Descargo responsabilidad no poseo vampire academy.
Capitulo editado por Euda

Me desperté solo en mi cama. Me gire hacia un lado y descubrí que Rose no estaba, fruncí mi ceño, no creo haber soñado eso y el olor a vainilla en mi cuerpo fue un claro indicio de que no lo fue. Rose había dormido conmigo, en mis brazos. Me estire un poco dándome cuenta de que había tenido una noche estupenda, pero me negaba a creer que era porque Rose había dormido conmigo, me obligue a creer que era porque estaba muy agotado. Sin dar segundos pensamientos, me levante de la cama y me prepare para un nuevo día.

Cuando estaba listo decidí bajar a desayunar, Rose no estaba por ninguna parte y me sentí nervioso, ¿Qué pasa si estaba enojada por lo de anoche? Bueno, aunque si lo estuviera no era mi culpa, ella fue la que no era capaz de dormir con la tormenta y la que se acurrucó cerca de mí.

Mi madre, como siempre, estaba preparando una deliciosa comida que inundaba la casa de olores exquisitos. Viktoria estaba sentada en la barra leyendo y repartiendo el correo por lo cual tome un asiento de al lado de ella y tómela taza de café que mi madre había dispuesto para mí. Tome el periódico y comencé a la leer la sección de deportes cuando Vik me interrumpió.

—Dimka, hay correo para ti. —Ella me lo paso y vi que era un sobre con el logotipo de la academia a la cual asistí.

Dentro del sobre estaba la carta que recibe todo egresado de la academia luego de que ha pasado unos años. Al parecer la academia estaba lanzando un baile para reunir a todos por una noche. Odiaba esas cosas. Deseche la carta sobre la mesa y continúe bebiendo de mi café, no pensaba asistir. Nunca fui un tipo de fiestas y a decir verdad no tenía ganas de ver la cara de mis ex-compañeros, empezando por dos en particular.

—Buenos días. —La dulce y extraña voz de Rose sonó en la estancia. Ella tomó asiento a mi lado y me dedico una sonrisa. Al parecer no estaba disgusta por lo de anoche.

—Buenos días, querida —saludó mi madre como ponía delante de ella un jugo de naranja. — ¿Has dormido bien? —fingí que leía mi periódico pero toda mi atención la tenía Rose, en serio moría por saber su respuesta.

—Perfectamente —ella dijo con un toque dulce y algo más que no pude descifrar. Bebí de mi café para ocultar mi sonrisa— ¿Qué es esto? —ella preguntó tomando la carta que había tirado previamente.

—Nada importante —dije restándole importancia, sin embargo Rose lo leyó y soltó una carcajada

— ¿Qué es tan gracioso? —pregunte mirándola confundido.

—Lo siento. —Ella intentó serenarse, sin embargo de nada sirvió ya que continúo riendo—. Es sólo que pensé que estas fiestas sólo eran para esos alumnos que ya habían sobre pasado los cuarenta ¿Qué edad tienes, Dimitri? No creo que seas tan viejo ¿o sí? —ella me miró seriamente y detalló cada detalle de mi rostro, me sentí un poco incómodo bajo su escrutinio. Sus ojos se abrieron al igual que se boca —. ¡Por todos los cielos, si lo eres! Ya tienes unas cuantas canas —me levante a una velocidad impresiónate y fui al baño a mirarme, no alcancé a llegar hasta que una carcajada se escuchó en la cocina.

—Rose —gruñí demasiado conmocionado por su broma, si, Rose Mazur acaba de bromear sobre mí—. Eso no fue muy amable de tu parte —dije como me sentaba de nuevo en la mesa. En ese punto ella se estaba sosteniendo su estómago de lo duro que se estaba riendo.

—Lo siento, debiste ver tu cara —Rose se limpió una lagrima de su ojo y se sereno—. Si, no fue amable, pero debes admitir que fue un poco gracioso. —Mi madre y Viktoria estaban riéndose, sin embargo no participaban en la conversación.

Al ver a Rose tan feliz y relajada descubrí que realmente si había sido gracioso y me había gustado mucho verla sonreí, así hubiera sido a mi costa.

— ¿Así que piensas asistir? —Ella preguntó, yo mire nuevamente la nota y negué con la cabeza— ¿Por qué no? ¿Acaso no quieres ver a tus ex-compañeros? Y hasta tus ex novias —ella dijo esta parte sonriendo.

—A diferencia de lo que crees, no tuve muchas novias y no creo que sea divertido.

—Puede serlo —Viktoria interrumpió—, si Rose acepta a acompañarte.

— ¿¡Que!? — Rose exclamó perpleja. La idea había estado muy lejos de su mente y ciertamente de la mia, llevar a Rose a un baile de esos daría las ideas equivocadas.

—Sí, no sé por qué te sorprendes. Puedes ir y pasar un buen rato y conocer más un poco de la vida de Dimitri

—No sé si eso sea lo correcto. —Ella se mordió el labio y descubrí que me encantaba ese gesto de ella—. No conozco a nadie y ciertamente no hablo ruso.

—Dimitri te traducirá. —Al parecer Vik tenía todo planeado en su linda cabecita.

La estancia quedó en silencio y Rose parecía meditar la propuesta, una parte de mi quería que dijera que si, aunque sabía que eso sería darle la idea equivocada a los demás, quería dárselas, Rose era hermosa e inteligente y me sentiría orgulloso de poderle llevar de mi brazo, claro como un amigo, pero igual sería bueno su compañía.

Por otro lado, no estaba muy seguro. Indudablemente a estas alturas Natasha ya sabía que estaba en el pueblo y no dudaría en ir para hablar, si aún es si quiera la mitad de la persona que creo que es sabia que intentaría hablar conmigo.

—Está bien, me gustaría ir —anunció Rose y luego me miró tímidamente—. Claro, si quieres que valla. —La mire por un segundo, y me maraville de como en dos semanas puede cambiar por completo a una persona. Rose seguía siendo la misma elegante y poderosa mujer, pero ahora era más dulce y un poco más cálida, por no mencionar que últimamente se sonroja y parecía más tímida, me encantaba eso de ella.

—Me encantaría que me acompañaras.

Ese rojo carmesí que se había vuelto tan familiar en ella volvió a aparecer y eso hizo que me gustara un poco más.

La semana pasó volando y pronto fue sábado, en unas horas era el baile de la academia y diría mentiras si digo que no estaba nervioso. El caso era que no sabía por qué lo estaba. Rose se había vuelto cariñosa, es fue la última etapa de su cambio, ya cada noche al irnos a dormir ella se despedía de mi con un beso en la mejilla y hasta permitía que Viktoria la abrazase, cosa que nunca vi ni siquiera con Lissa.

La noche se estaba acercando y pronto fue hora de prepararme. No había visto a Rose en todo el día ya que Vik la mantuvo ocupada de compras, no creo que Rose hubiese aceptado la opinión de mi hermana sobre moda, pero fue un lindo gesto que la dejase acompañarla a escoger un vestido.

En una semana viajaría con Rose a los Estados unidos y luego de entregarle a su padre me iría para siempre de su vida. El pensamiento no me agradó.

Hace tres semanas la odiaba y pensaba que era la peor jefa y persona del mundo, pero ahora creo que era una buena persona y no me sentía bien abandonándola así como así, y algo me decía que no era por el trabajo, no, era el simple hecho que me gustaba estar con su compañía, me gustaba tenerla cerca y aspirar ese aroma tan peculiar a vainilla, me gustaba cuando bajaba toda sus barreras y me sonreía, me sonreía como si yo fuera la persona más fascinante de su mundo.

Pero sobre todo me gustaba cuando era libre estando conmigo y que pasaba la tarde conmigo a pesar de lo aburrido que podía ser, para ella era el mejor día de todos, me gustaba toda ella y no como jefa, me gustaba como mujer. Una mujer hermosa y perfecta ante mis ojos. Suspire ante la realización y los últimos días cobraron sentido, cada vez que me reía de sus chistes por mas malos que fueran o cada vez que buscaba una excusa para tocar su piel o aspirar su aroma, también estaba los pequeños detalles como preparar su chocolate como le gustaba o mantener en la nevera su helado favorito sólo para poder ver como sonreía en las noches al comerlo mirando al cielo nocturno.

Te has enamorado.

Gemí internamente, era verdad; me había enamorado de Rose. Me había enamorado como nunca lo había hecho, cada cosa y cada detalle que hacía para que estuviera bien y verla sonreír no lo había hecho por nadie, ni siquiera por Natasha.

Todo era diferente y por consiguiente nuevo. Con Rose, me sentía de una manera distinta, siempre sonreía y quería tenerla cerca de mí, en las noche rogaba para que lloviera de nuevo y tenerla en mis brazos como aquella noche, quería sentir su olor, su tacto y su respiración en mi piel. Amaba como su cuerpo encajaba con el mío, pero sobre todo amaba la forma en que sentía su piel con la mía. Al tocarla, parecía que el fuego se diluía en mi piel, su aroma estaba en mis sabanas y su presencia me llenaba de regocijo, la deseaba a un nivel carnal y emocional. Sacudí mis pensamientos y los nuevos sentimientos que estaban surgiendo dentro de mí, si seguía pensando en eso terminarían por llegar tarde. Con mucho esfuerzo llegue al baño y me lave todo lo que sentía, no podía decirle nada de lo que rondaba en mi corazón; primero se asustaría y segundo estoy seguro de que me mandaría para el demonio. Hombres como yo no son ideales para mujeres como Rose.

No estaba a su nivel, ella era millonaria y poderosa, en cambio yo vivía de un salario y no estaba tan preparado como ella, no tenía que darle, no podía darle los lujos a los que ella estaba acostumbrada, sabía que podía darle amor y haría todo lo que estuviera a mi alcancé para hacerle feliz, pero esa no era la vida que Rose quería.

Me organice lo mejor que pude. No creo que alguna vez haya puesto tanto empeño en mi apariencia, ni siquiera cuando estaba joven, pero Rose lo valía. Luego de un baño relajante me coloque un jean oscuros y lo acompañe con una camisa blanca sin corbata y con las mangas enrolladas, deje mi cabello suelto ya que me había dado cuenta que Rose le gustaba más así y aplique un poco de loción para después del afeitado que sabía que también le agradaba, tome las llaves del carro y la billetera y salí en busca de ella.

Aún no bajaba de su habitación y decidí esperarla en la entrada. La noche estaba preciosa y las estrellas brillaban. Al vivir en una gran ciudad me había perdido de pequeños detalles como mirar el cielo o apreciar un hermoso atardecer que por las luces de las ciudad estos eran imperceptibles, me agradaba estar en casa y poder volver a ver pequeños detalles que podían formar grandes momentos.

Unos tacones resonaron sobre las tablas de madera y me di media vuelta para encontrarme con la imagen más hermosa que haya visto. Sobre las escaleras estaba Roza, mi hermosa Roza usando un vestido hasta sus rodillas de color rojo, su cabello estaba en sus ondas naturales cayéndole hasta sus caderas, su pies estaban en un altos tacones de color negro y correa en sus tobillos y su maquillaje fue natural, un poco de mascara de pestañas y un labial cereza que si me acerba lo suficiente podía olerle.

Ella bajó hasta donde yo estaba y me sonrió, ella me dio esa hermosa sonrisa que había aprendido amar en los últimos días.

— ¿Qué te parece? —ella preguntó mirando hacia su atuendo, me di cuenta que en mi estado de estupefacción no le había dicho ni una sola palabra.

—Luces hermosa. —Sus mejillas se tiñeron y ella me dio una sonrisa mucho más grande.

—Gracias, tú también luces muy bien. —Sonreí y le ofrecí la mano.

— ¿Vamos? —pregunte y ella aceptó sonriendo como una colegiala.

—Después de ti.

Conduje en un silencio cómodo y antes de darme cuenta estábamos en la academia; era como la recordaba, con sus grandes torres que parecía un castillo gótico y sus gárgolas en los altos picos. Estacione el auto y ayude a Rose a bajarse, ella me lo agradeció con una sonrisa, su perfume me llenó las fosas nasales haciéndome débil en la rodillas.

Compórtate Dimitri, no eres un adolecente.

Tomé su mano y entramos en el lugar, la música llegaba de los alta voces y los gritos de la muchedumbre se escuchaban a varias millas. Entramos en el salón de baile y Rose se estremeció. Ella no estaba acostumbrada a cosas como estas, pero vi que estaba haciendo un gran esfuerzo por adaptarse. Recocí varias caras y al pasar salude algunos compañeros, es increíble como el tiempo cambiaba a las personas y los volvía más maduros. Guie a Rose hasta una mesa que estaba vacía y fui por unas copas de champañas, gran error.

— ¡Dimka!

Me estremecí al escuchar esa voz. Antes de voltearme la sentí detrás de mí y su colonia nauseabunda me llenó las fosas nasales. Me di media vuelta y puse mi mejor mascara. Sólo tarde unos segundos en darme cuenta que no fingía, Tasha ya no me importaba.

—Natasha. —Asentí hacia ella respetuosamente, no quería hablar y dejar a Rose sola pero, tampoco podía ser descortés con ella— ¿Cómo te encuentras? —pregunte.

—No tan bien como tú —ella dijo mirándome de arriba abajo—, pero no me quejo, tengo un hermoso niño de 5 años —asentí y ella continuó — ¿y a ti como te ha ido?

—Muy bien, estoy viviendo en los Estados Unidos.

—Eso escuche de tu madre. —Ella se quedó en silencio y luego agregó—. Me gustaría que saliéramos a cenar y hablar un rato, ya sabes, por los viejos tiempos.

—Natasha, no creo que… —no termine de decir porque una voz más dulce me interrumpió.

—Dimitri, ¿está todo bien? —Rose se colocó a mi lado y tomó mi brazo.

— ¿Quién eres tú? —Tasha la miró de arriba abajo con un poco de desprecio y algo de celos. Iba a responder por Rose, pero se me adelantó.

—Soy su novia. —La respuesta me dejó perplejo, por lo cual me tocó ocultar mi asombro para que Tasha no creyera que estábamos mintiendo— ¿Quién eres tú? —ella preguntó con esas sonrisa venenosa que me recordaba a la vieja Rose.

—Soy Natasha —ella estiró su mano y Rose la tomó, pero igual que con Viktoria la primera vez, la soltó rápidamente. — Amiga de Dimitri, desde la segundaria.

—Qué curioso, Dimitri nunca te mencionó. En fin, fue un placer conocerte. —Rose se volvió a mí y justo en ese momento empezó una nueva canción— ¡Oh Dios, amo esa canción! Adiós Natasha, fue un placer. —Rose tomó mi mano y nos llevó a la pista dejando a una furiosa mujer parada en el centro.

—No te gusta esta canción ¿verdad? —pregunte y Rose hizo una mueca.

—De hecho no, soy más de vals y cosas tranquilas, pero vi que estabas incomodo —ella señaló y luego agregó—. Espero no te haya incomodado que dijera que era tu novia, no se me ocurrió otra cosa.

Ojala hubiera sido cierto.

—No, tranquila, me has salvado esta noche. —Ella sonrió y siguió moviéndose, para ser una persona que no le gustaba este tipo de música se movía muy bien.

— ¿Por qué no me habías hablado acerca de Tasha? —ella preguntó mirándome a los ojos.

—No pensé que fuera importante —dije y luego pregunte— ¿Cómo supiste sobre ella? —Rose se mordió su labio y respondió.

—Tú hermana —ella dijo sonriendo—. Una noche me contó un poco sobre ti y me mostró una foto de ustedes dos cuando asistían a la segundaria, espero no te moleste.

—No lo hace, —dije— pero para que lo sepas, no te hable de ella porque no valía la pena. Tasha desde hace mucho dejo de ser importante en mi vida.

— ¿Hay alguien más? —ella preguntó de verdad curiosa.

La miré y vi lo hermosa que era, quería decirle que sí, que era ella y que quería estar con ella, pero de nuevo me detuve. — Sí.

Su mirada cambió y algo parecido a la tristeza remplazo su semblante, pero rápidamente desapareció y puso su máscara, aquella que usaba hace tanto tiempo.

—Bien, —ella dijo sonriendo— aprovecha que la tienes —fue todo lo que dijo y seguimos bailando un rato más.

Habíamos llegado hace más de dos horas y con el pasar de los minutos Rose se sentía más incómoda, y la entendía, ella no estaba acostumbrada a esta clase de cosas, era demasiado sofisticada para esto. Tasha, no quitó un ojo de nosotros en toda la noche y ni a su esposo le prestaba atención, me sentí mal por el tipo.

— ¿Qué tal si salimos de aquí? —ofrecí y Rose no dudó en aceptar, era un poco más de la media noche, pero aun no quería irme, quería seguir disfrutando de su compañía.

— ¿Regresamos ya? —ella preguntó y si mal no me equivoco parecía que ella tampoco quería regresar.

—No, si no quieres, pensé que podíamos caminar un poco por la playa —de inmediato su rostro se iluminó y tomando su mano nos marchamos.

Caminamos por la playa y las olas rompían en los pies descalzos de Rose, la brisa golpeaba su piel esparciendo su aroma por doquier.

— ¿Dime tu cosa favorita en el mundo? —ella pidió, llevábamos media hora con el mismo juego, ella me preguntaba cosas mínimas de mí y yo respondía felizmente.

Tú.

—Las novelas occidentales —respondí y Rose se rio de mí, por milésima vez esta noche, según ella a veces podía ser aburrido— ¿y la tuya? —ella se lo pensó un momento y luego respondió.

—No creo que tenga algo favorito en el mundo, no suelo apagarme las cosas —ella dijo mirando hacia el horizonte—. Tal vez algún día lo tenga, pero por ahora no.

Continuamos caminando perdidos en nuestros pensamientos, a lo lejos había una fiesta y varias mujeres estaban danzando algo que parecía música árabe, sonreí, así debería ser Rose en casa, libre y llena de vida.

—Vamos, miremos más de cerca. —Rose tomó mi mano y caminó hacia las personas, una fogata iluminaba el lugar mientras que hombres y mujeres danzaban, cuando llegamos nos sentamos sobre unos troncos y vimos cómo se movían a los ritmos.

—Ven, únete —una mujer morena se acercó y se llevó a Rose que para mí sorpresa no se negó, la mujer coloco unas monedas en su cintura para que cuando se moviera estas sonaran. Ella le mostró unos pasos y Rose rápidamente aprendió moviendo sus caderas al ritmo de los sonidos, sonreí, se veía hermosa.

Rose danzó con los desconocidos y se olvidó del mundo, sonreía y me hacia sonreír, era tan libre y eso me fascinaba.

—Ven, Dimitri, únete —ella llegó a mi e intentó levantarme, pero me negué en cambio le pedí.

—Baila para mí —ella me dio una mirada coqueta y comenzó a mover sus caderas de una manera atrevida y sexy.

Su cuerpo se balanceaba de un lado para el otro. Sus manos fueron a su cabellos y ella las bajo contorneando su cuerpo, trague, mis pantalones comenzaron a sentirse apretados y comencé a desearla de una forma inapropiada. Sus ojos se abrieron y se clavaron en los míos, ella me tendió la mano y no dude en aceptarla. Me puse de pie y ella se pegó a mi cuerpo y continuó con su danza, sus caderas restregaban las mías despertando mi hombría, ella se dio media vuelta quedando cara a cara conmigo, sus ojos bajo la luz de la fogata eran más oscuros, sus carnosos labios estaban abiertos por su respiración pesada.

Rose tomó una de mis manos y la puso en sus cadera, por instinto la atraje a mí y enrede mi otra mano en sus cabellos sedosos, era suaves al tacto, ella me miró con una mezcla de erotismo e inocencia que me hizo perder el control, sus ojos bajaron a mis labios y por un momento me permití dejarme llevar por los sentimientos.

Baje mis labios y los estrelle con los suyos, ella no se apartó. En cambio llevó sus manos a mi cuello y continuo devorando mi boca, ella sabía a dulce con un toque de champan, queriendo hacer lo que hace mucho tiempo deseaba, mordí sus labios y ella gimió dándole entrada a mi lengua. Nuestras lenguas se enredaron en un juego por quien tenía el control y yo gane.

Atraje más su cuerpo hacia el mío y ella por instinto saltó y enredó sus piernas en mi cintura, continue devorándole la boca y perdiéndome en su esencia deliciosa. Nuestros cuerpos pidieron aire por los cual nos separamos no sin antes picotear sus labios.

—Llévame a casa. —Fue una petición y no pregunte para que, ya sabía la respuesta.

Conduje como loco, Rose sobre mi regazo besando mi cuello y cualquier parte donde sus labios alcanzaba me estaba volviendo loco, en cada semáforo que había paraba y le besaba los labios y tocaba un poco más de su piel.

Llegamos a casa y entramos con todo el silencio que pudimos, aunque era muy difícil. Los gemidos de Rose eran incontrolables. Logramos llegar hasta su habitación ya que era la más alejada y no quería que nadie escuchara lo que le iba hacer. Esta noche ella perdería el control entre mis brazos. Llegamos a la habitación y la deje caer sobre la cama, ella se rio y tapó sus labios no queriendo despertar a nadie. Me acosté sobre ella no poniendo todo mi peso para no lastimarla y retire el cabello de su cara.

—Eres hermosa —musite contra sus labios.

— ¿Me harás tuya? —ella preguntó mirándome a los ojos.

— ¿Quieres ser mía?

—Siempre —ella no dudó en responder antes de atacar mis labios.

La bese como había deseado hace tiempo hacerlo sin saberlo, mordí sus labios y con mis manos contornee su cuerpo, ella nerviosamente llevo sus manos a mi camisa y comenzó a quitarla, lo hacía tan lento que parecía como si fuese su primera vez en hacer esto.

Solté sus labios y fui bajando por su cuello, Rose gimió y se mordió el labio, sonreí contra su piel. Con mis manos mucho más agiles retiré su vestido y la deje en un precioso conjunto de ropa interior, su cuerpo era delicioso a la vista, senos turgentes, una cintura delgada, unas caderas estrechas y un par de piernas torneadas, su piel era del más rico color almendra sin una imperfección y tenía un olor a flores.

Baje sobre ella y comencé a besar el canalillo sobre entre sus pechos, pase la punta de mi lengua saboreando la piel de aquel lugar, sus pezones se pusieron duros y ella se agarró de mis brazos. Con rapidez quite sus sostén y deje dos hermoso senos a mi vista, con delicadeza, pero a la vez con posesión, tome un pezón rosado en mi boca y lo mordí sacándole un grito de placer a Rose que no fue capaz de contener, con mi otra mano la baje y acaricie sus muslos.

Chupe y amasé sus pechos hasta tenerlos duros y colorados, pase un dedo por sus bragas y vi que estas estaban empapadas, sonreí. Continue besando su cuerpo, y dejando pequeñas marcas por todo el, su aroma a mujer llenó la estancia y fue como un coctel de aromas. Con agresividad rompí sus bragas y me concentre su parte más íntima, roce mis dedos y vi que estaba húmeda, estaba lista para mí. Roza gimió y echo su cabeza hacia atrás, atraje su intimidad y probé su esencia de mujer, ella dejo salir un grito que estoy seguro que mi madre escucho, pero ignoró.

Tome su clítoris entre mis dientes y lo mordí ganándome un improperio de los labios de Rose, mientras chupaba inserte un dedo dentro de su vagina y ella se tensó, yo igual.

—Rose… — comencé, estaba tan apretada, no debía ser así a no ser que… — ¿eres virgen?

Ella me miró con nerviosismo marcado en su rostro y asintió, no sabía cómo sentirme si feliz o asustado, creo que era la primera, después de todo los rumores era falsos. Ella era pura y yo estaba a punto de robarme aquella pureza. Deje lo que estaba haciendo y llegue a besar de nuevo sus labios, ella no dudó y respondió con igual entusiasmo.

— ¿Estas segura de que quieres esto? —pregunte queriendo asegurarme de que ella estaba segura de esto.

—Demasiado segura. —Ella me miró a los ojos y me trasmitió toda la verdad que necesitaba.

Picotee sus labios y me separe de ella y me termine de desvestir, ella miró mi cuerpo con hambre y lujuria, cuando llego a mi zona pélvica sus mejillas se tiñeron y yo sonreí con orgullo.

Me acosté sobre ella y la bese de nuevo, nuestras partes más íntimas se rozaban entre si causándome estremecer, estaba tan duro y listo, me moría por entrar en esa cavidad tan estrecha y húmeda, pero me tenía que contenerme, no podía lastimarla.

Tome mi pene entre mis manos y me lubrique con sus jugos, ella se tensó y vi que era de placer, con cuidado me fui deslizando y gemí al sentirla tan estrecha y húmeda, era como el paraíso. Fui penetrando despacio hasta que mi punta toco su himen y ella se estremeció.

—Relájate —musite contra sus labios— dolerá sólo un poco, lo prometo — ella asintió y me miró con confianza, ella confiaba en mí.

Tome sus manos y las lleve por encima de su cabeza y tomando sus labios en los mío la penetre de una sola estoca, Rose, mordió mis labios y ahogó un gemido como su himen se rompió, sus uñas se clavaron en mis manos y una lagrima rodó por su mejilla, la bese con ternura y me quede quieto un momento dejándola adaptarse a mí.

Ella me miró con ternura y algo que nunca había visto en esos ojos que normalmente eran tan helados, la última capa de hielo que había en su corazón pareció derretirse, aquí, en mis brazos y bajo mi tacto. Hice un pequeño movimiento y ella gimió. Estaba lista.

Comencé a mover mis caderas a un ritmo pausado, Rose abrió más sus piernas y las enredó en mi cintura gimiendo, la penetraba despacio amando la sensación de sus paredes abrazando mi pene. El vaivén de nuestras caderas, continuó y una fina capa de sudor nos cubría, nuestros olores se mezclaron volviéndose unos solo como nosotros dos. Rose gemía cada vez más duro por lo cual bese sus labios para callarle y callar mis propios sonidos.

Salí por completo de ella y la voltee quedando a espaldas de mí y me acosté sobre ella, bese sus hombros como la volví a penetrar y Rose musitaba mi nombre entre sus dientes, era tan hermosa y era completamente mia.

—Dimitri, me siento ext… extraña —ella dijo entre gemidos. Sabía a qué se refería, aunque me asombraba que nunca había sentido el placer de un orgasmo, eso me dio más placer, el saber que yo le daría su primer orgasmo; ella conocería el placer de mi mano por lo cual me arrodille y la traje hacia mí, ambos estábamos arrodillados, ella con su espalda en mi pecho.

Una de mis manos amasaba sus pechos y la otra busco su clítoris, ella chillo de placer.

—Dimitri, voy a… —ella dijo como comenzó a mover sus caderas más rápido, nuestros cuerpos chocaban produciendo un erótico sonido.

—Vamos Roza, dámelo, déjate llevar —dije contra su oído mordiendo su lóbulo, con mi pulgar frote su clítoris y entre gemidos ella llegó apretándome dentro de si, la presión me hizo culminar y llegue dentro de ella llenándola de largos y espesos chorros de semen.

Rose cayó y yo caí sobre ella su cuerpo estaba sudoroso y demasiado caliente, perfecto.

Salí de ella y la sentí estremecerse. Mañana le dolería, pero ahora sabía que estaba en las nubes, atraje su cuerpo hacia el mío y ella apoyo su cabeza en mi pecho, nuestras respiración estaban agitadas y nos tomó un buen rato recuperarnos. Eso había sido lo mejor, nunca pensé que hacerle el amor a alguien pudiese ser así.

Nuestra respiración se calmó y pensé que Rose se había dormido, pero me sorprendió cuando hablo.

—Gracias, Dimitri —ella me miró a los ojos y trasmitió tantas cosas que no supe descifrar—. Eso fue inolvidable —Rose se estiró y besó mis labios.

—Fue un placer, Roza —respondí mirándola a los ojos—. Gracias por darme ese privilegio —ella sonrió y acomodó de nuevo su cabeza en mi pecho, nos quedamos en silencio y cuando había vuelto a creer que se había vuelto a dormir volvió hablar.

—Una vez me preguntaste porque era así —afirme no sabiendo a donde se dirigía— y si te soy sincera no lo sé, desde pequeña he visto como la gente buena sufre. Mi madre fue buena y sufrió el desprecio de sus padres, y yo no quería que a mí me despreciaran por lo cual me forje con los años y me prometí que no dejaría que nadie me lastimara como las personas habían hecho con mi madre, sentí que era mejor que me tuvieran miedo y respeto a que me despreciaran. —Ella se quedó en silencio y se acurrucó un poco más—. Por lo cual me forme como soy, sin importarme cuánto daño había causado, todo este tiempo pensé que era un arma, pero realmente tenía miedo, miedo a lo que pudiera hacer la gente conmigo si era buena, al igual que mi madre. —Ella se calló y yo la atraje a mí, sé que había sido difícil para ella hablar me alegró de que lo hiciera.

—Todos tenemos miedo de algo Rose, pero ello no nos hace malas persona —dije, ella levantó su rostro y me miró.

— ¿No piensas que soy una malcriada y una mujer desalmada? —sonreí recordando viejos tiempos.

—Si, Rose, lo pensé pero ya no creo eso.

— ¿Qué crees hora?

—Bueno eres más la mujer más dulce y valiente que conozco y que todo lo que dicen de ti es mentiras, son personas que no te conocen bien — ella me dio una sonrisa que valió mi existencia sin embargo tenía otra pregunta para ella. — ¿Por qué ha salido llorando aquella noche de esa fiesta? —Ella permaneció en silencio por unos minutos, pensé que no me respondería, pero si lo hizo con voz cansada.

—Cuando ingresamos en esa fiesta vi que lo que había dicho Avery fue cierto, yo era tan odiada y todo el mundo me tenía miedo, yo descubrí que realmente estaba sola a parte de Liss y ella también tuvo que ver mucho esa noche.

— ¿Por qué? ¿Te ofendió de alguna manera?

—No. —Ella se apresuró a decir—. Liss es de las pocas personas que me quiere de verdad, pero ella me mostro la clase de persona que fui, además también vi a Jesse haciéndolo con otra, sin embargo vi que no me dolió, no sentí nada, ni siquiera celos, era como si no tuviera sentimientos, era como si dentro de mí no hubiera amor, sólo hubiera una capa de hielo que cubría todos mis sentimientos. Pero ahí viene nuevamente lo que Avery dijo sobre mí y todo cayó en su lugar, yo era una persona horrible que me refugiaba bajo un buen nombre, no quería creerlo. Entonces luego hable a una chica de primer año con la que había sido cruel, ella aun saltaba si yo se lo dijese, me di cuenta que yo me había convertido en la persona a la que tanto temía. Esa chica era buena y yo era mala y supe que no quería ser así, yo quería ser como esa chica, dulce y amorosa, y quería que me quisieran por lo que soy y no por obligación, no quería que más personas me tuvieran miedo, hasta Lissa me tenía miedo; yo era una persona tan horrible y eso fue demasiado para mi así que la única salida fue llorar, y así lo hice, llore como una niña pequeña porque estaba asustada. No me reconocía y llevaba mucho tiempo sin hacerlo, sólo que me hacia la ciega porque no quería admitir que era horrible. —Ella hizo una pausa y luego agregó— y luego tú me preguntaste si estaba bien y de cierta forma eso hizo sentirme bien y tan mal a la vez, vi porque me agradabas y a pesar de haber sido un perra para contigo, tú aun tenías las decencia de preguntar aun sabiendo que te hubiera podido enviar al carajo, pero aún así no te importó y me preguntaste, eres el único que me preguntó y eso me demostró lo humano que eras y lo perra que había sido.

Una lagrima rodó por su mejilla y cayó sobre mi pecho, me estremecí, no me gustaba verla llorar. Tomé su cara entre mis manos y picoteé sus labios probando la salinidad de sus lágrimas.

—Ya no eres esa persona, y me alegro de que esa noche paso y que esa chica te recordó que no eres así, Roza, no sabes lo agradecido que estoy de haber hecho este viaje, no puedes cambiar el pasado, pero puedes ser una mejor persona en el futuro.

—Eres demasiado bueno para mí, siempre lo he pensado — ella murmuró bajo, pero logre escucharla. Una conversación de días atrás volvió a mi mente. Ella había estado hablando con Liss y ella había repetido esas palabras ¿y si era yo la persona de la que estaba hablando? Quería preguntarle, pero cuando lo iba hacer vi que su respiración había cambiado, ella se había quedado dormida.

Bese su cabello y la atraje más a mí, su calor me arropó y me arrulló hasta que me quede dormido con ella en mis brazos, donde sentía que ella pertenecía.

Un golpe me despertó. Miré hacia abajo y me encontré con la vista más perfecta que podía haber; Rose dormía plácidamente con su cara enterrada en mi cuello, sus labios estaban entreabiertos y uno de sus brazos me tenían rodeado, sonríe ante eso.

Otro golpe resonó en la estancia, gemí, con cuidado de no despertar a Rose me desenrede de su cuerpo y la acomode mejor en la cama. Ella me buscó y al no encontrarme frunció su ceño, pero igual siguió durmiendo.

Tome el pantalón de la noche anterior y me lo coloque, la casa estaba sola y en la mesa había una nota de mi madre diciendo que había salido con Viktoria, otro golpe de la puerta me llamó la atención y me apure abrir. Desee no haberlo hecho.

—Natasha —salude fríamente— ¿Qué haces aquí? —pregunte. Ella miró mi cuerpo con descaro y sus ojos azul hielo se oscurecieron.

— ¿Me dejaras pasar? —preguntó y yo asentí, esperaba que fuera corto.

— ¿Pasa algo? —cuestione.

—Nada —dijo— sólo quería saber si podemos tomar un café y hablar.

—Tasha —comencé— no puedo, no tenemos nada de qué hablar, tú estás casada ahora y yo tengo a Rose.

—Dimitri, —ella dio un paso hacia mí— sé que cometí un error pero, te amo, nunca deje de hacerlo, sé que cometí un error, pero yo quiero estar contigo ¿acaso ya has olvidado lo nuestro?

—Si. —Fue todo lo que dije— debes regresar a casa con tu familia, ahora tengo a Rose, y la quiero.

— ¡Pero es una niña! —ella gritó— Sé que es hermosa, pero, Dimitri, ella aun no es una mujer, no es la mujer que necesitas —ella dio otro paso hacia mí— yo soy lo que necesitas —y antes de darme cuenta ella se abalanzo a mí y me dio un beso, me tomo dos segundos para registrar lo que estaba haciendo y quitármela bruscamente de encima.

— ¡¿Pero qué demonios te pasa?!—grite, ella abrió sus ojos, yo nunca gritaba y menos a una mujer— ¡No quiero verte, entiende esto se acabó, ahora esta ella y la amo! Quiero que te vallas y no regreses —la tome del brazo con un poco de brusquedad y la saque cerrando la puerta en su cara.

Deje salir un suspiro que no sabía que estaba conteniendo y me recosté contra la puerta.

Cuando me recupere subí a la habitación y me encontré a Rose sentada en la cama, sonreí, pero mi semblante cambio cuando vi su semblante, era igual al de hace un mes atrás.

—Rose, ¿Qué pasa…?

— ¿Ya se fue? —preguntó mirándome a los ojos, asentí—. Bien — fue lo único que dijo. Camine hasta donde ella y me detuve cuando ella me lanzo esa mirada frían y despiadada tan común de ella.

— ¿Rose, pasa algo? —ella me dio una mirada fría y esa sonrisa lobuna que hace tanto no veía.

—No lo sé, ¿dime tú?

— ¿Quieres decirme a que te refieres? —pregunte perdiendo los estribos.

— ¡Esto! —Gritó— ¡Anoche me haces el amor como si me quisieras y hoy andas besándote con la golfa de tu ex, es que te olvidas que ella se follo a otro estando contigo! —su respiración era pesada.

Estaba perplejo, no esperaba este arrebato por su parte, pero una parte se regocijo, ella estaba celosa y si ella lo estaba era porque sentía algo por mí.

—Rose, no es lo que piensas — dije como camine hasta donde ella.

—No me vengas con esa mierda —dijo levantándose— que me la sé de memoria. —Ella me perdonó una mirada y con desprecio dijo— tipos como tú me dan asco —y comenzó a marcharse, pero esta vez no la iba a dejar ir, esta vez ella no tendría la última palabra.

—Me vas a escuchar —dije teniéndola agarrada por su brazo.

—Suéltame, Dimitri —ella dijo con los dientes apretados y su mirada peligrosa, el caso era que ya no me daba miedo.

Sin decir nada la tome por la fuerza y bese sus labios ella se resistió y lucho, ella iba a escuchar hasta la última palabra; la solté y la tire contra la cama y me puse sobre ella aplastándola con mi peso para no dejarla ir.

—Me vas a escuchar.

— ¡Suéltame, maldita sea! —ella luchó, pero era inútil, yo era más fuerte que ella.

— ¡No, ahora te callas y me escuchas! —no quería gritarle, pero su resistencia me estaba sacando de mis casillas. Ella se calló y me dejó hablar aunque el odio seguía en sus ojos. Amaba sus celos—. No es lo que piensas, ella vino y me besó yo no, y si te hubieras quedado un segundo más hubieras sabido que le dije que te amaba, porque ¡maldita sea, te amo! Te amo con todos tus defectos, con tus estados de ánimo y con lo perra gruñona que eres a veces, me encantas toda tú y no cambiaría nada de ti, y quiero que seas mia hoy y siempre, sé que no tengo dinero ni la posición social que tú tienes, pero sé que puedo hacerte feliz y juntos podemos ser felices, no te prometo un mundo de lujos, pero si te prometo cuidarte y darte mi amor y sobre todo te prometo que nadie te lastimara porque cuidare de ti, pero necesito que me creas, pero que sobre todo me des una oportunidad —me detuve un momento respirando un poco—. Quiero que nos des la oportunidad de ser felices.

Ella no dijo nada, sus ojos estaban abiertos con asombro, no podía creer que había derramado mi corazón, pero lo había hecho y ahora ella era la que tenía la última palabra. El silencio reinó y lo sentí como un balde agua fría, ella no sentía lo mismo por mí, me iba alejar, pero su voz cortada por los sollozos que había comenzado a derramar me detuvieron.

— ¿Me amas? —ella preguntó.

—Cada parte de ti —le respondí. Ella me miró con esos ojos que tanto había aprendido amar y en dos segundos sus labios devoraron los míos.

—También te amo —ella musitó contra mis labios—. Te amo desde hace mucho tiempo, Dimitri.

— ¿Desde cuando? —pregunte frunciendo el ceño.

—Desde hace unos meses, no sé cuánto, por eso vine a Rusia.

— ¿A qué te refieres?

—Quería convencerme de que no sentía nada por ti y que sólo era una atracción, pero no lo era, te amo, amo tu valentía, amo tu humor y sobre todo amo lo que eres cuando estás conmigo. Me enamore de ti Dimitri y quiero estar contigo, no importa dónde ni como sólo sé que quiero estar contigo. —Ella se detuvo y una lagrima rodó por su mejilla como la sonrisa apareció en su rostro—. Quiero ser tuya hoy y el resto de mi vida —la mire a los ojos y vi que cada palabra era cierta, ella me amaba como yo a ella.

—Siempre —dije y la besé sellando la promesa de que siempre seria así, ella era mía como yo era suyo.


Tres años después:

— ¿Qué quieres que seas? —pregunte, sobando el gran abdomen hinchado de mi esposa.

—Una niña —Rose respondió—. Aunque con tal de que salga sano que sea lo que tenga que ser ¿y tú?

—Una niña —dije besando el lugar donde mi bebe golpeo a su madre—. ¿Has pesando en lo que te dije? —pregunte nervioso.

—Dimitri, ¿estás seguro de que es lo que quieres?

—Absolutamente, —respondí sin dudar— pero quiero que estés de acuerdo, no quiero que el día de mañana te arrepientas y me odies por ello.

—Hey —Rose tomó mi cara entre sus manos y me besó— no te odiaría, también quiero hacerlo, sé que quieres vivir en Rusia, pero quiero que entiendas que es un gran cambio.

— ¿Qué pasara con tu trabajo?

—Puedo trabajar desde Rusia, mi padre lo entenderá. Además piensa en colocar una sucursal en Moscú, podríamos vivir allí y tú podrías poner tu gimnasio allí, y aquí podrías dejar a alguien a cargo del que ya tenemos.

— ¿De verdad has pensado en ello? —pregunte emocionado.

—Tu felicidad es mi felicidad. No importan donde estemos, Dimitri, te amare y nuestro bebe también, además podremos ir y venir, has estado aquí conmigo mientras cumplía mi sueño ahora es tiempo de que cumplamos el tuyo y como tu esposa apoyare cada sueño que tengas, viviremos allí y si en unos años decidimos volver lo haremos, no importa lo que pase mientras estemos juntos haremos de cualquier lugar nuestro hogar.

Mire maravillado a mi esposa, en este tiempo que habíamos vivido juntos había cambiado tanto, claro para la sociedad y en su empleo seguía siendo la misma mujer desalmada, fría y todo lo que una vez odie, pero en su hogar y con sus amigos era un mar de dulzura, la capa de hielo que había en su corazón unos años atrás quedo olvidada dejando una Roza dulce y tierna, dejando a mi Roza.

— ¿Te había dicho que te amo? —pregunte besando sus labios.

—Mmm, unas cuantas veces —ella sonrió devolviéndome el beso.

—Te amo Sra. Belikov.

—Te amo Dimitri, siempre.

—Siempre.

Fin.


¡Oh Dios mio!, sus comentario me llenaron de tanta dicha, aquí esta la ultima parte de esta pequeña historia, espero que las haya gustado y si, se que a muchas no les gusta las escenas ''M'' pero se que a muchas otras le encanta y bueno, a mi me encanta en esos dos.

Gracias por leer y darme tan buenas criticas sobre esta pequeña historia, no saben lo feliz que me hicieron y espero ver que piensan de esta segunda parte, cuéntenme si la odian, la aman o esperaban otra cosa. ¿Que les pareció el final?

Gracias de nuevo por leerla y ser tan maravillosas. Un beso.