Mamá

26 de enero de 2018

El dolor de mentir es muy difícil de entender para muchos. A veces la esperanza se ve sobrepasada por la realidad y el sentimiento de culpa carcome el alma. Existen mentiras que buscan hacer daño, pero hay otras que buscan, al menos, dar una momentánea felicidad. El dolor de una madre de mentir a sus hijos para evitar ver que sus sonrisas mueran llega a ser muy difícil y doloroso, pero, el amor de una madre no distinguirá entre lo correcto y lo malo cuando se trata de proteger a sus hijos.

― Les he mentido a todos. ― Decía Sephie en voz quebrada a los presentes.

― ¿A qué te refieres? ― Preguntaba su hija quien no comprendía nada.

Rito sabía que tarde o temprano todo iba a salir a la luz, sabía desde hace tiempo que la madre de Lala ocultaba algunas cosas.

― ¿A qué te refieres con eso? ― Volvía a preguntar Lala mientras se acercaba a su madre para verla a los ojos notando que se encontraba llorando. ― ¿Qué tienes mamá? ―

― Te he mentido, Lala. ― Respondió la madre quien derramó lágrimas al ver a su hija toda preocupada. ― Les he mentido a todos ustedes. ―

Lala no comprendía nada, ella no entendía como su madre les había mentido a todos. Ella entonces volteó a ver a Rito quien desvió su mirada levemente para nuevamente ver a los ojos de Lala.

― ¿Qué sucede Rito? ― Preguntaba la princesa toda preocupada.

― Lo lamento, Lala, pero yo no puedo responder a eso. ― Contestó el castaño seriamente mientras veía a la madre de Lala llorar.

Rito no podía dejar sola a Sephie, no lo haría, aunque ella les hubiera mentido a todos. Sin decir nada, él se acercó lentamente hacia la charm para poder abrazarla gentilmente. Sephie, al sentir el abrazo de Rito, recordaría aquellos abrazos que su marido le daba cuando se conocieron, aquel sentimiento de amor que ella tenía nunca perecería mientras ella lo sintiera de verdad.

― Todo está bien, no pasa nada. ― Le susurró Rito al oído. ― Yo estaré aquí para protegerte. ―

Las palabras sinceras de Rito llegaron al corazón de la reina Sephie quien se aferró al castaño para poder llorar en su hombro sintiendo como este acariciaba su cabeza. Nadie jamás creería que Sephie Michaela Deviluke lloraría en los hombros del prometido de su hija.

― Mamá.

La princesa Momo miraba el cielo de su jardín virtual sintiendo una opresión en su corazón.

― Rito. ― Murmuró ella mientras llevaba su mano a su pecho y miraba con preocupación el celeste cielo. ― Algo sucede.

Sacando su D-Dial, Momo decidió que era momento de abandonar su jardín por un momento para ver que sucedía. Tecleando rápidamente, la princesa Momo apareció frente al baño de la casa donde se encontraba su hermana Nana.

― ¡Nana! ― Gritó la princesa para que su hermana le respondiera.

― ¿Qué sucede? ― Se escuchó el grito de la princesa quien seguía dentro.

― ¿Puedo pasar? ― Preguntó Momo recargándose contra la puerta esperando la respuesta de su hermana.

― Sí, puedes pasar.

Momo giró el picaporte para poder abrir la puerta. La tercera princesa se llevó una sorpresa al ver a su hermana quien recién salió del baño; al igual que ella, Nana tenía un rostro consternado cómo si hubiera sentido algo.

― ¿Lo sentiste? ― Preguntó Momo a su hermana quien se encontraba secando su cuerpo.

― Se sintió como aquella vez en que Némesis… ― Para Nana, recordar la vez en que Yami sacó su poder y Némesis usó a Mea era algo que le dolía siempre. ― Pero, sentí como si mamá estuviera llorando. ― Agregó Nana quien miró al suelo.

El rostro de Momo mostraba preocupación como duda.

― ¿Por qué mamá vino a la Tierra? ― Preguntó la princesa a su hermana gemela quien volteó verle. ― ¿No es extraño que mamá viniera a quedarse a la Tierra durante un largo tiempo? ―

La segunda princesa entendió lo que quería decir su hermana, pero ella no quería creer que había algo más con la visita de su madre.

― Tampoco hemos recibido la llamada de papá, ni mucho menos hemos visto que mamá hable de él. ― Decía Momo quien se acercó a su hermana.

― He visto que Rito buscaba hablar con ella, pero siempre evadía el tema. ― Dijo Nana recordando las veces en que el castaño intentaba hablar con su madre, siempre en compañía de Rin. ― También, Rin se encontraba siempre con Rito. ―

Momo se sorprendió de saber eso; ella desconocía que Rin supiera algo.

― ¿Rin? ― Preguntó Momo.

― Sí, los primeros días tanto Rito como ella buscaban hablar con mamá. ― Respondió Nana mirando como Momo se encontraba pensando algo. ― ¿Tienes alguna idea, hermana? ― Preguntó Nana esperando una afirmación de su hermana.

― Puede que la tenga, pero necesito ir con Rin ― Contestó Momo.

― Entonces iré contigo. ― Dijo Nana dando su apoyo total a su hermana. ― Sí es algo sobre mamá, entonces iré contigo. ―

Al ver la actitud de su hermana, Momo sonrió con confianza al ver que no estaría sola.

― Bien. ― Dijo la tercera princesa para después inspeccionar el cuerpo de su hermana notando unas marcas. ― ¿Ya has tenido relaciones sexuales con Rito? ―

Nana se sonrojo al oír tales palabras.

― ¡No! ― Gritó ella negando con la cabeza. ― L-La bestia y yo no hemos hecho nada de eso. ― Decía Nana sin saber que se encontraba moviendo su cola de la misma forma que lo hace con Rito.

― ¿De verdad? ― Dijo Momo con una sonrisa pícara para tomar rápidamente la cola de su hermana. ― ¿Segura que tú y tú bestia no han hecho nada? ― Preguntó ella mientras pasaba sus dedos por la sensitiva cola de su hermana.

― ¡M-Momo! ― Gritó la gemela quien se sentía excitada por la forma en que Momo acariciaba su cola. ― ¡Detente! ―

― Sólo hasta que me confieses todo. ― Fue la respuesta de Momo quien continuó con lo suyo al punto de pasar su lengua por la cola de Nana quien soltó un gemido. ― Sigues siendo más sensible que yo, tal vez eso le guste a Rito-san ―

Antes de poder torturar más a su hermana, la puerta del baño se abrió revelando a una seria Mikan quien miraba en dirección a una asustada Momo. Detrás de la hermana de Rito, se encontraba Némesis quien observaba la escena con una sonrisa burlona.

― Mikan. ― Dijo Momo nerviosa al ver como la hermana de Rito le miraba. ― Hola. ―

― Ya se me hacía raro que Nana tardara mucho en el baño. ― Fue la respuesta de la castaña quien veía a Nana respirar agitadamente debido a que su hermana tenía entre sus manos su cola. ― Creo que deberías soltar a Nana. ―

Sin protestar, Momo soltó a su hermana quien cayó de rodillas al suelo.

― Me alegro de que no llevarás esto demasiado lejos, Momo-chan. ― Comentó Mikan quien dio un suspiro. ― ¿Qué es lo que sucede? ― Preguntó la castaña con autoridad.

― Creo que Momo está siendo pervertida con su hermana. ― Comentó Némesis mientras sonreía burlonamente.

― ¡No es cierto! ― Gritó Momo.

― ¡Sí lo fue! ― Contestó Nana un poco más recuperada.

La princesa Momo comenzó a temblar al ver la mirada llena de seriedad que Mikan le lanzaba.

― Bueno, ya, lo lamento mucho ― Se disculpó Momo con la esperanza de no ser reprendida por la hermana de Rito.

Mikan soltó un suspiro por la actitud de Momo. No estaba para hacer un coraje por la siempre pervertida actitud de la princesa, pero tampoco podía dejar que ella cruzara la línea de lo correcto y lo incorrecto, sobre todo teniendo a Némesis en su última etapa de embarazo cuando se encuentra más inquieta que de costumbre.

― Bien, vístanse, Rin va a venir a hablar con ustedes dos al igual que Zastin ― Anunció Mikan dispuesta a irse, pero antes volteó para ver a Momo una última vez ― Sí le haces algo a Nana, dormirás conmigo

Sin pensarlo dos veces, Momo asintió con temor ante la mirada fría de la chica. Némesis decidió seguir a Mikan ya que ambas estaban con sus cosas y no quería ser parte del regaño de la hermana de Rito. Una vez que se fueron, Nana tomó a Momo de la cola causando que la tercera princesa casi cayera de rodillas.

― No creas que te vas a salvar, ¿me entendiste? ― Amenazó Nana con una voz dulce y tranquila.

― E-Entendido ― Respondió Momo sintiendo placer por el agarre de su hermana. ― «Se siente bien» ― Pensaba Momo quien disfrutaba por su lado que Nana tomase su cola.

Ya calmadas, ambas princesas bajaron a la primera planta de la casa para ir en dirección a la cocina. Ambas notaron a Némesis como a Mikan ahí y se llevaron una sorpresa al percibir un fresco aroma.

― ¿Cómo se encuentran, princesas? ― Saludó una alegre Némesis quien disfrutaba de un rico helado.

― Hola, hasta que bajaron ― Habló Mikan quien se encontraba sirviendo helado en dos platos más ― ¿Desean un poco?

Nana como Momo se miraron de reojo y esto no pasó desapercibido por la castaña.

― Lamentamos lo de hace rato ― Se disculparon a la vez las gemelas para tomar asiento junto a Némesis.

― Sin duda hicieron un gran alboroto, digno de ustedes las Deviluke ― Comentó Némesis quien comía el helado muy rápido. ― Por cierto ― Llamó Némesis a ambas princesas quienes le voltearon a ver. ― Necesito hablar con ustedes antes de que hablen con Rin y Zastin, es sobre su madre

Momo y Nana se miraron. La seriedad en las palabras de Némesis indicaba que algo no iba bien y eso les causaba un gran temor.

En el centro comercial, las cosas ya se habían calmado un poco. Lala se encontraba abrazando a su madre quien lloraba y le pedía disculpas por todo. Sephie había decidido revelar todo a su hija quien se negaba a creer que su padre, el hombre que daría todo por ellas, traicionara a su madre y a todo el reino de la noche a la mañana. Lala no quería creerlo, pero la seriedad con la que habló Mea le indicaba que era más que cierto.

― ¿Estás molesto conmigo, Rito?

Mea se encontraba a lado de Rito quien veía todo desde cierta distancia.

― No ― Respondió para dar una caricia a los suaves cabellos rojizos de Mea ― Sé que no sabías nada y en parte siento que también fue mi culpa, Rin va en dirección a la casa para hablar con Nana y Momo.

Al oír eso, una preocupación creció en Mea ya que conocía cómo es Nana y tenía miedo de que su mejor amiga no pudiera con la noticia.

― Confía en Rin, ella es muy buena en estos casos ― Dijo Rito con tranquilidad. ― Lo importante ahora, será esperar la llegada de Gid

Rito sabía que debía encarar al ser más poderoso, no porque él quisiera, sino porque debía hacerlo. Él debía encarar a Gid por Lala, por Momo, por Nana y por Sephie; pero no sólo por ellas, sino por todo lo que habían construido y la familia que había nacido. Rito iba a enfrentar a Gid por segunda vez.

― «Mal momento para sentir temor.»