Disclaimer |Ni Shingeki no Kyojin y sus personajes me pertenecen, son propiedad de Hajime "La llama maligna" Isayama. Titanic es de Century Fox y Paramount Pictures [Guionizada por James Cameron]. La trama es mía. Derechos reservados a ©Coorp. Charly.

Advertencia | BL. Ereri. AU. Remake Titanic. Drama. Romance. Cosas que nunca pasaron en Titanic.

Dedicatoria |A Patatapandicornio y MagiAllie

TITANIC

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Capitulo

7

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"¿Surges tú del abismo negro o desciendes de los astros?

El Destino encantado sigue tus faldas como un perro:

Tú siembras al azar la alegría y los desastres,

Y gobiernas todo y no respondes de nada,"— Charles Baudelaire. Las Flores del Mal

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La cuchara se deslizó por sus labios, el dulce sabor de té de limón se impregnó y liberó un suspiro recordando la noche anterior. Dulce, embriagador y pleno. Así también fueron los besos de Eren. Cerró los ojos fundiéndose en las imágenes tan vívidas que se recreaban nuevamente en su mente.

Por un segundo todo se volvió a apagar y encender en su interior. Una bendición y una condena. Así era lo que sentía por Eren. Unos pasos lo devolvieron a la realidad y para cuando volvió a abrir los ojos, los ojos color avellana de Farlan estaban sobre su figura, una sonrisa ladina estaba en sus labios. Se sentó frente a él.

—Te busqué anoche, ¿Por qué no respondiste cuando toque tu puerta?

—Me sentí cansado.

—Claro…—frunció los labios con fuerza y una mueca de asco se formó después —. Tus devaneos con los de abajo te dejaron cansado.

—Ahora me vas a espiar, que bajo de tu parte.

Las manos del más alto se crisparon en torno a la taza de té que había tomado.

— ¿Te gustó abrirte de piernas para él? — tanto veneno había en la voz del hombre que era inmensamente punzante.

La tensión que rodeaba el lugar era espesa y a pesar de eso el rostro de Levi no se deformaba ni por un segundo. Tan estoico, tan frio.

—Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia.

—¡Soy tu prometido! — la rabia se reflejaba en cada poro de su piel —. ¡No me quieras ver la cara imbécil!—se había levantado con la fuerza de un huracán mandando a volar lejos la pobre mesa. Tazas, platos y cubiertos quedaron esparcidos.

El corazón de Levi se detuvo por un instante cuando lo vio dar dos grandes zancadas y tomarlo del brazo jaloneándolo para que el espacio entre ellos se redujera hasta casi respirar el mismo aire.

—No te permitiré que te burles de mi — sus dedos eran como garras sobre los delgados brazos. Se enterraban tan profundamente que seguramente después dejarían una marca.

—Y no lo hago, ya lo dijiste, eres mí prometido no mi marido y mientras no estemos casados lo que haga fuera de tu vista no debe de importarte — sus ojos no demostraban ni un ápice del temor que comenzaba a nacerle en el pecho. Y no era temor por él, era temor por Eren.

Ante todo no quería que el joven de ojos verdes se viese involucrado en algo tan turbio como lo era su vida.

—¡Puta! — le escupió el hombre y su mano se estrelló contra la pálida mejilla con tanta violencia que envió al más joven directo al suelo—. ¿Por qué? Yo te he dado todo, y así me pagas, ¡¿Dónde quedó esa timidez que presumes?! ¡Ni un solo beso he conseguido de ti pero a él, a él…! —el hombre liberó un sollozo a la misma vez que con ira descomunal tiraba de los cabellos color azabache —. Levi, ¿eres ingenuo o estúpido? ¿Acaso crees que él te quiere? ¿No lo ves? Sólo eres su oportunidad para obtener algunos billetes.

Los ojos de Levi comenzaron a aguarse y de sus labios salió un sollozo.

Mentira.

Mentira.

« Eres un maldito mentiroso »

«Eren no es así, es diferente a ti »

Por un momento se imaginó al moreno con otras personas, mujeres y hombres rodeándolo, absorbiendo su voz y su risa, gozando de sus caricias y sus palabras. El sollozo se hizo pronunciado y deseo arrancarse la piel al contemplar la posibilidad de que eso fuese realidad. No. No, nunca. Eren era suyo. ¿Suyo? ¡Sí, sí lo era! Y no quería compartirlo aunque tal vez no pudiese tomarlo a totalidad. Sus besos lo habían transformado; habían hecho que anhelara el ardor, el dolor y la necesidad que solo él despertaba. Anhelaba... más.

De pronto el tirón a sus cabellos fue tan fuerte que hasta casi pareció que se los querían arrancar de cuajo. Su respiración se empezó a acelerar.

—No te gusta lo bueno, ya lo veo. Es lo bruto lo que prefieres. Pero si es lo que quieres. No te preocupes, yo te de lo daré.

El terror invadió a Levi al contemplar el rostro de Farlan deformado por el rencor. Lo arrastró hacia el otro lado de la habitación.

Malo.

Era muy malo.

Le soltó un manotazo que fue esquivado y una nueva cachetada fue a dar a su mejilla adolorida, cayó al suelo nuevamente y esta vez no fue levantado sino que fue arrastrado de su brazo.

—Déjame, Farlan— su voz salió estrangulada.

Él no lo escuchó.

—No voy a hacerte nada que no te guste, porque si lo disfrutaste con esa sucia bestia sarnosa, conmigo te parecerá el edén.

—Cierra la maldita boca, Eren no es así ¿Quién eres tú para juzgar a nadie? No tienes idea de nada, Eren no…

—Él no ¿qué? No voy a caer en tus jueguitos otra vez. No eres nada de lo que creía, no tienes ni pizca de decencia, vil ramera.

Farlan lo observó durante unos segundos, buscando en su rostro alguna muestra del impacto de sus palabras.

—Eren es mejor que tú — le escupió con saña —. Siempre mejor que tú, en todo.

Tres pasos más, y su cuerpo fue levantado en vilo para ser lanzado a la cama un segundo después, en donde fue aprisionado por el peso contrario de manera brutal, sacándole el aire de los pulmones. Levi intentó alejarse, pero él se lo impidió con la presión de sus manos en las caderas. El miedo creció dentro de él cuando esas manos hoscas empezaron a meterse debajo de su ropa.

—Eres un malagradecido. Yo te he tratado mejor de lo que nunca podría tratarte él –le susurró Farlan.

—Suéltame, Farlan ¡Suéltame, ahora! —esta vez no pudo evitar gritar al sentir como una de las manos intrusas serpenteaba hasta alcanzar su entrepierna.

—Quiero follarte, mira como me pones—soltó una risa amarga y sus manos apretaron con fuerza la carne que había alcanzado, haciendo caso omiso de las palabras del más pequeño—. Mira en lo que me conviertes, si alguien nos viera ahora mismo, seguro se horrorizaría, pero es que…simplemente no puedo controlarme. No puede frenar todo el torrente de deseos que haces estallar en mí. Tú me conviertes en un ser horrible. — estaba llorando sumergido entre la rabia, el rencor, el odio, el asco y el sentimiento de sentirse rechazado.

Levi pataleó con fuerza tratando de liberarse, pero sus movimientos le causaban daño a sus muñecas que estaban aprisionadas por la mano derecha de Farlan.

—¡Suéltame de una maldita vez!— a ese punto estaba temblando y las lágrimas no tardarían en brotar, estaba asustado pero no se dejaría derrotar, tenía que seguir luchando o al menos hacerlo entrar en razón —. Por favor, Farlan, demuéstrame que me equivoco. Detente, te lo suplico.

Farlan hizo oídos sordos de sus suplicas.

—No, y ya estoy harto de escucharte. Vas a aprender la lección, nunca más quedaras con ganas de tratar de engañarme.

—¡No, no y no! —exclamó al tiempo que luchaba con más fuerza.

—Estate quieto. Al final, sé que vas a disfrutarlo— sus manos se metieron más afondo esta vez rozando la piel de su vientre, una piel tan suave que lo intoxicó. El cuerpo menudo bajo él se convulsionó, revolviéndose a más no poder—. Deja de resistirte —le susurró al tiempo que le besaba el cuello—. Acéptalo, va a ocurrir.

«No lo hagas. Por favor, no lo hagas».

El pánico apenas lo dejaba respirar, pero reunió fuerzas para levantar la pierna con la intención de pegarle una patada en la entrepierna. Por desgracia, Farlan se agachó ligeramente y lo único que consiguió fue rozarle las partes íntimas, lo que le hizo gemir de placer.

—Ves, parece que ya empiezas a colaborar — tenía la respiración agitada, la excitación le corría por las venas al verlo tan sometido. Era un exquisito placer, lo iba a tener si o si, de todas maneras no es como si el muchacho fuera primerizo en esos asuntos, a él no le podía negar que se había revolcado con el pendejo de tercera clase la noche anterior. ¡Joder! Los había visto ahí, en el pasillo mientras se comían la boca. El solo recuerdo le llenó de una nueva ola de ira. —. En verdad que te gusta lo bruto, pequeña zorra –dijo y le dio la vuelta para al fin poseerlo.

Levi no supo cómo, pero reunió todas las fuerzas de su cuerpo y en el preciso instante en que fue volteado y escuchó el desgarre de su ropa, se impulsó metiéndole un buen cabezazo a la barbilla del hombre que aulló de dolor aun así no lo soltó por lo que tuvo que darle un codazo y una patada en el estómago que lo sacó de la cama como un bólido. En cuanto se supo libre se echó a correr, los pasos de Farlan se escucharon un segundo después. Estaba siguiéndole.

Se le enredaron los pies con el ropaje desencajado. Odiaba esa ropa de mujer. Cayó al suelo, lastimándose el labio.

Un brillo plateado.

Unos pasos pesados directo a su objetivo.

Un gemido ahogado de dolor.

Un hilillo de sangre formando una gota que se perdió en el suelo.

Todo se detuvo.

Avellana contra acero puro se enfrentaron.

Ambos cargados de sentimientos oscuros y destructivos. Pero solo uno de ellos tenía las de ganar.

Levi, quien sostenía un cuchillo y lo tenía justo sobre la yugular del más alto.

—¡No me toques! ¡No te atrevas a ponerme la mano encima nunca más! ¿Me has oído?— la voz siseante de Levi era como uñas sobre un pizarrón para Farlan, helándole la sangre. Sus ojos eran como agujas que se clavaban en su alma—. Atrévete a intentarme hacerme esto una sola vez más y te juro que en el mínimo descuido que tengas te abriré de la garganta al pene, recuerda que soy hombre no una mujer. No me vuelvas a someter— y no era una advertencia, era una amenaza — ¿Comprendido?

Farlan le vio estupefacto durante un segundo y luego en movimiento demasiado rápido se lanzó sobre Levi, enroscándose en su cintura donde se echó a llorar como un niño perdido que encuentra a su mamá.

—Yo te amo tanto ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? —hipaba con fuerza entre palabras.

Levi aflojó el agarre del cuchillo sólo un poco.

—Tú me asfixias.

Y Farlan lloró con más fuerza.

—Te amo, te amo… — sus brazos se aferraron con más fuerza —…Perdóname.

—Basta ya, Farlan. Deja de portarte como un mocoso, eres mayor que yo — no entendía como las situaciones terminaron así —. Quiero que te quede claro tres cosas, uno, Eren no es una basura, dos, no soy una puta, tengo honor y tres, te di mi palabra, no voy a faltar a ello pero mientras no haya firmado ningún papel, respetaras mi privacidad y no volverás a intentar nada ¿Te quedó claro o quieres que mi amigo te ayude a comprender?—el cuchillo nuevamente rozó la piel tostada de Farlan. En ese instante no le importaba si esto lo costaría muy caro cuando ya estuviera casado con ese hombre, por el momento quería sentir que aún conservaba su voluntad y criterio propio y quería disfrutarlo mientras podía.

—Levi…

—¿Comprendiste?

El hombre asintió y se alejó lentamente de él, se puso de pie y le vio con ojos dolidos.

—Si. Hasta entonces, disfruta mientras puedas.

—Hasta entonces.

Farlan se marchó.

Quedó solo en la habitación y por fin se derrumbó llorando por una mezcla de furia y soledad.

Porque de todos modos estaba condenado. Un triunfo más o uno menos, de nada servía.

Se odiaba, se odiaba tanto.

El amor lo estaba matando.

Si no amara tanto a su madre no se estaría sometiendo a esa vida de mierda que estaba llevando y si no hubiese conocido a Eren y se hubiese enamorado de tal manera de él, podría poder sobrellevar ese suplicio. Pero ahora que había probado el mínimo sabor de ser libre, de gozar de los sentimientos de cariño, ya no podía hacerle frente a nada. Estaba contra la espada y la pared.

Se levantó con gran esfuerzo dejando caer el cuchillo que había sostenido con tanta fuerza que le dejó una marca rojiza en la palma de la mano. Se metió al baño y se despojó de la ropa, el agua fría le causó un escalofrió pero no le importó, en cuanto estuvo dentro de agua, entre lágrimas se empezó a restregar hasta hacerse daño en la piel.

Quería sacarse el toque de Farlan y alejar el asco de sentirse tan débil e indefenso.

Repugnante.

Tan repugnante.

Si antes sentía desprecio por Farlan ahora sentía un odio profundo, un odio profundo que también iba dirigido hacia sí mismo, porque en algún momento tendría que dejar que ese hombre lo deshiciera entre sus manos.

No.

No.

No.

Por un breve instante recordó la boca, el aliento y el sabor de Eren y deseo desde lo más hondo de su alma que ese tacto fuera el único que siempre le acariciara. Eren, siempre y únicamente Eren.

Los hipidos se volvieron agónicos durante una larga media hora, hasta que se sintió vacío, tan vacío que se quedó en control remoto. Debía aceptarlo, la vida se había cagado en él.

Pero…

¿No podía hacer trampa aunque sea un poquito?

Tan solo un poquito.

Se vistió con parsimonia, en una búsqueda de terminar de vaciar totalmente su mente para poder continuar y poder hacer como si nada hubiese pasado, para tragarse la bilis que le subía por la garganta al pensar que tendría que caminar y estar al lado de Farlan, aparentando siempre aparentado.

Sus manos temblaron al apretar el último tramo de corsé, y su rostro no pudo evitar girar hacia aquel objeto. El espejo. Se vio ahí, tan pálido, los ojos vacíos, un labio roto y tembloroso.

¿Ese era él?

La imagen se volvió turbia, cambiando una y otra vez. Y en cada ocasión se veía mucho más deplorable. Un pobre condenado vestido como un principito de cuentos de hadas. Pero…

Roto.

Estaba roto.

Era una muñeca y estaba roto.

Que horrible era verse en ese material traslucido y darse cuenta de su miseria.

¿Qué es lo que veía Eren en él?

Crack.

Una grieta más en su corazón.

¿Acaso tenía razón Farlan?

Crack.

Dolía tanto.

Reprimió el gemido angustiado que nació desde el fondo de su alma cuando la puerta se abrió de golpe. Kuchel Ackerman entró y sus ojos se clavaron como dagas sobre su espalda.

—Te prohíbo que vuelvas a ver a ese muchacho, Levi.

El muchacho no respondió y se giró para ir hacia el ropero donde sacó un vestido de holanes purpúreos y centro blanco. Era de tela fina y delicada al tacto.

—¿Levi? Préstame atención pequeño mocoso idiota — la mujer le tomó del brazo y Levi soltó un siseo bajo pues estaba presionando las marcas ya presente en sus brazos. Otras marcas, igual que otras que ya le adornaban, aunque eran de otras manos —. Nuestra situación es precaria, no tenemos ni donde caernos muertos y aun así insistes en ponernos en aprietos. ¿Qué no comprendes nuestra posición?

—Lo hago, un esclavo jamás olvida su situación.

—Eres un…bien merecido te tienes lo que te haga Farlan. — sus ojos estaban clavados en la herida que coronaba su labio inferior.

Crack.

La fisura se volvió más honda.

« ¿En verdad eres mi madre? »

Reprimió su llanto y respiró hondo manteniendo su cara impermutable.

—Como tú te merecerías terminar fregando suelos para ganarte el pan que te lleves a la boca.

El rostro de la mujer se deformó pasando por varias fases: desconcierto, horror, repulsión e ira.

—Tú… ¿Cómo te atreves a ser tan egoísta? Me debes la vida…

— ¿Egoísta? Mira lo que has hecho conmigo, no crees que ya te estoy pagando ese favorcito.

—Eres un malagradecido. Yo…

—Sé cuánto me odias, no necesitas ya decirlo, ahora vete, no quiere ser el causante de que te sangre la nariz y arruines tu vestido.

La mujer chasqueó la lengua y salió azotando la puerta.

Levi se dejó caer sobre la cama y se empezó a meter el vestido. Tan monótono cada movimiento que hacía. Se dio cuenta que era mejor estar en off, así el dolor se volvía pasajero. Metió los pies en las bonitas zapatillas color azul rey con broche de mariposa y salió de ahí.

Había tomado una decisión y aunque supiese que lo terminaría de destrozar no se acobardaría por ella. Valía la pena. Mientras durara.

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Eren Jeager se puso de pie de un tirón en cuanto su reloj biológico le indicó que ya había amanecido, poco le importó el horroroso mareo que le sobrevino al hacer tal gesto con rapidez, ni mucho menos el tremendo dolor de cabeza que le hacía palpitar los sienes. No, eso no importaba, había otras prioridades que cubrir.

Había pasado la noche entera dándole vueltas a todo lo sucedido en las últimas horas, lo dicho y lo no dicho, lo que sentía y lo que le brindaban. Se le revolvió el estómago. Él quería liberar y proteger a Levi, era un deseo irrefrenable porque aquel muchacho era la persona por la que suspiraban su cuerpo y su mente, pero no quería ser el otro, por esa misma razón. Lo amaba y no soportaría tener que compartirlo con nadie más. Y sabía a ciencia cierta que ese sería su probable papel en la vida de Campanita, porque él no tenía nada que ofrecerle más que la intensidad de sus sentimientos.

Se mordió el labio inferior mientras recordaba la mirada triste y cristalina de Levi que se había clavado en él cuando lo 'rechazó' y supo que le había roto el corazón. Se dio un golpe en la frente. Menudo idiota era. Él también le hacía daño y por un momento pensó que lo mejor era no volverlo a ver, cortar todo de raíz.

Pero…

No podía, simplemente no podía. Aún tenía que cumplir con su promesa.

Suspiró y se dejó caer nuevamente sobre el camastro.

Vida más desgraciada la de los pobres, sólo poder ver sus sueños y anhelos pasar.

Levi era su mayor anhelo. Lo que le llenaba el corazón y le hacía olvidar por los breves instantes que estaba entre sus brazos todo lo malo que le había tocado vivir. Sonrió al pensar en él. En su compacto amor, aquella personita huraña y malhumorada pero también dulce, inocente, fuerte y tenía un no sé qué, que lo enloquecía, lo abrumaba.

Era perfecto.

Lo que sentía por él era distinto a lo que había sentido antes por alguien. Era un amor más allá de lo terrenal. Era tan intenso que lo llegaba a consumir.

El saberlo perdido era un dolor mucho más grande que el que tuvo cuando le tocó ver a sus padres morir en un sucio callejón. Se le comprimió el corazón y meneó la cabeza tratando de borrar aquellas imagines que siempre volvían en sus pesadillas. El solo pensamiento de eso le causaba un corrientazo de dolor en sus sienes. En medio de esa bruma de dudas y pesares, la imagen de Campanita volvió como una especie de espejismo, sus labios modulando palabras que a él le sabrían dulce.

« Todo está bien. Estoy aquí. »

Tan hermoso.

¿Sabría Campanita el efecto que causaba en él?

Probablemente no.

¿Qué iba a hacer con ese chico?

Vaya, era capaz de lanzarse de un abismo, si así se lo ordenaba Levi. Pero también sentía en lo profundo de su alma que el muchacho de ojos de una mezcla de color acero y azul jamás le pediría eso. Cuanto deseaba aceptar lo poco que él le ofrecía.

Pero sabía que al final sólo se terminarían haciendo más daño y no quería que las cosas terminaran así.

Se irguió nuevamente y dejó ir todos esos pensamientos. Ya no había caso, pero no olvidaría su promesa. Esta vez se levantó más despacio y sacó la otra muda que tenía para cambio y tomó el jarrón de agua que usaría para asearse.

Una vez que estuvo listo salió a paso rápido para ir en su búsqueda. Quería dejar las cosas en claro y terminar de cumplir con su promesa.

Para cuando llegó al salón de primera clase, el sonido de canticos le llenó los odios. Voces repetían una plegaría al Altísimo. Como le gustaría escuchar únicamente la voz de Levi cantando algo así.

Se sonrió ante el bobo pensamiento de un Levi con alitas y arpa.

Sería algo muy hermoso de ver. Divino. Celestial.

Aunque…no era algo muy alejado. Levi era un ángel.

Su ángel.

Bajó las escaleras con premura y de largo pasó a Shadis que le vio con sus ojos críticos pero le dio un saludo cordial. Eren sólo cabeceó y le devolvió con una sonrisa. Se metió las manos a los bolsillos y siguió caminando.

Pero cuando llegó hasta donde provenían las voces y que él sabía era el lugar donde se encontraba Levi, no logró entrar.

Un par de tipos se pusieron delante y los ojos color esmeralda de Eren los acribillaron a ambos.

—Quiétense, tengo que hablar con alguien de ahí adentro.

—No, y le pido por favor que se retire, usted no debe estar aquí. Regrese a su lugar.

Eren largó una risilla.

—Oigan, estuve aquí ayer. Déjenme pasar.

—Le repito que…

—Oh, señor Jeager, que sorpresa — los ojos de aquel hombre le repasaron de abajo hacia arriba con desprecio —. ¿Qué le trae por aquí?

—Quiero hablar con Levi.

—La señorita Ackerman y el Señor Churchs siguen agradecidos por su ayuda de la vez anterior y le envían esto — sacó un par de billetes y lo extendió hacia el joven que frunció los labios.

—No quiero su maldito dinero — despreció el gesto del hombre con un manotazo —. Apártate, es con Levi con quien quiero hablar — dio un paso al frente pero fue detenido por aquel hombre de cabello castaño claro.

—Eso no es posible, además debo recordarle que su presencia aquí es importuna, usted tiene un pasaje de tercera clase… — repartió los billetes entre los hombres que estaban a su lado—…así que es mejor que se marche, señores podrían mostrarle el camino al Señor Jeager.

Eren achicó los ojos, tenía unas ganas tremendas de romperle hasta el último diente a aquel tipo, pero se contendría, no le daría problemas a Campanita, se apartó las manos de los hombres que le sostenía y los empujó con fuerza.

—No es necesario, ya me sé el camino, señor perro castrado… — le hizo una reverencia en son de burla —…gracias por su atención.

Se dio la vuelta escuchando el siseo apretado del hombre, una palabra obscena le había soltado.

Eren rechinó los dientes por la rabia. Malditos bastardos que lo trataban como basura, pero no le impedirían que hablara con Levi, necesitaba verlo, algo tiraba dentro de él indicándole que el muchacho lo necesitaba y él se lo daría. Él era un Jeager y un Jeager no se deja vencer nunca, ni aunque esté consciente de su derrota.

Se escabulló por los pasillos, perdiéndose entre las gentes, sabía que lo más probable es que después de la misa irían a tomar el té. Ya casi era la hora.

Los aristócratas eran tan predecibles.

Se cogió 'prestada' una gabardina y un sombrero de un tipo que estaba jugando con su hijo, así nadie lo reconocería y podría 'asaltar' a Campanita.

La próxima vez que lo vio, venía hablando con Shadis, conversaban sobre algo de los botes y la tripulación, delante de ellos venían muy sonrientes la madre y aquel bastardo de Farlan, vaya que las víboras se juntaban con gusto a retozar bajo el sol. Agachó la cabeza cuando ellos pasaron a su lado.

Campanita también pasó a su lado como la estela de una bruma ante el amanecer.

Un aguijón se clavó en su pecho.

¡Dioses! Sus ojos, sus ojos…estaban…vacíos. Donde había quedado el brillo que la noche anterior refulgían en esos ojos tan preciosos. ¿En verdad el haberle rechazado le había afectado? Pasó saliva y le siguió y cuando Shadis se adelantó algunos pasos, él le haló con ímpetu hacia un compartimiento que estaba abierto.

Lo aprisionó contra la puerta en cuanto la cerró. Sus brazos se envolvieron entorno a aquella criatura que ni siquiera se crispó ante su acción.

—Eren, suéltame — su voz se oía tan apagada.

—Campanita…

—Suéltame, tengo que regresar.

—No, ¿Qué rayos te ocurre? Lo de ayer…

—Olvida lo de ayer, Eren. Suéltame, yo te…

—No, mira, yo sé lo que dije, pero tú también…

—Estaba borracho, sí, fue una tontería. De verdad, gracias por todo lo de ayer, fue muy divertido, pero fue una estupidez. Estoy comprometido y debo honrar a mi prometido.

—Tu prometido, mis bolas. Levi mírame — y le sujetó del rostro y hasta ese instante se dio cuenta de un detalle —. ¿Qué demonios es esto, Levi? — sus dedos acariciaron la pequeña herida que se encontraba en la esquina del labio inferior —. ¿Él te golpeó? Hijo de puta — su voz se cargó de rabia pura —. Yo lo mato, le sacaré las vísceras a puro golpe.

—Farlan no me golpeó, ayer me resbalé al entrar a la habitación y me golpeé.

—No me mientas, Levi — sus ojos habían adquirido un tono dorado y Levi bajó la cabeza ante su intensidad.

—Y si lo hiciera ¿Qué?, tú no eres nada en mi vida, Eren, no tienes por preocuparte por lo que me pase, no es tu deber protegerme — apartó las manos morena y trató de alejarlo pero no lo logró porque él lo apretó con más fuerza contra la madera.

—Sí, tienes razón, yo no soy nadie en tu vida, pero si tengo que protegerte, ¿lo recuerdas? Te lo prometí.

—Entonces deshazla, no necesito eso, yo estoy bien.

—No lo estás — su voz se endureció —. Levi, sólo mírate, te estás ahogando, a este paso te morirás, tal vez no ahora porque eres fuerte, pero será peor, poco a poco te irá consumiendo hasta que te termines de vaciar.

—Ya lo estoy — sus palabras se clavaron como un puñal en el pecho de Eren —. No te preocupes, nada ha cambiado, gracias por tu tiempo, Eren — y se liberó de él, dándole la espalda para abrir la puerta, pero Eren lo tomó nuevamente con brusquedad obligándolo a regresar a su antigua posición.

—No. No me vuelvas a decir eso, ¡Maldición, no! ¡Joder, que demonios tienes en la cabeza! ¿Es en serio, Levi? ¿Sólo eso? ¿No vas a luchar? ¿No querías ser libre?

— ¿Y para qué?

— ¿Para qué? Para vivir, Levi, vivir.

—No conozco lo que es eso, así que no lo necesito.

—Yo podría…

—Tú no lo harías.

—Claro que lo haría.

—Entonces…— sus manos se levantaron creando un recorrido que inició en el pecho moreno, luego se deslizó a sus brazos y terminó en aquel hermoso rostro coronado por esas esmeraldas que lo veían con tanta intensidad, nuevamente se estaba dejando embriagar —…Eren, se mi amante.

El muchacho se separó unos centímetros de él.

—¿Qué?

—Eso, si dices que quieres liberarme, que quieres protegerme, que estarías dispuesto a enseñarme a vivir, entonces se mi amante.

—Yo no quiero ser tu amante.

—Entonces no interfieras en mi vida — se le estaba rompiendo el corazón, pero es que en verdad necesitaba encontrar una manera de quedárselo o de alejarlo para siempre de su lado. Por ahora no podía ofrecerle nada más, pero luego…luego, claro que le daría todo, pero es que Eren sólo estaba viendo las cosas del sentido más de corto plazo y superficial —. ¿Entonces…? ¿Sí o no?

—Tú… ¿Por qué me propones esto, Levi?

—Es un adelanto.

—¿Adelanto?

—Sí, ¿Qué sientes por mí, Eren? — sus dedos acariciaban las morenas mejillas a la misma vez que pegaba más sus cuerpos —. Dímelo.

—Creo…creo que te amo.

—Yo también creo que siento eso. ¿Entonces? — su voz se volvió un susurro y cuando buscó la mirada del más alto, se derritió, su corazón se desbordó y se le aceleró la respiración.

Eren se sentía obnubilado, sabía que debía resistirse, pero no iba a hacerlo. Cada segundo que estaba con él se convertía en una tortura a la que solo podía poner fin de una manera. Allí, envuelto en su aroma y viendo el deseo que había en sus ojos, sentía que no debía pensar en nada más.

«Mío».

«Se sólo mío».

«Consúmete en mi deseo».

Bajó la cabeza lentamente, saboreando cada momento antes de rozarle los labios con los suyos. Él abrió la boca de inmediato, aceptando su presencia, y él sacó la lengua. Su sabor lo embriagó tanto como su aroma y dejó de pensar por completo. Se apoderó de él la necesidad que tanto tiempo llevaba negando. Estaba desesperado y hambriento.

Guiado por el instinto, se inclinó sobre él y él se dejó aprisionar, tal y como había pasado la vez anterior, no se opuso cuando lo levantó de un tirón, en cambio sintió como las piernas del más bajo se envolvían en sus caderas. En esa posición, no había una parte de su cuerpo que no estuviese en contacto con el de él.

—Eren —susurró.

—Campanita.

Lo besó con más ímpetu, con más ansias, y todo se desvaneció. Sólo quedaron ellos dos, sintiendo esa tormenta de sentimientos que los arrastraba a un mundo tan distinto al que vivían, un mundo lleno de vida, luz y placer. De belleza.

«Mío. Es todo mío».

Habían empezado aquello por algo... ¿Por qué?

Sintió sus manos en la espalda, provocándole un sinfín de escalofríos de placer. Ah, sí, su proposición. Deseaba tanto un sí, que lo estaba seduciendo para lograrlo.

—Respóndeme, Eren—mientras hablaba, se refregó contra él, abriendo un poco más las piernas, proporcionándole un hogar a su cuerpo caliente.

Eren gimió, lo deseaba tanto, que no pudo por menos que dejarse caer en ese hogar, apretándose contra él y gimiendo de placer. Era perfecto. No podía quedarse quieto y, sin darse cuenta, empezó a moverse, buscando más contacto. Levi gimió también, y Eren no pudo contener sus deseos, sus manos viajaron de la cintura hasta sus piernas y apartando la tela estorbosa del largo vestido, metió la mano entre los dos cuerpo para tocarlo. Y fue bien recibido, el sonido que le sacó al hacer eso le encendió en mil. Así pues, Eren se convirtió en el animal ansioso que realmente era.

Le mordió el cuello y él se estremeció al tiempo que gritaba:

—¡Eren, sí! Dame más.

Lo obedeció porque todo el cuerpo le pedía que lo hiciera disfrutar como se merecía. Ese chico... estaba hecho para él, solo para él. Lo anhelaba tanto. Campanita arqueó la espalda mientras le pasaba las manos por la espalda, clavándole las uñas de vez en cuando y le apretaba las caderas con sus rodillas. Y luego... bajó la mano hasta su sexo y lo acarició sobre la tela.

—¿Está bien así? —le preguntó.

—Mejor que bien.

Debería poner fin a lo que estaba ocurriendo antes de que no hubiera marcha atrás. Pero no podía hacerlo. Llevaba tanto tiempo deseándolo, que preferiría morir a privarse de aquello.

—Por favor —susurró él—. Quiero más. Dame más, Eren, por favor.

—Sí —le levantó la falda con dedos temblorosos. Tenía que desnudarlo, tomarlo y marcarlo para demostrar que era suyo, que le pertenecía y que nadie podría separarlos jamás. No se podía conformar con ser el amante, no, eso no.

Amante.

El recuerdo de sus palabras se insertó como un dardo en su mente y alejó las manos de su actual posición para dejarlas en las caderas estrechas del muchacho de ojos color acero azulado, aunque ahora estaban más azul cristal que otra cosa. Cargados de deseo. Se mordió los labios para no sucumbir a las ganas de volverlo a besar.

—No, no puedo ser tu amante, es que…

Levi lo empujó con brusquedad apartándolo totalmente de su cuerpo.

—Entonces se acabó.

—Levi, entiende.

—¡Trato de hacerlo! Pero no sabes cuánto me confundes. Aceptas mis toques y de pronto te apartas. No debería haberte besado, lo reconozco. Está claro que tú no vas a aceptar lo que te doy, quieres acapararme pero no entiendes mi situación.

Levi estaba tan harto de fingir, de tantos recuerdos y temores y cuando encontraba lo que siempre deseo, este se cerraba a sí mismo y lo dejaba a la deriva. Jamás debió dejar que le diera a probar de la manzana del pecado. Le vio con dolor y se dio la vuelta. Abrió la puerta y dio un paso hacia afuera pero antes de salir totalmente soltó con voz trémula mientras sentía los pedazos de su corazón caer al suelo.

—No vuelvas a buscarme, Eren. Esto se acabó.

Y salió completamente cerrando la puerta tras de sí, igual que estaba cerrando toda esperanza en su interior.

Se había terminado.

Era mejor así.

* Notas finales:

Hola mis bollitos con miel. Mil gracias por haber llegado hasta acá, espero les haya gusta este capítulo. Como ya había dicho antes, he cambiado muchas cosas de la trama original de la película y por eso habrán muchas sorpresitas, espero que también esas le gusten. No saben cuánto me animan y me ayudan sus comentarios, así que no olviden de dejar sus bonitas opiniones en la cajita de review. Pido una disculpa por publicar hasta estas horas, pero es que mi día fue un asco y hasta ahorita pude darme un momento para hacerlo. Perdonadme, así como perdonadme los chorrocientos mil errores que lleva este escrito, luego lo edito.

A Patatapandicornio, MagiAllie, N. Jeager, Gabii-chan, YoshiUchiha, L. Middford , Nell Qhuay, Portgas D. Rico y Ola-chan, pimpollitos mios, muchas, muchas gracias por todo el apoyo, son la luz de mi vida, cada palabra, cada pensamiento que me expresan me hacen gritar con tanta emoción que creo que despierto al vecindario y hago aullar a los perros, ¿Cómo pueden ser tan bellas mis amadas nena? Sos un sol de vida, espero que a cómo va la trama les agrade, su apoyo ha sido para mi como maná del cielo. Las adoro con todo mi corazón, siento contestarles de esta manera, pero prometo que les contestaré por PM, es sólo que estoy un poco cansada y otras cosas más, se los juro, les contestaré, porque valoro mucho todo lo que compartís conmigo y se merecen que yo también me dedique a ustedes. Las amo mucho.

Con amor

Charly*