Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.
aviso:
Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.
Esta es una historia ficticia.
Pistas
Pov Beau.
Había vigilado el sueño de Edythe gran parte de la noche, cuando me quedaba con ella siempre me había gustado ver sus reacciones cuando ella dormía, movía mucho su pequeña nariz eso me parecía tierno. Cuando ella despertó, le di tiempo para que se vestirá, aunque tenía que agradecer ese tiempo humano que tenía Edythe a veces, ya que me daba tiempo para pensar en la noche anterior.
Anoche no había sido más que un fracaso y a muy a mi pasear un alivio. En que había revelado mis miedos a Edythe con sinceridad diciéndole cuanto la amaba, como no quería forzarla a tomar una decisión, que estaba bien que se tomara su tiempo. Como habíamos terminado con un compromiso de casarnos.
No quería admitirlo, pero una parte de mi se sentía aplacada de tener al menos alguna atadura a Edythe, era egoísta y mezquino pensar que un papel podía ser algo de alivio para mis inseguridades, Edythe se podía marchar cuando ella quisiera, yo no era su dueño. Aun si ver que ella estaba después a casarse conmigo a pesar a mi miedo a las bodas, era alivio de mí.
Ni yo podía entenderme realmente, quería Edythe. Pero tenía que saber con certeza que ella no se iría cuando tuviera la oportunidad, pero tampoco quería que ella se sintiera obligada a estar conmigo para toda la vida sin pesarlo. Pero también no quería una boda, les tenía pavor, a pesar de que tenía ejemplos claro que el matrimonio podía durar para la eternidad, era miedo no se iba, no quería Edythe viera hacia atrás siendo una humana dijera así misma que fue un error, y se marchara, como lo hizo Rene. Edythe era una humana, los humanos eran cambiantes.
El matrimonio de Charlie y Rene fue un fracaso en cada segundo, no había pasado día cuanto miraba a Rene veía su cara de infelizidad, no quería eso para Edythe no quería ella luciera infeliz, en un matrimonio tomado solo por decisiones apresuradas. La amaba demasiado como para ver su rostro lleno de tristeza y arrepentimiento.
Creía en Edythe cuando ella me decía que me amaba, a pesar no estar segura de ser una vampira, ella quería estar conmigo, que nunca podría amar a nadie más que a mí mismo. Quería creerle, una parte de mi lo hacía en toda sinceridad, pero la otra parte recordaba como ella me había dejado atrás sin siquiera mirar atrás, como ella como humana fue capaz de sobrevivir sin mí. Ella podía irse de nuevo.
Aun así, saber que se casaría conmigo había sido un alivio para mí, me emocionaba que ella quisiera tomar ese gran paso, antes de que decidiera si transformarse.
Eso no quitaba mi miedo a las bodas.
Me dije a mí mismo que no tenía que preocuparme tanto. No iba a hacer nada del otro jueves, sólo un viaje en coche a Las Vegas. Y se me estaba ocurriendo algo aún mejor que unos vaqueros y ramera: una camisa que me había obligado comprar Archie.
Y después, yo tenía que cumplir parte de mi trato.
Que era el sexo…
¿Y si la mataba?, ¿Si la dañaba?, ¿Cuánto daño podía hacerle a Edythe?, era medio vampiro, hasta podía transformarme en humano, en cierta forma, aun así, podía perder el control. Mamá y papá me había dejado claro que ellos no podían mantener su forma humana cuando tenia sexo. Y mis hermanos había confirmado cuando había preguntado con gran vergüenza si ellos lo habían intentado. No había funcionado, las emociones eran fuertes como intentarlo siquiera, el sexo era de las sensaciones con gran complejidad. No había indagado más que eso, pero a mi pesar debía saber más de lo que quería saber. No me quedaba mas que preguntarle a Archie o Royal, me negaba conversar esto con mi padre era demasiado vergonzoso.
Lo mejor era que me concentrase en el matrimonio y olvidara todo lo demás.
Ella me había asegurado de que no tenía que contárselo a nadie, y yo estaba decidido a cumplir con esa palabra. Desde luego, fue una solemne tontería por mi parte no haber pensado en Archie.
Mi familia llego a casa alrededor del mediodía. Parecían rodeados por un aura diferente, más seria y formal, que me recordó de golpe la enormidad de lo que iba a ocurrir.
Archie parecía estar de un humor de perros, algo raro en él. Pensé que estaba frustrado por sentirse «normal», ya que las primeras palabras que dirigió a mi fueron para quejarse por trabajar con las lobas.
—Creo —dijo, poniendo una mueca al pronunciar el verbo que recalcaba su falta de certeza— que deberías meter ropa de abrigo en la maleta, Beau. No puedo ver dónde estás exactamente, ya que esta tarde sales con esa perra, pero parece que la tormenta que se avecina será aún más intensa en toda esa zona.
Miré a Archie sorprendido, aunque no fui el único que se quedó como piedra. Mi familia se había dado la vuelta para mirar sorprendido a Archie, él nunca hubiera sido tan descortés con las lobas.
—Va a nevar en las montañas —me advirtió Archie.
—¡Guau, nieve! —murmuro Edythe—. ¡Pero, por Dios, si estábamos en junio!
—Llévate una chaqueta —dijo Archie. Su tono era hostil, cosa que me sorprendió.
Intenté interpretar su rostro, pero él lo apartó.
Miré a Archie estaba preocupado por lo que a él le estuviera molestando.
Tenía equipo de acampada de sobra para elegir: Éramos buenos clientes del almacén Newton, donde comprábamos artículos para mantener la farsa de que éramos humanos. Cogí un saco de plumas, una tienda de campaña pequeña y varios botes de comida deshidratada —Edythe sonrió al reparar en la cara de asco que puse al verlas —, y lo metí todo en una mochila.
Archi entró de nuevo a la sala mientras estábamos allí, mi familia y se dedicó a observar en silencio los preparativos que estábamos haciendo. Intente ignorarlos.
—Beau, ¿puedo hablar contigo a solas? —me dijo él. Me di la vuelta para verlo sin saber que hacer. Edythe tenía fruncidas las cejas en concentración, ella no utilizaba mucho su don desarrollado por el dolor de cabeza, pero ahora lo estaba haciendo.
—Vas a complicarme la vida sin necesidad, Archie —le advirtió a su cuñado— Preferiría que no lo hicieras, no me importar demasiado…
—Esto no va contigo, Edythe —le contestó dolido. No me preocupe con el tono que había usado Archie, ya que ellos se llevaban de esa manera, como verdaderos hermanos, me hubiera gustado que se llevara así con los demás. Edythe se rio, como no sorprendida por el dramático tono de Archie—. No es asunto tuyo —insistió Archie—. Son cosas de mejores amigos.
Ella arrugo el entrecejo. Parecía preocupada por como esta conversación me dejaría.
—Deja que hable conmigo —dije, no oculte mi curiosidad. —no creo que se nada malo. Puedes ir comer de lo que está preparando mi padre.
Asentía no muy convencida. Podía ver que el resto de ellos también nos estaban escuchando.
—Tú lo has querido —murmuro. De pronto me estaba arrepintiendo.
Me volví hacia Archie, preocupado, pero él no me miro. Todavía no se le había pasado el mal humor.
Fue a sentarse en sillón grande, con gesto abatido. Lo sigue y me puso a su lado
—Beau... — dijo en tono triste. De pronto se encogió y se acurrucó a mi costado. Su voz sonaba tan afligida me preocupo, lo abrase para consolarlo. ¿Y se le dolía algo?, ¿Y, si había visto algo que él no quería sucediera?, Quizás no sabía cómo solucionarlo.
—¿Qué ocurre, Archie, te duele algo?
—¿Es que no me quieres? —me preguntó en el mismo tono lastimero.
—Pues claro que sí, y lo sabes. Eres mi mejor amigo.
—Entonces, ¿Por qué veo que te vas a Las Vegas para casarte a escondidas y sin invitarme?
Oh, había lastimado los sentimientos de Archie, me había olvidado de ese pequeño detalle que había hecho una promesa. Aunque pequeño no era, había prometido que el día encontrara mi pareja el estaría ahí. Si bien en esa época no había tomado importancia Archie quizás lo había visto diferente.
Pude sentir todas la mirada sobre mí, como también podía escuchar a Earnest que tomaba la mano de Edythe, me miraba desilusionado…era golpe bajo.
—Quiero utilizar el anillo de mi madre—explicó Edythe— es tradición, mi madre lo heredo de parte de la familia Masen.
Me sorprendió un poco, cuán rápido había respondido… quizás no era mentira.
Aun así, Archie parecía no quería pensara otra cosa que lo estamos hablando.
—Ya sabes que no soporto hacer las cosas con tanta pompa, como lo hace Royal o tú. Quiero algo sencillo.
—Que tiene de sencillo casarse en la vega con bailarinas exóticas, mientras te emborrachas. ¿Cómo puedes hacerme esto? Me habría esperado esto de Edythe, pero no de ti. Se supone que eres mi hermano y mejor amigo.
—Archie, eres mi hermano y mejor amigo.
—Bla, bla, bla —dijo con un gruñido.
—Vale, puedes venir. —dijo exasperado. Aunque escuche un suspiro deprimido de parte de Earnest. Me sentí culpable — Sabes puede venir todos si quieren.
Archie seguía poniendo caras raras.
—¿Qué? —pregunte.
—¿Hasta qué punto me quieres, Beau? ¿hasta que punto nos quieres, Beau?
—¿Por qué me preguntas eso?
Se me quedó mirando con ojos suplicantes. Tenía las cejas levantadas como un payaso triste y le temblaban las comisuras de los labios. Aquello podía partirle el corazón a cualquiera.
—Por favor, por favor, por favor —susurró—. Por favor, Beau, por favor, si de verdad me quieres, si de verdad nos quieres, déjame organizar tu boda.
—Oh, Archie —le respondía, apartándome de el—. No me hagas esto.
—Si me quieres de verdad, deja que lo haga.
me cruce de brazos.
—Esto es injusto. Sabes no quiero una boda, llamativa, siempre se los dije, odio la pomposidad, la última vez en el matrimonio de Royal, pusiste una pileta Archie, una pileta.
Estaba vez me di la vuelta para ver a los demás, y dejar claro mi punto, no quería se entrometieran, no quería ellos apoyaran Archie, siempre terminaba perdiendo cuando Earnest se metía en esto. O, peor cuando Royal metía su gran persona obligándome, no quería reconocer cuanta influencia tenía mi hermano en mí. Si bien Archie era mi mejor amigo, no me gusta cuando el estaba triste, podía decirle que no. En cambio, Royal no había podía desafiarlo nunca, bueno quizás cuando intento cazar a Edythe con el problema de furgoneta que estuvo a punto de matarla. Pero en otras cosas no había tenido demasiado suerte, quizás era maldito problema de que aspiraba ser como Royal, como ese hermano mayor no querías desilusionarse y trataba de ser mejor. sabía que Earnest me amaba, era su hijo, podía ver su cariño en mí, el no tenía aspiraciones en mi todo lo que yo escogiera sabia que lo aria feliz, Carine era lo mismo, ella era feliz mientras yo lo era, no había presión.
Pero ahora, mientras Archie me miraba con gesto tan triste y como si hubiera traicionado, podía sentir la mirada de Royal en mi cabeza, ese horrible sentimiento de que había defraudado a mi familia se hizo presente. Pero cuando hacia lo que Royal quería hiciera nunca lo hacía de buena gana de todas formas.
Pero no quería una boda pomposa.
—Apuesto a que Edythe prefiere que te cases con ella a la manera tradicional, aunque no te lo haya dicho y haya aceptado ese estupido acuerdo. Y Earnest... ¡Imagínate lo que significaría para el!... ¡imagínate lo significa para todos nosotros!
Solté un bufido.
—Preferiría enfrentarme a los neófitos yo solo.
—Seré tu esclavo diez años.
—¡Tendrás que ser mi esclavo un siglo!
Los ojos de Archie brillaron de alegría.
—¿Eso es un sí?
—¡No, es un no! ¡No quiero hacerlo!
—Lo único que tienes que hacer es andar unos cuantos metros y repetir lo que diga el sacerdote.
—¡Puaj!
—¡Por favor! —dijo, dando saltos—. ¡Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor!
—Esto no te lo voy a perdonar en la vida, Archie.
—¡Siiii! —gritó dando un salto del sillón.
—No he dicho sí.
—Pero lo harás —respondió canturreando.
—Carine —grite sintiéndome molesto, y derrotado. Por qué no podía salirme con la mí. Me sentía como un niño molesto que llamaba a su madre para que Archie me devolviera mi juguete. —. Sé que estás escuchando. Ven aquí un momento.
Archie seguía aplaudiendo
—Muchas gracias, Archie —repuso Edythe tono agrio, me di la vuelta para que me ayudara en esta locura que estaba haciendo Archie, pero cuando vi su rostro estaba lleno de angustia y preocupación. No pude evitar abrazarla esconder mi rostro en su pelo como manera de calmarme, tenía que pensar, y tenía relajarme.
—Las Vegas —Me prometió.
—Ni de broma —nos contradijo Archie con regocijo—. Beau nunca me haría algo así. ¿Sabes, Edythe? Como futura hermana, a veces me decepcionas.
—No seas mezquino —le regañe—. Ella intenta hacerme feliz, al contrario que tú.
—Yo también lo intento, Beau, sólo que sé mucho mejor qué es lo que te puede hacer feliz... a largo plazo. Ya me lo agradecerás. Quizá tardes cincuenta años, pero al final lo harás.
—Jamás pensé que apostaría alguna vez contra ti, Archie, pero ese día ha llegado.
Archie dejó escapar su risa de plata.
—Bueno, ¿me van a enseñar el anillo o no?
No pude contener un aspaviento de horror cuando Archie le agarró la mano izquierda, para soltarla al instante.
—Um. Vi ese hermoso anillo. ¿Es que me he perdido algo? —se extrañó Archie. Se concentró durante medio segundo, arrugando el entrecejo, antes de contestar a su propia pregunta—. No, la boda sigue en pie.
—Aun no he pensado en el anillo, pero gracias por poner otra suma en mi mente Archie.
—No necito un anillo —dijo Edythe sonriendo, —usare el de mis padres, mi madre lo guardo cuando murió mi padre. Se lo puedo quitar.
—Creo que corresponde que el novio lo pida ¿no? —dijo Archie viendo directamente a los ojos. Aunque después se escogió de hombros—nunca has sido de las traiciones verdad, hermano mío.
—Creo que eso quedo claro cuando intentaron obligarme ponerme laca en pelo en la boda octava de Royal.
—Supongo que ya no quieres discutir sobre la boda—la voz de Carine sonó divertida mientras salió con un gran manta la ponía en la mochila. —siempre se puede llegar a un acuerdo, pero mientras tanto no creo que se un buen día para discutir cómo va a hacer la boda. Tenemos algo importante que hacer hoy.
—Ya he escogido un abrigo mamá—dije viendo cuando aun Carine intentaba cerrar la mochila por el gran bulto.
—Presiento que va a hacer un mucho frio, las precauciones nunca están de mas—sonriendo—que pasen buena noche —dijo mamá, tanto como para mi, como para Edythe.
El camino hasta el claro fue el doble de largo que otras veces. Edythe tomó un desvío para asegurarnos de que mi aroma no aparecía en ningún lugar cercano al rastro que Jules iba a disimular más tarde. La lleve en brazos, y me eche la voluminosa mochila a la espalda donde, por lo general, cargaba su peso.
Me detuvo en el extremo más lejano del claro y la puso en el suelo.
—Bien. Ahora camina un trecho hacia el norte tocando todas las cosas que puedas. Archie me dibujado la trayectoria, y no tardaremos mucho en cruzarnos con ella.
—Vale.
Se adentré en el bosque, dejando atrás el claro y la luz amarilla y diáfana de aquel día extrañamente soleado. Tal vez la visión borrosa de Archie le había hecho equivocarse con respecto a la nieve. Al menos, ésa era mi esperanza para que Edythe no sufriera el frio.
El cielo estaba casi despejado, aunque el viento silbaba con furia en los espacios abiertos. Entre los árboles soplaba con más calma, pero aun así era demasiado frío para el mes de junio. Edythe camino despacio para dejar su rastro con los dedos sobre todo lo que quedaba a su alcance: la corteza rugosa de los árboles, los helechos húmedos, las piedras cubiertas de musgo.
La estaba acompañando en paralelo a unos veinte metros de distancia.
—¿Estas bien? —le grité.
—Perfecto.
De pronto, se me ocurrió una idea.
—¿Edythe, Cres que puedas quitarte algunos pelos sueltos de tu cabeza? —le pregunté, ella asintió pasándome los dedos por la cabeza y quitándome algunos pelos sueltos para dejarlos caer sobre los helechos.
—¿Estará bien con esto? —me pregunto.
—Si, con eso basta Edythe, no es necesario que arranques todo tu pelo.
—Me sobran algunos más.
Me habría gustado caminar más cerca de Edythe para aferrarle la mano.
Coloqué otro cabello en una rama rota que le cortaba el paso.
—No tienes por qué dejar que Archie se salga con la suya —me dijo Edythe de pronto.
—No te preocupes por eso. Pase lo que pase, no pienso dejarte plantada en el altar —tenía el triste presentimiento de que Archie iba a salirse con la suya; más que nada porque cuando quería conseguir algo no se andaba con escrúpulos, y además era experto en lograr que los demás nos sintiéramos culpables. Sin contar que toda mi familia esperaba que me casara de manera tradicional
—Eso no es lo que me preocupa. Mi único deseo es que todo salga como tú quieres.
Contuve un suspiro. No quería herir sus sentimientos diciéndole la verdad: que en realidad lo de Archie no me importaba, porque sólo suponía un punto más en el grado de horror que ya sentía.
—Aunque se salga con la suya, podemos hacer que sea una boda íntima. Únicamente nosotros. Eleonor puede conseguir una licencia de cura en Internet.
Me eché a reír.
—Eso suena mejor.
La boda ya no parecería tan oficial si Eleonor leía los votos, lo cual era un punto a favor, pero me iba a costar mucho no reírme.
—¿Ves? —me dijo con una sonrisa—. Siempre se puede llegar a un acuerdo intermedio.
Nos llevó un rato llegar al lugar donde la tropa de neófitos iba a cruzarse con su rastro.
Tuve que guiarla un poco más por el camino de regreso, aunque no podía culparla todo se parecía demasiado.
Casi habíamos llegado al claro cuándo tropezó. Eso no me lo había esperado Edythe tenía muy buenos reflejos.
—¡Ay! Vaya, genial —mascullo.
—¿Estás bien?
—Sí, sí. Quédate donde estás. Estoy sangrando, pero cortaré la hemorragia en un minuto...
Bufe. Como si le hubiera hecho caso mientras estaba herida en suelo.
—Llevo un botiquín —dije mientras me descolgaba la mochila—. Aunque debo admitir que lo traje para mí, demasiado patoso para mi propio bien.
—No es nada. Puedo curarme yo sola, no tienes por qué pasar un mal rato.
—No te preocupes por eso —repuse con toda calma—. A ver, deja que te lo limpie.
—Espera un segundo. Acabo de tener una idea.
Apretó la mano contra una piedra.
—¿Qué estás haciendo?
—A Jessamine le va a encantar —murmuro. Reanudo el camino de vuelta al claro, tocando todo lo que tenía a su alcance con la palma de su mano—. Seguro que esto los atrae.
Mientras hablaba, pasamos junto al último árbol antes del claro. Dejo que su mano herida rozara contra los helechos.
—Pues lo has conseguido —dije—. Los neófitos se pondrán frenéticos, y Jessamine se quedará impresionado por la dedicación que has puesto en ello. Ahora deja que te cure la mano. Te has ensuciado la herida.
—Deja que lo haga yo, por favor.
Le cogí la mano y sonreí al examinarla.
—Esto ya no me molesta como antes.
Me examino atentamente, en busca de algún signo de inquietud mientras le limpiaba el corte. No pude evitar sonreírle.
—¿Por qué no te molesta? —Me pregunto por fin, mientras le vendaba la mano.
Me encogí de hombros.
—Lo he superado.
—¿Que lo has superado? ¿Cuándo? ¿Cómo?
Traté de recordar la última vez que había tenido que contener la respiración cerca de ella. Lo único que se me ocurrió fue en mi cumpleaños, en septiembre. Ese horrible cumpleaños que había terminado en basura.
Aprete los labios intentado explicarle mejor como había superado el deseo de la sangre.
—Durante meses creí no me amabas, que lo único que deseaba en ese momento era a ti, no a tu sangre. Eso cambió mi modo de ver las cosas.
—¿Y también cambió la forma en que percibes mi olor?
—En absoluto. Pero... tras ver cuáles eran mis sentimientos al creer no me amabas, y que te habías ido por el accidente... mis reacciones han cambiado. Todo mi ser huye aterrorizado de cualquier acción que pueda inspirar de nuevo ese olor.
Edythe no dijo nada incapaz de responderme. Me reír de su reacción.
—Supongo que la experiencia puede calificarse como instructiva.
En ese momento atravesó el claro una ráfaga de viento que le echó el pelo sobre la cara.
—Bueno —dije, cogiendo de nuevo la mochila—, ya has cumplido con tu parte —saque mi chaquetón de invierno y la ayude a ponérselo—. Lo demás ya no está en nuestras manos. ¡Nos vamos de acampada!
Aquel entusiasmo fingido la hizo soltar una carcajada.
Edythe me cogió con su mano vendada. La otra tenía el cabestrillo por el golpe que había dado al hermano de Sara.
—¿Dónde hemos quedado con Jules?
—Aquí mismo —señale hacia los árboles que teníamos frente a nosotros, al mismo tiempo que Jules salía con paso cauteloso de entre las sombras.
No debería haberme sorprendido el verle en su forma humana. No sé por qué estaba buscando una enorme loba color castaño.
Jules volvió a parecerme más alta que la última vez, me sentí diminuto.
Edythe suspiro.
—Hola, Jules —le saludé cuando estuvo más cerca.
—Hola, Beau.
—¿Qué tal estás, Jules? —le saludó Edythe.
—Aquí, protegiendo damiselas —Edythe apretó la mano para aguantar el coraje. Levante una ceja a Jules para que se comportara, últimamente le gustaba tocar los botones de Edythe. —¿Adónde la llevo?
Saqué un mapa de mi bolsillo lateral de la mochila y se la di. Jules lo desplegó.
—Estamos aquí —informe estirando el brazo para señalar el lugar exacto. Jules reculo instintivamente para apartase de mi mano, pero después movió la cabeza para volver hasta donde estaba. Fingí no darme cuenta.
—Y tú la llevarás hasta aquí —prosigui, trazando un camino sinuoso que seguía las líneas de relieve del mapa—. Apenas son quince kilómetros.
Jules asintió una sola vez.
—Cuando estés más o menos a un kilómetro y medio, vuestro sendero se cruzará con el mío. Síguelo hasta el punto de destino. ¿Necesitas el mapa?
— Conozco la zona como la palma de mi mano. No te preocupes.
—Yo tomaré la ruta más larga. Os veré en unas horas.
Mire a Edythe que me miraba con un gesto infeliz. Esa parte no le gustaba.
—Hasta luego —murmuré.
Me adentre por el sendero que me correspondía.
Pov Edythe.
Beau desapareció entre los árboles, en dirección contraria. En cuanto se esfumó, Jules parecía incomoda.
—Bueno —añadió mientras se ponía el abrigo para tener las manos libres—. Nos vamos.
Hice una mueca y di un paso hacia ella.
Jules se agachó y me ayudo para que me subiera a su espalda.
Arrancó a correr entre los árboles. Llevaba un ritmo constante, un trote que podría haber mantenido cualquier humano en forma... siempre que fuera por terreno llano y sin una carga extra de 57 kilos.
—No hace falta que corras. Te vas a cansar.
—Correr no me cansa —Jules respiraba con el ritmo regular de un corredor de maratón—. Además, pronto hará más frío. Espero que Beau termine de instalar el campamento antes de que lleguemos.
Toqué con el dedo el grueso relleno de su parca.
—Pensé que tú ya no pasabas frío.
—Y así es. Lo he traído para ti, por si acaso no venías equipada —hizo una mueca incomoda—llámalo reconciliación.
—No lo entiendo.
—No he sido, muy injusta contigo. Creo que te he molestado demasiado, como también no fui capaz de ponerle un alto a la gran bocaza de Leland. En verdad, lo siento.
Su palabra me tomó por la guardia baja, no me había esperado esa humildad de Jules.
—Supongo que yo tampoco lo he sido… he sido demasiado …
—Celosa—Jules se rio, sin muestras signos de estar cansada. —me causa una poco de gracia, digo…mírate eres hermosa estar celosa de un monstruo cambia formas como yo… es algo no tiene lógica.
—No estoy celosa por ese motivo—admití, no me había dado cuanta cuan fácil era soltar esas palabras, quizás porque tenía una chica que sabía todo al fin de al cabo, sin buscarle palabras rebuscada para pedir un consejo
—Entonces por qué. —Jules parecía realmente curiosa para saber el motivo.
—…Eres diferente a mí, eres valiente, fuerte, divertida… Beau se divierte contigo. —Jules no respondió quizás era por que estaba buscando las palabras no ofensivas para decirme que era una estúpida.
La trocha que había tomado era cada vez más empinada, pero eso no la hizo aminorar la marcha. Saltaba con agilidad de una roca a otra, como si no llevara peso extra. Su equilibrio era tan perfecto que me recordaba a una cabra montés.
—¿Tienes miedo de que te quite a Beau? —me preguntó.
Me encogí de hombros, con cierto sentimiento de culpa.
—No es obvio.
Jules soltó un bufido.
—Ya me lo olía yo. La más bonitas son las más tontas.
Su aclaración a pesar de que era un insulto claramente hacia mí me hizo reír. Solté una carcajada por como lo había dicho.
—No voy a tener esta conversación de…chicas mientras intento escalar, sabes —me dijo Jules, interrumpiendo mi risa.
—Creo que es un buen plan —le respondí—. Y.… de todos modos, he aceptado que me he estado comportante bastante irracional.
Jules torció el gesto.
—Irracional. No eres demasiado buena ocultando ojos en llamas.
Me encogí de hombros.
—También lo hacías apropósito. Te gusta tocar mi paciencia. ¿o no?
—Sam dijo lo mismo, me podría llegar una buenos puñetazos por romper paciencias.
Jules se echó a reír.
—Supongo que sabes que yo perdería, no—dije mostrando mi mano con cabestrillo.
Jules hizo una mueca.
No me gustaba hablar de ese día en particular, había perdido la paciencia de una manera que ni yo me había reconocido, el hermano de Sara me había dicho comentarios claramente para herirme. No había dado cuanta cuan enojada estaba asta que mi mano había dado en la mejilla de él. El chaquillo en mi mano derecha había sido claramente prueba que aun era muy humana para estar metiéndome con lo sobrenatural.
—Bueno tienes admitir que golpear a Lee no fue una idea brillante. Que esperabas que fuera un caballero cuando con suerte yo puedo controlar los temblores...
—No estaba pensando con claridad —repliqué.
—Si puedo darme cuenta en eso. Lee no quería atacarte sabes— dijo titubeando. —es algo mordaz, pero no es malo
—Puedo ver eso. —dije con sascarmo. — en especial cuando dijo, cuanto me duraría el juego con mi vampirito.
—Sobre eso… —Jules parecía algo incomoda—no es único que lo ha pensado.
—¿Significa que creen que estoy jugando con Beau? —pregunte molesta.
—La verdad es que no sabría decirlo, Edythe. Solo el no puede controlar su lengua.
—Qué hay de Paula, ella no parecía en desacuerda con él. Y no hiciste nada para pararlos.
—Ya te pedí disculpas —me recordó.
—Y yo te perdoné... casi del todo.
Murmuró algo ininteligible.
Durante un rato guardamos silencio; sólo se escuchaba su rítmica respiración y el rugido del viento en las copas de los árboles. A nuestro lado se erguía un escarpado farallón de piedra gris. Seguimos por su base, que se alejaba del bosque dibujando una curva ascendente.
—Julie Black —dijo Jules de pronto. —quería mucho a Beau, ella solo quería fuera feliz. Por eso no fue detrás de Carine Cullen, porque podía ver que alguien podía hacerlo sonriera… entonces si para ti esto es un juego…
—No sé de qué estás hablando, pero te equivocas.
—Espero que sí.
Mantuve la voz calmada.
—Sé perfectamente lo que quiero.
—Entonces no sería tan malo que lo confirmaras.
—Él te ha dicho algo.
En mi voz había un timbre de pánico.
—Como si fuera tan difícil no poder leer a ese chico. Sus emociones están tan escritas en su cara, debería darle vergüenza por ser tan ingenuo. Solo digo que deberías ver como el te ve como si fueras su satélite personal.
—Y no quieres que salga lastimado—confirme
—Es un chupasangre, pero… simplemente no puedo odiarlo como lo haría con los demás.
—Me pregunto por qué será. —intente que mi tono no sonara celoso, pero claramente estaba fracasando si Jules se rio.
—A veces, pienso eres masoquista, él no te cambiaria, el ni siquiera me ha mirado como te mira a ti.
—Y según tu como te mira
Frunció los labios con gesto pensativo.
—Me ve como la chica con la puede tener una amistad, al mismo tiempo una parte importante de Julie Black, pero se no soy su desplazo. Solo le caigo bien.
Respiré hondo antes de hablar.
—Si, tiene sentido
Una mirada divertida cruzo en cara de Jules.
—Aunque también puede ser físicamente, digo, soy una belleza
—¿Cómo podría alguien no tenerte presente físicamente, Jules? —le seguí el juego—. Eres un monstruo gigante que se niega a respetar el espacio vital de los demás.
—A veces lo pongo nervioso. Cuando me acerco mucho a él.
—El nerviosismo no es lo mismo que la incomodidad.
Soltó una carcajada y empezó a aligerar el ritmo de nuevo.
—Prefiero no pelearnos por el bien de tu vampiro. En cualquier otro momento me daría igual, pero mañana los dos tenemos un trabajo que hacer, y no quiero un Cullen preocupado porque su noviecita se moleste sin razón alguna.
Un repentino ataque de vergüenza hizo que se me demudara el gesto.
—Lo sé, lo sé —me dijo, malinterpretando mi expresión—. Crees que apartaría ese problema para seguir luchando, tu gran guerrero.
Me sentía incapaz de hablar.
—¿Qué te pasa, Edythe? —su gesto dejó de ser la burlona—. Si he dicho algo que te ha molestado, quiero que sepas que sólo estaba bromeando. No era mi intención decir nada que... Oye, ¿estás bien? No te vas a desmayar—
Intenté dominarme.
—No me voy a desmayarme.
—¿Qué es lo que he dicho?
—No es nada que hayas dicho, es... Es por mi culpa. He hecho algo... terrible.
Parresia aturdida como sus hombros se tensaron
—Beau no va a luchar mañana —le expliqué en susurros—. Le he obligado a quedarse conmigo. ¡Soy una cobarde asquerosa!
Jules arrugó el ceño.
—¿Y crees que no va a salir bien? ¿Piensas que te van a encontrar aquí? Le dije no debía…
—No, no. Eso no me da miedo. Es que... no puedo dejarle ir. Si no regresara... —me estremecí, y tuve que cerrar los ojos para ahuyentar esa idea.
Jules se quedó callado. Yo seguí hablando, sin abrir los ojos y en voz baja.
—Pero tenía que hacerlo, tenía que convencerle de que se quedara conmigo. Estoy segura de que él no me lo va a echar en cara, pero yo sabré siempre qué cosas soy capaz de hacer —me sentí un poco mejor al purgar todo eso de mi interior, aunque tan sólo se lo pudiera confesar a Jules.
Ella resopló. Abrí los párpados despacio.
—No puedo creer que haya dejado que le convenzas para que no participe. Yo no me perdería esto por nada del mundo.
—Lo sé.
—Todo va a ir como la seda.
Al ver que arrugaba la nariz, me entro la duda.
—No estamos muy lejos. Puedo olerle.
Suspiré aliviada.
Jules se rio
—Iría más despacio, Edythe, pero supongo que querrás estar a cubierto antes de que eso se nos venga encima.
Las dos levantamos la mirada al cielo.
Por el oeste se acercaba un sólido muro de nubes púrpura, casi negras, y el bosque se sumía en sombras a su paso.
—¡Guau! —murmuré—. Será mejor que te des prisa, Jules. Querrás llegar a casa antes de que la tormenta descargue.
—No me voy a casa.
Me quedé mirándole, exasperada.
—No vas a acampar con nosotros.
—Si te refieres al pie de la letra, no, no pienso meterme en vuestra tienda. Prefiero la tormenta antes que ese olor. Pero seguro que Beau querrá mantenerse en contacto con la manada para coordinar las acciones, así que yo, amablemente, voy a facilitarle ese servicio. Y soy la única que aguanta más el olor
—Creía que ése era el trabajo de Sera.
—Ella se hará cargo de ese cometido mañana, durante la batalla.
Cuando me la recordó, guardé silencio por un instante.
En ese momento, el viento sacudió con fuerza los árboles, tan gélido como si bajara soplando de un glaciar. Los fuertes crujidos de la madera resonaron en el monte. Aunque la luz se debilitaba a medida que aquella tenebrosa nube cubría el cielo, pude distinguir unos pequeños copos blancos que revoloteaban sobre nosotros.
Jules apretó el paso y concentró toda su atención en el suelo mientras corría a toda velocidad. Me aprete con su espalda para protegerme de aquella molesta nevada.
Minutos después, Jules llegó al lado de sotavento del farallón, y vimos la pequeña tienda montada contra la pared de roca, al abrigo de la tempestad. Los copos caían en remolinos sobre nosotros, pero el vendaval era de tal intensidad que no dejaba que se posaran en ningún sitio.
—¡Edythe! —gritó Beau con alivio. Le sorprendimos dando paseos nerviosos por aquel reducido claro.
Apareció a mi lado como un rayo, tan rápido que apenas lo vi como un borrón. Jules se encogió sobresaltado, y después me dejó en el suelo. Beau hizo caso omiso a su reacción y me abrazó con fuerza.
—Gracias —dijo Beau por encima de mi cabeza. Su tono era sincero—. Has sido más rápida de lo que me esperaba. Te lo agradezco de veras.
—Hemos tenido una conversación muy de chicas, hasta nos queríamos pintar las uñas de los pies.
Beau se rió mientras me guía a la tienda
Jules alzó la mirada al cielo, que ahora estaba negro por la tormenta y salpicado de remolinos de nieve. Sus ollares se ensancharon.
—Voy a transformarme —anunció—. Quiero saber cómo va todo por casa.
Colgó el abrigo en una rama corta y ancha y se adentró en las tinieblas del bosque sin volver la vista atrás.
Espero que les haya gustado.
