Inicio de la mañana del 25 de Elid, plaza mayor de Trannidar.
Lincoln
— ¡Se retiran!—
— ¡Rápido, comiencen con la misión! ¡Llévenselo todo! —
Desde la masa de picas y armaduras de cuero que componen su ejército se oyen pasos apresurados y burlas hacia las espaldas de los soldados Catrenni, pese al cansancio que supuso recorrer en tan poco tiempo media ciudad. La línea de defensa se extiende entre la plaza donde Lincoln forma a sus hombres y el lago, con grupos de grises en la retaguardia y arqueros en los tejados. Adelante van los hombres más protegidos, con escudos grandes y lanzas más cortas. Entre él y sus observadores estratégicos hay, no un pasillo, pero sí que los soldados están más separados. Cada cierto intervalo se pueden notar los penachos en el casco y mandobles cruzados de los sargentos de choque.
Llega un mensajero vestido de blanco y rojo, montado. Debe tener experiencia con los animales o valor excepcional.
— ¿Lord Loud? — Lincoln lo mira hacia arriba.
—Ehh, adelante. —
—Lady Lisa dice que el enemigo ya se ha reagrupado fuera de los muros, y viene hacia aquí. Deberían llegar en breve. —
— ¿Qué hay del resto? —
—Listos. Lady Lori ha tomado un destacamento en dirección al barrio de las Especias. —
— ¿Qué? —
Debería estar en la sastrería, evacuando a Leni y Liena. El hombre no sabe que responder. Solo es un portavoz. Los porteadores han empezado a salir de los silos y almacenes, cargados con vida en forma de verduras, harina, pescado salado y setas secas para la Ciudadela.
—No importa. ¡Formen! — Esto último va dirigido a sus sargentos. –Tranquilo, aguanta un poco más, unas horas y listo. -
—Buena suerte. — Después de esa escueta despedida el mensajero vuelve las grupas de su corcel y se aleja a toda velocidad.
Lincoln se golpea la cara. La plaza tiene una importancia vital: acceso a los principales depósitos de suministros, difícil de franquear por la derecha, buenos puestos para los arqueros, escombros colocados a la rápida en los accesos más obvios… El único problema son las grandes avenidas secundarias. En cualquier momento sufrirán el azote de la caballería, la prueba de fuego.
— ¡Jinetes aproximándose! — Grita un arquero en el techo de la torre de agua. No tardaron mucho.
— ¡Infiernos! ¡Vamos, vamos, vamos! —
Se abre paso a través de la multitud para ocupar la segunda fila más cercana al combate, como corresponde a su posición. Desde allí puede ver un extraño espectáculo de gráciles figuras montadas en caballos sin arneses, y detrás una multitud mucho mayor.
—Por favor que no sea lo que creo…—
Los elfos, pues no podría tratarse de otra cosa, extienden las manos a una distancia prudente y después de un segundo grandes esferas ígneas salen en dirección hacia sus hombres. Tras la parábola y los gritos ahogados el fuego se apaga acompañado de un suspiro colectivo.
— ¡Ballesteros! —
A su lado un edecán traspasa la orden hacia la retaguardia y pronto una lluvia de saetas se dirige hacia la comitiva. La mayoría se desvía al llegar a destino, pero se nota que algunos caballos han sido heridos. El Segundo Pueblo se retira, frustrada su tarea.
El suelo comienza a temblar. La carga real ha comenzado.
— ¡Escudos preparados, puntas bajadas! ¡Firmes! ¡Peleen por sus compañeros! ¡Resistan por sus familias! ¡Luchen por la ciudad! — Se desgañita mientras desenfunda el viejo y pesado mandoble y lo agita en el aire.
Los hombres gritan una vez más, todo el agotamiento dejado a un lado mientras la colorida masa acorazada de caballeros Catrenni en toda regla hace ondear sus estandartes hacia adelante, hacia ellos.
-Maldita sea, como odio esto, no me canso de decirlo-
Con un estrepito colosal ambos ejércitos chocan el uno contra el otro. Una gota solitaria de sangre le salpica en el rostro descubierto, la única cara visible de su ejército.
Media mañana del 25 de Elid, mirador principal de la Ciudadela.
Lisa
—Esh una cuestión de velocidad, de coordinación. Shupongo que Lynn me mataría de oírme decir algo ashí, shegún ella todo es iniciativa individual...
— ¿Perdón lady Lisa?
—Nada, hablaba conmigo misma. Ethan, dígales a los encargadosh de las torresh que comiencen a apuntar para cubrir la retirada. El flujo se reduce.
— ¡Si señora!
—Losh demásh, su tarea ha terminado. Pueden irshe, shi algo shushede losh mandaré a llamar.
Lisa deja la doblelente en el lujoso mueble cubierto de planos y se acerca a otro muy diferente, una camita para infantes. Las últimas horas los pechos rebosantes de leche materna han comenzado a doler, pero como todo sale de acuerdo al plan ya no necesitarán su ayuda. Lulu extiende los brazos y ella sonríe, acunándola mientras comienza a mamar. Pese a que originalmente comenzó como una interrupción molesta a sus investigaciones, el proceso resulta placentero en muchos niveles a la vez que muy bueno para su hija. Por eso no quiso buscar una nodriza, animada por sus hermanas. Claro, a su hermano y esposo eso también le conviene…
— ¿Mi señora?
— ¿Shi? Creí especificar que estaría algo ocupada…
La joven criada, no más de 16 años, se sonroja al igual que Lisa, tomada a contrapunto de sus pensamientos íntimos. En vez de hablar, la chica señala el gran ventanal tímidamente. Eso la exaspera un poco. -¿Por qué nadie aquí puede ser tan directo como en el Gremio?-
Al principio no hay nada diferente en la parte visible de la ciudad, pero luego…
Allí.
En los barrios aledaños a la cordillera se ha levantado una columna de humo negro, bastante más hacia el lado Catrenni de lo que correspondería a la línea defensiva.
—Hmmm… Eshto shi que esh extraño…
Tarde del 36 de Elid, estibaciones de las montañas de Trannidar.
Lyra
Se han quedado sin dinero, y Lyra ha tenido que comenzar a vender sus servicios. Bueno, no exactamente vender (la contribución es voluntaria) pero eso no hace la idea menos repugnante. Cada vez duerme menos, su conciencia grita más.
—¿Ya vas a explicarme que está pasando? —Pregunta Lemy a su lado.
—Por decima ves Lem, no pasa nada.
—Si claro. ¿Quién diría que la hermana más ¨perfecta¨ pudiera mentir de esa forma? ¡Ya no soy un niño Lyra!
Ya no avanzan y el chico grita a todo pulmón. Eso la saca de sus casillas.
—¡Claramente un adulto no estaría incomodando tanto a su hermana mayor sin sentido!
—¡Mentira! ¡Solo quiero saber por qué actúan tan raro! ¿Crees que somos idiotas? ¡Dormimos en el suelo, nos prohíben hablar con nadie, mamá ya no canta y avanzamos como si fuéramos viejas! ¡No hemos visto a nuestra familia en casi un mes!
—¡No lo entenderías, así que deja que los mayores se ocupen!
—¡Sé mas clara!
En ese momento decide cambiar de enfoque. El ruido se está haciendo excesivo, incluso para encontrarse a unas millas del camino.
—Lemy, en serio no pasa nada malo, o más bien estamos tratando de arreglar algunas cosas que no salieron tan bien como deberían.
El se calla, pero la mira directamente como todos los niños enojados. Ella le responde de la misma manera, tratando de contactar su alma inquieta a través de esos ojos castaños, como los suyos.
—¿Acaso no confías en mí?
…
—Eso no explica… ¡Oyhmmmf!
Desde el árbol a su espalda sale una figura encapuchada que agarra con fuerza a Lemy por la cara y brazos. Sus parpados se humedecen.
—¡Detente, le haces daño…!
¡Paf!
El ruido seco, el golpe en la nuca y el mundo se empieza a desvanecer.
—¡Una viajera! Sin duda estamos de suerte muchachos, debe ser una de las perras que lanzaron a los catrenni contra nosotros en primer lugar.
—¿La matamos? ¿Y el niño? Nosotros no hacemos esas cosas— Pregunta un tercer hombre incorporándose desde un matorral. Lyra ya apenas escucha la respuesta autoritaria, postrada en el suelo y con su mente conmocionada hasta para curarse sí misma. Probablemente tenga daños permanentes…
—¡Yo no consideraría ninguna de las dos chicos! —¨ ¿Lacy? ¨
—Suelta a mis hijos. ¡Ahora, o duermes con los gusanos! — ¨ ¿Mamá? ¨
Frente a su figura postrada un Lemy asustado se remueve frenéticamente.
Luego su cerebro le dice: ¨Suficiente, ya estoy harto¨
Mediodía del 25 de Elid, plaza mayor de Trannidar.
Lincoln
El cuchillo le pasó por encima del hombro. Otro golpe amplio y de nuevo estaba retirándose por entre las filas de sus hombres hacia el estandarte coriáceo, pero sus piernas le fallaron a medio camino. Mientras recuperaba el aliento de su pecho agachado una lanza se clavó a una mano de su pierna. En pie vio al hombre que la había arrojado, con una maza amenazante aun en la mano y una segunda sonrisa roja como el sol poniente bajo el cuello.
-Mejor el que yo-
Las líneas se estaban quebrando… De nuevo. Su tarea principal era salir de la formación cuando el combate se hacía muy cercano, hacer espacio a con su acero y descansar cuando las picas libres hacían el sangriento trabajo de rematar a los rezagados para recuperar el espacio. Tenían menos trabajo, pero Lincoln se alegraba profundamente de no estar en sus zapatos, incluso entonces.
Una vez. Otra. Y otra más.
El sudor corre libre por su rostro. No debería estar allí, no es fuerte, no tiene entrenamiento y detesta con toda su alma el hecho de matar. Sólo es un arquitecto y padre de familia atrapado en esa vorágine, luchando contra personas a las que no odia por una causa que olvidó.
-No pienses en eso. La batalla, solo la batalla.-
Entra de nuevo. Incluso con una armadura completa su arma puede romper extremidades con la facilidad de sus casi 4 kilos.
Un giro, descarga con el pomo de piedra en la cabeza de un sujeto bañado en sangre y tierra. Siente un golpe en el pecho. Los pies y brazos apenas le responden, pero debe dar gracias a sus ancestros de que la armadura absorbió el ataque.
El enemigo se reorganiza sin dar tiempo para recomponer la formación y permitir los intercambios. Sus capitanes son buenos.
— ¡CARGA! — Grita perdiendo el resuello al final. La orden se pierde en el caos.
— ¡POR LA LUZ Y EL REY! —Una voz gruesa antecede a un caballero desproporcionadamente ancho para su altura y a los soldados tras él.
— ¡ARREPIENTETE IMPÍO, YO SOY GYLBERT TI…!
Lincoln se revuelve, furioso. El frenesí bélico del que Lynn hablaba lo llena ahora. Uno tras otro los porrazos aleatorios de su filo obligan a retroceder al tal Gylbert, quien se recupera rápido y bloquea con su espada a mano y media.
— ¡Escoria! ¡Que te jodan!
— ¡Cállate maldición! ¡Yo no quería esto! ¡Todo es su culpa!
Se insultan el uno al otro al destrabarse. El Catrenni es bueno, no acusa nada de cansancio y sabe ver por dónde llegan los ataques. Está esperando a que Lincoln deje de moverse y representar un peligro con el espadón, ese será su fin.
Detrás el golpe de una superficie curvada lo empuja hacia adelante. Mira de reojo entre la niebla de la batalla. Sus soldados sin guía lo han seguido, ahora se da cuenta, hasta casi el final de la calle. Ya no están al alcance de sus propios arqueros, y si de los enemigos. Si se destraban del combate se arriesgan a que los otros les disparen, perdido el temor al fuego amigo, pero si se quedan seguirán enfrentándose a tropas descansadas una y otra vez sin la ventaja de una posición defensiva. La terrible realidad es que simplemente son muy pocos. Ha perdido de vista al Catrenni. Otras cosas son más acuciantes.
Gira, finta y bloquea el mangual de otro sujeto, pero se olvida de sus piernas. Cae al suelo de una patada, se revuelca entre el polvo. Delante la espada corta de uno de los suyos bloquea la lanza dirigida hacia su pecho, lanzándola a un lado.
Lincoln se levanta de nuevo. El anterior oponente se ahoga en un charco de sangre y la falange principal lo arropa.
— ¡Señor, tenemos que irnos! ¡Han sobrepasado a los arqueros del oeste, y la evacuación ya ha terminado! — Le grita al oído otro mensajero.
— ¡Imposible! —Escupe al suelo una mezcla de sangre y saliva— ¡Si lo intentamos nos acribillan!
— ¿Qué hacemos? ¡Quedan pocas filas intactas! —
Mientras el sargento se pregunta desesperado él mira a su alrededor. Los gritos se recrudecen y en el claro de relativa seguridad todas las miradas están como idas, al filo del pánico.
-Piensa Lincoln, lo arruinaste otra vez. Eres el hombre del plan, ¡CREA UNO!-
¡Ahí! Detrás de las líneas Catrenni se pueden ver los arqueros.
Una parte de su mente acostumbrada a Luan, incluso en el fragor embrutecedor, le susurra divertida:
-¿No podías pensar en algo peor?-
— ¡Ese hombre del centro! ¡Es su capitán!
El sargento Jifrith lo observa de hito en hito, como si se hubiera vuelto loco. Puede que así sea, pero si quiere volver a ver a su familia sin haber sacrificado tres millares y medio de padres, hijos y hermanos para huir, entonces valdrá la pena.
El albino aparta a su segundo al mando y vocifera:
— ¡ABRANME UNA LINEA, PRIMERA SEÑAL DE TAMBORES PUNTA DE LANZA, SEGUNDA RETIRADA CUBIERTA!
Todos corren a repetirlo.
—Jifrith, quédate. Cuando suceda, da el primer toque.
— ¿Suceder que, mi señor?
—Si funciona, será obvio. Si no, dile a mi familia que la amo, que las amé hasta el último aliento.
Él no le responde.
-Voy a hacer una tontería.-
-Voy a matar un hombre-
-¿No crees que esa frase ya perdió significado?-
Nada más llegar extiende con toda su fuerza el filo hacia adelante, atravesando cuero, piel y hueso.
El pobre tipo, probablemente un campesino promedio, tuvo la mala suerte de estar en lugar y momento equivocado. Lincoln vomita de asco por lo que ha hecho mientras el pequeño cadáver cae al suelo, liberado del acero que lo ensartó.
Ya recompuesto, de nuevo presiona sus cuerdas vocales para hacerse notar:
— ¡GYLBERT! ¡ENFRENTAME!
Dicho y hecho: el masivo caballero embraza un escudo maltratado a la distancia y se precipita calle abajo. El combate parece ralentizarse hasta desaparecer mientras se miran el uno al otro, aunque se trata de tan solo una ilusión: esto no es como en las historias de Lynn, aquí el honor vale menos que su vomito. Lo que pasa es que en esa zona específica los escombros de una casa hacen difícil enzarzarse a las formaciones.
Detrás del capitán enemigo vienen unos cuantos guardaespaldas, a quienes hace una señal para quedarse atrás. Su emblema de un árbol rodeado de estrellas está manchado de sangre.
Ambos aprendieron del encuentro anterior. Ninguno articula una sola palabra coherente mientras se lanzan contra el otro.
El Catrenni es mejor, mucho mejor. El duelo se ha convertido en un espectáculo, sus propios hombres animándolo desde el pasillo por el que entró. -Eso esperaba, pero no de esta forma.-
Gylbert bloquea sus cansados golpes con el escudo mientras se sirve de la espada para presionar su armadura y encontrar un punto débil. Finalmente lo consigue cuando Lincoln siente un desgarrón debajo de la axila izquierda. Una herida superficial, pero tan cerca…
Tiene que hacer algo, rápido. En retrospectiva, esa fue una idea muy estúpida. Él es un hombre normal, un trabajador, hace años que no toca un arma y ese definitivamente no es su estilo.
Con un último esfuerzo el peliblanco se lanza de nuevo a la danza mortal. Su oponente ahora resuella también.
Un corte desde arriba, luego otro. Ya no siente nada en los brazos. El escudo de Gylbert se desgaja ante el ataque, pero logra hacer varios cortes más, tratando siempre de acortar la distancia. Lincoln ya no puede más. Su vida se le escapa.
- ¨ ¡AHORA! ¨- El patriarca Loud lo apuesta todo a un golpe digno de un loco.
Su enemigo es bastante más experimentado, y eso le debería jugar a favor. Más rápido, levanta la espada bastarda con ambas manos con rapidez suficiente para frenarlo… Si el golpe viniera desde arriba, como ha sido casi todo el encuentro. ¿Qué sentido tiene hacer barridas completamente horizontales contra un solo oponente cuya arma y cuerpo miden manos enteras menos que tú? El arma que estaba destinada a matarlo choca sin fuerza contra su coraza al perder fuerza el brazo que la blande.
Con otro impulso, Sir Gylbert Apellido Incompleto retrocede agarrándose el cuello. No ha penetrado en la gruesa gola, pero sí que debió doler.
Trabajosamente intenta finalizar el combate, pero un grito desgarrador llena el aire. Un hombre de rizado pelo negro y armadura ligera corre hacia él, los brazos sosteniendo la muerte con una técnica exquisita, y en su impulso se recorta contra el cielo sucio. Lincoln se siente tentado de simplemente observar… La belleza del momento, la gloria de una intervención perfecta, que dará por tierra con sus sueños.
En un abrir y cerrar de ojos todo terminó. Un salto glorioso, la jabalina hambrienta apuntada hacia su garganta desprotegida, y el que sería el mejor soldado de su tiempo colgaba de su arma con las costillas destrozadas. Perplejo, Lord Lincoln Loud dejó caer su mandoble y con él, el cuerpo atlético que un segundo antes estaba tan lleno de vida y ahora boqueaba desesperado. Desconectado de la realidad pudo observar como uno de los soldados de rojo y blanco corría hacia él, lo sobrepasaba como la brisa y clavaba su pequeña hacha en el cráneo del caballero que estuvo a punto de vencerlo. Tanto el como su leal compañero ahora irán a reunirse con lo que sea en lo que crean.
-Esto ya no tiene sentido, nunca lo tuvo…-
- ¿Entonces por qué lo haces? ¿Por qué levantaste esa espada tan grande sabiendo que tenías que morir? ¿Por qué siquiera te atreviste a acercarte a un caballero siendo solo un figurante inútil? ¿Un bueno para nada? -
-Porque... Porque tengo que.-
Lincoln levanta las piernas como bloques de madera inútil, realiza su tarea (lo que saben que se espera de él) y sobre el campo de muerte agita la cabeza de quien fue un comandante valeroso y honorable. Los tambores comienzan a retumbar.
En su lado el rugido es animal más que humano. Arrojado el resto mortal de Gylbert al sur, al estandarte que antes le pertenecía, sus soldados huyen despavoridos. No son profesionales, sino hombres comunes y corrientes –Como debería ser yo-
Un foco de resistencia trata de parar el desastre, pero el amago de carga Trannid los aplasta. Todos sus sargentos de falange y mensajeros lo rodean.
— ¡Podemos seguir, se desbandan! —Lincoln reacciona mal ante la sugerencia:
— ¡NO! ¡Mira! ¡Escapemos antes de que se den cuenta que no iremos a por los arqueros! ¡Retirada organizada, puntas hacia atrás y escudos levantados!
—Pero señor…
— ¡Ahora Jifrith! ¡No arriesgaré a más personas! ¡Nos necesitan en el pasillo central! Por favor…
En ese momento una lágrima cae al suelo. Aturdido se percata de que no es la primera, ni siquiera la centésima de esa jornada que aún no termina.
Los demás asienten. Sin poder hacer más ni siquiera por sí mismo, Lincoln arroja la pesada arma al suelo y se apoya en el aguador que le entrega un pellejo lleno de agua tibia. Su cuerpo se lo exige mientras la tropa abandona ese funesto lugar.
Recogen a los grises en la esquina inferior de la plaza, y los arqueros salen de sus refugios para integrarse en la formación rectangular. Unas calles a la derecha hay grupos de cadáveres acribillados, seguramente exploradores. Lord Suresh, el anciano líder gris, toma su puesto en la zona de mando, manteniendo el paso tan mal como el propio Lincoln, si bien parece alegre e incluso entusiasmado. Lo mismo su orgulloso capitán de arqueros, un bastardo no reconocido de los Kiureth.
-Si supieran lo que tenemos que hacer ahora… ¿Cómo es que sigo vivo?-
Anochecer del 36 de Elid, campamento oculto.
Lacy
—La Primera Calle estaba abarrotada de tipos duros, cansados como el infierno. Cada cierto tiempo llegaban más, nos dijeron que estábamos por romper la barrera y llegar a las murallas. El estruendo era endemoniado…
Todos se encuentran sentados alrededor de una hoguera acogedora, en el campamento de los guerrilleros. Lacy escucha con atención el relato de su capitán. Hace unas horas estuvieron a punto de saltarse al cuello, pero al ver su malla llena de emblemas los hombres bajaron inmediatamente las armas. ¿Qué hace una guardia, aunque sea una tan pequeña, fuera de la ciudad? De allí al dialogo no había mucha distancia, resultó que eran parte de un destacamento mayor que había salido de la ciudad con ordenes de rapiñar el territorio e impedir que reforzaran a las (solo ahora se había enterado Lacy) fuerzas enemigas sitiando su hogar. ¡Todo era tan emocionante! La tía Luna no parecía verlo así, sentada a su lado. En la carpa que les habían asignado yacían Lyra y Lemy. Tenía que recordar reprocharles a sus nuevos compañeros la conducta tan poco caballerosa, pero cuando terminara de oír la historia.
—Yo iba en retaguardia, y puedo jurar que olí la libertad al salir de las murallas. ¡Los muy idiotas ni siquiera tenían arqueros arriba! Pero luego… Comenzaron a retirarse, me refiero a los Taleg. El pánico nos abandonó, ¡Estábamos tan cerca y nos abandonaban a nuestra suerte!
—Ojalá… Ojalá hubiera sido así Otis.
—No te quejes Brent, ¡Ganamos!
—Si, pero a que costo…
—Bueno, tengo entendido que la mayoría de cadáveres no eran de los nuestros.
—Es fácil para ti decirlo. ¡No viste a tu hermano aplastado, y segundos después levantándose del suelo con esa horrible mirada vacía! ¡Tu jodido hermano!
—¿Qué pasó? — Pregunta la tía Luna.
Los soldados se miran un momento, luego el capitán Otis continúa.
—Resulta que los Taleg se habían ido para quemar las maquinas de asedio, o eso vimos desde la distancia. En ese momento llegó una mujer pálida como la muerte y vestida de negro. Confieso que me daba escalofríos, pero nos dijeron que la protegiéramos.
—¿Por qué la tía Lucy...? — Antes de que la joven pueda decir algo más, Luna le dirige una mirada silenciadora. ¨ ¿Acaso cometí un error? ¨
Por suerte no parece importar, porque sus nuevos amigos parecen desconcentrados.
—Seguimos avanzando hasta campo abierto, y el numero de esas cosas crecía ¿Saben? Eran cadáveres, pero no lo eran. Cubrían los flancos de las formaciones, así que solo teníamos que seguir avanzando. En algún momento perdimos de vista a la mujer extraña, cuando ya estábamos relativamente a salvo. Mire hacia atrás y… ¿A que no adivinan lo que ví?
—Ya lo has dicho. Varias veces. Nadie quiere recordarlo capitán.
—¿¡Me puedes dejar terminar la historia!? Nuestra pequeña camarada aquí presente si que sabe escuchar un buen relato, a diferencia de ustedes.
Lacy asiente entusiasta, pese al sueño. Aunque le incomoda la idea de los muertos vivientes, siempre supo que tía Lucy era algo… especial. Lupa siempre hablaba de eso. Lupa… entrañaba a sus hermanas. A su madre y padre. Por un momento se preocupó. -¨Oye, no pienses en eso. ¿Qué no ves? Todo va bien allí, y cuando llegue mamá y papá estarán tan felices¨-
—Como iba diciendo antes de tan grosera interrupción… Lo que había allí atrás era un pandemónium que lo veas. ¡Hasta truenos había! Parece que las ratas grises se habían quedado atrás, y entre esa tormenta espectacular era imposible distinguir bien nada. Si les soy sincero, nunca había visto magos en batalla, y créeme que no quiero volver a hacerlo. ¿Cierto Brent?
Una pausa más larga.
—Creo en lo que estamos haciendo capitán. Nosotros no empezamos esto, solo nos defendemos. Pero… en serio preferiría ver un gusano de piedra devorarme vivo que a esa mujer, lo que hizo… Tengo pesadillas hasta hoy.
Luna frunce el ceño preocupada y un coro de aprobación dudosa resuena en torno a la lumbre.
Si ellos son hombres curtidos, y tienen miedo… La chispa de duda prende en Lacy, quien incomoda se pregunta sobre quien es en verdad su tía Lucy. No dura mucho, o mas bien no como pensamiento central. La sensación permanece. Ojalá su madre estuviera allí para reconfortarla.
Tarde del 25 de Elid, entrada a la Ciudadela.
Lincoln
Como si no bastara.
¡En serio, como si no bastara una maldita batalla!
Ahora el albino debe contemplar cómo, de entre la docena de cadáveres, su amigo de la infancia yace colgando sobre las murallas. Apenas reúne la energía para hacerse entender por el guardia.
—Ordenes de Lady Lori mi señor.
Primero vio a Lucy, devuelta en camilla hacia las entrañas de la montaña. Luego a Lola, con las manos y el precioso vestido manchados de sangre de los heridos y moribundos, intentando hacer algo.
Se suponía que debía ver a Leni, pero la pena muta en cólera al ver a Clyde. ¿Cómo es posible que lo hayan ejecutado por traición? De seguro tenía buenos motivos para hacer lo que hizo…
Sin darse cuenta, sus zancadas dubitativas lo llevan hacia el pasillo principal, y alguien lo sigue. Mas bajo, de pelo castaño y armadura parecida a la suya, solo que menos manchada de sangre humana… un olor acre a… ¿Humo? Voltea.
Es Evrard, con una mirada confundida. Por entre su pesadez, Lincoln ata los cabos rápidamente.
—Tu empezaste el incendio, ¿Cierto?
No hay respuesta. Sin poder contenerse, el mayor agarra del brazo al joven y lo aplasta contra los muros, gritando con la voz rota.
—¿Por qué? ¿¡Por qué!? Ancestros… ¡TAMBIEN HABIAN NIÑOS Y MUJERES EN ESA CIUDAD!
El chico sigue silencioso, hasta que un llanto sobrecogedor sale de su garganta.
—Los perdí… La perdí… Loraine… Estoy solo, tan s-solo…
Repentinamente, Lincoln recuerda una escena de los tiempos en que Lizy aun no nacía. Un salón amplio y adornado, gente elegante bailando, Chandler discutiendo con alguien, y luego una muchacha cercana a la quincena saliendo de la sala y volviendo con un chico asustado a la espalda, cubierto por el abundante cabello rojo como el fuego de ella.
Su hermana, Evrard habla de su hermana y claramente su protectora.
El brazo de Lincoln pierde fuerza, pero aun así asesta un golpe de refilón.
Luego aprieta suavemente el hombro acorazado del otro.
—Ni siquiera quiero pensar en lo que hiciste… Pero sé lo que se siente perder a aquellos que amas más que a la vida misma.
Por supuesto, su intento de consuelo no sirve de nada. Evrard se derrumba en el suelo sollozante. Una honda melancolía se apodera del albino mientras vuelve a adentrarse en la semioscuridad rocosa, dejando atrás un hombre… No, un niño quebrado.
25 de Elid al mediodía, cavernas de la Ciudadela.
Lupa
A la primera prueba, nada. Solo la sensación común de bloqueo y algo más, casi imperceptible, lo que su padre descarta como simpe ´´antigüedad´´. Ni siquiera tiene que dejar de lado los pensamientos acerca de su familia antes de intentar. Su madre está con ellos.
— ¡Vamos! —
El cuerpo de Lupa se inunda de sensaciones. ¡Poder, movimiento, energía! Su madre lo llama ´´El Caos Primigenio en la magia´´. El maldito nombre no importa, solo que al fin está conectada a eso. Una ingente cantidad de algo que no es materia pero tampoco ilusión, una especie de vacío iridiscente y cambiante, se concentra sobre su palma extendida. ¿Cómo pude vivir sin esto? Siempre estuvo ahí, esperándola.
Pero antes de que pueda pensar en hacer nada con el retorno de sus habilidades, un estallido surge, apabullante en su plenitud. Tiene la vaga sensación de haber accedido a otra cosa, de haber abierto un camino anteriormente cerrado. Las armas comienzan a vibrar descontroladamente. Su mente le pide que siga, que continúe explorando, pero el cuerpo corta el vínculo, del mismo modo que los reflejos obligan a apartar la mano de un bello fuego. ¡Lo sabía, aquí hay algo raro!
— ¿Lupa? ¿Cómo hiciste este desastre? ¡No importa, tenemos que irnos rápido, mamá nos busca!—
La habitación que escogió, un oscuro almacén de armamento, parece haber sufrido un terremoto. Quizás así fue. Ella yace en el centro, sintiendo una sonrisa creciente en el rostro mientras Liby la zarandea.
— Quítate de encima, ya voy. ¿Cómo lo descubrió? —
— Vino a nuestra sección, apestando a secretos. Solo me dijo que nos necesitaba. ¡No supe responderle donde estabas! ¡Rápido! ¿Por qué tenías que escaparte, no podías hacer tus tonterías mágicas allá?—
La conversación se desarrolla mientras las dos muchachas vuelan por los pasillos vacíos, en dirección al ala de los nobles. Su mente sigue congelada en la majestuosidad del momento, pensando en repetirlo. Nunca antes había logrado algo como eso con tan poco esfuerzo. Con ninguna clase de esfuerzo.
— No seas cargante. Tía Luan se comporta así desde hace días. Todos actúan raro. Esto es un asedio, ¿Recuerdas?—
— ¡Esta vez es diferente Lupa, lo juro! ¡Tenía la mirada desorbitada, y mandó a los guardias a encontrarte! —
Pero ya no hablan más: se han quedado sin aliento. A pesar de ello, siguen corriendo y vigilando que no haya nadie al doblar los enrevesados pasillos.
— ¡Ahí están! ¡Vámonos, no hay mucho tiempo! ¡Lana! —
La aguda voz de la tía Lola hace ecos en la piedra. Descubiertas, ambas tratan de poner cara de inocencia, pero eso parece no importar.
— ¡Rápido chicas! — Tía Lola aparece por una calleja lateral, vestida muy diferente a lo que acostumbra.
— ¿No van a castigarnos? —
La gemela mayor suelta un bufido nervioso y agarra a Lupa de la manga con más fuerza de la necesaria. No hay mucho que hacer y pese a ello Lupa se resiste al inicio, por puro instinto.
— ¿Leia? —
—En su habitación. Terminemos esto rápido, mi princesa debe estar nerviosa. —
Las señales se suceden, su avance es veloz, desesperado. No solo Liby ha comenzado a respirar pesadamente y perder el resuello, al pasar por las luminarias Lupa percibe la frente perlada de sudor de Lola, siente su propio corazón retumbando en el pecho y exigiendo más aire. El siguiente recodo, luego el que sigue.
— ¡Al fin! ¡Se tardaron una eternidad, los grises deben estar por volver! —
Frente a una puerta maciza abierta se encuentra la tía Luan. Liby no mintió, parece al borde de la crisis histérica.
— ¿Qué está pasando? — Su pregunta cae en oídos sordos mientras entran a una cámara de lo más extraña. Está vacía, salvo por un extraño disco azulado del que salen pilares igualmente metálicos. Liby mira confundida las extrañas y abundantes marcas en los anillos de la estructura.
— ¿Puedes manejarlo? Lori dijo que cualquier precaución era poca, que una revuelta podía estallar en cualquier momento. —
La tía Lola recupera todo su orgullo al responder la pregunta de su hermana mayor. Mientras tanto, tía Luan trastea con las runas, girando una y otra vez en combinaciones que solo ella conoce.
— ¿Por quién me tomas? Los soldados están en sus puestos, las entradas cerradas, la gente en sus refugios y los almacenes vigilados. —
—Yo… supongo que lo siento. Esto es tan… ¡Ahhh! Lo que quiero decir es… suerte. —
—Creo que ustedes la necesitaran más que yo. —
Acto seguido las gemelas se abrazan con fuerza, y al separarse ambas tienen lágrimas en los ojos.
— ¿Recuerdas que dijimos que nunca nos alejaríamos una de la otra? —
—Aún puedes venir con nosotros Lola, hay tiempo de ir a buscar a Leia…—
—Ambas sabemos que no es cierto, y aunque lo fuera, nuestro lugar está aquí. Solo asegúrate de conseguir ayuda. No podemos durar por siempre, por mucho que Lori y Lynn se empecinen. —
Lana asiente firmemente y unas gotas caen al suelo. Luego ocupa una posición en el círculo.
— ¿Mamá? ¿Qué es esto? —
Tía Luan se detiene un instante y explica rápidamente a Liby, sin prestar verdadera atención.
—Un transponedor. Normalmente requeriría una buena cantidad de ancianos experimentados para funcionar, pero como tenemos el factor ¨cachivache viejo y muy poderoso que Lori nos ocultó y probablemente esté en la zona más recóndita de esta mugrosa cueva a la que llamamos Ciudadela¨, podemos hacerlo nosotras solas, ¿Ehh? Nos iremos pronto, así que ocupa tú puesto ahí, tranquila…—
— ¿Y los demá…?—
— ¡¿Irnos?! ¡¿De qué demonios hablan?! ¡¿Acaso vamos a abandonar al resto, apuñalarlos por la espalda?! ¡¿No se supone que somos una familia?! —
Lupa grita con todas sus fuerzas, su voz se quiebra de cansancio al llegar a la última palabra. Una verdad terrible comienza a tomar forma en el fondo de su cabeza, así que reniega una y otra vez. Su tía Luan le contesta furibunda mientras las demás desvían la vista y Liby la mira, asustada.
— ¿Puñalada por la espalda? ¡Vamos a ayudarlos! ¡Este era el plan desde el inicio! ¡Ahora colócate en el puesto, no queda mucho! —
— ¡NO! ¡NO VOY A DEJAR AQUÍ A MAMA Y A PAPÁ! —
—Dijeron que dirías eso. ¡Ese es el problema contigo, no se te puede ocultar pero tampoco revelar nada! ¡Hiciera lo que hiciera ibas a ser la chiquilla que obstaculizara todo! ¡Pues entérate sobrina, te necesitamos también para activar esta cosa, así que vienes con nosotros! —
Dijeron que dirías eso.
La frase choca contra ella. Por eso la despedida tan triste de papá mientras pensaba que estábamos dormidas, la canción de mamá anoche… No era por ellos, sino por mí.
— ¿Pero por qué? ¿Ustedes lo sabían? — Lupa pasa la mirada por sus tías, que asienten. No parecen ellas, sino un reemplazo, máscaras de nervios, determinación y terror. Al menos Lana trata de ofrecerle una sonrisa de disculpa, pero se le borra de los labios. Liby está tras ella.
—Eso es un sí. Quieren huir. ¡No importa, es obvio que no podemos! ¡Ni siquiera sé cómo funciona esta cosa, ni somos lo suficientemente fuertes para alimentarla! —
—No será necesario. Ya está calibrada. Solo ponte ahí, toca uno de los pilares y concentra energía en él. —
—Una maravilla antigua… Vamos por ti Lizy, espérame mi pequeña…— Lana ya se ha parado sobre una ranura que asemeja los pies de una persona.
En ese momento un temblor sacude las paredes, el estruendo abrumador.
— ¡¿Qué sucede allá arriba?! —
— ¡Los magos habrán empezado a luchar! ¡No nos queda tiempo! ¡AHORA! — Le grita Luan.
Por fin sintiendo el miedo y adrenalina del momento en su totalidad, Lupa obedece al sentido de urgencia de todas en la habitación. El tacto de la columna no es frio ni caliente, se siente casi incorpóreo. Los pilares de tía Luan y tía Lana empiezan a brillar levemente.
— ¡Lupa! —
— ¡Ya voy! —
De nuevo recurre al poder, de nuevo se maravilla con ese nuevo camino que la llama. Esta vez, es el todo por el todo. Las apuestas que le gustan. Abre los ojos y en vez de ver una explosión de energía concentrada percibe la columna brillando con intensidad obscena. Los círculos exteriores comienzan a girar con pasmosa velocidad, las inscripciones relumbran. Su cuerpo exhausto le parece ligero, hecho únicamente para transferir esa pequeña fuerza amplificada a un torrente colosal. Las cosas empiezan a desvanecerse, y lo último claramente visible es la tía Lola agitando triste una mano enguantada en señal de despedida.
Un destello. La nada.
Madre…
Padre…
¿Dónde estoy?
¿Por qué me abandonan así?
Cuando recupera la conciencia está acostada sobre una roca que le lastima la espalda. A su lado Liby trata de incorporarse, para en vez de eso terminar vomitando acunada por su madre.
Tambaleante, la tía Lana se cierne sobre ella y le ofrece la mano.
— ¿Estas bien? —
—Nunca he estado mejor…— El sarcasmo acude rápidamente a sus labios.
—Trata de recuperarte rápido sobrina, tenemos que irnos. —
— ¿Y ahora qué? —
Por toda respuesta, la mujer rubia gira hacia el norte la cabeza desolada.
Lupa solo ha visto un humo así de negro dos veces.
La primera cuando Lacy, Liby, Lemy y ella decidieron que sería divertido prenderle fuego infinito a un vertedero. El castigo fue horrible, pero el olor peor.
La segunda vez fue cuando las fortalezas ardieron. Cuando tuvieron que escapar de su hogar, que se encuentra exactamente en la dirección a la que mira. Entonces es cuando el mareo vuelve con furia inusitada.
Noche del 25 de Elid, la Ciudadela.
Lynn
Todo está saliendo a la perfección. Puede que las jarras de cerveza contribuyan a ello, Lynn no lo niega, pero aun así…
Las chicas se fueron hacia su destino, Leni y Liena están a salvo tras los muros, la maniobra fue todo un éxito, hay motivos de sobra para celebrar un poco. Después de una hora bebiendo con sus hombres (casi no hay bajas entre los Taleg, cosa de la que ella se siente más que orgullosa), una capitana tambaleante se dirige hacia su habitación. En la gran cama común solo están Leni y Lucy, la ultima abrazando sus propias piernas como si fuera un bebé.
Embotada, cae de lleno en el edredón esperando pensando en la jornada de forma difusa.
-Ojalá tuviera a Linc aquí para ayudarme…-
Una cálida humedad baja a través de sus piernas, pero Lynn ya no está consciente. No puede oír las pesadillas de sus hermanas.
No puede ver a Lisa llegando con su cara estoica.
Ni a Lola, apenas con un humilde camisón sobre el cuerpo y sangre bajo las uñas.
O Lincoln, que se entrega al sueño mas o menos como ella, solo que ebrio de dolor.
No puede ver a Lori, la ultima en llegar con una mirada endurecida que mientras se posa sobre sus hermanas y hermano deja traslucir un asomo de duda.
Es pasada la medianoche, centenares de hombres y mujeres han muerto asesinados, sofocados o desangrados. Unos cuantos miles se alejan de la ciudad con duda e ira a partes iguales, muchos más se lamen las heridas en el campamento catrenni jurando venganza. A lo lejos el grupo de Luna duerme bajo mantas cada vez mas insuficientes. Algo más cerca nadie puede siquiera pensar en cerrar los ojos, y mucho menos Lupa.
Afueras de la ciudad baja, campamento general catrenni. Madrugada del 26 de Elid.
Franqueando la entrada bien defendida, la Sabia entra en la tienda mas elegante y espaciosa del corredor central. Valiosos muebles y percheros se encuentran bien distribuidos sobre su piso alfombrado.
—¿Príncipe Aldyss?
Delante, dos hombres dejan el gigantesco mapa, ocultando uno mas pequeño e impreciso. Vetitan da un suspiro interno, pues aun a esas alturas el conde Jeleth no se fía de ella. Precisamente el es el primero en responder.
—¿Y bien?
—Setecientos dieciséis hombres yacen a salvo ahora gracias al poder de la Luz conde, si a eso se refiere…
El joven príncipe se desploma en el sencillo trono y pone una mano enguantada entre la frente y sus rizos castaños.
—¿Setecientos? ¿Apenas setecientos? ¡Hoy perdimos dos mil simplemente entre los muertos! ¡La mitad de los caballeros no tiene caballos, un cuarto ya no volverá a respirar jamás, y por si fuera poco entre el fuego y esas abominaciones las máquinas de asedio desaparecieron! ¿Y dices que solo pudiste salvarlos a ellos sacerdotisa?
El conde escupe por entre su tupida barba. Es el mayor dentro de la carpa, tío del príncipe y hermano del rey. Tiene fama de guerrero inspirador, pero pendenciero. Para Vetitan no queda otra opción que soportar sus rabietas de niño frustrado.
—Cualquier vida salvada es una gran victoria, y esos valientes cayeron luchando contra la peor de las corrupciones. Sin duda, el la Luz otorgará la victoria a sus campeones…
—¿Cuándo Vet? ¿Cuándo? Los conozco a ambos desde que puedo recordar, y sé cuando hablan sin decir nada. ¿Eso es todo lo que pueden hacer por mí?
—Mi príncipe…
—Déjenme terminar. Tío, aunque tuviéramos las catapultas no serviría de nada. Llevamos 5 días machacando esos muros y nada. ¡Nada, y siguen teniendo kilómetros de catacumbas bajo esa mole! Vetitan, los hombres fueron a la batalla con fe ciega en que nuestra causa los protegería, ¡y lo único que obtuvieron fue el fin a manos de sus propios compañeros reanimados! ¿Esta es la fuerza del bien?
—Sin duda esta confundido por esta terrible jornada, los cauces del rio demoran su viaje, pero siempre llegan al mar. Así también la Luz llegará a sus objetivos.
—Si, pero ¿A que costo? No Vet, así no funcionan las cosas para un príncipe. Tío, se que quieres atacar apenas los hombres estén descansados pero mi padre y el Consejo me pusieron a mi a cargo. ¡A mí!
—Eso nadie lo ha puesto en duda sobrino, ¿Pero entonces que hacemos? ¿Vas a retirarte con la cola entre las piernas después de la primera sangre derramada?
Buscando una solución alterna, la Sabia vuelve a intervenir.
—¿Qué hay de abrir alguna entrada por otros medios?
Los hombres se miran entre sí un momento. Contesta el menor:
—Klet no, descartado. Nuestros colaboradores cuelgan ahora de esos tres veces malditos muros.
—¿Cómo se dieron cuenta?
—Bueno, ¿qué esperabas? Contrataste solo devotos, extranjeros, desesperados o una mezcla de los tres anteriores como espías. —Jeleth pone el dedo en la llaga. Vetitan mandó personas puras hacia la muerte. — No era tan difícil deducirlo.
Después de un segundo, la mente aguda del príncipe Aldyss expresa con tono fatalista el resultado.
—Basta. Esto ya llegó a un punto muerto. No podemos entrar, ellos no pueden salir ahora que se deshicieron de parte de sus soldados, y por si fuera poco ninguno puede recibir refuerzos de forma segura. Es obvio que los que escaparon nos hostigaran desde mañana, y si nos encargamos de limpiar de aquí a Catreinn será cosa de empujar un poco y barrerán a los que se queden aquí.
Si… estamos tan atrapados aquí como ellos.
…
Tío, ordena a los hombres entrar a la ciudad y establecer un perímetro residencial mañana. Nos apropiaremos de los barrios exteriores y los fortificaremos. Crea partidas de forrajeo numerosas para los territorios cercanos y autoriza los saqueos sin hostigar demasiado al pueblo. Esto tomará tiempo.
—¿Así que será eso? —Se dispone a salir el conde, mirando algo decepcionado pero revitalizado a Aldyss.
La Sabia trata de hacer honor a su título y tomarlo bien Es lo más sensato considerando la situación estratégica, pero la llamada de la Luz se hace más fuerte…
—Si, me temo. No quise que… No importa. Son ellos, o nosotros.
Con un regio ademan el príncipe los despide. Vetitan se dirige hacia su propia tienda hasta que algo se posa suavemente sobre su hombro.
Las lámparas de aceite le permiten ver un copo pequeño y perfectamente adherido a su túnica. Nieve.
Las calzadas del buen viajero.
El Trono Vacío: Se dice que cuando ocurrió el Cataclismo y la familia real Trannid murió durante los fuertes temblores, la nobleza superviviente encontró su sitial intacto en el palacio calcinado. Antes de un año los refugiados de otros continentes presionaban por espacio hacia la llanura de Tran y la aristocracia de Ciudad Capital dejó sus luchas internas para guiar en un éxodo masivo a su pueblo en dirección al lago entre montañas donde, según contaba la tradición, el Primer Humano de Magtar había encontrado la magia impura. En aquel nuevo valle las antiguas familias fundaron Trannidar, ¨Gota de Tran¨, dejando en su Ciudadela, además de los numerosos y antiquísimos tesoros, el antiguo trono, como símbolo de que en su nueva nación jamás un monarca volvería a permitir tal desgracia con su deliberada incompetencia.
De los enanos: Pese a ya existir en el continente, su número fue siempre escaso. La mayoría de los enanos se concentraban en las Tierras perdidas, y como es sabido fueron demasiado testarudos (y ajenos a la navegación) para abandonar. No se sabe si aquellas gentes lograron sobrevivir bajo tierra o por el contrario, sucumbieron ante el calor abrasador y los dragones, guivernos y escorpiones gigantes que ahora son amos de ese antaño fértil desierto. Sus parientes lejanos de las Montañas Oseas (hoy conocidas por el vulgo como Montañas de los Enanos) son reservados, hábiles y rápidos a la hora de aprovechar su ubicación, además de estar divididos en unos pocos clanes, algunos más piadosos que otros. Esta especie no tiene acceso a la magia de ninguna clase aunque colabore con los Viajeros, y han mantenido disputas territoriales o económicas con elfos y humanos por igual.
El lago fragmentado: En una depresión sureña se encuentra este curioso fenómeno natural: múltiples lagunas separadas por franjas de tierra alta y conectadas por traicioneros canales. Una ciénaga centenaria, los peligros que acechan allí son infinitos por parte de su extraña flora y fauna. Se recomienda a cualquier Viajero prudente que se haga acompañar por los aviesos locales, quienes conocen bien la marisma y siempre están necesitados de la compasión de la Luz. La espesa y sulfurosa niebla que emana la mayoría del año puede desorientar los sentidos y causa extraños fenómenos climáticos entre la ciudad de Filt y la Mancha, bajando la temperatura y evitando que los Caballeros de Hrumgarde padezcan de las quemaduras comunes al Sur.
De nuevo, mucho tiempo entre capítulos. Esto se me está complicando seriamente tanto por ocupaciones ajenas como por falta de ideas. Siento que no soy capaz de darle una conclusión o en el fondo hacer de esto una buena historia. Creo que después de cerrar este arco dejaré esto congelado (no sé si en este o el próximo capítulo). Quizás debí situar esto en un mundo ya existente para hacerlo todo mucho mas sencillo (se me vienen a la cabeza Poniente o Temerant), quizás debí leer guías sobre escritura antes de hacer esto y no después… Quizás en el fondo no debí intentar algo tan condenadamente ambicioso y fuera de contexto, pero en serio me sentí tan atraído por la idea del fantasyverse, tanto que solo ahora me doy cuenta lo mucho que me cuesta hacerla funcionar. Tantos quizás... Supongo que solo estoy divagando sin demasiado sentido, por lo que si llegaste hasta aquí de verdad lo encuentro admirable, y si seguiste esto desde el inicio entonces solo me queda disculparme si sales decepcionado. Tengo otras ideas, otros planes que podría llevar a cabo pronto, así que con esa débil promesa me despido por ahora. Pdta: El nombre de Aldyss está basado en Brian W. Aldyss, creador de Heliconia (uno de los mejores ejemplos de la ciencia ficción, fantasía y worldbuilding del pasado siglo). Pdta 2: El conde Jeleth es una mezcla entre Jezal dan Luthar de La Primera Ley y Aoz Roon de Heliconia (no confundir con Jifrith el sargento). Vetitan simplemente es una ciudad del Imperio Final, Nacidos de la bruma. Como es obvio, recomiendo encarecidamente todo eso por si alguien se molesta. Pdta 3: Loraine no es un personaje mío, Warden Sigma me lo prestó para esta historia y es hija de Chandler en su HC. Por un momento y para no matarla tan rápido me planteé hacer todo un nuevo arco sobre las familias nobles con ella de protagonista, pero nunca llevé a buen término la idea. ¿Qué opinan de esa subtrama? ¿Y de la de Loan, Lyra, Lupa, los antagonistas externos, Clyde y Lola? Se que no soy muy explícito, pero trato de poner pequeñas pistas.
Pdta 4 (como si faltaran): Sé que mentí descaradamente cuando dije que este capítulo sería mas corto, sinceramente no pensé en eso cuando terminaba el anterior y ahora tuve que acortar todo e incluso eliminar una escena bastante subida de tono para que calzara en una longitud mínimamente aceptable. Por eso pareciera que la trama está compuesta de retazos, aunque en parte esa era la intención inicial.
-WOKELAND: Cada día se aprende algo nuevo, y creo que leer mucho no necesariamente me enseñó cómo escribir. A ti, J0nas y algunos más debo principalmente que lograra afilar un poco mi pluma, si bien me queda mucho trabajo. Ahora estoy probando con cambiar un poco el estilo narrativo (no puedo pedir que me corrijan todo, también hay que esforzarse uno jaja) esperando que sea más liviano y entretenido.
-J0nas Nagera: Lynn lo aprendió a base de traspiés y tumultuosas sesiones de estudio con Lori para llegar a capitana, pero claramente está más en su salsa durante el combate que pensando demasiado, a (enorme) diferencia de su hermano. Sobre Loan y Lori, no son realmente princesa y reina (como se explica en la segunda sección), pero en una fortaleza desesperanzada, con el pueblo lleno de incertidumbre y miedo y los nobles recién nombrados de forma dudosa, vienen a serlo de facto.
