Fic
¡Hey Candy!
Por Mayra Exitosa
Perdidos
Candy se metía tras unos árboles, se quitaba las prendas para realizar su acostumbrado cambio de vestuario como siempre lo hacía, a lo que William, le tocaba ver todo el proceso, se recargaba tenso al verla casi desnuda, cambiarse de prendas, su respiración se entrecortaba, pero trataba de disimular para no ser descubierto. Ella por su parte se apuraba y se colocaba ropa estilo hippie.
Por fin guardaba su vestido con mucho cuidado en su morralito y caminaba hasta llegar a una sala de reuniones abierta al público, había una de ambientalistas, después de comentar todos los actos que se estaban llevando a cabo para detener las pruebas atómicas, ella aplaudía apoyando la iniciativa al saber que se estaba haciendo algo por el objetivo que tanto deseaba.
Pasaba el tiempo ya finalizaba la reunión de pronto giraba y lo vio a él, vestido de manera sencilla, pero sentado al fondo del lugar. Por un instante se sintió descubierta, se salía con cuidado por un costado y se iba corriendo hacia los arboles de nuevo, a lo que al quedar sin prendas, se colocaba el vestido, pero escuchaba quebrarse algunas ramas y pisadas, se apuraba tomaba sus cosas y corría sin ver hacia donde, solo escapar. Se escuchaban algunas voces de hombres de tonos no conocidos ante ella
- Va por allá, ¡síguela!
- adelántate, atájale el paso.
Candy había corrido dentro del bosque un buen tramo, casi sentía perderse en la obscuridad no veía que rumbo tomaba, solo escuchaba las voces y asustada se adentraba más para alejarse de las voces que querían atraparla, al parecer la habían visto cambiarse. Tenía un cuerpo atractivo, llamaba mucho la atención en todos los aspectos, corría sin parar, a lo que un hombre le salía al frente, un grito de terror al ser sujetada y otro de miedo al sentir como alguien, le había golpeado al que la retenía,
- ¡Suéltala!
El compañero llegaba por detrás dando de golpes a William, Candy se levantaba y daba patadas a diestra y siniestra para que no lo golpearan,
- ¡Corre, Candy!
- No voy a dejarte.
Los golpes salieron uno a uno, mientras Candy soltaba golpes con sus piernas, cuidando de no ser atrapadas por el hombre, William se apuraba a darle al otro para evitar que la dañaran, el hombre al no poder tomarle las piernas, le rompía la falda y ella gritaba, William por su parte daba un golpe más fuerte dejando noqueado al que estaba más grande, para tomar por sorpresa al que ya había atrapado a Candy de nuevo.
Ambos después de la golpiza, se apoyaban tratando de controlar sus respiraciones, ella le revisaba un golpe en el labio y le acariciaba con cuidado el rostro,
- ¡Gracias!
- ¿Dónde estamos?
- No lo sé, solo corrí por la vereda, ya está obscureciendo, contestaba tratando de ver cuan herido estaba, sin poder limpiar la herida se dio cuenta que su morral ya no estaba en sus manos y se ponía a buscarlo.
- ¿Qué sucede, Candy?
- No sé donde cayó mi bolso.
- Debieron llevárselo, porque te cambias de prendas, ¿eres hippie?
Ella buscaba en la obscuridad su mirada, tratando de encontrar una respuesta congruente a lo que solo respondía
- No es lo que parece, tú no me conoces.
- Sé que lanzaste un helado a mi auto cuando te reconocí. Ella se alarmaba, no podía decir nada solo tartamudeaba apenada, agregaba
- Debemos irnos, después te contaré, estamos muy lejos y no veo nada.
- Si, una dama no debe salir sola, desnudarse y cambiarse de prendas sin saber que hay hombres que pueden ver como lo haces.
- ¿Me viste?
Nervioso, no respondía, por supuesto que la había visto y no dudaba que esos hombres, lo hicieron al ponerse ese vestido, ahora se había llevado su bolso con prendas de hippie que portaba y al mismo tiempo la evidencia de sus cambios de personalidad.
- ¿Por qué Candy? ¿No te gusta la vida que llevas?
- No lo comprenderías, una persona como tú que solo está en los negocios, no ve más allá de sus narices.
- Te equivocas. Candy estaba muy cerca de él, se alejaba un poco para ver si podía reconocer parte del lugar pero con esa obscuridad, no distinguía nada, si se separaba de él, estaría perdida, lo mejor era caminar juntos hasta regresar al camino y al lugar donde estaban las casas de la ciudad.
- Sabes, creo que no debemos hablar, más bien reconocer donde estamos, mi madre se preocupará porque ya debo estar en casa, solo deseaba saber lo que se diría esta noche en esa reunión, y no pensé que me estuvieran… En ese momento se preguntaba ¿Y él que hacia ahí?
- Oye ¿y tú que hacías en ese lugar? ¿Me seguías?
- No, yo… no fue así… es solo…
- Me estabas siguiendo. Confirmaba ella al notar que se ponía nervioso para responder, sin decir más palabras, siguieron caminando por el sendero que los regresaba al camino de la ciudad, sin saber que se estaban alejando más realmente.
Albert notaba que se quedaba seria, pero continuaba segura el camino, ella era de ese lugar, solo tenía que seguirla para regresar a casa, al final, la había ayudado y no le tomaría a mal que la viera desnuda, en todo caso ella era la que jugaba a los disfraces.
Ella por su parte, notaba que la seguía cerca y eso le daba tranquilidad, al menos ya no la sorprenderían esos hombres, posiblemente encontraría en cualquier momento su bolso.
En la casa, Tom regresaba para la cena, notando que William se había salido,
- ¿Como que no está contigo?
- No, hace unas horas lo dejé aquí, fui a traer a Papá, el se quedo en su habitación.
- Pues no está… Tal vez… Salió a caminar con tu hermana, anda ve a buscarlos, deben estar con las amigas de ella.
Las horas pasaban y ambos no decían nada, sabían que estaban perdidos, porque ya la vereda no era la misma por donde habían regresado. Albert buscaba un lugar alto para guiarse y salir de la espesura de los árboles y ella deseaba hacer lo mismo, solo que, con el vestido, no podía subirse a los árboles y que él la viera. Así que ambos continuaron caminando hasta alejarse demasiado de los lugares conocidos. Cansada se sentaba en una piedra y el un poco dolido por los golpes recibidos se descansaba en la orilla de un árbol para esperar a que ella descansara.
- William, creo que… nos perdimos.
- Si, desde hace rato está muy obscuro, buscaba un lugar más alto para guiarnos de regreso.
- Estoy cansada de caminar, y… tengo hambre.
- Descansaremos un poco y continuaremos de regreso, para saber si encontramos nuestras huellas, solo que la obscuridad no nos ayuda.
- Está nublado y… no tardará en llover.
- Entonces debemos buscar donde refugiarnos, mojarnos no será una buena idea.
Encontraron algunas rocas que les daba un poco de protección, no era una cueva, pero al menos podían resguardarse un poco, comenzaba a llover y la parte trasera de las piedras a escurrir, ella temblaba y él la abrazaba para resguardarla, la noche se hizo larga y mojados encontraban un lugar seco y alto, ahí sentados esperaron a que la lluvia pasara. La noche, el cansancio y el fresco de la madrugada los vencía, quedándose dormidos y abrazados esperando el amanecer, para poder volver a casa.
Por la mañana, el sol calaba en la mirada de él y ella estaba en sus brazos, sentada en medio de sus piernas refugiándose en su pecho dormida, los sonidos de voces lo alertaban, pero ella no los escuchaba, realmente estaba agotada.
Con cuidado se levantaba acomodándola en donde él había estado sentado se paraba a ver y había un campamento de pequeñas casas de hippies, el rostro de Albert era de asombro, Candy al sentir frío por la ausencia se despertaba abrazándose a sí misma, lo alcanzaba y al ver lo que ya miraba William, se cubría la cara asustada.
El campamento parecía un lugar para nudistas, los hombres y mujeres estaban completamente sin prendas, Candy se cubría con ambas manos el rostro al ver tantos caballeros mostrando sus joyas velludas, mientras Albert al ver como ella se avergonzaba, la abrazo cubriéndola para después notar que había también damas mostrándose como Dios las trajo al mundo.
- ¿Dónde estamos?
- Parece un campo nudista, hay hombres y mujeres sin ropa, creo que lo mejor es que salgamos de aquí antes de que nos vean.
- Que pena, me siento avergonzada.
- Pensé que como te quitabas la ropa para cambiarte, no te daría ningún problema, estudiaste enfermería,
- Si, pero ellos están bajo las sabanas, aquí no lo están.
- Bueno creo que debo preguntar dónde está el camino de regreso.
- Si, es lo mejor, además mi familia debe estar preocupada por nosotros y…
Ella estornudaba haciendo que todos giraran a verlos.
Continuamos con este minific deseando les guste y agradeciéndoles que lo lean y lo comente
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
