Disclaimer| Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama. Titanic es de Century Fox y Paramount Pictures [Guionizada por James Cameron].

Advertencia| BL. Ereri. Remake. Drama. Romance.

Nota 1| Hola mis niñas hermosas. Aquí está el final para estas cositas tristes y mojadas. Espero lo disfruten. Nos leemos allá abajo. Las amo con toda mi alma.

Al Fic.


TITANIC

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Capitulo

13

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"Quiero agradecerte por darme el mejor día de mi vida

Y, Oh, simplemente el estar contigo

Es como tener el mejor día de mi vida.

Pues tu presencia a mi lado me recuerda que nada es tan malo"

Thank You. Dido

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Había escuchado su voz en un murmullo lejano, débil, espaciado como una repetición de parpadeos ante el inminente sueño eterno, luego sintió como sus dedos entumecidos rompían su conexión y luego nada. Inspiró con dificultad tratando de que su sistema se reconectará, pero dolía cada esfuerzo, se quedó durante un eterno segundo con la cabeza revuelta, cargada de una necesidad que sus neuronas no lograban hilvanar, el corazón en una cadenciosa decadencia y el cuerpo moribundo «¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que deseo? ¿Qué es lo que necesito?» Entonces el sonido de su voz volvió a recorrer sus tímpanos y todo hizo sinapsis en su mente, su corazón se apretó dentro de su pecho e inició una carrera alocada buscando calentar su sangre para que él reaccionará, pero ya era tarde, Levi lo había subido a la tabla y se había alejado de su lado articulando palabras que apenas su cerebro podía procesar, entendió la mitad y lo otro solo fue un zumbido en sus oídos. Aun así, las que logró entender le desagradaron y había tratado de sujetarlo y había fallado. Después había intentado que algún sonido brotara de sus cuerdas vocales para retenerlo y había sido doblemente en vano, su voz se había desvanecido, estaba congelada, sus labios tampoco se movieron, no más allá del temblor que también le hacía castañear los dientes produciendo un sonido chirriante, lejano.

—Levi. —su nombre solo fue un sonido que hizo eco en el fondo de su mente.

Se quedó viendo como su Campanita se transformaba en un borrón en medio de—seguramente—cadáveres flotando en un danzar lento, hasta que sus ojos cansados no pudieron verlo más. Los siguientes segundos la incertidumbre lo destruyó y el miedo que sentía por la seguridad de Levi creció más y más, volviéndose fuerte, instándolo a seguirle. Reunió todas sus energías y luchó para hacer reaccionar todo su cuerpo, pero lo único que pudo hacer fue moverlo en un espasmo torpe, su primer intento fracasó y se sintió miserable, se le aceleró la respiración y entonces como nuevo intento, se dio a rodar, funcionó y el nuevo contacto con el agua no fue congelante—de todos modos su ser estaba lleno de frio—, más bien fue aplastante, una sensación de ahogo instantáneo, boqueando como pez sacudió su cuerpo, forzó el aire de sus pulmones a volverse voz. Graznidos bajos nacieron repitiendo un sinfín de veces «Levi». Graznidos que solo eran escuchados por él, porque eran hilillos de sonidos que se perdían rápidamente. Aquello no iba a funcionar. Respiró hondo dos y tres veces tragándose la sensación opresiva. Empezó a nadar. Tenía que alcanzarlo a como diera lugar, no se permitiría ser el causante de su muerte, su Levi no tenía que morir ahí, tenía que salvarse, encontrar la felicidad. El tiempo que el silencio se revolvió con el silbido que dejaban las ráfagas de escarcha sobre el agua oscura, fue una tortura. Moviendo sus piernas y su brazo sano se impulsaba con dificultad en pos de su Campanita, entre más pasaba el tiempo, más sufría al imaginarse que lo encontraría flotando inmóvil como la gente con la que chocaba y lo hacía tragar abundante agua y lo sofocaba.

«Levi»

¿Dónde estaba?

«Tic-Tac»

El frio se lo iba a volver a arrebatar.

«Levi»

Una señal, tan solo una señal, era lo único que necesitaba para ir hacia él y así se desgarrase hasta lo inimaginable, lo volvería a poner a salvo. Pero su avanzar era tan lento que se desesperaba y lo torturaba tanto físico como emocional. Cada segundo era una cuenta en la suma de la victoria o la derrota, pero los granos parecían estar desgranándose hacía la caída.

Entonces, el sonido de un silbato vibró a través de sus oídos. Pequeño, escurridizo, forzado.

«¿Levi?»

Tenía que ser él. Su mente se forzó a creer que era su Campanita.

«Estás ahí. Ya voy por ti.»

Guiado por el sonido continuó nadando, inhalaciones y estertores de su corazón alineándose para darle las energías de seguir. Cerca, muy cerca. Las ondas de sonido se fueron debilitando y a pesar del dolor se forzó a ir más rápido, pero entonces su guía desapareció. Y él se paralizó. «No, no por favor» Su mente lo traicionó y se le formó una imagen, una funesta y una lágrima traicionera se deslizó confundiéndose con el agua que mojaba sus mejillas.

«Dime que no me abandonarás nuevamente»

«¿O las hecho ya?»

—¡Levi! —le llamó en un lamento que no fue más que un gorgoteo destrozado.

Silencio. El rumor del agua.

«Lo has hecho ya»

El nudo que se había formado en su garganta se desató y las lágrimas se desbordaron con abundancia igual que los fragmentos de su corazón.

—Te odio, Levi. Te odio—farfulló con el vaho helado y blanquecino brotando de entre sus labios pegándose en su piel, creando escarcha en sus pestañas y en las puntas de sus cabellos—. Te amaba tanto y me has dejado otra vez.

Dejó de nadar. Su cuerpo cansado se quedó junto a los bultos de ojos vacíos, de pieles fantasmales y labios entreabiertos sin aliento. El cielo reflejado en al agua serpenteaba entre el movimiento pausado y las estrellas eran ojos perversos que se burlaban de su destino.

—Pero no escaparás de mí.

«¡Levi!», gritó él de nuevo, pero en aquella ocasión, mentalmente. «Pronto estaré contigo. Estaremos…». Sus pensamientos comenzaron a fragmentarse. Sus respiraciones se ralentizaron. «Estaremos juntos otra vez». Las lágrimas hicieron un caminillo en la piel fría de su rostro una y otra vez, como una expresión del desgaste de sí mismo igual que el sonido que escapaba de su garganta en unos sonidos cortados.

Sollozos. Lamentos adoloridos.


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Cuando sus energías lo traicionaron, se hundió, imposibilitado de mantenerse a flote. De un segundo a otro se vio rodeado de oscuridad, inmóvil, entumecido por el frio, sus entrañas congelándose, en una secuencia de petrificación que avanzaba y carcomía cada nervio y se inyectaba como púas plateadas en sus pulmones, asfixiándolos por la necesidad de aire. Necesidad para la que ya casi no tenía fuerzas. Pero no se dejaría vencer. La sensación del silbato entre sus dedos se lo recordó.

—No te rindas—se dijo. Un pensamiento que resonó en cada rincón de su interior. Pero la falta de oxígeno lo estaba llevando a un sin retorno, no sería tan malo si el dolor en su herida no fuera tan exageradamente punzante y constante de modo que le robaba fuerzas y aliento con mayor celeridad. Hundido en la oscuridad trataba inútilmente de volver a flote, el agua se le metía por la boca en cada intento que hacía de mover sus extremidades.

«Continúa; sigue luchando»

Pero su ser mismo estaba volviéndose hielo y lo convertía en algo pesado que se hundía lentamente.

«Eren» El nombre de su amado atravesó su mente y fue como una onda de calor que lo revivió como lo había hecho él hace apenas una hora cuando su vida se había escapado. «Eren» toda su mente dirigida al dueño de aquel nombre en una búsqueda de aferrarse para sobrevivir y funcionó, el hielo comenzó a fundirse y lo abandonó. E igual que antes, el fuego ocupó su lugar y se fue extendiendo como un ácido que le invadía las venas. Se le nubló la visión durante un segundo y al otro su cuerpo finalmente reaccionó en total y de dos grandes brazadas se impulsó buscando salir a flote. La visión distorsionada del cielo estrellado en el agua le indicaba su cercanía a la superficie y cuando pudo verlo a través de una delgada cortina acuosa se sintió aliviado. Aceleró los movimientos. Al salir tosió severamente sacando el agua fría que se había colado dentro para poder dar una gran bocanada de aire. Cuando sus ojos se volvieron a acostumbrar a la luz azulina que bañaba su piel, se encontró con ese cielo cruel cubierto de cascabeles brillantes que creaban un camino lechoso y extenso como un rio y que era el causante de aquel halo de color pálido. Con los brazos doloridos por el agotamiento se mantuvo a flote, evitando hundirse nuevamente. El aire que corrió acariciando el agua oscura le causó un estremecimiento pero no le importó, dio nuevas brazadas para deslizarse hacia adelante, seguir con sus esfuerzos, ir tras la salvación, pero entonces escuchó un sollozo, un hilo de voz, la voz de un hombre, un grito desgatado de tormento. Se quedó rígido.

¿Eren?

¡Eren!

Debía ser una broma. Pero era una verdad, a pesar de ser solo un murmullo él reconocía esa voz. Y era Eren. Sus ojos se movieron con rapidez tratando localizar la tabla donde lo había dejado, los cadáveres flotaban por doquier pero donde él tenía la seguridad lo había dejado, solo una superficie lisa lograba captar. Por lo tanto aquel sonido no provenía de aquella dirección exactamente. Cuando volvió a oírlo de nuevo, forzó a sus brazos a moverse, en pos de los gritos.

Un nuevo grito ahogado. Un lamento.

Sonidos que se repitieron como el caer de las arenas del reloj de la muerte.

«Ya voy, ya voy»

Deshizo su avance, retrocediendo por él. Casi no podía respirar y pronto volvería a quedarse sin energías. Encontrarlo rápido era lo que debía. Pero buscar entre los objetos flotantes era difícil, pues le impedían el avance y lo confundían, en algún momento creyó haber llegado hasta él pero había sido otro cadáver lo que había girado y tuvo que retener el chillido nada masculino que pugnó en su garganta. Aquellos ojos emblanquecidos le causaron pasmo, parecían verlo y a la vez no, le recordaban su desenlace próximo, sacudiendo la cabeza se retiró chapoteando trabajosamente, el dolor iba creciendo.

Prosiguió su búsqueda, respirando trabajosamente y con el corazón martilleando dolorosamente, hasta que al final dio con él y el estado en que lo encontró le causó un temblor de terror. Estaba flotando, con los fijos en el firmamento «No. Dios por favor no», estiró sus dedos y le alcanzó del cuello de la camisa, rozando la piel empapada para girarlo hacia sí. El brillo de luz de vida que encontró en ellos lo hizo llorar de alivio y no dudó en cerrar las distancias entre ellos sintiendo las manos de Eren sobre su cuerpo.

Ya no sabía cuánto más podría soportar ese sube y baja que lo estaba destrozando, pero lo haría, porque deseaba estar con Eren, pasar una eternidad a su lado, amarlo más allá de todo, así fuese en la muerte o el mismísimo infierno.


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Eren ya no tenía fuerzas, ni aliento, ni esperanza, para él todo había acabado. Flotando, llorando el nombre de su amado, con los ojos perdidos en el firmamento frio y hermoso, quedó. Se decidió a morir ahí, ya no tenía caso seguir, pero entonces unos deditos glaciares tiraron de su camisa de manera temblorosa y se encontró con Levi de frente. Estaba mucho más pálido, podía ver el azul de sus venas, respiraba con dificultad y tenía los labios morados, temblorosos.

Al castaño se le rompió el corazón.

Levi jadeó cuando él lo estrechó con ahínco y desesperanza. Lo apretó tanto a pesar de su debilidad que él gimoteó de dolor y no pudo evitar tomarle del rostro y besarle cada tramo de piel de aquella área mientras le regañaba con voz de hilo.

—¿Por qué no te quedaste donde te dejé? ¿Por qué haces semejantes estupideces?—entre palabras y palabras lo acribillaba de besos, sentía los dedos de Levi haciendo presión en sus muñecas—. Eres un tonto, eres un tonto ¿Por qué insistes en romperme en mil pedazos? ¿Por qué no me dejas salvarte con libertad?—en cada beso, una lágrima más.

—Basta ya—le amonestó el otro pero él no hizo caso y lo siguió besando—. ¿Acaso no lo escuchaste? Está aquí, está aquí.

«¿Quién? ¿De qué hablaba?»

—Haz sonar el silbato, hazlo—le apresuró su Campanita, pero seguía sin entender—. Tenemos que llamar su atención, pero me cuesta tanto respirar. Hazlo, Eren. Hazlo, por favor.

Y no cuestionó sus palabras, simplemente en cuanto Levi colocó temblando el pequeño objeto resplandeciente entre sus labios, sopló, liberando el aire de sus pulmones, sacándole un patético sonido entrecortado que se perdió en el rumor del agua bamboleante, se rió internamente con amargura, se estaba vaciando, su vida cristalizándose, pero volvió a soplar y esta vez el silbido fue mucho más claro aunque débil y así las tres veces siguiente hasta que ya no pudo siquiera respirar y sus labios dejaron de hacer presión en el objeto que se resbaló de los dedos de Levi, perdiéndose en el océano ancho y negro. Hundió su cabeza en el hueco del cuello de su Campanita, su corazón iba congelándose paralizando su sistema. Le causó asombro el hecho de que ya no sentía dolor, pero sentía temor, la oscuridad tiraba de él, sabía lo que significaba, su tiempo se estaba mermando. El llanto le golpeó la cocha de la oreja, le dio un beso en el lateral del cuello y luego elevó el rostro. Vio la lividez de su piel, sus rasgos petrificados, la rigidez de su cuerpo. No le gustaba verlo así, aquel gesto roto manchaba la imagen que tenía de él.

—Por favor sonríe para mí— le pidió, quería ese recuerdo, saberse poseedor del dominio de su sonrisa.

Levi le obedeció «Tan bonito. Tan dulce. Tan suyo». Y por un momento, un momento hermoso, la calidez se elevó en su expresión, ahuyentando el frío, pero rápidamente se fue.

—No llores, amor —dijo—. No hay nada que temer. Estamos aquí, juntos—, volvió esconder su rostro en aquella bonita curvatura donde podía sentir las palpitaciones lentas de su amado. Sus órganos estaban fallando, y el hielo que había avanzado paulatinamente en su interior, ahora estaba terminando de matarlo. Reconocía bien aquel sentimiento. Y una vez lo había experimentado. Aquél era su final.

—Te quiero—le susurró a Levi.

—Entonces quédate conmigo. Resiste. ¡Eren! ¿Me oyes? ¡No me dejes! —le suplicó Levi, los deditos blancos hicieron presión sobre la piel de sus brazos, pero ya no podía más.

—Te quiero— repitió él, y entonces, como no podía luchar más, permitió que la oscuridad lo empezará a halar hacia abajo mientras fugaces recuerdos se deslizaban por su mente, recuerdos de Levi y él, la forma en que su historia se había tejido hasta ese punto, y entonces se dio cuenta de algo cuando la imagen del azabache bañado por la luz de bengalas se alejaba en brazos de Farlan. Por mucho que hubiese luchado por salvarle, él mismo lo había condenado a aquel desenlace. Así pues, él lo había matado. Otra vez. Porque Levi lo había seguido en todo porque lo amaba. Su amor por él era lo que lo había condenado. Seguramente Levi estaría a salvo lejos de él, si tan solo hubiese escuchado a su cabeza y no a su corazón, si no se hubiese dejado confundir por las promesas de Annie o si desde el principio no se hubiera rendido al deseo que sentía por él y que lo impulsó a meterse en su vida. Se llenó de remordimiento y se sintió miserable. No merecía estar muriendo en los brazos de su Campanita.

—Perdóname— fue lo último que le dijo antes de que la oscuridad se le clavara como si fueran cientos de flechas envenenadas. Y él aceptó la tormenta con los brazos abiertos en pago a su pecado.


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Cuando sintió como el cuerpo de Eren se volvía un peso muerto, se desesperó, moviendo los brazos para mantenerlos a los dos a flote trataba infructuosamente que él reaccionará, podía sentir la respiración ralentizada en su cuello, todavía estaba vivo pero inconsciente. Una muy, muy mala señal.

—Por favor, Eren, por favor despierta—con la voz arrastrada le llamaba pero él no respondía—. No me dejes, maldita sea. No me dejes. Resiste, por favor—el llanto se volvió más abundante al percibir que posiblemente no había retorno—« Mentiroso, mentiroso»—le reclamó, pero esta vez en su mente.

Soportar dos cuerpos fue imposible para él que ya no tenía más fuerzas que para respirar, dejó de mover sus brazos y se aferró a aquel cuerpo pegado al suyo, una sonrisa chiquita y que se caía en sus comisuras se pintó en su rostro al dejar de luchar. En verdad era el final. Se abrazó más y se permitió quedarse así en sus últimos momentos.

«Al menos estamos juntos. Soy feliz»

El agua a su alrededor se meció de una manera extraña pero eso a él no le importó. Quería disfrutar de su final, algo que no pudo hacerlo porque de un momento a otro se sintió tirado con furia y pegó un chillido de desesperación.

—¡No! ¡No! —pero aquella fuerza no obedeció, volvió a tirar de sí, obligando a sus brazos doloridos deslizarse del cuerpo de Eren, pero lo retuvo con sus dedos, exprimiendo sus energía mientras giraba el rostro para reconocer a aquel intruso.

Era ella.

Mikasa.

La mujer que los había abandonado y había regresado después en búsqueda de alguien que ya no existía.

—Déjalo ir, maldición, él ya no… —pero fue interrumpida por su voz iracunda.

—No te atrevas, no te atrevas—le dijo, con los ojos de alfiler destrozándola pero luego se aguaron, porque no tenía otra salida, porque era lo único que tenía y Eren en verdad se estaba muriendo, gimió de dolor, de súplica, sus ojos vidriosos mientras miraba implorante a la mujer— Por favor, por favor.

Ella maldijo entre dientes y lo vio con fastidio casi preguntándole con sus ojos negros inmisericordes «¿En verdad lo amas tanto que pones su vida antes que la tuya?» y él solo tenía una respuesta para eso. Sí. Un rotundo y claro sí.

Sintió una punzada de felicidad en el pecho cuando ella lo soltó y le arrebató a Eren de su agarre para empezar a alejarse de ahí. Si ella le dijera que la única forma de pagarse por eso era que se arrastrara ante ella y le besara y le lamiera los zapatos, él con mucho gusto lo haría. Haría cualquier cosa que le pidiera, sin importar lo vil que fuera.

Oh, sí, él amaba a ese hombre.

Algunos minutos después ella regresó a por él, pero esta vez subida en el bote en que seguramente había escapado, a pesar del halito que apenas recubría todo él pudo verlo, ella tenía los ojos enrojecidos —y él sospechaba que no era por la sal del agua—, los labios temblorosos y las mejillas enrojecidas por el esfuerzo. En cuanto extendió la mano hacia él, no dudó ni un segundo en tomarla, una vez arriba se acurrucó al lado de Eren que respiraba suavecito, excesivamente lento.

—¿Dónde está? —le preguntó ella con voz profunda, apresurándolo.

—¿Quién?— reaccionó al instante—. ¿Annie?

—¿Quién más, idiota? Si, hablo de ella, porque si he vuelto es por ella, ustedes son un peso extra. Así que dime, ¿Dónde está? ¿Está cerca?

La vio durante un espaciado segundo, reconociendo sus gestos, la verdad detrás de su ojos y no pudo más que ofrecerle una disculpa.

—Lo lamento. Ella se fue, antes de que el barco se hundiera completamente—la garganta se le cerraba, estaba en su límite.

Mikasa abrió los ojos presa de la sorpresa y luego toda su expresión se fue desdibujando, primero en la negación y luego en el dolor hasta que finalmente se cubrió el rostro con ambas manos. Levi pudo ver como los hombros de ella se agitaban suavecito. Estaba llorando, pero él no tenía fuerzas para seguir hablando, mucho menos para ir y darle consuelo, solo pudo pegarse más a Eren y cerrar los ojos, estaba tan cansado. Todo se convirtió en oscuridad a los pocos segundos, pero esta vez a él no le importaba.

La próxima vez que abrió los ojos, el cielo estaba pincelado por tonos rosas y naranjas con débiles trazos de luz dorado entre nubes entornadas. Era el alba en su nacimiento. Sus sentidos estaban adormecidos pero podía percibir las voces de muchas personas en la lejanía, el bamboleo del bote y el frio que dejaba el vació del cuerpo que había estado a su lado. Se levantó de golpe y el dolor en la herida en su abdomen lo hizo caer de espaldas, se volvió un caracolito. La voz preocupada de Eren llegó después.

—Oye, no hagas eso—le regañó poniéndose a su lado y acariciando sus mejillas—. No te esfuerces, están viniendo por nosotros—le sonrió fugazmente mientras alzaba las manos y las agitaba.

Las voces se volvieron más cercanas.

—¿Eren? —el castaño giró hacia él—. ¿Y Mikasa?

—¿Mikasa?

—La mujer del bote.

Eren no dijo palabra alguna, lo vio con intensidad durante un largo segundo y luego giró el rostro, ignorándolo para seguir con su acción de llamar la atención a las personas que vociferaban una y otra vez.

Levi calló.

Había cosas que era mejor dejarlas así. En el silencio.

Algunos minutos después unos hombres llegaron en otro bote y le hicieron señas para que los siguieran. Eren se apartó de su lado y tomó los remos para echarse a andar detrás de los desconocidos hasta que sus ojos alcanzaron a ver la estructura metálica de un nuevo barco.

«CARPATHIA» rezaba el nombre del navío en letras doradas sobre su casco color carbón.

En cuanto subieron al barco había sido llevado a una parte alejada de la multitud donde trataron su herida y la de Eren y en donde también le brindaron ropa nueva para cambiarse —a él le dieron un vestido insípido obviamente, ellos abdujeron que era mujer. «Malditos imbéciles»—, luego los dejaron descansar, él en un catre viejo y chirriante, Eren en una silla donde permaneció a su lado durante todo ese tiempo, pero Levi lo sentía, él estaba y a la vez no, no junto a él. Había algo que carcomía su alma producto de una extraña sensación que había sentido desde que había despertado. Era como si una barrera se hubiese creado entre ellos y él no pudo comprender el porqué. A pesar de la incertidumbre de aquella situación, lo dejó pasar. Le dio su espacio, hasta que Eren decidió romper aquella tensión y de paso su corazón.

El barco estaba por llegar a América cuando ocurrió, las luces de la ciudad próxima titilaban empañadas por una lluvia torrencial. Desde la ventanilla observaba aquel paisaje desgranado, la voz sibilante de Eren se coló en sus oídos.

—Cuando el barco ancle, quédate en la orilla y busca a Farlan.

Frunció el ceño y le quedó viendo con estupefacción.

—¿Qué estás diciendo, Eren?

—Búscalo y pídele que te dé otra oportunidad. Dile que yo te estaba chantajeando, que estaba liado con Mikasa y que todo era parte de un plan.

Se le formó un nudo en la garganta y apretó las sábanas blancas entre sus manos hasta hacer que el color ellas se confundieran con la tela. La furia mezclándose con el dolor. Su boca titubeó abriéndose y cerrándose. La mortificación lo consumía, masticando el orgullo en pequeños pedazos para luego escupir los huesos.

—¿Quieres deshacerte de mí?

—Levi —dijo suavemente Eren.

Pero él le oyó tan claramente como si estuviera gritando.

—¿Por qué estás diciéndome esto?

—Es por tu bien.

—Detente ahí mismo. No sabes una mierda de mi bien, grandote. —lo vio con furia disfrazada de inexpresión, porque estaba hirviendo por dentro. ¿Qué derecho tenía Eren para hacerle daño así, separándolo de él? ¿No es que lo amaba hasta hacer cualquier sacrificio por aquel sentimiento? ¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Qué había cambiado y en qué momento?

Eren lo vio sorprendido y luego presionó los labios para evitar reír.

—Y ahora te ríes pendejo.

Eren negó y sus cabellos color chocolate delicioso se mecieron a ese ritmo.

—Tan fiero y gruñón, mi chico—su sonrisa se borró y escondió su mirada detrás de los mechones de cabello que le caían en la frente—. Eres todo lo que yo desee y lo que no puedo tener porque si no terminará hecho pedazos.

—A mí no me importaría si es a tu lado—le respondió con el corazón apretado.

—Pero a mí sí. Ya he tomado mi decisión—se levantó de aquella silla desde donde había velado por él durante aquellos momentos y se acercó dubitativamente a él, se inclinó un poco y le dio un beso en la frente—. Adiós Campanita. Olvídame y se feliz.

Salió sin siquiera girarse una vez hacía él, sin importarle que su corazón se estuviese quebrando hasta lo imaginable. Afuera los gritos de los hombres y mujeres le hicieron saber que habían llegado a puerto. Estalló en llantos, encogiéndose sobre sí mismo. Sintiéndose más infeliz y vacío que nunca.

«No, no puedo. No sin ti»

—¡Pero yo no estoy de acuerdo! —explotó para sacarse las sábanas de encima y echar a correr detrás de él.

En cuanto salió, la lluvia lo empapó sin piedad, llenándolo de mayor desasosiego porque la gente se revolvía con mayor ímpetu tratando de protegerse de las gotas gordas que caían sin cesar. Se dispuso a buscarlo entre ese mar de gente y fue infructuoso al principio, empujó a varios para salir de ahí e hizo caso omiso a lo que unos empleados del barco en que había llegado le hicieron. Bajó corriendo por la rampa y se tropezó cayendo de boca al suelo, raspándose las manos y golpeándose la herida. Apretó los dientes tragándose el dolor para volver a levantarse.

«Eren, vuelve por favor» proyectó en su mente, intentando que tal pensamiento alcanzara a su amado, pero no ocurrió.

—¡Eren!—esta vez gritó a todo lo que daba su voz que estaba atragantada por el llanto—. ¡Eren!—siguió llamándolo mientras corría y trataba de localizarlo en los rostros que lo atrapaban y rodeaban—. ¡Eren!

Durante un par de minutos nadie le respondió pero luego eso cambió.

—¡Levi!

Oyó que lo llamaban, y se le encogió el estómago. Era la voz de Eren. Él lo había escuchado. Dio un brinquito para alcanzar a ver entre la multitud y lo divisó, corriendo hacia él, deshaciendo sus pasos. Sonrió y retomó su carrera, abriéndose paso entre las gentes que se acumulaba y dispersaba para continuar con su camino.

Sus pies desnudos crearon un sonido crujientemente acuoso en los charcos de agua que ya se habían formado.

—¡Eren! Aquí es…—antes de que terminara de pronunciar las palabras, lo vio delante de él, a solo un palmo de distancia. Sus miradas se encontraron. Una expresión de anhelo cubrió su rostro—. No me liberes, Eren, no lo hagas nunca —dio los pasos que los separaban, las lágrimas le quemaban los ojos, deseaba tanto esconderse entre sus brazos, no salir de ellos nunca más. Extendió sus brazos en una súplica muda para ser recibido y Eren pareció entenderlo porque sin dudarlo tiró de él con fuerza, para elevarlo en vilo, sus pies quedaron colgando durante un segundo debido a la diferencia de alturas pero al otro enredó sus piernas en torno a su cintura.

—Campanita, mi Campanita —le temblaba la voz—. Perdóname, perdóname pero yo tampoco deseo dejarte ir, así te lastime, así nos despedacemos.

—Te había dicho que quería que fueras mi vida ¿no?

Eren escondió el rostro en su cuello, llenándose los pulmones con su esencia y de paso causándole unas cosquillas deliciosas que hacían revolotear mariposas en su estómago.

—Se mío, se mío—le dijo con desespero—. Dolorosamente mío.

—Sí, sí—aceptó él con gusto—. Te quiero tanto…

Él lo abrazó con mayor fuerza, cerrando completamente el espacio entre ellos, permitiendo que respiraran el mismo aire friolento y saborearan el agua dulce que se escurría en sus rostros y descendía del cielo a cántaros.

— Y yo te amo con locura, mi Campanita. No puedo creer que a pesar de todo tú hayas venido tras de mí.

—Siempre.

—Lo presentía —respondió él, acariciándole las mejillas—. Igual lo haría yo. Soy un estúpido, lamento el daño que te causé.

Levi negó y luego juntó sus frentes.

—No importa. Ahora debemos mirar hacia delante. Estamos juntos.

Un carraspeo incomodo los interrumpió, rompiendo su burbuja. Un joven uniformado los veía apenado, entre sus manos un tabloide, un lapicero a juego y una sombrilla negra que lo protegía muy poco de la lluvia.

—Disculpen que los moleste ¿Me permiten sus nombres?

Eren sonrió de esa manera tan hermosa que él adoraba.

—Jeager. Eren y Levi Jeager. Esposos Jeager.

Un rojo tomate cubrió sus mejillas de manera avasallante y se mordió el labio inferior reteniendo sus ansias de rogarle que lo besara hasta quedarse sin aire para sellar aquellas palabras.

—Bien. —el hombre anotó con rapidez y cabeceó para despedirse apresurado dejándolos de nuevo solos, o así era para ellos.

—¿Entonces sigue en pie tu propuesta?—le dijo con los ojos pegaditos a los de Eren.

—Sí—respondió el castaño, con la sonrisa más ancha, los ojos brillantes y hermosos—. ¿Te casarías conmigo?—era una plegaria, no una pregunta.

—Sí —y asintió repetidas veces con los ojos llorosos por la felicidad que inundaba cada célula de su ser—. Te amo tanto.

—Y yo te amo a ti, mi arcángel de la soledad, mi sueño perfecto…

—De ahora en adelante, el esposo del idiota Jeager.

Eren se echó a reír.

—Mejor Campanita del cazador, Levi de mi alma…

Y entonces finalmente, él lo besó tal y como estaba deseando que lo besara. Fue más que un beso; fue una promesa. Un beso que sería para siempre. Un beso iluminado por la luz de la estatua de la libertad a sus espaldas y bendecido por la lluvia cálida que caía estruendosa sobre ellos, lavando sus penas y envolviéndolos en su mundo de amor.


[Fin]


Notas finales:

¡Dioses del Olimpo! ¡Libre soy! ¿Libre soy? Bueno, técnicamente sí. Al fin he terminado este Fic. Dioses que estoy muerta. Uff. Creí que no llegaría jamás. Pero bueno, aquí está y espero les haya gustado. Solo quedaría el epilogo que está bien diabético pero bueno. Muchas gracias por todo su apoyo y amor, en verdad no lo hubiese logrado sin ustedes. Las amo, amo muchísimo.

Y para cerrar esto y al son de When I need you de Celine Dion les presentó la premiación nivel Charly:

La tabla de Oro es para –resuenas tambores-: ¡MagiAllie!, mi personita especial que comentó en casi todos los capítulos y me ayudó mucho en esta historia. I love so much.

La tabla de reconcomiendo especial es para: KIraGuz, quien me ha hecho imágenes preciosas de este Fic. Sos una tremenda mi amor. L. Middford, Gabii-chan, beast blood por si mi apoyo incondicional en estos últimos y alocados capítulos.

Tabla de Diosas del año para: MagiAllie, Patatapandicornio, ElisaM2331, Nicot y Ola-chan. Mujeres me siento honorado que hayan seguido este Fic, ustedes son personas que admiro con toda mi alma en el Fandom y fuera de él, más que como lectoras o escritoras, como las bellas personas que son.

Y la tablita sensual llena de dulces e imágenes super sexys de Eren y Levi a:

N. Jeager, Camelia, CaocHatsune, azuc95, Nell Qhuay, Maki, Portgas D. Riko, Naanci, Callmxdaddy, Voice-L, YoshiUchiha, x-VaneYaAckerman-x, UntouchableBerserk, NanaBusujim, AdriSnape, d. teufel, Krisal Kirschtein, Katse, Akane Miyazaki, Emily.

Todas vosotras sois ángeles para mí, y las amo tanto. Gracias por compartir este viaje. Gracias, intensas gracias por todo. Y ya que es el final, me gustaría saber su opinión de este en la cajita de review.

Díganme, ¿No cagué todo el asunto? ¿Qué les ha parecido?

Mis niñas las adoro.

PD1: Eren es un idiota, un idiota resentido hasta consigo mismo. Pero es un idiota que ama mucho a su Campanita.

PD2: Sí, en la tabla cabían los dos, pero estos gatos mojados pesaban mucho.

Con amor

Charly*