Harry Potter: Una lectura distinta

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


La Piedra Filosofal

CAPÍTULO 11 Quidditch

—Me gusta eso de "encuentro", un encuentro astral de tres generaciones.

Durmieron, si así se le puede llamar a reponer la energía vital en ese viaje astral que compartían quienes estaban a ambos lados del velo, hasta que la claridad de un nuevo día se colaba por las ventanas.

Poco a poco, las familias se fueron reuniendo en la Sala, donde ya los elfos, liderados por Kreacher, habían dispuesto el desayuno de forma que cuando ya todos los presentes habían disfrutado de los manjares, el atril se materializó directamente frente a James, quien, extrañado, abrió el pergamino. No pudo reprimir una amplia sonrisa al ver el título del capítulo.

—¡Qué bien! Este capítulo se llama… "Quidditch" … El primer juego, ¿no?

—Así es, papá —respondió Harry—, mi primer juego.

—Pues, ¡comencemos!

Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las escobas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor.

Iba a comenzar la temporada de quidditch. Aquel sábado, Harry jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin.

—Qué bien —reflexionó James, sonriente—, buen primer juego, para imponer condiciones y comenzar a exigir respeto desde el principio.

Lily bufó, mientras que Snape miraba a James de forma imperturbable. Los más pequeños se acomodaban en sus butacas, a la expectativa.

Si Gryffindor ganaba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.

—Momento, Cornamenta —interrumpió Sirius, para luego dirigirse a Harry—, ¿tan mal iban en los puntos por las clases, para que apenas pudieran llegar a segundo lugar?

—Bueno —respondió Harry, con dudas—, si teníamos algunos problemas.

Las miradas de muchos fueron directamente hacia Snape, quien permanecía en silencio. Dumbledore, interesado, le consultó:

—¿Tienes algo que decir al respecto, Severus?

—Sigue leyendo, Potter —sólo escupió, mirando hacia la pared del fondo de la Sala

Casi nadie había visto jugar a Harry, porque Wood había decidido que sería su arma secreta. Harry también debía mantenerlo en secreto.

—Y como en Hogwarts se guardan tan bien los secretos —dio Seamus, haciendo sonreír a casi todos los de su generación—, ya en Gryffindor lo sabíamos cuando habíamos regresado de la clase de vuelo.

Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se había filtrado, y Harry no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.

—Yo prefiero que me digan que lo voy a hacer bien —meditó Hugo, sonriendo—, porque me mantiene arriba la confianza.

—Por mí, que me digan que voy a ser un desastre —replicó Maia—, para callarles la boca con mi juego.

Los que jugaban o habían jugado quidditch tomaban partido por una u otra posición. Los que no, sólo hacían gestos de fastidio, hasta que Lily, suspirando, dijo:

—James, sigue leyendo, —y levantando la voz en una orden directa—, por favor.

Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermione como amiga. No sabía cómo habría terminado todos sus deberes sin la ayuda de ella, con todo el entrenamiento de quidditch que Wood le exigía. La niña también le había prestado Quidditch a través de los tiempos, que resultó ser un libro muy interesante.

—¡Hey! —exclamó Hermione—, ¿se dieron cuenta que el libro ya no me llama completo? Ya sólo dice mi nombre.

—Verdad que sí, mamá —mencionó Rose, abriendo los ojos y sonriendo.

Harry se enteró de que había setecientas formas de cometer una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los accidentes más graves les sucedían a ellos; que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que habían desaparecido, para reaparecer meses después en el desierto del Sahara.

—¿Y cómo ocurrió eso? —preguntó Amelia, algo preocupada.

—Nada extraño —comentó James—lo más seguro es que alguien hubiera hechizado la escoba, o le hiciera tocar algo que funcionó como traslador. No es extraño.

—Pues a ese árbitro no lo querían —comentó JS, provocando risas.

Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harry y Ron la salvaron del monstruo, y era mucho más agradable. El día anterior al primer partido de Harry los tres estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, y la muchacha había hecho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada.

—Creo que fue lo siguiente que pude aprender a hacer después del encantamiento levitatorio —recordó Hermione, contenta.

—Y muy necesario que fue —comentó Ron—, de verdad que sí.

Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. De inmediato, Harry se dio cuenta de que Snape cojeaba. Los tres chicos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban seguros de que aquello estuviera permitido.

—No está permitido si lo hacen dentro del castillo —aclaró Flitwick—, o pone en riesgo la vida de alguien.

El trío cruzó rápidamente miradas, mientras Snape fijaba sucesivamente sus ojos negros en cada uno.

Por desgracia, algo en sus rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuelta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero parecía buscar una razón para regañarlos.

¿Qué tienes ahí, Potter?

Era el libro sobre quidditch. Harry se lo enseñó.

Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—. Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor.

—¡Hey! —exclamaron Lily y Remus, mientras James y Sirius veían agriamente a Snape. La pelirroja siguió, en un tono de absoluta decepción—: Vamos, Severus, ya te inventaste esa regla.

—Técnicamente, Severus —complementó McGonagall—, al estar en el patio interno, están "dentro" del colegio.

—Igual —explicó fríamente el antiguo profesor—, pudieron dañar ese ejemplar…

—De un libro que no te importaba —interrumpió James—, ¿cierto?

Snape miró a su rival en silencio, haciendo una señal de quitarle importancia al asunto.

Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—. Me pregunto qué le pasa en la pierna.

No sé, pero espero que le duela mucho —dijo Ron con amargura.

Molly volvió a ver desaprobatoriamente a su hijo, pero no hizo ademán de interrumpir; mientras algunos de los presentes sonreían por lo bajo, intentando esconder las sonrisas que le habían provocado ese comentario del pelirrojo.

En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harry, Ron y Hermione estaban sentados juntos, cerca de la ventana. Hermione estaba repasando los deberes de Harry y Ron sobre Encantamientos. Nunca los dejaba copiar («¿cómo vais a aprender?»), pero si le pedían que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas.

—Como hacía Remus con nosotros —comentó Sirius, sonriendo—, porque cierta pelirroja no quería ayudar.

—Porque no se lo merecían —respondió Lily, mirando directamente al animago y después a su esposo, por lo que matizó—. Aunque eso cambió en séptimo, después del choque de James con las gradas del campo de quidditch.

—Nosotros sí que la tenemos complicada —reflexionó JS, viendo sucesivamente a Freddie, Frankie y Lucy—, aunque Will nos tira un cable, y Lucy se ayuda con Louie.

—Pues ya deberían estudiar con más ímpetu —gruñó Ginny, en un tono de voz que a sus hermanos se les hizo increíblemente similar a su propia madre.

Harry se sentía inquieto. Quería recuperar su libro sobre quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nervioso por el partido del día siguiente. ¿Por qué iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Ron y Hermione que le preguntaría a Snape si podía devolverle el libro.

Yo no lo haría —dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profesores presentes.

—Yo sí lo dudaría —indicó James, interrumpiéndose.

—Aunque no me gusta —mencionó Snape—, puede ser que tenga razón, Potter; si tu hijo me hubiese encontrado en compañía de otros profesores, puede que le hubiese devuelto el libro.

—Veamos entonces que pasó —apuró Harry, esperando que no se encendiera una discusión entre los dos.

Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta.

Llamó otra vez. Nada.

¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo. Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.

Varios suspiros de tensión se escucharon en la sala, especialmente de los más pequeños.

Snape y Filch estaban allí, solos. Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas.

—¡Por las barbas de Merlín, Harry! —exclamó Fred, haciendo sobresaltar a varios.

—¡Esa es una imagen horrorosa! —completó George, lo que provocó la risa de varios. Algunos, sin embargo, no estaban tan sonrientes.

Una de sus piernas estaba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.

Esa cosa maldita... —decía Snape—. ¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?

—¡Ya va! —exclamó Tonks, sorprendida—, Snape, ¿qué hacías en el pasillo del cerbero?

Varias miradas se detuvieron en el aludido, quien las ignoró olímpicamente, al igual que la pregunta. Al hacerse el silencio, muy incómodo, James siguió leyendo.

Harry intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, pero...

¡POTTER!

El rostro de Snape estaba crispado de furia y dejó caer su túnica rápidamente, para ocultar la pierna herida. Harry tragó saliva.

—Creo que reaccionó algo tarde —comentó Lilu a su madre, quien afirmó en silencio.

Me preguntaba si me podía devolver mi libro —dijo.

¡FUERA! ¡FUERA DE AQUÍ!

—¡Vete! —gritó Lily, haciendo que Snape la viera extrañado. Harry, tomándole la mano, le dijo:

—Mamá, recuerda que ya eso es pasado.

—Verdad —admitió la pelirroja, ruborizándose.

Harry se fue, antes de que Snape pudiera quitarle puntos para Gryffindor. Subió corriendo la escalera.

¿Lo has conseguido? —preguntó Ron, cuando se reunió con ellos—. ¿Qué ha pasado?

Entre susurros, Harry les contó lo que había visto.

¿Sabéis lo que quiere decir? —terminó sin aliento—. ¡Que trató de pasar por donde estaba el perro de tres cabezas, en Halloween! Allí se dirigía cuando lo vimos... ¡Iba a buscar lo que sea que tengan guardado allí! ¡Y apuesto mi escoba a que fue él quien dejó entrar al monstruo, para distraer la atención!

—Creo que alguien me quedó debiendo una escoba —interrumpió Snape, con voz de autosuficiencia.

—Si mal no recuerdo —aclaró Harry—, a quienes hice la apuesta, no la aceptaron, ¿o no? ¿Ron, Hermione?

Ambos asintieron, y un gesto que podía tomarse como una sonrisa se vio en el rostro de James. Snape, sin embargo, frunció el ceño.

Hermione tenía los ojos muy abiertos.

No, no puede ser —dijo—. Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está custodiando.

De verdad, Hermione, tú crees que todos los profesores son santos o algo parecido —dijo enfadado Ron—. Yo estoy con Harry. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero ¿qué busca? ¿Qué es lo que guarda el perro?

—Disculpe, profesor —intervino Ron, suspirando—, pero deberá comprender que su comportamiento en esos momentos daba para muchas conjeturas, y más con lo que habíamos visto.

—Lo sé, Weasley —respondió secamente Snape, haciendo señas a James para que siguiera la lectura.

Harry se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza. Neville roncaba con fuerza, pero Harry no podía dormir. Trató de no pensar en nada (necesitaba dormir; debía hacerlo, tenía su primer partido de quidditch en pocas horas) pero la expresión de la cara de Snape cuando Harry vio su pierna era difícil de olvidar.

La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las salchichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.

—Yo también lo espero —comentó Roxanne, arrancando algunas risas en la Sala.

Tienes que comer algo para el desayuno.

No quiero nada.

Aunque sea un pedazo de tostada —suplicó Hermione.

No tengo hambre.

Harry se sentía muy mal.

—James se ponía en esa misma actitud en el primer juego de la temporada —comentó Sirius—, nervioso al punto de no querer comer nada.

—Entonces eso es de familia —indicó Dominique, sonriendo—, porque le pasa igual a JS y a Al; los he visto los primeros juegos de la temporada casi del color de las paredes, sin querer probar bocado, y en el campo de juego parece que tuvieran energía extra.

En cualquier momento echaría a andar hacia el terreno de juego.

Harry, necesitas fuerza —dijo Seamus Finnigan—. Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores.

Gracias, Seamus —respondió Harry, observando cómo llenaba de salsa de tomate sus salchichas.

—Creo que no fui de ayuda, ¿verdad? —comentó Seamus, sonriendo apenadamente.

—No diría exactamente eso —aclaró Harry, despreocupado.

A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse, pero, incluso así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.

Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado…

La mención de la rata no pasó descuidada para varios, quienes gruñeron amenazadoramente.

Decía: «Potter; presidente», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.

—Me recordó la que hicieron en mi primer juego —comentó Rose—, gracias Molls, fue muy gentil… "La Princesa Weasley".

Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch (Slytherin jugaba de verde).

Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.

Bueno, chicos —dijo.

Y chicas —añadió la cazadora Angelina Johnson.

Los gemelos se vieron, sonrieron y, simultáneo a la lectura, iban recitando cada frase, por lo que se oían tres voces.

Y chicas —dijo Wood—. Éste es...

El grande —dijo Fred Weasley

El que estábamos esperando — dijo George.

Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver —dijo Fred a Harry—. Estábamos en el equipo el año pasado.

Callaos los dos —ordenó Wood.

—Vamos a ver si es verdad que se acuerdan —los retó James, alegre—, a ver, ¿Qué dijo después?

Los gemelos se vieron, Fred levantó un dedo como pidiendo un tiempo de reflexión, y después de una nueva mirada a su hermano, y un ¡Ah, sí!, comenzaron:

Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.

James leyó exactamente lo mismo, lo que arrancó aplausos de los más jóvenes y exclamaciones de sorpresa por parte de Harry y Molly; los gemelos, levantándose nuevamente, saludaron haciendo florituras, mientras que JS y Freddie, arrodillados, les hacían gestos como si los adoraban diciendo "¡No somos dignos!" Después de un minuto o dos, siguió la lectura:

Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no.…».

Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.

Harry siguió a Fred y George fuera del vestuario y, esperando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de juego entre vítores y aplausos.

La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.

Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos —dijo cuando estuvieron reunidos a su alrededor.

—¿Entre Gryffindor y Slytherin? Lo dudo —comentó Sirius, secundado por muchos en la sala.

Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capitán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año. Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: «Potter; presidente». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.

—Gracias, muchachos —les dijo a Hermione, Ron, Neville y Seamus—, creo que nunca les pude agradecer ese gesto.

Los aludidos sonrieron, sabiendo que lo hacía sinceramente.

Montad en vuestras escobas, por favor.

Harry subió a su Nimbus 2.000.

La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y estaban muy lejos.

Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta joven y, a propósito, también es muy guapa...

¡JORDAN!

Lo siento, profesora.

El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el comentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.

Lee sonreía, tomado de la mano de Demelza, mientras James, emocionado, narraba, más que leer, el primer juego de Harry.

Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spinnet, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasado estaba en reserva... Otra vez Johnson y... No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y... ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey cogiendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lanza... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!

Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.

La misma situación se vivía en la Sala: los Gryffindor, incentivados por Sirius y los gemelos, armaban alboroto, hasta que James, llamando a silencio, siguió leyendo:

Venga, dejadme sitio.

¡Hagrid!

Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.

Estaba mirando desde mi cabaña —dijo Hagrid, enseñando el largo par de binoculares que le colgaban del cuello—. Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Todavía no hay señales de la snitch, ¿no?

—La acción hay que vivirla en el campo —se interrumpió nuevamente James, y varios asintieron son sonrisas en sus rostros.

No —dijo Ron—. Harry todavía no tiene mucho que hacer.

Mantenerse fuera de los problemas ya es algo —dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harry.

—Siempre me costó mantenerme fuera de los problemas —le susurró Harry a Ginny al oído, lo que la hizo sonreír.

Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, esperando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.

Mantente apartado hasta que veas la snitch —le había dicho Wood—. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.

—Buena estrategia —comentó Scorpius—, la aprendí de Al.

—¿Y a quién crees tú que se la aprendí? —le replicó el aludido.

—¡Ah! ¿por eso es que… —pero no pudo seguir hablando, puesto que Charlie interrumpió:

—Sí, usualmente la estrategia que se le asigna a los buscadores es esa, ve desde arriba el campo, y ataca cuando tengas la certeza de haber visto la snitch. Yo también jugaba así, seguro Oliver lo aprendió de mí.

Cuando Angelina anotó un punto, Harry dio unas volteretas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley;

Los capitanes presentes y pasados vieron a los gemelos con similar mirada de molestia, pero dejaron pasar el momento cuando James siguió la lectura.

en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.

¿Está todo bien, Harry? —tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Marcus Flint.

Slytherin toma posesión —decía Lee Jordan—. El cazador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y a la cazadora Bell, y acelera... esperen un momento... ¿No es la snitch?

—¡Lee! —exclamó James, haciendo palidecer a Jordan— ¡Eso no se hace! ¡Es como si estuvieras interfiriendo en el juego!

Lily le tomó el brazo a su esposo y le recordó:

—Acuérdate que ya eso pasó.

—Emmm, cierto —suspiró y siguió leyendo:

Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pucey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.

Harry la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.

—¿Ves? —se volvió a interrumpir James— Eso es lo que ocurre.

Harry era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pelota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y...

¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferraba para no caer.

Una sarta de protestas por parte de los más jóvenes se escuchó en la Sala. James estaba realmente furioso por el relato, pero Sirius fue quien resumió el malestar general:

—¡Mira ese hijo de mala bludger!

—¡SIRIUS / SEÑOR BLACK! —exclamaron a su vez Lily, Molly y la profesora McGonagall. James apena podía contener su molestia al seguir leyendo:

¡Falta! —gritaron los Gryffindors.

La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.

Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.

¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!

Esto no es el fútbol, Dean —le recordó Ron—. No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tarjeta roja?

—Precisamente, para echar a un jugador —comentó Dylan, mientras Hermione veía con sorpresa a Ron, quien le dijo:

—Sí, fue extraño, lo sabía y no lo sabía.

Pero Hagrid estaba de parte de Dean.

Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire.

A Lee Jordan le costaba ser imparcial.

—A cualquiera —comentó Lee, mientras los demás fanáticos del quidditch asentían.

Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...

¡Jordan! —lo regañó la profesora McGonagall.

Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...

¡Jordan, no digas que no te aviso...!

Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy seguro, así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la quaffle.

Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosamente cerca de su cabeza, ocurrió.

La tensión se había instalado nuevamente en la sala, aunque sólo quienes habían estado en ese juego se veían tranquilos.

Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida. Durante un segundo pensó que iba a caer. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.

Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derribarlo. Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes. Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo hacían caer.

—¿La estaban maldiciendo? —preguntó Lily en un hilo de voz.

—Pues así parece —respondió Sirius, quien tenía la frente perlada de un sudor causado por los nervios.

—Pero para embrujar una escoba de profesionales —comentó James—, tiene que ser un mago oscuro —e instintivamente dirigió su mirada a Snape, quien lo retó a decir algo en silencio.

—Antes de opinar nada —intervino Harry, haciendo que los rivales lo miraran—, esperen escuchar cómo se resolvió todo, ¿sí?

Con el asentimiento evidente de James, y una mirada furibunda de Snape, el primero continuó la lectura.

Lee seguía comentando el partido.

Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la quita Spinnet, que la pasa a Bell... la recupera Flint y una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profesora), Slytherin anota un tanto, oh, no...

Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry. Lo llevaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retorciéndose.

No sé qué está haciendo Harry — murmuró Hagrid. Miró con los binoculares—. Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser...

De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vueltas y él apenas podía sujetarse.

—Ya me estaba mareando —comentó Harry, tratando de romper la tensión, cosa que no consiguió.

Entonces la multitud jadeó. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgando, sujeto sólo con una mano.

Algunos gritos de error se escucharon, especialmente de los más pequeños, quienes voltearon a ver a Harry, quien se levantó, con un gesto de "Sí, estoy completo, no me pasó nada".

¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso? —susurró Seamus.

No puede ser —dijo Hagrid, con voz temblorosa—. Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000.

—Lo que dije —interrumpió James.

Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.

¿Qué haces? —gimió Ron, con el rostro grisáceo.

Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Mira.

Ron cogió los binoculares. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.

Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Hermione.

—Disculpe, profesor —interrumpió Hermione antes de que James saltara sobre Snape, lo que le hizo detenerse—, pero como dijo Ron hace rato, las evidencias nos hicieron… Bueno —corrigió al sentir el apretón que el pelirrojo le dio en la mano—, me hizo pensar lo que no era.

—Disculpa aceptada, señora Granger-Weasley.

James, al ver ese intercambio, volteó a ver a Harry, quien le señaló el pergamino.

¿Qué podemos hacer?

Déjamelo a mí.

Antes de que Ron pudiera decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harry. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir colgado durante mucho más tiempo. Todos miraban aterrorizados, mientras los Weasley volaban hacía él, tratando de poner a salvo a Harry en una de las escobas.

—Gracias a Merlín que alguien se dio cuenta —exclamó Molly, temblando de los nervios.

Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía. Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera.

—Vaya miserable —explotó JS—, Slytherin tenía que ser —y mirando a Scorpius, aclaró—, menos mal que ahora respetan más las reglas de juego.

Vamos, Hermione —murmuraba desesperado Ron.

Hermione había cruzado las gradas hacia donde se encontraba Snape y en aquel momento corría por la fila de abajo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell y, cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.

—No fue sólo a Quirrell —aclaró Hermione, sintiendo la mirada de Snape taladrar su cráneo—, creo que también me tropecé con Pansy Parkinson y con Ernie McMillan.

Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba. Un súbito aullido le indicó a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Snape nunca sabría lo que le había sucedido.

—Hasta ahora —comentó secamente el pocionista. Cuando Hermione fue a hablar, levantó la mano y dijo—. Sí, sí, ya sé que estaban equivocados, deje así. Potter, sigue.

Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo subir de nuevo a su escoba.

Suspiros de alivio se escucharon en la Sala. James sonrió al adelantarse en la lectura.

¡Neville, ya puedes mirar! —dijo Ron. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos últimos cinco minutos.

—Insisto, o perdía mi sapo o estaba llorando —criticó Neville, mientras Alice lo abrazaba y Frank, palmeándole el brazo le decía:

—Así es tu mamá, sensible dentro de lo guerrera que es, se preocupa por sus amigos.

Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.

—¿Qué pasó ahí? —exclamó Lily, a lo que su esposo, sonriendo, siguió leyendo:

¡Tengo la snitch! —gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.

No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —todavía gritaba Flint veinte minutos más tarde. Pero aquello no cambió nada. Harry no había faltado a ninguna regla y Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesenta.

En la sala se había armado una algarabía enorme, todos los Gryffindor presentes, excepto los mayores, aplaudían y gritaban; después de unos minutos de alboroto, James le preguntó a Harry:

—¿Cómo hiciste eso?

—Nada —le quitó importancia Harry—, apenas había retomado el control de la escoba, vi la snitch, me lancé por ella y cuando estiré la mano para agarrarla se me escapó, pero abrí la boca y casi me la tragué.

Nuevas risas se dejaron escuchar en la Sala, y James, revolviendo el cabello de Harry, retomó la lectura:

Pero Harry no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Ron y Hermione.

Era Snape —explicaba Ron—. Hermione y yo lo vimos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te quitaba los ojos de encima.

Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una palabra de lo que había sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape?

Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harry decidió contarle la verdad.

Descubrimos algo sobre él —dijo a Hagrid—. Trató de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el perro lo mordió. Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro está guardando.

Hagrid dejó caer la tetera.

¿Qué sabéis de Fluffy? —dijo.

¿Fluffy?

—Ya va, Hagrid —interrumpió Sirius—, ¿llamaste a un cerbero Fluffy?

El guardabosques sólo asintió en silencio.

Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar...

¿Sí? —dijo Harry con nerviosismo.

Bueno, no me preguntéis más —dijo con rudeza Hagrid—. Es un secreto.

Pero Snape trató de robarlo.

Tonterías —repitió Hagrid—. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así.

Entonces ¿por qué trató de matar a Harry? —gritó Hermione. Los acontecimientos de aquel día parecían haber cambiado su idea sobre Snape—. Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Snape ni pestañeaba, yo lo vi!

—Y nunca se le ocurrió pensar que los contramaleficios también se ejecutan de la misma forma —gruñó Snape, mirando a Hermione, quien bajó los ojos, ruborizada.

—Realmente no, profesor; como le dijimos, teníamos una idea equivocada sobre usted.

—Debes recordar, Severus —intervino Dumbledore—, que apenas tenían once años, y tu actitud no les permitía pensar otra cosa.

—Usted supo jugar bien sus piezas, profesor Snape —reconoció Harry, a lo cual el aludido solo movió la cabeza en un gesto que pareció de asentimiento.

Os digo que estáis equivocados —dijo ofuscado Hagrid—. No sé por qué la escoba de Harry reaccionó de esa manera... ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y olvidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel...

¡Ah! —dijo Harry—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?

—Y la curiosidad Potter en acción —comentó Neville, sonriendo.

—Insisto, más que de James, eso es herencia de Lily —reconoció Remus.

Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.

—No tenías que molestarte, Hagrid —le indicó Dumbledore—, la curiosidad infantil es un regalo que debemos reconocer.

—Pero en Harry —comentó Hermione, viendo a su hermano-del-alma— ese regalo era gigante, porque siempre quería saber, descubrir.

—Eso es verdad —ratificó Ron.

—Bueno, por lo pronto, este capítulo terminó acá —comentó James, dejando el pergamino en el atril, el cual se movió hasta ubicarse frente a Ron, quien, sorprendido, leyó el título del capítulo y vio a Harry.

—Antes que comiences a leer, Ron —interrumpió Lily, levantándose—, necesito conversar en privado con Severus, ¿puedo?

—No hay ningún problema —aclaró la Sala—, puede disponer de alguno de los espacios para esa conversación.

Lily señaló hacia las habitaciones, y caminó firmemente, haciendo que Severus la siguiera. James, reflexivo, dejó hacer a su esposa, mientras Sirius le comentaba:

—La pelirroja está muy molesta.

—Realmente. Mejor dejo que aclaren su problema entre ellos.

Snape no se había dado cuenta que habían entrado a la imagen de la casa del Valle de Godric hasta que reconoció los muebles. Sorprendido, se quedó parado en la puerta, por lo que Lily, ya frente a la chimenea, le dijo:

—Pasa, Severus, que quiero conversar contigo sobre tu actitud con mi hijo.

—Creí que lo habíamos hablado cuando llegué al otro lado del velo.

—Sí —admitió Lily, suavizando el tono de voz—, sí lo conversamos. De hecho, fuimos quienes te guiamos cuando llegaste.(1) Remus, Tonks y yo. Pero ese no es el punto —volvió a usar un tono de voz duro—. Parece que me ocultaste información, y mucha.

—No te comprendo, Lily —Snape parecía sorprendido por la afirmación de la mujer—. Te dije todo lo que ocurrió, cómo cuidé a Potter, y ayudé a que pudiera derrotar al Señor Tenebroso.

—Sabes que no me refiero a eso, Severus —Lily suspiró, y sentándose, hizo que Snape se sentara al frente—. Hablo de la forma en que trataste y aún tratas a mi hijo en particular y a todos en general, como si siguieras siendo el mismo repugnante intento de mortífago que me insultó en el pasillo.

Snape suspiró sonoramente y bajó los ojos, y en esa posición dijo:

—Debía mantener una imagen de tipo duro, que sirviera como arma disuasoria. Además, siempre traté así a mis estudiantes, no sólo a Potter; pregúntale a los Weasley o a Tonks, a quienes le dí clase antes de llegar tu hijo.

—Igual, Severus —volvió a suspirar Lily—, pareciera que apenas viste a Harry lo señalaste como el objeto de tu rencor.

—Te lo dije, Lily —al mirarla, los ojos de Snape brillaban de una forma distinta; estaba a punto de llorar—, verlo a él, especialmente a sus ojos, era ver tus ojos, tu mirada. Sí, veía a Potter en él, su contextura, su cabellera, pero reconocía cada gesto tuyo en sus respuestas, en su actitud solidaria, en sus acciones, en sus ojos. Y sí, lo acepto, no lo soportaba…

—Pero, ¿por qué? —insistió Lily—, ¿por qué el maltrato verbal?

—Porque verlo cómo el hijo de Potter me permitiría no encariñarme con él, y así no me delataría ante el Señor Tenebroso; recuerda que yo fui doble agente para Dumbledore y para el Señor Oscuro. Desde esa primera respuesta en el aula de Pociones sabía que era tanto hijo tuyo como de él, pero no podía dejarme doblegar por tu recuerdo, aunque lo atesoré y aún atesoro.

—Severus —Lily se levantó y obligó a Snape a levantarse; lo abrazó y aún abrazados, le dijo—; te entiendo, pero no esperes que reaccione mal si vuelve a narrarse que maltrataste a mi hijo —y separándose, los ojos verdes se fijaron en los negros—, ¿de acuerdo?

—Absolutamente, Lily —el pocionista suspiró, volvió a su tradicional semblante inamovible y dijo—, creo que es bueno que volvamos a la lectura.

—Sí, Ron es el que va a leer, y tengo una leve sospecha que van a leer de la primera Navidad de Harry en Hogwarts.

Salieron, ambos con rostro imperturbable, aunque Lily, al sentarse al lado de James y sentir su abrazo, no pudo evitar un sonoro suspiro. Snape, fiel a su estilo, tomó asiento y vió a Ron mientras éste, volviendo a mirar el pergamino, aclaraba su garganta.


Notas al pie:

(1) Lo que se narra en La Gloria del Príncipe, un intento de "relato ucrónico", que escribí para el reto "Luces, cámaras… ¡acción!" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black en junio de 2015, y que intenta recrear el "juicio final" que todos tendremos al pasar del plano terrenal al siguiente, donde se nos juzgará, más que por nuestros benes o poder, por el amor que hayamos dado.

Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Un nuevo capítulo se lee, después de las necesarias horas de descanso, y en éste se termina desarrollando una conversación que parece que tuvo mucho tiempo "cocinándose", entre Lily y Severus. A pesar de aclarar muchos puntos, la advertencia está hecha, así que no les extrañe que haya un aumento en "la reclamadera", como dice el narrador del circuito radial de mi equipo de beisbol favorito, los eternos Navegantes del Magallanes, el primer equipo centenario del beisbol profesional venezolano. Como es usual, saludo a quienes leen, marcan como favorito, siguen y comentan este y cualquier otro de mis relatos (mi estimada lavida134 perdió el invicto, y cuando se pierde no se recupera más nunca... Asumo que por sus compromisos académicos, pero espero que pueda ponerse al día, porque si alguien esperaba esta conversación entre Lily y Severus era ella)... Éxitos y bendiciones, especialmente para la #PromoPorno (por XXX) de Idiomas Modernos UAM, quienes culminaron exitosamente su carga académica y anoche (hasta amanecer de hoy) lo celebraron... Felicitaciones, futuros Licenciados de la República (y seguramente del mundo)!