes desean, sus descendientes actuales pueden venir a compartir esta historia. E incluso, algunos que no fueron convocados inicialmente.

Las mujeres se asomaron sorprendidas tanto como emocionadas, especialmente Lily, quien quería conocer a sus nietos. Todos voltearon a ver a Harry, quien, sorprendido, preguntó:

—¿Qué hice?

—Nada —respondió Ron, sonriendo—, sólo que como los libros hablan de tu historia, y tú no has querido contarle muchos detalles a los primos, tú tendrías que tomar la decisión de aceptar si vienen o no.

—¿Y qué edad tienen tus hijos, Harry? —preguntó Sirius.

—15, 13 y 11 años —respondió el aludido—. Creo que sólo los hijos de Dil no están en Hogwarts.

—Bueno —terció la hindú, con una amplia sonrisa—, uno sí está, al menos conmigo —mientras se acariciaba la panza. Luego de algunas risas, y de unos segundos de reflexión, Harry comentó:

—Realmente no he querido contarles mucho a mis hijos y sobrinos, y creo que todos hicimos ese acuerdo tácito, para que no llegaran a Hogwarts pavoneándose por ser hijo, sobrino, ahijado o conocido de alguno de los "Héroes del mundo mágico" o algo así. Bastante habíamos logrado, ayudando a establecer una paz medianamente duradera para que ellos la disfruten como merecen —luego de suspirar, siguió—, pero es verdad, no creo que merezcan que les ocultemos por más tiempo lo vivido, cuando me han sorprendido viendo las fotos de mis padres o recordando vivencias de esos tiempos.

—¿Y quiénes vendrían? —preguntó Ginny, mientras se reunían todos en el área central de la sala, frente a la chimenea—, ¿Sólo los niños?

—Me gustaría que vinieran mis padres y mis hijos —comentó Neville, sonrojándose.

—Puede ser —contestó la Sala.

—Incluso —comentó Ron, con una sonrisa maliciosa, que llamó la atención de sus hermanos gemelos—, podemos hacer que venga Malfoy, para que recuerde todas las veces que lo humillamos.

—¡Ronald! —exclamó Molly, agitando el cucharón con el que estaba removiendo una crema de cebolla—, ¡acá no vamos a estar humillando a nadie!

—Es correcto —terció Snape—, que haya diferencias entre algunos no quiere decir que no nos comportemos como adultos —lo comentó viendo a James y Sirius, quienes desafiaron su mirada.

—Ok, ok —rompió el momento de tensión Dumbledore—, estamos de acuerdo en solicitar a la sala que invite a los hijos de todos los jóvenes presentes, excepto el hijo de la señora Sadjib, además de los señores Longbottom y la familia Malfoy Greengrass, ¿o me equivoco?

—Podemos agregar a las hermanas Patil —agregó Hermione—, con sus respectivas familias.

—¿Podemos incluir a Susan y su familia? —preguntó Hannah, ilusionada por volver a ver a su amiga, quien se había residenciado en Dublín después que Seamus, su esposo, se había encargado de la franquicia local de Sortilegios Weasley, y a la que apenas veía una vez al año, cuando iba al Callejon Diagon a comprar los útiles de sus hijos.

—Y también a nuestro hermano Lee y su esposa Demelza —comentó George, con la venia de Fred.

Un murmullo de asentimiento se dejó escuchar, y después la voz de la Sala, anunciando:

—Tomada la decisión, pasará un tiempo prudencial para que los nuevos invitados lleguen. Mientras tanto, aprovechen de disfrutar su almuerzo.

Así, pues, las mujeres regresaron a la cocina, y al llamar a los demás, el espacio, que originalmente bastaba para unas doce personas se había multiplicado de tamaño, sorprendiendo a Harry y los demás.

Inicialmente, se escuchaban más los platos y cubiertos que las voces de los comensales; Ron, los gemelos y Sirius eran quienes, como acostumbraban, intentaban arrasar con todo lo que se encontrara a su alcance, ante la mirada reprobatoria de Molly, Hermione, Angelina y McGonagall. Harry veía emocionado a todos los que compartían la mesa en ese momento, y sentía que, de alguna manera, la vida le estaba recompensando después de tanto tiempo. Hasta Dudley, sentado frente a su tía Lily, no dejaba de admirarse de ver a tanta gente alegre, que admiraba e incluso quería a su primo.

Justo cuando comenzaban a disfrutar de los postres, la puerta de entrada se materializó nuevamente, lo que notó Bill en el momento que se servía una ración de torta de chocolate que había escapado de la atención de Remus. Cuando oyeron los toques en la puerta, se miraron sorprendidos.

—¿Quién será? —preguntó Dudley, algo ausente. No sabía si era el enorme pedazo de pie de limón que había comido o que realmente se sentía integrado a ese grupo de personas a las cuales ya no sentía la urgencia de llamar "fenómenos" o "anormales", pero se sentía adormecido. Ginny se acercó diligente a la puerta, y al abrirla, una voz chillona y alegre se anticipó a su dueña:

—¡Mami! —enseguida, una versión pequeña de Lily se abalanzó a los brazos de su madre, dando paso a sus dos hermanos— ¡Que lindo que estés aquí en el colegio! —al separarse y ver alrededor, Lily Luna se sorprendió al ver tanta gente, comenzando por su padre, quien se acercaba junto a…— ¡Papá! ¿son los abuelos?

—Si, mi bella —respondió Harry, quien sonreía emocionado—. James, Al, Lilu, vengan a conocer a los abuelos James y Lily.

Mientras se abrazaban, algo similar ocurría con Ron y Hermione, quienes recibían a sus hijos Rose y Hugo; Remus y Tonks se quedaron congelados al ver entrar a su hijo, quien sin poder evitarlo, soltó la mano de su novia para correr a abrazarse con ellos; Victoire, sonriendo, se acercó a sus padres Bill y Fleur, quienes ya saludaban a sus hijos menores, Dominique y Louis; Neville y Hannah recibieron a sus propios hijos, Frankie, Alice y los mellizos, y por eso no notaron la presencia de quienes, emocionados, esperaban para saludar al profesor:

—¡Papá, mamá! —uno de los abrazos más emotivos fue el que Neville le dio a su madre, mientras Frank abrazaba a ambos, ante los aplausos de la mayoría de los presentes.

Percy y Audrey recibieron a sus hijas Molly Ginevra y Lucy Genenieve, y Charlie, sorprendido, fue abrazado por su propia hija Nadia Georgina, para sorpresa de Molly. George no pudo hacer ningún comentario, pues a su vez era saludado por sus hijos, Roxanne Angela y Freddie, quienes a su vez recibían atenciones por parte de Fred. Incluso Dudley y Samantha vieron como, alegres, sus mellizas Violet y Daisy corrían a abrazarlos.

—Buenas tardes —una voz firme, aunque con cierto arrastre en las sílabas, sorprendió a los presentes. En la puerta, serio, aunque con una mirada pulcra, se encontraba Draco Malfoy, junto a su esposa Astoria y sus hijos. Muchos de los presentes reconocieron al varón, pero la chica era desconocida para todos.

—Adelante, Malfoy —le invitó a pasar Harry, extendiéndole la mano. Draco lo observó, sonrió y se la estrechó, lo que provocó el aplauso de varios y la sonrisa de otros; quizás los más incómodos y sorprendidos eran James padre, Sirius y en menor medida Snape.

Luego de entrar los Malfoy, entraron Lee Jordan y su esposa Demelza, acompañados por sus hijos, lo que arrancó un rugido de alegría por parte de Fred, quien corrió a abrazar a su entrañable amigo, seguido casi inmediatamente por George; posteriormente, quien soltó un grito de alegría fue Hannah, al ver a su compañera de casa Susan Bones, con su esposo Seamus Finnigan y sus hijos; después de los Finnigan, entraron a la sala Padma Patil, tomando el brazo de su esposo Zacharias Smith y su hija, y finalmente Parvati y Lavender, tomadas de la mano, y sonriendo.

—Ya están todos —indicó la Sala, sorprendiendo a los recién llegados—, sean bienvenidos. Permítan que la magia de Hogwarts los ponga al tanto de lo que estamos haciendo acá —de pronto, como invocada, una niebla ligera cubrió toda la sala; aunque todos podían ver a unos cuantos metros alrededor, quienes habían llegado temprano no vivieron algún efecto. Al disiparse la niebla, todos los recién llegados buscaron con la mirada a Harry, y James Sirius (JS, para diferenciarlo de su abuelo James Potter) tomó la voz cantante al preguntar:

—Entiendo que estamos todos en una especie de viaje astral en el cual se están leyendo unos libros que narran la vida de papá en el colegio, ¿no?

—Sí, hijo —le respondió Harry, suspirando—, ustedes conocen algunas anécdotas, pero acá se va a revelar con bastante exactitud, imagino, lo que fueron nuestros siete años en el colegio.

—Especialmente —comentó Ginny, acariciando la rebelde cabellera negra de JS— desde el punto de vista de tu papá, con sus pensamientos, sueños y conflictos.

—Ya veo —mencionó Al, mirando con sus ojos esmeralda a su padre—, lo que siempre te preguntamos a ti, a mamá, al tío Ron, a la tía Hermione, hasta a la abuela Molly y nunca nos quisiste contar.

—No se lo contamos porque no quisiera, o porque no los quisiera —aclaró Harry, viendo a sus hijos, pero con voz suficiente para que todos escucharan—, sino para protegerlos. Sí —interrumpió la pregunta que afloraba de la boca de JS—, Jamie, queríamos protegerlos de una fama excesiva; que sean mis hijos es para mí y para Ginny más valioso que incentivarlos a verse como "los hijos del salvador de la Magia" o algo así; y eso es igual para todos ustedes —señaló a todos los niños y jóvenes que habían llegado, quienes lo veían con una mezcla de respeto y admiración. Los adultos asentían en silencio, dando la razón a Harry, incluso Draco asentía ligeramente.

—Ya que algunos no los conocemos —comentó Dumbledore, sonriendo al ver reunidas tres generaciones—, ¿qué les parece si nos tomamos unos minutos para que se presenten? —Un conjunto de exclamaciones le dieron la razón al director, quien, viendo la cantidad de nuevos visitantes, sugirió—: Me parece que lo más práctico es ir por famila, tomando como referencia la edad del hermano o hermana mayor.

—Entonces yo comienzo —indicó un joven sentado entre Remus y Tonks, de llamativo cabello azul eléctrico, camisa de cuadros desabotonada, bluejeans y zapatillas deportivas—. Soy Ted Remus Lupin, aunque sólo me llama así mi abuela cuando me llama la atención, que es raro, y mi padrino cuando estamos en misión; de resto soy Teddy. Soy hijo de Remus Lupin y… —mirando a su madre, sonrió y dijo rápidamente—: Nymphadora Tonks-Lupin, o mejor conocida como Tonks; tengo 21 años, soy ahijado de Harry Potter y casi me siento parte de la familia Weasley —sonrió al ver hacia el grupo familiar de Bill—. Fui Huffepuff como mi madre, prefecto, cazador en el equipo de quidditch de mi casa, y actualmente soy auror, como mis padres. Ah, y metamorfomago sin rastros de licantropía ni torpeza.

Una salva de aplausos se escuchó cuando Teddy terminó su presentación y se sentó, recibiendo los abrazos y besos de su madre, y una palmada de su padre en el hombro. Un par de jóvenes, de piel oscura, se levantaron; la chica, claramente la mayor, tomó la palabra:

—Hola, somos los hijos de George Weasley y Angelina Johnson-Weasley. Yo soy Roxanne Angela —se señaló, haciendo una graciosa pirueta para que todos la vieran; no podía pasar desapercibida, era una copia exacta de su madre, salvo por la piel, más clara, y su cabellera, de color rojo oscuro; vestía un conjunto de falda escocesa y una blusa amarrada a un costado, lo que dejaba ver su vientre plano y un pequeño piercing brillando en su ombligo—. Estudié acá, fui Gryffindor, cazadora en el equipo de quidditch y capitana los dos últimos años, actualmente soy cazadora suplente en las Arpías de Holyhead, aunque soy convocada al equipo principal en juegos de la liga local o de la Quidditch Champions League, la cual ganamos el año pasado. Cuando no estoy con el equipo, estoy con mis padres en la sede principal de Sortilegios Weasley.

—¿Ya? —preguntó mosqueado el chico a su lado. Muy parecido a los gemelos Weasley a su edad, con un tono de piel mucho más oscuro y una mirada meticulosa, se presentó—: ¡Ya era hora! —se oyeron risas en el grupo—, soy el fantabuloso Fred Arthur Weasley, aunque todos me llaman Freddie, tengo 15 años, soy hermano-de-otra-madre de mi primo James, amigo inseparable de Frankie y tutor en el noble arte de las bromas de mi primita Lucy; soy Gryffindor, bateador como mi padre, tío y primo-hermano en el equipo de quidditch, y heredero del emporio de Sortilegios Weasley, al cual ya hemos legado algunas de las bromas de nuestra creación.

McGonagall suspiró resignada. Esos niños cada vez eran más incontrolables, pensó mientras se escuchaban aplausos. Luego, un trío de jóvenes se levantó del gran grupo de la familia Weasley, y la mayor de los tres tomó la palabra, una delgada chica con cabello rubio platinado, largo a mitad de espalda, porte de modelo de pasarela y con un acento ligeramente afrancesado:

—Hola, somos los hijos de Bill Weasley y Fleur Delacour-Weasley; mi nombre es Victoire Gabrielle Weasley, tengo 19 años, nací el 2 de mayo, por lo que mi cumpleaños es algo agridulce —comentó para luego bajar los ojos, suspirar y retomar la palabra volviendo a sonreir—, aunque me encanta mi nombre; fui Gryffindor —se oyeron aplausos y silbidos por parte de los merodearores y los gemelos—, no practiqué quidditch, porque fui premio anual pero no prefecto, después comencé a hacer estudios de medimagia pediátrica en París y estoy profundamente enamorada de un osito azul eléctrico —las miradas de todos en la sala buscaron a Teddy, quien sonrojado a más no poder, veía a su novia, mientras Bill lo miraba suspicazmente—. Antes que papá lo mate, estamos preparando todo para nuestra boda, ¿verdad, Teddy?

—Es correcto —respondió el aludido, sonriendo. Bill no dejó de mirarlo contrariado, aunque una sonrisa se dejaba ver.

—Bien, ahora vengo yo —la segunda chica del trío, diametralmente opuesta en el vestuario a Victoire, tomó la palabra. Con cabello igualmente rubio, aunque con reflejos rojizos y corto hasta los hombros, llevaba una blusa de tul que dejaba mostrar un top negro de tiras, un pantalón negro con rotos y botas de estilo militar, su voz era algo más seca que la de su hermana, sin el acento francés—: Soy Dominique Alexandrie Weasley, aunque me llaman Dom o Nique, no tengo problemas con eso; tengo 15 años, por lo que asisto a Hogwarts, soy Ravenclaw —los integrantes de la casa del águila aplaudieron—, y al contrario de mi aburrida hermana mayor, sí juego quidditch, soy cazadora, y al salir del colegio quiero trabajar con mi papá en Gringotts.

—Y yo —indicó el menor, alto para su edad, rubio aunque con reflejos rojizos, vestido con ropa deportiva roja y amarilla—, soy Louis William Weasley, hermano de este par —señaló con los pulgares a sus hermanas, quienes lo flanqueaban—, tengo 14 años, soy Gryffindor, cazador en el equipo de quidditch y partícipe en alguna de las bromas que los "Nuevos merodeadores" han hecho en Hogwarts, aunque no tanto como quisiera, porque Nique me da la lata con los estudios. Mis hermanas tienen más de veela que yo, aunque yo he recibido más de la herencia de mi padre, por lo que soporto con más ánimo el esfuerzo físico. Quizás por eso me gustaría llegar a ser jugador profesional de quidditch.

Los tres hermanos se inclinaron, recibiendo un caluroso aplauso. Al sentarse, una solitaria chica se levantó, llamando la atención de los presentes. De cabello rojo encendido, aunque ondulado, ojos azul turquesa, piel, aunque bronceada, llena de pecas, y un hermoso vestido floreado, al hablar sorprendió por su acento:

—Hola a todos, soy Nadia Georgina Weasley, hija de Charles Weasley y Alisson Romanescu, una hermosa muggle de Budapest,(1) tengo 16 años y asisto a la Escuela Mágica de los Balcanes en Sarajevo; no juego quidditch aunque, gracias a mi papá, sé volar muy bien en escoba, y estoy emocionada de conocer a todos mis primos, tios y por supuesto a mis abuelos. Mi papá habla mucho de ustedes, pero su trabajo en la Reserva le impide viajar tanto como quisiera. Y antes que me pregunten, mi mamá ama a mi papá y sabe que sus pasiones son los dragones y verme a mí crecer. Yo espero trabajar con él en la reserva de dragones.

Molly suspiró aterrada, ahora tendría una doble preocupación en Charlie y su hija. Arthur notó su tensión, pues le pasó el brazo para abrazarla. Luego de sentarse Nadia al lado de su padre, otra solitaria chica, delgada, morena, con el porte hindú característico de las Patil y en menor medida de Dil, aunque con unos hermosos ojos color verde grisáceos, tomó la palabra.

—Buenas tardes, creo —sonrió ruborizándose, arrancando suspiros de algunos de los chicos presentes—, soy Naira Parvati Smith, hija de Zacharias Smith y Padma Patil-Smith,(2) tengo 16 años, y asisto a Hogwarts; soy Ravenclaw, aunque tiendo a ser muy solidaria y colaboradora con quien lo pida. Quizás es por herencia de hogar. No juego quidditch, aunque siempre voy a los juegos a apoyar a mis compañeros, especialmente a Dom, mi gran amiga. Al salir de Hogwarts me gustaría estudiar para medimaga, y especializarme en atención a lesiones del sistema nervioso.

Suspiró, dejando que una solitaria lágrima cayera por su rostro, y al sentarse, abrazó a su padre, quien, suspirando ruidosamente, parpadeaba en silencio, mientras a su vez Padma le tomaba la mano. Muchos miraban la escena intrigados, aunque aplaudieron con mucha calidez la escena familiar. Al apagarse los aplausos, los tres chicos que habían abrazado a Harry y Ginny al entrar tomaron la palabra, o al menos el mayor, idéntido a James y a Harry en estatura a esa edad, cabello implacable y lentes, la diferencia era el color almendrado de sus ojos, como los de su propia madre:

—¡Hemos llegado nosotros! —se desataron nuevas risas en la sala, mientras la menor se tomaba la frente en un gesto de "este hermano mío…"—, somos los hijos del grande, del mejor, del más mago —aunque, tuvo que matizar—, después de usted, profesor Dumbledore —el aludido, con una gran sonrisa, hizo una inclinación de cabeza—… Sí, somos los hijos de Harry Potter y la hermosísima Ginny Weasley…

—¿Qué hiciste, James? —se oyó desde el fondo la voz de Frankie Longbottom, lo que hizo reírse a JS.

—¡Vamos, Frankie! ¡No me dañes la entrada! Bueno, no importa. Yo soy James Sirius Potter, heredero de los merodeadores —se inclinó ante James, Sirius y Remus, quienes sonreían—, aprendiz de los increíbles gemelos Weasley —un gesto similar ante los gemelos, quienes respondieron el saludo estirando sus manos para que se las besara y causando risas— y principal artífice de la creación de los "Nuevos Merodeadores". Tengo 15 años recién cumplidos, soy Gryffindor como mi padre, y su padre antes que él; además, soy golpeador en el equipo de quidditch junto a mi hermano-de-otra-madre Freddie, y junto al resto de los primos Weasley, custodios de la pureza y castidad de nuestras hermanas y primas.

—Eso último no te lo crees ni tú mismo —replicó Dom desde su asiento. JS sólo encogió los hombros, para dejar a su hermano hablar.

—Yo soy Al… —sus ojos verde esmeralda, enmarcados en unos lentes de metal, con un diseño deportivo, miraron expectantes a la sala tal como todos lo veían a él; su cabello, menos rebelde que el de JS, Harry o James, caía muy parecido al de Sirius, hasta cubrir los oídos, siendo de un color negro con reflejos rojizos; de piel clara llena de pecas provocadas por el sol, exhibía una ligera cicatriz en su mejilla derecha—, sé que se preguntan si sólo es "Al", y por lo pronto diré que sí, sólo Al, porque tengo la intuición que en algún momento se develará mi nombre completo o al menos la razón de éste. Tengo 13 años, y al contrario de mi familia, terminé quedando en Ravenclaw —nuevos aplausos, acompañados de exclamaciones de sorpresa de James y Sirius, acalladas por una mirada severa de Lily—, aunque el sombrero quería enviarme a Slytherin; soy el buscador del equipo, por lo que los juegos contra Gryffindor es una guerra constante para huir de las bludgers de mi hermano y primo. Al salir de Hogwarts quiero dedicarme a estudiar leyes, para apoyar a mi papá en su cargo de Jefe de la Oficina de Aurores.

—¡Hola! —saludó la pequeña, sonriendo. Snape notó que era una versión idéntica a Lily cuando entraron a Hogwarts, aunque sus ojos no tenían el hermoso verde esmeralda de su amada, sino un azul profundo y atrayente, casi violeta, lo que llamó de inmediato la atención de James, su abuelo—, soy Lily Luna Potter, tengo 11 años, y acabo de entrar a Hogwarts, estoy en Gryffindor, y como dijo James, me siento muy cuidada por mis primos —algunas sonrisas se dejaron ver en el salón—, todavía no sé que voy a hacer cuando salga del colegio, pero por lo pronto, espero entrar el año que viene al equipo de quidditch como cazadora o buscadora, como mi mamá.

Los hijos de Harry recibieron un caluroso aplauso al sentarse, dando paso a dos parejas que hizo sonreír a otras dos; el mayor era muy parecido a su padre a su edad, a excepción del cabello, algo más rubio; la niña, era ver a su madre a esa edad, incluyendo las trenzas, con la diferencia que portaba lentes; mientras que los mellizos, varon y hembra, eran las versiones infantiles del abuelo paterno y la abuela materna respectivamente.

—¡Hola!, somos los hijos de Neville Longbottom y Hannah Abbott-Longbottom. Yo soy Frank Harry Longbottom, de 15 años, Gryffindor, "nuevo merodeador" y como mi padre, apasionado por la herbología, por lo que quizás trabaje en esa rama, como dueño de algún negocio de herbolaria o como profesor, aunque no quiero quitarle el puesto a mi papá. Como todos en mi familia, soy negado para el vuelo en escoba, por lo que simplemente apoyo al equipo de quidditch desde las gradas.

—Yo soy Alice Susan Longbottom, tengo 12 años, Hufflepuff como mi mamá, olvidadiza y torpe como mi papá, y por eso le agradezco tanto a mis compañeras de curso todo el apoyo que me dan. Al salir de Hogwarts espero ayudar a mi mamá en el Caldero Chorreante.

—Hola —habló el menor de los cuatro, a nombre de sí mismo y su hermana—, somos Kevin Ronald y Paula Ginevra Longbottom,(3) mellizos de 11 años recién cumplidos, por lo que también estamos entrando este año a Hogwarts. Mi hermana nació con una dificultad para hablar, por eso se comunica por señas, aunque oye perfectamente —una rápida afirmación con la cabeza dio a entender que así era, Paula los estaba escuchando. Kevin, sonriendo a su hermana melliza, siguió—. Fuimos seleccionados para Gryffindor y tal como mi hermano mencionó, somos negados para las escobas —Paula bajó la mirada, negando silenciosamente—. Sí, bueno, pero a mí me gusta mucho Pociones, se me da bastante bien, y a Paula le gustaría aprender Encantamientos y Transformaciones —un gesto alegre de la melliza hizo sonreir a varios en la sala—. Gracias por habernos traído.

Los aplausos no se dejaron de escuchar mientras los hijos de Neville y Hannah eran abrazados por sus abuelos paternos. Inmediatamente, otro par de jóvenes se levantaron, llamando la atención por ser tan parecidos a como fueron sus padres a su edad.

—¡Hola! —tomó la palabra el chico, de cabello trigueño, piel blanca con algunas pecas y una sonrisa alegre—, soy William Seamus Finnigan, hijo de Seamus y Susan Finnigan, tengo 15 años, estoy estudiando acá en Hogwarts, soy un orgulloso... —hizo una pausa con la intención de atraer la atención, lo que logró, puesto que todos fijaron su vista en él—… Gryffindor, y desde que comencé a estudiar acá comparto la narración de los juegos con una chica que en un momento se presentará; quizás en un futuro me convierta en narrador profesional de quidditch, pues me han dicho que lo hago muy bien…

—Mientras no estás piropeando a las jugadoras, lo haces excelente —gritó Freddie desde su asiento, lo que provocó risas y el sonrojo de Will. Su hermana tomó la palabra:

—Mientras Will sale de su estupor, me presento, mi nombre es Amelia Hannah Finnigan —lo que provocó que Hannah tomara la mano de su amiga, en un gesto de reconocimiento—, tengo 12 años, soy Hufflepuff como mi madre y mi mejor amiga es Alice Susan, tanto como nuestras madres lo son; de hecho, como es tan olvidadiza, yo me encargo de recordarle todo. No me quejo —aclaró al ver como Alice Susan bajaba la mirada—, lo hago con todo el gusto, porque tú, mi amiga, eres todo un amor, y sabes que te quiero de aquí al infinito ida y vuelta. Gracias por todo, señor Harry —el aludido se sorprendió, no recordaba que le hubieran agradecido algo en esta particular jornada—, por todo lo que hizo y ha hecho por todos nosotros.

—No hay que agradecer nada, Amelia —respondió Harry, sonrojado—, si tuviera que volver a hacerlo, seguro que lo haría.

—No lo dudo, hijo —le dijo Lily al oído, mientras nuevos aplausos se dejaban escuchar. Al finalizar, dos hermanos, tan distintos como la noche y el día pueden ser, se levantaron. La chica, de cabello negro y largo a la altura de los hombros, mirada gris oscura y piel muy blanca, usando un vestido de verano negro, tomó la palabra con un fuerte acento español:

—Creo que nos toca a nosotros. Mi nombre es Christina Vega Vázquez Puga, de 15 años recién cumplidos, hija de Ainé Puga y Jorge Vázquez, aunque genéticamente resulta que soy hija no reconocida de Draco Malfoy(4) —todas las miradas convergieron en el rubio, quien simplemente encogió los hombros, sin ningún gesto adicional—. No me quejo, porque a España han llegado muchas noticias relacionadas a lo que ocurrió acá en Inglaterra, y mi vida junto a mis padres y mi hermano Iago ha sido realmente maravillosa. Aunque recibí la carta de Hogwarts, mis padres prefirieron que aprendiera la magia como se da en España. Pude haber aprendido la tradición celta, pero tengo un problema, soy sonámbula y hablo entre sueños, y para una tradición donde la mayoría de los hechizos se hacen sin varita, es algo complicado de controlar. Lo que sí controlo a placer es el vuelo en escoba, incluso puedo hacer piruetas como si manejara una bicicleta —algunos iban a preguntar, pero Christina se adelantó, continuado su presentación—. No es que me sienta muy cómoda acá, de hecho, ni siquiera sé por qué razón estoy acá salvo para conocerlos a ustedes, así que espero que sea una jornada interesante.

—En mi caso, yo soy Scorpius Hyperion Malfoy, hijo de Draco Malfoy y Astoria Greengrass-Malfoy —evidentemente, el chico era ver a Draco a su edad, aunque el rostro fuera algo más ovalado y sus ojos, grises con un borde marrón en el iris, más llenos de candor, vestía un impecable traje negro con una camisa "cuello mao" del mismo color aunque con botones verde esmeralda—, tengo 13 años recién cumplidos el 1 de septiembre, soy llamado por los "nuevos merodeadores" como "el señor de las serpientes", porque soy Slytherin, aunque, al contrario de lo que muchos creen, me las llevo muy bien con todos los Potter, Weasley y Longbottom —Harry sonrió, al igual que Ginny, Hermione y en menor medida Ron, mientras James, Sirius y los gemelos exclamaban levantando las manos al cielo "¿Qué ha pasado, oh gran Merlín, para que un Malfoy se comporte así con nosotros". Scorpius los dejo hacer un rato, para luego continuar—. Mi padre cambió mucho después de la Batalla de Hogwarts, así me han contado, aunque él mismo mantenga mucha reserva sobre lo que vivió…

—Creo que todos hemos hecho eso, Scorp —le interrumpió Harry—, hemos mantenido mucho de nuestras vidas en privado.

—Lo sé, señor Harry, y creo sin temor a equivocarme, que vamos a aprender mucho sobre ustedes, pero más que sus travesuras o conflictos, sobre sus personalidades, el cómo eran y cómo llegaron a ser lo que son hoy en día. Como lo dije, soy Slytherin, el capitán más joven del equipo de quidditch de mi casa, debo aclarar que fue ganado a pulso, soy buscador y me la llevo muy bien con todos los primos Potter, Weasley y Longbottom, de hecho, también me llaman "el Weasley albino" —se dejaron oir algunas risas, especialmente por parte de Freddie y JS—, aunque —hizo una pausa, mirando especialmente a un punto en el grupo de pelirrojos—, debo confesar, me la llevo mucho mejor con una rosa de la familia Weasley.

Silbidos y aplausos sonaron cuando Scorpius, ligeramente sonrosado, se sentó al lado de su padre, mientras Christina, algo más distante, se sentaba junto a Parvati y Lavender, quienes habían comenzado a comentar entre ellas la información que habían recibido. Un par de hermanas, gemelas también, se levantaron y saludaron, agitando la mano al mismo tiempo:

—¡Hola, Hogwarts! —una de las dos tomó la palabra. Ambas eran pelirrojas, pecosas y delgadas, aunque una se diferenciaba de la otra por usar unos lentes de carey que recordaban a alguien; ésta tomó la voz cantante—, somos las hijas mayores de Percy Weasley y Audrey Wortham-Weasley, nuestra hermana menor, Annette Giselle apenas tiene 7 años y por eso creo que no pudo venir.(5) Yo soy Molly Ginevra Weasley, o como todos me llaman, Molls; junto con mi hermana tengo 14 años, yo soy una Ravenclaw, y me siento totalmente identificada con mi casa; aunque no juego quidditch, lo disfruto por herencia familiar, y por supuesto apoyo a mis primos Nique y Al contra el que sea; aparte, me encanta la Historia de la Magia, especialmente porque ahora la da un profesor vivo y es mucho más animado que cuando la daba el profesor Binns —Dumbledore sonrió, recordando al venerable fantasma—, por lo que al salir de Hogwarts me gustaría trabajar en el Ministerio de Magia, con mi papá.

—Y yo soy Lucy Genenieve —la otra gemela, más desenvuelta que su hermana, tomó la palabra. Estaban ambas vestidas igual, pantalón de jean y blusa de cuadros, pero al contrario de Molls, quien vestía impecablemente, Lucy usaba los pantalones con rotos, como su prima Dominique, y la blusa abierta y anudada al ombligo, por lo que dejaba ver un top de color rojo sangre con el escudo de Gryffindor en su pecho—, como ven, soy una orgullosa leona, la primera mujer merodeadora de Hogwarts, o al menos así aparece oficialmente —respondió al ver la mirada sorprendida de Lily—, cazadora en el equipo de quidditch de la casa, y muy buena en Transformaciones. No tendré las notas de la aburrida de Molls…

—¡Hey! —replicó la aludida— ¡Yo no soy aburrida!

—Menos mal —replicó en voz baja, para luego seguir—, por eso espero, al salir de Hogwarts hacerme jugadora profesional o reportera de quidditch como mi tía y madrina Ginny. Y como todos lo piensan y nadie lo dice, yo sí te lo voy a decir: Tío Harry, gracias, gracias por todo.

Los aplausos volvieron a sonar en la Sala; y cuando las gemelas se sentaron, otro par de pelirrojos se levantaron, sonriendo.

—¡Hola a todos! —saludó la mayor del par, una versión pelirroja y pecosa de Hermione, pues llevaba el cabello como su madre a su edad, además de una sonrisa impecable y un uniforme deportivo azul y amarillo tostado—, soy Rosebud Juliet Weasley, aunque mejor me llaman Rose, gracias —y al decir eso, puso los brazos en jarras y fijó la mirada en sus primos merodeadores, quienes reprimieron una carcajada—. Hecha la aclaratoria, tengo 13 años, soy hija de los padres más geniales que pueden haber, como son Ron Weasley y Hermione Granger-Weasley, y ahijada de mis tíos Harry y Fleur. Como mi madre, adoro leer, tengo algo llamado "memoria fotográfica", por lo que, si veo o leo algo, lo aprendo. Por eso estoy en Ravenclaw, donde juego como guardiana…

—Y muy buena, por cierto —intervino Dom—, el año pasado alcanzó el record de menos goles permitidos por una guardiana en Hogwarts, quedó a un gol de empatar el record absoluto de Oliver Wood.

—Claro, prima, teniendo al Rey Weasley como maestro, ¿cómo no ibas a ser buena? —exclamó JS, haciendo sonreír a padre e hija.

—¿Me dejan seguir? —luego de algunas risas, continuó—. Gracias. Bien, espero, cuando salga, entrar al Ministero de Magia en el departamento de Magia experimental o como Inefable. Como lo mencionaron hace rato, los Weasley tenemos una gran facilidad de adoptar "primos" que no son de nuestra sangre —de pronto, Rose se sonrojó violentamente, mientras veía hacia los Malfoy—, como cierto escorpión sin mala fe… Hugo, tu turno.

Para Harry, Ron y Teddy, ese gesto no pasó desapercibido, la amistad entre Rose y Scorpius parecía ser más intensa de lo usual. Pero no comentaron nada, puesto que el menor de los hijos de Ron y Hermione había tomado la palabra:

—Por supuesto —habló la versión pequeña de Ron, aunque con cabello más castaño que rojizo, y con unos impresionantes ojos color miel, que habían arrancado algunos suspiros entre las jóvenes presentes—. Soy Hugo Charles Weasley, tengo 12 años y soy también Ravenclaw. Mi nombre es debido a la afición de mi hermosa madre por la lectura, pero es una anécdota que me gusta más escuchar que contar. Aún no he entrado al equipo de quidditch de mi casa, aunque espero hacerlo como golpeador, gracias a las clases que me dan mis primos los "cuasi-gemelos"; además tengo como afición escribir, tengo algunos relatos inspirados en algunas de las aventuras que me han contado de lo que acá llaman "El Trío Dorado", es decir, papá, mamá y tío Harry, y quizás cuando salga del colegio me convierta en escritor de novelas tanto para magos como para muggles, pero para eso aún falta mucho, ¿no creen?

Risas, gestos de asentimiento y aplausos cerraron la participación de los Weasley Granger.

—Señora Hermione —preguntó Frankie, interesado—, ¿cómo es la anédcdota del nombre de Hugo?

—¡Ah! —exclamó la aludida, sonrojándose mientras Ron veía divertido la escena—. Resulta que como dijo mi hijo, me encanta leer, y uno de mis escritores muggles favoritos tiene como apellido Hugo. No le puse su nombre porque en aquel momento dudaba que a Ron le gustara —ante las miradas de todos, aclaró—… El nombre del escritor es Victor Hugo, así que no creo que le gustara a Ron que le diera a su hijo el nombre del primer rival amoroso que tuvo.

Un conjunto de ¡Ah!, seguido de risas y comentarios se dejó escuchar, haciendo sonrojar a los padres de Hugo, quien veía divertido la escena. A continuación, las mellizas de Dudley se levantaron, algo asustadas, y se presentaron:

—¡Buenas tardes! —saludó la que parecía ser la mayor, castaña y vestida totalmente de color lila, miraba a los presentes con sus ojos color verde agua—, mi nombre es Violet Lilianne Dursley, y junto a mi hermana Daisy Margaret, somos hijas de Dudley Dursley y Samantha Cameron-Dursley, muggles, lo que nos hace primas segundas de Harry Potter. Ambas tenemos 13 años, somos Hufflepuff, y aunque nos gusta el quidditch e incluso fuimos a las pruebas el año pasado, no entramos al equipo, por lo que yo comparto la narración de los juegos con Will Finnigan. Como lo comentó Rose, también somos "primas adoptadas" de los Weasley y por supuesto somos cuidadas por los "Nuevos Merodeadores", quienes nos corren a los admiradores.

—¡Por supuesto! —exclamó JS—, a nuestras primas no les van a tocar un pelo sin nuestro consentimiento, ¿verdad, primos? —un murmullo de asentimiento general se escuchó, lo que hizo que Violet negara en silencio. Luego continuó:

—En fin… A mí me gustaría trabajar en una oficina de enlace entre el mundo muggle y el mágico, que permita relacionarnos mejor sin incumplir el Estatuto del Secreto.

—Loable idea, señorita Dursley —comentó Dumbledore, contento.

—En mi caso —comentó Daisy, pelirroja y con los ojos de un violeta casi artificial—, soy quien escribe las reseñas de los juegos para el periódico escolar, El Tablón de los Anuncios, una idea que inició cuando entramos el año antepasado. Por supuesto, gracias a la prima Ginny he mejorado mucho mi forma de escribir las noticias; y por eso quiero, cuando salga de Hogwarts, trabajar con ella en la revista que dirige. Sé que mi papá es un poco lento para esto, y he visto cómo se emociona cuando estamos con los primos; por eso quiero en nombre de mi familia darte la gracias, primo Harry, por darnos la oportunidad de vivir en un mundo mágico que sea para todos, no importa el estatus de sangre. ¡Gracias, gracias, gracias!

Una nueva tanda de aplausos se dejó escuchar, y al terminar, un par de hermanos se levantaron de sus asientos, la chica, evidentemente la mayor, tomó la palabra:

—Saludos, somos los hijos de Jee Jordan y Demelza Robbins-Jordan —Alta para su edad, morena, de cabellera trenzada y brillantes ojos olor chocolate, vestía con un short corto de jean, proveniente quizás de un pantalón, que dejaba ver unas piernas muy bien torneadas para una niña de 12 años; además de una franela del Chelsea, de color azul eléctrico y blanco—, soy Maia Fabianna Jordan, tengo 12 años, y asisto a la casa de Gryffindor; espero hacer las pruebas para entrar como cazadora, y mientras tanto esforzarme para salir bien en Defensa contra las Artes Oscuras, porque es la materia que me da más problemas, en cambio Transformaciones no me causa inconvenientes. Por mi futuro no se preocupen, porque Freddie y sus primos me cuidan muy bien, papá.

Un buen grupo de carcajadas se dejaron escuchar, y el hermano de Maia, vestido casi igual que ella, salvo que su pantalón si estaba entero, se presentó:

—Yo soy Dylan Joshua Jordan —Moreno y alto como su hermana, llevaba el cabello en una especie de afro bastante bajo—, tengo 11 años, por lo que acabo de entrar a Hogwarts, y el sombrero me ubicó en… chachachachaaannn… Gryffindor —como en todas las menciones a las casas, los leones presentes aplaudieron a su integrante—. Por lo pronto, quiero adaptarme a estudiar y vivir en el castillo, ver como me va en mis clases y, si quisiera hacer algo en el futuro, es ser narrador de deportes mágicos, no sólo quidditch. Y por supuesto, gracias por la paciencia de oírnos a toooodos presentarnos; imagino que estarán cansados.

—Cansados, no tanto —comentó Sirius, viendo hacia los directores—, pero sí hambrientos —afirmación que fue secundada por Ron, los gemelos, JS, Freddie y Hugo, ante la mirada reprobatoria de sus madres, hermanas o primas.

—Pues creo que sería buena idea tomar algún refrigerio en este momento —comentó Dumbledore sonriendo. En el momento que las que habían acudido a la cocina temprano se preparaban para ir nuevamente, la Sala habló:

—Para que disfruten el máximo tiempo posible con sus familiares, solicitaremos a algunos de los elfos domésticos que nos apoyen en el área de la cocina —y con un ¡crack! Se materializaron varios elfos, entre ellos Kreacher, quien saludó a Harry con cortesía:

—El señor Harry Potter se encuentra en la Sala que viene y va, y Kreacher se contenta de verlo junto a su familia y amigos; el viejo Kreacher se encargará de asistirle en lo que desee —al ver a Sirius, quien lo veía sorprendido, comentó—, y junto al amo Harry Potter se encuentra el amo Sirius, que parece haber regresado del otro lado del velo. Kreacher se pregunta si habrá visto al amo Regulus y a la ama que tanto sufrió por él.

—Sí, Kreacher, los veo constantemente, y Regulus siempre te menciona y te agradece que hayas ayudado a Harry.

—¡Ah! —suspiró el elfo, mientras los ojos, ya casi sin brillo, retenían unos gruesos lagrimones—, el joven amo Regulus, no tenía por qué haberse ido tan joven. Pero Kreacher no está aquí para lamentarse, sino para atender al amo Harry Potter y a su familia.

Y saludando con una profunda reverencia, corrió hacia la cocina, donde ya los otros elfos, junto a Hermione, Molly, Hannah y Lily, preparaban té y galletas para la enorme cantidad de personas reunidas.

Luego de un buen rato de comer y conversar, el atril de lectura se materializó nuevamente, ubicándose, como ya había hecho, frente a Ginny, quien, sonriendo, leyó el título del capítulo.


Notas al pie:

(1) Aunque sólo aparece como un nombre, Allison es un personaje que Nalnyatrix Black presentó en la "Historias Cotidianas" que tuvo el gusto de obsequiarme en el Amigo Invisible Veraniego 2013 de La Noble y Ancestral Casa de los Black, y a quien, por supuesto agradezco haber tenido la deferencia de crear esta delicia de relato…

(2) Naira es un personaje creado por la incomparable Misila en su "futuro Post-Hogwarts" de Zach y Padma, que considero imposible dejar de tomar en cuenta, por lo que los presento a manera de reconocimiento y homenaje a ese exquisito desarrollo, el cual recomiendo su lectura y disfrute.

(3) Otros dos nombres propuestos por Nalnyatrix Black en sus Historias Cotidianas.

(4) De acuerdo a la biografía que la extraordinaria Neevy Ambr Du, "ama y señora del Foro de las Expansiones", creó de este personaje fundamental en su aporte a la Magia Hispanii, que por supuesto no puedo dejar de invitar a su lectura y disfrute en el foro ya mencionado.

(5) Otra de las familias que aparecen en las "Historias Cotidianas" de Nalyatrix Black, aunque "esta" versión de Audrey es creación de Miss Lefroy Black. Para ambas, el reconocimiento de este servidor por aportar un personaje que, dentro de todo, le da humanidad y sencillez al pomposo de Percy…


Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Los lectores se toman un descanso, y ¡miren quienes llegan!, una muy buena parte de la 3Gen, que rompe un poco con los "clichés que endulzan el fanfiction", como mandar a Al a Slytherin, a Scorp a Gryffindor o hacer mezclas locas entre primos (eso todavía no... jejejejejej). Me pareció una manera original, ya lo he comentado, de incorporar a los recién llegados, que espero que lo disfruten tanto como yo llevándolos a pasear en este viaje astral (la tarea que queda es equilibrar las intervenciones en la lectura, para que no se me enrede el pabilo, como decimos acá en esta tierra de (des)Gracia)... Saludos a lavida134, consecuente lectora y comentarista de este relato (recuerda, SIEMPRE publico los domingos a esta hora aproximadamente), a los nuevos seguidores y a quienes han marcado como favorito este relato. Salud y saludos!