Harry Potter: Una lectura distinta

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


La Piedra Filosofal

CAPÍTULO 7 El Sombrero seleccionador

—Y así termina el capítulo —suspiró Ginny al dejar el pergamino en el atril; éste se desplazó y se ubicó delante del profesor Flitwick, quien, ajustando sus pequeños lentes, sonrió al leer el título del siguiente capítulo.

—"El sombrero seleccionador"

—Nuestra selección —comentó Hermione, sonriendo. Recordaba claramente sus temores al entrar al Gran Comedor esa noche. Y no era la única. Todos los que habían estado allí lo recordaban claramente.

La puerta se abrió de inmediato.

Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.

Minnie siempre impresiona al verla por primera vez —comentó James, recibiendo una mirada agria de su profesora.

—Pero después se deja ganar —complementó Sirius, haciendo que muchos de los presentes, de las "tres generaciones", asintieran y sonrieran, haciendo que McGonagall suavizara un poco la mirada.

Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.

Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Dursley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

—Realmente es grande —exclamó Dudley, sorprendido por el símil. Sabía que su casa era grande, por lo que imaginarla dentro del vestíbulo de un castillo se le hacía imposible.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

—¿Por qué nunca vimos de nuevo ese camino? —preguntó JS, resumiendo la duda que muchos expresaron con miradas y susurros.

—Porque sólo se marca para la llegada de los estudiantes de primer año —aclaró Dumbledore, sonriendo—, ya después ustedes llegan directamente al comedor, por lo que se supone no necesitan volver a ver esas marcas.

Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugar en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa. Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin…

A medida que el profesor Flitwick mencionaba los nombres de las cuatro casas de Hogwarts, los integrantes, desde los más adultos hasta los más jóvenes, vitoreaban al nombre de sus respectivas casas. Los profesores sólo sonreían, viendo que a pesar del tiempo que haya pasado, el amor y orgullo por su casa se mantenía casi entero.

Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seréis un orgullo para la casa que os toque. La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry trató de aplastar su cabello.

—Por usted no me preocupaba, Potter —mencionó la profesora McGonagall—, ya conocía la fama de la cabellera de los Potter gracias a su abuelo y padre.

—¡Ahhh! —exclamó JS—, por eso a mí ni me vio cuando llegué en mi primer año.

—Por supuesto que lo había visto, joven Potter, recuerde que quien los recibió y le dio este mismo discurso ya era el profesor Longbottom.

—Sí…

—Y de paso, lo de la capa en la oreja también es de familia, ¿verdad, hijo? —comentó Frank, sonriendo al ver como Alice Susan se sonrojaba.

—Verdad que sí —afirmó Neville, abrazando a su hija y besándola en la coronilla.

Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.

—Vana esperanza —comentó Harry, haciendo reír a muchos en la sala. Cuando James y Ginny lo miraron extrañados, sólo encogió los hombros y pidió al profesor Flitwick que siguiera leyendo.

Salió de la habitación. Harry tragó con dificultad.

¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.

Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.

—¡Fred! —reclamó Molly a su hijo, quien replicó:

—¿Qué? ¡Si mi tío Gideon me comentó eso, que era muy doloroso! Ron me preguntó y yo le respondí, más nada.

El corazón de Harry dio un terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada de magia todavía... ¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momento en que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás también parecían aterrorizados.

—Por supuesto que estábamos aterrorizados —comentó Lavender—. Yo sentía que se me iban las piernas por la falta de aire.

—Además —complementó Parvati—, esa aula es muy pequeña, es mejor que nos hubieran dejando esperando en el vestíbulo.

—Es parte del efecto sorpresa que desde siempre se le ha querido dar a quienes llegan al colegio en primer año —comentó Dumbledore, sonriendo.

Nadie hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría. Harry intentó no escucharla. Nunca había estado tan nervioso, nunca, ni siquiera cuando tuvo que llevar a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maestro.

Una explosión de risas, iniciada por los Merodeadores y secundada por el resto de bromistas, interrumpió la lectura.

—¡Ya va! ¡ya va! —exigió James, aún riéndose—, ¿cómo es eso? ¿Le cambiaste el color a la peluca de un maestro?

—¿Qué te puedo decir, papá? Me obligó a hacer una evaluación con Dudley justo después que nos habíamos peleado… Bueno, que él trató de golpearme y yo me le había escapado. ¿Recuerdas, Dud?

—Sí, claro… Me hiciste perseguirte hasta la cancha techada, pero me fue imposible alcanzarte, y cuando entraste de nuevo al salón ya había comenzado el taller y el profesor quería que nos sentáramos juntos. Fue casi inmediato, la peluca era rubia y se volvió azul brillante, casi como el cabello de ¿Ted, no?

Nuevas risas se oyeron en la Sala. Al calmarse, siguió la lectura.

Mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final.

—Y por supuesto —comentó Ron dramáticamente—, el pensamiento fatalista de Harry se activa.

El aludido lo miró agriamente, mientras risas y asentimientos se oían en la Sala.

Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.

Las risas inmediatamente se calmaron, al menos de parte de los mayores; porque los de la generación de Harry y sus hijos sonrieron.

¿Qué es...?

Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo.

—¿Por qué no me extraña que sea por Peeves? —preguntó Arthur—. Recuerdo que en mi primer año pasó exactamente lo mismo.

Varios hicieron el mismo comentario: Frank, los Merodeadores, Molly, Bill, Charlie, Tonks, los gemelos, Lee, Ginny y Demelza. Hasta Teddy y Victoire asintieron.

El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:

Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...

Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?

El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.

Nadie respondió.

—¡Por supuesto! —exclamó Zacharias Smith—, estábamos todos asustados y sorprendidos.

¡Alumnos nuevos! —dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?

Algunos asintieron.

—Creo que Justin, Hannah y yo —comentó Susan, ruborizándose—, y porque creo que nos cayó bien apenas lo vimos.

Hannah asintió, sonriendo mientras recordaba al risueño y bonachón fantasma.

¡Espero veros en Hufflepuff! —continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.

En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.

Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año—, y seguidme.

Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plomo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro, con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.

Nuevos aplausos se dejaron escuchar en la Sala, lo que causó sonrisas a los que habían compartido esa selección con Harry y estaban presentes.

Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».

—¡Hey! —exclamó Hannah, sonriendo—, ¡Eso me lo dijiste a mí!

—Prefecta perfecta en acción —comentó Sirius—. Recuerdo que eso lo discutieron Lily y Lunático durante la caminata por ese pasillo, sobre quien había hechizado el techo.

Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos. Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.

—Eso es verdad —tuvo que admitir Dudley, aunque sólo su esposa e hijas lo escucharon.

Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de...

—¿Qué? —exclamó Harry al ver las miradas extrañadas y divertidas de quienes estaban en la sala—. ¡Ah!, ¡Claro! Lo que pasa es que los muggles creen que uno de los trucos típicos de un mago es sacar algo de un sombrero, generalmente un conejo. Y como yo no tenía idea sobre qué íbamos a hacer con el sombrero, me lo supuse…

Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros, sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza

—Curioso —reclamó Harry, lo que fue secundado por varios en la Sala.

—Es su misión, para eso fue creado —replicó calmadamente Dumbledore.

que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

Así que pruébame y te diré dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor, donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad ponen aparte a los de Gryffindor.

Una salva de aplausos y gritos se escuchó de parte de los leones en la sala.

Puedes pertenecer a Hufflepuff, donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff de verdad no temen el trabajo pesado.

Esta vez fue el turno del grupo de tejones de aplaudir a la mención de su casa.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta, porque los de inteligencia y erudición

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

El grupo de cuervos de la sala, más comedidos que los Gryffindor, se dejaron escuchar.

O tal vez en Slytherin harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio para lograr sus fines.

Las pocas serpientes presentes en la sala, aplaudieron emocionados, al igual que el resto de sus compañeros.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —susurró Ron a Harry—. Voy a matar a Fred.

—¡Ronald Weasley! —exclamó Molly, al borde de las lágrimas. Ron abrió los ojos impresionado, y en silencio se levantó, se acercó a su hermano, el gemelo fallecido, y lo abrazó, comenzando a llorar silenciosamente. Cuando se separaron, Ron repetía, como un mantra:

—No quería verte morir, no quería verte morir…

—Lo sé, Ronnie, tranquilo, más bien disculpa por esa broma.

Ron asintió en silencio y Molly, emocionada, corrió a abrazar a sus hijos. Después de unos minutos, el profesor Flitwick retomó la lectura.

Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valiente ni ingenioso ni nada de eso, por el momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, ésa habría sido la suya.

—¿A quién le habría sacado Harry esa actitud y pensamiento? —le preguntó Remus a Sirius, sonriendo mientras veía descaradamente a James, a la vez que Al y Lilu se sonreían y señalaban a su propio hermano JS.

—Abuela —preguntó la pequeña Lily a su tocaya—, ¿eso como que es otra de las herencias de los Potter?

—Así parece, mi niña —respondió sonriendo—, veamos: cabello negro y rebelde, ojos como los de la madre, cegatos a más no poder, enamorados de pelirrojas y con serios problemas de pensamientos catastróficos… Yo creo que sí.

—Pelirroja —intervino Sirius, riéndose ya sin pudor—, te faltó incluir que son retacos y flacos.

Los tres Potter que llenaban esa descripción fruncieron el ceño al mismo tiempo, mirando a quienes se reían de ellos.

La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.

Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Abbott, Hannah!

Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

—Ahí me estaba diciendo —comentó la propia Hannah— que me veía como un real miembro de mi casa, que me asegurara de honrarla siempre.

¡HUFFLEPUFF! —gritó el sombrero.

La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.

En la sala, los integrantes de la casa de los tejones también aplaudieron, haciendo sonreír al profesor Flitwick y a la profesora Sprout, antigua jefe de esa casa.

¡Bones, Susan!

—No recordaba que nos habían seleccionado una después de la otra —comentó Susan, sonrojándose.

¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.

—Y así comenzó nuestra amistad —recordó Hannah, sonriendo, mientras volvían a aplaudir.

¡Boot, Terry!

¡RAVENCLAW!

La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaw se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.

En la Sala, el grupo de esa casa aplaudió al ser nombrada.

Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas.

Igual que en este momento, cuando los Gryffindor presentes aplaudieron, haciendo sonrojar a Lavender.

Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.

Bulstrode, Millicent fue a Slytherin. Tal vez era la imaginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.

Aunque los pocos Slytherin en la sala aplaudieron, también se dejó escuchar una queja:

—¿Por qué siempre la mala fama de nosotros? —Scorpius, llevando la voz cantante, aclaró—: Menos mal que ya en estos días hemos tratado de quitarnos esa fama de "magos malvados".

—Porque así fue por mucho tiempo, joven Malfoy —respondió Lily—, incentivados por las ideas y acciones de gente como tu familia y sus amigos.

Comenzaba a sentirse decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siempre había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensara que lo querían.

Muchos vieron a Dudley, quien trataba de no comentar nada.

¡Finch-Fletchley, Justin!

¡HUFFLEPUFF!

Harry notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras, tardaba un poco en decidirse.

Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

—Me estaba diciendo que tenía actitud de Hufflepuff, pero que mi afición por el fuego era algo que Gryffindor habría estimado mucho.

—Interesante teoría —comentó McGonagall—, que cada casa también esté relacionada con uno de los elementos fundamentales: Fuego y Gryffindor, aire y Ravenclaw, agua y Slytherin, y tierra y Hufflepuff.

Granger, Hermione.

Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.

¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero. Ron gruñó.

—Disculpa, Hermione —aclaró Ron de inmediato.

—Tranquilo, está bien… Y pensar que el sombrero estuvo debatiéndose si enviarme a Ravenclaw o no. Me dijo algo como "Tienes una mente abierta al conocimiento, pero no sólo para saber, sino también para aplicarlo, y tienes dotes de liderazgo que te ayudarán a llegar lejos".

Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivocado y que era mejor que volviera en el tren?

—Otra vez el pensamiento catastrófico de los Potter —comentó Lily, suspirando.

—Bueno, ya sabemos que no se cumplió —aclaró Harry, ruborizado—, pero me era imposible evitar imaginarme esa situación.

Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse.

—Porque tuvimos un debate —aclaró Neville ante la mirada sorprendida de Frank y de sus hijos—, él pretendía enviarme a Hufflepuff y yo me empeñé que tenía que ir a Gryffindor, porque todos en mi familia habían ido a Gryffindor. Cuando le dije que mi abuela no me perdonaría si no iba a Gryffindor, se rio y me dijo "Tu abuela debió ser Hufflepuff, y como tú, se empeñó en ser Gryffindor. Ese tesón es de familia, pues que siga en la familia".

Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.

—Tranquilo, hijo —comentó Alice—, a mí me pasó igual, ¿recuerdas, Lily?

Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!

—Como todos en la casa Malfoy —comentó, orgulloso, mientras los pocos aplausos de los Slytherin presentes se dejaban escuchar.

Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.

Ya no quedaba mucha gente.

Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil...

Padma y Parvati sonrieron ante esa rápida mención de sus apellidos, aunque lamentaron no tener una mayor presencia.

Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:

¡Potter, Harry!

El aludido emitió un suspiro que delató sus temores. Todos escucharían lo que él, hacía tanto tiempo, había conversado con el Sombrero.

Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.

¿Ha dicho Potter?

¿Ese Harry Potter?

—No, vale —intervino George.

—Es otro, ¿no ves? —completó Fred, provocando la risa de los más jóvenes.

Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero.

Esperó.

Mmm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil…

—No le veo lo difícil —intervino James—, es un Gryffindor. Punto.

Lleno de valor, lo veo…

—Lo que dije, Gryffindor.

—Ya, James —le dijo Lily.

Tampoco la mente es mala…

—¿Te iba a mandar a Ravenclaw? —exclamó, más que preguntar, Padma, sorprendida.

Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante...

—¿Potter un Hufflepuff? —preguntó Zacharias, intrigado.

Entonces, ¿dónde te pondré?

—En Gryffindor, vamos —reclamó James, al borde de la silla. Harry sonrió y le dijo:

—Papá, recuerda que eso pasó, y hace bastante tiempo.

Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».

Al abrió sus ojos verdes esmeralda y miró a su padre, quien sonreía, asintiendo.

En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza…

—Pero no ese tipo de grandeza., gracias —comentó Harry.

—¡¿El muy…James!... te quiso enviar a Slytherin!?

—Parece que sí, papá —respondió Harry, sonriendo—, pero ya vas a ver lo que comentó al final.

No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento.

Igual pasaba en la Sala, la salva de aplausos más extensa estaba ocurriendo en ese momento. Cuando se calmaron un poco, Al, aún sorprendido, le dijo:

—Papá, entonces sí fue verdad que le pediste al sombrero que no te colocara en Slytherin.

—¿Acaso les he mentido alguna vez? —preguntó a sus hijos y por extensión a sus sobrinos, después de asentirle silenciosamente al menor de sus varones.

—Nunca, papá —respondió JS—, pero no puedes negar que nos has ocultado información.

—Ya les expliqué por qué lo hice, o por qué lo hicimos, ¿sí? —luego de recibir una silenciosa respuesta afirmativa, dijo—. Profesor, puede continuar.

Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban: «¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!». Harry se sentó en el lado opuesto al fantasma que había visto antes. Éste le dio una palmada en el brazo, dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.

—Peor se siente cuando los atraviesas, ese frío se te mete por todo el cuerpo —comentó Neville, siendo apoyado por su hija y por Seamus.

Podía ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de él, estaba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares. Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas. Harry también vio al profesor Quirrell, el nervioso joven que conoció en El Caldero Chorreante. Estaba muy extravagante, con un gran turbante púrpura.

El trío notó ese detalle, al igual que Dumbledore. Los cuatro tuvieron el mismo pensamiento: "Quizás ahí ya estaba poseído por Voldemort".

Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los dedos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!

—Apenas me lo puse —comentó Ron, orgulloso—, el sombrero me dijo: "Ya sé dónde te voy a colocar, donde toda tu familia ha estado".

Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.

Bien hecho, Ron, excelente —dijo pomposamente Percy Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin.

La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.

—Fuiste bastante selectivo, ¿no, Potter? —comentó Zacharias con amargura, mientras Padma le apretaba la mano—, recuerdas muy bien la selección de algunos, pero no de otros.

—Quizás, Smith —respondió Harry, tranquilamente—, porque me he sentido más cercano con unos y no con otros, como pudo ser tu caso. También pudo ser que cuando tú estabas en tu selección, yo estaba notando el turbante del profesor Quirrell.

—Ciertamente, tienes tu punto a favor ahí.

Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado.

Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.

En la Sala, además de los aplausos, un coro de carcajadas de parte de los más jóvenes hizo sonreír al venerable director.

Está... Un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inseguro a Percy.

—¡Harry! —reclamó Lily, aunque el gesto de restarle importancia de Dumbledore la calmó un poco.

¿Loco? —dijo Percy con frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Harry?

—¡Percy! —ahora fue el turno de Molly de reclamar.

—No se preocupen —sonrió Dumbledore—, prefiero que me tilden de loco y no de desquiciado asesino. Aunque los halagos del señor Weasley fueron realmente acertados, desde su punto de vista.

Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.

Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.

—Realmente, Harry —Dil se sobaba la panza mientras comentaba—, tus descripciones… ¿Por qué nos haces esa maldad?

Varios aprobaron el comentario de la embarazada, mientras James y Sirius miraban hoscamente a Dudley, quien intentaba mantenerse oculto en los brazos de su esposa.

Eso tiene muy buen aspecto —dijo con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.

¿No puede...?

No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.

¡Yo sé quién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!

Charlie estalló en una carcajada, mientras Molly lo miraba molesta.

Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy... —comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo interrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.

¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapitado?

Dil recordó su propia pregunta, en su banquete de bienvenida cuando cursó el séptimo año en Hogwarts por la destrucción del castillete de Humstall.

Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversación no resultara como la había planeado.

Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Toda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien. Pareció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio, …

—Y todos los años hace la misma exhibición —comentó Freddie, sonriendo, al tiempo que muchos de los Gryffindor presentes asentían.

tosió y dijo: ¡Así que nuevos Gryffindors! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeonato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces seguidas! El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.

—¿¡Qué?! —exclamaron los Merodeadores en pleno, Bill y Charlie.

—Así fue, señores —comentó McGonagall—, después que Charlie Weasley dejó la escuela, no habíamos logrado vencer en la Copa de las Casas.

Harry miró hacia la mesa de Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Estaba justo al lado de Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su presencia.

—Creo que muy pocos, Potter —respondió Draco, mientras Astoria, Scorpius y en menor medida Snape asentían.

¿Cómo es que está todo lleno de sangre? —preguntó Seamus con gran interés.

Nunca se lo he preguntado —dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.

—Y si se lo preguntas —comentó Lucy, estremeciéndose—, es posible que te persiga por una semana entera por todo el colegio.

—¡Lucy! —exclamó Audrey, impactada.

—¡Fue culpa de estos tres desadaptados! —exclamó señalando sucesivamente a JS, Freddie y Frankie, quienes intentaban retener la risa—, ¡Creo que no me acompañaba en la noche porque Nick le impedía entrar a la torre de Gryffindor, pero era más que seguro que en la mañana me esperaba fuera del retrato de la Señora Gorda!

Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los sabores que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...

—¡Por Merlín, Harry! —reclamó Ron, al tiempo que a Sirius, los gemelos, JS, Hugo y a él mismo le roncaron las tripas—. ¡Nos estás provocando hambre!

—¡Ron! —exclamó Hermione—. ¡Acabamos de comer!

—Igual, cuñadita —indicó Fred—, hay hambre…

Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.

Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.

Los demás rieron.

Como ocurrió en la Sala, ante el comentario de Seamus, muchos rieron escandalosamente.

¿Y tú, Neville? —dijo Ron.

Los Longbottom mayores se tensaron, mientras que Harry, Ron, Hermione y Ginny miraron con un toque de tristeza a su fraterno amigo.

Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja —dijo Neville—, pero la familia creyó que yo era todo un muggle, durante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme descuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.

Aunque se dejaron escuchar muchas risas por la narración de Neville, los padres de éste no estaban muy contentos:

—¿Cuándo no es que el tío Algie anda provocándolo a uno para que muestre la magia? —reclamó Frank—. Así pasó conmigo. Menos mal que no me dejó caer, porque también se hubiera caído conmigo.

—¿Cómo es eso, abuelo? —le preguntó por señas Paula, la menor de los mellizos.

—Porque mi explosión de magia accidental fue hacerlo levitar al momento que me agarró por el tobillo.

Después de un ataque de carcajadas, la lectura continuó.

Al otro lado de Harry, Percy Weasley y Hermione estaban hablando de las clases. («Espero que empiecen enseguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas y todo eso...»).

—Alerta de prefectos perfectos —exclamó Sirius, haciendo reír a los gemelos y a los nuevos merodeadores, mientras hacía sonrojar y molestarse a los prefectos pasados y actuales.

Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copiosamente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo negro, nariz ganchuda y piel cetrina.

Snape miró ceñudamente a Harry, quien encogió los hombros en silencio. James y Lily vieron el intercambio, pero no comentaron nada.

Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directamente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.

Todos se quedaron sorprendidos por esas líneas, especialmente quienes estaban cerca de Harry en ese momento.

¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.

¿Qué ha pasado? —preguntó Percy.

N-nada.

El dolor desapareció tan súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.

¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a Percy.

Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

—Ni que lo digas —comentó Sirius, mientras Snape le devolvía una mirada agria.

Estos tres nunca van a hacer las paces, pensó Harry al ver cómo su padre también miraba torvamente al profesor.

Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.

Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año. Los de primer año debéis tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.

Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.

En el momento presente, la mirada de McGonagall iba hacia los "Nuevos merodeadores": JS, Freddie, Frankie y Lucy, además de algunos otros de los jóvenes.

El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos. Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch. Y, por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.

Harry rio, pero fue uno de los pocos que lo hizo.

Al igual que en la Sala, muchos de los presentes expresaron preocupación al oír esas líneas, especialmente los mayores.

¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.

Eso creo —dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledore—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.

—Lo decía absolutamente en serio, señor Weasley —mencionó Dumbledore—, y como entenderá después de tanto tiempo, muchas veces es necesario restringir la información incluso a los prefectos y Premios Anuales, especialmente cuando se trata de asuntos de la máxima delicadeza.

¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.

—Como siempre —indicó Seamus—, Harry detalla todo a su alrededor.

—Te aseguro que ha sido útil —replico el aludido, sonriendo.

Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!

Y todo el colegio vociferó:

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,

enséñanos algo, por favor.

Aunque seamos viejos y calvos

o jóvenes con rodillas sucias,

nuestras mentes pueden ser llenadas

con algunas materias interesantes.

Porque ahora están vacías y llenas de aire,

pulgas muertas y un poco de pelusa.

Así que enséñanos cosas que

valga la pena saber,

haz que recordemos lo que olvidamos,

hazlo lo mejor que puedas,

nosotros haremos el resto,

y aprenderemos hasta que

nuestros cerebros se consuman.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.

En la sala estallaron las risas cuando los que estuvieron ese día recordaron ese momento, contagiando a los demás.

¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!

Los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida. Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes.

—De verdad íbamos casi dormidos —comentó Hermione, sonriendo al recordar.

—Sí —ratificó Susan—, y eso que nosotros íbamos más cerca, a nuestra sala común.

Subieron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente.

Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra él.

Peeves —susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Levantó la voz—: Peeves, aparece.

—Antes que me pregunten —aclaró Percy—, cursé Estudios Muggles, y por eso sé cómo se le llama a Peeves.

La respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se desinflara un globo.

¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?

Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.

—El viejo Peeves —comentó Sirius, sonriendo.

—Todo un personaje —completó James.

—Útil cuando le conviene —aseguró Fred.

—Especialmente si de molestar a Filch se trata —remató George, lo que reconoció Harry en silencio.

¡Oooooh! —dijo, con un maligno cacareo—. ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!

De pronto se abalanzó sobre ellos. Todos se agacharon.

Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritó enfadado Percy.

Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville. Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.

Tenéis que tener cuidado con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya llegamos.

—A nosotros sí nos escuchaba —mencionó James, a lo que Lily replicó:

—Por supuesto que los escuchaba, ¡porque ustedes lo hacían participar en sus bromas!

Al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.

¿Contraseña? —preguntó.

Caput draconis —dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones. Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres), encontraron, por fin, sus camas; cinco camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.

Una comida increíble, ¿no? —murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás comiendo mis sábanas.

Harry estaba a punto de preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza, pero se quedó dormido de inmediato.

—Ya habíamos hablado que la tarta de melaza es su favorita, ¿no? —recordó Ginny, sonriendo.

James, JS y Al sonrieron. Ellos también disfrutaban de ese tipo de tarta.

Tal vez Harry había comido demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño. Tenía puesto el turbante del profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería estar en Slytherin y el turbante se volvió cada vez más pesado. Harry intentó quitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante. Luego Malfoy se convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se despertó, temblando y empapado en sudor.

—Vaya sueño, ¿eh, papá? —mencionó Al, sorprendido por los detalles.

—Sí, realmente raro —comentó Dumbledore.

Se dio la vuelta y se volvió a dormir. Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel sueño.

—Y así termina este capítulo —indicó Flitwick, dejando el pergamino sobre el atril, el cual se desvaneció. Todos se quedaron sorprendidos, pero la Sala dio cumplida respuesta:

—Atendiendo a la solicitud de algunos de los presentes, y considerando el ritmo de lectura, pueden disfrutar de la cena; posteriormente se leerán dos capítulos más y llegará la hora de descansar.

Ante el alborozo general, los asistentes hicieron espacio para que la sala sustituyera los cómodos asientos por mesas, en las cuales se organizaron las familias, siendo la Weasley la más grande, por mucho. En otras mesas se ubicaron los Potter, junto con Dil, Sirius, los Dursley y los Lupin; aparte, los Longbottom con los Finnigan-Bones, los Smith-Patil con sus "tías" Parvati y Lavender, los Jordan, los Malfoy, aunque Christina estaba algo reticente; y los profesores compartieron una mesa aparte.

Luego de un buen rato de conversación y comida, los ánimos estaban contentos, todos estaban a la expectativa del nuevo capítulo. Cuando la Sala reubicó los sofás y butacas, el atril se materializó directamente delante de Snape, quien gruñó incómodo.

—Todos han de leer al menos un capítulo —expresó la sala, por lo que el aludido bufó nuevamente. Luego, ante la mirada de James, Harry y Sirius, extendió el rollo y sonrió imperceptiblemente al leer el título del siguiente capítulo.


Buenos días desde San Diego, Venezuela! Un nuevo domingo, un nuevo capítulo! El banquete de bienvenida siempre entrega un buen cúmulo de recuerdos, y leer sobre la selección de Harry y su generación no iba a se la excepción. Por supuesto, Al no iba a dejar pasar la oportunidad de ratificar lo que dos años atrás vivió en su propio primer día a Hogwarts. El próximo capítulo va a ser muy interesante, como todos, por supuesto, y espero que lo disfruten. Como siempre (que me acuerdo), saludo a quienes siguen y marcan como favorito este elato, especialmente a lavida134, quien consecuentemente saluda y comenta el capítulo... Sigan su ejemplo, así me comentan como va el relato, que desean que incorpore o elimine (cosa dificil, pero ya veremos), o simplemente qué les va pareciendo... Nos leemos el próximo domingo, a esta misma hora aproximada... Salud y saludos!