Summary: En un vació infinito, se encontraba una figura humanoide que resplandecía un gran poder divino, observando continuamente por distintos espejos flotando a su alrededor, el destino de diferentes mundos. Cuando un día se le ocurrió la idea de unirlos a través de una sola persona con habilidades únicas, como un experimento para apaciguar su eterno aburrimiento.
Fandom: Percy Jackson / Harry Potter / Dragon Ball
Disclaimer: Todos los derechos de Percy Jackson y Harry Potter pertenecen a Rick Riordan y J. K. Rowling. Los derechos del anime Dragon Ball al mangaka Akira Toriyama, pero tanto el personaje principal como la historia misma es completamente de mi imaginación, salvo algunas partes que sí aparecen en los libros y en el anime.
Nota de la autora: Les traigo el doble de un capítulo común, espero que me disculpen por la tardanza, trataré de actualizar más continuamente.
Los flashback, sueños y enlaces dentro de la historia estarán en cursiva.
Cambiando el destino de dos mundos
Capítulo 2: Tengo una charla con un gordo borracho y su pony
Caminamos por la cumbre siguiendo a nuestros extraños anfitriones al supuesto campamento del que tanto hablaban con la intención de recibir nuestras merecidas respuestas, pero al estar cerca del majestuoso árbol, me detuve en seco, recibiendo extrañas miradas de los chicos, y un leve destello de interés se reflejó en los viejos ojos del hombre en la silla de ruedas. Analice detalladamente el valle de enfrente por la rara energía que sentía emergiendo a su alrededor, se siente vagamente ¿Humano…? Algo o alguien esta protegiendo este sitio con su energía vital.
Levante mi brazo como si tuviera la intención de tocar algo que no se podía ver a simple vista. Detuve mi movimiento justo cuando mi mano pareció tocar el inicio de una pared que se extendía por toda la cumbre.
— ¿Qué está haciendo? — escuché preguntar al chico azabache extrañado.
— Está sintiendo la barrera del campamento ¿Cómo es posible? — preguntó la chica rubia curiosa por mi descubrimiento.
— Es increíble, en verdad ella está llena de misterios, tengo el presentimiento de que traerá grandes cambios por aquí — reflexionó el hombre mirándome analíticamente, causando la curiosidad de los chicos que me miraban fijamente.
Desconecte la conversación para seguir sintiendo la barrera, cuando de repente frente a mis ojos apareció una chica de cabello negro corto y en punta, ojos azules eléctricos, y pecas en la nariz, vistiendo ropa al estilo punk, por ultimo pude notar una pulsera de plata en su muñeca. Tan repentinamente como apareció, desapareció de mi vista, y no pude evitar preguntar si me lo abre imaginado todo, casi pareció ser una simple ilusión, pero no lo creo, algo me dice que esa chica tiene que ver con la protección del campamento.
Hubiera seguido analizando la extraña barrera que menciono brevemente la chica rubia, pero de repente sentí un abrupto cambio de energía, por lo que enfoque mi mirada preocupada en el chico azabache, para encontrarlo tambaleándose y a punto de derrumbarse por el cansancio de la batalla anterior. Apoye al susodicho en el hombro donde no traía cargado al chico burro, teniendo mucho cuidado con su lesión, y con mi brazo libre, lo ayude a estabilizarse en su sitio.
El chico azabache me observó con un gesto de agradecimiento, mientras que el hombre en silla de ruedas nos miró comprensivamente, cambiando su semblante con la chica rubia siguiendo su ejemplo.
— Las repuestas pueden esperar, mejor los atendemos primero junto a Grover — informó el hombre, retándonos a refutar su afirmación, y antes de que el chico azabache pudiera abrir la boca, lo golpee suavemente en el estómago, sacándole un jadeo adolorido y una risa leve a la chica rubia.
— Annabeth, permítele a la jovencita entrar al campamento — le pidió el hombre a la chica rubia, recibiendo una rara mirada de su parte, pero él la observo como diciendo que más tarde le explicaría el asunto.
— Está bien — contestó ella sin objetar aunque quisiera — ¿Cómo te llamas? — me preguntó la misma chica rubia con curiosidad.
— Son Sandy… ¿Por qué? — pregunté extrañada por su repentino interés en mi nombre.
— Ya verás — contestó enigmáticamente desviando su mirada al horizonte — ¡Yo, Annabeth Chase, hija de Atenea, autorizo a Son Sandy entrar al campamento mestizo! — gritó ella con voz autoritaria, causando que la energía de la barrera saliera en todo su esplendor.
Solté un jadeo sorprendido al sentir un ki desconocido introduciéndose dentro de mi cuerpo, como queriendo aprender y memorizar mi energía interna. Al terminar su minucioso estudio en mi persona, la barrera se sacudió por un instante, para que unos segundos después, volviera a la normalidad, como si nada la hubiera perturbado.
— ¡Eso fue grandioso! — exclamé todavía sorprendida por la gran hazaña de esa misteriosa barrera, aunque el chico azabache no se encontraba en mi misma línea de pensamientos.
— Todo este tiempo mi mamá pudo venir con nosotros… — susurró el chico azabache afligido sin la intención de ser escuchado por nadie, para su mala suerte ese no era el caso.
Me puse a su lado con la intención de agarrar su mano, dándole un breve apretón de un modo confortable, llamando así su atención — Lo siento mucho — le susurré con un sentimiento de culpa.
— Debería haber hecho más pero me contuve por la emoción de pelear con un oponente formidable. Sí hubiera acabado con esa vaca mutante antes, tal vez tu madre todavía… — me entrecorte a mitad de mi repuesta, queriendo decir que ella estaría con nosotros en estos instantes sino me hubiera contenido, pero el chico azabache debió haberse dado cuenta de mi intensión, ya que me devolvió el apretón con suavidad.
— No es tu culpa — respondió sacudiendo su cabeza en negación.
— Pero… — intente objetar su afirmación, pero él no me dejo.
— ¿Querías que esto sucediera? — me preguntó mirando fijamente a mis ojos negros con sus hermosos ojos verdes mar resplandecientes.
— No solo quería protegerlos — murmuré ganando una pequeña sonrisa de su parte.
— Entonces no tienes nada que lamentar — concluyó el chico azabache, volviendo su atención a las personas que se encontraban esperado pacientemente que termináramos nuestra discusión.
— Podemos irnos — comentó el chico azabache obteniendo un asentimiento del hombre.
— Es por acá a través de la barrera — contestó él empezando a mover su silla de ruedas con la chica rubia siguiéndolo detrás de su espalda.
Nos llevaron a una especie de casa azul con el borde blanco de cuatros pisos, incluyendo un ático, no sé si tendrá un sótano, y aunque no fuera del tamaño de la casa de Bulma, se podría decir que es más grande que las casas del promedio. El hombre subió las escaleras que conducían al segundo piso con la ayuda de la chica rubia, abrió una de las tantas puertas del pasillo, dejando ver una enfermería improvisada.
— Deja a Grover en una de estas literas, ustedes también pueden pasar aquí la noche — dijo el hombre, para después despedirse, y salir de la habitación, no sin antes avisarnos que en la mañana nos encontráramos con él abajo para empezar a explicarnos mejor nuestro embrolló.
Puse al chico burro cuidadosamente en una de las literas y cuando lo termine de arropar, volteé para ver al chico azabache sentarse en el borde de la cama, mirando fijamente a la chica rubia que aún no se había ido de la habitación. La misma chica se encontraba observándonos detenidamente con una expresión analítica, como si estuviera pensando en algo importante que decirnos y la mejor manera de sacarlo a relucir.
— ¿Qué va a pasar en el solsticio de verano? — preguntó de repente la chica rubia al chico azabache, generando aún más preguntas que repuestas en nosotros.
— ¿Qué? — murmuró el chico azabache con un tono cansado, pero fui la única que lo noto, porqué la chica rubia miró a su alrededor, temiendo que alguien más la hubiera oído y le insistió nuevamente.
— ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que han robado? ¡Sólo tenemos unas semanas! — medio susurró la chica rubia al chico azabache, y aunque nosotros también quisiéramos saber las repuestas a su dilema, el momento no era el adecuado. El chico azabache se encontraba cansado de los acontecimientos del día aparte de que me encuentro algo hambrienta, así que antes de que él pudiera responder, intervine atrayendo la atención de ambos.
— Oye ¿En verdad crees que es el mejor momento para hacer preguntas? Tuvimos un día largo y en verdad queremos descansar — le dije a la chica rubia, dándole una leve sonrisa para hacerle saber que no estamos molestos por su interrupción abrupta.
— Mañana responderemos lo que quieras — agregué sentándome en una de las literas libre al lado del chico azabache, cerca de una de las ventanas con vista al campamento.
El chico azabache de reojo me dio otra mirada agradecida, mientras que la chica rubia se notaba algo sorprendida, es como si no estuviera acostumbrada a que las personas se les enfrentará de aquella forma o es muy rara vez que alguien lo hace de una forma u otra no dejare que nos interrogue ahora mismo.
Se notaba que ella aún quería insistir con sus preguntas, pero con una última mirada de mi parte, la chica rubia retrocedió rendida, saliendo de la habitación ofreciendo disculpas y con un asentimiento terminó por cerrar la puerta de la habitación, dejándonos a los tres solos en un silencio reconfortante.
— No teníamos el tiempo de presentarnos antes ¿Verdad? — pregunté rompiendo el silencio pacifico.
— No estaría mal hacerlo ahora — respondió el chico azabache con una pequeña sonrisa.
— Me llamo Son Sandy, un gusto en conocerte — comenté con una sonrisa cálida en mi rostro, estirando mi mano para que la estrechará, cosa que hizo algo vacilante por sus heridas, pero a medida que ganaba más confianza su agarre se endureció.
— Soy Percy Jackson — respondió el chico azabache, para después acomodarse mejor en su litera, teniendo mucho cuidado con su lesión, observando al techo con una mirada llena de remordimiento como si la acción sola cambiará los acontecimientos del pasado. Lo miré con entendimiento, deduciendo en qué está pensando o mejor dicho en quién.
— Tú madre realmente no está muerta — revelé lo que anteriormente no había dicho, tratando de subir su estado de ánimo, atrayendo nuevamente su atención en mi persona.
— ¿Cómo lo sabes? — preguntó el chico azabache con curiosidad y esperanza.
— Trataré de explicarlo lo mejor posible — respondí algo titubeante, ya que siempre la persona que daba las explicaciones era mi amiga Bulma, por lo que no estoy acostumbrada a ser la interrogada.
— En nuestra batalla, cuando tu madre desapareció en esa extraña luz dorada, sentí que su fuerza vital no descendía, simplemente se trasladó a otro lugar. No había dicho nada antes por el enojo que me causo esa situación y la impotencia que sentía — le susurré con suavidad al chico azabache que ahora parecía más revivido que nunca al pesar de su lesión.
— ¿Puedes sentir la fuerza vital de las personas? — preguntó el chico azabache mirándome con un brillo indescriptible en sus ojos verdes mar.
— Sí, verás uno de mis maestros me enseñó a sentir el ki y antes de que me preguntes, es la energía vital de cada ser viviente, cuando uno desaparece, significa que alguien ha partido de este mundo, pero el de tu madre aún sigue presente — respondí impresionando al chico azabache con mis habilidades y eso que no es lo último de mi arsenal.
— Es bueno saberlo... — murmuró para sí mismo más aliviado por su madre, desviando su mirada hacia la ventana con vista al campamento.
— Deberíamos dejar esta conversación para después — dijo de repente el chico azabache, y con un último gesto de despedida, se terminó de acostar en su cama, quedándose dormido al instante debido al cansancio de su largo día. Decidí seguir su mismo ejemplo y dejé que la negrura inundara mi visión, ya mañana pensaré en los acontecimientos de hoy.
Estaba flotando en un gran espacio vacío con una blancura indeterminable expandiéndose a mi alrededor, nuevamente no sabía dónde me encontraba ¿Es acaso el día de mandarme a otros lugares sin mi permiso? En serio esto se está volviendo demasiado cliché.
— ¡Hola! — grité en el vacío interminable, tratando de encontrar a alguien que me ayudará.
Comencé a mirar a los alrededores, esperando a que algo sucediera y mi espera no fue larga, ya que pude escuchar una voz distorsionada viniendo de algún lugar, llamando a mí nombre. Agudice aún más mi oído captando mi nombre siendo llamado nuevamente, pero aquella voz... Yo la reconozco ¿No es...?
— ¡Sandy! — gritó una figura haciéndose más clara a cada segundo y no pude evitar que una gran sonrisa se expandiera por mi rostro.
La figura termino por aparecer, dejando ver un joven de cabello color negro, el cual consiste en tres mechones colgando a la izquierda con puntas y un brillo gris de su frente se podía ver levantado cuatro picos con tres mechones por detrás, también va luciendo un tradicional Gi de artes marciales que al igual que el mío, varía de color rojo-naranja a naranja cálido, tiene de juego una camiseta de mangas cortas de color azul marino, llevando una cinta Obi en la cintura de igual color azul. Al inicio del Gi, como en su espalda, se podía observar el kanji de la Escuela Tortuga y por último lleva unas muñequeras de color azul marino y botas de igual color con bordes de color amarillo o rojo y lazos color beige.
No me resistí y acercándome rápidamente a la figura, le di un gran abrazo que fue correspondido al instante, aunque para mi desgracia, mi hermano tuvo que agacharse para abrazarme de vuelta, ya que solo pude rodear mis brazos alrededor de su cintura.
— Goku... — susurré con alegría, en verdad es un gusto volver a ver a mi hermano mellizo, ya lo estaba extrañando, no nos habíamos separado desde que éramos niños.
— Te extrañe tanto — exclamé apartándome del abrazo para mirarlo directamente a los ojos.
— También te extrañe — respondió mi hermano, sonando aún más alegre de lo que es habitualmente.
— ¿Cómo es...? — mi hermano me corto a media pregunta, no es que me sorprenda de todos modos.
— No estás algo ¿Enana...? — preguntó él moviéndose por todos lados, observando mi repentino encogimiento, recordándome mi anterior dilema, al final puso su mano en mi cabeza, midiendo mi nueva altura con la suya.
— No es mi culpa — respondí haciendo pucheros, dándole de reojo una mirada para nada bonita.
— ¡Esta bien! No es para tanto… — murmuró mi hermano, causando que le sonriera divertida.
— Así fue como me encontré al despertar en este mundo, por cierto ¿Qué paso cuando me fui? — pregunté con curiosidad, cambiando el tema sobre mi altura.
— Reuní las esferas del dragón con ayuda de Bulma, pero Shenlong se negó a conceder nuestro deseo — expresó mi hermano mellizo, aceptando el cambio de tema, tal vez para no hacerme enojar y poniendo ambas manos detrás de su nuca.
— Pero pudo... ¿Cómo era? — preguntó él para sí mismo despistado, causando que me riera a lo bajo.
— Algunas cosas no cambian — susurré con voz divertida, mientras ahora mi hermano ponía una mano sobre su barbilla, como si estuviera pensando.
— ¡Ah, sí! Hacer un enlace de empatía entre nosotros — exclamó mi hermano alzando sus manos de forma divertida por recordar algo así y dejándome aún más confundida que antes.
— ¿Enlace de empatía? — pregunté insistiéndolo a continuar, mientras él ponía nuevamente sus manos en donde estaban detrás de su cabeza.
— ¡Sí! Solamente pudo hacerlo con nosotros, afirmando que teníamos más conexión al ser mellizos — me murmuró él con una mirada lejana, recordando ese preciso momento en particular.
— Cada vez que estemos durmiendo, podemos conectarnos y hablarnos en nuestra cabeza ¿No es increíble? — afirmó mi hermano alegremente, sonreí también con alegría ante esa nueva información.
— ¿Eso significa que podemos vernos cuando queramos? — me emocioné saltando en mi sitio con júbilo, lo que hizo reír a mi hermano por mi repentina actitud infantil.
— Eso es lo que dije, aunque también dijo que con el tiempo estaremos más conectados y habría algunos cambios... o algo así — expresó mi hermano sin importancia, haciendo que dejará de saltar y me pusiera a reflexionar ¿Qué más podríamos hacer con nuestra nueva conexión adquirida? Espero que no sea algo grave, imagínense que de repente podamos cambiar de cuerpos, no quiero pensar en lo que haría mi hermano en tal caso.
— ¿Cómo es allá? Tienes que contarme todo — preguntó con entusiasmo mi hermano, interrumpiendo mis pensamientos internos.
— ¡Es fantástico! Hay muchas fuentes de energía increíblemente fuertes aquí, pero también tengo muchas preguntas ¿Sabes que existe algo llamado sátiro? — respondí contándole todo, desde que desperté en este nuevo mundo, mi sospecha desde un principio, pero que no aceptaba todavía, las diferencias que pude captar de nuestro mundo, el encuentro con el extraño chico burro, la mujer testaruda y el chico azabache con increíbles ojos verdes mar, la persecución en el coche, la pelea con la vaca mutante, la desaparición de la mamá del chico y terminando en el campamento de verano con su extraña barrera mágica.
— Lastima que no pueda ir allí, suena divertido — se quejó mi hermano una vez que termine de relatar todos mis acontecimientos, bajando sus dos brazos con desanimo.
— Te contaré todo cada vez que pueda y no te preocupes de seguro encontramos una forma de traerte aquí — exclamé tratando de animarlo.
— ¡Ah! Te sugiero que sigas entrenando porqué yo me volveré aún más fuerte y terminaré venciéndote si te despistas — reté con entusiasmo y mis esfuerzos por animarlo resultaron satisfactorios, ya que ahora mi hermano tiene un brillo persistente en sus ojos negros.
— Cuéntalo por hecho — aseguró para después subir un solo brazo, poner su pulgar arriba y dar su típica sonrisa contagiosa al estilo Son, igualmente le sonreí con cariño por su determinación.
— ¿Cómo están nuestros amigos? ¿Qué hay de Bulma y Chichi? — pregunté está vez con el mismo entusiasmo anterior de mi hermano, extraño mucho a todos y espero volver a verlos pronto.
— Están todos bien, aunque Bulma estaba preocupadísima por ti, cuando le conté lo que paso en la torre, casi iba allí mismo a ahorcar a Kamisama por permitir que eso ocurriera. Si no la hubiera detenido, quien sabe lo que hubiera sucedido entonces — respondió mi hermano y me recorrió un escalofrío al mismo tiempo que él, Bulma a veces puede ser muy aterradora cuando se lo propone.
— Chichi también estaba preocupada, pero se alivió bastante al enterarse de nuestra búsqueda de las esferas del dragón — agregó mi hermano, dejándome con un sentimiento agradable por la preocupación de ambas chicas.
— ¿Qué hay de tu relación con Chichi? — pregunté al pensativo de mi hermano, no me miren raro, él puede ser muy pensativo cuando quiere, pero a veces lo subestiman mucho en ese aspecto.
— Hizo una casa en la Montaña Paoz, al lado de donde vivíamos con nuestro abuelito y fue muy agradable de su parte. Ahora vivimos los dos juntos, aunque ella dijo una vez que eres más que bienvenida cuando quisieras visitarnos — respondió mi hermano, causando que le agradeciera internamente a Chichi, ese lugar es muy importante para nosotros y me alegra mucho que aún tenga su uso.
De repente sentí como si todo se estuviera sacudiendo y una clase de terremoto, interrumpiera por todo el espacio masivo de este lugar, pero tan pronto como comenzó, se detuvo, dejándome confundida preguntándome qué demonios había sucedido.
— Por Kamisama... ¿Qué fue eso? — exclamé sorprendida, mi hermano puso su mano en la barbilla pensando que pudo haber causado ese evento, cuando se le ocurrió una posible teoría me observo contemplativo.
— Al parecer estás despertando — respondió él y me entristecí por tal afirmación, pero mi hermano debió de haber notado mi cambio de humor, ya que me abrazo con fuerza — Volveremos a vernos, es una promesa — afirmó mi hermano animándome, le sonreí cálidamente asintiendo con la cabeza, viendo como poco a poco él iba desapareciendo.
Cuando desperté, todo a mi alrededor estaba plenamente más bonito, en parte, porqué hable con mi hermano mellizo, ocasionando que un peso inexplicable se fuera de mi consciencia y ahora que puedo captar mejor mi entorno, contemple a través de la ventana un prado verde lleno de colinas y en la brisa note un delicioso olor a fresas, lo que hizo que mi estómago rugiera estruendosamente.
— Mira quién esta despierta — comentó casualmente el chico azabache riendo del rugido de mi estómago.
— Sí vamos a ser amigos a partir de ahora, debes saber que siempre tengo hambre, es un rasgo de mi familia — respondí recordando las múltiples ocasiones en que mi hermano y yo sorprendimos a la gente siendo barriles sin fondo con la comida.
— ¿Incluso en medio de una batalla? — preguntó el chico azabache recordando la pelea de anoche.
— No, siempre me encuentro preparada para pelear — comenté ya que nada me impedirá que disfrute de una potencial batalla, es una sensación increíble cuando sientes la adrenalina al enfrentarte a un oponente formidable.
En la mesa que se encontraba al lado del chico azabache, había una bebida en un vaso que parecía zumo de naranja helado, con una pajita verde y una sombrilla de papel pinchada en una guinda.
— Cuidado — advirtió una voz familiar al chico azabache, que casi dejaba caer el vaso por su leve temblor.
El chico burro se encontraba apoyado en la puerta, con aspecto de no haber dormido en una buena jornada, aunque él se podía observar mucho mejor que anoche. Cargaba debajo de su brazo una caja de zapatos, vestía vaqueros, zapatillas altas de converse y una camiseta naranja con un mensaje en el centro con una letra que por alguna razón podía entender Campamento Mestizo casi parecía un chico ordinario.
— Me han salvado la vida — admitió con agradecimiento el chico burro.
— Y yo... Bueno, lo mínimo que podía hacer era volver a la colina y recoger esto. Pensé que querrían conservarlo — dejo la misma caja de zapatos en el regazo del chico azabache, la cual abrió y saco de ella el cuerno blanquinegro de la vaca mutante. Se encontraba astillado por la base donde se había partido, gracias a la fuerza que aplico el chico azabache al arrancarlo y ahora que lo pienso, él no llevaba eso cuando veníamos de camino, tal vez lo dejaría caer en su impacto contra el pino.
— El Minotauro — exclamó de repente el chico azabache.
— No pronuncies su nombre Percy — advirtió el chico burro y en su voz se podía notar el pánico que tenía.
— Así es como lo llaman en los mitos griegos ¿Verdad? El Minotauro, mitad hombre, mitad toro — continuó insistiendo el chico azabache y el chico burro se removía de manera incomoda en su lugar ¿Por qué está tan temeroso de pronunciar su nombre? La vaca mutante ha sido derrotada, no debería preocuparse de que regrese.
— Dime... ¿Qué sabes de mi madre? — preguntó el chico azabache cambiando el tema para alivio del chico burro.
El chico burro bajó su cabeza con resignación, como si admitiera que la mujer había muerto. Me volví a fijar en la ventana, donde había un arroyo serpenteante y hectáreas de campos de fresas que se extendían bajo el cielo azul, su valle estaba rodeado de colinas ondulantes, la más alta, que está en frente de nosotros, era la que tenía el enorme árbol en la cumbre.
— Estás equivocado — dije volviendo mi atención a los dos chicos, observando fijamente al chico burro.
— Ella todavía sigue viva — afirmé sorprendiéndolo por la determinación de mis palabras.
— ¿Cómo estás tan segura? — preguntó el chico burro y le explique lo mismo que al chico azabache anoche.
— Si está viva entonces... — murmuró el chico burro para sí mismo, palideciendo cada vez más por minuto.
— ¿Qué pasa Grover? — preguntó el chico azabache preocupado por su repentina palidez, causando que el chico burro volviera a nuestra realidad.
— Lo siento — sollozó de repente el chico burro.
— Soy un fracaso... El peor sátiro del mundo — gimió el chico burro, golpeando tan fuerte el suelo que se le salió el pie... ¿Artificial? Eso no lo sabía, ahora entiendo cómo puede camuflarse por las calles.
— ¡Oh, Estige! — reprendió el chico burro causando que un trueno retumbara en el cielo despejado ¿Qué está pasando últimamente con el clima? Está más raro de lo común y en definitiva no es normal.
Mientras que el chico burro intentaba volver a meter su pezuña en el pie falso pensé, ahora sé que la vaca mutante es alguna clase de mito de este mundo, por lo que él siendo un sátiro debía de ser lo mismo, entonces ¿Qué hay de las ancianas en el puesto de frutas y de la mujer con nombre de perro? ¿Serán también de esos llamados mitos griegos? Necesito un guía pronto.
El chico burro seguía sollozando, haciendo que me sintiera mal por él, pareciera que estuviera esperando una clase de castigo pronto, pero ¿Por qué? Que yo sepa, no ha hecho nada malo.
— No ha sido culpa tuya — afirmó el chico azabache, haciendo que asintiera totalmente de acuerdo con él, hizo lo que pudo para ayudarnos.
— Sí, sí que lo ha sido, se suponía que yo debía de protegerte y al encontrarme con ella, igualmente debía de haberla protegido — respondió el chico burro.
La verdad me puedo defender sola, pero él también debería darse un poco más de crédito, sino me hubiera encontrado antes, no estaríamos ahora discutiendo sobre el tema y no sabría qué hacer en este momento, aquí tengo más posibilidades de encontrar la manera de volver a casa.
— ¿Te pidió mi madre que me protegieras? — le preguntó de manera perspicaz el chico azabache.
— No, pero es mi trabajo, soy un guardián o al menos... Lo era… — respondió nuevamente resignado el chico burro por el destino que se le vendría encima.
— No deberías sentirte mal, no fue tu culpa, hiciste lo mejor que pudiste — dije tratando de calmarlo, lo cual resulto, bueno a medias.
El chico azabache comenzó a beber del vaso que tenía en la mano y por lo que veo, su sabor lo sorprendió, ya que él miró fijamente la taza con una mirada llena de nostalgia, como si estuviera recordando el más cariñoso de los abrazos que alguna vez recibió. Permanecí mirándolo, mientras recordaba que aún no había comido nada en un buen par de horas ¿Dónde estará la comida cuando más la necesitabas? A la próxima debo recordar traer una capsula llena de comida a montones.
— ¿Estaba bueno? — preguntó curioso el chico burro observando el vaso, como si le fuera a explotar en la cara en cualquier momento.
— Perdona — contestó el chico azabache con un poco de vergüenza — Debí dejar que lo probaran — agregó él haciendo que asintiera de acuerdo con su afirmación, mientras que el chico burro negaba frenéticamente.
— ¡No! No quería decir eso. Sólo... era curiosidad — respondió el chico burro más pálido que antes ¿Por qué será? Afirmó nuevamente que necesito un guía pronto.
— ¿A qué sabía? — pregunté con curiosidad por la reacción del chico azabache.
— Galletas de chocolate, específicamente las de mi mamá, hechas en casa — contestó nuevamente nostálgico. Me pregunto si serán tan deliciosas como las describió, ese solo pensamiento hizo que babeara.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó de repente el chico burro, sacándome de mi ensoñación de galletas con chocolate derretido.
— Como si pudiera arrojar a Nancy Bobofit a cien metros de distancia — respondió el chico azabache más enérgico y pude notar como su energía subía repentinamente, después de que termino su bebida ¿Esa cosa será moderadamente como las semillas del ermitaño? ¿Y qué pasa con el apellido de esa chica? Prácticamente es como si tuviera un cartel de neón sobre sí misma, afirmando que es estúpida.
— Eso está muy bien, pero te recomiendo no beber más de la cuenta — comentó el chico burro, quitándole el vaso al chico azabache, como si la taza fuera dinamita muy explosiva, dejándolo nuevamente en la mesa al lado de su litera.
— Vamos, Quirón y el señor D los están esperando — dijo el chico burro y el chico azabache se puso la caja de zapatos bajo el brazo, como si no quisiera desprenderse de eso muy pronto y es entendible, se sacrificó mucho por conseguirlo, incluyendo la voluntad de su madre al querer mantenernos seguros.
Caminamos hacia la puerta abriéndola y mientras bajábamos nuevamente por estás escaleras, sentí tres fuentes de energías viniendo del lugar a donde nos dirigíamos. Uno se parecía al del chico burro, pero ligeramente diferente y pude juntarlo con el hombre que nos guío ayer, junto a la chica rubia, la cual también se encontraba allí mismo, pero el otro... Es mucho más fuerte que el de los demás, esto hizo que me entusiasmará mucho por conocerlo y tal vez pedirle una pelea amistosa.
Abrimos otra puerta y dentro se podían observar a dos hombres jugando con las cartas, junto a su lado se encontraba la chica rubia de antes, recostada en la balaustrada que daba al porche de esta casa.
El hombre que estaba cara a cara con nosotros, era pequeño, pero gordo de nariz enrojecida y ojos acuosos, su pelo rizado era negro azabache. Sinceramente me recordó mucho a esos gordos borrachos jugando en una apuesta de póquer ¿De él corresponde esa energía tan sorprendente? Parecía un querubín llegando a la mediana edad, también vestía una camisa hawaiana con estampados atigrados.
— Ese es el señor D — nos susurró el chico burro lo más bajo posible — El director del campamento, sean corteses, la chica es Annabeth Chase es sólo una campista, pero lleva más tiempo aquí que ningún otro, y ya conocen a Quirón — terminó por explicar el chico burro, seguramente no sabía que la chica rubia ya nos había dicho su nombre, al menos para dejarme entrar al campamento.
Tenía razón al decir que el chico azabache había reconocido al hombre en sillas de ruedas — ¡Señor Brunner! — exclamó sorprendido y el hombre se volvió hacia nosotros con una sonrisa ¿Ese es el señor Brunner que tanto habían nombrado? Al menos algunas de mis dudas están siendo respondidas.
— ¡Ah! Percy, que bueno — dijo el hombre dándonos la bienvenida — Ya somos más de cuatro para jugar al pinacle — él suena más sabio de lo que debería, es como si hubiera vivido más años que todos nosotros juntos.
Nos apuntó dos sillas vacías, una a la derecha del gordo borracho, si le terminé poniendo un apodo ¿Bastante creativa verdad? La otra estaba a su izquierda. Mientras nos sentábamos en nuestros respectivos asientos, el gordo borracho nos observaba con ojos inyectados de sangre, aunque no me inmuté ante su expresión, he visto peores miradas en mis propios enemigos.
— Bueno, supongo que tendré que decirlo, bienvenidos al campamento mestizo, ya está, ahora no esperen que me alegre de verlos — gruñó el gordo borracho, ganándose una mala mirada de mi parte. Debería de ser más educado con los nuevos campistas, pero aun con su actitud, quiero una pelea amistosa con él, tal vez valga la pena.
— Vaya... Gracias — respondió el chico azabache sarcásticamente, apartándose un poco del gordo borracho, pareciera recordar a alguien a quien nunca más quisiera volver a ver.
— ¿Annabeth? — llamó el hombre a la chica rubia, atrayendo su atención.
— Annabeth, querida ¿Podrías ver si está lista la litera de Percy? De momento lo pondremos en la cabaña once — esperen él solamente nombro al chico azabache, entonces ¿Dónde me quedaré yo? Espero que no terminé por votarme a la calle.
— Claro, Quirón — contestó la chica rubia, que aparentaba al menos tener alrededor de la edad de mi cuerpo encogido.
La chica rubia es morena con el pelo rizado rubio, pero lo que más destacaba de ella, son sus ojos de un gris tormentosos, bonitos e intimidantes, es como si pudieran analizar la mejor manera de tumbarte en una pelea. Espero tener el tiempo suficiente para poder hablar con ella y establecer una bonita amistad.
Ella le echo un vistazo al cuerno de la vaca mutante y miró directamente a los ojos del chico azabache, por un momento me imagine que le diría algo sorprendente, pero lo que dijo a continuación no era nada de lo que estábamos esperando, fue mucho mejor si me preguntan.
— Babeas cuando duermes — dijo monótonamente la chica rubia, lo que me hizo reír a carcajadas limpia, ganándome una mala mirada de parte del chico azabache, pero ¿A quién puede culpar? Si pudiera en este instante chocaría los cinco con ella, eso fue hilarante.
— Es cierto — respondí entre mis risas, recibiendo una mirada llena de traición del chico azabache.
La chica rubia salió corriendo hacia el campo, con su pelo suelto siendo ondeado por el viento en su espalda.
— Bueno... — comentó casualmente el chico azabache, tratando de cambiar el tema en cuestión, aunque aún seguiré recordando este momento.
— ¿Trabaja aquí señor Brunner? — preguntó el chico azabache y debo decir que estoy algo confundida ¿No se llamaba Quirón? Supongo que es su apodo — No soy el señor Brunner, mucho me temo que no era más que un seudónimo, puedes llamarme Quirón — contestó el hombre al chico azabache, eso tiene mucho más sentido en realidad.
— Oh — dijo el chico azabache perplejo, aún sin poder creer lo que está sucediendo, mirando hacia el director gordo borracho del campamento.
— ¿Y el señor D? ¿La D significa algo? — preguntó con curiosidad el chico azabache.
— Yo también quiero saber eso último — agregué observando directamente al gordo borracho, tenía mis sospechas por su extraño ki, pero es mejor tener una afirmación.
El gordo borracho dejó de barajear los naipes y nos miró como si acabáramos de decirle una grosería — Jovencitos, los nombres son poderosos, no se va por allí usándolos sin motivo — respondió recalcando otra vez el tema de los nombres ¿A quién le importa eso? Al parecer a la gente de este mundo.
— Ah, ya perdón — contestó sarcásticamente el chico azabache, sin embargo, yo no le respondí nada, ya que no me arrepiento de mi pregunta, es algo que cualquiera hubiera dicho en esta situación.
— Debo decir, Percy — intervino el hombre, haciendo que le agradeciera internamente.
— Que me alegro de verte sano y salvo, hace mucho tiempo que no hago una visita a domicilio a un campista potencial, detestaba la idea de haber perdido el tiempo — expresó sinceramente el hombre.
— ¿Visita a domicilio? — preguntó el chico azabache.
— Mi año en la academia Yancy para instruirte. Obviamente tenemos sátiros en la mayoría de las escuelas para estar alerta, pero Grover me avisó de tu presencia en cuanto te conoció, él presentía que en ti, había algo especial, así que me decidí encontrarte. Convencí amablemente a otro profesor de latín de que pidiera una baja — explicó el hombre al chico azabache ¿Sátiros vigilando las escuelas? Entonces los chicos que vienen a este campamento tienen algún parentesco familiar.
— ¿Fue a Yancy sólo para enseñarme a mí? — preguntó el chico azabache y el hombre asintió.
— Francamente al principio no estaba muy seguro de ti. Nos pusimos en contacto con tu madre, le hicimos saber que estábamos vigilándote por si te mostrabas preparado para el campamento mestizo, pero todavía te quedaba mucho por aprender, pero, no obstante, has llegado aquí vivo, esa es siempre la primera prueba a superar — explicó nuevamente el hombre, dejándome sorprendida ¿La primera prueba? Eso significa que hay muchas otras personas que no viven para llegar aquí, espero poder hacer algo al respecto, nadie merece morir así de joven.
— Grover — interrumpió repentinamente el gordo borracho — ¿Vas a jugar o no? — exclamó él cansado de la torpeza del chico burro.
— ¡Sí, señor! — contestó el chico burro con voz aterrada, temblando al sentarse en una silla sobrante. No veía porqué estaba así de asustado, solamente podía concluir que el gordo borracho debía de ser importante y con ese nivel de energía, en realidad no me sorprendería la noticia.
— Supongo que saben jugar al pinacle — exclamó el gordo borracho, observándonos con recelo.
— La verdad es que no — contestó sin vacilación el chico azabache haciendo que el gordo borracho lo mirará molesto.
— La verdad es que no "señor" — puntualizo el gordo borracho.
— Señor — repitió vacilante el chico azabache.
— Estoy dispuesta a aprender — contesté cuando observe que me miraba de reojo.
— Junto con la lucha de gladiadores y el comecocos, esto es uno de los mejores pasatiempos inventados por los humanos. Todos los jóvenes civilizados deberían saber jugarlo — continuó el gordo borracho, tratando de decirnos indirectamente que éramos unos indecentes.
— Sin ofender, señor pero ese juego no es uno de los mejores pasatiempos existentes, yo diría que son las artes marciales — declaré atrayendo la curiosidad del gordo borracho.
— ¿Qué te atrae en ver a personas peleando sin un propósito? — preguntó el gordo borracho.
— No solo las veo, también lo aprendo con el propósito de proteger a mis seres queridos, así como romper mis propios límites. Cada persona tiene su punto de vista diferente a porqué lucha en su vida, señor. Además las mejores charlas salen a golpes — contesté con sinceridad haciendo que el gordo borracho me observará de forma contemplativa por unos segundos.
— Estoy seguro de que los chicos aprenderán, señor D — intervino una vez más el hombre en sillas de ruedas.
— Por favor dígame ¿Qué es este lugar? ¿Qué estoy haciendo aquí? Señor Brun... Quirón ¿Por qué fue a la academia Yancy solo para enseñarme? — preguntó el chico azabache cansado de no recibir sus repuesta y por fin se viene lo bueno, para después ir a comer ¿No...? Esto sí que es una tortura para mi estómago hambriento.
El gordo borracho resopló — Yo le había hecho la misma pregunta — dijo repartiendo las cartas entre todos nosotros y el chico burro se estremecía cada vez que recibía una de su mano.
— Le advierto que la suerte siempre está de mi lado señor y no se queje si llega a perder en mi contra — le confesé con una sonrisa traviesa al gordo borracho.
— Ya veremos jovencita — acepto el retó con una sonrisa propia, sorprendiendo al resto, supongo que no le sonríe a muchas personas a menudo.
El hombre después de que recupero su compostura le sonrió con aire comprensivo al chico azabache, como queriéndole dar a entender que no importaba cuan descabellada podría ser su pregunta, no tenía nada de qué preocuparse con él presente.
— Percy, ¿Tú madre no te contó nada? — preguntó el hombre y el chico azabache se puso a recordar sus charlas anteriores con ella.
— Me dijo que le daba miedo enviarme aquí, aunque mi padre quería que lo hiciera, también que en cuanto estuviera aquí, probablemente no podría marcharme, quería tenerme cerca — contestó el chico azabache, haciendo que el gordo borracho resoplará nuevamente.
— Lo típico, así es como los terminan matando y jovencito ¿Vas a aportar o no? Luego te toca a ti jovencita — dijo el gordo borracho interviniendo en su conversación.
— ¿Qué? — preguntó el chico azabache causando que el gordo borracho con cierta impaciencia le explicará como se apostaba en el pinacle.
— Me temo que hay demasiado que contar, aún más con Sandy aquí presente — confesó el hombre con firmeza — Diría que nuestra película de orientación habitual no será suficiente — no puedo creerlo, acaba de decir lo que creo ¿Ellos tienen su propia introducción en una película? Eso suena genial.
— ¿Película de orientación? — preguntó el chico azabache, como si acabará de leer mi mente — Olvídalo — exclamó el hombre ¿Eso significa que no vamos a ver la película? Es una lástima, en verdad quería verla.
— Bueno, Percy, Sandy, saben que su amigo Grover es un sátiro y también saben — interrumpió el hombre, apuntando al cuerno en la caja de zapatos — Que han matado al Minotauro y esa no es una gesta menor, muchachos. Lo que puede que no sepan, es que grandes poderes actúan en la vida, o en tal caso en este mundo — explicó el hombre mirándome ante su último dato — Es decir que los dioses griegos, están muy vivos y coleando — reveló sorprendiendo a mi amigo.
El chico azabache miró hacia nosotros, como si estuviera esperando a que le dijéramos que todo esto era una especie de broma enfermiza, pero la única exclamación que recibió, provino del gordo borracho — ¡Ah, matrimonio real! ¡Mano! ¡Mano! — dijo para después reírse mientras anotaba los puntos.
— Señor D — comenzó a decir el chico burro tímidamente — Si no se la va a comer ¿Puedo quedarme con su lata de Coca-Cola light? — preguntó el chico burro inseguro.
— ¿Eh? Ah, vale — contestó el gordo borracho entregándole la lata y el chico burro le dio un buen mordisco al aluminio ahora vacío.
— Esperé ¿Me está diciendo que existe un ser llamado Dios? — preguntó el chico azabache sin poder creérselo al hombre. Por mi parte sinceramente no hay ningún problema, ya conocí a un ser así en mi propio mundo.
— Bueno, veamos — repuso el hombre — Dios, con D mayúscula... Dios... En fin, eso es otra cuestión, no vamos a entrar en lo metafísico — objetó el hombre esperando un entendimiento de parte de nosotros, pero aún seguíamos confundidos.
— ¿Lo metafísico? Pero si acaba de decir que... — comenzó a decir el chico azabache, para ser repentinamente interrumpido por el hombre.
— He dicho dioses, en plural. Me refería a seres extraordinarios que controlan las fuerzas de la naturaleza y los comportamientos humanos. Los dioses inmortales del Olimpo, esa es una cuestión menor — contestó el hombre y miré con una nueva luz hacía donde estaba sentado el gordo borracho, así que por eso tiene ese nivel de energía, aunque sigo sin comprender quienes son los dioses griegos o sus mitos.
— ¿Menor? — preguntó el chico azabache con cierta expectación.
— Sí, bastante, los dioses de los que nosotros estábamos hablando en la clase de latín — respondió el hombre mirando al chico azabache.
— Disculpen pero no entiendo ¿Clases de latín? ¿Dioses griegos? Necesito más información — dije recibiendo miradas extrañas del chico azabache y su amigo.
— Ah, sí, la jovencita que viene de otro mundo — respondió el gordo borracho sorprendiendo a los susodichos.
— ¿Otro mundo? — repitió el chico azabache mirándome sorprendido.
— Después te explico — le susurré al chico azabache, recibiendo un simple asentimiento de su parte, todavía se encontraba aturdido por todas las noticias que le han dado de golpe.
— En tu caso, te prestaré algunos libros, para que comprendas mejor tu situación actual — me contestó el hombre — Sabemos de tu peculiar... Llegada a nuestro mundo del tuyo — concluyó el hombre con sus ojos brillando en total compresión.
— ¿Cómo saben sobre eso? Hasta ahora no se lo había contado a otra persona — pregunté desconcertada, que yo sepa aún no le había dicho a nadie sobre mi repentino viaje a otro mundo.
— Tenemos ciertas maneras de saber situaciones futuras — contestó enigmático el hombre, ganándose nuevamente miradas confundidas de nosotros.
— ¿Qué maneras? — pregunté esperando una repuesta concreta.
— Sí no me equivoco, dentro de poco lo entenderás — respondió el hombre dándonos una mirada llena de arrepentimiento, como si no quisiera presenciar lo que nos pasará en un futuro.
— Zeus, Hera, Apolo ¿Se refiere a esos? — interrumpió el chico azabache aun queriendo saber las repuestas que tanto esperaba, pero después de que le preguntará eso al hombre, volvió a sonar un estruendoso relámpago lejano en un día sin nubes ¿En serio? Ahora sé que ese clima agitado tiene que ver con uno de esos dioses.
— Jovencito — intervino el gordo borracho con aburrimiento.
— Yo de ti, plantearía en serio dejar de decir esos nombres tan a la ligera, lo mismo va para ti jovencita — exclamó el gordo borracho, deteniendo su mirada más en mí que en el propio chico azabache, al parecer le deje una buena impresión.
— Pero son historias... mitos... para explicar los rayos, las estaciones y esas cosas. Son lo que la gente pensaba antes de que llegara la ciencia — dijo el chico azabache con voz vacilante, aunque fue un error, ya que la expresión del gordo borracho, pasó de aburrimiento a molestia.
— ¡La ciencia! — gritó el gordo borracho con burla hacia el chico azabache, aunque también pude notar que se encontraba ofendido por su afirmación ¿Quién no lo estaría? Aunque no tengo nada en contra de la ciencia, algunos acontecimientos no pueden ser explicados por la misma y por lo que voy entendiendo, ellos son los responsables del cambio climático, así como de la naturaleza misma.
— Dime Perseus Jackson — continuó el gordo borracho, haciendo que el chico azabache se estremeciera ¿Su nombre no era Percy? Le preguntaré más tarde.
— ¿Qué pensará la gente de tu "ciencia" dentro de dos mil años? Pues déjame decirte que la llamarán paparruchas primitivas, así es como la llamaran ¡Oh! Adoro a esos mortales, no tienen ningún sentido de la perspectiva, ellos creen que han llegado taaaan lejos ¿Es cierto o no Quirón? Sólo mira a estos chicos y dímelo — explicó el gordo borracho aún con burla, pero está vez dirigida a nosotros.
Estoy ofendida, entiendo su punto de vista, pero la ciencia es necesaria para las personas, ojalá él pudiera ir a mi mundo y ver la evolución de la ciencia que tanto desprecia, es algo increíble de presenciar. La familia de Bulma son unos genios, ayudaron al mundo en muchos aspectos y siguen sorprendiéndome con sus inventos en cada ocasión que voy a visitarlos.
El chico burro se concentraba con tanto ahínco en sus cartas, masticando todavía su lata de refresco vacía, no abriendo la boca ni para decir pío, mientras que el hombre se encontraba con una expresión pensativa.
— Percy — llamó repentinamente atrayendo la atención de todos nosotros.
— Puedes creértelo o no, pero lo cierto es que inmortal significa precisamente eso inmortal ¿Puedes imaginar lo que significa no morir nunca? ¿No desvanecerse jamás? ¿Existir cómo eres para toda la eternidad? — explicó el hombre y puedo darle la razón. Quiero volverme mucho más fuerte de lo que soy ahora mismo, pero no por eso me haría inmortal, ya no tendría la sensación de adrenalina que siento al enfrentarme con rivales mucho más poderosos, si fuera inmortal de seguro que me aburriría por el resto de la eternidad.
— ¿Quiere decir independientemente que la gente crea en uno? — inquirió el chico azabache al hombre que asintió.
— Así es, si fueras un dios ¿Qué te parecería que de repente te llamaran un mito, una vieja historia para explicar el rayo? Sí yo te dijera, Perseus Jackson, que algún día te considerarán sólo un mito, creado para explicar ¿Cómo los niños superan la muerte de sus madres? — recalcó el hombre y eso fue muy grosero de su parte. Aunque el chico azabache sepa ahora que su madre aún sigue con vida, no es para recalcarle en la cara lo que le paso a ella hace algunas horas.
— Oiga, sé que quiere explicar un punto, pero mencionar a la madre de Percy es pasarse del límite ¿Cómo se atreve a abrir una herida que todavía no se cierra? ¿Le gustaría que de repente le recordarán sus más profundas cicatrices? — le solté de manera molesta, ganando otra sonrisa del gordo borracho.
— Tiene agallas, ya me agrada — confesó el gordo borracho, causando que le sonriera sinceramente.
— No me gustaría, pero yo no creo en los dioses — le respondió el chico azabache al hombre, no sin antes agradecerme con la mirada.
Ante la declaración observe al gordo borracho y como sospechaba, se volvió a molestar por su comentario — Pues más te vale que empieces a creer — masculló por la obstinación del chico azabache.
— P-por favor, señor, acaba de perder a su madre, aún sigue conmocionado — tartamudeó el chico burro interviniendo en su conversación.
— Menuda suerte la mía — gruñó el gordo borracho molestándose cada vez más por segundo.
— Ya es bastante malo estar confinado en este triste empleo ¡Para encima tener que trabajar con chicos que ni siquiera creen! — exclamó el gordo borracho, haciendo un ademán con la mano, apareciendo una copa vacía en la mesa, como si la luz del sol hubiera convertido un poco de aire en cristal. De repente la copa se llenó sola de vino tinto, dejando boquiabierto al chico azabache, pero los demás apenas levantamos la vista ante su demostración.
— Señor D, sus restricciones — le recordó el hombre al gordo borracho, causando que mirará al vino con fingida sorpresa.
— Madre mía — exclamó dramáticamente levantando su vista al cielo — ¡Es la costumbre! ¡Perdón! — terminó por gritar el gordo borracho y tengo el presentimiento de que en verdad, no se arrepentía de sus acciones.
El gordo borracho volvió a mover su mano y de repente la copa de vino se convirtió en una lata fresca de Coca-Cola light. Él suspiró resignado, abrió la lata y volvió a centrarse en sus cartas.
El hombre nos guiñó un ojo — El señor D ofendió a su padre hace algún tiempo, se encaprichó con una ninfa del bosque que había sido declarada de acceso prohibido — explicó el hombre, genial otra mitología que aún no sé.
— Una ninfa del bosque — repitió el chico azabache aun mirando a la lata, como si viniera del espacio exterior, dándome mucha gracia su expresión.
— Sí — reconoció el gordo borracho — A mi padre le encanta castigarme, la primera vez, prohibición ¡Horrible! ¡Pasé diez años absolutamente espantosos! La segunda vez... bueno, la chica era una preciosidad y no pude resistirme, por lo que me envió aquí, a la colina mestiza un campamento de verano para mocosos como tú diciendo "será mejor influencia, trabajarás con jóvenes en lugar de despedazarlos" ¡Ja! Es totalmente injusto — explicó el gordo borracho exaltado y quien quiera que sea su padre, debo conocerlo e igualmente pedirle un combate amistoso.
— Y… su padre es... — balbuceó el chico azabache.
— Di immortales Quirón — repuso el gordo borracho aún molesto con el chico azabache.
— Pensaba que le habías enseñado a este chico lo básico, hasta la jovencita dedujo más rápido que él y ni siquiera pertenece aquí. Mi padre es Zeus, por supuesto — reveló el gordo borracho, haciendo que el chico azabache se internará en sus recuerdos.
— Usted es Dioniso el dios del vino — dedujo el chico azabache, saliendo de sus pensamientos y el gordo borracho puso los ojos en blanco.
— ¿Cómo se dice en esta época, Grover? ¿Dicen los niños menuda lumbrera? — preguntó el gordo borracho.
— S-sí, señor D — afirmó el chico burro con miedo.
— Pues menuda lumbrera, Percy Jackson ¿Quién creías que era? ¿Afrodita, quizá? — se burló el gordo borracho con sarcasmo.
— ¿Usted es un dios? — preguntó incrédulo el chico azabache.
— Sí, niño — afirmó el gordo borracho.
— ¿Un dios? ¿Usted? — volvió a preguntar el chico azabache, igual de crédulo y no puedo culparlo, si no fuera por su ki, no hubiera pensado que él fuera un dios, aunque no es tan descabellado si uno lo piensa detenidamente, puede que no tenga la apariencia, pero nunca juzgo a un potencial oponente por su forma física, sino por sus habilidades.
El gordo borracho miró directamente a los ojos del chico azabache y por su descontrolado ki, podría decir que lo que sea que estuviera viendo, no era para nada agradable.
— ¿Quieres comprobarlo niño? — preguntó el gordo borracho ceñudo.
— No... no, señor — respondió el chico azabache bajando la tensión repentina del ambiente.
El gordo borracho volvió su mirada a la partida — Me parece que he ganado — dijo él mostrando un as.
— Un momento, señor D — repuso el hombre enseñándole una escalera, contando los puntos.
— El juego es para mí — manifestó el hombre, pero con lo que ambos no contaban es con mi buena suerte en este tipo de situaciones.
– ¡Esperen! — dije atrayendo la atención — En realidad gano yo — solté mostrando un pináculo de mano.
El chico azabache pensaba que el gordo borracho me pulverizaría o algo así, porqué él me estaba mirando con una expresión de pánico, pero el gordo borracho solamente se levantó con el chico burro imitándolo.
— Estoy cansado — comentó neutralmente — Creo que voy a echarme una siestecita antes de la fiesta de esta noche, pero primero, Grover tendremos que hablar otra vez de tus fallos — agregó lo último para el chico burro, causando que su cara se perlara de sudor.
— S-sí, señor — tartamudeó el chico burro como repuesta y el gordo borracho se volvió por última vez hacia nosotros por el día de hoy — Cabaña once, Percy Jackson y ojo con tus modales, puedes aprender mejor de tu amiga — terminó por decir mirando en mi dirección para después irse de la sala, seguido del vacilante chico burro.
— ¿Estará bien Grover? — preguntó el chico azabache y me interese también en su repuesta, estaba preocupada por el chico burro. A pesar del poco tiempo que nos llevamos conociendo, lo estoy considerando un amigo.
— Dioniso no está loco de verdad, es sólo que detesta su trabajo, lo han... Bueno, castigado, supongo que dirían ustedes y no soporta tener que esperar un siglo más para que le permitan volver al Olimpo — nos contestó el hombre aunque él también parecía estar un poco preocupado por el chico burro y eso no es nada tranquilizador en absoluto.
— El monte Olimpo — dijo el chico azabache pensativo — ¿Me está diciendo que realmente hay un palacio allí arriba? — preguntó haciendo que me imaginará la torre de Kamisama ¿Será lo mismo con el monte Olimpo que tanto hablan? No me sorprendería en realidad, porqué al parecer algunos de los dioses, tienden a vivir en los cielos.
— Veamos, está el monte Olimpo en Grecia y está el hogar de los dioses, el punto de convergencia de sus poderes, que de hecho antes estaba en el monte Olimpo. Se le sigue llamando monte Olimpo por respeto a las tradiciones, pero el palacio se mueve, como los dioses — explicó el hombre, entonces si está en los cielos, tengo que ir a visitarlo alguna vez.
— ¿Quiere decir que los dioses griegos están aquí? En... ¿Estados Unidos? — preguntó el chico azabache asombrado por ese nuevo descubrimiento.
— Desde luego, los dioses se mueven con el corazón de Occidente — confirmó el hombre, pero nos confundió con esa última parte.
— ¿El qué? — respondimos en sincronía sorprendiéndonos con la pequeña coincidencia.
— Venga, Percy despierta de Sandy se entiende, pero en verdad ¿Crees que la civilización occidental es un concepto abstracto? No, es una fuerza viva. Una consciencia colectiva que sigue brillando con fuerza tras miles de años, los dioses forman parte de ella, incluso podría decirse que son la fuente o por lo menos que están tan ligados a ella que no pueden desvanecerse. No a menos que se acabe la civilización occidental. El fuego empezó en Grecia, después, como bien sabrás — o eso esperaba el hombre — El corazón del fuego se trasladó a Roma, y así lo hicieron los dioses. Sí, con distintos nombres quizá Júpiter para Zeus, Venus para Afrodita, y así, pero eran las mismas fuerzas, los mismos dioses — comenzó a explicar el hombre sobre los dioses griegos y ahora siento más curiosidad por aprender acerca de este nuevo mundo.
— Y después murieron — interrumpió el chico azabache y no pude evitar darme una palmada en la cara.
Puedo estar acostumbrada a repuestas así gracias a mi hermano, pero en serio, llevan hablando de la inmortalidad desde el principio de la charla, aunque no puedo quejarme, a veces también soy muy lenta con algunos asuntos.
— ¿Murieron? No ¿Ha muerto el occidente? Los dioses sencillamente se fueron trasladando, a Alemania, Francia, España, Gran Bretaña... Donde quiera que brillara la llama con más fuerza, allí estaban los dioses. Pasaron varios siglos en Inglaterra, sólo tienes que mirar la arquitectura, la gente no se olvida de los dioses. En todas las naciones predominantes en los últimos tres mil años, también puedes verlos en cuadros, en estatuas, en los edificios más importantes y sí, Percy, por supuesto que están ahora en Estados Unidos. Mira nuestro símbolo, el águila de Zeus, mira la estatua de Prometeo en el Rockefeller Center, las fachadas griegas de los edificios de tu gobierno en Washington. Te reto a que encuentres una ciudad estadounidense en la que los Olímpicos no estén vistosamente representados en múltiples lugares, te guste o no te guste y créeme, te aseguro que tampoco demasiada gente apreciaba a Roma, Estados Unidos es ahora el corazón de la llama, el gran poder de Occidente, así que el Olimpo está aquí y por lo tanto también nosotros — explicó dejando al chico azabache abrumado, especialmente por el hecho de que pareciera estar incluido en el nosotros del hombre, como si formase parte de un club oculto.
— ¿Quién es usted, Quirón? ¿Quién... quién soy yo? — preguntó dudoso el chico azabache, haciendo que el hombre le sonriera significativamente, mientras desplazaba el peso de su cuerpo, como si fuera a levantarse de la silla de ruedas, pero el chico azabache lo pensaba imposible, ya que estaba paralizado de cintura para abajo, aunque su ki lo delataba, este hombre no es normal.
— ¿Quién soy? — murmuró el hombre — Esa es la pregunta que todos queremos que respondan ¿Verdad? Pero ahora deberíamos buscarte una litera en la cabaña once, tienes nuevos amigos por conocer, mañana podremos seguir con más lecciones, además está noche vamos a preparar junto a la hoguera bocadillos de galletas, chocolates y malvaviscos y a mí me pierde el chocolate — respondió causando que me diera más hambre ante esa última parte, espero que la noche llegue pronto, ya me puedo imaginar toda esa comida.
Entonces el hombre se levantó de su silla de ruedas, pero de una manera muy rara. Le resbaló la manta de las piernas, pero estas no se movieron, si no que la cintura le crecía por encima de los pantalones. Al principio uno puede pensar que llevaba unos calzoncillos de terciopelo blancos muy largos, como de un gigante, pero siguió elevándose, más alto que ningún otro hombre.
Nosotros pudimos observar que en realidad la parte frontal, es la de un animal con músculos y tendones bajo un espeso pelaje blanco y la silla de ruedas tampoco era una silla, sino una especie de contenedor, una caja con ruedas y debía de ser mágica, porqué no había otra forma de que aquello hubiera cabido entero allí dentro.
Sacó una pata, larga y nudosa, con una pezuña brillante, luego la otra pata delantera y por último los cuartos traseros. La caja de antes quedó vacía, nada más que un cascarón metálico con unas piernas falsas pegadas por delante. Miramos a la criatura que acababa de salir de aquella cosa. Un enorme pony blanco, pero donde tendría que haber estado el cuello, sólo vimos a un hombre común y corriente, pero de la cintura para abajo el tronco de un caballo.
— ¡Qué alivio! — exclamó el ahora apodado hombre pony, respirando aún más tranquilo que hace algunos minutos.
— Llevaba tanto tiempo allí dentro que se me habían dormido las pezuñas. Bueno vengan, Percy Jackson, Son Sandy, a conocer a los demás campistas — dijo alegremente el hombre pony, mirándonos y esperando una reacción a su reciente revelación.
