Summary: En un vació infinito, se encontraba una figura humanoide que resplandecía un gran poder divino, observando continuamente por distintos espejos flotando a su alrededor, el destino de diferentes mundos. Cuando un día se le ocurrió la idea de unirlos a través de una sola persona con habilidades únicas, como un experimento para apaciguar su eterno aburrimiento.
Fandom: Percy Jackson / Harry Potter / Dragon Ball
Disclaimer: Todos los derechos de Percy Jackson y Harry Potter pertenecen a Rick Riordan y J. K. Rowling. Los derechos del anime Dragon Ball al mangaka Akira Toriyama, pero tanto el personaje principal como la historia misma es completamente de mi imaginación, salvo algunas partes que sí aparecen en los libros y en el anime.
Nota de la autora: ¡Hola a todos! Aquí les dejo un nuevo capítulo de esta grandiosa aventura, espero que les guste.
Los flashback, sueños y enlaces dentro de la historia estarán en cursiva.
Cambiando el destino de dos mundos
Capítulo 1: Combato una vaca mutante con esteroides
Seguíamos dentro del coche, pasando de manera rápida a través de la oscura carretera con la lluvia golpeando fuertemente en el techo, dirigiéndonos a quien sabe dónde, y para acabar con la guinda del pastel, estoy rodeada de personas que apenas acabo de conocer ¿Cómo puedo confiar plenamente en ellos? Pues desde el primer momento en que los conocí, tengo el presentimiento de que no son mala gente, y si algo he aprendido en todas mis aventuras, es que siempre debo confiar en mis instintos ¿Me pueden llamar ingenua? Tal vez, pero siempre he confiado fácilmente en los desconocidos y al menos que me demuestren lo contrario, los consideraría como mis amigos, incluso si no los conozco por mucho tiempo.
Otro punto de mi confianza es la madre del chico azabache, admiró la gran valentía y determinación que está demostrando, no cualquier persona arriesgaría su vida para mantener a su hijo a salvo del peligro inminente, por lo que no pude evitar comparar esta situación con el día en el que mi abuelito Gohan, se sacrificó para poder protegernos del monstruo que había en la Montaña Paoz, y me pregunté internamente si el que nos perseguía ahora mismo, sería plenamente parecido o diferente al monstruo que se enfrentó a mi abuelito.
Ese solo pensamiento hizo que una rabia repentina entrará en todo mí ser, la muerte de nuestro abuelito Gohan fue tan inesperada, que nos costó a ambos superarla, pero al menos, pudimos verlo nuevamente gracias a Uranai Baba. En ese instante supimos que mi abuelito Gohan estaba bien en el otro mundo, por lo que debería de estar contenta por él y otra cosa que no debo olvidar, es que se sacrificó por nosotros con una gran sonrisa en su rostro, sabiendo que seguiríamos adelante con nuestras vidas.
Esa sola resolución hizo que tranquilizara mi respiración, tratando de ocultar la inestabilidad de mi energía interna y de mi imprevisto cambio de humor. Al parecer mis sentimientos no pasaron totalmente desapercibidos, porqué el chico azabache puso su atención nuevamente en mí, con sus ojos verdes brillando en total preocupación.
— ¿Estás bien? — susurró el chico azabache, notándose en oleadas las ganas que tenía por averiguar lo que estaba pasando, pero eso no le impedía preocuparse por otras personas sobre sí mismo y eso me decía mucho más de él de lo que tenía pensado.
— Estoy bien... Solo fue un mal recuerdo del pasado, no te preocupes — respondí en voz baja dedicándole una pequeña sonrisa para que no notará la momentánea inestabilidad que me había causado ese repentino recuerdo en particular.
El chico azabache me sonrió algo vacilante y no volvió a sacar más el tema en cuestión, por lo que estoy inmensamente agradecida. Tal vez en un futuro cercano le hable sobre mi pasado, pero por ahora, prefiero guardármelo para mí misma y ver primero si es de absoluta confianza, claro confió en su compañía, pero todavía no estoy lista para hablar sobre mi vida.
— Percy — llamó la mujer cortando nuestro contacto visual — Hay demasiado que explicar, pero no tenemos mucho tiempo — exclamó ella teniendo toda la razón, la energía de aquel monstruo está casi sobre nosotros, y yo estando perdida en mis recuerdos del pasado. No me puedo distraer en momentos de peligro ¿Qué pasa si por un descuido mío todos salen lastimados? No me lo perdonaría fácilmente.
— Debemos llevarlos a un lugar seguro — agregó la mujer, haciendo que mirará al chico azabache para ver su expresión, encontrándome en su mirada el brillo puro de curiosidad infantil, pero también el comienzo de una tormenta por el enojo de estar en la oscuridad del asunto.
Incluso yo no sé totalmente lo que está pasando ¿Por qué aquel monstruo nos está siguiendo? Bueno… no totalmente, su verdadero objetivo al parecer es el chico de ojos verdes mar sentado a mi lado ¿Cómo lo sé? Es lógico, desde el principio lo han estado protegiendo de la criatura detrás nuestro ¿Qué busca de él exactamente? No lo sé y los únicos con aquella información están renuentes en expandirnos sobre el tema. Entiendo que el chico burro y la madre del chico azabache tengan sus secretos, pero al menos deberían de informarnos más sobre el sitio al que nos estamos dirigiendo y del monstruo que sigue nuestra pista.
No soy del todo despistada, todavía corre por mi cabeza lo que había dicho anteriormente el chico burro, sino me equivoco, era algo sobre si el chico azabache se enterara de todo lo que nos están ocultando más monstruos atraería ¿Qué quería decir él con eso? Tal vez sea por esa extraña aura comprimida de poder rodeándolo, y no es el único, el chico burro tiene un aura similar, menos poderosa, pero también algo diferente y más natural ¿Qué es esto? Las energías que nos rodean son algo distintas al de mi mundo natal.
— ¿Seguros de qué? ¿Quién nos persigue? — preguntó el chico azabache cansado de no recibir sus respuestas y me puedo unir a su club, aunque por otra parte, debo de admitir que quiero tener la oportunidad de pelear con aquel monstruo. La idea en cuestión causa que algo en mi interior se encienda con la emoción de pelear con oponentes potenciales.
— Oh, casi nadie — masculló por lo bajo el chico burro aún molesto por mi comentario anterior y oigan no me pueden culpar, cómo iba a saber que él es mitad cabra y no mitad burro, cualquiera confundiría su apariencia, aunque eso no impedirá que le siga llamando chico burro.
— Solo el señor de los muertos y algunas criaturas más sanguinarias — terminó por soltar el chico burro y la verdad no entiendo lo que quiere decir con eso, se supone que el guardián de los muertos según Kamisama es Enma Daio ¿Por qué iba él a perseguirnos de todas las deidades? ¿Qué ganaba él con capturarnos? Al menos... No aún no sacaré esa posibilidad, pero si es así, estoy en muchos más aprietos de lo que imaginaba y hablando de esas ¿Criaturas sanguinarias? Espero que sean muy fuertes.
— ¡Grover! — gritó la mujer al chico burro, supongo que ese era un comentario que no debería haber dicho.
— Perdone, señora Jackson ¿Puede conducir un poco más rápido por favor? — rogó el chico burro y dudo mucho que el coche pueda ir más rápido de lo que va ahora, pero dejando eso a un lado... ¡Por fin! Recibí algunos de sus nombres y apellidos, estoy celebrando interiormente, espero después tener la oportunidad de presentarme bien al igual que ellos. Además, puedo sentir que una parte de mí se está empezando a calentar con la idea de encariñarme con esté nuevo lugar, pero aun así sigo extrañando mi hogar y familia.
La mujer giró bruscamente a la izquierda, lo que hizo que me apegará más al chico azabache, causando que un mínimo rubor floreciera en sus mejillas, viendo eso me acomode mejor en mi asiento, pensando que tal vez lo abre incomodado al caer encima de él por accidente.
Nos adentramos a toda velocidad en una carretera aún más estrecha, dejando atrás granjas sombrías, colinas boscosas y carteles de « RECOJA SUS PROPIAS FRESAS » sobre vallas blancas ¿Si me escabullera rápido para agarrar algunas de esas fresas dirían algo? Por mucho que me costará, debía dejar de lado mi estómago y abstenerme a esperar que el sitio a donde vamos haya un gran banquete servido.
— ¿A dónde vamos? — volvió a preguntar el chico azabache sacándome de mis propios pensamientos sobre esas pequeñas, tiernas y jugosas fresas.
— Al campamento de verano del que te hablé — señaló la mujer y esta vez por lo menos él recibió un poco de sus repuestas, sin embargo más preguntas de mi parte ¿Campamento de verano? No es un lugar al que van los niños en sus vacaciones para poder hacer actividades y así pasar el rato.
— Al sitio donde tu padre quería que fueras — repitió la mujer con su voz sonando hermética de seguro intentaba no asustarse a sí misma.
— Al sitio donde tú no querías que fuera — replicó el chico azabache, asustando está vez a su madre, al parecer ese tema es algo delicado para ella.
— Por favor, cielo — suplicó la mujer a su hijo intentado tranquilizarse — Esto ya es bastante duro, intenta entenderlo, estás en peligro y esa chica que está contigo también — terminó de explicar la madre del chico azabache.
— Disculpe que la interrumpa — expresé terminando de aguantar las ganas de hablar y esperando un gesto afirmativo para continuar — ¿Por qué me persiguen a mí también? Los acabo de conocer — pregunté atrayendo la atención de ambos chicos a mi persona.
— Al parecer están interesados en ti por alguna razón — intervino el chico burro mirándome de reojo.
— Bueno eso lo resuelve todo — murmuré con cierto sarcasmo, sacándole otro resoplido al chico azabache, pero se mantuvo serio.
— ¿Por qué unas ancianas cortan el hilo? — preguntó el chico azabache y pensé que hoy estaremos llenos de muchas preguntas extrañas.
— ¿Ancianas? — inquirí mirando raro al chico azabache.
— No eran ancianas ordinarias — nos contestó el chico burro — Eran las Moiras ¿Sabes qué significa el hecho de que se te aparecieran? Solo lo hacen cuando estás a punto de... — se interrumpió así mismo de repente, como si temiera terminar su propia oración.
— Cuando alguien está a punto de morir — se corrigió el chico burro tratando de cambiar el rumbo de la conversación, pero los dos pudimos oírlo muy bien, sobre todo la última parte ¿El chico que acababa de conocer morirá? No... no lo permitiré, aunque no llevemos mucho de conocernos, nunca dejaré que nadie muera mientras pueda evitarlo.
— Un momento... ¿Has dicho estás? — preguntó el chico azabache incrédulo — No, no lo he dicho, he dicho alguien — exclamó el chico burro, pero en su voz se le podía notar su nerviosismo.
Intervine antes de que el chico burro pudiera seguir evadiendo la verdad — Escuche claramente que dijiste "estás" — apunté haciendo comillas con mis dedos en la última oración.
— Exactamente ¡Te referías a mí! — masculló el chico azabache nervioso por su destino — ¡Quería decir estás como cuando se dice alguien, no tú! — contestó el chico burro, y espero que se repita eso delante de un espejo, a ver si en verdad se cree así mismo, sin ofender, pero claramente se refería al chico azabache de aquella forma.
— ¡Chicos! — gritó la mujer para luego girar a la derecha bruscamente y esta vez me asegure de agarrar el asiento delantero, tratando de no cometer el mismo error de antes y justo a tiempo, porqué todos pudimos observar que logró esquivar una forma oscura y fugaz que desapareció detrás de nosotros en la tormenta ¿Eso era...? Sí es la misma energía ¿Cómo llegó hasta allí tan rápido? Hace unos instantes estaba más atrás de nosotros.
— Este no es el momento para pelear — añadió la mujer avergonzando a los chicos. Sinceramente no estaba tratando de buscar pelea, al menos que sea con alguien fuerte, solamente traté de ayudar.
— ¿Qué era eso? — preguntó el chico azabache estremeciéndose al mismo tiempo en el que tuve un raro presentimiento de peligro e instintivamente agarré al chico azabache, al chico burro y a la mujer por sus camisetas, empujándonos rápidamente fuera del coche, hubo un resplandor, una repentina explosión y el coche estalló.
— Bueno, eso no era lo que estábamos esperando — expresé tratando de quitar la tensión del ambiente e intentar sacudirme del aturdimiento momentáneo que me causó la explosión.
El coche realmente no había explotado, fue alcanzado por un rayo y su techo se había abierto como la cáscara de un huevo, nos había salvado de quemarnos enteros y al sacar a todos del coche, nos zambullimos en medio de una zanja, ocasionando que la lluvia nos empapará.
— Eso estuvo cerca — murmuré observando el humo que todavía salía del techo.
— ¿Están bien? — preguntó la mujer que junto con el chico azabache se habían parado lentamente del suelo, pero al no obtener señales de nuestro cuarto miembro, nos pusimos a observar alrededor, encontrando al chico burro inmóvil en la tierra.
— ¡Grover! — gritó el chico azabache preocupado por el chico burro, que se encontraba tumbado hacia delante con un hilillo de sangre que le corría por la comisura de sus labios.
No había podido evitar que parte de la explosión lo golpeara, me siento tan culpable, debí de ser más rápida — ¡No! ¡Aunque seas mitad cabra, eres mi mejor amigo y no quiero que mueras! — expresó el chico azabache y a pesar de la situación, ese comentario hizo que me riera con fuerza, por lo que el chico azabache me miró con una ceja arqueada.
— Lo siento... lo siento, es que ¿En verdad es lo único que se te ocurrió? — opiné aun riéndome del comentario.
— Es la verdad ¿Qué más querías que dijera? — repuso el chico azabache, pero antes de que pudiera contestarle, el chico burro hablo inconscientemente desde su lugar en el suelo.
— ¡Comida! — gimió el chico burro causando otra carcajada de mi parte — Eso nos da esperanza — comenté de forma divertida, contagiando al chico azabache a reír conmigo de esta extraña situación en particular y pensé que de verdad me terminará gustando esté lugar.
— Chicos — interrumpió la mujer y por unos instantes pude observar una pequeña sonrisa en su rostro, pero fue quitándose de a poco al observar algo detrás de nosotros.
— Tenemos que... — ella nos trató de advertir, pero fallándole la voz en el progreso, así que al mismo tiempo volteamos la mirada hacia atrás y en un destello de un relámpago, observamos a una figura que avanzaba pesadamente hacia nosotros en el recodo de la carretera, era la silueta de una enorme vaca con su mitad superior voluminosa y peluda, pareciera que tuviera esteroides.
— Chicos — volvió a llamar la mujer mortalmente seria — Salgamos de aquí ¿Ven aquel árbol grande? — exclamó ella y otro resplandor ilumino el prado, haciendo que viéramos el lugar que nos indicaba, un grueso árbol del tamaño de la casa de Bulma, está sobre la cumbre de la colina más cercana.
— Ese es el límite de propiedad del campamento — la mujer nos insistió — Suban a esa colina y verán una extensa granja valle abajo, corran y no miren atrás, griten para pedir ayuda y no paren hasta llegar a la puerta — explicó ella desesperada porqué le hiciéramos caso, pero es inútil, mi orgullo no me permitiría abandonar a alguien, aunque quisiera.
— Señora Jackson, si ese es su apellido, por mucho que insista, no la dejaré aquí sola — aseguré con determinación.
— Mamá tú también vienes — agregó el chico azabache a su madre que tenía la piel pálida y los ojos tristes como el océano en un día solitario.
— ¡Venga, mamá! — gritó el chico azabache con insistencia — Ayúdame a llevar a Grover — nos dijo el chico azabache, fui a ayudar a levantar al chico burro y cada uno de nosotros, lo agarró de un ángulo y comenzamos a caminar rumbo a la colina.
— ¡Comida! — gimió el chico burro de nuevo — También tengo hambre — susurré mientras mi estómago sonaba y el chico azabache me lanzo una mirada divertida de soslayo.
La vaca mutante con esteroides seguía aproximándose hacia nosotros, mientras bufaba y gruñía — No nos quiere a nosotros — dijo de repente la mujer — Los quiere a ustedes, además yo no puedo cruzar el límite de propiedad — apuntó ella para nuevamente insistirnos.
— No tenemos mucho tiempo Percy, por favor váyanse — suplicó la mujer y decidí que hacer a continuación, por lo que acomode al chico burro para que ellos pudieran cargarlo con más facilidad.
— Ustedes vayan a ese campamento, yo me encargaré de la vaca mutante — propuse poniéndome calentar para la pelea inminente y mirando directamente a los ojos negros y crueles de dicha criatura con sus muchos íceps, todos ellos embutidos en una piel surcada de venas.
No pueden preguntarme por qué con esteroides, solamente mírenlo, eso no puede ser posible, también tiene una pelambrera hirsuta y marrón que comenzaba a la altura de su ombligo y se espesaba a medida que ascendía hacia los hombros y por último unos enormes cuernos blanquinegros con puntas muy afiladas.
— ¡¿Qué estás diciendo?! — medio gritó el chico azabache, mirándome como si me hubiera vuelto repentinamente loca e igualmente tratando de que el monstruo no lo escuchará.
— Tú también vienes con nosotros — refutó el chico azabache sin dejar que hablará — Eso es… — preguntó esta vez a su madre, pero antes de que pudiera terminar la oración ella lo corto.
— El hijo de Pasífae... Ojalá hubiera sabido cuanto deseaban matarte — le murmuró la mujer, mientras me encontraba escuchando tranquilamente la información sobre esa criatura, que es el hijo de ¿Qué cosa? ¿Y por qué querrían matarlo? Eso sí que debe ser tranquilizador.
— Pero es el Min... — intento expresar el chico azabache, pero fue cortado nuevamente por su madre — No digas su nombre — advirtió ella mirándolo seriamente — Los nombres tienen poder — soltó la mujer y esperen un momento... ¿Desde cuándo los nombres tienen poder? No es como si fuera a decir el nombre de mi hermano mellizo y el repentinamente se transformará en algo ¿Cierto? Eso sí que sería raro.
El árbol seguía demasiado lejos para ellos llegar a tiempo, como a unos treinta metros colina arriba por lo menos. Volvimos a mirar hacia atrás y la vaca mutante con esteroides se inclinó sobre el coche, mirando por sus ventanillas, en realidad más que mirar lo olisqueaba y pude notar que estaba buscando nuestro rastro.
— ¿Comida? — repitió el chico burro, haciendo que mi estómago sonará nuevamente.
— Silencio — nos murmuró el chico azabache, todavía mirando a la vaca mutante con expectación.
— Ni que pudiera controlar mi estómago — le murmuré recibiendo una mala mirada de su parte y mis manos subieron en modo de rendición.
— Mamá ¿Qué está haciendo? ¿Es que no nos ve? — preguntó el chico azabache en un susurró a su madre — Ve y oye fatal, se guía por el olfato, pero pronto adivinará dónde estamos — le contestó la mujer a su hijo.
Como si la mujer fuera una especie de adivina, la vaca mutante en ese momento aulló furioso y agarrando el vehículo por el techo rasgado, lo jalo con su chasis crujiendo y resquebrajándose bajo sus manos. Levantó el coche por encima de su cabeza y lo arrojó a la carretera, donde cayó sobre el asfalto mojado, patinó desprendiendo chispas a lo largo de más de cien metros antes de detenerse, para que en unos instantes después su tanque de gasolina explotará.
El chico azabache al parecer en ese instante recordó algo importante — ¡Vaya! — murmuró él con su voz llena de ironía y diversión.
— Percy, cuando él nos vea embestirá, esperen hasta el último segundo y apártense de su camino saltando a un lado. No puede cambiar muy bien de dirección una vez que se lanza de embestida ¿Entienden? — explicó la mujer y asentimos ante su sugerencia.
— ¿Cómo sabes todo eso? — preguntó el chico azabache a su madre — Llevo mucho tiempo temiendo este ataque, debería haber tomado las medidas oportunas. Fui... una egoísta al querer mantenerte a mi lado — contestó la mujer con su tono de voz sonando arrepentida y triste al mismo tiempo.
— No fue egoísta de tu parte, sólo querías mantener a tu hijo cerca, yo diría que fue valiente e igualmente algo digno de admirar, no cualquiera hace eso por su familia — opiné mirándola a los ojos y viendo como estos adquirían un brillo momentáneo ante mis palabras.
— Gracias... — expresó la mujer, esta vez sonando más contenta.
Otro aullido de furia y la vaca mutante empezó a subir la colina con grandes pisotones, nos había olido y el solitario pino estaba a tan solo a unos cuantos metros de distancia, pero la colina empezaba a ser más empinada y resbaladiza para ellos y pude observar que el chico burro les pesaba cada vez más. El monstruo se nos acercaba y a unos segundos más lo tendríamos encima, pero sobre todo, la mujer debería estar exhausta y aun así sostenía al chico burro por el hombro.
— ¡Márchense! ¡Aléjense de nosotros! Recuerden lo que les he dicho — advirtió la mujer con urgencia alejando a su hijo de ella y sinceramente cuando aprenderá a que no le haré caso, no los dejaré abandonados con esa criatura, así que me volví y sentí la energía de la vaca mutante acercándose al chico azabache.
Miré en esa dirección justo a tiempo, el monstruo embistió, apuntando sus cuernos afilados como navajas directamente al pecho del chico azabache, pero antes de pudiera clavar un solo centímetro, entre en acción, apareciendo con velocidad en su frente, le atiné un duro golpe en el pecho, enviándolo a unos metros de distancia, aturdiéndolo momentáneamente.
Podía sentir la mirada del chico azabache a mis espaldas — ¿Cómo...? — preguntó incrédulo aun mirándome algo aturdido y asombrado.
— No hay tiempo para explicar — respondí observando al chico azabache — Tenemos que terminar con él ¿Percy, cierto? — le pregunté recibiendo un asentimiento de su parte.
Escuchamos un aullido de frustración viniendo de la vaca mutante y con anticipación embistió hacia la mujer que había dejado al chico burro sobre la hierba y que empezaba a retirarse colina abajo, hacia la carretera, tratando de alejarlo de nosotros, está mujer es persistente.
— ¡Corran los dos! ¡Yo no puedo acompañarlos! — repitió nuevamente la mujer, mientras la bestia embestía contra ella e intento apartarse, pero antes de que pudiera hacer algo, la criatura fue más lista, adelanto una mano y la agarró por el cuello antes de que pudiese huir, causando que me quedará quieta en mi sitio, apretando mis puños con pura frustración.
Ella se resistió, pataleando y lanzando puños al aire, la vaca mutante soltó un rugido airado, apretó las manos alrededor del cuello de la mujer y antes de que se disolviera en una forma resplandeciente y dorada, nos miró a los ojos, tratando de transmitir que huyéramos con eso desapareció.
— ¡Nooo! — gritó el chico azabache con mucha irá, ocasionando que su energía creciera de manera rápida y precipitada.
Miré a la bestia también, aguantando mi rabia, viendo como esta vez se dirigía al chico burro que se encontraba indefenso en la hierba, sin darme cuenta del brillo rojo que se desprendía de mis ojos.
— ¡Eh, tú! ¡Eh! — gritó nuevamente el chico azabache, mientras sacudía su impermeable, corriendo hacia el monstruo, yo aún me mantuve seria mirando la situación, planeando como derrotar a está vaca mutante de una vez por todas.
— ¡Eh, imbécil! ¡Mostrenco! — exclamó el chico azabache atrayendo la atención de la criatura, en verdad debería mejorar con sus insultos.
— ¡Brrrrr! — gruñó el monstruo, volviéndose hacia el chico azabache, sacudiendo sus puños carnosos, mientras aumente mi energía, causando que un aura blanca apareciera a mí alrededor.
Ahuequé mis manos atrás de mi cuerpo, juntando energía en las palmas de mis manos — Ka — recité mientras el chico azabache saltó hacia arriba, brincando en la cabeza de la criatura como si fuera un trampolín, giro en el aire y aterrizo sobre su cuello ¿Cómo lo hizo? No tuve tiempo de describirlo — Me — dije mientras la energía creció en la palma de mis manos — Ha — seguía diciendo, sólo aguanta un poco más chico azabache — Me — ahora se podía notar una bola de luz más grande en la palma de mis manos y un microsegundo más tarde, la cabeza del monstruo se estampó contra el árbol, lastimando al chico azabache en el progreso.
El chico azabache se aferró a los cuernos para no acabar en la tierra, los rayos aún eran muy abundantes y el olor a carne podrida me quemaba la nariz. La vaca mutante se preparó para embestir otra vez al chico burro que aún gemía inconsciente en el suelo, pero la energía del chico azabache volvió a aumentar, le agarró un cuerno de su cabeza e intento arrancárselo con todas sus fuerzas.
El monstruo se tensó, soltó un gruñido de sorpresa y entonces... ¡Crack! Le rompió el cuerno, la bestia aulló de dolor y lo lanzo por el aire y antes de que cayera, amortigüe su caída con mi cuerpo aun manteniendo la energía entre mis manos.
— Eso es suficiente, déjame el resto a mí — aseguré mirando al chico azabache, dejándolo sin palabras por la dura mirada en mis ojos negros.
Apareciendo velozmente en frente del monstruo solté el ataque — ¡Ha! — grité poniendo en frente de mí las palmas de mis manos y un gran rayo de energía salió disparado directamente en su cofre, desintegrando a la bestia en polvo dorado en medio de sus rugidos llenos de agonía.
— Wow... — murmuró el chico azabache viendo todo lo sucedido con asombro, desintegré el ataque al ver que la vaca mutante no estaba y me volví hacia el chico que ahora me miraba directamente a los ojos.
— Eso fue... increíble — susurró él sin aliento para sí mismo, pero pude oírlo perfectamente, por lo que puse una de mis manos en mi nuca y le sonreí tímidamente.
— Gracias con mucho entrenamiento logre hacerlo, aunque tú también estuviste increíble — contesté cortando el contacto visual y moviéndome a donde se encontraba el chico burro, lo alcé para acomodarlo mejor sobre uno de mis hombros.
— Vamos, ya es hora de conocer ese dichoso campamento y buscar quien los atienda — dije con mi voz detonando preocupación, caminando hacia el pino gigante y el chico azabache saliendo de su aturdimiento, me siguió de cerca, teniendo cuidado de su propia lesión.
La lluvia cesó, pero la tormenta aún tronaba de lejos, apestaba ha ganado y aún podía sentir la adrenalina de la pelea anterior. Debo programar un entrenamiento pronto, aunque aún me preocupaba por la señora Jackson, sé que no está muerta, porqué ahora sin mi rabia nublando mi juicio, recordé que su energía no se desvaneció, no puedo sentir exactamente dónde está, ya que otra energía mucho más fuerte hace que pierda el enfoque de la suya.
Cuando ambos observamos al frente, nos encontramos con la mirada severa de un hombre barbudo, que al parecer se le hacía familiar al chico azabache que abrió sus ojos en estado de shock, con él también se encontraba una chica de una melena rubia ondulada, como en esos cuentos de hadas que alguna vez me mostró Bulma.
— Ellos son tienen que serlo — dijo de repente la chica rubia — Silencio Annabeth aún pueden oírnos y llevan a Grover inconsciente — repuso el hombre a la chica rubia.
— Llévalos dentro, al parecer necesitamos dar algunas explicaciones — agregó el hombre, causando que la chica rubia se moviera y juntos se dispusieron a mostrarnos el camino.
Con una última mirada de reojo entre nosotros los seguimos por la cumbre, esperando obtener nuestras repuestas pronto.
