Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.

aviso:

Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.

Esta es una historia ficticia.


Compromiso

Todo estaba listo.

Mi equipaje para la visita de dos días de «Eleonor» estaba preparado, y la bolsa me esperaba en el asiento del copiloto de mi coche. Les había regalado las entradas del concierto a Becca, Allen. Mi madre estaba en un caso importante sobre la herencia de "alguien", no quería saber lo que habían inventado la familia Cullen para mi madre se tomara todo el día para resolverlo.

De un modo u otro, en cuarenta y ocho horas todo habría acabado. Era un pensamiento casi reconfortante.

Le había dicho a Beau que se relajara.

—¿Podemos olvidarnos de todo por una noche y pensar tan sólo en nosotros dos? — le había suplicado, desatando sobre el todo el poder de mi mirada—. Parece que nunca tenemos tiempo para nosotros. Necesito estar a solas contigo. Sólo contigo.

No era una solicitud difícil de aceptar, aunque una cosa era asegurar que iba a olvidar mis temores y otra hacerlo de verdad. Pero ahora tenía otras cosas en que pensar, sabiendo que disponíamos de esta noche para nosotros dos solos, lo cual me ayudaba.

Algunas cosas habían cambiado, por ejemplo, ya estaba preparada.

Preparada para unirme a su familia y a su mundo. Así me lo revelaba el miedo, la culpa y la angustia que experimentaba en ese momento. Había tenido ocasión de concentrarme en esas sensaciones, lo había hecho mientras observaba a Beau sonreír, y mis emociones estaban controladas. La siguiente vez que nos ocurriera algo, yo estaría preparada.

En el balance final, pensaba ser un activo, no un pasivo. Beau no tendría que volver a elegir nunca más entre su familia y yo. Íbamos a ser compañeros, debía dejar de ser siempre la damisela en apuros esperando que mi príncipe solucionara todo, no era justo. La próxima vez, yo cumpliría mi parte.

Estaba lista. Sólo faltaba un detalle.

Había cosas que aún no habían cambiado, y entre ellas el amor desesperado que sentía por mi novio. Había tenido mucho tiempo para analizar las consecuencias de la apuesta de Jessamine y Eleanor, y para decidir a qué cosas estaba dispuesta a renunciar junto con mi naturaleza humana y a cuáles no. Sabía muy bien qué experiencia quería gozar antes de convertirme en un ser inhumano.

Como también quería aclarar algunas dudas, quería que todo quedara claro para esta nueva vida.

De modo que esa noche teníamos algunos asuntos pendientes que solucionar. Después de todo lo que había visto en los últimos dos años, yo ya no creía en el significado de la palabra «imposible». Beau tendría que recurrir a algo más que ese vocablo para detenerme.

Para ser sincera, sabía que no iba a ser tan fácil, pero pensaba intentarlo. Teniendo en cuenta la decisión que había tomado, no me extrañó descubrir lo nerviosa que estaba mientras conducía el largo trecho hasta su casa. No sabía cómo hacer lo que quería hacer, y estaba muerta de miedo. Al ver lo despacio que conducía, Beau, que iba en el asiento del conductor, trataba de contener una sonrisa. Parecía sorprendido porque no intentara coger el volante, pero esa noche su velocidad de tortuga no me molestaba.

Ya había oscurecido cuando llegamos a su casa. A pesar de ello, el prado se veía iluminado por la luz que brillaba en todas las ventanas. En cuanto apago el motor, él ya estaba abriendo la puerta de mi lado. Me sacó en volandas de la cabina con un brazo mientras que con el otro cogía mi bolsa del asiento trasero y se la colgaba del hombro. Sus labios se encontraron con los míos al mismo tiempo que le oía cerrar la puerta de la camioneta con el pie.

Sin dejar de besarme, me levantó en el aire para acomodarme mejor entre sus brazos y me llevó hasta la casa como si fuera un bebé.

¿Acaso estaba abierta la puerta? No lo sabía. El caso es que habíamos entrado y yo me sentía mareada. Me recordé a mí misma que debía respirar.

El beso no me asustó. No era como otras veces, cuando sentía el temor y el pánico agazapados por debajo de su estricto control. Ahora no sentí sus labios nerviosos, sino ardientes. Beau parecía tan emocionado como yo ante la perspectiva de una noche entera para concentrarnos en estar juntos. Siguió besándome durante un buen rato, de pie en la entrada. Parecía menos atrincherado de lo habitual, y su gélida boca mostraba una apremiante necesidad de la mía.

Empecé a albergar un cauteloso optimismo. Tal vez conseguir mis propósitos no iba a resultar tan difícil como me había esperado.

No, me dije, sin duda será bien difícil, y aún más.

Con una leve risita, Beau me apartó un poco y me sostuvo en el aire a casi un metro de su cuerpo.

—Bienvenida a casa —me dijo, con un brillo cálido en los ojos.

—Eso suena bien —le respondí sin aliento.

Me depositó con suavidad en el suelo. Yo le rodeé con los brazos; no estaba dispuesta a dejar el menor hueco entre los dos.

—Tengo algo para ti —anuncie con una sonrisa. El parecía sorprendido cuando dije eso.

—¿Qué?

—Un objeto usado. Dijiste que podías aceptar regalos de ese tipo, ¿te acuerdas?

—Ah, ya. Supongo que lo dije.

Su renuencia hizo que soltara una carcajada.

—Te la entregare en tu habitación

—Claro —me contesto. Me sentí un poco tramposa cuando entrelacé mis dedos con los suyos—. Vamos.

Beau debió asumir que debía estar entusiasmada para entregarle su regalo cuando lo arrastre a su habitación. Cuando llegamos al dormitorio, me acerque a la cama para sacar una caja aterciopelada.

—¿Y bien? —refunfuño. Ahora que estaba donde lo quería, podía permitirse cierta resistencia—. Enséñamelo.

Solté una carcajada.

Se subió a la cama y se sentó a mi lado. Mi corazón latía desbocado. Con un poco de suerte, él lo interpretaría como una reacción ante su regalo.

—Es un objeto usado —le recordó en tono serio. Tome su mano para dejar la caja un poco mas grande que la de un anillo en su mano.

Examino con atención el obsequio. Un par de gemelos para las camisas, la figura eran dos lobos aullando quizás a la luna.

Contuvo el aliento.

—Era de mi padre —me encogí de hombros, al desgaire—. Heredé de un puñado de baratijas como ésta. Antes que sucediera todo…mi estúpida idea de irme había vendido unas cuantas, como también regale unas cuantas a Earnest y a Archie, así que, como ves, no tiene tanta importancia.

Beau toco los gemelos con una sonrisa suave, así que proseguí.

—Aun así, se me ha ocurrido que podría ser un buen regalo, se de tu pasado con las lobas, creo que no esta bien que niegues cuan importante fue la antigua Julie Black —me ríe—. Ella te hizo feliz cuando nadie mas podía, siempre le estaré agradecida a ella y a Jules, por cuidarte.

—Gracias por entenderlo —murmuro—. Es precioso. No es baratija. Perteneció, a alguien que te cuido también.

—Se que no utilizas camisas —dije— pero puedes tenerlo guardados en tu habitación.

Beau saco uno de los gemelos lo acaricio con cariño.

—Gracias.

—No. Gracias a ti. Me alivia que hayas aceptado un regalo sin rechistar. No te viene mal como práctica —sonrió, más relajado.

Me apoyé en él, escondiendo la cabeza bajo su brazo y acurrucándome a su lado. Era como abrazarse al David de Miguel Ángel, salvo que esta perfecta criatura de mármol me rodeó con sus manos para apretarme más.

Parecía un buen punto de arranque.

—¿Podemos hablar de una cosa? —aspire aire que me había privado respira. —quiero aclarar algunas cosas.

Beau dudó un instante.

—Está bien —me contestó a la defensiva, con cautela.

—No voy a enloquecer —prometí avergonzada como había llevado nuestras anteriores conversaciones—. Esto es estrictamente entre tú y yo — me aclaré la garganta—. Esto... Verás, la otra noche me impresionó la facilidad con que fuimos capaces de llegar a un acuerdo. He pensado que me gustaría aplicar ese mismo principio a una situación diferente.

¿Por qué me estaba expresando de una forma tan rebuscada? Debían de ser los nervios.

—¿Qué quieres negociar? —me preguntó, insinuando una sonrisa en su voz. —¿Estas segura no quieres estudiar derecho?

Me esforcé por encontrar las palabras exactas para abordar el asunto. Ignoraron su broma.

—Escucha a qué velocidad te late el corazón —murmuró Beau—. Parece un colibrí batiendo las alas. ¿Te encuentras bien?

—Estoy perfectamente.

—Entonces dilo —me animó.

—Bueno, supongo que primero quería hablar contigo sobre ese ridículo pensamiento de que no debería transformarme.

—Será ridícula para ti, no para mí.

—Me preguntaba si... podríamos añadir algunas cosas más antes de que me trasforme.

Beau frunció el ceño.

—Ya he cedido en lo más importante, al aceptar cobrarme tu vida en contra de mi propio criterio. Lo cual me otorga el derecho a arrancarte a ti ciertos compromisos.

—No —negué con la cabeza y me concentré en mantener la compostura—. Considero no me estas quitando nada… Ahora no estamos discutiendo mi... transformación. Lo que quiero es arreglar algunos detalles.

Me miró con recelo.

—¿A qué detalles te refieres, exactamente?

Vacilé un instante.

—Primero, aclaremos cuáles son tus condiciones.

—Ya sabes lo que quiero.

—Que no me transforme antes de los 25 —hice que sonara como una palabrota.

—Sí —respondió con una amplia sonrisa—. Eso para empezar.

Esto me impresionó tanto que mi compostura se fue al traste.

—¿Es que hay más?

—Bueno —dijo con aire de estar calculando algo—, si fueras a esperar, quiero que estudies alguna carrera que te guste y la practiques, que tengas una vida social a parte de mí, y mis hermanos.

—Puestos a ser absurdos, ¿se te ocurre algo más?

—No me importaría que me dejaras pagar tu carrera en Dartmouth y la casa, y cada una de tus necesidades…y quizás que esperes hasta los 30…

—Es demasiado.

Beau exhaló un largo suspiro.

—No es suficiente tiempo para que pienses lo que estas dispuesta a renunciar...

Apreté los labios y meneé la cabeza.

—Prueba con lo siguiente.

—Eso es todo.

Después me tomó la mano y se dedicó a juguetear con mis dedos.

—No me había dado cuenta de que quisieras algo más, aparte de transformarte en lo que yo soy. Siento una enorme curiosidad por saber de qué se trata —habló con tono de impaciencia.

Hice una pausa y contemplé su mano sobre la mía. Aún no sabía por dónde empezar.

Sentía sus ojos clavados en mí, y me daba miedo levantar la mirada. La sangre se me empezó a subir a la cara.

Sus dedos gélidos rozaron mi mejilla.

—¿Te estás ruborizando? —preguntó, sorprendido. Yo seguía mirando hacia abajo— Nunca has sido una mujer de avergonzarse

Bote el aire que estaba en mis pulmones.

—Edythe...

Su tono de reproche me recordó que le dolía que no confiara en él.

—Me preocupa un poco... lo que pasará después —reconocí, atreviéndome a levantar la mirada por fin.

Noté que su cuerpo se ponía tenso, pero su voz seguía siendo cálida.

—¿Qué es lo que te preocupa?

—Me da miedo estar tan preocupada por contener mis impulsos violentos, que no vuelva a ser yo misma, convertirme un monstruo sangriento que solo va a hacer un problema, y termine lastimándote de alguna forma. Ustedes no son monstruos… pero si ¿yo soy un monstruo? —Beau beso mi frente gesto para que me tranquilizara. —no quiero que pienses que no he pensado esto con detenimiento y mi mayor miedo es lastimarte. No poder recordar cuanto te amo cuando me trasforme, y te ataque—la voz se me corto cuando pensé en eso, lastimarlo y ser algo malo, nunca me lo perdonaría—Quiero transformarme, por ti, por mí y por qué te amo. Porque no puedo ver un futuro sin que tu estés ahí a mi lado…Y también me da... me da miedo no volver a desearte como te deseo ahora.

—Edythe, no te puedo asegurar que será flores y colores alegres, pero si te puedo asegurar que estaré ahí para ayudarte cuando eso suceda. —me tranquilizó. —No todo lo vampiros reacciona de la misma forma, ya lo sabes, será complicado. Pero Edythe—Beau me tomo el rostro en sus manos—voy a estar ahí para enseñarte, cometerás errores, pero todos lo hemos hecho, todos tenemos marcas en nuestros expedientes, —quería rebatir eso, — Carine puede ser la acepción, pero Royal dejo que sus instintos de venganza fueran mas fuertes, y yo ayude. Eleanor también cometió errores, Archie también cuando comenzó. Todos lo hemos hecho, nadie te juzgara realmente.

Era como si una piedra se hubiera libera y hecho pedacito en mi garganta, sintiéndola más libre

—¿Me amaras a pesar de ser un monstruo? ¿Me amaras a pesar de que cobre muchas vidas? —musite. Beau me dio un beso suave y despacio.

—Yo siempre te amare Edythe, sin importar que. Y si algún día decides cazar humanos, no me importara—quería decirle que fuera serio, pero la mirada seriedad de Beau me dejo claro que él lo decía en serio que no era ninguna broma. — ¿esto es lo que tenías miedo? —pregunto con dulzura. Asentí— siento que hayas tenido ese miedo Edythe, pero estaré a qui, a tu lado sin importar que escojas. Y asta que tu digas que me queras a tu lado.

Permanecí en sus brazos por unos minutos, sintiendo el amor que Beau sentía hacia mí

—Hay más—dije soltándome —Beau—. Estaba tan nerviosa que me dediqué a estudiar con atención el lunar de su muñeca—. Hay algo que me gustaría hacer antes de dejar de ser humana.

ÉI esperó a que prosiguiera, pero no lo hice. Mi cara estaba roja como un tomate.

—Lo que quieras —me animó, impaciente y sin tener ni idea de lo que le iba a pedir.

—¿Me lo prometes? —era consciente de que mi plan de atraerle con sus propias palabras no iba a funcionar, pero no pude resistirme a preguntárselo.

—Sí —respondió. Alcé la mirada y vi en sus ojos una expresión ferviente y algo perpleja—. Dime lo que quieres, y lo tendrás.

No podía creer que me estuviera comportando de una forma tan torpe y tan estúpida.

Era demasiado inocente; precisamente, su inocencia era el punto central de la conversación. No tenía la menor idea de cómo mostrarme seductora. Tendría que conformarme con ser directa.

—Te quiero a ti —balbuceé de forma casi ininteligible.

—Sabes que soy tuyo —sonrió, sin comprender aún, e intentó retener mi mirada cuando volví a desviarla.

Respiré hondo y me puse de rodillas sobre la cama. Luego le rodeé el cuello con los brazos y le besé.

Me devolvió el beso. Sentí sus labios tiernos contra los míos, y me di cuenta de que tenía la cabeza en otra parte, de que estaba intentando adivinar qué pasaba por la mía. Decidí que necesitaba una pista.

Solté mis manos de su nuca y con dedos trémulos le recorrí el cuello hasta llegar borde de su ramera muy cerca de su pantalón. Aquel temblor no me ayudaba demasiado, ya que tenía que darme prisa y subir su ramera antes que él me detuviera.

Sus labios se congelaron, y casi pude escuchar el chasquido de un interruptor en su cabeza cuando por fin relacionó mis palabras con mis actos.

Me apartó de inmediato con un gesto de desaprobación.

—No podemos, Edythe.

—Me lo has prometido. Lo que yo quiera —le recordé, sin ninguna esperanza.

—No vamos a discutir sobre eso.

Se quedó mirándome mientras se volvía a bajar la ramera donde había logrado subir.

Rechiné los dientes.

—Pues yo digo que sí vamos a discutirlo —repuse. Me llevé las manos a la blusa y de un tirón abrí el botón de arriba. Me agarró las muñecas y me las sujetó a ambos lados del cuerpo.

—Y yo te digo que no —refutó, tajante.

—Tú querías saber —le eché en cara.

—Creí que se trataba de otra cosa.

—De modo que tú puedes pedir cualquier estupidez que te apetezca, por ejemplo, más tiempo, pero yo no tengo derecho ni siquiera a discutir lo que...

Mientras lanzaba mi diatriba, Beau me sujetó ambas manos con una de las suyas para que dejara de gesticular, y utilizó la que le quedaba libre para taparme la boca.

—No —su gesto era pétreo.

Respiré hondo y traté de calmarme. Según se desvanecía la ira, empecé a sentir algo distinto.

Me llevó unos instantes admitir por qué había vuelto a agachar la mirada, por qué me había ruborizado otra vez, por qué se me había revuelto el estómago, por qué tenía los ojos húmedos y por qué de pronto quería salir corriendo de la habitación.

Era por aquella reacción tan poderosa e instintiva. Por su rechazo.

Sabía que me estaba comportando de forma irracional. Beau había dejado claro en otras ocasiones que el único motivo por el que se negaba a hacerlo era mi propia seguridad. Sin embargo, jamás me había sentido tan vulnerable. Me quedé mirando al edredón dorado que hacía juego con sus ojos cuando era vampiro e intenté desterrar la reacción refleja que me decía que no era deseada ni deseable.

Beau suspiró. Me quitó la mano de la boca y la puso bajo mi barbilla, levantándome la cara para que le mirase.

—Sabes que te amo.

—Lo sé —musité.

Observó con atención mi rostro durante un buen rato mientras yo trataba en vano de apartarme de su mirada. Después arrugó la frente con gesto de horror.

—¿He herido tus sentimientos? —me preguntó con consternación.

—No —mentí.

Ni siquiera supe cómo ocurrió: de pronto, me encontré entre sus brazos, y él acunaba mi cabeza sujetándola entre el hombro y la mano, mientras que con el pulgar me acariciaba la mejilla una y otra vez.

—Sabes por qué tengo que decirte que no —susurró—, y también sabes que te deseo.

—¿Seguro? —le pregunté con voz titubeante.

—Pues claro que sí, mujer sexy, inteligente y fuerte —soltó una carcajada, y luego su voz se toque de ira—. Todo el mundo te desea. Sé que hay una cola inmensa de candidatos detrás de mí, todos maniobrando para colocarse en primera posición, a la espera de que yo cometa un error... Eres demasiado deseable para tu propia seguridad.

—Estas siendo un tonto —dije un susurro, porque justo en este momento no me encontraba hermosa, ni siquiera linda.

—¿Tengo que rellenar una instancia para que me creas?, no creo necesites nombres, tú debes saber quiénes te desean.

Moví la cabeza a los lados, sin apartarla de su pecho, e hice una mueca.

—Pero tú eres el único que me importa.

Beau volvió a suspirar.

—Dime si he hecho algo mal —intenté sonar objetiva—. Tus exigencias son éstas: que te dé tiempo —era incapaz de decirlo sin torcer el gesto—, que te deje pagar mis estudios. Además, no te importaría comprarme una casa —enarqué las cejas—. ¿Se me olvida algo? Es una lista considerable.

—La única exigencia es la primera —Beau estaba haciendo esfuerzos para no reírse—. Las demás son simples peticiones.

—A cambio, mi pequeña y solitaria exigencia es...

—¿Exigencia? —me interrumpió, de nuevo serio.

—Sí, he dicho exigencia.

Beau entornó los ojos.

—Transformarme a los 25 es demasiado tiempo—dije—. No pienso aceptar a menos que reciba algo a cambio.

Se inclinó para susurrarme con voz tierna:

—No. Ahora es imposible. Más adelante, cuando seas menos frágil. Ten paciencia, Edythe.

Intenté mantener una voz firme y ecuánime.

—Ahí está el problema. Cuando sea menos frágil, ya nada será igual. ¡Yo no seré la misma persona! Ni siquiera estoy segura de quién seré para entonces.

—Seguirás siendo tú, Edythe —me prometió.

Fruncí el ceño.

—Si cambio lo bastante como para querer matar a mamá, o chupar la sangre de Becca si tengo ocasión, ¿cómo voy a seguir siendo la misma?

—Se te pasará.

—Pero eso será lo que más voy a desear siempre, ¿verdad? —dije en tono desafiante—. ¡Sangre, sangre y más sangre!

—El hecho de que sigas viva es una prueba de que eso no es cierto —argumentó.

—Porque para ti han pasado más de 100 —le recordé—. Estoy hablando de algo físico. De forma racional, sé que volveré a ser yo misma... cuando transcurra un tiempo. Pero en lo puramente físico, siempre tendré sed, por encima de cualquier otro deseo —Beau no contestó—. Así que seré distinta —concluí, sin oposición por su parte—. Porque ahora mismo lo que más deseo eres tú. Más que la comida o el agua o el oxígeno. Mi mente tiene una lista de prioridades ordenada de forma algo más racional, pero mi cuerpo...

Giré la cabeza para darle un beso en la palma de la mano.

Beau respiró hondo. Me sorprendió notar que titubeaba.

—Edythe, podría matarte —se justificó. — nadie que ha estado bajo mi don a controlado su deseo carnal como vampiro. Siempre se terminan transformandose.

—No creo que seas capaz.

Beau entrecerró los ojos. Después, apartó la mano de mi cara y tanteó detrás de él, buscando algo que no pude ver. Se oyó un chasquido amortiguado y la cama tembló bajo nosotros.

Tenía en la mano algo oscuro, y me lo acercó para que lo examinara. Era una flor de metal, una de las rosas que adornaban los barrotes de hierro forjado del dosel de su cama. Cerró la mano un segundo, apretó los dedos con suavidad, y volvió a abrirla.

Sin decir una sola palabra, me extendió una masa triturada e informe de metal negro. Había adquirido el perfil del hueco de su mano, como un trozo de plastilina apretujado en el puño de un niño. Una fracción de segundo después, el bulto se desmenuzó y se convirtió en polvo negro sobre la palma de su mano.

Le lancé una mirada furiosa.

—No me refería a eso. Ya sé cuánta fuerza tienes, no hace falta que destroces los muebles.

—Entonces, ¿qué querías decir? —me preguntó con voz siniestra, arrojando a un rincón el puñado de virutas de hierro, que repiquetearon como lluvia al chocar con la pared.

Traté de explicarme, con sus ojos clavados en mí.

—Obviamente, no me refiero a que no pudieras herirme si lo desearas... Es más importante que eso: se trata de que no quieres hacerme daño. Por eso creo que no serías capaz.

Empezó a decir que no con la cabeza antes de que yo terminara de hablar.

—Tal vez no funcione así, Edythe.

—Tal vez —me burlé—. Tienes tanta idea de lo que estás diciendo como yo.

—Exacto. ¿Crees que me atrevería a correr un riesgo así contigo?

Le miré a los ojos durante un buen rato. No vi en ellos el menor atisbo de indecisión, y comprendí que no iba a ceder.

—Por favor —supliqué, desesperada—. Es lo único que quiero. Por favor... —cerré los ojos, derrotada, a la espera de un rápido y definitivo no.

Pero Beau no respondió de inmediato. Vacilé un momento, sorprendida al notar que su respiración volvía a acelerarse.

Abrí los ojos y vi que tenía la cara descompuesta.

—Por favor... —volví a susurrar. Los latidos de mi corazón se dispararon de nuevo. Me apresuré a aprovechar la duda que había asomado de repente a sus ojos, y las palabras me brotaron a borbotones—. No tienes que darme ninguna garantía. Si no funciona, vale, no pasa nada. Sólo te pido que lo intentemos. Únicamente intentarlo, ¿vale? A cambio te daré lo que quieras —le prometí de manera atolondrada—. Te daré más tiempo. Dejaré que me pagues la matrícula en Dartmouth y no me quejaré cuando les sobornes para que me admitan. Hasta esa casa que dijiste, si eso te hace feliz. Pero sólo... Por favor...

Me rodeó con sus brazos helados y puso los labios al lado de mi oreja; su respiración gélida me hizo estremecer.

—Esta sensación es insoportable. Siempre he querido compensar por todo lo que te hago pasar . ¿Tienes idea de lo doloroso que me resulta negarme cuando me lo suplicas de esta forma?

—Entonces, no te niegues —le dije, sin aliento.

No me respondió.

—Por favor —lo intenté de nuevo.

—Edythe...

Movió la cabeza a los lados, pero esta vez tuve la impresión de que el lento deslizar de su cara y sus labios sobre mi garganta no era una negación. Más bien parecía una rendición. Mi corazón, que ya latía deprisa, adquirió un ritmo frenético.

De nuevo aproveché la ventaja como pude. Cuando volvió su rostro hacia el mío en aquel ademán lento y vacilante, me retorcí entre sus brazos y busqué sus labios. El me agarró la cara entre las manos, y creí que me apartaría una vez más.

Pero me equivocaba.

Su boca ya no era tierna; el movimiento de sus labios transmitía una sensación por completo nueva, de conflicto y desesperación. Entrelacé los dedos detrás de su cuello y sentí su cuerpo más gélido que nunca contra mi piel, que de pronto parecía arder. Me estremecí, pero no era a causa del frío.

Beau no paraba de besarme. Fui yo quien tuvo que apartarse para respirar, pero ni siquiera entonces sus labios se separaron de mi piel, sino que se deslizaron hacia mi garganta. La emoción de la victoria fue un extraño clímax que me hizo sentir poderosa y valiente. Mis manos ya no temblaban; mis dedos soltaron con facilidad los botones de su camisa y recorrieron las líneas perfectas de su pecho de hielo. Beau era tan hermoso...

¿Qué palabra acaba de utilizar él? Insoportable. Sí, su belleza era tan intensa que resultaba casi insoportable.

Dirigí su boca hacia la mía; parecía tan encendido como yo. Una de sus manos seguía acariciando mi cara, mientras la otra me aferraba la cintura y me apretaba contra él. Eso me ponía un poco más difícil llegar a los botones de mi blusa, pero no imposible.

Unas frías esposas de acero apresaron mis muñecas y levantaron mis manos por encima de la cabeza, que de pronto estaba apoyada sobre una almohada.

Sus labios volvían a estar junto a mi oreja.

—Edythe —murmuró, con voz cálida y aterciopelada—. Por favor, ¿te importaría dejar de desnudarte?

—¿Quieres hacerlo tú? —pregunté, confusa.

—Esta noche no —respondió con dulzura. Ahora sus labios recorrían más despacio mi mejilla y mi mandíbula. La urgencia se había desvanecido.

—Beau, no... —empecé a decir.

—No estoy diciendo que no —me dijo en tono tranquilizador—. Sólo digo que «esta noche no».

Me quedé pensando en ello durante unos instantes, mientras mi respiración empezaba a calmarse.

—Dame una razón convincente para que yo comprenda por qué esta noche no es tan buena como cualquier otra —aún me faltaba el aliento, lo que hacía que el timbre de frustración de mi voz sonara menos convincente.

—No nací ayer —Beau se río quedamente junto a mi oreja—. ¿Cuál de nosotros dos se resiste más a dar al otro lo que quiere? Acabas de afirmarme que quieres transformarte, y me dará más tiempo, pero si cedo a tus deseos esta noche, ¿quién me garantiza que no te volverás a ir?, tu ya me has contado tus miedos, — Beau sonrió, a lo que yo podía interpretar como una sonrisa triste—y mi mayor miedo es que te vayas, Edythe.

Un nudo en mi garganta se colocó, me aparte despacio para ver a Beau directamente a sus ojos. Los cuales tenía gran tristeza. -

—Eso no volverá a pasar…

—Lose, yo confió en ti, en verdad que lo hago. Pero quiero que entiendas que el amor que siente un vampiro es diferente a lo que un humano siente, si me comprometo contigo hasta ese nivel no voy a poder seguir adelante, no voy a poder continuar. Tu serás mi todo, eres mi todo ahora, me cuesta muchas veces no impedirte seguir tu camino, dejarte que te expongas al peligro de mi familia porque tú lo quieres. —Beau tomo mi mano—No dudo que me ames, se lo que haces. Pero no es lo mismo, Edythe. Hay día que me amas más, otros que días me amas menos, los humanos son efímeros en todo el sentido. —el se callo unos segundo hacer una mueca— no trato de proteger mi virtud, trato de proteger mi sentido de vida. Si yo permito que lo hagamos, entonces el día que tu decidas irte, yo no podre seguir. Mi vida estará entrelazada a la tuya como si fuera un hilo, si cortas una, costaras a los dos hilos, eso el algo que yo no me puedo permitir. Te amo Edythe, te amo con mi vida, pero necesito tener una garantía que podre seguir sin ti, si te vas. —la voz de Beau se empezó a romper un poco.

Me envolvió con sus brazos y me besó de un modo que debería ser ilegal. Demasiado persuasivo; era como una coacción, una intimidación. Cuando nos separamos, observe con seriedad.

—Siento mucho mi error, quizás nunca pueda quitar ese miedo que tengas que me vaya. —sintiéndome mal—pero no lo hare, y no se como hacer para que me creas. No puedo cambiar tus sentimientos. Lo único se me ocurre para que me creas es que me pueda trasformar cuanto antes… pero tampoco quieres eso—trague saliva cuando las palabras se hacían más difíciles— Y lo único que se me ocurre es que nos casemos, y asegurarte que no me voy a ir.

Las palabras cuando salieron de mi boca habían sido simplemente para marcar un hecho que no me marcharía.

El matrimonio no había figurado como unas de mis posibilidades. Sabia que era un gran paso, algo que no es para tomar a la ligera. Matrimonio era para toda la vida. Donde dos personas se comprometían y se apoyaban en todo lo necesario, había días que alguno de ellos no daría el 50 por ciento en la su relación, entonces la otra persona tendía que dar lo que falta. Era un gran paso, no se debía pensar a la ligera.

Pero ahora, mientras sostenía la mano de Beau, no me parecía que matrimonio fuera algo tan malo, un gran paso claro, pero no malo. No solo era compromiso que me incluía a Beau, sino que también que, a su familia, el matrimonio no sonaba tan mal, si lo veía que me casaría con Beau.

Con cualquier otra persona me sonaba absurda la idea, si alguien me hubiera preguntado que pensara del matrimonio, hubiera respondido que debía tener unos 10 años de relación para casarse, aun así, debía pensar con mucho detenimiento.

—Un papel no vas a hacer que te quedes conmigo —sonrió con gesto burlón, aun así, podía ver una pisca de duda como pensándolo—. Tienes una mente muy cuadrada.

—Se sincero, si acepto que nos casemos te haría sentir más aliviado —dije—. Por alguna vez en quiero que seas egoísta, me digas si el matrimonio te haría sentir mejor.

—No me gusta la boda sabes porque —dijo sin verme a los ojos— mis padres solo se casaron por mí.

—Esto es diferente—dije bufando—nosotros nos amamos Beau.

—Estoy seguro de que ellos debieron amarse también algún momento.

—Eso no quita te sentirías más aliviado.

—No deberías estar haciéndolo para hacerme feliz.

—No te puesto pensar que yo quiero. —dije viéndolo a los ojos—digo alguna vez nos íbamos a casar Beau, solo estamos adelantando un paso importante a la vez. Me parece que el matrimonio puede ser el mejor paso.

Se apartó un poco para poder leer en mi cara. Dio un gran suspiro ante verme directamente a los ojos

—He vivido lo suficiente para ver el mundo, como los humanos se enamorar muchas veces. Y cada una de ellas aprende algo—Beau sonrió sonrisa cálida—la mayoría de los humanos se enamoraron en la adolescencia, y ese amor es primero el que parece un cuento de hadas, es perfecto. —Beau titubeo unos segundos, pero parecía decidido—después viene ese que te rompe, luchas para no olvidar, pero debes deja ir por que te lastima tanto, Edythe sientes que el corazón se rompe cada vez que piensas en esa persona. —Beau sonrió — Y el ultimo al que creo que es definitivo al ya no le pones tantas expectativas solo…dejas que fluya, que sana las heridas—el llevo mis manos a sus labios—tu Edythe eres cada una de ellas, cuando me enamore de ti, creí que nada malo pasaría que seriamos felices, que tu algún día me pedirías que te trasforme, yo lo haría sin temor.

—Pero lo eché a perder—dije con un nudo en la garganta.

—Si—dijo Beau con los ojos humedecido—y mucho porque … me rompiste Edythe, hiciste que todos mis temores se salieran de nuevo, tenía tanto miedo como cuando recién me transforme, tenia tanto miedo de que algún día me levantara y mi familia decidiera dejarme atrás porque ya no les servia. —Beau se rio sin humor—pero… no quería olvidarte cada parte de mi solo quería tenerte devuelta, sabía que tenía que dejarte ir. No te iba olvidar ten por seguro eso. Pero quería aferrarme a ese dolor por que eso significabas en ese momento. Y era lo único que tenia de ti.

Una pausa en los dos estábamos asimilando lo que nos decíamos, era una conversación que debimos haber tenido del principio, pero las heridas que teníamos los dos eran tan grandes que había queridos ignorar.

—Y luego volviste—Beau viéndome con más calma—volviste y decidiste quedarte, mi familia no quería te perdonara, esa noche recibí tantos regaños. —se rio— hasta en mi mente ya estaba preparando mi testamento por si Royal queria ahorcarme con sus elegantes corbatas. Pero no importo por, había decidido que …dejaría que solo pasara lo que tenia pasar. Sin hacerme expectativas, sin pensar si te transformarías. No te presionaría, no era justo. Con toda perspectiva tu misma empezaste a curar las heridas me dejaste. Sin darme cuenta ya no dolían tanto como dolían antes. Entonces amor mío—Beau tomo mi cara en sus manos—Tu me haces feliz. Me haces inmensamente feliz.

—Y tu me haces feliz Beau—dije hipeando—Te amo, eso no va a cambiar, soy inmadura en algún sentido, tengo miedo de transfórmame, porque puedo ser monstruo. Soy egoísta, cada vez que intento no lastimarte lo arruino, quiero hacerte feliz. Pero no se cómo, no sé cómo dejar de ser tan egoísta, tengo tanta suerte que te hayas enamorado de mí, como para no ver mis defectos que tengo. —cuando el me iba interrumpir negué—Lo único quiero en esto momento es a ti, entre todo. Cuando miro hacia el futuro estoy segura que quiero que estés en ella.

Beau soltó mi cara, pero en ningún momento aparto su mirada de mí, sus ojos ahora azules mostraban vacilantes, como si no pudiera creer que le digiera que lo amaba, que estaba segura en transformarme. Después unos segundos como si el aire se volvía menos tenso. El sonrió.

—Somo una pareja llena de miedos, no lo crees. Ninguno de los dos sabes cómo complacer al otro sin pensar que está haciendolo por obligación—sonríe asintiendo, y secándome las lagrimas que había quedado en mi cara—creo que el matrimonio seria paso más racional para probar, no.

—Me parece factible—dije sonriendo. —serás mi marido, ¿Estás preparado para eso?

—¿Y si no quiero algo pomposo? —insistió.

—No tiene por qué ser algo pomposo.

Soltó otro bufido.

Lo bese sin dejarle responder. Fue otro beso demasiado convincente.

Me devolvió el beso

—¿No tienes la sensación de esto muy convencional? —dije riéndome en su oído—. El que tu no quieras casar y yo sí. Convencional.

—Mis motivos del matrimonio son mas traumas que perder una estúpida libertad.

—Cierto.

Volví a besarle, y seguí haciéndolo hasta que mi corazón palpitó como un tambor y la piel se me enrojeció. Beau me parto con gentiliza.

—Algo me dice que quieres hablar de otro tema.

—No pienso engañarte. —dije casi juguetonamente, aunque sabia no conseguiría nada debía intentarlo— Me conoces muy bien. Así que no hay razón para esperar. Estamos completamente solos: ¿cuántas veces ocurre eso? Además, tenemos esta cama tan grande y tan cómoda...

—Esta noche, no —repitió, pensativo

—¿No confías en mí?

—Desde luego que sí.

Usando la mano que él seguía besando, eché su cara un poco hacia atrás para poder estudiar su expresión.

—Entonces, ¿cuál es el problema? —fruncí el entrecejo.

—Sólo cubro mis apuestas —respondió con calma.

—Hay algo más —dije, entornando los ojos. Su rostro estaba a la defensiva, señal de que bajo su aire despreocupado ocultaba algún motivo secreto—. ¿Acaso tienes tú la intención de faltar a tu palabra?

—No —prometió en tono solemne—. Te lo juro, intentaremos hacerlo… pero creo que ya estamos con el plan de matrimonio podría ser después de nos casarnos.

Sacudí la cabeza y me reí sin ganas.

—Me haces sentir como el malo de la película, que se retuerce el bigote mientras trata de arrebatarle la virginidad a la pobre protagonista.

Durante un segundo me dirigió una mirada suspicaz, y enseguida agachó la cabeza para apretar los labios contra mi clavícula.

—De eso se trata, ¿verdad? —se me escapó una carcajada más de asombro que de alegría—. ¡Estás intentando proteger tu virginidad! —me tapé la boca con la mano para sofocar la risotada que me salió a continuación. Aquellas palabras estaban tan pasadas de moda...

—No, —murmuró contra mi hombro—. Estoy intentando proteger la tuya. Y me lo estás poniendo muy difícil.

—De todas las cosas ridículas que...

—Deja que te diga una cosa —me interrumpió—. Mucho antes que Carine me mostrara los modales en Inglaterra, había algo claro que sabia debía respetar en mis años, era la castidad de la mujer que se iba estar conmigo. —su expresión era seria—no soy tan creyente como Carine, pero si que he roto algunas normas de la iglesia, pero al menos quiero que cumplas esto. Conmigo también es lo único que puedo asegurarme también estar a la par si estás conmigo

—Que pasa con el resto —dije desafiándolo.

—«No matarás» es un precepto aceptado por la mayoría de las religiones. Y yo he matado indirectamente, he sido cómplice. No puedo prometerte no mataras a nadie eso sería mentirte.

—Sólo a los malos.

Se encogió de hombros.

—Tal vez eso influya, tal vez no, —suspiro—Y voy a hacer todo lo posible para mantenerte alejada del camino de la tentación.

—Vale, pero no estábamos hablando de cometer asesinatos —le recordé.

—Se aplica el mismo principio. La única diferencia es que ésta es la única área donde estoy tan inmaculado como tú. ¿No puedo dejar al menos una regla sin romper?

—¿Una?

—Bueno, he mentido —sonrió con malicia.

—Sí, pero lo haces tan mal que no cuenta. Nadie se cree tus embustes.

Me miro con gesto irritado por haberlo interrumpido, aunque era mas seguro por decirle en la cara que era un libro abierto.

—Y lo es. Si resulta demasiado tarde para mí... Prefiero arder en las llamas del infierno, y perdóname el juego de palabras, antes que dejar que te impidan entrar en el cielo.

—No puedes pretender que entré en un sitio donde tú no vayas a estar —le dije—. Esa es mi definición del infierno. De todas formas, tengo una solución muy fácil: no vamos a morirnos nunca, ¿de acuerdo?

—Suena bastante sencillo. ¿Por qué no se me había ocurrido?

Siguió sonriéndome hasta que acabé soltando un airado «¡aja!».

—Así que te niegas a dormir conmigo hasta que no estemos casados.

—Exacto.

Puse los ojos en blanco.

—Supongo no hay alternativa.

Abrió unos ojos como platos, con gesto inocente.

—Por ser una mujer de esta época creí que no estarías tan contenta.

—Y tu no pareces muy feliz, con esto, pero no es por matrimonio en sí. Si no por como dirán todos.

—Van a pensar que estas embarazada—admitió Beau—Y mi padres y Archie se volverán locos preparando todo.

—No hace falta que sea un bodorrio. No necesito tanta fanfarria. No tienes que decírselo a nadie ni cambiar tus planes. ¿Por qué no vamos a Las Vegas? Puedes ponerte unos vaqueros. Hay una capilla que tiene una ventanilla por la que te casan sin que te bajes del coche. Lo único que quiero es hacerlo oficial, y que quede claro te quiero.

Tomó mi mano y me besó las yemas de los dedos, para después besar el dedo del corazón, donde seguro estaría un anillo muy pronto.


Patata anonima.

seria un buen final Jules y Beau terminan junto. Pero eso seria salirse de libro :(, aunque siempre se puede soñar. Edythe no me cae bien, la verdad. Enserio ella no me cae bien, a Edward al menos me lo pasaba, en alguna forma, no lo se amores de ficticios o algo al si. Pero Edythe no me la puedo pasar... hay algo no me hase caerme bien, hablo del libro de Vida y muerte, que me hizo algo no me caeria bien.

Voy ser sincera he estado gastando mi tiempo en escribir con Beau y edythe los demás libros, pero cuando los leo no los puedo publicar los capitulos que tengo por que, mi desagrado a edythe se me nota un poco en la escritura. aunque no quita he avanzado con el libro de eclipse, pero voy mas lento con lo debería.

y perdon por la demora, pero mi computador se le ocurrió la brillante idea de descargar actualizaciones y reiniciarlo, despues cometi la estupides de apagarlo...TODO FUE UN MALDITO CAOS, se borraron las aplicacion de Word, y los antivirus, como tambien para poder leer pdf... un caos.

Bueno espero que lo hay disfurtado.