La verdad siempre sale a la luz

En la casa de los Yuuki, la hermana de Rito se encontraba junto a Némesis viendo un programa de televisión sobre la maternidad. La embarazada Némesis miraba con aburrimiento aquel documental sobre el embarazo a diferencia de Mikan, la cual se encontraba tomando nota de todo con un aparente entusiasmo. Ya faltaba poco para que sus niñas nacieran y pese al rostro estoico que tenía en esos momentos, no podía ocultar su felicidad.

Ella será madre, la madre de las hijas de Yuuki Rito.

Al pensar en todo, una sonrisa se formaba al imaginarse el futuro que tendría junto a Rito y el resto de las chicas. En ese momento Némesis sintió la mirada de Mikan quien tenía una sonrisa juguetona.

― ¿Qué? ― Preguntó la morena al ver aquella expresión en el rostro de la castaña.

― Nada ― Fue la respuesta de Mikan para girarse y ver nuevamente el documental. ― Sólo te veía sonreír de manera alegre y me imagine que estabas pensando en Rito ―

― Ya sabes que sólo pienso en él ― Expresó de manea orgullosa la morena cruzándose de brazos para después mirar a Mikan ― Oye Mikan, ¿cuándo le vas a decir a Rito lo que sientes? ―

La castaña se sonrojo ante tales palabras causando que Némesis estallara de risa.

― Veo que aún sigues siendo igual de tímida respecto a tus sentimientos ― Némesis entonces notó que la castaña tenía inflada sus mejillas y le miraba seriamente. ― Vamos, además, te pareces mucho a Kotegawa si te lo pones a pensar un poco, ¿no? ―

― ¿A Yui? ― Preguntó la castaña recibiendo un "sí" de parte de Némesis. ― No me parezco en mucho que digamos ―

― Me refiero en cuanto a sus sentimientos ― Explicó Némesis señalando lo obvio para muchos ― ¿Cuánto tardo Kotegawa en aclarar sus sentimientos respecto a Rito? ―

― ¿Mucho tiempo?

― Exactamente

― Pero ¿eso que tiene que ver conmigo? ― Preguntó Mikan con confusión.

― Amas a Rito, ¿no es así? ― Le preguntó la morena mientras llevaba su dedo índice a la nariz de la castaña. ― Debes confesarle tu amor, por el amor de Dios. ― Le dijo Némesis con cierto cansancio mientras veía como la joven se sonrojaba a más no poder por aquel comentario. ― No son hermanos, bueno, al menos no de sangre por lo que hay una posibilidad de―

― No es eso ― Le cortó Mikan mientras le miraba sonriente. ― Aunque ame a Rito, aun no sé que es lo que quiero en verdad. ―

Némesis no podía entender a lo que se refería Mikan, pero decidió mejor no llevar esto más lejos para evitar cualquier discusión.

― Además, pensé que eras celosa de Rito, Neme-chan ― Le susurro la castaña al oído de la morena quien se ruborizo ligeramente.

― Y-Yo estoy dispuesta a seguir el plan de la princesa Momo ― Aquella respuesta, algo nerviosa, causo una risa en la castaña. ― ¡No te rías! ― Exclamó Némesis con sus mejillas infladas.

― Lo lamento, pero es que es muy lindo ver que ya no ves a Rito como un esclavo ― Lo que dijo Mikan era verdad, hace mucho tiempo atrás que dejo de lado aquel deseo cuando el chico que amaba le dio una oportunidad de ser feliz en medio de tanto dolor. ― Me es muy lindo, tú, la chica que buscó hace tanto tiempo volverlo su esclavo y atentar contra Yami, ahora espera unas niñas de él junto al hecho de que te preocupas mucho por Yami. ― Finalizó la castaña mientras se levantaba de su asiento para poder ir a la cocina.

Némesis miró hacia donde se fue Mikan, sonriendo por las palabras que la niña había usado. Desde que se conocieron, notó la madurez que ella llevaba en su hablar y en su pensar, pero jamás creyó que un día sería sermoneada por ella.

― ¡No olvides el helado! ― Le gritó Némesis a Mikan para poder disfrutar del postre juntas.

― No lo haré ― Fue la respuesta de la castaña quien estaba en la cocina.

No podía dar crédito alguno, Némesis había cambiado y pronto su vida cambiaría aún más después de todo. Lamentablemente, ella sentía que algo no andaba bien desde que la madre de las princesas llegó a la Tierra y desde hace tiempo notaba que Rito como Rin ocultaban algo.

― «¿Qué ocultan?» ― Se preguntaba la morena ya que, desde su perspectiva, toda la visita era extraña.

En otro lado, las princesas Lala y Momo se encontraban junto a Kotegawa y Haruna en una tienda de ropa. Las chicas disfrutaban del tiempo libre que tenían en cosas cotidianas en la Tierra. Haruna como Lala ya habían planeado una boda doble en el futuro, aunque Haruna tenía miedo de algunas ideas que la inocente princesa tenía.

― ¿Qué te parece este vestido? ― Le preguntó Lala a su mejor a miga mientras le enseñaba un vestido amarillo con toques en blanco.

― Es muy lindo ― Le contestó Haruna mientras buscaba algo más casual.

― ¿Qué buscas? ― Lala en ese momento se acercó a su amiga para ayudarla.

― La verdad, quiero comprar algo para mi cita con Rito como para el nacimiento de las niñas. ― Fue la respuesta de la chica de cabello corto mientras miraba como Lala cerraba sus ojos. ― Se te ocurrió algo, ¿verdad? ― Le preguntó Haruna a su amiga quien sonrió.

― Bueno, tengo un vestido azul en casa que podrías usar ― Fue la respuesta de la princesa viendo como Haruna sonreía de felicidad. ― Pero, tienes razón, debemos conseguir algo para cuando nazcan las niñas. ―

― Creo que deberíamos comprarle algo a Rito como a Neme-chan ― Agregó Haruna mientras veía otros vestidos que había por ahí.

― Tranquila, Nana se encargó de eso hace tiempo ― Lala en ese momento recordó los dos regalos que compró para Rito como para Némesis, ya que después de todo, fue la propia Némesis quien le pidió ser la madrina de las niñas.

― Nana también quiere ser mamá, ¿no es así? ― La princesa al escuchar lo que dijo su amiga soltó una risa mientras recordaba las ansias de Nana por ser madre.

Recordando la vez en que su pequeña hermana y Rito ganaron aquel viaje, veía en los ojos de Nana esa felicidad de tener una familia junto a Rito. No era la primera vez que la veía así, pero por primera vez veía una sonrisa sincera y llena de felicidad que nadie jamás hubiera podido otorgarle a Nana. Aquellas vacaciones, por lo dicho por ambos, forjaron los lazos entre los ambos.

― Desde que regresaron de sus vacaciones se ha enamorado más de Rito, es tan linda verla así. ― Comentó Lala al recordar lo tímida que era su hermana con Rito en ciertos momentos.

― La verdad tienes razón, ¿quién iba a creer que ella se enamoraría de Rito? ― Comentó Haruna quien también se había sorprendido de los sentimientos de la segunda princesa. ― Aunque me sentí muy mal cuando me pidió disculpas. ―

La chica de cabellos azulados recordó cuando la princesa Nana fue a su casa a pedirle disculpas por haberse enamorado de Rito.

― Ella en verdad lo quiere mucho, ¿no es así? ― Dijo Haruna quien tomó un vestido blanco que era perfecto para cuando nacieran las niñas.

― Ya lo sospechaba, pero tenía mis dudas.

― A veces Nana puede ser tan testaruda como Yui

― Es cierto, Kotegawa chan también estaba igual que Nana.

― Creo que su confesión fue la que más me impresionó.

― Ella-

Antes de siquiera responder, Lala vio a su madre junto a Yami y Rito pasar por la tienda. Haruna al ver a la dirección que miraba su amiga, se sorprendió de ver a la madre afuera y sin el velo que usualmente portaba para evitar que la gente cayera en los efectos charm.

― Lo lamento ― Decía una triste Sephie a un Rito que llevaba una marca de una mano en su rostro.

― Es muy lamentable que ignoraras a la madre de tu futura esposa. ― Dijo Yami quien iba tomada de la mano junto a Rito.

― Tranquila, no sucede nada. ― Contestó el castaño con mucho dolor.

Lala al verlos, decidió salir de la tienda rápidamente ya que tenía miedo de que algo malo sucediera.

― ¡E-Espera! ― Gritó Haruna al ver que la princesa se llevó consigo algunas ropas.

Sintiendo como si le miraran, Haruna se dio vuelta para ver a la encargada de la tienda que tenía un aura oscura alrededor de ella. La pobre chica sintió como era amenazada y de inmediato sacó su cartera con el fin de tomar una tarjeta de crédito con el fin de pagar.

― Yo pagaré lo de ella ― Dijo Haruna con una sonrisa nerviosa.

― Por aquí señorita. ― La mujer indicó que la chica se acercará, pero con una sonrisa aterradora.

Una vez afuera, Lala saltó a abrazar a Rito por detrás provocando que este como Yami cayeran al suelo.

― ¡Rito!

Como era de esperarse, Lala como Yami estaban siendo tratadas como Rito siempre lo hacía frente a una Sephie que miraba incrédula las habilidades del castaño. Con su boca en el seno derecho de Lala, su mano derecha sosteniendo la cola de la princesa y con su mano izquierda tocando la intimidad de Yami quien era víctima de la sensación de placer al igual que Lala.

― Ah… Rito

Lala se veía incapaz de hablar sin gemir al sentir la lengua del chico lamer, sin querer, su pezón.

― T-Tú m-mano

Yami estaba igual que Lala, sólo que ella sentía aquellos dedos muy adentro, acariciando su intimidad y provocando que ella sintiera que poco a poco su prenda se humedecía.

― Así que está es la gran habilidad tuya. ― Dijo Sephie sonrojada y cubriéndose con sus brazos aquellas zonas que Rito tocaba en las chicas. ― N-No estoy preparada para eso, Rito-kun ― El nerviosismo en la dulce voz de la reina causó que el castaño se sonrojara más. ― Pervertido. ― Dijo ella sonriendo un poco.

― ¡Lala!

En ese momento Haruna salió de la tienda con sus cosas en la mano y con una expresión de preocupación sólo para encontrarse con la misma escena que era vista por Sephie.

― ¿Se encuentran bien? ― Preguntó Haruna toda nerviosa y sonrojada al ver a su amado Rito sufrir de su bendición divina.

Las chicas sin embargo gemían ante el intento del chico por salir de esa situación al provocar movimientos que las hacía sentir más placer.

― Mejor no te muevas. ― Dijo Haruna sonriente al ver que la situación empeoraba. ― Déjame ver como puedo ayudarte. ― La visión de lo que tenía frente a ella no le daba buena fe.

Después de múltiples intentos de separar a Rito de las chicas con ayuda de la madre de Lala, Rito y las chicas fueron libres, pero lamentablemente Lala y Yami estaban en un límite.

― ¡¿Se encuentran bien?! ― Preguntó el castaño a las dos chicas que yacían en el suelo.

Lala como Yami eran incapaces de hablar, pero tenían una sonrisa en su rostro que decía todo.

― Tal parece que disfrutaron "eso". ― Habló Sephie quien miraba a otra dirección.

― Estoy de acuerdo con la mamá de Lala. ― Agregó Haruna, apoyando la deducción de la madre de las princesas.

― ¡Yo no quería hacer esto! ― Exclamó Rito para voltear a ver a ambas mujeres que desviaban su mirada de él. ― Ahora me ignoran por haber hecho esto. ― Murmuró en voz baja el chico notando que ambas tenían sus manos muy cerca de sus entrepiernas. «― No puedo creer que estén pensando en ello―»

― ¡Senpai!

Una voz conocida para las chicas llamó la atención de todas, incluido Rito.

― ¿Mea? ― En ese momento la hermana de Yami apareció de la nada saltando los brazos del chico.

― ¡¿Te encuentras bien senpai?! ― Preguntó la chica toda preocupada buscando cualquier herida en el chico. ― ¿No te pasó nada? ― Insistía ella con preocupación en su voz.

― ¿Qué? ― Rito era incapaz de entenderle, así que a su mente se le vino el incidente de hace unos momentos. ― ¡N-No me pasó nada! ― Gritó nerviosamente el chico con su rostro todo rojo.

― Me alegró. ― Dijo Mea suspirando y soltándose del agarre del chico. ― Por cierto, ¿qué haces Yami-oneesama? ―

Lala y Yami veían a la chica que tenía un rostro confuso, ¿acaso no se había dado cuenta de lo que sucedió?

― Bueno, luego me dicen que hacen en el suelo. ― Mea en ese momento centró su atención en la mujer mayor que estaba con ellos dándole una mirada seria que logró provocar en la reina un temor. ― Quiero que sea sincera con Rito y con Nana como con todas, no quiero mentiras. ― Aquellas palabras llamaron la atención de los presentes por la rudeza de las mismas.

― ¡Mea! ― Gritó Yami con cierta molestia intentando reincorporarse.

― ¿Qué estás diciendo, Mea? ― Preguntó Rito con ligera sospecha de lo que ya sabía.

Las chicas miraron a la madre de Lala quien bajo su mirada al ver que ya todo había acabado. Lala, al verla, sintió un pequeño enojo con Mea al hablarle así a su madre y antes de poder hablar fue interrumpida por su madre.

― Lamento haberles mentido. ― Dijo Sephie con voz quebrada.

― ¿Mamá?

Lala al ver que su madre comenzaba a temblar como a disculparse, sintió que algo andaba mal y no era por culpa de Mea.

― Les he mentido a todos. ―