1 de Gelmar, alrededores de Trannidar.

Luna

Encendieron la fogata en una depresión del terreno, cubierta de la vista por la cornisa de piedra gris en la que se apoyan Lacy y Lemy. Mientras que su sobrina parecía nerviosa (más que de costumbre), el pequeño Lem alternaba miradas compungidas con ella y preocupadas hacia la única carpa que les quedaba. Esos últimos días no habían sido amables con ellos, pero estaban mejor que Lizy. Y sin duda mejor que Lyra.

Luna se atrevió una sola vez a acercarse a su ciudad sitiada, nada mas instalarse en el campamento. Para su profundo horror parecía imposible entrar a la ciudadela en un inicio. Desde las murallas hasta el anillo interior las banderas catrenni restallaban al viento esa mañana. Su mente había comenzado a tramar por instinto las maneras de entrar por los portones vigilados: disfrazarse de mercader, escalar las murallas de noche, valerse de los instrumentos y la capucha para pasar desapercibida como un bardo mas en busca de gloria, o emprender un largo viaje para rodear la urbe hasta los acantilados que encasillaban la Ciudadela.

Todas descartadas. Le recomía el cerebro la posibilidad de ver a sus hermanos pronto, pero tenía responsabilidades demasiado pesadas para ponérselas encima a su amados hijo y sobrina. Una niña demasiado pequeña para haber salido siquiera de su hogar (en serio, ¿Qué estaba pensando Lana?) y una mujer hecha y derecha… Su primogénita, postrada en el saco e incapaz de levantarse sin llorar. ¿Cómo era posible? Lyra siempre había sido responsable, hasta dura. Un día simplemente vio humo en el cielo, se plantó en la carpa y no dejó de llorar. Por lo que Luna sabía, había perdido todo acceso a la curación. Estaba destrozada hasta el punto de que cuando dormía aferrada a Lizy (no menos devastada por la ausencia de su propia madre) nadie sabía quien consolaba a quien. Realmente no se atrevía a poner un pie mas allá de lo necesario fuera del lugar por temor a encontrarla ahogándose en sus lágrimas… o no encontrar a ninguno.

Por su parte los otros dos chicos a su cargo lo sobrellevaban a su manera, lo que involucraba cada vez mas tiempo practicando con lanzas de madera y haciendo trampas para conejos. La comida escaseaba, los días eran perceptiblemente mas fríos. El día anterior había nevado un poco. De vez en cuando Luna los miraba de reojo y creía advertir no la duda sino algo mas en sus pupilas. Una apatía y desesperanzas que ningún niño debería mostrar, incluso durante una maldita guerra.

Como ahora… o casi. Lemy estira una pierna antes de hablar.

—¿Mamá?

—¿Mhm?

—¿Cuánto falta? Digo, ¿Cuánto mas vamos a estar esperando aquí?

—Hasta que tu hermana se mejore cariño. Sé que es difícil, no me gusta ni un pelo tampoco, pero tenemos que apoyarla en esto. Luego podremos… encontraré la forma de entrar todos a casa.

—¿A casa? ¿Sigue estando ahí?

Luna decide ignorar la última pregunta. Otra buena razón para permanecer ahí todo el tiempo como un sabueso guardián es evitar que los chicos vean el estado de la ciudad. Si a ella le revolvió el estómago ver la fortaleza familiar en ruinas desde la distancia no duda de que para ellos será peor. Al menos para Lacy, eso seguro.

Sorprendentemente ella sale de su estado para meterse en la conversación, evitando una posible insistencia de su herma-primo. Su voz aún guarda reminiscencias de la hiperactiva chiquilla de hace un mes.

—¿Podrías contarnos una historia tía? ¿Por favor? ¿Para pasar el hambre?

En eso tiene razón. Hoy apenas comieron un par de mendrugos de pan y conejo del día anterior. Al menos tienen agua en abundancia gracias a la nieve.

La música suspira y trata de evaporar sus preocupaciones con una sonrisa suave.

—¿Y sobre qué esta vez? ¿Hay algo que no me hayan hecho contar varias veces ya?

Lemy se activó un poco más.

—Qué te parece… ¿Las aventuras de Preshin Robasillas? ¡Estoy seguro que Lacy no la ha escuchado jamás! Es un cuento de los jinetes Hiz sobre…

—El Duelo No Librado. Quiero escucharla tía, aunque sea por… solo quiero escucharla. Mamá me la contaba antes, después de entrenar, pero ella no es tan buena como tú.

Para Luna estuvo claro que Lacy buscaba algo familiar desde el inicio, pero algo le llamó la atención mientras Lemy se inclinaba, curioso. Claro que el nunca había escuchado la historia, simplemente no era de esas que se cuentan en una taberna. Frente a la lumbre su hijo parecía… diferente. Mas alto, mas nervudo, con las mejillas mas hundidas y una mirada mas dura, depredadora. Alarmada, pensó que ella nunca quiso eso para él. Luna no era de esas que querían dirigir la vida de los demás, pero de ahí a que los brazos de Lemy empuñaran una espada en vez del laúd…

Cavilaciones vanas, ahora que sabía la necesidad acuciante de su público.

Con una maldición mental hacia Lynn por haberle metido tantos relatos épicos a Lacy comenzó a recitar haciendo uso de su voz queda, la que guardaba para ese tipo de cuentos. Si iba a hacerlo, que fuera haciendo honor a su condición de juglar. Exiliada, perdida y hambrienta, pero juglar, al fin y al cabo.

—Se dice que de las cien guerras y mil batallas acaecidas sobre Magtar dos han marcado esta tierra para la eternidad, al menos en lo concerniente a los humanos. Si, la Guerra de Tinta definió el futuro del continente para todos los demás, cuando los orcos fueron finalmente confinados a la Mancha, pero en la memoria nebulosa del hombre quedan guardados dos eventos clave. Pasado, presente y futuro son su dominio por igual.

¨La primera fue el La Masacre de la Rosa, que pocos se atreven a contar en ningún lugar salvo los más atrevidos. La canción compuesta narra el desembarco de la princesa de Gelleth al continente después del cataclismo, las penurias que tuvo que pasar para asentar a su pueblo en el Lejano Sur, acosada por orcos al este, elfos al oeste y la desconfianza de todos. Como, doliente por el peligro suplicó la ayuda de los reinos del norte, que guardaban miedo en el corazón. Como lanzó su último lamento cuando estos, aterrorizados de las maravillas que eran su herencia y habían llevado al cataclismo decidieron unirse por primera vez en la historia antes de ser siquiera reinos como tales. La canción narra el lamento final de la princesa en la alta torre de An Ierlen, cuando los pueblos del mundo dejaron de lado su pobreza e incluso deseo de reconstruir para quemar su sueño y su ciudad hasta los cimientos. Pero esa historia y la maldición de pena, ceguera y luto caída sobre reyes, soldados y señores por igual, es para otro día¨ — Ahí hizo una pausa larga con la esperanza de que los chicos protestaron, pero nada. Seguían pendientes, instándola a continuar con sus gestos impacientes. -Casi iguales a nosotros a su edad- Curiosamente el pensamiento no fue frustrante para Luna, considerando su estado de ánimo anterior. Cualquier recuerdo de una época en la que no soñaba con los ojos vacíos de un hombre muerto era bienvenida.

—Bueno, si quieren saberlo, El Duelo No Librado transcurrió durante una batalla tan antigua que ni siquiera su tía Lucy puede fijarla con exactitud, cuando ni los antiguos reyes trannid existían, cuando todo era nieve y hielo en el este valle y al norte. El nombre quedó grabado para los clanes de ese entonces como la batalla en el Puente de las Hojas y Huesos, y aquí va:

Al sur, muy al sur de aquí, en las Tierras Disputadas habitaban los clanes que mucho mas tarde darían en llamarse trannid. Gente belicosa como mas tarde serían los norteños, apenas se ponían de acuerdo para cultivar los escasos meses en el que la mitad del continente no estaba sumida en el Infierno Helado. Un invierno particularmente implacable por esa época legendaria significó muchas pérdidas, madres congeladas tratando de proteger a sus hijos con el cuerpo del frío asesino y hombres tan duros como la roca suplicando porque se terminara el tormento. Para no alargarlo, digamos que los clanes hicieron algo nunca visto: se reunieron bajo la promesa de encontrar mas tierra fértil al sur. Por entonces apenas comerciaban nada con nadie, puede que incluso ni siquiera supieran que había algo más allá, porque de buenos mapas ni hablar y de comodidad tampoco.

¨La iniciativa de los jefes tuvo éxito y legua tras legua de sembradíos se extendió esa primavera hasta un río de nombre Dendren e incluso mas allá, hasta las mismas lindes del enorme bosque que recubría las Montañas Oseas y todo lo intermedio. Claro, entonces no se llamaban así. O quizás. El punto es que a los elfos en Levr Illieth no les gustó para nada que talaron sus dominios para plantar cebada, y a los enanos que los primitivos hombres les exigieran tributo por el metal que extraían en sus propias minas. El exceso de ambición, o quizás el miedo al hambre. Eso fue lo que llevó a los clanes al borde del desastre. ¨

Los elfos fueron los primeros en surgir en tropel desde la floresta. Guerreros incomparables en destreza y agilidad, no llevan animales al combate cuerpo a cuerpo y creen que matar es lo mismo que entregarse a la tumba, lo que hacen con igual fervor. Blandían curvas espadas largas como lo siguen haciendo, parecidas a las de los mercaderes de Shulibiz de casa. Al principio todo marchaba tan bien como podía ir una jodida guerra…

—¡Tía!

—De acuerdo, se me olvidaba que tienes los oídos delicados Lacy. —La chica comenzó un ademán de protesta indignada

—¿Quieres seguir escuchando la historia o no? Como decía, los elfos solo mataban cuando no quedaba mas opción y capturaban a los que se les resistían si era posible. Eso hasta que uno de los clanes salió a campo abierto creyendo que su fiereza de cachorro podía humillar al leopardo, confundiendo la calma con apocamiento. Lo que nos ha llegado hasta ahora es fácil de dar por sentado: el mal llamado ejército de guerreros tribales y recolectores sacados de sus chozas fue barrido como hojas al viento, como habían sido todos los insensatos que por esa época se las veían con los elfos. La diferencia fue que, desesperado por evitar su captura, el jefe ordenó pasar por la antorcha la campiña presta para la cosecha. El grano seco ardió como brea y el fuego nunca antes visto llegó hasta las mismas montañas al este y a los nuevos límites del Bosque al sur, devorándolo todo. Mientras el humo oscurecía el sol por tres días seguidos, elfos enfurecidos y enanos llegados de sus ciudades subterráneas dieron caza a cada hombre que encontraran, colgándolos de sus primitivas granjas antes de tirarlas abajo. Nuevos ejércitos se estrellaron contra esa coalición una y otra vez, tratando de recuperar el terreno fértil ahora anegado en ceniza. Fue una masacre, porque de nada servían las cortas lanzas de bronce de esos primeros habitantes contra la velocidad, técnica y resistencia de los antiguos pueblos. Si hubo algún intento de negociación, no debe haber salido muy bien porque nadie lo recuerda.

Sabiendo que si se perdían las cosechas la gente huyendo moriría de hambre, algunos se quedaron para ayudar a los granjeros a empacar. Entre ellos estaba un joven llamado Josmyn ter Kyeral. Líder de algunos hombres destacados allí por los jefes, era el primero en marchar a lo más álgido del combate para retrasar las vanguardias enemigas antes de que llegara el cuerpo principal. Siempre resistía, siempre era derrotado y obligado a retirarse. Para ese momento la huida se había convertido en un éxodo impregnado de pánico absoluto, pero algunos se retrasaban para admirar a la única persona que podía hacerles frente a los elfos y salir vivo, que podía proteger a los mas lentos para alcanzar el Paso y con ello la seguridad, o eso creían. Josmyn estaba cada día mas frustrado. Se le unían nuevos hombres, sí, pero tan poco acostumbrados a pelear como los anteriores y con iguales probabilidades de perder la vida conteniendo a un enemigo superior en todo menos el número mientras los arqueros lo mermaban desde la retaguardia. Sabían que iban a morir, pero aun así se ponían bajo su mando por miedo a que los elfos se cobraran la muerte de los árboles con sangre en sus familias.

Así pasó el tiempo hasta que ya no se podía retroceder más; los exhaustos humanos habían llegado hasta S´Gill, lo mas cercano a una ciudad enclavada apenas unos kilómetros mas al sur del Paso. Territorio común de todos los clanes, ya nadie se la disputaba y todos intentaban escapar. Cualquier esperanza de clemencia pereció cuando las catapultas de los enanos echaron abajo los precarios muros y la infantería aliada conquistaba calle por calle el poblado. La diferencia fue que esta vez el alto de la coalición no fue voluntario. Cuando intentaron perseguir al ejercito humano, este volvió las toscas lanzas hacia atrás y se cobró un precio en el destacamento de enanos que le perseguía. En la retaguardia, Josmyn había logrado organizar a sus hombres para retroceder en una formación organizada y dirigir las puntas a las gargantas de sus pequeños y robustos adversarios. Con el rey elfo quemando hasta los cimientos S´Gill, se intentaron otros amagues igual de fracasados. Enanos y observadores elfos volvieron a su campamento consternados. ¿Cómo era posible que tales barbaros hicieran algo así? Deberían haberse desbandado a la primera acometida o, si eran muy valientes, lanzarse inútilmente a la garganta de sus atacantes, no levantar un muro de puntas afiladas y al mismo tiempo seguir caminando como si nada.

Muy probablemente sea un aderezo posterior, pero se cuenta que durante la conferencia de los reyes se escuchaba muy a la distancia un atronador y ronco grito: ¡Kyeral, Kyeral, Kyeral!

El enano exigió partir inmediatamente para castigar a Josmyn antes de que tuviera tiempo para rehacerse, pero el rey elfo habló suavemente, pues prefería dar un mensaje con el cadáver de una ciudad que con cuerpos de mujeres y niños: El pueblo de las montañas es duro y resistente, pero nosotros el pueblo de los bosques necesitamos un descanso para prepararnos y reducir esta abominación de madera muerta. Espera tres días, enano, y tendremos nuestra venganza. ¿Qué pueden hacer los humanos en ese tiempo salvo huir? Lo de hoy no les servirá contra nuestro ejército completo ¨

Los enanos siempre tienden a esperar lo peor de los demás, especialmente en cuanto a su condición física, por lo que aceptaron con desdén. Unos días más, unos días menos, ¿Qué importaba? Tarde o temprano incluso los transgresores del norte del Paso sufrirían las consecuencias de ahogar minas enteras con sus incendios.

Al amanecer del tercer día se presentó en la formación natural la todopoderosa armada de la coalición. Al sur solo se veían figuras borrosas de elfos y columnas de enanos marchando, pero por este y oeste seguían llegando aterrados granjeros para guarecerse en la tierra de sus padres, de la que se arrepentían de haber salido y donde se encontraban los jefes que habían jurado protegerlos. En todo eso pensaba Josmyn ter Kyeral cuando formaba a sus hombres y mujeres de cara a la muerte, armados ahora con astas y arcos mas largos de los que nadie había visto o usado. Milagrosamente había convertido en tres días a varios miles de campesinos y cazadores en un verdadero ejército como nunca un hombre había llevado a la batalla. Sin dudar un segundo de su superioridad el rey elfo se lanzó a la carga junto a sus Ewhoer, sus hermanos de armas. Una y otra vez su impetuosa carga fue desbaratada con grandes pérdidas en ambos bandos. ¨ ¡Increíble! ¨, gritaban, porque nunca llegaron a enfrentarse solos aun humano. Cuando alguno caía sesgado por el filo estelar élfico, otro ocupaba su lugar con la lanza dispuesta a bañarse en sangre. Cuando se creaba una brecha en el muro, hombres armados con largos garrotes se lanzaban a la batalla hasta hacer retroceder a los elfos por miedo a quedar atrapados si se arriesgaban a matarlos. En medio de todo Josmyn blandía de un lado a otro una monstruosa espada de hierro como pocos jefes se podían permitir en ese entonces, al grito de ¡Kyeral! sus hombres volvían a la carga aunque no pertenecieran a ese clan, porque eran hermanos de batalla ellos también. Tres veces lo intentaron elfos, dos veces enanos, sin ningún efecto allí donde debieron causar una masacre. Al sexto intento, cuando ambas razas cargaron enfervorecidas hacia adelante, las tropas humanas de refuerzo estuvieron a punto de rodear y sobrepasar el contingente principal de enanos, corrieron para proteger a su rey dejando expuestos a los elfos. Por primera vez en todo el conflicto el corazón de estos nobles seres conoció el miedo, y tras cinco horas de arduo combate se dispersaron para volver a su campamento. Miles de hombres habían rendido la vida en ese campo llano, así como cientos de guerreros de la coalición. Un precio espantoso para ambos bandos, que en otras circunstancias nadie debió estar dispuesto a pagar.

Esa noche un mensajero élfico pidió conferenciar en secreto con el líder humano, y sorprendentemente fue aceptado por un convaleciente Josmyn. Nadie sabe de cierto que se habló en la tosca tienda, porque ya va una eternidad de eso chicos. A muchos les gusta contar sus propias variantes, pero yo me quedo con lo que me contó mi maestra: al día siguiente se presentó en un altozano Levi Hojasusurrante, Primero Entre Iguales, Guardián del Bosque y Ungido por el Corazón de Levr´Illieth, frente a frente con el primo menor del líder del clan Kyeral. Con cada uno acudieron sus guardias personales e incluso hechiceros élficos, si bien tenían prohibido hacer uso de ninguna fuerza. Sin una palabra ambos varones se adelantaron y comenzaron a desenfundar sus armas. Los demás habían sido traídos como espectadores.

Antes de que terminaran una figura vestida de cuero endurecido se interpuso entre ellos. Alarmado, Hojasusurrante clavó su sinuosa espada en el cuerpo, al tiempo que Josmyn, por algún motivo, intentaba apartarlo mientras sus ojos se desencajaban de sus órbitas y un grito desgarrador salía de su garganta.

Sorprendido porque no contestaran su ataque y por la terrible carga de aquel alarido, el rey elfo vio como el caudillo de hombres se arrodillaba y retiraba el gorro del hombre… no, de la mujer, revelando un pelo rubio y unas facciones que no podrían recordar mas a las de él mismo. Era su hermana mayor por quien estaba llorando, Jasmyn ter Kyeral dar Jendyn, quien lo había acompañado durante toda la terrible campaña. Mientras la mujer respiraba entrecortadamente y la sangre barbotaba de su costado el intrépido soldado le preguntaba como enajenado por que no había escapado con los demás.

¨Lo sabías, sabías por qué hermano¨

Un sollozo estrangulado escapó de la garganta de Josmyn, quien la acunó entre sus brazos y dio la espalda a un enemigo con acero desenvainado. Entre los clanes de hombres y también de enanos, era una señal inequívoca de aceptación de la derrota, una invitación a matar al adversario para proteger su honor.

¨ ¿Por qué? ¨-Preguntó el anonadado rey. El otro le respondió con voz queda después de un rato interminable.

¨Porque somos uno parte del otro. Tiene razón, fui un estúpido pensando que se alejaría de mí, y es mi culpa que haya venido ¨

¨Ella eligió su destino¨-Respondió.

¨No… no te creas tanto… hermanito. Si nos vamos, será… juntos¨ Intervino de forma entrecortada Jendyn. Cada palabra arrancó una lagrima de su hermano menor, antes duro como la piedra.

Tras otro silencio, de nuevo se oyó la voz firme del elfo.

¨Vete. Has peleado sin dar tregua por lo que es preciado a tu corazón humano, ahora lo veo, y no por satisfacer tu ambición. Váyanse ahora… y nunca regresen. ¨

Josmyn se volvió incrédulo, y el rey enano lanzó un grito de protesta secundado por todos sus guerreros juramentados. Habían venido a hacer justicia contra los asesinos, no para ver que el corazón blando de un elfo pasaba por alto todos sus sacrificios y ofrecía la paz. Sin embargo, pronto fue acallado por el comportamiento severo de Hojasusurrante, dejando claro que los elfos lideraban esa coalición desde el inicio. Incorporándose aún conmocionado, ter Kyeral sacudió la cabeza.

¨Ya no puedo. No sin ella¨

¨Paga el precio, y vivirᨠDijo el elfo con una mirada intencionada.

Entendiéndolo de inmediato, Josmyn tomó su pesado espadón y sin dudarlo se hizo un corte profundo en el brazo derecho. Para sorpresa de los soldados presentes ni una sola gota de sangre manó de la herida, pero por cada instante él perdía color a ojos vistas y el agujero en el costado de Jendyn se cerraba. Fue la primera vez que se usaba magia en seres humanos, magia extraña y a la que todos temían. El rey elfo asintió con un cabeceo.

¨Es cierto que su vínculo es más fuerte que la misma muerte, y su sangre es una sola. No había visto algo así hace siglos. Ragnar, rey de los enanos Hierro Negro, eres mi testigo. He ganado el duelo¨

¨ ¿¡Qué disparates dices elfo!?¨

¨El duelo no ha sido librado, pero yo soy el ganador. Está es la decisión que tomo sobre el vencido, como mandan las costumbres del Pacto entre mi raza y la tuya. ¨

—Después de eso se dice que de toda la multitud marchando hacia al norte, de vuelta al hogar, solo Jendyn destacaba con la cabeza en alto mientras el resto rumiaba su alivio y frustración por igual.

Lemy la mira confundido, sin entender la historia en absoluto, pero Lacy frunce el ceño.

—Así no es como la cuenta mamá.

—Cada cual tiene su versión chica, no culpes a la trovadora por eso. A la próxima lo haces tú si quieres—Gruñó Luna con sorna. Nunca le gustó aquel cuento embellecido. ¿Qué se supone que aprenda nadie, salvo a desconfiar de todo y todos, y sacrificarse estúpidamente…?

—En todo caso se supone que de ahí viene la capacidad excepcional de usar la magia en la ciudad, y la antigua costumbre de creer que nadie es tan adecuado para ser marido como el hermano, ¿Ehh?

Esta vez Lacy se sonroja fuertemente y Lemy mira hacia otro lado, incómodamente consciente de la cercanía de sus cuerpos. Luna piensa que tendrá que hablar con Lemy al respecto, y pronto. Sin embargo, es un problema que afrontará otro día.

—Vaya, pero sí…

Un temblor sacudió la tierra fuertemente. Los menores se pararon inmediatamente, mientras ella aún trataba de proteger el laúd con su cuerpo.

Cinco segundos, diez, quince… Después de lo que parece una eternidad el suelo bajo ellos parece calmarse al igual que el estrépito. Los rescoldos de la fogata se avivaron, y alguien entra en el escuálido círculo de luz tambaleándose. Los tres miran a Lyra, conmocionados. Está mas flaca, demacrada incluso… pero de nuevo la determinación ciñe sus ojos castaños como si jamás se hubiera ido.

—Tenemos que irnos madre. Sur, norte, a cualquier lugar menos aquí.

—¡Lyra! ¡Al fin estás mejor mí chica! Me preocupé tanto por ti… ¿A que te refieres con eso de irnos? ¿Podrías ayudarme un poco? Creo que me torcí un tobillo. ¿Qué acaba de pasar?

—Yo ya no…

Dos sombras pasan raudas para sumarse al cálido abrazo familiar al grito de ¡Lyra! Después de escasos segundos para Luna se separan, impelidos por los débiles brazos de su pequeña avecilla.

—Algo acaba de pasar en casa, algo muy malo. Ya no puedo curar y…

De nuevo la interrumpen, pero esta vez se trata de un grito infantil al otro lado del campamento:

—¡Mami! —Esa claramente es Lizy, quizás teniendo un sueño alegre… ¿Entonces por qué le contesta una voz muy conocida?

—¡Lizy-Lizard! ¡Te extrañé tanto… ¡Oh, yo…! ¡No te dejaré ir nunca más, lo prometo!

¡Es Lana! ¿¡Que hace ahí Lana!?

Los tres corren desesperados hacia las voces para encontrarse a Lana arrodillada y abrazando a su hija, con lágrimas en los ojos y riendo de forma incontrolable. Detrás unas figuras difusas se acercan hasta revelar a Luan, Liby y Lupa. Ambos grupos se miran embelesados, como con temor a romper el hechizo del reencuentro tan ansiado. Al final Lemy lo intenta.

—¿Dónde están los otros…?

—No hay tiempo Lem. Debemos irnos. Ya. —Saltó Lyra, recién llegada.

La tensión se palpaba en el aire. Luna no pudo asimilar la totalidad de lo sucedido, hasta darse cuenta de que el sonido mitad interrogante y mitad gorjeo salía de su garganta.

Luan esbozó una mirada atormentada.

—Tienes razón Lyra. Me temo que sí.


38 de Elid, aposentos de la Casa Loud.

Lucy

Estaba de pie sobre lo que podía ser descrito como un cementerio a la medianoche, cubierto de niebla y olores a descomposición fría, agradable. Claramente no era tal, pero Lucy Loud no sabía si esa especie de mundo onírico se transformaba de esa forma para ella o siempre era así para todos los nigromantes. No es que hubiera demasiados. Conoció a una chica que lo era, hace ya una vida entera. Se llamaba Haiku y desapareció misteriosamente al mismo tiempo que sus padres, unos meses después de que la conociera en la Gran Biblioteca. Ella nunca había sido la optimista (esa era la tarea de Lincoln), por lo que no se hacía ilusiones sobre su sino. Probablemente los cazadores de su tierra natal habían dado con ella.

¨No te distraigas¨

Cierto. Tenía que concentrarse, pero ya no quedaba nadie ahí. El tiempo transcurría de forma diferente en esa tierra maldita. Su tierra maldita. Normalmente no estaría en ese lugar a menos que quisiera, porque reanimar un cuerpo o dos apenas requería convencer a la carne muerta, con vaguísimos recuerdos de lo que había conformado antes de que el alma la abandonara. Esta vez sin embargo se había excedido considerablemente, y con cadáveres tan recientes que seguían albergando en parte la consciencia de sus dueños. Aunque Lucy hubiera querido no podía acelerar el tránsito de esos hombres y mujeres a lo que sea que hubiera mas allá, como no podía hacer mortal alguno.

Eso significaba que durante todo ese tiempo, sin descansar en su mente ni un segundo, había estado convenciendo a los incontables vestigios albergados en un momento de necesidad para su familia en aquel recóndito rincón de su alma, postergados hasta que dejara de utilizar sus cadáveres por lo que era sin duda necesario.

Algunos se resistían con uñas y dientes, arremetiendo contra ella con su escaso control de aquel ambiente. Altos, bajos, hombres, mujeres, nobles y plebeyos, incluso algunos grises de cuando en cuando. Cada cual tenía una… frecuencia diferente. No siempre los con frecuencias mas fuertes oponían mas resistencia, pero aquellos mas débiles simplemente no podían, aunque hubiesen querido. Lucy sin embargo trataba de hacer la transición lo mas tranquila posible para todos. Era su deber, un vestigio de una época pasada cuando habían mas de una docena de nigromantes vivos en todo momento y podían reunirse para hablar de su arte. La mayoría de los muertos quería una palabra de consuelo, recordar u obtener respuestas. El último había sido un hombre calvo, avejentado y tan pálido como ella, con gruesos lentes de cristal teleriense sobre su nariz prominente. Lucy se sorprendió al reconocerlo como el joven y alto escriba que le traía libros en su niñez, y especialmente porque alguien como el se aferrara a la vida con tanta fuerza como cualquier soldado. Su resonancia era apenas por sobre la media, pero en realidad solo quería debatir filosofía. Un hombre curioso, su comentario final fue que se había enrolado en el ejército que salió a asegurar el pasillo central, y que si mal no recordaba (lo dijo tocándose el cuello), una flecha le había atravesado la garganta.

Ya debería despertar, pero la dulce melancolía de ese lugar era un bello aliciente para reflexionar sobre esa gente, y la situación que se encontraría al despertar. Su familia debía estar preocupada… Su familia. Lupa. No iba a engañarse más, ella era la razón de que estuviera demorando el retorno. La había mandado lejos sin su consentimiento, y de hecho contra la opinión de Lincoln. Sinceramente su amado hermano creía que lograrían encontrar una solución feliz. Lucy se recordó pasando un dedo por su rostro, asombrada de su inocencia y pureza. No, puede que hubiera paz entre su familia y Catreinn, pero no antes de que los que manejaban cosas mas allá del entendimiento humano estuvieran muertos y enterrados. Eso o lejos de la ciudad entre las montañas. Por eso, con el dolor de su oscura alma, había tenido que hacerle eso a su hija peliblanca. Estaba en buenas manos.

Absorta en sí misma, Lucy de pronto se percató de que todo se había vuelto borroso. Flotaba en otro lugar, una negrura desconocida para ella. ¿Era eso la muerte? ¿Se había sobrepasado esta vez? Una especie de terror combinado con resignación la invadió. Siempre se pagaba el precio al final.

Pero lo que le llegó no fue el fin, sino algo mucho peor. Destellos que lastimaban su ser entero, una vorágine de luz enfermiza, y luego imágenes inconexas. Cosas que habían sucedido, otras que no identificaba… un anciano sosteniendo una balanza frente a un mercado. El peso se inclinaba hacia la izquierda, y todos aplaudían. Una explosión en el cielo, una llamarada de una criatura infernal, una doncella esbelta lanzándose de una torre blanca. Luego, angustia. La angustia se transformó en tormento, en ira. Venganza. Lucy ya no sabía si eso lo pensaba ella o lo que sea que estuviera mas allá del negro vació. La parte de ella que seguía siendo una persona gritó de pánico en el fondo de su mente. Si miraba mas allá del velo… Moriría. Lo sabía, lo sabía tan cierto como…

Lincoln levantó sobresaltado la vista de su cuaderno de dibujo cuando oyó la bocanada. ¡Lucy había despertado! Se esforzaba por coger aire, las mejillas hundidas y el pelo tan peinado como pudo Lola sin moverla demasiado. El albino aferró su mano con fuerza, tratando de contenerse y dale espacio.

—Tranquila Lucy, todo está bien. Estoy aquí. Te quiero, te amo, estoy tan feliz de que hayas vuelto… Yo no sé lo que haría si alguna de ustedes…

Ella lo abrazó. Su cuerpo se sentía mas frágil que de costumbre bajo la camisola de lino. Lincoln se sintió rebosante de felicidad, hasta que su tono horrorizado le cayó como un balde de agua helada.

¨Algo se acerca hermano, algo terrible viene a por nosotros. No, no viene. Siempre estuvo justo aquí. Tengo miedo¨


Para todos los que siguen leyendo, he vuelto después de una ausencia larga. Al fin puedo escribir de nuevo como la gente y realmente se siente bien. Este capítulo es el cierre del primer arco para Luna, Luan, Lana, Lemy, Lacy y el resto, mientras que el siguiente será totalmente centrado en lo que pase dentro de la imponente Ciudadela. Hay sorpresas, si. El futuro es tan aciago como Lucy parece creer, puede ser. No incluyo nada del segundo anexo porque ya es suficiente worldbuilding en el capítulo mismo (perdón si resulta muy ajeno a la trama/aburrido, intenté con todo mi esfuerzo). De nuevo todo mi aprecio para quienes apoyan esto, siguen la trama con atención y le dan una oportunidad a este escritorzuelo recién surgido, nos vemos en el final que, espero, pueda terminar como se merecen.

J0nas Nagera: Muchas gracias por la paciencia y la amabilidad, me impulsan a seguir escribiendo y aprendiendo todo lo posible, aunque confieso que mucha de la demora fue simplemente por una mezcla de bloqueo con ocupaciones externas. Pronto veremos todas las ramificaciones de nuestro heroe sangrando en el nombre de la victoria, y sí, Lynn estaba muy achispada por ello. Lo mismo, en cierta medida, Lori. Aquí traté de explicar mejor lo que puede hacer Lucy, sus limitaciones y potencial, en el fondo que no fuera omnipotente y sacada de la manga cuando fuera necesario. Cabe recalcar que ella en especial es fuerte en la nigromancia no solo por su genética sino por su personalidad y voluntad sombría, que le permiten como a pocos soportar ese mundo (mucho mas insoportable para cualquier otro).

Estoy pensando seriamente crear un oneshot anexo a esta historia (en el mismo AU) con Loraine, siento que podría ser interesante, y te debo la inspiración si llega a pasar.

Edición posterior no relevante (que se me olvidó al subirlo): Yo dije que no me gustaba mucho la autoinserción, y aunque hablaba de en forma protagónica/exagerada y repetitiva, quedaría como hipócrita ignorando que me autoinserté de manera descarada al final de la historia, al menos como creo que seré cuando ya me convierta en un adulto responsable (o lo que es lo mismo, calvo y estresado). Honestidad ante todo.