Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.
aviso:
Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.
Esta es una historia ficticia.
Instrucción.
—Ha debido de ser la fiesta más larga de la historia universal — se quejó Beau cuando nos dirigimos a mi casa.
No pude evitar que estar de acuerdo con él.
—Venga, ya ha terminado —lo anime mientras le acariciaba el brazo con dulzura.
Todos me habían tranquilizado. Archie se había acercado para darme unas palmadas de afecto mientras lanzaba una mirada elocuente a Jessamine, y ésta no paró hasta que sentí un flujo de paz a mi alrededor, Earnest me besó en la frente y me prometió que todo iba a ir bien... La solución de Jules nos había dejado a todos relajados, casi eufóricos después de las interminables semanas de tensión. La confianza había reemplazado a la duda y la fiesta había concluido con un toque de verdadera celebración...
…salvo para Beau.
Beau no estaba feliz con saber qué otras personas, mucho más jóvenes que yo, se estuviera jugando el cuello por esta pelea. Se le notaba que estaba de los nervios. De vez en cuando podía ver que solo quería correr lejos de ahí.
—Esta noche vas a llevarme contigo —susurré viendo como él se puso tenso en segundos.
—Estás agotada, Edythe.
—¿Crees que seré capaz de dormir?
Frunció el ceño.
—Esto va a ser una prueba. No estoy seguro de que la cooperación... sea posible. No quiero que te pongas en medio. Por mucho que me lleve bien con Jules no significa que las demás estén de acuerdo.
Como si eso no me fuera a preocupar aún más...
—Iré en mi propio auto. No creo que queras que este perdida por horas en bosque.
Entrecerró los ojos. Aquello era un golpe bajo y yo lo sabía, pero no iba a aceptar de modo alguno que me dejara atrás.
Siguió sin responder cuando llegamos a mi casa. Las luces del cuarto de estar estaban encendidas
—Te veo arriba —murmuré.
Entré de puntillas por la puerta principal y me fui al cuarto de estar, donde dormía mamá, en un sillón de una sola persona.
La sacudí el hombro enérgicamente.
—¡Mamá! ¡mamá! —ella pestañeó varias veces—. Ya he vuelto. Vamos, es hora de moverse.
Mi madre se levantó perezosamente aún parecía adormilada como, para caminar por sí sola hasta su cuarto. Le ayudé a llegar a su cama, donde se metió entre las mantas y, sin desvestirse.
En esas condiciones, no era probable que se pusiera a buscarme demasiado pronto.
Beau esperó en mi habitación a que me lavara la cara y cambiara la ropa de la fiesta por unos vaqueros y una blusa de franela. Me observó con gesto mohíno desde la mecedora mientras colgaba en una percha del armario el jersey que me había regalado Archie.
Tomé su mano y le dije:
—Ven aquí.
Luego, le atraje a la cama y le empujé encima de ella antes de acurrucarme junto a su pecho. Quizás él estaba en lo cierto y yo estaba tan hecha polvo que me dormiría enseguida, pero no permitiría que se escabulleron sin mí.
Me arropó con el edredón y me sujetó con fuerza.
—Relájate, por favor.
—Claro.
—Esto va a salir bien, Beau, lo presiento.
Apretó los dientes con fuerza.
Beau seguía irradiando preocupación. A nadie, salvo a él, le preocupaba que resultaran heridos Jules y sus amigos, y menos aún a los Cullen.
—Escúchame, Beau, esto va a ser fácil. Archie dijo que van a pillar por sorpresa a los neófitos, que no tienen ni idea de la presencia de los licántropos. Has visto cómo actúan en grupo, según recuerda Jessamine, y de veras creo que las técnicas de caza de los lobos van a funcionar con mucha limpieza. Una vez que estén divididos y sorprendidos, ya no van a ser rival para tu familia. Alguno, incluso, podría quedarse fuera. No sería necesario que participáramos todos —añadí, saben que a los mas que le importaba era a los más jóvenes.
—Claro, va a ser coser y cantar —murmuro en tono apagado.
—Calla, ya verás como sí —le acarició la mejilla—. No te preocupes ahora.
Como para calmarse el mismo comenzó a tararear mi nana.
No logré conciliar el sueño. Los minutos transcurrieron con rapidez y, para mi sorpresa, seguía en tensión y despierta cuando Beau nos incorporó a los dos para que estuviéramos sentados.
—¿Estás segura de que no prefieres quedarte a dormir?
Le dirigí una mirada envenenada.
Suspiró y me alzó en brazos antes de salir por la ventana de un salto.
Echó a trotar por el silencioso bosque en sombras conmigo a su espalda. Nada más que para sentir el soplo del viento en el pelo.
Su familia ya le aguardaba cuando llegamos al gran claro. Hablaban con despreocupación y tranquilidad. El retumbo de la risa de Eleanor resonaba de forma ocasional por el espacio abierto. Beau me dejó en el suelo y caminamos hacia ellos cogidos de la mano.
Era una oscura noche sin luna, oculta detrás de las nubes, por lo que pasó más de un minuto antes de que me diera cuenta de que estábamos en el claro donde los Cullen jugaban al béisbol. Fue en aquel mismo paraje donde hacía más de un año Joss y su aquelarre habían interrumpido la primera de aquellas desenfadadas veladas.
Se me hacía raro volver allí, como si aquella reunión estuviera incompleta hasta que estuvieran con nosotros Joss, Lauren y Víctor.
—¿Sabes lo que pienso? —Pregunto Beau sonriendo un poco más calmado, estaba un segura que Jessamine estaba ayudando un poco a Beau a relajarse.
Me reí, ya que el sabia que ante esa pregunta me molestaba un poco.
—No —conteste. Estuvo a punto de sonreír—. ¿Qué piensas?
—Todos los cabos están anudados entre sí, no sólo dos, sino los tres.
—No te sigo.
—Han pasado tres cosas malas desde tu regreso —las enfatizo enumerándolas con los dedos—Los neófitos de Seattle, el desconocido tu cuarto y la primera de todas: Joss volvió.
Entrecerré los ojos. Daba la impresión de haber pensado en mucho en ello.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Porque estoy de acuerdo con Jessamine, los Vulturis adoran sus reglas y, además, de todos modos, habrían hecho un trabajo más fino —hizo una meca pensando algo no debía—. ¿Recuerdas que mis hermanos intentaron rastrar a Joss el año pasado?
—Sí —fruncí el ceño—. Dijiste que no se les dio muy bien.
—Archie dijo que estuvieron en Seattle.
Fruncí las cejas.
—Sí. Um...
—Ahí lo tienes. Se le pudo ocurrir la idea en esa ciudad, pero ella no sabe realmente cómo hacerlo de modo correcto, por eso los neófitos están fuera de control.
Sacudí la cabeza.
—Pero Sulpicia es la única que conoce cómo funciona el poder de Archie por los recuerdos de Carine.
—Sulpicia lo sabe, pero ¿acaso no la conocen bastante bien mis primos Tacio, Ivan y el resto de mi primos? Lauren vive con ellos, y si Joss la amenazó con matarla si no le entregaba información, ¿por qué no le iba a contar cuanto sabía?
Frui el ceño intentado no pensar que Joss estaba tan cerca, o que esto era su plan.
—Tus hermanos dijeron no huele como ella.
—¿Y no ha podido trabar nuevas...aliados? Piensa en ello, si es Joss quien se encuentra detrás del asunto de Seattle, está haciendo un montón de nuevos amigos, los está creando.
Estaba concentrada en cada palabra que decía Beau, si eso era cierto entonces los neófitos estaba detrás de…
—Um... Es posible —Beau continúo divagando—La personalidad de Joss encaja a la perfección con su forma de ser. Ha demostrado un notable instinto de supervivencia desde el principio. Quizá sea algo que aprendió de su pareja Víctor. En cualquier caso, con este plan, ella no tendría que arriesgarse ante ninguno de nosotros, permanecería en la retaguardia y dejaría que los neófitos causaran estragos aquí. Tampoco correría grave peligro frente a los Vulturis. Es posible incluso que cuente con nuestra participación. Aunque su tropa ganase, no lo haría sin sufrir graves pérdidas, con lo cual sobrevivirían pocos neófitos en condiciones de testificar contra ella. De hecho —continuó pensando para sí mismo—, apuesto a que ella ha planeado eliminar a los posibles supervivientes...Aun así, ha de tener algún amiguito un poco más maduro, no un converso reciente, capaz de dejar con vida a tu madre...
Me reí un poco, haciendo que el se sobresaltara, sonrió cuando se dio cuenta que estaba divagando.
—No hay duda de que es perfectamente posible. Hoy estás de lo más perspicaz — añadí—. Es impresionante.
Suspiró.
—Quizá sea una simple reacción refleja a este lugar. Tengo la sensación de tenerla tan cerca que creo que me está mirando en este mismo momento.
La idea le hizo apretar los dientes.
Recorrió atentamente con la mirada los oscuros árboles del bosque. Una extraña expresión pobló su rostro mientras escrutaba las sombras. Retiró los labios hasta dejar los dientes al descubierto y en sus ojos ardió una luz extraña, algo similar a una fiera e indómita esperanza.
—Aun así, no les daré ocasión de estar tan cerca —murmuró— ni a Joss ni a quienquiera que pretenda hacerte daño. Tendrán que pasar por encima de mi cadáver. Esta vez acabaré con ella personalmente.
La vehemente ferocidad de su voz me hizo estremecer y estreché sus dedos con los míos aún con más energía deseando tener suficiente fuerza para mantener enlazadas nuestras manos para siempre.
Nos encontrábamos muy cerca de su familia ya, y fue entonces cuando me percaté por vez primera de que Archie no parecía compartir el optimismo de los demás.
Permanecía en un aparte, Abrazando a Jessamine, como si le necesitara para entrar en calor. Fruncía los labios en un mohín de contrariedad.
No pude evitar sonríe cuando supe la razón de su molestia, pero parecía que Beau un no se daba cuanta de la razón por que me arrastro donde estaba sus dos hermanos.
—¿Qué le pasa a Archie? —pregunto con un hilo de voz.
Me volví a reír.
—No puede ver nada ahora que los licántropos están de camino. Esa «ceguera» le produce malestar.
Beau levanto una ceja suspirando un poco aliviado que su mejor amigo estuviera bien... en cierta forma.
El oyó mi cuchicheo, alzó los ojos y me sacó la lengua. Me volví a reír otra vez.
—Hola, Beau —le saludó Eleanor—; hola, Edythe, ¿te va a dejar participar en las prácticas?
Mi novio regañó a su hermana.
—Ya quisieras
Carine se acercó a paso mas tranquilo, venia ropa deportiva como toda su familia.
—¿Hablaste con Jules?, ¿Como en cuanto llegan?
—Por la hora, creo en unos 5 minutos, ella y Sam van a venir como humanas, el resto de la manada vendrá en forma lobuna. Necesitan poder hablar con nosotros y hacer preguntas que correspondan.
Carine asintió.
—Resulta duro para ellas. Les agradezco que vengan.
Miré a Beau con ojos entrecerrados.
—¿Hablaste con ella?
El asintió, mostrándose cauto ante mi reacción. Tragué saliva al recordar las veces en que había visto a Jules y Beau con una buena conexión. La primera fue en el prado, con Baile, y la segunda en el cerca de mi casa… la lista podía seguir.
—Preparaos, estarán a la que salta.
De pronto, el círculo informal de los Cullen se estiró hasta forma una línea flexible en cuya punta estaban Jessamine y Eleanor. Supe que a Beau le habría gustado acompañarlas por la forma en que permanecía inclinado a mi lado. Estreché su mano con más fuerza.
Entrecerré los ojos para estudiar el bosque, pero no vi nada.
—Maldita sea —masculló Eleanor en voz baja—, ¿habíais visto algo así?
Earnest y Royal intercambiaron una mirada. Ambos tenían los ojos desorbitados por la sorpresa.
—¿Qué pasa? —susurré lo más bajito posible—. No veo nada.
—La manada ha crecido —me susurró Beau al oído.
¿Por qué se sorprendían? ¿Acaso él no me había dicho que la amiga de Jules se había unido al grupo? Agucé la vista para distinguir a los seis lobos en la penumbra. Finalmente, algo titiló en la oscuridad, y eran sus ojos, aunque a mayor altura de lo esperado. Había olvidado su talla. Eran altos como caballos, sin un gramo de grasa, todo pelaje y músculo, y unos dientes como cuchillas, imposibles de pasar por alto.
Sólo lograba verles los ojos. Mientras escrutaba las sombras en un intento de distinguirlos mejor, caí en la cuenta de que había más de seis pares de ojos delante de nosotros. Uno, dos, tres... Conté mentalmente los pares de pupilas a toda prisa. Dos veces.
Eran diez.
—Fascinante —murmuró Edward en un susurro apenas audible.
Carine avanzó un paso con deliberada lentitud. Fue un gesto lleno de cautela, destinado a insuflar tranquilidad.
—Bienvenidos —saludó a los lobos, aún invisibles.
—Gracias —contestó una voz femenina que salía de las sombras, venia acompaña de Jules que esta solo una paso de distancia de Sam.
—Venimos a oír y escuchar, pero nada más. Nuestro autodominio no nos permite rebasar ese límite.
—Es más que suficiente —respondió Carine—. Mi hija Jessamine goza de experiencia en este asunto —prosiguió, haciendo un gesto hacia la posición de Jessamine, que estaba tensa y alerta—. Ella nos va a enseñar cómo luchar, cómo derrotarlos. Estoy segura de que podréis aplicar esos conocimientos a vuestro propio estilo de caza.
—Los atacantes... ¿son diferentes a vosotros? —preguntó Sam viendo a Carine, pero también miro unos segundos a Beau.
Carine asintió.
—Todos ellos han sido transformados hace poco, apenas llevan unos meses en esta nueva vida. En cierto modo, son niños. Carecen de habilidad y estrategia, sólo tienen fuerza bruta. Esta noche son veinte, diez para vosotros y otros diez para nosotros. No debería ser difícil. Quizá disminuya su número. Los neófitos suelen luchar entre ellos.
Un ruido sordo recorrió la imprecisa línea lobuna. Era un gruñido bajo, un refunfuño, pero lograba transmitir una sensación de euforia.
—Estamos dispuestos a encargarnos de más de los que nos corresponden si fuera necesario — Sam sonrió un poco, pero aun tenia un porte de seriedad.
Carine sonrió.
—Ya veremos cómo se da la cosa.
—¿Sabéis el lugar y el momento de su llegada?
—Cruzarán las montañas dentro de cuatro días, a última hora de la mañana. Archie nos ayudará a interceptarlos cuando se aproximen.
—Gracias por la información. Estaremos atentos.
Resonó un suspiro antes de que los ojos de la línea descendieran hasta el nivel del suelo casi al mismo tiempo.
Se hizo el silencio durante dos latidos de corazón, y luego Jessamine se adentró un paso en el espacio vacío entre los vampiros y los lobos. No me resultó difícil verle, ya que su piel refulgía en la oscuridad como los ojos de los licántropos. Jessamine lanzó una mirada de desconfianza a Beau, quien asintió. Entonces, les dio la espalda y suspiró con manifiesta incomodidad.
—Carine tiene razón —empezó Jessamine, dirigiéndose sólo a nosotros. Daba la impresión de que intentaba ignorar a la audiencia ubicada a sus espaldas—. Van a luchar como niños. Las dos cosas básicas que jamás debéis olvidar son: primera, no dejéis que os atrapen entre sus brazos, y segunda, no busquéis matarlos de frente, pues eso es algo para lo que todos están preparados. En cuanto vayáis a por ellos de costado y en continuo movimiento, van a quedar demasiado confusos para dar una réplica efectiva. ¿Eleanor?
La interpelada se adelantó un paso de la línea formada por los Cullen con una ancha sonrisa.
Jessamine retrocedió hacia el extremo norte de la brecha entre los enemigos, ahora aliados. Hizo una señal a su hermana para que se adelantara.
—De acuerdo, que sea Eleanor la primera. Es el mejor ejemplo de ataque de un neófito.
Eleanor entornó los ojos y murmuró:
—Procuraré no romper nada.
Jessamine esbozó una ancha sonrisa.
—Con ello quiero decir que ella confía en su fuerza. Su ataque es muy directo. Los neófitos tampoco van a intentar ninguna sutileza. Procuran matar por la vía rápida.
Jessamine retrocedió otros pocos pasos con el cuerpo en tensión.
—Vale, Eleanor... Intenta atraparme.
No conseguí ver a Jessamine. Se convirtió en un borrón cuando Eleanor cargó contra ella como una osa, sonriente y sin dejar de gruñir. Era también muy rápida, por supuesto, pero no tanto como Jessamine, que parecía tener menos sustancia que un fantasma y se escurría de entre los dedos de su hermana cada vez que las manazas de Eleanor estaban a punto de atraparla. A mi lado, Beau se inclinaba hacia delante con la mirada fija en ellas y en el desarrollo de la pelea.
Entonces, Eleanor se quedó helada. Jessamine le había atrapado por detrás y tenía los colmillos a una pulgada de su garganta.
Eleanor empezó a maldecir.
Se levantó un apagado murmullo de reconocimiento entre las lobas, que no perdían detalle.
—Otra vez —insistió Eleanor, que había perdido su sonrisa.
—Aguarda un minuto —Jessamine sonrió mientras retrocedía—. Antes quiero demostrarle algo a Beau —le observé con ansiedad cuando le pidió por señas a Archie que se adelantara—. Sé que te preocupas por el…
—Mientes. —dijo Beau negando con cierta vergüenza—No tienes pruebas de lo que dices.
—Awww Beau, estas preocupado por mi
—No, me vales—dijo divertido, pero como me apretaba la mano, sabia que estaba muy preocupado Archie.
Archie entraba en el círculo con sus despreocupados andares de bailarín
—. Deseo mostrarte por qué no es necesario.
Archie permaneció inmóvil. Jessamine se adelantó primero para luego deslizarse con sigilo hacia la izquierda.
El cerró los ojos.
El corazón me latió desbocado cuando vi a Jessamine acechar la posición de Archie.
Ella saltó y desapareció. De pronto, apareció junto a Archie, que parecía no haberse movido.
Jessamine dio media vuelta y se lanzó de nuevo contra él, sólo para caer en un ovillo detrás de Archie, igual que la primera vez. El permaneció con los ojos cerrados y sin perder la sonrisa.
Entonces, la observé con mayor cuidado.
Archie sí que se movía. Los ataques de Jessamine me habían despistado y yo lo había pasado por alto. Él se adelantaba un pasito en el momento exacto en que el cuerpo de Jessamine salía disparado hacia la anterior posición de Archie, que daba otro paso más mientras las manos engarriadas del atacante silbaban al pasar por donde antes había estado su cintura.
Ella lo acosaba de cerca y el comenzó a moverse más deprisa. ¡Estaba bailando! Se movía en espiral, se retorcía y se curvaba sobre sí mismo. Mientras arremetía y lo buscaba entre sus gráciles acrobacias, sin llegar a tocarlo nunca, ella se convertía en su pareja de baile, en una danza donde cada movimiento estaba coreografiado. Al final, Archie se río...
...apareció de la nada y se subió a la espalda de su compañera, con los labios pegados a su cuello.
—Te pillé —dijo el antes de besar a Jessamine en la garganta.
Ella río entre dientes al tiempo que meneaba la cabeza.
—Ni siquiera se por qué me molesto.
Las lobas farfullaron de nuevo. Esta vez el sonido reflejaba cautela.
—Les vendrá muy bien aprender un poco de respeto —murmure, divertida.
—Me toca— dijo Beau sonriendo.
Me apretó la mano antes de marcharse. Archie acudió para ocupar su lugar a mi lado.
—Hace frío, ¿eh? —me preguntó con una expresión engreída después de su exhibición.
—Mucho —admití sin apartar la vista de Beau, que se deslizaba por el aire, con movientes más calculados, como los de un felino a punto de cazar.
—No te quito el ojo de encima, Edythe —me susurró de repente tan bajito que lo oí a duras penas a pesar de tener los labios pegados a mi oído. Mi mirada osciló de su rostro a Beau, que estaba absorto contemplando a Jessamine. Ambos estaban haciendo amagos a medida que se acortaba la distancia entre ellos. Las facciones de Archie tenían un tono de reproche—. Avisaré a al resto si decides llevar a la práctica tus planes —me amenazó—. Que te pongas en peligro no va a ayudar a nadie. ¿Acaso crees que algún neófito daría media vuelta si murieras? La lucha no cesaría ni por su parte ni por la nuestra. No puedes cambiar nada, así que pórtate bien, ¿vale?
Hice una mueca e intenté ignorarlo.
—Te tengo vigilada —insistió.
Para ese momento, los dos contendientes se habían acercado el uno al otro y la lucha parecía ser más reñida que las anteriores. Jessamine contaba a su favor con la referencia de un siglo de combate y aunque intentaba actuar ciñéndose sólo a los distados del instinto, el aprendizaje le guiaba una fracción antes de actuar. Beau no era más rápido, ni el más fuerte de la familia aun esta también en ventaja, parecía que había memorizado los movimiento de Jessamine al tal punto que los predecía. Beau era muy observador. Proferían de modo constante instintivos gruñidos y se acercaban una y otra vez sin que ninguno fuera capaz de obtener una posición ventajosa. Como se movían demasiado deprisa para comprender lo que estaban haciendo, resultaba difícil de ver e imposible apartar la mirada. Los penetrantes ojos de las lobas atraían mi atención de vez en cuando. Tenía el presentimiento de que ellas se pispaban de todo aquello bastante más que yo, quizá más de lo conveniente.
Al final, Carine se aclaró la garganta. Jessamine se echó a reír y Edward se irguió, sonriéndole.
—Dejémoslo en empate —admitió Jessamine— y volvamos al trabajo.
Todos actuaron por turnos —Carine, Royal, Earnest y luego Eleanor de nuevo. Entrecerré los ojos y me mantuve encogida cuando Jessamine atacó a Earnest, cuyo enfrentamiento resultó ser el más difícil de ver. Después de cada uno, ella ralentizaba sus movimientos, aunque no lo bastante para que yo los comprendiera, y daba nueva instrucciones.
—¿Veis lo que estoy haciendo aquí? —preguntaba—. Eso es, justo así —los animaba—. Los costados, concentraos en los costados. No olvidéis cuál va a ser su objetivo. No dejéis de moveros.
Se me hizo difícil seguir la instrucción conforme los párpados me empezaron a pesar más y más. Las últimas noches no había dormido bien y, de todos modos, casi llevaba veinticuatro horas seguidas sin pegar ojo. Me apoyé sobre el costado de Beau y cerré los ojos.
—Estamos a punto de acabar —me avisó en un susurro.
Jasper lo confirmó cuando se volvió hacia los lobos, por vez primera, con una expresión llena de incomodidad.
—Mañana seguiremos con la instrucción. Por favor, os invitamos a volver a venir para observar.
—Sí—respondió Sam—, aquí estaremos.
Entonces, Jules suspiró, se adelantó un paso para ella hablar. Sonrió un poco con burla.
—La manada considera que les ayudaría el familiarizarse con nuestros efluvios para no cometer errores luego. Les sería más fácil si nos quedáramos quietos.
—Pensé que bromeabas—dijo Beau bufando—enserio nos van a oler…
—No faltaría más —contestó Carine haciendo callar a Beau—. Lo que necesitéis.
Los lobos emitieron un gañido gutural y fúnebre mientras se incorporaban.
Olvidé la fatiga y abrí unos ojos como platos.
La intensa negrura de la noche empezaba a aclararse. El sol se escondía al otro lado de las montañas y todavía no alumbraba la línea del horizonte, pero ya iluminaba las nubes. Y de pronto, gracias a esa luminosidad, fue posible distinguir las formas y el color de las pelambreras cuando se acercaron los lobos.
Sam y Jules se adentraron al bosque, no paso mucho cuando ellas volvieron, pero no como humanas.
Sam iba a la cabeza, por supuesto. Era increíblemente grande y negro como el carbón, un monstruo surgido de mis pesadillas.
Era posible cuadrar aquella enormidad física con sus ojos ahora que podía verlos a todos, y parecían más de diez. La manada ofrecía un aspecto sobrecogedor.
Sam se acercó a la posición de Carine, al frente de su familia, con el resto del grupo pegado a su cola. Jessamine se envaró, pero Eleanor, que estaba al otro lado de Carlisle, permanecía sonriente y relajada.
Sam olfateó a Carine. Me dio la impresión de que arrugaba el morro al hacerlo.
Luego, se dirigió hacia Jessamine.
Recorrí las dos hileras de lobas con la mirada, convencida de poder identificar a los nuevos miembros de la manada. Había uno de color gris claro, que tenía el pelaje del lomo erizado como muestra de disgusto. La pelambrera de otro era del color de la arena del desierto, tenía aspecto desgarbado y andares torpes en comparación con los del resto. Gimoteó por lo bajo cuando el avance de Sam la dejó sola entre Carine y Jessamine.
Posé los ojos en el lobo que iba detrás del líder. Tenía un pelaje marrón rojizo y era más grande que los demás, y en comparación, también más peludo. Era casi tan alto como Sam, el segundo de mayor tamaño del grupo. Su posición era despreocupada, con un descuido manifiesto, a diferencia del resto, que consideraban aquella experiencia toda una prueba.
El gran lobo de pelaje rojizo se percató de mi mirada y alzó los ojos para observarme con sus conocidos ojos negros. Aunque después dirigió su mirada a Beau que estaba sonriendo.
Noté que su rostro dejaba traslucir los sentimientos de fascinación y maravilla.
El hocico de la criatura se abrió, dejando entrever los dientes. Habría sido una expresión aterradora de no ser por la lengua que colgaba a un lado, esbozando una sonrisa lobuna.
Soltó una risilla.
La sonrisa de Jules se ensanchó, mostrando sus dientes afilados. Abandonó su lugar en la fila sin prestar atención a las miradas de la manada y pasó trotando junto Archie, para detenerse junto Beau. Permaneció allí quieta y me lanzo una mirada rápida, que ya me estaba moviendo para estar más cerca.
La criatura bajó las patas delanteras y agachó la cabeza a fin de que su cara no estuviera a mayor altura que la Beau y poder mirarle a los ojos.
—¿Jules? —pregunto.
La réplica fue un sonido sordo y profundo, muy parecido a una risa desvergonzada.
Beau levanto la mano para acariciar la cabeza de Jules. Jules cerro los ojos e inclinó su enorme cabeza en su mano. Emitió un zumbido monocorde desde el fondo de la garganta. Beau parecía curioso por que hundió sus dedos, acaricio el cuello a allí donde se oscurecía el color.
No reparo en lo mucho que se habían acercado hasta que de pronto, y sin aviso previo, le pasó la lengua por toda la cara, desde la barbilla hasta el nacimiento del cabello.
—¡Eh, Jules, bruta! —Se quejé al tiempo que retrocedía de un salto y le propinaba un manotazo, tal y como hubiera hecho si se conocieran de toda la vida.
Mientras se alejaba, soltó entre dientes un aullido ahogado; se estaba riendo de nuevo.
Fue en ese momento cuando me percaté de que estaban mirando todos, los licántropos y los vampiros. Los Cullen parecían perplejos y en algunos casos incluso disgustados. Resultaba difícil descifrar los rostros de las lobas, pero me dio la impresión de que el de Sam reflejaba descontento.
Y la cuestión es que estaba realmente molesta, tanto que me había mordido la lengua y estaba sangrando, que sé que crea esa… chica de hacer eso, como si fuera todo un juego.
Jules profirió otra vez esa risa descarada.
El resto de la manada había empezado a retroceder sin perder de vista a los Cullen.
Jules remoloneó al lado de Beau mientras observaba cómo se iban sus compañeros, hasta que los perdimos de vista en las profundidades del bosque. Sólo dos de ellos se rezagaron
junto a los árboles, mirando a Jules. Adoptaron una postura que irradiaba ansiedad.
Intenté calmarme, hasta que sentí como mis emociones eran más claras, le envié una mirada de agradecimiento a Jessamine que estaba también con cara de disgusto. No era la único, la mirada de Archie y Royal no eran la mejor, Eleanor en cambio se estaba sujetando el estómago mientras se reía a carcajadas.
Ignore a Jules y me acerque para tomarle de la mano.
—¿Estás listo? —pregunte.
Antes de que el pudiera contentar, Jules le pego con su hocico en el hombro a Beau.
—Aun estamos pensando donde ella puede ir —respondió a la pregunta que seguro antes cuando era humana le había dicho
Jules refunfuñó.
—Es más complicado que todo eso
—¿De qué estáis hablando? —exigí saber.
—Sólo estamos discutiendo sobre estrategias.
Jules hizo oscilar su cabeza para mirarnos a Beau y a mí antes de saltar de repente en dirección al bosque. Mientras corría, veloz como una flecha, me percaté por vez primera del trozo de tela negra que llevaba en la pata trasera.
—¿Por qué se va? —le pregunté, molesta.
—Va a volver —repuso Beau escogiéndose de hombros—. Desea poder hablar conmigo.
Observé la linde del bosque por la que había desaparecido el lobo mientras me apoyaba en el costado de Beau. Estaba al borde del colapso, pero seguí luchando por mantenerme en pie.
Jules acudió al trote, pero esta vez no a cuatro patas, sino a dos piernas. Iba con una polera ajustada y llevaba la melena enmarañada y alborotada. No vestía más atuendo que los pantalones cortos de color negro. Corría sobre el suelo helado con los pies descalzos y ahora acudía sola, aunque sospeché que sus amigas se mantenían ocultos entre los árboles.
Los Cullen se habían situado en corrillo y hablaban en cuchicheos entre ellos. Aunque rehuyó a los vampiros, no tardó mucho en cruzar el campo.
—Vale, Beau —dijo Jules cuando se plantó a un metro escaso de nosotros; era obvio que retomaba la conversación que yo me había perdido—. ¿Por qué es tan complicado?
—He de sopesar todas las posibilidades —replicó Beau, rascándose la cabeza—. ¿Qué ocurre si le atrapan?
Jules resopló ante esa idea.
—Vale, entonces, ¿por qué no la dejamos a cubierto? De todos modos, Colina y Brady van a quedarse en retaguardia; estará a salvo con ellas.
Torcí el gesto.
—¿Habláis de mí?
—Sólo quiero saber qué planea hacer contigo durante la lucha —explicó Jules, escogiéndose de hombros—no queremos unos de los Cullen distraído—si bien sabía que esa palabras estaban destinadas para ser sinceras, me molestaron.
—¿Hacer conmigo?
—No puedes quedarte en Forks, Edythe —me explicó Beau con voz apaciguadora—. Conocen tu paradero. ¿Qué ocurriría si alguno llegara a escabullirse?
Sentí un retortijón en el estómago y la sangre me huyó del rostro.
—¿Mamá? —dije casi sin aliento.
—Abra un caso importante que la mantendrás ese día en su oficina buscando pruebas —me aseguró Beau enseguida—. Si Archie ha de cometer un fraude lo ara para que ella se mantenga ocupada, lo ara. Probablemente, no tendrá que llegar a eso. Solo un caso sobre herencia
—¿Este sábado? —pregunté mientras la cabeza me daba vueltas. Me hallaba demasiado aturdida para controlar mis pensamientos desbocados. Miré a Beau y le dediqué un mohín—. Acabas de perderte tu regalo de graduación.
Él se rió.
—Lo que vale es la intención —me recordó—. Puedes darle las entradas a quien quieras.
Enseguida se me ocurrió la solución.
—Becca y Allen —decidí de inmediato—. De ese modo, al menos estarán fuera del pueblo.
Beau me acarició la mejilla.
—¿Y qué ocurre con el plan de protegerla en La Push? —le interrumpió Jules con impaciencia.
—Ha ido y venido de allí demasiadas veces —explicó Beau—. El lugar está lleno de su rastro. Mi hermano sólo ha visto venir de caza a neófitos muy recientes, pero alguien más experimentado ha tenido que crearlos. Todo esto podría ser una maniobra de distracción por parte de quienquiera que sea, ella... —Beau hizo una pausa para mirarme— o el. Y aunque Archie lo verá si decide venir a echar un vistazo por sí mismo, quizás en ese momento estemos demasiado ocupados. No puedo dejarla en ningún lugar que haya frecuentado. Ha de ser difícil de localizar, aunque sólo sea por si acaso. La posibilidad es remota, pero no voy a correr riesgos.
No aparté los ojos de Beau mientras se explicaba. Fruncí el ceño cada vez más. Me dio unas palmadas en el brazo.
—Me estoy pasando de precavido —me prometió.
Jules señaló al fondo del bosque, al este de nuestra posición, a la vasta extensión de las montañas Olympic.
—Bueno, ocúltala ahí —sugirió—. Hay un millón de escondrijos posibles y cualquiera de nosotros puede acudir en cuestión de minutos si fuera necesario.
Beau negó con la cabeza.
—El aroma de Edythe es demasiado fuerte y el de nosotros dos juntos deja una pista inconfundible, y sería así incluso aunque yo la llevara en volandas. Nuestro rastro ya destaca entre los demás efluvios, y en conjunción con el de Edythe, siempre llamaría la atención de los neófitos. No estamos seguros del camino exacto que van a seguir, ya que ni ellos mismos lo saben aún. Si hallan su olor antes de que nos encontremos con ellos...
Ambos hicieron una mueca de disgusto y fruncieron el ceño al mismo tiempo.
—Ya ves las dificultades.
—Tiene que haber una forma eficaz —murmuró Jacob, que apretó los labios mientras contemplaba el bosque.
Di una cabezada y me incliné hacia delante. Edward rodeó mi cintura con un brazo y me acercó a él para soportar mi peso.
—He de llevarte a casa... Estás agotada, y Sra. Edythe va a despertarse enseguida
—Espera un momento —pidió Jules mientras se volvía hacia nosotros—. Mi olor os disgusta, ¿no?, parece que puede ocultar su olor
Le relucían los ojos.
—No es mala idea —Beau se adelantó dos pasos—. Es factible —se volvió hacia su familia y dijo a voz en grito—: ¿Qué te parece, Jessamine?
La interpelado alzó los ojos con curiosidad y retrocedió medio paso junto a Archie, que volvía a estar descontento.
—Parece un buen plan.
—De acuerdo, Jules —Beau hizo un asentimiento de cabeza.
Jules se volvió hacia mí con una extraña mezcolanza de emociones en el rostro. Estaba claro que le entusiasmaba su nuevo plan, con independencia de en qué consistiera, pero seguía incómoda por la cercanía de sus aliados y al mismo tiempo enemigos. Luego, cuando ella me dio la espalda se agallo para que me subiera, me llegó el momento de preocuparme.
Beau me toco el brazo con suavidad.
—Vamos a ver si mi efluvio basta para ocultar tu aroma —explicó Jules.
Observé su espalda con gesto de sospecha.
—Vas a tener que dejar que te lleve, Edythe —me dijo Beau. Habló con calma.
Puse cara de pocos amigos.
Jules puso los ojos en blanco, se impacientó y se acercó para seguro tomarme como un saco de papas.
—No seas niña —murmuró mientras estaba a punto.
Retrocedí pero para después bufar, ella se rió divertida para volver a darse la vuelta a una altura que si pudiera subirme a su espalda. Beau me ayudo.
Jules se alejó de ellos y se encaminó con paso veloz hacia el interior del bosque. Me mantuve en silencio cuando nos envolvió la oscuridad. Hice una mueca, pues me sentía incómoda en la espalda de Jules.
Seguramente, no era necesario que me sujetara con tanta fuerza,
No nos alejamos demasiado. Describió un amplio círculo desde nuestro punto de partida, quizá la mitad de la longitud de un campo de fútbol, antes de regresar al claro desde una dirección diferente. Jules se dirigió hacia la posición donde nos esperaba
Beau, que ahora estaba solo.
—Bájame.
—No quiero darte la ocasión de estropear el experimento —aminoró ella el paso.
—Eres una verdadera fastidio —me quejé entre dientes.
—Gracias.
En cierta sentido no odiaba a Jules, me caí bien, era graciosa y despreocupada. Todo lo contrario a mí, quizás era una de las razones por la que sentía…celosa, ella era diferente, ella era refrescante en realidad, Beau nunca tenia que estar cuidando que algo malo le pasara a ella. Se podía relajar. Muy diferente a mí.
Jessamine y Archie surgieron de la nada y se situaron junto a Beau. Jacob dio un paso más y me dejó en el suelo a dos metros escasos de mi novio. Caminé hacia él y le tomé de la mano sin volver la vista hacia Jules.
—¿Y bien? —quise saber.
—Siempre y cuando no toques nada, Edythe, no imagino a nadie husmeando lo bastante cerca de esta pista como para distinguir tu aroma —respondió Jessamine, con una mueca—, que queda manifiestamente oculto.
—Un éxito concluyente —admitió Archie sin dejar de arrugar la nariz.
—Eso me ha dado una idea...
—...que va a funcionar —apostilló Archie con confianza.
—Puedes esperar al menos que hable—empujo a Archie, mientras este se reía.—Vamos a dejar, bueno, tú vas a dejar una pista falsa hacia el claro. Los neófitos vienen de caza. Se entusiasmarán al captar tu esencia y haremos que vayan exactamente a donde nos interesa a nosotros. De ese modo, no tendremos que preocuparnos del tema. Archie ya ha visto que el truco funciona. Se dividirán en dos grupos en cuanto descubran nuestro aroma en un intento de atraparnos entre dos fuegos. La mitad cruzará el bosque, allí es donde la visión cesa de pronto...
—¡Sí! —siseó Jules.
Beau le dedicó una sonrisa de sincera camaradería.
Se había ensimismado tanto en urdir el plan que no se había percatado de lo mucho que se había acercado a Beau, situado ahora a un metro de él. Yo estaba entre ambos y era capaz de sentir en el aire la familiaridad, similar a la estática; una carga muy cómoda.
Beau retomó el hilo del asunto.
—La traeré aquí el viernes por la tarde para dejar la pista falsa. Después, puedes reunirte con nosotros y conducirla a un lugar que conozco. Está totalmente apartado y es fácil de defender, da igual quién ataque. Yo llegaré allí siguiendo otra ruta alternativa.
—¿Y entonces, qué? ¿La dejamos allí con un móvil, sola sin defenderse? —saltó Jules con gesto burlón. —quien eres tu has hecho con el preocupon de Beau.
—¿Se te ocurre algo mejor?
Archie bufo con cierta molesta, asta ahora no me había dado cuenta de que Jessamine parecía querer calmar Archie, tenia una mano brazo dando cierto confort. Aun así Archie parecía irritado. Me preguntaba si era por que Jules estaba demasiado cerca de Beau, o por que ese olor que ellos decían tenía las lobas, no les gustaran, o la ceguera que tenía Archie. Podría ser todas a la vez, haciendo que Archie colapsara.
De pronto, Jules adoptó un gesto petulante.
—Lo cierto es que sí.
—Soy todo oídos.
Jules se volvió hacia mí enseguida, como si estuviera dispuesta a representar el papel de chica buena y mantenerme al tanto de la conversación.
—Estamos intentando convencer a Sarah a fin de que se quede con los dos más jóvenes. Ella también lo es, pero se muestra tozuda. Se me ha ocurrido una nueva tarea para ella: hacerse cargo de la "protección".
—Es una buena idea —Beau parecía reaccionar a admitir las bondades de esta—. Me sentiría mucho más tranquilo con Sarah. No ves la ironía de esto—dijo Beau riendo con gracias, yo aun me mantenía callada, —tener de aliados a las lobas…
—...o luchar con vampiros en vez de contra ellos —replicó Jules, divertida.
—Bueno, al menos vas a luchar contra algunos —repuso Beau.
Jules sonrió.
—¿Por qué te crees que estamos aquí?
Patata anonima.
Espero que hayas leído el capitulo 6, por que es el que querías, pero lo puse donde debe estar, después de capitulo carrera.
Exacto¡, si eso es. No es que Edward o Edythe no quieran a sus familias, pero ellos son mas impulsivos no suelen pensar demasiado en la lo que podría pasar, cuando se dan cuenta están mas de siglos cargando con la culpa, y odio así mismos, como se arrepienten bla, bla, bla.
En cambio Bella o Beau son de las personas que se culpan de todo, pero antes de eso piensan como afectaria alguna decisión a las personas que aman. Se vincula con las personas más fuerza de lo que haría alguien normal.
Nose si voy seguir con esto, digo lo voy terminar claro esta, pero creo debería posponerlo asta terminar la continuación Abismo, la cual me había quedado algo estancada, mas por el don de Bella, y los pensamientos de Edward. Pero creo estaré publicando la historia septiembre después del 18.
