30 de Elid en la tarde, Otoño del año 587 después del Cataclismo.
Lyra.
Catrein era preciosa en formas que Lyra apenas había imaginado. Claro, sus lecturas eran una cosa, y los amplios castillos en las doradas campiñas alrededor otra, pero ver ese esplendor que el sol radiante arrancaba a las fuentes cristalinas, detalladas esculturas, bellas mansiones y estilizadas catedrales casi se sobrepuso a sus sentidos. Por un instante sintió la tentación de simplemente dejarse llevar por el bullicio, acudir a la Casa de los Hermanos, ver el palacio real, o simplemente escuchar los píos y emotivos sermones de los más ancianos, apostados a la entrada. Incluso el aire seguía oliendo a limpio, lo que indicaba un muy buen sistema de alcantarillado. Todo era tan diferente a Trannidar, con sus megalíticas fortalezas e insolentes vidrieras. Luego, recordó que tenía compañía. Hablando de eso…
—Bueno Liz, ya que preguntas, la cosa funciona así: los soldados comunes son reclutados en caso de emergencia entre los ciudadanos, y llevan lanza, escudo rectangular (ese enorme y curvado que hay en la habitación especial de mamá y que usamos de trineo el invierno anterior) o una pica más grande y aquella extraña armadura de cuero, no me acuerdo como se llamaba… No importa. Después nos encontramos los guardias de la ciudad.— Lacy se endereza y toma aire, dándose importancia. —Debemos estar atentos siempre, patrullando, evitando que los malos roben y esas cosas aburridas, pero también somos la primera línea de defensa en caso de asedio, aunque eso nunca pasará, tranquila. Se supone que la alabarda es más para intimidar que otra cosa, o eso me dijo mamá. Generalmente los mayores usan las porras allá en casa.—
— ¡Genial! ¿Y qué más? ¡Cuéntame de tía Lynn!— Lizy abre los ojos como platos y Lacy, dándose cuenta de que tiene cautiva a su audiencia, continúa.
—¡Esa es la mejor parte! ¡Papá siempre decía que no hay que forzar las historias!—Con eso, Lyra espera que la conversación se termine, en vano.
— ¡Por favooor! ¡Solo esta vez!—
—Bien, ya que lo pides así… Los Taleg son la elite de la elite, ya sabes, ¡no hay nadie mejor en el mundo entero! Y mamá es su capitana. ¡Así de genial es! Siempre visten esa coraza tan resistente, y van con espadas y Halberds a donde sea…—
— ¿Jalbreds? ¿Qué es eso?—
—Un Halberd es como mi alabarda, pero con la punta de arriba más larga y fina, y el filo de adelante hacia adentro…, como sea, ese no es el punto. Los Taleg son temidos en todo el Norte, y hasta aquí deben cantar sus hazañas. Cuentan que hace 200 años, cuando salían a campo abierto en vez de proteger la ciudadela, nuestros enemigos huían al ver sus estandartes, incluso los que estaban montados en esas extrañas bestias, caballos, y volvían del campo de batalla cubiertos de gloria...— Harta, Lyra se vuelve para interrumpir la mirada perdida de Lacy y el ¨genial¨ de Lizy:
—Cállate. Tía Lynn ya te lavó el cerebro, no se lo arruines a alguien más. Crees que la guerra es solo desfiles, honor y gloria, — Lyra casi escupe esas palabras— cuando solo hay dolor y muerte. Perecen hombres y mujeres, todo por el orgullo de unos pocos.—Su prima retrocede, herida.
— ¿Y eso tu como lo sabes? No ha habido una verdadera guerra tan al norte desde los tiempos del abuelo Albert. ¿Por qué debería confiar en ti y no en mamá? Además, no se trata de eso, sino de defender tu ciudad, a los que amas. —
La Viajera suspira, dándose por vencida. Diplomacia ante todo. Lacy se encoge y enfurruña durante el resto del camino. Lyra sabe que no debe presionarla demasiado después de conseguir que oculte su precioso tabardo e incluso desmonte la aparatosa arma, pero confía en quitarle esas ideas de la cabeza con la edad. Su prima más pequeña por suerte no escuchó la riña, entretenida en ver a un comerciante con extraños animales del Sur.
Avanzan por una de las avenidas laterales, cercana a la puerta norte. Como va con ellas, Lyra descarta los principales asilos de la Iglesia y marca el paso hacia las discretas tabernas del anillo exterior. Por algún motivo, en los laterales de las avenidas principales hay pétalos marchitos. Otra emocionante costumbre que aprender, aunque no recuerda ninguna fecha importante en Las Calzadas del Buen Viajero. Finalmente llegan a una que parece en buen estado, sin ser cara. El nombre, ¨Dos Espuelas¨, cuelga en un cartel de madera bien cuidada, con dos pequeñas ruedas de metal encajadas a los lados.
— ¿Puedo pedir pescado Lyra?— La noche está cayendo, y no les vendría mal algo caliente.
—Claro Lizy, siempre que des gracias conmigo antes de dormir.—
— ¡Lo prometo!—
— Lacy, ¿Podrías acomodar a Liz y nuestras cosas mientras yo negocio con el posadero?—
Ella puede ser un poco cabeza dura, pero nunca rencorosa, así que asiente recuperando la sonrisa. Cuando la alegre luz del interior ilumina su ropa empolvada, oyen el rápido ritmo de cuerdas ralentizarse, hasta pasar de dos instrumentos funcionando a uno solo.
¨… y corría y corría,
mas el resuello le falló.
Díjole a su amada:
sigue tú, a los niños llévate
que el bosque arde a nuestra espalda
y yo no puedo seguir.
con lágrimas en los ojos, ella respondió al vacío:
por mis hijos queridos te dejo morir,
de hoy en más mi dolor por ti ardera con cada estío
hasta que de mí no quede nada.¨
Su grupo ya había entrado cuando los de dentro comenzaron a aplaudir estruendosamente. Cerca de ella, una muchacha sollozaba incontenible ante la maestría de la cantante. Por una vez, Lyra creyó que finalmente había encontrado a su madre, pero mientras avanzaban entre la muchedumbre se desengañó. Luna Loud gustaba de interpretar música veloz, libre, jubilosa y desenfrenada como ella misma, aunque la voz se parecía muchísimo…
— ¿Lyra?—Durante un segundo se abrió una brecha entre los que expresaban su agradecimiento a los músicos, y de ella surgió su madre con Lemy a la espalda.
—¿Mamá?—
— ¡Lyra! ¡Estás bien! ¡Me tenías preocupada chica!—
—Claro mamá, ¿pero por qué…?— Se detiene, abrumada por el potente abrazo de su madre. Siempre ha sido bastante fuerte, y está a punto de romperle una costilla, o eso siente. Lemy se une riendo de felicidad, seguido de Lacy y Lizy, pero algo es extraño… Cuando su madre se separa para darle un beso, sus ojos se ven húmedos, como si hubiera estado bebiendo… o llorando. Eso es ridículo, su madre nunca llora, y no debería irse de fiesta con Lemy a su cargo.
—Demasiados ojos. Rápido chicos, vamos al cuarto. También estoy feliz de verte pequeña Liz, pero apresurémonos…—
— ¿De qué hablas mamá? Nadie aquí se ve peligroso…—
— ¡Shhh! ¡Arriba!—
Los parroquianos les franquean el paso mientras la intérprete declina cantar otra ronda, y en el rellano de las escaleras le entrega un par de monedas al guardia. Plateados medios cetros Catrenni. Este, alto y algo rechoncho, murmura:
—A la izquierda de la suya.—
Finalmente los niños se han acostado en la habitación adyacente. Para eso era el dinero que Luna le dio al guardia. Costó convencer a sus primas y hermano, pero con su madre ya recompuesta y ella haciendo su mejor esfuerzo, lograron que consintieran dormir los tres allí. Lacy y Lizy estaban demasiado cansadas para protestar mucho, y Lemy quedó satisfecho en su jergón cuando le dijeron que estaba allí para cuidar a sus hermanas. Por otro lado, Lyra ya no aguantaba la curiosidad, y a la mañana siguiente seguro tendrían sospechas. No era fácil ocultar lo que no se sabía, y a la Iglesia no le gustaban ese tipo de cosas.
—Creo que merezco una explicación madre, así que seré directa: ¿Qué está pasando? Tú nunca has sido paranoica.—
Ella la mira de hito en hito, cada vez más sorprendida.
— ¿Es que acaso no lo sabes? ¿Cómo es posible?—
— ¿Saber qué? Este secretismo ya me está hartando, y el deber de un Viajero es llevar la verd…—
De repente, el rostro de su madre se transforma en una mueca de ira, y espeta:
— ¡Tu preciosa Iglesia no se contentó con abandonarlos a su suerte, sino que ahora predica la guerra santa contra nuestra familia, y tú sigues hablando de misiones ridículas!—
— ¡¿Pero de que hablas?!—
— ¡Trannidar arde mientras estamos aquí! ¡De eso hablo! ¡Nuestra familia podría estar acabada! ¿Es que no escuchaste a esos cretinos hablar de la purificación, la unidad y toda esa bazofia?—
Después de eso el silencio se interpone entre ambas. El discurso de su madre parece haberla dejado agotada, y Lyra digiere horrorizada las implicaciones. Por último encuentra una solución.
—Esto… Esto debe ser todo un malentendido. La Iglesia jamás haría algo como eso, debes haber escuchado algún rumor…—
—¡Abre los ojos Lyra! ¿Por qué crees que hay tantos guardias en las puertas, tantas armas a la vista, las rosas pisoteadas como tras un desfile? ¡Esta es una ciudad en guerra, hasta el soberano imbécil de su rey lo ha proclamado, y tenía al lado no uno, sino 2 sumos sacerdotes!—
—Si eso es cierto, tenemos que ir a la catedral más cercana para arreglar este desastre. La Luz tiene suficiente poder para...—
En vez de seguir gritando, la aguerrida trovadora simplemente se interpone entre la puerta y su hija, reprimiendo el torrente de lágrimas. Lyra duda.
—No voy a permitir que mi hija acabe como rehén… o decapitada. ¡Me escuchaste! ¡NUNCA!—
Otra pausa, pesada como las vigas del techo, se instala. Al fin, Lyra se sienta, atreviéndose a decir únicamente dos palabras con la voz quebrada:
—¿Cómo fue?—
—Sabes que no estaba alli.—
—Tienes que haber oido algo mamá. Por favor...—
Anochecer del 20 de Elid, otoño del año 587 después del Cataclismo.
Lincoln
—Lisa, ¿podrías dejar eso aunque sea un momento? Esto es una reunión en familia.—
Justo entonces, algo explota en uno de los frascos de su hermana menor, creando una pequeña nube anaranjada. Hasta la otra cabecera de la gran mesa donde Lincoln está sentado llega el extraño y acre aroma. Luan se ríe.
— Exshelente, ahora tendré que empezar de nuevo.—
—Lisa…—
— ¿Y por qué no? Llevamos demashiado tiempo esperando hermano.—A su lado, Lulu se remueve en sueños sobre su manta de encaje.
Tiene un punto. La comida que tan afanosamente prepararon los cocineros debe estar fría, pero él no se rinde. Bajo la alegre luz de los candelabros, sus hermanas y esposas, por no hablar de sus hijas, lucen incomodas o ansiosas. Charlan entre sí, pero la sobremesa no puede durar tanto. Liby parece pensativa. El sonríe nervioso. Leni debe estar por llegar.
—! Ugh, que asco Lupa! ¡Deja eso!— Lola la reprende por molestar a Leia moviendo un poco de sangre reptiliana en un palo cerca de su rostro. Su hija esboza una sonrisa de suficiencia y estira aún más los botones de su jubón. Lupa detesta la ropa cortesana, al igual que Lynn, Lana, Lizy y el mismo. A su lado, Lucy murmura algo, pero no pasa nada. Detrás de la negra capucha, su hermana menor inmediata mira en dirección a Loan y Lori, un poco lejos. La primogénita Loud le sostiene orgullosa la pugna, pero Loan se arrebuja aún más en su holgada prenda, aterrada. Después de mucho tiempo logro controlar un poco la forma en la que eliminaba magia a su alrededor por petición de sus tías. La nigromante se queja con el tono lúgubre habitual.
—Dijeron que cuando las más pequeñas no miraran podía practicar en la fortalez…—
— ¡Mi lord…!— Un guardia, entra precipitadamente por la puerta principal.
— ¿Qué pasa? ¿Llegó Leni?—
Incapaz de formular palabra por el cansancio, el abre las cortinas de la vidriera que da al sur. No están en el salón principal, sino uno más discreto, solo para la familia, pero siguen teniendo buena vista. Todas lo siguen con curiosidad.
—La muerte cierra su cerco, la paciencia se agota.— Dice Lucy en voz alta.
Frente a ellos, una gran mole coronada de contrafuertes arde vigorosamente. Estupefacto, constata algo sumamente perturbador: Esa es la fortaleza Kiureth
— ¡Soldado! ¡Informe de situación!— Lynn se pone en marcha de inmediato, cogiendo sus armas y ajustando la coraza. Apenas se la quita para ir a su cama común, pero ahora las burlas de Lola parecen injustificadas.
— Entraron por montones… Tenían gente, gente dentro, abrieron las puertas… Yo estaba más al norte, tenía que llevar los mensajes… es un desastre, un desastre. La guardia de la ciudad se replegaba, iban a caballo y… cuando llegaron a la fortaleza Kiureth… había hechiceros y hombres con antorchas, vimos la hoguera desde lejos… estamos perdidos…´´-
— ¡Contrólate! ¡Primero, ve y reúne a parte de los mensajeros Loud que encuentres abajo, y vayan todos a organizar la retirada tras los muros de la ciudadela!— Lori habla con autoridad, devolviéndole suficiente valor al hombre para correr a cumplir sus órdenes.
— ¿Pero qué haces? ¡La guardia no podrá resistir mucho tiempo, tenemos que sacar a todos los Taleg y recuperar los muros exteriores con velocidad!— Se da vuelta Lynn.
—No podemos contra un enemigo tan decidido, el ejército apenas fue convocado hace un rato Lynn. Esto no es un simple saqueo, irrumpieron con planificación y solo atacaron un punto estratégico. Además, la guardia esta entrenada para este tipo de situaciones. Los retrasaran el tiempo necesario.—
— ¿¡Los vas a sacrificar así, con esa calma!? ¡Son personas!— Lana grita, furiosa.
Lori las mira, determinación y pena escritas en su rostro a partes iguales. Es un claro sí.
Lincoln al fin logra concentrarse. De entre sus peores pesadillas, esta tiene un lugar privilegiado. Pero no puede rendirse al terror, no con su familia en medio.
— ¡Mi laboratorio!—
— ¡Ni hablar Lisa! ¡Luan, Lucy, deténganla!—
Ambas asienten y le toman los brazos a su hermana. Solo se calma un poco cuando Lulu, berreante, llega a sus manos.
— ¡Nos vamos! ¡Lynn, forma a nuestros guardias! ¡Lola, ve a decirles a los sirvientes que tenemos que salir de aquí, rápido! ¡No se demoren buscando cosas!—
Rápidamente le hacen caso a su potente voz, compactándose con las menores al centro y avanzando hacia los pasillos interiores. Al frente, Lincoln titubea un segundo. Sobre un soporte mural esta su antiguo mandoble, recuerdo de la época en la que Lynn y sus padres querían que se manejara en el área marcial. No era malo del todo, pero tampoco lo disfrutaba en lo más mínimo. Con una vaga idea en mente, toma el espadón.
Ya fuera hay una escolta armada esperándolos con Lynn a la cabeza, y los aterrados sirvientes detrás de la formación. Se detiene para susurrar unas palabras de ánimo a su amada familia, en especial Loan, al borde de una crisis de pánico. Si lo que el pobre hombre dijo era cierto, ella podía ser su escudo seguro hacia la Ciudadela.
El aire huele a humo y ceniza. La multitud frente a ellos trata desesperadamente de encontrar refugio, así que sus hombres tienen que abrirse paso a empujones. Lincoln recoge a un niño que se cae, soporta el peso de un anciano y le da suaves empujones a una madre en el trayecto, tratando de estar en todos lados, de olvidar el miedo por un segundo. La gente grita que se acercan. ¿Quién se acerca?
— ¡LENI!—
— ¡LENII!—
—¡¿DONDE ESTAS?!—
Todo es en vano. La sastrería de su tierna hermana mayor está demasiado cerca de los muros…
¨Concéntrate. Mantenlos a salvo por ahora¨
Finalmente divisan los imponentes muros de la Ciudadela. Las puertas están abiertas de par en par. Nadie creyó que eso fuera a suceder tan pronto, y es difícil negarle el paso a la creciente marea humana. Los guardias están exhaustos y sorprendidos, y entran sin problemas. Lori le deja a su hija y corre al puesto de mando, mientras que Lynn se reúne con un grupo de sargentos con armaduras de acero ornamentado. No parece que el enemigo vaya a intentar avanzar más de momento, y los últimos remanentes de la guardia de la ciudad llegan, con caras tiznadas de hollín, tabardos raídos, armas perdidas y muchos heridos. Finalmente los inmensos portones se cierran.
La aurora empieza a quitarle brillo a los incendios (han surgido más en diferentes puntos de la ciudad). Las demás ya se marcharon al refugio de los nobles, profundo dentro de la montaña. El sigue allí, en el parapeto de la barbacana, acompañado de Lynn. Está furiosa, lágrimas de rabia le pasan por las mejillas y brutales maldiciones por los labios. Siente el metal de su armadura aferrándose a él. En la fatídica dirección, los estandartes de Trannidar comienzan a caer, siendo reemplazados por el naranja y blanco cruzado con un dibujo inteligible en el centro por la lejanía.
Catrein.
Lola
Está en blanco. Eso no es lo suyo, definitivamente. Ella acude a los bailes y banquetes, se mueve como nadie en el ambiente cortesano, engatusa y amenaza para conseguir información. No hay nadie mejor que ella en la ciudad y lo sabe. Pero allí, en ese modesto salón, su mente parece desconectarse. Estaban en la fortaleza, esperando todavía a que su amado Linky tuviera la consideración de empezar…
Todo el resto fue un borrón.
¨Céntrate Lola, tu puedes, piensa en algo conocido.¨
Algo conocido. Claro. Tiene que haber más nobles allí. Sus hermanas están hablando nerviosas a un lado. Mandaron a sus hijas a los niveles superiores, para dormir. Ella hizo lo mismo. A su izquierda, hay un gran grupo de ancianos con finos trajes de dormir en una mesa, la mayoría también soñando. Cerca del centro, un chico extraño sostiene la cabeza entre los hombros, abatido.
La histeria, apenas contenida, se palpa en el aire, reflejo de la suya propia. Mientras estuvo con Lincoln pudo controlarse, pero ahora es demasiado. Loan está al frente hablando con…
¨Un momento. Esa no es Loan´´
Hay una norma no escrita en Trannidar. La mayoría de las familias nobles quiere a sus hijos practicando magia con dedicación, y eso es difícil con un gris bajo el mismo techo. En su caso no era tan pronunciado (Luan, Lisa, Leni, Lana y ella apenas usaban sus habilidades si no era para el trabajo, no había grises en su generación y de hecho Lola ni siquiera sabía bien cómo hacerlo) pero era la regla general. Como las líneas incestuosas resultaban en muchos más grises que en otros lugares, estos tenían un espacio especial en la Ciudadela, una especie de zona segura, con libros y salones aparte, aunque la mayoría eran demasiado tímidos para bailar. Se conocía como la Corte Gris, y nadie le prestaba mucha atención.
Pese a que seguían siendo nobles en el estricto sentido de la palabra, a Lola se le cayó el alma a los pies cuando constató una cosa: En ese amplio recinto se suponía que debía concentrarse la totalidad de la elite Trannid, salvo los militares, en caso de emergencia. Había con suerte un centenar y medio de personas, de los cuales más de un tercio tenían el pelo y piel de un característico color opaco. ¿Qué había sucedido con el resto?
-La Mancha: Morada de los más terribles y abominables seres bajo el sol, orcos sanguinarios y hambrientos dragones se disputan esta tierra maldita, y no dudarían en lanzarse hacia el norte si no fuera por los poderosos muros y heroicos defensores de Hrumgarde. Los que han vuelto cuentan historias impías que hielan la sangre, y no se recomienda a ningún Viajero sensato internarse más allá del Lago Fragmentado, hasta que este mal sea purgado del mundo.
-Nigromantes: Hechiceros corruptos por la oscuridad, estos malvados son escasos en todo espacio y era, para alivio de los buenos hombres. Mediante su magia vil, reaniman los cadáveres de los muertos para sus siniestros designios. Nunca, jamás, le es lícito a un seguidor de la Luz darle a este mal comida, cobijo, o ayuda de ningún tipo. Corresponde a los Sabios y Sumos Sacerdotes juzgar sus crímenes, cuando los cometan como manda su naturaleza, haciendo uso de la mayor severidad posible.
