Primero de Gelmar. Perímetro exterior de la Ciudadela.
Lincoln
Era un bello día de otoño tardío. Mas bien, media mañana, y en vista del sol radiante que iluminaba la ciudad a sus pies, hasta lo del otoño parecía dudoso. Como si faltaran cosas de las cuales no estar seguro. Lincoln de la Casa Loud se cuestionaba varias, pero especialmente los asuntos que no le gustaban.
Por ejemplo, las cabezas clavadas coronando hasta la torre baja desde donde miraba el humo del campamento catrenni. Prisioneros, bajas enemigas, desertores, ¨traidores¨… Lori echaba mano de lo que hubiera, y Lynn estaba contenta con seguirle el juego para mantener el orden. Su hermana mayor cada vez se cerraba mas a sus protestas, cegada en su obsesión por conservar lo que consideraba de su familia. Cada vez que intentaba hablar con ella mas de unos segundos suspiraba agotada en su despacho y le pedía un poco de tranquilidad con esa voz quebrada que ya solo se permitía estando él. En el momento no tenía corazón para seguir, pero luego se preguntaba amargamente; ¨ ¿Acaso no se da cuenta de que son personas? ¨ Por su parte, Lynn no lo rehuía, sino al contrario. Cada vez que intentaba tener una conversación seria su esposa desviaba el tema a algo más… físico. Lynn sería Lynn hasta el final.
Y eso lo llevaba al otro asunto que apenas lo dejaba dormir. Ese final no podía estar tan lejos. Después de todo, por algo estaba ahí, en una torre apenas sobresaliente del macizo rocoso, en lugar de paseando por el patio exterior. La defensa no se había cobrado un coste tan alto en vidas, pero las recias murallas habían sido reducidas a escombros hace una semana, y con ellas el espacio al aire libre de gran parte de las decenas de miles de almas que habitaban la Ciudadela. ¿Qué habían hecho ellos, los Loud, supuestamente los nobles líderes de esa gente? Pues escuchar su dolor, calmar los ánimos de los gremios supervivientes (especialmente Lola, cambiada desde su experiencia como enfermera de campaña) y reubicar el pequeño mercado a una estancia ovalada apenas por debajo del subsuelo de la fortaleza. Eso, algunos bardos mediocres comparados a su Luna, y una ración extra de escasa azúcar para todos. Lincoln entendía que fue necesario, pero eso no calmaba su atribulada conciencia. Además, mejor quejarse que pensar en lo que concernía directamente a la seguridad de su amada familia.
Lucy oscilaba entre el silencio y una histeria contenida, susurrando advertencias funestas y pasando demasiado tiempo discutiendo con Lori. A ella no la podía evitar, claro. Se negaba a bajar al sector familiar de nuevo, y permanecía peligrosamente cerca de la superficie en caso del futuro bombardeo. Lincoln no se hacía ilusiones respecto a lo último. La Ciudadela estaba protegida por la inmensa montaña con la que se fundía, pero con la mayoría de sus catapultas destruidas y las nuevas armas de asedio del ejército de Catrein, era vulnerable a los disparos fortuitos sobre sus edificaciones visibles de cara al sur. Y cada vez que él le sugería a su hermana-esposa nigromante adentrarse en la seguridad del complejo, ella se negaba categóricamente y comenzaba a murmurar sobre el terror que anidaba allí. Lincoln deseaba realmente que solo fuera una secuela del enorme esfuerzo de hace unos cuantos meses. ¿Qué podría haber allí, si todo estaba explorado ahora, incluyendo un conveniente paso subterráneo hacia el noroeste por el cual, si de él dependiera, hubieran comenzado a evacuar al pueblo hace mucho? Aún así, el albino actuaba con precaución. Últimamente algunos cazadores de ratas como Bern se comportaban de forma mas errática que de costumbre. Pero, ¿Quién no? Obviamente un encierro prolongado sin apenas ver el sol no iba a hacer maravillas por el comportamiento normal.
Al menos Leni y Liena se habían adaptado a las nuevas habitaciones, cada vez sonreían más. Leia disfrutaba especialmente de sus nuevos amigos, una cuadrilla variopinta de chicos y chicas plebeyos entre los que se encontraba el pequeño de Zach, recientemente huérfano de madre. Su princesa le sacaba sonrisas siempre que la veía pasar entre juegos infantiles y travesuras. También había cambiado. No dejaba de ser la joya orgullosa y deslumbrante que siempre había sido, pero era como si todo ese caos, la pérdida de sus bailes y amigas nobles, le hubieran permitido ser la niña que realmente era.
Y Loan… ay, Loan. Que pasaba cada vez mas tiempo con los otros grises, como si de una nueva corte se tratase, hablando de tiempos pasados y llamándola…
Interior de la Ciudadela, Corte Gris.
Loan
—… por eso siempre fue nuestro deber y derecho, restituido por la madre de la Princesa. —
Loan sonríe a Petri… no a lord Petri, radiante, y posa el índice y corazón sobre el hombro izquierdo, en señal de acuerdo respetuoso. Hace poco que ya no le molesta el título, que no está tan insegura de su lugar entre esas personas. ¿Antes? Claro, le hubiera aterrado ser el centro de atención en una sala llena de lores y ladys, aunque fueran de nuevo cuño. Ahora, eran su gente, y eso bien valía un poco de confianza en el respeto que le daban, si no en si misma.
Eloise también hace el gesto, pero con el anular igualmente extendido sobre las bandas bicolor del estandarte Kiureth cubriendo la tela de su túnica reforzada. Significaba ¨completo acuerdo¨, y que el dedo medio estuviera sobre el centro de las franjas equivalía a un matiz efusivo. Por su mirada, agresivo.
El resto repitió alguno de los símbolos con leves murmullos al finalizar y diferentes variantes. Cada cual observó atentamente lo que hacían sus vecinos. Así eran ellos ahora. El señor Suresh creó el código y en esas pocas semanas la mayoría lo había aprendido fácilmente. Como dijo entre risas, era la única forma de entenderse rápidamente para los grises, incluida Loan, considerando lo poco que les gustaba interrumpirse entre sí y la falta de claridad al asentir con la cabeza. Incluso el pequeño Nymfred Elban, el pupilo del señor Suresh, intentaba formar la combinación sobre el hombro de su hermoso trajecito, dirigido por el ejemplo de su tutor. Considerando que de los cerca de sesenta grises en el salón al menos una decena eran menores de edad como Nymfred, y por ende no podían ser considerados lideres de Casa, la práctica de tener pupilos se había extendido entre sus amigos más viejos, siguiendo una antiquísima tradición.
La conversación alrededor del estrado mayor seguía, pero Loan se distrajo para observar a los que no participaban de ella. Al otro extremo de la gran sala un pequeño grupo de violinistas amenizaba el ambiente, dirigido por la temible lady Imara de la Casa Zanvar y su pupila, Yen. La niña le recordaba en cierta forma a ella misma cuando su madre trataba de enseñarle sobre estrategias y logística militar. Incluso su expresión era la misma que la de lady Imara ahora. La diferencia… la diferencia es que tanto Yen como Loan sonríen.
No es solo eso. Podría decirse que esa corte en miniatura está recuperando la verdadera esencia de la nobleza Trannid. Loan sabe que varios líderes de Casa celebran reuniones ocasionales con los que deberían ser sus protegidos, la gente del pueblo llano que vivía en las zonas de influencia de sus Casas. Su tía Lola le dijo que mientras mas se conocen, mas se van resquebrajando las barreras que imponen su condición de grises antinaturales para los refugiados, que necesitan figuras de autoridad en las cuales apoyarse. Incluso al centro del cómodo refugio subterráneo hay algunas parejas bailando torpemente los valses a los que tanto temía ir ella en las fortalezas de otras familias. Cerca del centro los mellizos Vendelar, Toraen y Terean, dan vueltas pegados el uno al otro.
Los chicos, de 15 años, eran una suerte de parias dentro de los parias al llegar ella, probablemente debido a su extrema cercanía. Dentro del grupo había algunos primos lejanos, como por ejemplo Petri y Willem, familiares pese a ser tan dispares, pero no hermanos y de seguro no unos que durmieran en la misma habitación. Comprensiblemente, varios grises tenían un tabú algo mayor con el incesto, especialmente los más pesimistas. ¿Por qué continuar la línea de sangre y condenar a los hijos de tal unión a ser magos separados al nacer de sus padres u otros pobres condenados?
Sin embargo, los adolescentes ahora sonríen más, hablan más con el resto a su forma vacilante e intercalada, y hasta trenzan su pelo a semejanza del estilo de Eloise. De hecho, otra división entre los presentes es precisamente esa: casi todos los mayores y mas comprometidos con su papel de nuevos señores se dejan el pelo suelto o peinado hacia arriba (eso último la hace sonrojar de nuevo, recordando que varias mujeres imitan su estilo). Los jóvenes y entusiastas por su parte ciñen finas espadas a la cintura y copian el peinado de Eloise, a quien suplican todas las tardes que cuente sus experiencias en la batalla y la defensa del pasillo central, durante las últimas horas del combate. La excepción es Petri, cuya escasa barba, pelo muy corto y mirada esquiva lo hacen parecer mayor que sus 24 años.
Aunque es el único que podría ganarle en popularidad a Eloise entre los grises mas ávidos de historias, la nueva Loan se da cuenta de algo que hace un mes se le hubiera pasado por alto: cada vez que su amiga comienza a narrar su papel en el muro de escudos, los ojos de él quedan fijos en ella, expresando algo demasiado parecido a la ternura.
¿Cómo estarán sus hermanos allá afuera? A ella también la afectó que se fueran tan rápido. Al igual que la mayoría de su familia, nunca llegó a creer en alguna divinidad, pero ahora desearía poder rezar a algo para que se encuentren bien. Cada vez pasa menos tiempo con sus tías y primas restantes, absorbida como está por esa nueva y deslumbrante nobleza en la que por fin encaja. De vez en cuando Leia se pasa por ahí con su pandilla para recoger a los pupilos con permiso, menos amenazante que antes de que todo sucediera. Eso le gusta. Su padre también entra a la Corte para saludarla cuando no está de guardia o visitando a tía Lucy, y su madre la llama frecuentemente para conversar sobre como van las cosas dentro y fuera de la Ciudadela. ¡A ella, Loan! ¡La fracasada! Pero no, ahora ayuda a todos por igual
Ni siquiera duda que las cosas se pondrán mejor en algún momento. Hace poco conversaba con Petri sobre la aparente desesperación del príncipe extranjero (ahora saben que el estandarte coronado catrenni pertenece al heredero de su familia real). Sus suministros menguan con el inicio del invierno, y pescar en el lago no es fácil…
—Si, quizás después de esto Trannidar vea renacer un nuevo orden con nosotros a la cabeza, y quizás terminemos como esclavos de los sureños. Quien sabe Willem, yo estaré muerto para entonces.
—¡Eso es traición lord Suresh!
Los compases de la frágil música decaen y todos ponen mala cara ante la acusación del hombre relleno. Muchos se llevan el dedo medio doblado al hombro izquierdo. Rechazo a ambos. Duda. Loan vuelve a la realidad, pero antes de que diga nada Nymfred habla con voz angustiada al hombre mayor;
—Pero… ¡Tiene que ser mentira! Aún te quedan muchos años, ¿No tío? ¿Qué haría sin ti? —
—Vivirás, crecerás, te cortarás los dedos con hojas de papel y ensuciarás ese jubón, claro. Era una broma Nym, por supuesto que estos huesos aguantan un tiempo más, con lo tercos que son. Tranquilo, ¿Ehh? —Dice acariciando la cabeza del niño, que sigue dudando. —¿Y desde cuando opinar es traición Will? Empiezo a creer que el título te sorbió los sesos un poco mas que antes. —
—Te estás volviendo como nuestras familias señor Suresh —interviene Eloise, con los ojos azul grisáceo llameando— Tenemos que ser mas que eso, no ser escoria complaciente y ciega. ¿Cómo vamos a derrotar al invasor si no confiamos en nosotros mismos, si no estamos siempre vigilantes?
El hombre se encoje de hombros y Lord Willem rueda los ojos. Loan siente la necesidad de ayudar.
—Cuestionar lógicamente n-no debería ser un insulto a la confianza o el v-valor de nadie Eloise. ¿No se s-supone que para eso existimos ahora, para ver más que el r-resto?
Se nota que ella va a replicar. Es tan impetuosa que da miedo. Abre la boca, pero luego se fija en el signo de su compañero de armas. Petri usa el matiz de conciliación firme. La mayoría se fija y hasta se oyen unas risitas. Finalmente se contenta con una expresión de acuerdo dudoso. Suresh vuelve a encoger los hombros. Los mellizos llegan del área de baile con una expresión curiosa en sus acuosos ojos de un gris puro. La particular conversación que han elaborado es interrumpida por el carraspeo de una mujer incluso mas menuda que la mayoría de los presentes, vistiendo un tabardo con los colores rojo y blanco de la ciudad. Es curioso como Loan se distrae pensando en su posible rango.
—¿Lady Loan? La general solicita su presencia en la cámara del concejo. ¿Sería tan amable de acompañarme?
Varios respingan. Al principio Loan no entiende que hay de malo y asiente, despidiéndose con una sonrisa turbada de sus amigos. Ya a la salida se da cuenta de tres cosas. Primero, los grises la tratan siempre de ¨Princesa Heredera¨, y probablemente se tomaron como insulto que la mensajera no la haya llamado ¨majestad¨. Lo segundo la hace avergonzarse hasta lo insoportable y sentir su cuerpo entero temblar; lady, princesa… hace un mes ni siquiera soportaba que la mayoría de personas le dirigiera la palabra, y ahora no solo la llamaban con esos títulos tan importantes, sino que pensaba en ella de esa forma. Era una sensación preocupante, pero también de superación. Por fin el mundo estaba orgullosa de ella y de lo que todos ellos eran.
Tercero… su madre difícilmente la llamaría en medio de un baile organizado en gran medida gracias a su autoridad. A menos que algo realmente importante estuviera sucediendo justo en ese momento. Deslizándose por esos pasillos excavados en la roca que ya eran su hogar, Loan de la Casa Loud, Princesa Gris y heredera a un trono extraño, se preguntó si debería estar preocupada.
Oh, claro que debería estarlo. Y como. Las últimas notas de violín pronto darán paso a una sinfonía mucho mas estrepitosa. Mas sangrienta. Pero de momento la pequeña nueva vida de la primogénita Loud está a salvo.
Cámara del Consejo, cámara del Senescal.
Es curioso como su hermana mayor se apoderó tan rápidamente de esas habitaciones. Si Lisa prestara oídos a los rumores, diría que quizás el título de regente se había afianzado demasiado en la mente de Lori Loud.
Por suerte, Lisa era una persona racional. Y eso significaba que había preguntas mas importantes. Un ejemplo: ¿Por qué estaba ella allí, obligada a vestir algo diferente al traje de alquimista que solía usar?
—¿Y, hermana mayor? ¿Ya puedesh dejar el secretismo sin shentido?
La rubia bufa exasperada. Sus ojeras no han hecho mas que crecer esos días. La alquimista se siente un poco culpable. Normalmente su hermano y esposo funciona como aliviador de tensión para ellas, pero Lori ha estado, por así decirlo, demasiado ocupada para su bien.
—Por si no te diste cuenta, guardar secretos es la mitad de gobernar varias decenas de miles de almas atrapadas en un monolito, Lisa. Y créeme, no es tan simple. —La recrimina con una mueca. ¡A ella, la persona más brillante entre su generación!
—¿Qué tan difícil puede sher? Esh obvio que necezitash decir algo. Hashta yo shé que la zituación eztá eztancada, y ¿Quién mejor que yo para revelar ciertas coshas? Por ejemplo, la razón de no habernosh ido de eshte lugar apenas volvió Leni. Shé que hay variosh pasajesh a travésh de la cordillera. ¿Hacia dónde?
Una mirada escrutadora de ojos azules la recorre entera.
—Bien, siempre fuiste la mas lista, pero eso no significa que supieras manejar ciertos asuntos. Por cierto, la respuesta a esa última pregunta tampoco te va a gustar; el único túnel de larga distancia va directamente al erial más seco y frío de este continente entero, muy al norte de aquí. ¿Qué sabes del Cataclismo, aparte de lo evidente?
—Surgimiento de los dragones. Calcinamiento del continente central y desplazamiento en varios grados del área habitable. Aumento considerable de la temperatura global…
—¿Y…?
—Mhmm, la mayoría de historias coinciden en que la magia cambió de forma. ¿Eso que tiene que ver?
—Voy a contarte lo que no se dice en las historias Lisa, algo que ha pasado de generación en generación de generales y eruditos desde que nos instalamos en este valle helado. Lo que llamamos magia anteriormente era una especie de vínculo entre cosas. No me preguntes como funciona, no tengo idea. El caso es que los hechiceros canalizaban energía del entorno y luego la infundían en objetos de cualquier tipo para desempeñar una función específica… Tienes que entender que esto es difícil de decir para mí. Juré mantenerlo en secreto, proteger lo que guarda este lugar… Ya no importa.
—Por shupuesto. Continúa, eshtoy intrigada.
—¿En que iba? Tengo que firmar algunos ascensos… no, esto es mas importante. Cuando todo se fue al demonio hace cerca de medio milenio, los magos simplemente dejaron de tener esa conexión. Nunca fui buena en la teoría, pero resulta que ahora solo saben canalizar su propia energía en el caso de los nacidos con el don normal o de fuentes desconocidas en el de los sacerdotes de la Luz, malditos sean.
—¿Ehh? ¿Tienen ellos que ver con esto mas allá de que hayan, lógicamente en mi opinión, decidido condenar nuestras… particulares coshtumbresh reproductivash, probablemente a inshtancias de la monarquía catreni?
—El caso es que seguramente instigaron esta guerra. Hubo artefactos que sobrevivieron al Cataclismo, ingenios creados por cofradías enteras de vinculadores. Nadie sabe como es que los supervivientes escaparon con ellos, pero sí que eran de un increíble poder, y virtualmente indestructibles. Cumplen su función sin descanso, por la eternidad.
—Leí a Phoebes. Un investigador del siglo II, afirmaba que los dragones habían crecido alimentándose de enormes monumentos mágicos en el interior de las Tierras Desoladas. Postura dudosha, conshiderando que nunca vio nada mash allá de la coshta. En cualquier caso, ¿Cumplen? —Preguntó, haciendo énfasis en el presente.
—Quizás sea cierto. Sabes, varias de esas cosas fueron arrojadas al mar y a Magtar llegaron un puñado. La mayoría se perdió durante la Masacre de An Ierlen, cuando su princesa intentó reprogramarlos sin tener vinculadores reales.
—Mal ashunto. Tierras baldías y la mitad de los ashediadores zufriendo enfermedades misteriosas apenas pasado un año. Dificultadesh reshpiratorias, problemas a la piel como si hubieran pasado días enteros al sol… Los registros de Filt y Hrumgarde aún consideran la ciudad como mas maldita que la Mancha misma y todos sus orcos. Creo que sé a dónde vas.
—La misma, impasible Lisa. Cuando yo escuché todo esto y sospeché lo mismo quería cubrirme los oídos y vomitar. No necesariamente en ese orden, supongo.
—Lo tomaré como un halago. O sea que tenemos una de esas artesanías arcanas dentro. Asumo que es demasiado peligrosa para estudiarla o destruirla. ¿Y qué?
—¨ ¿Y qué? ¨ Pues la razón misma de fundar una capital rodeada de cordilleras inhóspitas y encargarse de que su Ciudadela fuera a todas luces inexpugnable. Olvida los mitos populares. El emplazamiento original de este lugar era bastante mas al sur, cerca de la tierra cultivable y los caminos llanos. Luego todo se movió por esa cosa. Claro, hay más juguetes diabólicos dentro…
—¿Cómo los pilares de transposición que, al parecer sin motivo, usaron mis hermanas y sobrinas?
—Si si si, nadie entiende que literalmente era de vida o muerte. No importa. Aquí viene la peor parte. Llamamos al aparato ¨El Catalejo¨. No es que sirva para ver, en todo caso, pero era eso o el nombre original, y no estoy segura de que haya una traducción en nuestro idioma. Los libros que detallaban mejor su creación y mantenimiento se perdieron en un derrumbe ocultado al pueblo llano hacia un par de décadas. Su función principal era ¨amplificar los vínculos potenciadores de aire¨ entre los magos o lo que fueran en esa época.
—En resumen, una especie de lente que hacía mas poderosos a los hechiceros. ¿Funciona todavía?
—Claro, y ese era el principal problema. En malas manos podía hacer estallar la tierra hasta donde alcanzara la vista Lisa. ¡Imagínatelo! —dice Lori a punto de quebrar su aura de cansancio y profesionalismo. — Lo peor es que según todos los encargados de cuidarlo, desarrolló… algo así como una conciencia, de los tiempos en que era completamente funcional. Los que lo trajeron al continente no podían dejarlo allá a riesgo de crear quien sabe que abominaciones más allá de los dragones recién nacidos, ni podían tirarlo al mar a menos que quisieran tener un gigantesco torbellino permanente que afectara el clima del mundo cuando la conexión naturaleza-artefacto fallara y comenzara a extraer energía de donde no debía, y por supuesto a nadie se le ocurría dejarlo en manos de los elfos. ¿Sabes?
—Ahora que lo piensho hermana, creo que había varios eruditos del siglo I que hablaban de como la Mancha fue creada por una ¨magia arcana traída de las Tierras Desoladas¨.
—De eso no tengo idea. Los guardianes originales, por supuesto, se dieron cuenta de que había un tipo de persona especial que podía neutralizar las pulsaciones del Catalejo en busca de mas energía. Algo así como somníferos. Y que esa gente solía prosperar bastante bien solo en una nación del continente.
—Ya lo capto. Tenemos muchos grises.
—¡Exacto!
—Pero shegún toda la informashión dishponible, los emparejamientos incestuosos también producían una abundanshia exagerada de magos shobrecalificadosh, como podrás ver en nuestra propia familia.
—¿Nunca te has preguntado por qué las fortalezas de la nobleza como la nuestra no están ni remotamente cerca de la Ciudadela? Los antiguos vinieron, lo organizaron todo para proteger al mundo de otro apocalipsis y luego se mezclaron con la población. Y esa cosa quedó ahí por siglos, bajo el mas estricto secreto para que no vinieran los elfos a reclamar lo que creían suyo o, como sucedió, unos mentecatos con la cabeza llena de tonterías sobre la Luz.
Lisa se queda pensativa un instante, asimilándolo todo. ¿Qué hacer? Hay tantas preguntas floreciendo en su mente de investigadora que no sabe por donde empezar. Así que coge la mas evidente para ganar tiempo:
—¿Dónde?
—Por favor, está clarísimo. ¿Qué mejor lugar que bajo una multitud de grises aislados del resto de la sociedad, sacrificados silenciosamente al ostracismo para que el resto del mundo pudiera dormir tranquilo?
Lógico quizás, pero claro como el agua, ciertamente no es. Si Lisa tuviera que elegir una palabra, sería más bien ¨turbio¨.
—Bajo el Salón Gris entonces. He estado en los niveles inferiores y no vi nada extraño, incluso explorando a conciencia. Aunque la mayoría de ataques de pánico entre la plebe se hayan dado ahí. ¿Tiene algo que ver?
Lori vacila.
—No lo sé. Y no han sido solo ataques de pánico. Algunas de las cabezas en la muralla no son de rebeldes. Simplemente los encontramos ahí, murmurando tonterías sobre la libertad y el poder, sobre platos en una balanza y cosas del estilo. Era un fin mas piadoso que seguirse royendo las venas con los dientes hasta morir.
Otro silencio incómodo. Uno de los cirios iluminadores crepita y se apaga.
—¿Ya tienesh un plan?
Se miran una a la otra directamente a los ojos. La mayor recupera la compostura después de contar su secreto. Francamente, ella hubiera preferido que Lincoln estuviera allí, pero ya se imagina su reacción. Lori es general antes que esposa y madre. Tiene que serlo.
—Mas o menos. Lo que dijiste al inicio… no es tan cierto. El Catalejo ha sido estudiado en funcionamiento por algunos grises colaboracionistas hace varias generaciones. Gracias a ellos se descubrió que tiene fluctuaciones regulares. Al inicio del verano e invierno…
—Adivinaré que justo ahora estamos en una de esas variaciones.
—Si. Eso nos lleva al segundo enunciado. No es indestructible. Supuestamente su ajuste interno dura algunas semanas en las cuales emite una ¨firma¨ diferente, mas fuerte. Le he preguntado discretamente a Loan pero entre todos los grises de esta generación no hay ninguno que absorba de forma consciente. Para ellos es como respirar. Muchos archivos originales hablaban de que se podía desmontar el mecanismo en ¨épocas de conjunción¨. Nos quedamos aquí al principio con la esperanza de que las chicas llegaran a tiempo a la Mancha e invocaran el Pacto lo suficientemente rápido para salvarnos, cuando no funcionó confiaba en poder vencer eventualmente a las tropas enemigas a base de enfermedades invernales, acoso de caravanas y salidas periódicas, y por algo más. Tienes que comprenderlo.
—¿Aun mash? Ya no debería sorprenderme.
—En efecto —mientras habla, la expresión de la primogénita y administradora mayor de la Casa Loud, orgullosa representante de su sangre, se vuelve mas y mas angustiada. — se necesita conocimiento de la estructura, y yo solo había ido una vez. Requiere tiempo en abundancia y un trabajo exhaustivo. Y por último… hace falta muchos kilómetros a la redonda despejados, porque si hacemos caso a las crónicas ocultas del Cataclismo, va a dejar un cráter gigantesco.
Ahora si Lisa está genuinamente sorprendida. Incluso aterrada. Se nota en el castaño claro de sus pupilas dilatadas. Sería gracioso en otra circunstancia, hasta para ella. Hace mucho que nadie (salvo Lulu y Lincoln) la ven de esa manera.
Apenas le sale un susurro.
—¿Por qué… por qué me cuentash esto? ¿Cuál es tu plan? ¿Por qué están Lana y Loan esperando afuera?
—Porque eres la única que comprende lo que ha de hacerse, salvo quizás Lucy.
—Y supongo que en su estado actual no será de mucha ayuda.
Lori asiente.
—Lola sabe actuar rápido en situaciones de crisis, dio sobradas pruebas de eso hace un tiempo. Loan es el símbolo de la nueva nobleza gris. Entre ambas, estoy segura de que pueden convencer a tres cuartos de la gente aquí. Además, tengo afuera a un tal Liam afuera, representante de los gremios de mercaderes.
—No te desh tantash vueltash.
—Claro, lo dice la que no ha estado dirigiendo una corte moribunda desde hace más de cuarenta días seguidos. No molestes Lisa. Van a dirigir la evacuación por un pasadizo secreto.
—Hay algo que no calza. Descubriste como destruir el Catalejo para que no sea utilizado por nadie, y como sacar a los civiles a tiempo, pero para eso hace falta que alguien se quede. Alguien que sepa cómo hacerlo.
Intercambian un vistazo directo, cargado de secretos. Otra vela se funde en cera líquida.
—No es necesario hermana mayor.
—Ambas sabemos que lo es. Por favor Lisa, tu no eres así de sentimental.
Sorprendida, la alquimista nota la solitaria lágrima bajando por su mejilla y el nudo en la garganta. Mas gotitas caen.
—¿Y nuestro hermano? ¿Qué hay de Lynn? No se va a retirar así como así. ¿Y de Loan? Lincoln jamás te dejará hacer esto, dejar huérfana a tu propia hija por, ¡¿Por una posibilidad?!
—¡Por el destino de este mundo y por las vidas de mi familia, infiernos! Tu encárgate de lo que mejor sabes ¡y punto! Literalmente lo tengo todo calculado. En el estante de allá hay un mapa del pasadizo, asegúrate de colocar alguna cosa para que se derrumbe cuando todos se hayan ido, y destruye los demás monolitos arcanos.
Lisa dice lo primero que se le viene a la mente con furia.
—No todos, hermana.
—Ya sabes a lo que me refiero. Sabes también que no hay mas opciones ni tiempo. Viste la situación en la ciudad. Le doy como máximo una semana para el asalto final, si no es directamente mañana, y con el endemoniado artefacto medio loco ocupando a los grises en secreto, este lugar se convertirá en un campo de tiro para hechiceros. ¿Vas a colaborar, o mis hombres tendrán que arrastrarte?
—¡No puedes hablar en sherio!
Pero Lisa se dio cuenta de su error apenas las palabras dejaron su boca. Para hacer todo eso, toda la minuciosa planificación y estudio, Lori debía contar con la lealtad incondicional de al menos un segmento del ejército, lo que ya estaba asegurado por ser la única general y prácticamente autócrata de la Ciudadela entera. Los únicos que no estaban bajo su mando directo eran los Taleg, y Lynn… de Lynn se podía esperar que los tuviera montando guardia del primero al último, ignorando lo que pasaba a este lado de las murallas. Ansiaba demasiado la batalla.
—Esto no saldrá bien.
—¿Eso es un sí?
…
—Shi. Supongo que ahora quieres que te ayude a convencer a los tres que esperan afuera de guiar a la gente a través de las montañas, sin revelar demasiado.
—Como dije, siempre fuiste muy despierta.
Lisa detestaba el plan. Detestaba en lo que se había convertido su hermana mayor, tan hambrienta de poder que ya no podía renunciar sin renunciar a su propia vida. Pensaba que no tenía por qué ser ella, cualquier otro podría encargarse.
Pero por, sobre todo, se detestaba saber que estaba de acuerdo.
Perímetro interior de la Ciudadela.
Lynn
Siendo honestos, lo estaba esperando. Lynn Loud no era de las que cierran los ojos y fingían que nada sucedía. Simplemente había cosas que no le importaban, al menos comparadas con lo que estaba a punto de suceder. ¡Estaban haciendo historia! Así, cuando las trompetas resonaron en la lejanía y sus propios tambores replicaron con furia, ella estaba preparada.
—¡Reúnan a todos! ¡Preparados para la batalla! —Rugió a sus tropas de élite, la guardia Taleg. Había poco espacio para plantar una formación de picas, así que despachó algunos centenares a lo alto de la muralla interior. Harían falta cuando los catrenni quisieran tomarlas al asalto. Idiotas.
El nerviosismo recorre a los hombres y mujeres presentes. Desde algunas salidas ve llegar más ballesteros, y un destello de pelo dorado que debe ser Lola. Se encarama a los muros para ver mejor. Una marea de soldados, estandartes y escaleras de mano se derrama por la plaza exterior, a punto de sobrepasar el perímetro anterior de su fortaleza. La tierra tiembla cuando los pedruscos empiezan a caer. Sonríe.
—¡Quien muera hoy vivirá eternamente! — Pero en medio del caos, solo los soldados más cercanos pueden escucharla. El momento de las palabras terminó.
La guerra es como una canción. Después de cierto tiempo, una persona empieza a escuchar sus compases. Una nota dispersa cuando el ariete con cabeza de león destroza la puerta reforzada. Mas cuando los portadores se encuentran con su falange, y su Ciudadela comienza a vomitar soldados.
Acelera. La música se compone de gritos, del choque del acero y los sonidos que hacen los guerreros al morir. Melodías que se entrelazan cuando siente el peso contra el mástil de su halberd y sabe que alguien se empaló a si mismo. Un enemigo menos. De vuelta al patio, con una alfombra de cadáveres aliados y enemigos bajo ellos.
Lincoln defiende los bastiones interiores, pero eso a ella no le importa. La lucha lo es todo, la guerra es la apuesta definitiva, y todo fluye con su armonía.
Mas rápido, cada vez mas rápido. Siente sus músculos gritar de dolor mientras retroceden a través de los últimos portones, sangre en el suelo y la boca seca de tanto gritar. El primero en ceder muere. La vencedora obtiene la gloria y conserva lo que ama. La guerra es simple. El sudor se desliza por su pelo apelmazado.
La sinfonía adquiere un ritmo enloquecedor, cada vez hay mas cadáveres. Incluso se encuentra luchando al lado de soldados que no son los suyos, simples levas inexpertas que deben mantener el terreno cuando sus Taleg pierden pie. Hay menos espacio, las flechas vuelan en ambas direcciones y empalan al hombre de su derecha. Un grito sorprendido y se ha ido. Lynn se muere de sed.
—¡Señora! —Un mensajero le grita en el oído.
—Agua, ya. —
El chico vacila un segundo. Ya están en la Ciudadela como tal, la última línea desde donde no se ve el cielo. La capitana se percata de que la lucha se ha desplazado, y que apunta su espada corta hacia uno de los suyos. Por eso el miedo. La guarda en su vaina y se refresca el gaznate con un pellejo de agua salobre.
—¡Puaj! ¿Qué es esta bazofia?
—Señora, las torres exteriores han caído, Su Majestad ordena resistir aquí hasta que la evacuación se haya completado y…—
—¿Evacuación? ¿Su Majestad? —¿Por qué me cuesta tanto pensar?
Algo anda mal, y no es solo su cuerpo agotado. Puede seguir. Tiene que hacerlo. Si no, ¿cómo vivir en las canciones?
Entonces se percata de algo. El chico es muy joven, usa ropa demasiado fina… y todo en él es gris.
Le pone la mano en el hombro, usando todo el peso de su armadura de escamas.
—¡Ay!
—¿Qué dem…? — Claro. Su Majestad. Con su último destello de cordura, Lynn Segunda de la Casa Loud se percata de que la han drogado. Tras el niño hay un par de hombres corpulentos, guardias de su Casa. Hombres de Lori. Su conciencia se desvanece en la oscuridad, no sin antes maldecir su suerte, y especialmente a su hermana mayor que le quita la gloria de una resistencia desesperada. ¿Qué no ve que sus tropas flaquearán sin un líder?
Ya no escucha la canción.
Túneles inferiores.
Lincoln
Uno de los últimos grupos pasa, llevando a su hermana-esposa inconsciente con ellos. Lincoln suspira, harto de todo, y les ordena con voz quebrada no separarse y no dejar que las antorchas se apaguen. Los niveles superiores han caído, y en la Ciudadela no queda nadie salvo la guardia Taleg y los pocos soldados absolutamente leales a su Casa y a la Casa Trax. Lincoln mira con recelo el túnel, detestándose a si mismo por estar allí y deseando con todas sus fuerzas que las demás lleguen. Piensa en cómo lloraba Loan al soltarse de su abrazo, escoltada por su corte. ¿Dónde está Lori?
A su lado, el par de grises se estremece y emite un grito agudo. El muchacho (porque le cuesta considerar algo mas al tal Petri) se toma la cabeza con una mano y usa el otro brazo para estabilizar a su compañera.
—¿Ahora qué? —Dijo con un tono bordeando la histeria. No quiere que Lynn acabe como esa pobre gente…
—¡Se mueve hacia aquí! —Respondió Eloise, de la misma manera.
Algo surge de la oscuridad tras ellos, una especie de zarzal hecho de la brea negra, y se abalanza sobre Lincoln. En un abrir y cerrar de ojos hay mas tentáculos aferrándose a su armadura, aplastando las placas. Uno de ellos rasguña su mano con espinas ponzoñosas, y siente la sangre correr libre. Con la otra intenta atacar a la cosa, agitando su puñal como un loco. Los grises espabilan e intentan cortar lo que sea eso con sus propias espadas. Ni siquiera puede emitir un sonido, ahogado por ese terror que hace unas horas eran solo historias.
De repente el monstruo se retira, fundiéndose con las sombras.
—¿Están bien? —
—¿Lucy? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué se retrasa tanto Lori? — Ella toma su mano y despeja un poco su aturdimiento con su piel fría. De repente una voz retumba en el pasillo.
—¡AL FIN! —
—¿Qué…?— Los chicos retroceden hacia la puerta de su única vía de escape. No puede culparlos, parecen casi desvanecidos.
—Tenemos que irnos. —Dice Lucy con un tono lúgubre.
—¿Irnos? ¿Qué hay de nuestra gente allá arriba? ¿¡Qué hay de Lori!? ¿Y qué negra maldición era eso? —Pero las palabras suenan vacías mientras ella niega desconsolada.
—Eligió su destino. Alguien tiene que destruir esa conciencia. Lo siento Lincoln. — Su amada derrama lágrimas amargas, y una tristeza infinita se apodera de su mente atribulada cuando entiende la situación. Resignado, cansado de todo y llorando, Lincoln sigue a su hermana por la fisura en la roca. ¿Qué mas podría hacer? ¿Cómo no lo vio venir? Escusas. Eso se dice a si mismo, y sin embargo… aún tiene una familia que proteger, aunque haya fallado ahora.
Salón Gris
Evrard
Las puertas de la cavernosa habitación estallan y Evrard agarra su espada larga con mas fuerza. Detrás de él unos cuantos hombres de miradas vacías se preparar para morir. Sabían que terminaría así. ¿Por qué querer otra cosa? Mas allá, en el centro de la sala, la regente forcejea contra un panel en el suelo, roto el mosaico central que cubría lo que fuera que sea eso. Solo sabía que era la razón por la cual ellos estaban allí. Viudos, huérfanos cómo él, todos habían perdido lo suficiente para decir ¨basta¨. Y lo harían.
Hombres armados con heráldica púrpura se desparramaron hacia adentro, seguidos por una mujer vestida de blanco y alguien que tenía que ser de la realeza. Debería haberle preocupado. Vio a varios volver la mirada hacia atrás.
Se hizo un silencio extraño, hasta que el príncipe (no podía ser otra cosa, Evrard lo recordaba de uno de sus viajes) levantó la mano y habló con voz sosegada.
—Ríndanse. Han luchado con mas valor del que cualquier comandante podría pedir a sus hombres, pero morir ahora no tiene sentido. A aquellos de ustedes que así lo deseen, les garantizo un trato honorable y la libertad después de ocupar la ciudad. —En su voz había sinceridad, agotamiento y pena. El asedio había mermado la voluntad de todos. Claro, eso a Evrard no le importaba.
—¿Majestad? —
Lori Loud no se había levantado.
—Necesito tiempo. — Apenas pudo pronunciar esas palabras. De todos modos, eran una orden. La mayoría ni siquiera la necesitaba. Se lanzaron como un hombre, pero antes de que sus armas chocaran contra la guardia del príncipe este hizo un ademán y de pronto Evrard no podía avanzar ni un centímetro. A su lado, la mujer parecía concentrada. Magia. De pronto se volvió hacia su príncipe, como si hubiera escuchado algo que no fuera de su agrado, e hizo señas desesperadas.
—Lo lamento, en serio. — Otro movimiento, y sus soldados avanzaron. Lori Loud volvió a hablar, esta vez como perdida en un sueño.
—Yo… yo también. Por lo que sé, en serio crees esa tontería. No mereces morir por ella. Nadie lo merece, pero así son las cosas. —
—¿Tontería? ¿Una nueva era de paz bajo la Luz es una tontería? —
La regente suspiró. Extendió su brazo, algo que apenas se podía ver desde la posición congelada de Evrard. Se oyó una especie de grito bajo ellos, gutural, aterrador. Odio puro. Y de pronto, el ansiado olvido.
Epílogo.
Años mas tarde, la destrucción de Trannidar sería narrada como el acontecimiento del milenio por los reinos vecinos. La muerte del príncipe Aldyss, heredero de Catrein, y la derrota de uno de los mas grandes ejércitos jamás reunidos al norte de la Mancha desde el Cataclismo, dejaron heridas profundas en la ciudad. Al norte, en Teleren y las islas de allende, era un cuento para aterrorizar a los muchachos con demasiadas ansias de gloria. Una tal Laika siempre la usaba para asustar a sus compañeros demasiado entusiastas de los viajes. Un reino menos en el continente generó una década de inestabilidad política en los reinos humanos, y una invasión orca siguió a la otra, estrellándose ambas contra las puertas de Hrumgarde. ¿Por qué dos en menos de diez años? Nadie lo sabía, pero hubo conjeturas.
Al norte de la cadena montañosa en la que se asentaba la otrora invencible capital el pueblo de Trann intentó prosperar, pujando contra la tundra estéril que apenas soportaba la vida. Llamaban a su caída ¨el segundo exilio¨, y nunca se recuperaron lo suficiente para volver a ser considerados en los asuntos del mundo cambiado. Algunos de ellos dijeron que era un buen precio a pagar por la paz. Lincoln Loud nunca terminó de decidirlo, pero él y su familia no dejaron de llorar a sus muertos.
El valle entre las montañas no volvió a ser habitable. No cuentos ni leyendas sino historias de terror circulaban alrededor de las hogueras refiriéndose a las cosas que le suceden al hombre que se acerque mas de veinte millas de la ciudad cadáver. Los elfos, de vez en cuando, envían exploradores desde su misterioso bosque en el sur. Lo que encuentran solo lo saben ellos, pero pocos vuelven y aquellos que tienen trato con los curiosos susurran sobre una corte gris que se alimenta de lágrimas, que crece fuerte donde todo lo demás se marchita y perece. Nadie lo sabe de cierto.
Eso ha sido agotador. Cerca de 40000 palabras, varias tramas inconclusas, conceptos en los que no tenía experiencia previa, personajes ignorados… pero sobre todo ha sido un viaje, uno que se hizo mucho más corto (para mí, sé que actualicé cada eternidad, lo siento mucho) gracias a todos los que leen y especialmente comentan cada capítulo de este experimento sobre una tierra rota, siguiendo a estos personajes que continúan siendo mi pasión, aunque quizás me haya tomado demasiadas libertades a la hora de ponerlos en un mundo como este. ¿Qué mas puedo decir? Muchas gracias, en general a todos aquellos que fueron un apoyo a la hora de seguir recorriendo el camino, y muchas gracias en particular a J0nas Nagera y El Caballero de las Antorchas, que se tomaron la molestia de resaltar cada detalle en cada capítulo, de enfrascarse no solo en la historia sino también en la titánica tarea de retroalimentar a este humilde escritor (incluso cuando flaqueo, incluso cuando no lo merezco) para que fuera un poco menos ignorante. Estoy seguro que de poder Lincoln, Loan, Luna, Lyra, Lupa, Lucy, Lisa, Luan y todos los demás se lo agradecerían también, por seguir sus peripecias tanto tiempo en manos de un ratón de biblioteca como yo.
Con eso me despido de Magtar y sus posibilidades por un tiempo. No creo que llegue a cumplir mis aspiraciones de crear una antología explicativa de ciertos sucesos, porque tengo como mínimo una historia mas activa, otra de los sin kids en desarrollo y algo independiente apenas como concepto, pero sin duda esto significó mucho para mí. Adiós de momento, que la luz ilumine sus pasos, la oscuridad otorgue paz a sus tribulaciones, y siempre tengan un suelo firme donde apoyarse.
