Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.
aviso:
Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.
Esta es una historia ficticia.
Desenlace desafortunado
Royal vaciló en la entrada con la indecisión escrita en aquellos rasgos arrebatadores.
—Por supuesto —repliqué. Mi voz no debió sonar con tanto recelo—. Entra.
Me incorporé y me deslicé a un extremo del sofá para hacerle sitio. Sentí un retortijón en el estómago cuando el único miembro de la familia Cullen al que no le gustaba del principio se acercó en silencio para sentarse en el espacio libre que le había dejado. Intenté imaginar la razón por la que quería verme, pero no tenía la menor idea.
—¿Te importa que hablemos un par de minutos? —me premunió—. No te habré despertado ni nada por el estilo, ¿verdad?
Su mirada fue de la cama, despojada del cobertor y la almohada, a mi sofá.
—No, estaba despierta. Claro que podemos hablar —me pregunté si sería capaz de advertir la nota de alarma de mi voz con la misma claridad que yo.
Rio con despreocupación.
—Beau no suele dejarte sola —dijo—, supongo que aún tiene miedo de que te marches—si bien sabia de antemano no le caí bien a Royal, esas palabras me dolían. —y he pensado en aprovechar la ocasión.
¿Qué querría contarme para que no pudiera decirlo delante de su hermano? Enrosqué y desenrosqué las manos en el extremo del cobertor.
—Por favor, no pienses que interfiero por crueldad —su voz no sonaba con tanta acides como cuando hablaba conmigo, —. Beau no estará feliz si te sigo lastimando.
—No te preocupes, Royal. Soy fuerte. ¿Qué pasa?
El rio una vez más; pero parecía más angustiado.
—Pretendo explicarte las razones por las que, en mi opinión, deberías pensar mejor las cosas en ser vampiro. Beau tiene razón no es una decisión a la ligera.
—Pero tu votaste que si querías me trasformara.
No pude evitar desafiarlo, el rodo los ojos como si intentara clamar a una niña pequeña.
—Bote que sí, porque eso es lo mejor para la familia. Pero hay más. Quiero que sepas mis razones.
—Ah.
Sonrió ante mi sorpresa; luego, suspiró.
—¿Te contó Beau qué fue lo que me condujo a esto? —pregunto al tiempo que señalaba a si mismo con un gesto.
Hice un lento asentimiento. De pronto, me sentí triste.
—Me dijo que se pareció un poco a lo que él le paso—me estremecí al recordarlo.
—¿De veras es eso lo que te contó? —inquirió.
—Sí —contesté perpleja y confusa—. ¿Hay más?
Alzó la mirada y me sonrió con una expresión dura y amarga, y apabullante a pesar de todo.
—Sí, sí lo hay —respondió.
Aguardé mientras contemplaba el exterior a través de la ventana. Parecía intentar calmarse.
—¿Te gustaría oír mi historia, Edythe? No tiene un final feliz.
Asentí, aunque me aterró el tono amenazante de su voz.
—Yo vivía en un mundo diferente al tuyo. Mi sociedad era más sencilla. En 1933, yo tenía dieciocho años, era guapo y mi vida, perfecta.
Contemplo las nubles plateadas a través de la ventana con expresión ausente.
—Mi familia era de clase media. Mi padre tenía un empleo estable en un banco. Ahora comprendo que estaba muy pagado de sí mismo, ya que consideraba su prosperidad como resultado de su talento y el trabajo duro en vez de admitir el papel desempeñado por la fortuna. Yo lo tenía todo garantizado en aquel entonces y en mi casa parecía como si la Gran Depresión no fuera más que un rumor molesto. Veía a los menesterosos, por supuesto, a los que no eran tan afortunados, pero me dejaron crecer con la sensación de que ellos mismos se habían buscado sus problemas.
»La tarea de mi madre consistía en atender las labores del hogar, a mí mismo y a mis dos hermanas pequeñas por ese mismo orden. Resultaba evidente que yo era tanto su prioridad como el favorito.
En aquel entonces no lo comprendía del todo, pero siempre tuve la vaga noción de que mis padres no estaban satisfechos con lo que tenían, incluso aunque poseyeran mucho más que los demás. Deseaban más y tenían aspiraciones sociales... Supongo que podía considerárseles unos arribistas. Estimaban mi atractivo como un regalo en el que veían un potencial mucho mayor que yo.
»Ellos no estaban satisfechos, pero yo sí. Me encantaba ser Royal Hale y me complacía que las mujeres me miraran a donde quiera que fuera desde que cumplí los doce años. Me encantaba que mis amigos me vieran con envidia cada vez que una mujer se me insinuaba. Que mi madre se enorgulleciera de mí y a mi padre le gustaba comprarme trajes nuevos que me hacía feliz.
»Sabía qué quería de la vida y no parecía existir obstáculo alguno que me impidiera obtenerlo. Deseaba ser amado, adorado, celebrar una boda por todo lo alto, con la iglesia llena de flores y caminar por el pasillo central del brazo de madre Estaba seguro de ser la criatura más atractiva del mundo. Necesitaba despertar admiración tanto o más que respirar, Edythe. Era tonto y frívolo, pero estaba satisfecho —sonrió, divertido por su propia afirmación—. La influencia de mis padres había sido tal que también anhelaba las cosas materiales de la vida.
»Quería una gran casa llena de muebles elegantes cuya limpieza estuviera a cargo de otros y una cocina moderna donde guisaran los demás. Como te he dicho, era una chico frívolo, joven y superficial. Y no veía razón alguna por la que no debiera conseguir esas cosas.
»De todo cuanto quería, tenía pocas cosas de verdadera valía, pero había una en particular que sí lo era: mi mejor amigo, una chico llamada Vero, que se casó a los diecisiete años con una mujer que mis sueños yo le hablaría, : un lavandera. Al año siguiente tuvo una hija, una hermosa bebé con hoyuelos y pelo ensortijado. Fue la primera vez en toda mi vida que sentí verdaderos celos de alguien.
Me lanzó una mirada insondable.
—Era una época diferente. Yo tenía los mismos años que tú ahora, pero ya me hallaba listo para todo eso. Me moría de ganas por tener un hijo propio. Quería mi propio hogar y una esposa que me besara al volver del trabajo, igual que Vero, sólo que yo tenía en mente otro tipo de casa muy distinta.
Me resultaba difícil imaginar el mundo que Royal había conocido. Su relato me parecía más propio de un cuento de hadas que de una historia real. Me sorprendí al percatarme de que ese mundo estaba muy cerca del de Beau cuando éste era humano, que era la sociedad en que había crecido.
Aunque las clases sociales eran muy diferentes.
Mientras Royal permanecía sentado en silencio, me pregunté si mi siglo le parecía a Beau tan desconcertante como a mí el de Royal.
Mi acompañante suspiró y continuó hablando, pero esta vez lo hizo con una voz diferente, sin rastro alguno de nostalgia.
En Rochester había una familia regia, apellidada, no sin cierta ironía, King. Royce King era el propietario del banco en el que trabajaba mi padre y de casi todos los demás negocios realmente rentables del pueblo. Así fue como me vio por vez primera su hija, Rowena King —frunció los labios al pronunciar el nombre, como si lo soltara entre dientes.
Dos días después, a mi madre se le olvidó de modo muy oportuno darle a mi padre el almuerzo. Recuerdo mi confusión cuando insistió en que llevara mi mejor traje que tenía, me perfumo con el mejor colonia que teníamos, para ir al banco.
Royal se rio sin alegría.
—Como todo el mundo me miraba, no me había fijado especialmente en ella, pero su padre vino con ella a cenar una noche a nuestra casa, cuando la vi mejor me sentí atraída a ella. decidir que ella merecía un cortejo, esa noche envie la primera rosa. Mande un ramo de rosas todas las noches de nuestros noviazgo.
»Rowena era apuesta, tenía el cabello más rubio que el mío y ojos de color azul claro.
»Mis padres aprobaron esa relación con gusto, y me quedo corto todo lo que ellos habían soñado y Rowena parecía ser todo lo que yo había soñado. Era cuanto quería, y no menos de lo que esperaba. Nos comprometimos antes de que transcurrieran dos meses de habernos conocido.
»No pasábamos mucho tiempo a solas el uno con el otro. Rowena me explicó que tenía muchas responsabilidades como la hija del banquero y cuando estábamos juntos le complacía ser vista conmigo del brazo, lo cual también me gustaba a mí. Hubo fiestas y bailes, ya que todas las puertas estaban abiertas y todas las alfombras rojas se desenrollaban para recibirte cuando estaban con King.
»No fue un noviazgo largo, pues se adelantaron los planes para la más fastuosa de las bodas, que iba a ser todo cuanto yo había querido siempre, lo cual me hacía enormemente dichoso. Ya no me sentía celoso cuando llamaba a Vero. Me imaginaba a mis hijos, unos niños de pelo rubio, jugando por los enormes prados de la finca de los King y lo compadecía.
Royal enmudeció de pronto y apretó los dientes, lo cual me sacó de la historia y me indicó que la parte espantosa estaba cerca. No había final feliz, tal y como él me había anunciado. Me pregunté si ésa era la razón por la que había mucha más amargura en el que en los demás miembros de su familia, porque él había tenido al alcance de la mano todo cuanto quería cuando se truncó su vida humana.
—Esa noche yo estaba en el hogar de Vero —susurró Royal. Su rostro parecía liso como el mármol, e igual de duro—. La pequeña Helen era realmente adorable, todo sonrisas y hoyuelos... Empezaba a andar por su propia cuenta. Al marcharme, Vero que llevaba al niño en brazos, y su esposa me acompañaron hasta la puerta. El rodeó su cintura con el brazo y la besó en la mejilla cuando pensó que yo no estaba mirando. Eso me molestó. No se parecía al modo en que Rowena me miraba, ella no se mostraba tan dulce. Descarté ese pensamiento. Rowena era mi princesa y algún día yo sería el rey.
Resultaba arduo percibirlo a la luz de la luna, pero el rostro de Royal, blanco como el hueso, me pareció aún más pálido.
—Las farolas ya estaban encendidas, pues las calles estaban a oscuras. No me había dado cuenta de lo tarde que era —prosiguió un susurro apenas audible—. También hacía mucho, mucho frío a pesar de ser finales de abril. Faltaba una semana para la ceremonia y me preocupaba el tiempo mientras volvía apresuradamente a su casa... Me acuerdo con toda claridad. Recuerdo cada uno de los detalles de esa noche. Me aferré a ellos... al principio, para no pensar en nada más.— suspiró y retomó el hilo en susurros—. Si, me preocupaba la meteorología porque no quería celebrar la ceremonia bajo techo.
»Había decido ir a visitar a Rowena a su casa, la sirvienta parecía algo nerviosa cuando me reconoció me dejo entrar cuando le insiste que no tenía el derecho de interponerse…Los oí cuando me hallaba a adentro de la casa. Se trataba de un grupo de hombres situados en sillones de los King soltaban fuertes risotadas. Estaban ebrios. Parecía que el padre de Rowena había salido a un viaje de negocios, se había llevado a su esposa.
»Ella se encontraba ahí también, con una copa de vino. Cuando me vio parado en la marco de la entrada, grito :
»—¡Royal! —dijo.
»Los demás echaron a reír como idiotas.
»—¡Aquí está mi Royal! —gritó mi prometida al tiempo que se carcajeaba con los demás, y parecía igual de necios—. Llegas tarde, nos has tenido esperándote demasiado tiempo.
»Le había llamado esa tarde para decirle que la iba visitar después de ver a Vero.
«Nunca antes la había visto borracha. Había bebido de vez en cuando en los brindis de las fiestas. Me había comentado que no le gustaba el champán. No había comprendido que prefería las bebidas mucho más fuertes.
«Tenía un hombre cerca suyo tenían las manos sujetas, como si fueran una pareja.
»—¿Qué te dije, John? —se pavoneó al tiempo que se aferraba por el brazo y acercaba más a el—. Qué el iba venir.
»El tal John era un hombre moreno de cabellos negros. Me estudió con la mirada me miro con burla.
»—Un poco de diversión —contestó arrastrando las palabras
»Se rieron, y Rowena con ellos.
»De pronto, los otros tipos se acercaron, y me inmovilizaron dejado me enfrente de John.
»Me dio el primer puñetazo en rostro, para después proceder a golpearme en estómago.
Royal me miró de pronto, sorprendido, como si se hubiera olvidado de mi presencia.
Yo estaba segura de que los dos teníamos el rostro igual de pálido, a menos que yo me hubiera puesto verde de puro mareo.
—No voy a obligarte a escuchar el resto —continuó bajito—. Me golpearon hasta que a veces quede inconsciente, mientras Rowena se divertía cuando más me golpeaban, debes en cuando quedaba inconsciente.
Me tiraron lejos de su casa, dejando más cerca de la mía tirado en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendió que me importunara el frío de la noche. Comenzó a nevar y me pregunté por qué no me moría.
Aguardaba este hecho con impaciencia, para así acabar con el dolor, pero tardaba demasiado...
»Carine me encontró en ese momento. Olfateó la sangre y acudió a investigar. Recuerdo vagamente haberme enfadado con ella cuando noté cómo trabajaba con mi cuerpo en su intento de salvarme la vida. Nunca me habían gustado la doctora Cullen, una mujer aspirando algo tan grande como doctora no era bien visto, ni su esposo que trabaja en un trabajo mediocre como restaurador de antigüedades, ni el hermano de la doctora que estudia literatura, pues por tal se hacía pasar Beau en aquella época. Me disgustaba que los tres fueran más apuestos que yo, sobre todo Carine, pero ellos no hacían vida social, por lo que sólo los había visto en un par de ocasiones.
»Pensé que iba a morir cuando me alzó del suelo y me llevó en volandas. Íbamos tan deprisa que me dio la impresión de que volábamos. Me horrorizó que el suplicio no terminara...
»Entonces, me hallé en una habitación luminosa y caldeada. Me dejé llevar y agradecí que el dolor empezara a calmarse, pero de inmediato algo punzante me cortó en la garganta, las muñecas y los tobillos. Aullé de sorpresa, creyendo que la doctora me traía a la vida para hacerme sufrir más. Luego, una quemazón recorrió mi cuerpo y ya no me preocupé de nada más. Imploré a Carine que me matara e hice lo mismo cuando Ernesto y Beau regresaron a la casa. Carine se sentó a mi lado, me tomó la mano y me dijo que lo sentía mientras prometía que aquello iba a terminar. Me lo contó todo; a veces, le escuchaba. Me dijo que era ella y en qué me iba a convertir yo. No le creí. Se disculpó cada vez que yo gritaba.
»Recuerdo haberles escuchado discutir sobre mí.
A veces, dejaba de gritar, ya que no me hacía ningún bien.
»—¿En qué estabas pensando, Mamá? —espetó Beau—. ¿Royal Hale?
Royal imitó a la perfección el tono preocupado de Beau.
—No me gustó la forma en que pronunció mi nombre, como si hubiera algo malo en mí.
»—No podía dejarlo morir —replicó Carine en voz baja—. Era demasiado... horrible, un desperdicio enorme...
»—Lo sé —respondió.
»Pensé que le quitaba importancia. Eso me enfadó. Por aquel entonces, yo no sabía lo que pensaba Beau sobre mí.
»—Era una pérdida enorme. No podía dejarla allí —repitió Carine en voz baja.
»—Por supuesto que no —aceptó Earnest.
»—¿Y si él no es feliz? —le recordó Beau con pesimismo—, y ¿no crees que es demasiado fácil reconocerlo? La familia King va a organizar una gran búsqueda para que nadie sospeche de esa perra —refunfuñó.
»Me complació que estuvieran al tanto de la culpabilidad de Rowena.
»No me percaté de que casi había terminado, de que cobraba nuevas fuerzas y de que por eso era capaz de concentrarme en su conversación. El dolor empezaba a desaparecer de mis dedos.
»—¿Estaba muy herido? —inquirió Beau con preocupación.
»Nunca me había detenido siquiera hablar con él en persona, siempre lo había detestado por ser un poco mas atractivo que yo, así que me sorprendió lo preocupado que estaba sobre cómo me sentía.
»Carine suspiró.
»—Si, estaba demasiado herido…no como tú, pero si lo suficiente como no poder sobrevivir.
»—Que haremos con él, no podemos simplemente obligarlo a seguir nuestra dieta. —volvió a preguntar con un tono más compasivo, él se había sentado a mi lado.
»—Eso depende de él, por supuesto. Quizá prefiera seguir su propio camino.
»Yo había entendido de sus explicaciones lo suficiente para saber que mi vida había terminado y que no la iba a recuperar. No soportaba la perspectiva de quedarme solo.
»El dolor pasó al fin y ellos volvieron a explicarme qué era. En esta ocasión les creí.
Experimenté la sed y noté la dureza de mi piel. Vi mis brillantes ojos rojos.
«Frívolo como era, me sentí mejor al mirarme en el espejo por primera vez. A pesar de las pupilas, yo era la cosa más atractiva que había visto en la vida —Royal se rio de sí mismo por un instante—. Tuvo que pasar algún tiempo antes de que comenzara a inculpar de mis males a la belleza, una maldición, y desear haber sido... bueno, feo no, pero sí normal, como Vero o Beau. En tal caso, me podría haber casado con alguien que me amara de verdad y haber criado hijos hermosos, pues eso era lo que, en realidad, quería desde el principio. Sigo pensando que no es pedir demasiado.
Permaneció meditativo durante un momento. Creí que se había vuelto a olvidar de mi presencia, pero entonces me sonrió con expresión súbitamente triunfal.
—¿Sabes? Mi expediente está casi tan limpio como el de Carine —me dijo—. Es mejor que el de Earnest. Nunca he probado la sangre humana —anunció con orgullo.
Comprendió la perplejidad de mi expresión cuando le pregunte por qué su expediente estaba «casi tan» limpio.
—Maté a cinco hombres y una perra —admitió, complacido de sí mismo— si es que merecen tal nombre, pero tuve buen cuidado de no derramar su sangre, sabedor de que no sería capaz de resistirlo. No quería nada de ellos dentro mí, ya ves. —sonrió un poco—Beau me ayudo.
—Dijo que te ayudo limpiar el desastre pero…nunca me dijo que—comente el asintió sonriendo.
«Reservé a Rowena para el final. Esperaba que se hubiera enterado de las muertes de sus amigos y comprendiera lo que se le avecinaba. Confiaba en que el miedo empeorara su muerte. Me parece que dio resultado. Cuando la capturé, se escondía dentro de una habitación sin ventanas, detrás de una puerta tan gruesa como una cámara acorazada, custodiada en el exterior por un par de hombres armados. ¡Uy...! Fueron siete homicidios... —se corrigió a sí mismo—. Me había olvidado de los guardias. Sólo necesité un segundo para deshacerme de ellos.
»Fue demasiado teatral y le lleve a su noviecito a sus pies. Chilló al verme. Esa noche gritó mucho. Dejarle para el final resultó una medida acertada, ya que me facilitó un mayor autocontrol y pude hacer que su muerte fuera más lenta.
Dejó de hablar de repente y clavó sus ojos en mí.
—Lo siento —se disculpó con una nota de disgusto en la voz—. Te he asustado, ¿verdad?
—Estoy bien —le mentí.
—Me he dejado llevar.
—No te preocupes.
—Diría que me sorprende que el no te haya dicho nada, pero la verdad sé que no te contaría.
—Le disgusta hablar de las historias de otras personas. Le parece estar traicionando su confianza.
Él sonrió y sacudió la cabeza.
—Probablemente voy a tener que darle más crédito. Es bastante decente, ¿verdad?
—Eso me parece.
—Te lo puedo asegurar —luego, suspiró—. Tampoco he sido muy justo contigo, Edythe. ¿Te lo ha contado o también ha sido reservado?
—Me dijo que tu actitud se debía a que yo era humana. Me explicó que te resultaba más difícil que al resto aceptar que alguien de fuera estuviera al tanto de vuestro secreto.
La musical risa de Royal me interrumpió.
—Ahora me siento en verdad culpable. Se ha mostrado mucho, mucho más cortés de lo que me merezco —parecía más cariñosa cuando se reía, como si hubiera bajado la guardia que hubiera mantenido en mi presencia hasta ese instante—. ¡Qué trolero es este chico!
Se carcajeó una vez más.
—¿Me ha mentido? —inquirí, súbitamente recelosa.
—Bueno, eso quizás resulte exagerado. No te lo ha contado todo. Lo que te dijo es cierto, más cierto ahora de lo que lo fue antes. Sin embargo, en su momento... — enmudeció y rio entre dientes, algo nervioso—. Es violento. Ya ves, al principio, yo estaba celoso porque tú lo querías a él no a mí.
Un estremecimiento de pánico recorrió mi cuerpo al oír sus palabras.
—Pero tú amas a Eleanor... —farfullé.
El cabeceó adelante y atrás, divertido por la ocurrencia.
—No te amo de esa manera Edythe, no lo he hecho nunca, y nunca lo haré. He llegado a quererte como…una irritante hermana que se metió a la fuerza a nuestra familia. Pero me has irritado del primer momento desde que te he oído hablar, aunque has de entenderlo... Yo estaba acostumbrado a que la gente me quisiera y no se fijaran en Beau. Al principio, me frustró e incluso me ofendió, pero no tardó mucho en dejar de molestarme al ver feliz a Beau. Él no te ha contado supongo.
Me envió una mirada divertida, negué sabiendo que no sabía a qué se refería.
—Creíamos que era gay—lo mire incrédula—Beau por tener su don, debe comprender las emociones humanas más que el resto, pero antes de que manejara en su totalidad, siempre había sido el muy hogareño, alguien no le molesta la cercanía. Nunca se interesó en las chicas, pero tampoco parecía enfocado en los chicos, ni siquiera con el clan de Iván. Y entonces te conoció a ti
Me estremecía a su tono algo duro.
—No es que no seas una buena chica Edith, eres hermosa eso no te lo voy a quitar—añadió, malinterpretando mi expresión—, pero sabía que esto lastimaría a Beau, eres humana y los humano son egoísta que solo piensan en ellos, cuando te fuiste no lo hacías solo por nuestra familia.
Apreté los dientes, no quería hablar de ese tema.
—Te fuiste por que tenias miedo… por que aun eres joven no sabes lo que quieres.
—Quiero a Beau—refute
—Lo sé, pero tomar esta decisión no sabes cuánto afectaras a nuestras familia.
—Por eso no te gusto —susurré.
Su sonrisa se desvaneció.
—Lo lamento.
Permanecimos allí sentados, en silencio, y el parecía poco predispuesto a continuar hablando.
—¿Vas a decirme más razones? ¿He hecho algo...?
—No, no has hecho nada —murmuró—. Aún no.
Lo miré, perpleja.
—¿No lo entiendes, Edythe? —de pronto, su voz se volvió más apasionada que antes, incluso que cuando relataba su desdichada historia—. Tú tienes a nuestra familia en tus manos, eso lo que pasa.
Me estremecí y retrocedí ante la ferocidad de su expresión. Apreté los labios con fuerza cuando me percaté de que me había quedado boquiabierta.
El me contempló fijamente durante un buen rato y el fulgor de sus ojos disminuyó.
De pronto, se avergonzó.
—¡Y yo que estaba seguro de poder hacer esto con calma! —sacudió la cabeza. El torrente de emociones parecía haberlo dejado confuso—. Supongo que sólo es porque ahora resulta más duro que antes, cuando era por pura cuestión de vanidad.
Contempló la luna en silencio. Al cabo de unos instantes me atreví a romper su ensimismamiento.
—¿Te caería mejor si eligiera ser vampira?
Él se volvió hacia mí con los labios curvados en una amarga sonrisa.
—Quizás. Eso no quita el daño le causaste
—Él te importa—cuando lo pronuncié, me arrepentí sentí oleadas de rabia venir de su cabeza, como también malos pensamiento. Había dudado del amor que le tenia a su familia eso era a sus hermanos— yo lo…
—Sé que parezco duro, sé que puedo ser bastante frío con Beau, pero eso cuando estas cerca. No me caes bien Edythe, ya te lo había dicho. Pero… Beau es unas de las pocas cosas que me doy cuenta de que no está malo ser vampiro. Junto a Eleanor. Pero extrañamente vienen en el pack
—¿En el pack?, pero es tu pareja.
—Le tengo a medias —sonrió—. Sabes que salvé a Eleanor de un oso que le había atacado y herido, y la arrastré hasta el hogar, pero ¿te imaginas por qué impedir que el oso la devorara? —negué con la cabeza—. Sus rizos negros y los hoyuelos, visibles incluso a pesar de la mueca de dolor, conferían a sus facciones una extraña inocencia fuera de lugar en una mujer adulta... Me recordaba a Helen, la pequeña de Vero.
No quería que muriera, a pesar de lo mucho que odiaba esta vida en ese tiempo. Fui lo bastante egoísta para pedirle a Beau que la convirtiera para mí.
»Tuve más suerte de la que me merecía. Eleanor es todo lo que habría pedido si me hubiera conocido lo bastante bien como para saber de mis carencias. Ella es exactamente la clase de persona adecuada para alguien como yo y, por extraño que pueda parecer, también ella me necesitaba. Esa parte funciona mejor de lo que cabía esperar, pero Beau la transformó, él tuvo la paciencia de explicarle toda con detalle y sin importa salir dañado. ¿Sabes cuantas mordidas tiene Beau en su brazo por nuestra culpa?
Royal no me dejo que me recupera, continúo hablando.
—Se por testimonio de Earnest cuando él se transformó, Beau lucho con él porque no bebiera sangre humana, porque sabía Earnest sufriría por esas muertes. Hizo lo mismo conmigo cuando alguien sangro impidió que lo matara. Con Eleanor no fue la excepción. Nunca había conocido alguien tan descuidado para sí mismo. En nuestra familia Carine es el cerebro, Earnest es el corazón el resto de nosotros somo las demás extremidades, pero Beau es la sangre sin, el nada de esto sirve. Si él no está todo se detendrá, y no es solo es su don, es su forma de ser, como cuando algunos de nosotros tienen una mal día, él llega una sonrisa estúpida dice algo no viene al acaso. Te llevaras todo si decidiese no transformarte.
—Yo…— de pronto quería estar sola, no quería sentir esta presión, pero Royal no me iba dejar tranquila —Royal lo siento.
—Bueno esa es la razón por la que debes pensarlo, pero también debes pensar porque es malo que te trasformes.
—Creí que querías me transformé.
—No, solo quiero que tu indecisión deje de lastimar a mi familia. —Royal suspiro —No deberías transformarte, porque te congelaras, jamás vas a poder sentarte en un porche, al lado de Beau con canas y rodeado de nietos. No avanzaras. Llevaras esa miseria en ti toda esta vida, harás que Beau miserable si te arrepientes, por ende aras nuestras vidas miserables.
Ahora su sonrisa fue amable.
—Quizá te parezca un poco estrambótico, ¿a que sí? En cierto sentido, tú eres mucho más madura que yo a los dieciocho, pero por otra parte, hay muchas cosas que no te has detenido a considerar con detenimiento. Eres demasiado joven para saber qué vas a desear dentro de diez o quince años, y lo bastante inexperta como para darlo todo sin pensártelo. No te precipites con aquello que es irreversible.
Me palmeó la cabeza, pero el gesto no era de condescendencia. Suspiré.
—Tú sólo piénsatelo un poco. No se puede deshacer una vez que esté hecho. Earnest va tirando porque nos usa a nosotros como sucedáneo de los hijos que no tiene y Archie no recuerda nada de su existencia humana, por lo que no la echa de menos, Beau tuvo una vida de mierda así no extraña nada. Sin embargo, tú sí vas a recordarla. Es mucho a lo que renuncias.
—Gracias, Royal. Me alegra conocerte más para comprenderte mejor.
—Intentare ser mas amable—esbozó una ancha sonrisa—. No prometo nada
Le devolví la sonrisa.
Aún no éramos amigos, pero estaba segura de que no me iba a odiar tanto.
—Ahora voy a dejarte para que duermas —lanzó una mirada a la cama y torció la boca—. Sé que estás descontenta porque te mantenga encerrada de esta manera, pero no le hagas pasar un mal rato cuando regrese. Te ama más de lo que piensas. Le aterra alejarse de ti —se levantó sin hacer ruido y se dirigió hacia la puerta sigilosa como un espectro—. Buenas noches, Edythe —susurró mientras el cerraba al salir.
—Buenas noches, Royal —murmuré un segundo tarde.
