Bueno, fue una larga espera pero aquí estoy. Nuevamente con otra historia. De aquí sólo faltan 14 escritos más para finalizar está pequeña parte a los fanfics de TLR.
Platica con una chica llamada Yami
Una rubia estaba dormida plácidamente sobre Rito, una rubia conocida por muchos como Oscuridad Dorada. Famosa ex asesina, conocida por su seriedad y destreza al matar. Ella en su modo más oscuro es capaz de matar hasta al mismísimo Rey de la Galaxia.
Ah… Yami. – Decía Rito, ¿por qué no estaba asustado? Fácil, acepto a las chicas como el amor que le tienen. – Ah… cariño. – Dijo él, quien a sus 20 años estaba aún en la misma casa, en la misma habitación y en la misma cama con la que creció.
La rubia abrió pesadamente los ojos, soltó un bostezo mientras seguía la voz de su novio.
Rito… - Su voz tan tierna, angelical como ella misma expresaba el evidente sueño que poseía. - ¿Qué hora es? – Esa fue la pregunta que hizo a su chico.
Son las 4:00 de la madrugada. – Expresó el joven mientras la chica se tallaba sus ojos.
Ya vamos por ella. – Expresó, un poco dormida, la hermosa chica quien se sentó en las piernas de Rito. Ella estaba usando una de las camisas de su amado y nada más, al igual que la princesa Momo y Lala. Rito se incorporó dándole un beso en los labios dulces de Yami. – Desearía no tener este sueño para poder decirte que eres un tonto de manera adecuada. –
La sonrisa formada en Yami era hermosa. Siempre que recibía un beso en los labios se ponía roja y golpeaba a Rito.
Sigues siendo tan hermosa. – Comentó él sonrojado al ver a la chica, de repente noto que la camisa que le dio Yami estaba desabotonada y podía apreciar el pecho de la ex asesina. Era chico, nada como los de Lala, Momo, Rin o Yui ni mucho menos los de su Tear. – Son tan hermosos. –
Ante eso, la chica tiró al joven de nuevo a la cama.
Pervertido, eres un pervertido. – Expresó ella mientras se lanzó a abrazarlo mientras el sueño le ganaba nuevamente. - ¿Te gusta de verdad mi cuerpo? – Preguntaba ella pues ya sabría la respuesta.
No sólo tu cuerpo. – Ahí venía lo que esperaba la rubia. – Amo como has cambiado, desde que viniste aquí. Desde que confiaste en mí y desde que decidiste ser mi amiga hasta cuando mi hermana te ayudo a confesarte. – Esas hermosas palabras sumado a la nostalgia provocaban en Yami un sentimiento de amor muy grande.
Quién diría que el modo Darkness se podía alcanzar con el amor también. – La rubia sabía de ese modo, pero la segunda vez que entró así fue peor ya que alcanzó un nivel más crítico. Rito tuvo que hacer lo opuesto a lo que hizo la primera vez, enfrentarla y protegerla. – Ese día me cuidaste después de que regresé a la normalidad. –
Rito no se apartó de ella, no dejaba sola a la rubia. Él sentía que debía cuidarla.
No me dejes dormir. – Contestaba ella mientras sus ojos luchaban por mantenerse abiertos.
Ese día me di cuenta que mientras más negará los sentimientos, más miedo tendría de perderlas. – Contestaba el castaño mientras rodeaba la cintura de la rubia. Sus bellos ojos escarlata hacían que se perdiera en aquella mirada, su Yami era una niña como decía Tear. – Desde ese día, decidí protegerlas. –
No importaba cuanto entrenará, su hermana tenía razón en algo.
Ustedes son mi debilidad. – Rito notó como su novia dormía plácidamente encima de él. Con suma delicadeza la cargo en sus brazos para dejarla en la cama. La rubia dormía con mucha paz, algo que ella no conoció hasta llegar a la Tierra. – Por eso he decidido protegerlas. –
Y con eso el castaño tomó un abrigo y se lo puso. Justo cuando salió se encontró con unos brazos rodeándole.
Parece ser que has cambiado mucho a Oscuridad Dorada. – Rito sonrió al escuchar aquella voz, así que paso sus manos por los brazos que le rodeaban. Detrás de él, abrazándole, estaba Némesis. Ella se había despertado para acompañarlo por la hermana de Rito.
Mira quien lo dice. – Con eso ella lo soltó, y Rito se giró para verla. Ella usaba el abrigo que Lala le regalo, uno color café, así como una bufanda rosa. – Oh me equivoco. –
Némesis se sonrojo mientras una sonrisa se formaba en su rostro.
