Fic

¡Hey Candy!

Por Mayra Exitosa

La Chica del helado

Candy llegaba después de una tarde divina con sus amigos, bajaba del auto, entraba sonriendo y corría a su habitación… al entrar un hombre estaba en el pasillo, giraba al escuchar sus pasos ambos se vieron a la cara, el hizo media sonrisa, por supuesto que era ella, la pequeña del chicle, pensaba Albert, para Candy esa mirada era mucho más que hielo, era recordar que lo había dejado impactado con una bomba de goma de mascar rota, era un hombre sin sentimientos, que en vez de burlarse o reír, juzgaba a una niña por masticar chicle, como si en su casa jamás le hubieran enseñado a hacerlo.

- ¿Quién es usted? Dijo Candy al hacerse como si no lo reconociera,

- ¡Disculpa! Soy el nuevo huésped de tus padres, estaré por aquí una temporada, espero no molestarte.

- No lo creo, con permiso. Candy pasaba a su lado, su loción era un deleite que la hacía detenerse en un instante, para ella ese olor era el bosque, la hierba, los troncos, era tan natural y a la vez fuerte. Para él, el roce de sus cabellos en su mano, al hacerse a un lado, era como la seda, tocar nubes suaves, el aliento a libertad que él deseaba desde hacía mucho tiempo. Si, ella era la chica del gorrito café, sus días ahí serían los más divertidos de toda su vida.

Ambos de espaldas no se daban cuenta que estaban atraídos uno al otro, ninguno giraba a verse, solo disfrutaron el instante, esa noche no durmieron, el pensándola con los hippies, y ella pensando en lo odioso que había sido hacía varios años atrás.

En la mañana, ya con el desayuno y el hermano jugando bromas, el ambiente era muy divertido,

- ¿Dormiste bien, William?

- Bien, gracias, Señora Mc Gregory

- Me alegro, le iba a pedir a mi hijo que te llevara a ver los alrededores y que caminaras un poco, pero este verano se ha inscrito en el salvamento a prueba, ya sabes, cosa de jóvenes preparándose para la milicia. Candy al mencionarlo se le ponía triste el rostro, eso no pasaba desapercibido por él. Así intervenía como podía,

- Vamos Tom, ya hay muchos militares, apuesto a que tu padre necesita más ayuda en los negocios, sabes cuantos mutilados vi en Inglaterra cuando termino la guerra, es horrible, lo peor fue la caída de todos los negocios, la gente no tenía recursos, tu no necesitas ir a luchar como militar para demostrar que eres el mejor, piénsalo, quienes cuidarían los negocios de tu padre, ¿tu hermana?

Tom giraba a verla y el Sr. Mc Gregory sonreía por la consideración que mostraba William y las palabras adecuadas para Tom, a lo que su hijo respondía,

- Solo es un curso, para estar preparado, no iré a la milicia, tienes razón, quien cuidaría a mi hermana, aunque te he de decir, Candy se cuida mejor de lo que parece, ella es la mejor hasta en los negocios de Papá. Candy al sentirse descubierta y notando las flores que su hermano la hacían lucir se expresaba de inmediato,

- ¡Tom! No digas eso, yo casi no voy a ver la administración de los negocios de Papá lo que sé lo he aprendido de ti.

- Candy, dicen que en el futuro, las mujeres llevaran los negocios, serán más aguerridas y fuertes.

- Si Tom, pero para eso falta mucho, ahorita lo que debemos cuidar es el ambiente, si seguimos aceptando esas pruebas atómicas, no dejaran saber si las mujeres llevaran el control por su capacidad o porque no quedaron hombres para verlo.

Los tres hombres soltaron carcajadas, eran las mujeres la fragilidad de la casa, como unas pruebas podían acabar el mundo, era para defender el país, pero al relacionarlo con el poderío de una mujer, los hizo reír, para él, el hombre de hielo que Candy pensaba, verlos sonreír y apoyar a su hermano para que no se enlistara, la hizo devolverle la sonrisa, como no iba a estar feliz, si Tom ya estaba asegurando que no se enlistaría como soldado. La madre se sentaba al terminar de servir y agregaba,

- Candy, hija, podrías llevar a William a pasear por los alrededores, que conozca a chicos de su edad. Candy sorprendida preguntaba

- ¿Qué edad tienes?

- Veintiséis, dentro de tres semanas.

- Yo tengo veinte, termine mis estudios de enfermería, ahora estoy en un proyecto de cuidados para el jardín… fue sugerencia de mi mamá. La señora Mc Gregory agregaba,

- ¡Oh si! Candy, tendrás el mejor jardín en tu hogar, el día que… te cases.

- ¡Mamá!

- Vamos Candy, a tu edad ya tenía dos hijos, no piensas casarte algún día, hija

- Te apuesto a que no será si lo sigues mencionando, es como si te quisieras des hacer de mi.

- ¡Hija! Nada de eso, es por tu futuro, además Peter Mc Calen está muy interesado en ti, su madre está organizando su fiesta de cumpleaños en su casa, será con música y traje de baño, estará muy a doc. para que vea lo hermosa que eres.

- ¡Mamá! No sería mejor ponerme una pancarta que diga ¡Estoy desesperadamente disponible!

Candy aventaba la servilleta en la mesa y se salía del comedor, a lo que la Sra. Mc Gregory volteaba a ver a su esposo, quien continuaba comiendo con un movimiento de negatividad en el rostro sin decir media palabra, Tom apretaba una sonrisa, secreteaba con William, que Candy si lo haría, si la obligaban a ir a la fiesta de Peter Mc Calen. La señora apenada agregaba,

- Tom, no iras a ese curso, mejor lleva a conocer a nuestro huésped a los amigos, además dejas a tu padre en la oficina, y los espero en la hora de la comida.

- Esta bien, mamá. - Vamos William, están en la fuente de sodas, ahí están presumiendo sus autos por la tarde, iremos a la granja de los Mc Coy, estará más relajado y veras a… allá te cuento.

Los hombres de la casa salía, no sin antes los padres hablaban a solas, amonestando la situación entre ellos para con Candy.

- Te dije que no la presionaras, ella elegirá bien, solo es cuestión de tiempo.

- Lo sé, pero al menos quise saber si el joven William se ponía algo celoso, ya sabes, por el cumpleaños de Mc Calen.

- Te veré hasta en la noche, comeré allá, cuídate y discúlpate con ella, así no estaremos molestos en la cena.

- Si querido. Un beso y se iban Tom en la parte trasera del auto, William de copiloto y el señor Mc Gregory, manejando hasta la empresa. Al llegar le entregaba las llaves a su hijo y comentaba

- Maneja con cuidado, y… préstale el auto si es necesario, sacaré el otro auto que tengo aquí, lo llevaré esta noche, así ustedes estarán libres para pasear.

- Gracias, Papá.

- Gracias a ti hijo, escuchar que no iras a la milicia me tranquiliza mucho.

Candy por su parte, después de que su madre se disculpara, le aseguraba que si no quería ir a la fiesta no iba a ver ningún problema, ella se iba junto a su vecina a tomar la clase de jardinería ornamental para hogares. Después de terminar con un té refrescante natural, se iba a dar la vuelta al hospital para ayudar de manera voluntaria, de ahí se salía y se iba a escuchar el grupo de ambientalistas de aquel lugar, ellos mencionaban como la afectación de la zona ya no era recuperable y continuaban haciendo pruebas moviendo en ocasiones parte interna de la tierra, Candy salía, pensativa en mente ideaba como podían hacer para evitar tanto desgaste ambiental. Caminaba despacio por la acera de las calles, se encontraba con Paty y se unía a su caminata,

- ¡Hola Candy!

- ¡Hola Paty! Que gusto verte de nuevo, pensé que estarías con Stear.

- No. Anoche tuvimos un desacuerdo, desea enlistarse en la milicia para pilotear aviones, me da mucho miedo, Candy.

- Te comprendo, lo viví por varios meses, pensando en mi hermano, pero… llegó un amigo a quedarse el verano con nosotros y… él le dijo algunas palabras que… hicieron cambiar de opinión a Tom.

- ¿En serio? Deberíamos hacer que hable con Stear, invítalo a la fuente de sodas esta noche, Candy.

- Esta noche no puedo, quede de ver a unas amistades.

- Bueno, será mañana, sin falta así organizo que Stear se contente conmigo.

Candy llegaba a casa, tomaba su bolso de estilo morralito y buscaba prendas para cambiarse, su madre veía la macetita que había traído de su clase a lo que buscaba donde colocarla, mientras que Candy aprovechaba para salirse de nuevo. William que miraba como se marchaba sin que nadie se diera cuenta, la seguía.


Deseando que sea de su agrado agradezco sus comentarios al leer esta pequeña historia

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa