Hola mis amigos. Bueno, sé que se ha alargado esta historia, pero es que apenas la quiero terminar me da un nuevo arco jajaja. Sí, terminaré siendo como Naruto sí esto sigue así. Bien, no les tomaré más tiempo para poder seguir con la historia.


Sephie

Un nuevo día tocaba para cierta ciudad de Japón donde una hermosa mujer disfrutaba del sueño en compañía de cierto joven. Un momento, ¿esa mujer no es la reina de galaxia?

«¿Cómo llegó ella aquí?»

Yuuki Rito estaba metido en serios problemas, en muy serios problemas. Apenas eran las seis de la mañana cuando alguien ingresó a su habitación, otras veces eran las chicas y ya no habría problemas con eso, pero esta vez era totalmente distinto. A su lado estaba la reina de la galaxia durmiendo al natural siendo sus senos atrapados por las manos de quien en un futuro tomará el cargo de Rey de la Galaxia.

Rito, quien sólo podía ver el cabello de la reina, sentía aquellas partes del cuerpo las cuales conocía de cada una de sus chicas, pero de Sephie apenas iba conociéndolas.

«¿Por qué me tiene que suceder esto a mí?» Pensaba Rito mientras sentía la respiración de la madre de Lala. «Son más grandes que las de Lala.»

El joven podía sentir el goce que muchos chicos de su edad sueñan con tener.

― Vamos, no las aprietes tan fuerte. ― Dijo la madre de Lala con voz media adormilada pasando sus manos sobre las de Rito.

Rito podía sentir que su corazón se aceleró al punto máximo de lo más sano y su rostro pasó a tornarse rojo. Sí existía un Dios en el Universo, esté estaría gozando del sufrimiento por el que estaba pasando. De repente Sephie tomo las manos de Rito y comenzó a hacer que este jugará con sus senos.

― ¿Te gusta jugar conmigo? ― Sí, el tono de voz confirmaba que la reina estaba dormida y soñando. ― Quiero jugar más. ―

«Esto está mal en todos los sentidos.» Rito podía jurar que estaba sintiendo como se endurecían cierta área del pecho de Sephie. «Gid me va a matar y acabará con cualquier recuerdo mío si se entera de esto.»

― Vamos, dame más ― Rito sabía que lo que estuviera soñando la madre de Lala era algo que no debería saber por su propio bien. ― Sé que deseas. ―

El chico decidió ignorar todo cerrando sus ojos y buscando pensar en algo más. En su mente estaban pasando miles de teorías del por qué la madre de las princesas estaba a su lado, pero lo que más llegaba a su mente es que las princesas pueden que imitaran a su madre. Lala fue la primera en iniciar todo, se sentía avergonzado al tenerla a su lado, pero después el despertar con ella era algo hermoso.

Después, un día llegaron las gemelas y los problemas comenzaban. ¿Debería sentirse mal por pasar por todo eso? No, la verdad no, pero si de algo está seguro era que debía agradecerle a Sephie el haber concebido a tres hermosas jovencitas que en más de una ocasión han puesto su vida en peligro.

«Esta mujer me va a venir matando.» El castaño suspiró hasta que de repente sintió como la hermosa peli rosa comenzaba a mover más rápido las manos de él. «En definitiva, voy a terminar siendo asesinado por la propia Nana y Momo será capaz de matar a su madre.»

― Por favor, no me dejes. ―

Aquello capto la atención de Rito al escuchar esa frase.

― No me dejes, no quiero Gid. ―

¿Acaso algo había pasado entre Gid y Sephie? Rito comenzaba a notar como la madre de Lala dejaba de hacer que este tocara sus senos, sino que ahora ella tomaba ambas manos del chico como si le estuviera suplicando. Si no fuera por la ventana y el reflejo que esta dejaba ver, jamás hubiera visto las lágrimas tristes que bajaban por las mejillas coloradas de Sephie.

― Sephie ―

En ese momento Rito se dio cuenta que habló un poco fuerte provocando que el sueño de mujer se viera interrumpido. El chico sólo se limitó a imitar sonidos que hacen los adultos cuando los bebes están a punto de levantarse logrando así mantener a Sephie dormida, pero en ese momento la mayor se giró para quedar frente de Rito dejando que el chico viera el rostro humedecido por las lágrimas. Rito, quien tenía sus manos libres del agarre de Sephie, quito algunos mechones de cabellos que caían por su rostro y notó que los labios de ella temblaban ligeramente.

«¿Qué te sucedió?»

En ese momento Rito se levantó de la cama para después cubrir a la madre de las princesas con una manta.

― Te quiero, Gid ― Dijo entre sueños y con cierto dolor la reina de la galaxia. ― No me dejes sola ―

Rito no pudo sentir cierta lástima por ella, pero además de tristeza de saber que algo pudo surgir entre los padres de las princesas, provocando que la pobre reina se sintiera triste. El joven se acercó lentamente a la frente de Sephie y le deposito un suave beso que calmó ligeramente a la reina.

― Duerme bien ―

Rito decidió salir de su habitación, pero al momento de salir se encontró con Rin quien le esperaba fuera. La castaña traía una camisa de Rito como prenda de dormir además de traer el cabello suelto. Rito la miró y entendió que ella vio todo y antes de que pudiera decir algo, fue Rin quien tomó la palabra.

― No debes dormir junto a una mujer casada, más si ella es la madre de tú futura mujer. ― Fueron las palabras de Rin que le provocó cierto dolor al chico. ― Pero, eso diría yo si no viera tu cara de estrés. ―

Rin no pudo evitar sonreír al ver como el chico cayó directo en su broma.

―Vamos, ven aquí. ― En esos momentos Rin abrazó al pobre de Rito con mucho cariño para después darle un beso en los labios que el chico aceptó rompiéndolo después de varios segundos. ― ¿Mejor? ―

― Mejor ―

― Lo sabía ―

― ¿De verdad? ―

― Sí, es obvio que después de todo este tiempo he mejorado al besarte. ―

― Tus besos son tan orgullosos. ―

― Son besos de adultos. ―

Ambos rieron un poco debido a eso. Después de casi un año y medio de todo lo sucedido, Rin por fin se centraba en lo que deseaba ser y eso era ser aquella esposa de Rito que tanto quiere. Pero no sólo es ser una esposa normal para ella, sino ser la mejor esposa disciplinada que pueda tener. La pareja decidió bajar a la sala sin hacer ruido para no alertar a las chicas y en especial para no alertar a cierta princesa pervertida. Los dos estaban sentados en el sofá abrazados de manera tierna, siendo que Rin tenía sus piernas arriba del sofá y estaba siendo rodeada por Rito.

― ¿Ella tuvo problemas con su marido? ― Preguntó Rin sin rodeos a lo que Rito suspiró. ― Ya veo, ese suspiró lo dice todo. ―

― ¿Desde cuando eres tan perspicaz? ―

― Desde que Saki-sama me obligó a ver esas novelas de romance ―

― ¿Quieres ver una? ―

― ¿Quieres que use la funda de mi espada contra ti? ―

Rito no pudo más que reír ya que jamás se hubiera creído que Rin fuera así de risueña. La castaña sonrió mientras un rubor carmesí teñía sus mejillas haciéndola lucir sumamente tierna.

― ¿Qué vas a querer de desayunar? ― Preguntó Rito mientras se levantaba del sofá. ― ¿Algo en especial? ―

― Quiero arroz con huevo ― Respondió la castaña mientras se levantaba y saltaba a los brazos de Rito. ― Después hablaremos de esto con Lala. ―

― Pero Rin

― Sin peros, debemos de hablar con ella. ― La seriedad en el rostro de la castaña definía todo y ese todo era hablar sobre esto con quien sería la futura reina de la galaxia. ― Guardar secretos al final consumen el alma, recuerda. ―

― Lo sé, pero ¿y si la situación es delicada? ― El chico trataba de evitar ser convencido por Rin de hablar con Lala.

― Zastin esta con Saki-sama, así que le podemos preguntar sobre esto. ― Rito no sabía que decir ante la respuesta de Rin ya que era demasiado buena para encontrar errores. ― Y si no sabe nada, tendríamos que esperar. ―

― Bueno, me parece bien ― Dijo Rito mientras ponía en el suelo a Rin quien le rodeo el torso con un abrazo. ― Pero nada de hablar de esto con nadie más. ―

― No tienes porque prevenirme ― Respondió Rin con una sonrisa orgullosa.

― Lo sé, pero no confió en que Momo o Némesis quieran saber algo después. ―

Rin sólo pudo negar, pero sabía perfectamente que esas dos cuando estaban unidas eran un peligro. Pero, sin sospecharlo alguien les estaba escuchando desde las escaleras. Sephie Deviluke sabía perfectamente que ella no estaba en la Tierra sólo de visita para ver a sus niñas, sino que además estaba por otra causa mayor. La mujer se recargó contra la pared mientras comenzaba a soltar lágrimas de dolor, un dolor que no quería que nadie más lo viera.