Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.

aviso:

Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.

Esta es una historia ficticia.


Necesidades

No llegué muy lejos antes de darme cuenta de que la conducción se había convertido en algo imposible.

Cuando ya no podía ver más, dejé que las ruedas se deslizaran sobre el arcén lleno de baches y reduje la velocidad hasta detenerme. Me derrumbé sobre el asiento y me dejé dominar por la debilidad que había controlado en la habitación de Jules. Había sido peor de lo que pensaba y tan fuerte que me tomó por sorpresa. Y sí, había hecho bien en ocultárselo a Jules. Nadie debía saber esto jamás.

Pero no estuve sola durante mucho tiempo, sólo el necesario para que Archie me descubriera allí y los pocos minutos que tardó él en llegar. La puerta chirrió al abrirse y Beau me abrazó con fuerza.

El no dijo nada y me dejó sollozar hasta que empecé a barbotar el nombre mi madre.

—¿Estás preparada para volver a casa? ¿De veras? —me preguntó, dudoso.

Me las arreglé para convencerle, después de varios intentos, de que no me iba a sentir mejor a corto plazo.

Así que me llevó a casa, por una vez sin llegar al máximo de velocidad de mi coche, manteniendo el brazo firmemente apretado a mi alrededor. Intenté recobrar el control a lo largo de todo el camino. Pareció un esfuerzo inútil al principio, pero no me di por vencida.

Me dije que era cuestión de unos pocos segundos -el tiempo justo para dar unas cuantas excusas o inventar unas cuantas mentiras- y entonces podría derrumbarme otra vez. Tenía que ser capaz de lograr al menos eso. Busqué a duras penas por todo mi cerebro, un desesperado intento de encontrar una reserva de fuerza en alguna parte.

Al final, hallé la suficiente para apagar los sollozos, o disminuir su fuerza al menos, aunque no pudiera acabar con ellos del todo. Las lágrimas no hubo forma. No había ninguna triquiñuela por ninguna parte capaz de ayudarme a controlarlas de ningún modo.

—Espérame arriba —murmuré cuando llegamos a la puerta de la casa.

Me abrazó con más fuerza aún durante un minuto y se marchó. Una vez dentro, me dirigí en línea recta hacia las escaleras.

—¿Edythe? —me llamó mamá, desde su lugar habitual en el sofá, cuando pasé de largo.

Me volví para mirarle sin hablar. Se le salieron los ojos de las órbitas y se puso en pie de un salto.

—¿Qué ha pasado? —inquirió con voz preocupada.

Sacudí la cabeza con furia mientras intentaba hallar la voz.

—Está bien, está bien —le prometí, en un tono bajo y hosco.

—Pero ¿qué ha pasado? —me agarró por los hombros, con los ojos aún dilatados y llenos de angustia—. ¿Qué es lo que te ha pasado a ti?

Debía de tener un aspecto mucho peor de lo que imaginaba.

—Nada, mamá. He.… tenido que hablar con Beau sobre... algunas cosas un poco difíciles. Estoy bien.

Su ansiedad se calmó y fue sustituida por la desaprobación.

—¿Qué ha pasado? —me preguntó.

—He sido tan egoísta—dije hipeando, incapaz de controlar mi llanto. — tan malditamente egoísta.

Sacudió la cabeza con lentitud.

—Cariño, si no me dices que ha pasado, no voy a poder a entenderte —no le contesté. —¿Tú y Beau…siguen juntos? —asentí temblorosamente.

—No podría apartarme de su lado nunca —mascullé.

Mamá suspiró.

—El... Tubo una vida complicada, antes de llegar a manos de su tía—dije modificando la historia—Lo lastimaron muchas veces, y…—mi voz se rompió—yo solo lo he lastimado, una y otra vez, poniendo mis deseos antes de lo que sentía, preferí hostigarlo para que me contara sobre su …exnovia sin pensar cuanto le lastimaba hablar de ella… y he sido tan… mala mamá.

Sentí cómo iba perdiendo el control.

—Hey, cielo—dijo mamá obligándome a sentándome a su lado— Ya hablamos de esto, no sabias…

—Si lo sabía—dije entrecortadamente—si sabía que Beau le lastimaba hablar de ese tema, que había mas que una simple amistad con la chica que el a veces hablaba… Ella lo abandono, y Beau se sintió tan solo, tan dolido, porque también tuvo que dejarla… el la amaba. Yo hice los mismo, lo abandone, lo deje.

Mamá no dijo nada para calmarme, creo que ella podía ver atreves de mí, porque lo menos que quería ahora era que me digieran que lo había hecho por una buena razón, no, nada había justificado mi error de hacer sentir así de nuevo Beau. Ella no me soltó, creo había pasado 10 minutos que había decidido que era ahora de subir a mi habitación.

—Estaré en mi cuarto —le dije, sacudiendo los hombros para desprenderme de sus manos.

—Vale —admitió Mamá. Se daba cuenta que en este momento necesitaba estar sola, al menos para pensar.

Hice todo el camino hasta mi habitación a ciegas y dando tumbos. Una vez en el interior, luché con el cierre del cabestrillo, intentando soltarlo con los dedos temblorosos.

—No, Edythe —susurró Beau mientras me cogía las manos—. Esto es parte de quien eres.

Me empujó dentro de la cuna de sus brazos cuando los sollozos se liberaron de nuevo.

Ese día, que se me había hecho el más largo de mi vida, no hacía más que estirarse y volverse a estirar y me preguntaba si alguna vez se acabaría.

Pero, aunque la noche, implacable, se me hizo larguísima también, no fue la peor de mi vida. Me consolé pensando en eso, y además... no estaba sola. Y también encontraba muchísimo consuelo en ello.

Los estallidos emocionales aterraban a mi madre. El pánico le mantuvo alejada de mi habitación y le coartó su deseo de ver cómo estaba, aunque no paré quieta y ella, probablemente, no durmió mucho más que yo. Ella a pesar de estar mas lejos de mi emocionalmente, sabia cuanto debía darme mi espacio.

De una manera insoportable, esa noche vi con total claridad las cosas en perspectiva.

Pude darme cuenta de todos los errores que había cometido y todos los detalles del daño infligido, tanto los grandes como los pequeños. Cada pena que le había causado a mamá, cada herida de las que había ocasionado a Beau, se apilaban en nítidos montones que no podía ignorar ni negar.

Y me di cuenta de que había estado equivocada todo el tiempo sobre los imanes. No era a Beau y a Jules a los que había tratado de separar, sino que eran aquellas dos partes de sí mismo, el Beau de Julie y mi Beau. Pero juntas debía coexistir y nunca debí intentar separarlas.

Con eso, querer separarlos solo había causado más daño.

Me había hecho creer que yo no serio como el pasado de Beau, que yo no lo lastimaría nunca. Me comportado aun peor que todas esas personas que lo lastimaron, porque yo estaba consciente que estaba sanando de esas heridas.

Quería amarlo mejor de lo que podía, quería pensar si yo sacrificaba mi amor por él, eso demostraría que mi amor no era del tipo feo y egoísta. Quería que mi amor fuera lo suficiente fuerte como para fuera desinteresado. Pero estaba tan ciega y estúpida por mostrar mi sacrificio, no me vi que esta cometiendo lo peor que podía haberle hecho, actuando de manera egoísta, mintiéndole, traccionándolo para que yo pueda convertirme en mártir.

Beau habló muy poco; se limitó a abrazarse a mí en la cama y me dejó que le estropeara la camiseta con mis lágrimas.

Necesité más lágrimas y más tiempo del que pensaba para purgar mi egoísmo. A pesar de todo, sucedió que al final estaba lo suficientemente exhausta como para quedarme dormida. La inconsciencia no supuso el total alivio del dolor, sólo un torpe descanso parecido al sopor, como si fuera una medicina que lo hizo más soportable; pero las cosas quedaron como estaban, y seguí siendo consciente de ellas, incluso dormida, aunque me ayudó a hacerme a la idea de lo que necesitaba hacer.

La mañana trajo con ella, si no una visión más alegre, al menos un cierto control, y un poco de resignación. De forma instintiva, comprendí que esta nueva desgarradura en mi corazón me dolería siempre, convirtiéndose ahora en parte de mí misma. El tiempo lo curaría todo, o al menos eso es lo que la gente suele decir, pero a mí no me preocupaba si el tiempo me curaba o no. Lo que importaba era que Beau volviera a hacer feliz.

No sentí ningún tipo de desorientación cuando me desperté. Abrí los ojos, secos por fin, y me topé con la mirada de Beau, llena de ansiedad.

—Hola —le dije. Tenía la voz ronca, así que me aclaré la garganta. Él no contestó. Me observó, esperando que comenzara de nuevo—. No, estoy bien —le aseguré—. No voy a empezar otra vez —entrecerró los ojos ante mi afirmación—. Siento que hayas tenido que presenciar esto —comenté—. No me parece justo para ti.

Puso las manos a cada lado de mi rostro.

—Edythe, ¿estás segura de que fue correcto que supieras toda la verdad? No tienes por qué sufrir por mí, ya lo he olvidado... —se le quebró la voz en la última palabra.

Pero él sabía que eso no era todo cierto, quizás había olvidado o se recuperó de ruptura de Julie, pero yo había abierto ese dolor de nuevo cuando me fui, tomaría años antes que volviera a cerrarse esa herida.

Le toqué los labios.

—Sí.

—No sé... —arrugó el entrecejo—. Si te duele tanto, quizás hubiera sido mejor vivir en la ignorancia

—Beau, tengo claro que comité ese error, lo minino que merezco saber toda la verdad.

—Pero...

Sacudí la cabeza.

Aún parecía poco convencido. No debería haberle dejado quedarse conmigo la noche anterior, pero le necesitaba tanto...

—Acércame ese libro, ¿quieres? —le pedí, señalando por encima de su hombro.

Frunció las cejas, confundido, pero me lo dio con rapidez.

—Dijiste que note gustaba —dijo.

—Sólo quería encontrar esa parte que recordaba... para ver con qué palabras lo expresa el... —pasé las páginas deprisa, y encontré con facilidad la que buscaba. Había doblado la esquina superior, ya que eran muchas las veces que había repetido su lectura—Heathcliff también tiene sus aciertos —comente.—. «¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!».

Beau me arrebató el libro de las manos y lo lanzó limpiamente a través de la habitación, aterrizando con un suave golpe sordo sobre mi escritorio. Enrolló los brazos alrededor de mi cintura.

Una pequeña sonrisa iluminó su rostro perfecto, aunque la preocupación aún se notaba en la frente.

—Cathy es un monstruo, pero hay algunas cosas en las que tiene razón — murmuro, el no necesitaba el libro para saberse el texto a la perfección, me estrechó más aún entre sus brazos y me susurró al oído —. «Si todo pereciera y él se salvará, yo podría seguir existiendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo entero se convertiría en un desconocido totalmente extraño para mí» —asintió, para sí mismo—. Comprendo a la perfección lo que ella quiere decir, y también sé sin la compañía de quién no puedo vivir.

—Sí —le contesté en voz baja—. Ése es el tema.

—Edythe, no puedo soportar que te sientas tan mal. Quizá...

—No, Beau. He convertido todo esto en lio, tomando decisiones sin ser capaz de conversar contigo como corresponde, no fui capaz ver cuan incomodo te sentías de hablar de tu Julie, aun así, intente tantas veces de que alejarte de tu pasado, no ser capaz de amarlo, porque no había estado ahí, solo cause más dolor.

El permaneció callando por unos segundos, para después suspirar, abrazarme acogedoramente. Después de unos minutos hablo.

—No te mentí, cuando te dije que fuiste mi primer amor…

—Lo sé, solo que fui tu primer amor siendo un vampiro…cosa que es peor que lo de Julie—Admití sintiendo el nudo en la garganta, el suspiro para verme a la cara. Ya no quedaba más que hablar, sabia ahora no era momento para seguir en remordimiento, porque cuando volvió hablar Beau, sabía que sería de otro tema.

—Tengo arreglar unas cosas, quieres acompañarme.

—¿Y qué es lo que vamos a hacer ahora?

Sonrió un poco ante mi corrección y después suspiro.

—Vamos a ver a Archie.

Pov Beau

Archie estaba sentado en el primer escalón del porche, demasiado nervioso para esperarnos dentro. Parecía a punto de comenzar un baile de celebración, y estaba muy excitado con las noticias que sabía que habíamos ido allí a comunicarle.

—¡Gracias, Beau! —gritó en cuanto bajamos del coche.

—Tranquil, Archie —le advertí, levantando una mano para contener su júbilo—. Te voy a poner unas cuantas condiciones.

—Ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé. Tengo hasta el trece de agosto como fecha máxima, tienes poder de veto en la lista de invitados y no puedo pasarme en nada o no volverás a hablarme jamás.

—Oh, vale. Está bien. Entonces, ya tienes claras las reglas.

—No te preocupes, Beau, todo será perfecto. Edythe ¿Quieres ver tu vestido?

Tuve que respirar varias veces seguidas. Cualquier cosa que lo haga feliz, me dije a mí mismo. No quería un Archie jodiendo mi trasero por los próximos décadas.

—Seguro.

Edythe sonrió un poco, aun podía ver la pena en sus rasgos, odiaba ver como su sonrisa estaba marcada por el dolor, y por el cansancio.

La sonrisa de Archie estaba llena de suficiencia.

—Esto, Archie —comenté, intentando mostrar un tono de voz natural, sereno—, ¿cuándo le conseguiste el vestido?

Seguramente no valió mucho como actuación. Edythe me apretó la mano.

Archie encabezó la marcha hacia el interior, subiendo las escaleras.

—Estas cosas requieren su tiempo, Beau —-explicó, aunque su tono era algo... evasivo—. Quiero decir que no estaba seguro de que las cosas fueran a tomar este rumbo, pero había una clara posibilidad...

—¿Cuándo? —volví a preguntarle.

—Perrine Bruyere tiene lista de espera, ya sabes —me contestó ya a la defensiva—. Las obras maestras artesanales no se hacen del día a la noche. Si no lo hubiera pensado con antelación, ¡llevaría puesta cualquier cosa!

No parecía que fuera capaz de dar una réplica en condiciones, ni siquiera por una vez.

—Per... ¿quién?

—No es un diseñador de los importantes, Beau, así que no es necesario que pilles una rabieta, pero él me prometió que lo haría y está especializado en lo que necesito.

—No estoy cogiendo una rabieta.

—No, tienes razón —miró con suspicacia mi rostro en calma. Así que mientras Edythe entraba en su habitación, se volvió hacia mi—. Tú... fuera.

—¿Por qué? —le pregunté.

—Beau —gruñó—. Ya conoces las reglas. Se supone que no puedes ver el vestido hasta el día del evento.

Volví a respirar hondo.

—Tu no cumpliste esa tradición, sino que tú mismo deseñaste el vestido de Jess. —el frunció el ceño.

—Es diferente, ella hubiera escogido un vestido que no le hubiera gustado. Estaría arrepentida de nuestra boda cuando viera todos esos vestidos lindos que hay hoy en día, no iba permitir mi chica se deprimiera para el resto de su existencia.

Me empujó hacia la puerta. Ella ni siquiera le dedicó una mirada, ya que no me perdía a mí de vista, recelosa, preocupada por dejarme solo. Yo asentí, esperando que mi expresión fuera lo bastante tranquila como para insuflarle seguridad.

Archie le cerró la puerta.

—Creí nunca estarías fuera de esa puerta—dijo Royal recostado en marco de la puerta. —siempre estuviste adentro para todos los matrimonios acompañando a las novias.

—Yo lo llamaría siendo arrastrado—dije riendo—Si, supongo que todos pensaban que nunca me casaría— avanzando por los pasillos casi perezosamente, aunque seguí preocupado por Edythe—donde está el resto.

—Earnest esta abajo hojeando un catálogo de decoración, mientras Jessamine está intentado explicarle Eleonor que vestido debe usar para la boda.

—Jess está explicando que vestido usar—dije incrédulo parando en seco, viendo a Royal con una ceja alzada—ya va, también va ayudar en la decoración de la boda.

—No pidas tanto—Royal se rio mientras me guiaba hasta su habitación, —supongo cuando vives con alguien tan a la moda, se te pega. Te puedo asegurar que Archie te puede recitar toda la historia de Texas, como yo te puedo decir los mejores partidos de beisbol y futbol americano.

Cuando llegamos a su habitación el se sentó en unos de sus sillones individuales, para que yo me sentara al que estaba al frente, quedamos en unos segundos en silencio hasta que hable.

—Ella sabe sobre Julie…

Royal hizo una meca algo molesta, aun estaba sentido sobre cómo no había confiado en contar esa parte de mi vida a nadie, ni si quera Carine lo sabía. Había sido en unas de mis pesadillas cuando, Edythe se marchó, había soñado con Julie alejándose, sin mirar atrás nunca. En un momento cuando desperté gritando había soltado todo sin darme cuenta de que ellos no lo sabían.

—Bien, supongo que tendrá que superarlo—dijo sin mucha ceremonia, bufe un poco. Quizás hubiera sido mas conveniente que hablara con Archie.

—No lo entiendes, ella se siente culpable, Royal, no quiero que sufra. Porque quería que ella sufriera por algo paso hace mucho tiempo.

—Porque quizás ella hizo lo mismo, no lo sé Beau quizás el que debería pensar mejor las cosas eres tú, que siempre te culpas de todo, por que no dejas que ella solo asuma algo de culpa y dejas vivir con eso, apóyala, intenta que ella se sienta un poco mejor. Pero deja que ella olvide por sí misma, en vez que sea acosta de tu dolor.

—Tu dejarías que Eleanor sufriera sin hacer nada—dije algo molesto, Royal negó suspirando.

—No, pero no puedo hacer mucho con su tristeza, lo único que puede hacer en esos casos tratarla de animarla, hacerle saber que estarías ahí, pero no trates de asumir la culpa que no te pertenece, por que sabes que eso la hará sentirse peor—mire el suelo por unos segundos —¿me entiendes?

—Si—musite—solo…me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes.

—Las cosas nunca han sido fáciles para ti, —dijo con una sonrisa cálida—pero como te dije esa vez, creo que eres único que puede con esto. Si a veces sientes que no puedes siempre nos tendrás a nosotros… y a ella ahora.

—Gracias—dije sinceramente, me sentía mejor cuando hablaba con Royal—hablando de bodas—dije sonriendo—te sabes la marcha nupcial en el piano.

—Es una manera muy típica de ti pedirme que toque en tu boda. —dijo sonriendo—aunque la próxima vez me va a tocar ser tu padrino.

—Tenlo por seguro, aunque no me voy a estar cansando cada 5 años—dije bufando. Cuando Royal se caso con Eleanor la primera vez, me había tocado ser el que tocara la marcha nupcial con mi violin, Royal había estado tan molesto por que no iba tener su propia orquesta en su boda, tenia conformarse con la mala calidad de la toca disco, que había decidio yo tocar en ella.

—Hablando de eso, Archie sabe que será el padrino—dijo Royal como esperando que digiera no, lo mire incrédulo. Archie no sabiendo que iba ser algo relacionado con él, debía ser una estupidez. —no ha dicho nada, tampoco me ha mostrados su atuendo para la boda… conoces a Archie su boca no tiene filtro.

—Nunca lo has confirmado, y pensado en la posibilidad—dijo Jess en el marco de la puerta, me di la vuelta para ver como venia con ropas holgadas, la moda de mi hermana era ponerse mi ropa—Archie ha estado muy emocionado con la boda que se estaba transformando en humano de vez en cuando, le vas a dar una de pocas sorpresas que ha tenido.

—No le confirmado, por que es un hecho—dije sin creer que Archie no supiera.

—Creo que ya terminaron—dijo Royal echándome de su habitación. —vete, se alguien clásico alguna vez, pide bien su mano. —me reí cuando salí por la habitación. Volviendo a donde estaba Archie y Edythe, la puerta fue abierta cuando salio Edythe de ahí con una sonrisa mas emocionada, pareciera que le gusto el vestido que Archie había escogido para ella.

—Bien te toca—dijo Archie emocionado, jalándome hacia la habitación. Mire a Edythe con sonrisa de disculpa, mientras ella sonría más relajada. Archie cerró la puerta casi en las narices a Edythe.

—¡Estupendo! —murmuró—. Vamos.

Me cogió de la muñeca y me arrastró hasta su armario, mayor que todo mi dormitorio, y después tiró de mí hasta la esquina más lejana, donde dos grandes bolsas blancas para ropa ocupaban sola todo un perchero.

Abrió la cremallera de una de las bolsas con un solo movimiento y después la retiró con cuidado de la percha. Dio un paso hacia atrás, alargando un brazo hacia el como si fuera el presentador de un programa de concurso.

—¿Y bien? —me preguntó casi sin aliento.

Yo lo admiré durante un buen rato para hacerlo rabiar un poco. Su expresión se volvió preocupada.

—Ah —comenté, y sonreí, dejando que se relajase—. Ya veo.

—¿Qué te parece? —me exigió.

Era traje boda para hombre, tenía saco de color blanco, con cola que formaba V, pero solo con un botón para enmarcar la cintura del sujeto. La camisa era una suave tela, con pequeños botones de color negro. Pero si uno se fijaba bien se podía ver los detalles de los botones que había sido decorados a mano. Tenía una humita de color negro, y un pantalón del mismo tono.

—Es perfecto, claro. El más apropiado. Eres un genio.

Él sonrió abiertamente.

—Ya lo sé.

—¿Mil ochocientos cuarenta ocho? —intenté adivinar. —pero más moderno le has quitado el chaleco de abajo.

—Más o menos —admitió el, asintiendo—. En parte es diseño mío, la camisa, los botones... —acarició los botones negros con adornos hechos a mano mientras hablaba— ¿te gusta?

—Es precioso. Todos les va a gustar mucho.

—¿Y a ti también te parece bien? —insistió el.

—Sí, Archie, eso creo. Me parece que es justo lo que necesito. Y sé qué harás un magnífico trabajo con todo, pero si pudieras controlarte un poquito...

Sonrió encantado.

—¿Puedo ver traje? —le pregunté.

El parpadeó, con el rostro blanco.

—¿No pediste tu traje al mismo tiempo? No quiero que mi padrino lleve puesto un trapajo cualquiera —hice como si me estremeciera de espanto.

El salto hacia mí para darme un gran abrazo.

—¡Gracias, Beau!

—¿Cómo no has podido ver lo que se nos venía? —bromeé, devolviendo su abrazo—. ¡Pero qué clase de psíquico eres tú!

Archie se retiró bailoteando, y su rostro se iluminó con entusiasmo renovado.

—¡Tengo tanto que hacer! Vete a jugar con Edythe. He de ponerme a trabajar.

Salió disparado fuera de la habitación y gritó «¡Earnest!» antes de desaparecer.

Yo la seguí a mi propio paso. Edythe estaba esperándome en el vestíbulo, apoyado contra la pared revestida con paneles de madera.

—Eso ha estado muy bien, pero que muy bien por tu parte —me sonrió.

—El parece feliz —admití.

Le tocó la cara; tenía los ojos muy sombríos, ya que había pasado mucho tiempo desde que me dejó, y escrutaron mi rostro minuciosamente.

—Salgamos de aquí —sugirió de súbito—. Vámonos a nuestro prado.

La idea sonaba bastante atractiva.

—Espero no tener que escondernos, ¿o sí?

—No. El peligro lo dejamos aquí.

Mientras corría, mantuvo una expresión serena, pensativa. El viento me azotaba la cara, más cálido ahora que la tormenta había pasado del todo. Las nubes cubrían el cielo, según su costumbre habitual.

Ese día, el prado tenía un aspecto pacífico, el de un lugar feliz. Matojos de margaritas a punteaban la hierba con una explosión de blanco y amarillo. Me tumbé, sin hacer caso a la ligera humedad del suelo y estuve intentando reconocer formas en las nubes. Parecían demasiado lisas, demasiado suaves. Sin figuras, sólo una manta suave y gris.

Edythe se echó a mi lado y me cogió la mano.

—¿El trece de agosto? —me preguntó de forma casual después de un rato de silencio apacible. —es una buena fecha.

Ella suspiró.

—¿Y el veto a la lista de invitados?

—La verdad es que no me importa, pero yo... —dudé, ya que no quería extenderme en la explicación, aunque era mejor terminar de una vez—. No estoy segura de sí Archie se va a sentir en la obligación de invitar a unos cuantos licántropos. No sé si... a Jules le daría por... por querer venir. Bien por pensar que sería lo correcto, o porque creyera que heriría nuestros sentimientos de no hacerlo.

Edythe se quedó quieta durante un minuto. Fijé la mirada en las puntas de las copas de los árboles, casi negras contra el gris claro del cielo.

De repente, Edythe se subió encima mío y se colocó sobre mi pecho.

—Dime por qué estás haciendo esto, Beau. ¿Por qué has decidido ahora darle carta blanca a Archie?

Le repetí la conversación que había tenido con su madre la noche anterior antes que ella fuera conversar con Julie.

—No sería correcto mantener a tu madre al margen de la boda —concluí—, y eso incluye a Earnest y Carine. Por otro lado, también quiero hacer feliz a Archie. Quizá haría que todo fuera más fácil para tu madre si pudieras despedirte de ella de una forma apropiada. Incluso aunque piense que es demasiado tiempo, no quiero escatimarle la oportunidad de acompañarte en la boda —hice una mueca ante las palabras y después inhalé un gran trago de aire—. Al menos, tu mamá y nuestros amigos conocerán el aspecto mejor de tu elección, lo máximo que puedo compartir con ellos. Sabrán que te me has escogido y sabrán que estamos juntos. Sabrán también que somos felices, esté donde estés. Creo que es lo mejor que podemos hacer por ellos.

Edythe me sujetó el rostro entre sus manos, observándolo atentamente durante un buen rato.

—No hay trato —comentó de forma abrupta.

—¿Qué? —jadeé—. ¿Te estás echando atrás?

—No me estoy echando atrás, Beau. Mantendré mi lado del acuerdo, pero quiero librarte del atolladero. Haz lo que quieras, sin sentirte atado por nada.

—¿Por qué?

—Beau, ya veo lo que estás haciendo. Estás intentando hacer que todo el mundo sea feliz y no quiero que andes preocupada por los sentimientos de los demás. Necesito que tú seas feliz. No te inquietes por Archie, ya me ocuparé yo de eso. Te prometo que no te hará sentir culpable.

—Pero yo...

—No. Vamos a hacer esto a tu manera. A la mía no ha funcionado. Te he llamado cabezota, pero mira cómo me he comportado yo. Me he apegado con una obstinación verdaderamente idiota a lo que consideraba mejor para ti, y sólo he conseguido herirte. Herirte muy hondo una y otra vez. Ya no confiaré más en mí. Sé feliz a tu manera, ya que yo siempre lo hago mal. Eso es lo que hay—dio un gran suspiro—. Vamos a hacer esto a tu manera, Beau. Esperare la hasta los veinte cinco para transformarme, ingresare a una carrera como abogada —apretó los dientes.

—Edythe, no...

Me puso un dedo en los labios para cerrarlos.

—No te preocupes, Beau, mi amor. Dejare que me pagues mi universidad…

—Espera, espera —dije desesperado

—No será por mí —murmuró despechada.

Todo en mi mundo tenía que ver con ella. Vaya tontería esperar lo contrario.

—Edythe, esto es muy importante para mí. Y quiero hacerlo bien.

—¿Y cuál es tu definición de «bien»?

—La mía.

Me miró fijamente, con una expresión de desaprobación.

—¿Y cómo piensas hacer esto bien?

Inspiré en profundidad.

—De forma responsable. Todo a su tiempo. No voy a dejar a tu madre y a mis padres sin lo mejor que les pueda ofrecer. No voy a privar a Archie de su diversión, si de todas formas me voy a casar. Y me ataré a ti de todas las formas humanas que haya antes de que seas inmortal. Quiero cumplir todas las reglas, Edythe. Tu alma para mí es muy importante, demasiado importante para tomármela a la ligera. Y no me vas a hacer cambiar de opinión en esto.

—Te apuesto a que sí podría —murmuró, con los ojos llenos de fuego.

—Pero no lo harás —le repliqué, intentando mantener mi voz bajo control—. No si sabes que esto es lo que quiero de verdad.

—Eso no es jugar limpio —me acusó.

Le sonreí abiertamente.

—Nunca dije que lo haría.

Ella me devolvió la sonrisa, con una cierta nostalgia.

—Si cambias de idea...

—Serás la primera en saberlo —le prometí.

Las nubes empezaron a dejar caer la lluvia justo en ese momento, unas cuantas gotas dispersas que sonaron con suaves golpes sordos cuando se estrellaron contra la hierba.

Fulminé al cielo con la mirada.

—Vamos a casa —me limpió las pequeñas gotitas de agua de las mejillas.

—La lluvia no es el problema —refunfuñe—. Esto sólo quiere decir que es el momento de hacer algo que va a ser muy importante para mí, no importa si llueve quiero que recuerdes este día.

Hice que ella se levantara, para yo poder agachanme, y poner una rodilla en suelo. Saque el anillo que le había pertenecido a Edythe Masen, al cual le había pedido como me había dicho Carine que debía hacerlo.

—Señorita Masen, si sus sentimientos siguen siendo los mismos dígamelo, mi afecto y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me silenciara para siempre. Sin embargo, si sus sentimientos han cambiado, debo decirle ha embrujado usted mi cuerpo y mi alma y que la amo…la amo… la amo y que ya nada podrá separarme de usted—abrí a la cajita azul donde estaba el anillo—¿quieres casarte conmigo?

No era la mejor propuesta del mundo, podía decir que mi familia se había esmerado en pedidas de matrimonio. Estaba seguro que hombre romántico me hubiera dado una buena patada en trasero por como había solo dicho un trozo de Orgullo y prejuicio.

Aunque yo pensara que mi pedida de matrimonio había sido una de mas pobres que pudiera existir, ella asintió en sollozos de nuevo, pero me alegraba que estaba vez eran lágrimas de felicidad y no de tristeza, me levante sonriendo.

Y deslice el anillo en su lugar, en el tercer dedo de su mano izquierda.

Donde probablemente estaría... durante toda la eternidad.


La patata anonima.

No se tu, pero yo estaba esperando el maldito meteorito (si soy bastante depresiva).

Hum, esto si fue tirar la bomba que no se esperaba del capítulo. Hay un cambio claramente en Beau y Bella, si.

A Diferencia de Beau que si llego tener sentimiento reales hacia su julie, Bella no nunca pudo siquiera pensar si amaba a su Jacob. No se si lo deje realmente claro, pero Edythe fue a la casa de Jules, ha saber toda la verdad, ya que Beau solo conto que si habia enamorado como humano, pero eso habia quedado atras.

Espero que te haya gustado el capitulo, por que aqui cierro con eclipse, continuo con capítulos de Amanecer. Me gusta poner a Royal como ese gran hermano mayor serio, pero necesitas en tu vida :3