Harry Potter: Una lectura distinta

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


La Piedra Filosofal

CAPÍTULO 10 Halloween

Draco depositó el pergamino en el atril, el cual se desplazó hasta ubicarse frente a Hermione, quien al ver el título del siguiente capítulo sonrió, miró a sus amigos y comentó:

—Ahora sí que empieza lo bueno. El capítulo se llama… "Halloween".

Harry y Ron no pudieron evitar cruzar una mirada con Hermione y reírse, mientras McGonagall y Snape miraban interesados el intercambio entre los tres. Algo les decía que ese día había comenzado su amistad. Por otro lado, Lily y James habían ensombrecido su mirada, recordando que su último encuentro con Voldemort, el que los había alejado de Harry, había ocurrido en esa fecha.

Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado pero muy alegres. En realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura, y ya estaban preparados para tener otra.

—¡Harry / Ron! —exclamaron sus respectivas madres, aunque, con lo que había dicho Harry previamente, sólo sonrieron al ver a sus hijos mirar el techo.

Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello para necesitar una protección así.

—Tendría que ser algo muy valioso, o muy peligroso —analizó Hugo, sorprendiendo a Ron y a algunos profesores. Hermione sonrió, y leyó:

Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.

—De tal palo, tal astilla —comentó Lily, sonriendo. Cuando varios la vieron extrañada, aclaró—: es un dicho muggle, es como decir "Como es el padre, así es el hijo".

Varios Ohhh se escucharon antes de que Hermione, orgullosa de su hijo, retomara la lectura.

O las dos cosas —opinó Harry.

Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.

Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla. Lo único que le importaba a Neville era no volver a acercarse nunca más al animal.

—Bien hecho, mi niño —dijo Alice, abrazando a Neville.

Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio.

Hermione detuvo la lectura y miró, medio en broma y medio en serio, a su esposo y concuñado, antes de decirles:

—¿Entonces yo era una sabihonda mandona?

Ambos, sonrojados a más no poder, intentaban justificarse, ante la risa poco contenida de sus hijos y ex compañeros de estudio. Hermione, haciéndoles señas con su mano, les dijo:

—Tranquilos, yo sé y acepto que fui así, sólo quería verles pasar pena.

Estallaron las carcajadas, que duraron unos minutos. Al calmarse, siguió la lectura.

Lo que realmente deseaban en aquel momento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfacción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo.

Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su tocino. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.

Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:

NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA.

Contiene tu nueva Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de quidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.

Profesora McGonagall

Los que estuvieron esa mañana en el comedor recordaron la llegada del paquete, y aunque sospecharon algo, especialmente los Gryffindor, en la Sala lo único que hicieron fue sonreír silenciosamente.

Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mientras le alcanzaba la nota a Ron.

¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—. Yo nunca he tocado ninguna.

Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y Goyle, que les cerraban el camino. Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.

—¿Cuándo no es que el hurón albino no se entrometía? —exclamó Neville, sorprendiendo a muchos. Draco lo vio, sonrojándose, mientras que Frank, algo despistado, preguntó:

—¿Quién es el "hurón albino"?

—Eso —mencionó Ron—, eso creo que fue en… cuarto año, ¿no?

—Exactamente —ratificó Harry—, en nuestro cuarto año. Hay que esperar, señor Frank.

Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara.

—¡NO! —exclamó George, sorprendiendo a varios, puesto que habían permanecido extrañamente en silencio.

—Yo pensaba —completó Fred—, que era otro rifle.

A pesar de la comparación, muchos se rieron, provocando que Draco frunciera las cejas.

Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para tener una.

Ron no pudo resistirse.

No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rio con aire burlón—. Las Comet parecen veloces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.

¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mitad del palo? —replicó Malfoy—. Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita.

—El eterno mantra de Malfoy —comentó Ginny, molesta, mientras veía a Draco—, meterse con nuestras finanzas.

—De ellos, tía Ginny —mencionó Scorpius—, porque ya usted me conoce.

—Sí, hijo, yo sé que tú no eres así, gracias a Merlín.

Draco sólo pudo suspirar ruidosamente, mientras Astoria, en silencio, le tomaba la mano, en señal de comprensión.

Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció detrás de Malfoy.

No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.

A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente Malfoy.

Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, mirando radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?

Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy—. Y realmente es gracias a Malfoy que la tengo.

Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy.

En la Sala, las carcajadas, especialmente de los Merodeadores y los más jóvenes, no se hicieron esperar, especialmente porque Draco, a pesar de todo el tiempo transcurrido, no le había perdonado a Harry esa burla, y lo mostraba entrecerrando los ojos y respirando forzadamente, a pesar que Astoria le acariciaba la espalda, intentando calmarlo. Ron se dio cuenta de esa situación, y le dijo:

—¡Vamos, Draco! ¡Éramos niños! ¡Sólo queríamos divertirnos, tanto como tú te divertías burlándote de mi familia! —y en un tono más grave, le recordó—: Quedamos en que habíamos enterrado el hacha de guerra, ¿cierto?

—Sí —admitió Draco, luego de suspirar fuertemente—, y como tú mismo dijiste, no esperes que nos bebamos una botella de whiskey de fuego conversando.

—Lo sé, tranquilo.

Después que se calmara la situación, Hermione siguió leyendo:

Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...

¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —Se oyó una voz irritada a sus espaldas. Hermione subía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paquete de Harry.

Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.

Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.

Tanto Lily como Molly gruñeron ante esas respuestas de sus hijos, pero Hermione, sonrojada, siguió.

Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.

Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por atender a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.

Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.

Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».

—Realmente soberbia —comentó Harry.

—¿Todavía la tienes, Harry? —preguntó James, ávido de ver esa escoba.

—No, lamentablemente la perdí en mi tercer año.

—Lamentablemente —ratificó Ron. Los gemelos, al unísono, se levantaron e inclinaron sus cabezas en señal de respeto, lo que provocó algunas risas en los más pequeños.

Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tribunas alrededor del terreno de juego, para que los espectadores estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggles hacían burbujas, sólo que éstos eran de quince metros de alto.

—¿Y para qué hacían o hacen eso? —comentó Kevin, extrañado. Daisy, ante la mirada atenta de JS, le respondió.

—Es divertido, es como cuando haces chispas con tu varita, pero es simplemente soplar y hacer burbujas de jabón. Si quieres les enseñamos como es. A mí me gusta hacerlo, y a Violet también.

—Al terminar el capítulo —intervino la Sala—pueden tomar un rato para conversar y descansar; ya las habitaciones están dispuestas, de acuerdo a familias y casas comunes.

Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde él quería con sólo tocarla.

¡Eh, Potter, baja!

Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo. Harry aterrizó cerca de él.

Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por semana.

James, a pesar de oír cómo su hijo comenzaría a conocer su deporte favorito, se lamentaba el no poder haber sido él quien se lo enseñara. Lily lo notó, pues lo atrajo hacia sí misma, y abrazó, diciéndole al oído:

—Tranquilo, mi campeón, nuestro bebé es todo un ganador.

Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto tamaño.

Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.

Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamaño de un balón de fútbol.

Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los cazadores se tiran la quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?

Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol —recitó Harry—. Entonces es una especie de baloncesto, pero con escobas y seis canastas.

¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.

Olvídalo —respondió rápidamente Harry.

—Es un deporte muggle, que en esencia es lo que describió Harry —indicó Hermione.

Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián. Yo soy guardián de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.

Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo todo—. Y juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo tengo. ¿Y para qué son ésas? —Señaló las tres pelotas restantes.

Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.

Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.

—Típico —comentó Fred, mientras Sirius miraba ceñudo al pergamino.

—La prueba de reflejos de Wood —completó George, a lo que James preguntó:

—¿Prueba de reflejos?

Voy a enseñarte para qué son —dijo Wood—. Esas dos son las bludgers.

Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harry notó que parecían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.

Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y soltó una de las bludgers.

—¡¿Qué?! —exclamó Sirius, mientras que Lily abrió los ojos, asustada— ¡Se volvió loco y no avisó!

—Tranquilo, padrino —dijo Harry, calmadamente—, no tuve problemas con ella.

De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lanzó contra la cara de Harry. Harry la rechazó con el bate, para impedir que le rompiera la nariz, y la mandó volando por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.

Varias exclamaciones y suspiros de alivio se escucharon en la sala.

¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las escobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los gemelos Weasley son los nuestros). Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?

Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen alejadas las bludgers de su equipo —resumió Harry.

Muy bien —dijo Wood.

Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a alguien? —preguntó Harry, deseando que no se le notara la preocupación.

Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbulas rotas, pero nada peor hasta ahora…

—A mí me rompieron dos costillas —enumeró Sirius, sonriendo—, me dislocaron dos veces el codo izquierdo, me fracturaron el cráneo, eso ya lo sabían; … ¿qué más? Ah, lo de la clavícula, pero eso no fue con la bludger sino con un bate, cuando me agarré con Yaxley en tercer año. Ah —aclaró cuando varios lo vieron interesadamente—, yo fui golpeador en mi época.

—Y a mí me fracturaron ambas muñecas, no al mismo tiempo, menos mal —comentó James, reflexionando—, el codo izquierdo, la rodilla derecha, y una vez, creo que fue contra Hufflepuff, por esquivar una bludger me estrellé contra las tribunas y duré tres días inconsciente en la enfermería.

—Sí —ratificó Lily, molesta—, el primer juego del séptimo año; me llevé un susto de marca mayor cuando caíste de casi 12 metros, creo que te fracturaste medio esqueleto. Insisto, no sé por qué les gusta tanto ese juego.

Hermione, sonriendo, siguió la lectura.

Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...

A menos que me rompan la cabeza.

Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos…

Los gemelos se levantaron y, haciendo una exagerada reverencia, recibieron el aplauso de muchos en la sala, mientras los demás se reían.

Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Comparada con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.

Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pelota más importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeadores, la quaffle y las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador. Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de quidditch sólo termina cuando se atrapa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el record fue tres meses. Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir... Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?

—El record exacto, al menos hasta donde recuerdo —mencionó James—, es de 88 días, es decir, dos meses y 28 días…

—Gracias por el dato —interrumpió Lily, sabiendo lo fanático del deporte que era su esposo—, Hermione, por favor, sigue.

Algunas risas ahogadas se dejaron escuchar.

Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que tenía que hacer; el problema era conseguirlo.

Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.

Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde, Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. Éste no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho. Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.

La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al castillo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglaterra si no se hubiera ido a cazar dragones.

—Realmente me fui a estudiar dragones —aclaró Charlie—, no a cazarlos. Los prefiero vivos, que pueda verlos en su hábitat natural, o al menos en uno controlado.

Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive. Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.

En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Neville. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención) …

—Disculpa, Neville —interrumpió Harry, pero Neville no aceptó:

—Tranquilo, Harry, te entiendo. Igual después me ayudaste mucho.

Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.

Otra mirada desaprobatoria dio Molly a su hijo, quien solo veía a su esposa leer, concentrada, sintiendo sus manos juntas.

Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.

Una sarta de carcajadas se oyó por parte de James y Sirius, mientras Remus sólo negaba, sonriendo.

—Profesor Flitwick, ¿todavía le dice eso a sus estudiantes?

—Por supuesto, señor Black.

—Sí, todavía nos lo dice —ratificó Hugo, mientras los más jóvenes sonreían.

Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.

—Típico —comentó Parvati, viendo a Seamus—, ¿cuándo tú y el fuego no están juntos en la misma oración?

—No es todo el tiempo, ¿verdad, Susie?

—No… porque ya a esta altura de la vida lo sabes manejar.

—Eso es verdad, papá —confirmó Will.

Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.

¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos brazos como un molino.

Hermione no podía evitar sonreír al recordar ese momento, a pesar de lo molesta que estaba ese día.

Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.

Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.

—Mala jugada, Ron —comentó Sirius—, nunca retes a un prefecto perfecto en potencia a que te muestre cómo se hace algo.

—Porque es seguro que te deja mal parado —confirmó James, recibiendo un golpecito en el hombro por parte de su esposa y una mirada molesta de Hermione y las prefectas de la nueva generación.

Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.

¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!

Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.

—¿Ves a lo que me refiero? —Sirius remarco su postura.

—Perfectamente —contestó Ron—, en aquel momento no lo comprendía así.

—Ya nos dimos cuenta —dijo JS, arrancando nuevas carcajadas del grupo de los más jóvenes.

No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.

Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.

—¡Harry! —se interrumpió Hermione—, ¿me vistes llorar?

—Sí —afirmó seriamente Harry—, y el golpe me dolió un buen rato.

Creo que te ha oído.

¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómodo—. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.

—Ciertamente, Ron, lo había notado —comentó Hermione, con tono serio, levantando la mirada del pergamino—; y en el rato que me había escondido, estaba buscando cómo ganarme su amistad. Desde el momento que los había visto por primera vez, en el tren, quería ser amiga de ustedes, pero cometí error tras error, y por eso, eso último que le dijiste a Harry me había dolido mucho, porque me recordaba mi propia vida antes de Hogwarts, aislada, sin amigos, puros libros y estudios, y no quería sentirme así —terminó diciendo eso con lágrimas corriendo por sus mejillas. Ron, luego de suspirar, la abrazó y besó en la mejilla, haciéndole suspirar a su vez antes de retomar la lectura.

Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le decía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. Ron pareció más molesto aún, pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decoraciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione.

—¿Cuándo no? —preguntó Ginny, azuzando a su hermano—. Puede estarse cayendo el mundo, pero ponle a Ron un plato de comida adelante, y se olvida de quien es.

—No seas exagerada, Gin —replicó Ron, contraatacando—, que yo no metía los codos en la mantequilla cuando veía a mi amor platónico.

—¿Cómo es eso, mamá? —preguntó Lilu, interesada.

—Creo que más adelante se debe mencionar, mi linda —intervino Harry, al ver sonrojarse a su esposa—, por lo pronto sigamos oyendo a tía Hermione.

Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como había ocurrido en el banquete de principio de año.

Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:

Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.

Y se desplomó en el suelo.

—Y ese fue el profesor de Defensa contra las Artes Oscura de ese año —comentó Zacharias, con voz monótona.

—Realmente un inepto —reiteró Seamus, aunque las miradas de Harry, Ron y Hermione se ensombrecieron al aparecer mencionado en el pergamino.

Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.

Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.

Percy estaba en su elemento.

¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!

—Prefecto perfecto —corearon Sirius, James, los gemelos y los Nuevos Merodeadores, arrancando risas de muchos en la sala, y miradas reprobatorias de Percy, Hermione, Lily y Remus.

¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.

No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpidos —dijo Ron—. Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.

Peeves sería incapaz —aclaró Sirius—, puede ser incómodo y molesto, pero jamás atentaría de esa forma contra el colegio.

—Es correcto, señor Black —comentó McGonagall, mientras Dumbledore reflexionaba sobre lo que se estaba narrando.

Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones. Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.

¡Acabo de acordarme... Hermione!

Todos los que no habían vivido esa situación estaban tensos, y más cuando oyeron esta línea.

¿Qué pasa con ella?

No sabe nada del trol.

Ron se mordió el labio.

Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.

—¿Qué? —exclamó Molly— ¡Si más bien era el primero que tenía que saber, Ron!

Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.

¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.

—No era yo —aclaró el propio Percy—. Ya en ese momento debíamos estar subiendo las escaleras entre el cuarto y quinto piso.

Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.

¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profesores?

No tengo la menor idea.

Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.

Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.

—Ahora es Ron en modo líder —bromeó Harry, sorprendiendo a varios. Cuando lo vieron, aclaró—. Él también tuvo sus momentos de liderazgo… Pocos, pero los tuvo.

Varias carcajadas se dejaron escuchar antes que Hermione retomara la lectura.

¿No sientes un olor raro?

Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia.

Varias de las mujeres presentes arrugaron la nariz, mientras que los profesores, Hagrid y el trío reconocieron de qué se trataba.

Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.

Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.

—Por Merlín —susurró Molly, en un tono de voz audible, secundada silenciosamente por Lily y Alice, mientras que los más jóvenes se habían mantenido en silencio, atentos, casi hipnotizados con la voz de Hermione.

El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el interior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.

La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos encerrarlo allí.

Buena idea —respondió Ron con voz agitada.

Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, rezando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.

¡Sí!

Algunos aplausos se dejaron escuchar, unidos a vítores por parte de los más pequeños. Pero rápidamente se acallaron al ver la sonrisa enigmática en el trío.

—Eso no terminó ahí —comentó Hermione, antes de seguir leyendo.

Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pasillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.

—¡Por las malas bludgers! —exclamó Sirius—. ¡Encerraron al trol con Hermione!

Las exclamaciones de terror no se reprimieron, especialmente de los más jóvenes.

—Calma, calma —llamó Dumbledore—, por lo que vemos actualmente, la señora Granger-Weasley está muy bien de salud, ¿no es así?

Muchos en la sala hicieron gestos apenados, calmándose y permitiendo que siguiera la lectura.

Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sanguinario.

¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.

¡Hermione! —dijeron al unísono.

Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba? Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.

Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.

—Realmente estaba espantada —comentó Hermione, sonriendo ligeramente al recordar ese día—, cuando oí la puerta cerrarse estaba justo saliendo de uno de los cubículos, con una decisión tomada sobre cómo intentar ser más amable con ustedes —señaló a Ron y Harry—, y de pronto me consigo ese monstruo en frente, que no me quedó más que gritar. No pude hacer más nada… Sigamos.

¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.

El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.

¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.

¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tratando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.

—No lo dudo, mamá —comentó Rose, acercándose y apartando a Ron para sentarse al lado de su madre y abrazarla.

Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.

Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.

Algunas risas se escucharon, y de pronto Ron, riendo más fuerte, comentó:

—¡Lo que dije! ¡Habías estado entrenando!

—¿Cómo? —preguntó Harry, intentando comprender.

—¡Que habías entrenado con tu tío, Harry!

Con ese comentario, quienes recordaron el incidente de las cartas rieron, incluyendo a Dudley. Luego de uno o dos minutos, la lectura continuó.

Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.

Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:

¡Wingardium leviosa!

—¡¿Qué?! —exclamó Seamus, sentado al borde de la butaca, como muchos de los que no conocían los detalles de lo sucedido—. ¡Ron! ¡Tú no sabías ese hechizo!

—Escucha y aprende —respondió Ron, sonriendo, mientras le apretaba el brazo a Hermione para que continuara.

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.

Gritos y aplausos se volvieron a escuchar en la Sala, especialmente por parte de los más jóvenes, mientras el trío sonreía, recordando fielmente esos momentos vividos. Después de un buen rato de alboroto, se pudo seguir leyendo.

Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.

Hermione fue la que habló primero.

¿Está... muerto?

No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desmayado.

Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.

Puaj... qué asco.

Lo mismo se dejó escuchar en la Sala, incluyendo a una Dil pálida, que reprimió unas arcadas mientras se acariciaba la panza.

La limpió en la piel del trol.

Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.

Se oyeron algunos gruñidos, especialmente por parte del trío.

Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry. Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.

—Sí, estaba enfadada —reconoció McGonagall—, pero estaba mucho más nerviosa, especialmente cuando veo a tres de mis estudiantes de primer año ahí.

¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormitorios?

Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera esconder la varita.

—Yo estaba congelado —admitió Ron—, la profesora McGonagall siempre me ha asustado cuando nos sermonea así.

Entonces, una vocecita surgió de las sombras.

Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.

—Y no fue mentira —complementó Hermione, sonriendo.

¡Hermione Granger!

Hermione finalmente se había puesto de pie.

Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.

Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?

—Está bien —se volvió a interrumpir Hermione—, esa parte sí fue mentira, lo acepto, pero el resto no, ¿verdad?

—Ya sabemos que no, Hermione —le dijo McGonagall, sorprendiéndola y con ella al resto de la sala. Nunca la había llamado por su nombre.

Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.

Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.

—Imposible —intervino Snape, ante la mirada grave de James y Sirius.

Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?

Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.

—Seguramente envenenadas —comentó Sirius, mirando a Snape.

—O rellenas de Veritaserum —replicó Severus, ganándose una dura mirada de James, la cual ignoró olímpicamente.

Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.

Hermione se marchó.

La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.

Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.

Nuevos aplausos se dejaron escuchar en la sala.

Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pisos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.

Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.

Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.

Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.

No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con ella —le recordó Harry.

—Y no hubiera estado encerrada en el baño si no la hubieras insultado, Ron —reclamó Molly, haciendo que su hijo bajara la vista.

Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.

Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.

La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, estaba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.

Pero desde aquel momento Hermione Granger se convirtió en su amiga...

Soltando el pergamino en el atril, Hermione buscó las manos de Harry y Ron, y, de memoria, dijo el último párrafo del capítulo, sonriendo mientras una solitaria lágrima corría por su mejilla:

Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres metros y medio es una de esas cosas.

—Así, desde esa noche de Halloween, es que somos amigos —remató, acercando las manos de Harry y Ron y dándoles besos, ante los aplausos de muchos de los presentes.

—Y más que amigos —completó Ron, atrayendo de regreso la mano de su esposa y besándola a su vez.

—De acuerdo a lo ya mencionado —indicó la Sala, al momento de desvanecerse el atril—, es hora de compartir y descansar; luego de las necesarias horas de sueño, retomaremos la lectura. Hemos dispuesto un estante con objetos que suponemos serán adecuados para compartir, como un juego de ajedrez mágico, naipes, pergaminos y magicolores, y otros artículos de interés, además de una pequeña biblioteca.

Los más pequeños, liderados por las mellizas Dursley, corrieron al estante, donde Daisy, emocionada, encontró lo que había comentado:

—¡Miren! —tomando un pequeño caldero lleno de un líquido jabonoso, enseñó un palito cuya punta tenía forma de aro—, ¡un palito para burbujas!

Al soplarlo, un buen número de burbujas de jabón se formaron, flotando y haciendo reír a los más pequeños, mientras los nuevos merodeadores y sus contemporáneos ya habían tomado posesión de los naipes.

Entre tanto, los más adultos se reunieron a comentar lo leído hasta el momento, sobre todo la presencia del cerbero y del trol en el castillo; y Hermione, regresando la atención al antiguo libro de encantamientos que la Sala le había facilitado, se había dedicado, junto a Ron, Dil, Harry y Ginny, a leer el conjuro que había protegido a Harry. Lily y James vieron la escena y, sonriendo, se acercaron al grupo.

—Vaya —comentó Hermione, mientras leía las runas en las cuales estaba escrito el hechizo—, es sencillo pero complejo a la vez. Parece un Juramento Inquebrantable, pero de protección.

—Te creemos —mencionó Ron, confiando en su esposa.

—Sí, es así, Hermione —comentó Lily, mientras se sentaba frente al grupo; Harry se sorprendió al oírla, pero sonrió—, para que sea realmente efectivo, se debe hacer en total calma y concentración, bien dispuestos.

—Bueno —intervino James, quien se había quedado de pie, apoyando sus manos en los hombros de Lily—, cuando nosotros lo conjuramos, no estábamos en calma, si concentrados y dispuestos. Recuerdo que fue cuando estabas más o menos como Dil, en el sexto o séptimo mes de embarazo, ¿no? —con el asentimiento de su esposa, continuó—, cuando Dumbledore nos comentó que se había filtrado lo de la profecía, y tú le rogaste que nos ayudara a conseguir un conjuro o hechizo que protegiera al bebé. Creo que llegó con ese mismo libro que tienes en la mano la semana antes que naciera Harry, junto a Frank y Alice —y todos voltearon a ver un corrillo que se había formado de toda la familia Longbottom—, y las dos parejas, a su vez, hicimos el mismo hechizo.

El grupo estaba sorprendido. Dil, quien le había pedido el libro a Hermione, leyó el conjuro y suspirando, dijo:

—Por lo que veo, requiere la presencia de los dos padres… Sé que vivimos en relativa paz, pero me gustaría realizarlo cuando regrese a mi casa. Quiero proteger a mis hijos.

—Nos aseguraremos —indicó la Sala— de hacerle llegar una copia del conjuro a quien lo desee, y que por supuesto cumpla los requisitos establecidos por el hechizo.

Luego de un rato largo, en el cual hubo conversaciones, especialmente entre Harry y sus padres, quienes le pedían constantemente información de cómo había sido tratado por los Dursley, e incluso interrogaban a Dudley sobre ese tema, se fueron retirando lentamente a las habitaciones, que, identificadas por familia, se habían generado. Cuando se entraba a cada una era como ver el interior de la propia casa familiar, por lo que la habitación de los Potter-Evans se parecía enormemente a la casa del Valle de Godric, impresionando tanto a Lily y James, como a Harry, quien la conocía de su visita durante la búsqueda de los Horrocruxes; la de los Potter-Weasley era idéntica a la casa de Grimmauld Place, mientras que la de los Weasley-Delacourt era similar a la casa de Shell Cottage. Esa similitud incluía las habitaciones individuales.

—Vaya —le comentó Harry a Ginny mientras apagaban las luces, ya con los niños en sus habitaciones —, realmente la magia no deja de sorprenderme. Cómo nos trajo a esta… ¿cómo llamarlo…?

—¿Aventura? —probó Ginny, abrazando a su esposo—, ¿encuentro?, ¿descubrimiento?

—Me gusta eso de "encuentro", un encuentro astral de tres generaciones.

Durmieron, si así se le puede llamar a reponer la energía vital en ese viaje astral que compartían quienes estaban a ambos lados del velo, hasta que la claridad de un nuevo día se colaba por las ventanas.

Poco a poco, las familias se fueron reuniendo en la Sala, donde ya los elfos, liderados por Kreacher, habían dispuesto el desayuno de forma que cuando ya todos los presentes habían disfrutado de los manjares, el atril se materializó directamente frente a James, quien, extrañado, abrió el pergamino. No pudo reprimir una amplia sonrisa al ver el título del capítulo.


Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Nos volvemos a encontrar un domingo para acompañar a nuestros amigos en la lectura, y esta vez le ha tocado a Hermione leer uno de los capítulos que más me gustan de este año, el nacimiento de la amistad entre ella, Ron y Harry, el "Trío dorado". Otro de esos "sube-y-baja" de emociones que tanto disfrutamos. Por ello, le pregunto a mi anónima audiencia: ¿Cuál capítulo de este libro les gusta más? Sea que ya lo hayan leído o no, por eso no tengo problemas. Como yo dije, tengo tres capítulos para seleccionar, y hasta ahora se han leído dos: "El Callejón Diagon" y este. Por lo pronto, saludo a los que luchan por la muerte... (Ah, no, perdón, en todo caso era al contrario, jejejeje). Saludo a mis lectores que siguen, tienen como favorito el relato y lo comentan (que es por lo pronto sólo lavida134... Pronto se viene una conversación tensa, pero necesaria; solo espero que no se tomen demasiado tiempo...) Salud y saludos!