DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Los personajes de esta historia pertenecen a Michael Dante DiMartino y Brian Konietzko

CAPITULO 19

En mi mano hay un paraguas, aunque el sol esta en el alto, digno de una postal de verano, en silencio escucho los murmullos de la gente y solo puedo pensar que es una mala jugada del destino, quiero lluvia, quiero rayos y centellas, quiero que los vientos soplen con furia, que la lluvia me permita llorar.

Como siempre vestida impecable, permanezco parada observando de frente a mi padre, a mi alrededor nadie parece saber que hacer, si acercarse o alejarse, darme sus condolencias, abrazarme, darme la mano, hacer una reverencia, no saben que hacer y no hacen nada , lo que agradezco, agradezco mil veces al cielo no haya nadie en este mundo con los tamaños de dirección de la palabra, ojos azules esta junto a mí, sin decir nada sabe que es la despedida, lo vi en sus ojos.

Sus ojos, la única razón de su encanto eran sus ojos, de un color azul tan peculiar, digno de la tribu agua, de un azul profundo.

Mi padre comienza a descender y escucho el llanto de muchos, no puedo evitar peguntarme cual de esos es sincero, quienes lloran con el corazón la muerte de mi padre, y quienes están actuando en este momento su mejor actuación.

Ojos azules toca un poco la manga de mi saco, el miro a través de las gafas oscuras, murmura algo que suena a despedida y se da la vuelta, se va, yo lo sé, no volverá, termino nuestro acuerdo, termino nuestro contrato, si es una manera de decirlo, y al parecer también termino el funeral.

Tras de mi hay dos hombres, grandes y fuertes, no conozco sus nombres, cambian a diario, están ahí por mí, se quedaran ahí como estatuas todo el día si yo se los pido, ya no hay nadie, todos se han ido, al igual que mi padre, todos se marcharon y me convenzo a mi misma que ahora puedo llorar, este es mi momento, es el momento para soltar todo este sufrimiento, toda esta impotencia, todas estas palabras que nunca dije, quiero arrodillarme y suplicarle perdón, quiero pedirle al único hombre importante en mi vida que no me abandone, pero mis sentimientos están desconectados de mi cuerpo.

Me doy la vuelta y comienzo a caminar hacia mi auto, seguida por los hombres de negro, quiero decirles que se retiren que me dejen sola, que me den espacio, pero sigo desconectada.

El que se encontraba a mi izquierda abrió la puerta, el de la derecha me sostuvo el paraguas y después de la puerta se cerró, unos golpes en el techo le indicaron al conductor que podría arregló, ellos no venían conmigo.

Por primera vez me conecté con mi cuerpo y los vi parados en la acera mientras la limosina se alejaba.

-Estas segura-

Una voz calma me hizo estremecer, frete a mi al costado derecho estaba Korra, vestida de traje sastre mas delgada de lo que la recordaba y con el pelo más largo de lo que nunca le vi.

-Que-titubee volteando a los lados, buscando mi carro, a mis guardias.

-Yo lo arregle -comenzó- estás segura, estás conmigo ...

Me quité los lentes esperando que fuera una broma de mi cabeza, y no pude disfrazar la impresión en mi rostro.

Korra esta aquí ... Korra Volvió ...

-0-

Y yo también ...