Encuentro (Parte I)

To Love Ru


El viaje hacia la escuela había cambiado de rumbo y se debía principalmente a petición de Tear. La familiar, por así llamarla, caminaba tranquilamente por la ciudad, incluida Sephie. La madre se hallaba perpleja de que su hija Lala lograra hacer que su efecto charm estuviera bajo control y no provocase a las personas de la ciudad. Madre e hija conversaban sobre eso hasta que un nombre familiar salió a la luz provocando un sonrojo en Rito que no paso desapercibido por las princesas Momo y Nana.

― ¿Así que también posees el charm? Me sorprendes cada día, Rito-san―dijo Momo, molestando un poco a Rito―. Un día de estos, deseo que Riko-san me tome como su mujer también.

― ¡Momo! ―gritaron Rito y Nana al mismo tiempo sorprendiendo a la chica.

― ¿Cómo puedes decir eso sobre Riko? ―cuestionó la segunda princesa a su hermana menos quien comenzó a silbar―. En verdad a veces me pregunto si somos hermanas de verdad.

Rito soltó un suspiro largo. A veces él se preguntaba por qué Lala buscaba convertirlo en chica la mayoría de las veces que necesitaba algo, incluso ya tenía en su armario ropas para Riko. La imagen de verse a si mismo transformado en Riko luciendo cada una de las prendas que le compraron las chicas lo ponían rojo.

Mikan y Yami se encontraban conversando, mientras le echaban un ojo a Némesis la cual caminaba junto a Mea conversando sobre dulces y esas cosas. La hermana menor miraba con evidente impresión que Némesis pudiera caminar en su estado actual, ya que tenía entendido que un embarazo podía consumir todas sus fuerzas. En ese momento la exasesina sintió como si las estuviesen observando, por lo que volteó atrás para ver una figura que se acercaba.

Al momento que Yami reconoció de quién se trataba, sus ojos se abrieron con temor.

― ¡Yami-chan! ―el grito de un hombre bajo y lentes llamó la atención de todos― ¡También están todas! ¡Este es el día más afortunado que he de tener! ―exclamó.

El director de la escuela a la que asistían venía corriendo a enorme velocidad logrando sorprender a todas las chicas, menos a Lala y Rin que ni se inmutaron. Yami se encontraba preparada para repeler al pervertido, hasta que de pronto una atlética figura lo mando a volar con una patada haciendo que se perdiera en el aire para ser olvidado por el escritor.

Todos estaban sin habla por lo que vieron, y fue en ese momento que Rito reconoció de quién se trataba. Rin al ver quién era se sorprendió de verdad, ya que hace tiempo que no había hablado con ella y sería algo incómodo. La figura que había salvado a todos era nada más ni nada menos que la amiga de Rin, Saki Tenjouin, quien mostraba un rostro completo de lágrimas y que se dirigían principalmente al joven Rito.

La joven pasó por todas sin dirigirles palabra alguna, hasta que al fin estaba cara a cara con el problemático joven quien no dejaba de ver aquellos ojos color oro que solo ella poseía. En ese momento, para sorpresa de todas, ella abofeteó al chico sin anunciar dejando a todas sin palabras, en especial a Rin quien no entendía para nada lo que sucedía. Todas iban a defender a Rito en ese momento, pero de pronto notaron la sonrisa triste que había en el rostro del chico y cómo ella comenzaba a derramar lágrimas.

― ¿Por qué? ¿Por qué tenías que pedirle eso a él? ―preguntó ella de repente, dejando a todas confundidas.

Rito alzó su rostro para confrontarla, notando aquella mirada llena de dolor que simplemente buscaba respuestas que sólo él podía dárselas.

―Lo lamento, Saki. Pero cuando vi como sonreías al pedirme eso, creí hacer lo correcto―dijo Rito con una mezcla de tristeza y comprensión―. Lamento todo lo que hice.

Saki en ese momento rompió en llanto, solo para ser envuelta en los brazos de Rito quien dejó que la chica llorase en su hombro. Todo era tan extraño para todas, pero había algo que probablemente se relacionaba con el espadachín que encabezaba la protección de la reina.

―Todo va a estar bien―le susurró Rito al oído―. Tranquila.

Después de que Saki se tranquilizara, Rin ayudo a su amiga para que se sintiera más cómoda debido a que todas tenían que encontrarse con el resto para trazar el plan. Mikado, quien ya se encontraba en su clínica, esperaba poder entablar una conversación con Yuuki Rito en privado.

Al momento de llegar a la entrada de la clínica de la mujer, fueron recibidos por algunas chicas que ellos conocían siendo Oshizu quien se hallaba en compañía de Risa y Mio; cabe decir que el trío de chicas se encontraba vestidas con un uniforme de enfermera que les trajo recuerdos a Momo, Rito y a Yami. Cuando las tres se percataron de la presencia de todas, se quedaron algo impresionadas, sobre todo Mio ya que planeaba molestar un poco al prometido de Lala.

― ¡Haruna! ¡Lala! ―gritó Oshizu saludando a sus amigas quienes corrieron a su lado―. ¿Cómo han estado? Me sorprendí mucho al verlas juntas, bueno, no sólo a ustedes, sino a todas―explicaba ella señalando al harén de Rito.

―Sucedieron muchas cosas, ¿no lo crees? ―contestó Haruna con cierta pena dejando a Lala la explicación.

―Bueno, la verdad es que desde que llegué a la Tierra nuestras vidas han cambiado. Desde ese día, creo que atraje los problemas―explicó Lala con una sonrisa grande―. Además de eso, creo que Rito ya se ha comprometido con todas.

La joven fantasma se quedó sin palabras tras oír esa última parte, en especial porque ella siempre consideró que Haruna debía ser la chica con la que el joven Yuuki debía quedarse. Antes de siquiera poder seguir su conversación, Yami y Némesis aparecieron en la entrada con miradas serias que se fijaban en la puerta de la clínica. Rito al ver como ambas se pararon al frente, supo de inmediato de qué se trataba.

Mea, viendo desde atrás, notó el aura asesina de sus dos hermanas ya que ambas tenían un pasado con Kuro algo problemático tras haber detenido el intento de asesinato de Rito. Las tres princesas quedaron sin habla debido a que la mera presencia del asesino lograba estremecerlas; Sephie por su lado se hallaba temblando, conocía la vasta carrera que poseía Kuro y entendía que aquel hombre poseía unos ideales que lograban hacer que sobrepasara los límites para vencer, siempre.

El portón se abrió, Mikado y Tear salieron primero, ambas con unas sonrisas tranquilas, siendo seguidas por el hombre que Rito había contratado. En los ojos de Kuro, la muerte estaba presente y eso no pasó desapercibido por ninguna de las chicas, en especial Lala, quien tomó coraje para no palidecer ante la fría mirada de su aliado. Kuro observó a todas las chicas con cierto asombro, pero quedó más sorprendido al ver a Yami y Némesis al frente, sobre todo con el notorio embarazo de la segunda.

Caminó, pasando a las dos mujeres que lo llevaron hasta ese lugar. Podía ver en aquel par de ojos de las dos chicas al frente una convicción diferente a la de su anterior encuentro. Sin dudar, Yami accedió al modo Darkness, mientras que Némesis dejó emanar un poco de su poder. El ambiente se tensaba más y más, pero Rito no se inmutaba ante esto, debido a que en el fondo él sabía que los ideales de Kuro estaban bien cimentados como para que aquel hombre tuviera una buena opinión sobre lo que es correcto o no.

Las dos chicas miraban desafiantes a Kuro, quien se detuvo a escasos metros de ambas; parecía que en cualquier momento los tres entablarían un combate que podría causar grandes destrozos. El asesino miró a ambas, dando un suspiro para así cruzarse de brazos para poder hablar.

―Jamás creí que alguien como tú, Oscuridad Dorada, fuera capaz de controlar su poder mediante el amor―comentó Kuro notando como Yami se ruborizaba un poco para después voltear a ver a Némesis―, pero me sorprende que tú fueras la primera en quedar preñada con los hijos de mi contratante. En verdad sucedieron tantas cosas desde que estuve en la Tierra para asesinarte, Yuuki Rito.

El castaño soltó una risa nerviosa, principalmente porque él fue el objetivo de Kuro en el pasado y en segundo, porque las chicas se encontraban algo aterradas de que él le fuera a hacer algo.

― ¿Acaso siguen dudando de mí? ―Kuro había notado que las dos chicas seguían manteniendo su postura―. Ha sido Yuuki Rito quien me ha contratado. A partir de ahora seré su aliado hasta que se resuelva la crisis que tienen con el Rey de Deviluke―explicó él.

Némesis decidió tomar la palabra antes que Yami. Las dos querían dejar en claro todo.

―Es cierto, mi querido Rito te ha contratado, pero no creas que te voy a descuidar por el simple y sencillo hecho de que lucharás de nuestro lado―dijo Némesis sonriendo como siempre.

―Incluso si él es un pervertido, quien lo mataría sería yo y nadie más―agregó Yami haciendo que todos, incluido Rito rieran nerviosamente.

Cerrando los ojos, Kuro analizó lo que ambas habían dicho y llegó a la conclusión de que las dos al fin habían encontrado aquella paz con aquel idiota que había manoseado a cada chica. Tear y Mikado se miraron, ambas sabían que un juicio de Kuro sería eterno, y si el juicio que él daba era el correcto, ellos tendrían un aliado eterno.

―Parece ser que él logró cambiarlas. Me cuesta creerlo, pero al estar presente la Reina, puedo asegurar que él tiene algo que seguro cambiara el rumbo de este universo―declaró para así volver a dentro de la clínica, no sin antes mirar de reojo a Rito quien le regaló una mirada seria―. Futuro Rey de la Galaxia, quién lo diría―murmuró.

Momo soltó un suspiro de alivió al ver que la situación ya calmada. Todas se hallaban más tranquilas, en especial Yami y Némesis, quienes bajaron su poder, pero en ese momento la morena había sentido como si sus energías la dejaran.

― ¡Némesis! ―Rito se dio cuenta de inmediato y la tomó en brazos―. ¿Te encuentras bien?

Ella parpadeó un poco. Había sido extraño para ella, ya que según recordaba, su poder se había recuperado tras haber vivido con Rito durante un tiempo.

―Me sentí un poco débil. Fue extraño

―Lo mejor será que te quedes con Mikado para que te revise, ¿de acuerdo?

Ella iba a protestar, pero tras pensarlo un poco, posiblemente le dejaran en cama un rato para descansar. Rito ya sabía que ella por no hacer nada le haría caso y eso le alegraba, ya que no quería involucrarla debido a que se encontraban en el noveno mes y en cualquier momento ella podía presentar los síntomas de entrar en labor.

Nana, Mikan y Momo observaban todo desde lejos. Las tres se encontraban juntas y sabían que no debían de involucrarse en lo que vendría, pero deseaban ser de utilidad tanto para Rito como para Lala. Lamentablemente, las tres chicas también se encontraban sumamente preocupadas por la salud de la morena.

―Hermana, ¿crees que Némesis este a punto de dar a luz? ―preguntó Momo a su hermana, ya que esta tenía un sentido agudo para estos casos.

―No lo sé. Recuerda que su poder evitó que tú y yo nos diéramos cuenta de su presencia anteriormente―explicó Nana viendo como Némesis mostraba signos de fatiga―. Usualmente ella no se siente cansada, pero ahora muestra fatiga. Es probable que pueda dar a luz, pero… También me siento preocupada.

― ¿También lo sientes, Nana? ―preguntó Mikan, uniéndose a ambas.

La segunda princesa mostraba un rostro evidente de preocupación.

―Si a papá se le ocurre atacar en este momento, sería un verdadero caos―comentó Momo con preocupación.

Ambas hermanas se miraron; en cualquier momento su padre llegaría y sería un verdadero caos el tener que luchar contra él, pero, además, debían de cuidar de Némesis. Parecía que incluso la asistencia de Kuro apenas y podría ayudarlos con todo lo que tienen. La princesa Momo miró el cielo en el cual unas nubes blancas y hermosas yacín pintadas y fue en ese momento que su mente logró darle una genial idea tras haber recordado que los soldados de agua, a fin de cuentas, seguían siendo agua.

― ¡Lo tengo! ― gritó ella asustando a las chicas por su repentina energía―. ¡Sé como evitar una lucha contra las fuerzas de papá, pero necesito su ayuda! ―Nana y Mikan se miraron al ver como se hallaba la tercera princesa―. Descuida, Nana, esta vez no haré una tontería, pero creo que además tú y yo podemos hacer algo para ayudar a Rito como a nuestra hermana mayor.

― ¿Segura de que tu idea es buena, Momo? ―preguntó Nana no muy confiada de los planes de su hermana―. De alguna manera siempre que planeas algo es para tu beneficio.

― ¡Esta vez no es así! ―Momo en verdad se sentía un poco molesta al ver que las dos no confiaban en ella―. Sé que en el pasado he hecho cosas no tan buenas para el harén de Rito, pero eso no tiene nada que ver con mi idea. Es más, quiero que recuerden el combate contra Yami cuando su poder se descontrolo.

―Yo no me encontraba―interrumpió Mikan con una sonrisa.

Momo había olvidado ese detalle por completo, pero se negó a retroceder ya que sería más sencillo explicarle a Mikan. La princesa comenzó a relatarle a la hermana de Rito lo que sucedió cuando Yami se descontroló en la escuela y de como esta se había vuelto una especie de asesina pervertida que buscaba matar a Rito con placer y sadismo que incluso podrían opacar a las acciones de Némesis.

Una vez explicaron ambas princesas lo que sucedió, Momo tomó nuevamente las riendas de la conversación.

―Bueno, mi plan es sencillo―sacando su D-Dial, Momo les enseñó en su pantalla unas plantas de color blanco que obviamente se encontraban en su jardín virtual―Estas plantas se encuentran secas, por si preguntan, pero una vez que detectan agua, pueden tomar un millón de litros cada una sin importar en donde se encuentren.

Nana se había quedado sin palabras y Mikan seguía tratando de entender como esas cosas se hallaban en el jardín de la princesa sin haber recibido cuidados especiales.

―Pensé que amabas las plantas―comentó Nana con una sonrisa sarcástica.

Su hermana en ese momento puso un rostro un tanto depresivo. La verdad era que ella amaba todas las plantas, pero esas que tenía, solían ser muy atrevidas con ella cuando estaban llenas de agua. Nunca llegó a imaginarse en su vida el tener que hacerle algo a esas pobre plantas, pero si quería llegar casta a la cama de Rito, había sacrificios que debía tomar.

Dentro del lugar, todos se encontraban algo tensos. Para tener más privacidad, Lala, Rito y Kuro fueron a la planta de arriba a una de las habitaciones que Mikado acondicionó para ser una sala de conferencias, algo en un estilo más político y ejecutivo, esto debido principalmente a que en su clínica llegaban seres de diferentes lugares. Las chicas, quienes no pudieron subir, se encontraban esperando en la planta inferior conversando entre ellas.

Alejada un poco de todas, se encontraba Saki quien veía por la ventana el vecindario donde se alojaba Mikado. Su mirada era triste y demostraba que algo había pasado, algo que no fue para bien. En ese momento, Rin llegó a su lado con dos vasos de té el cual Saki agradeció.

― ¿Me vas a decir que es lo que sucede? ―preguntó Rin en un tono serio, pero tranquilo.

Saki sonrió con tristeza mientras miraba su bebida. Había pasado ya un tiempo desde que ella ayudó a Rin en su relación con Rito, pero fue ella misma la que provocó que se alejara de su amistad con Rin y Aya; la amistad que alguna vez fue tan fuerte desde que las tres eran niñas, ahora se encontraba como un frágil cristal que ha soportado todo.

― ¿Recuerdas que tú eras la que buscó que yo fuera feliz, Saki-sama? ―Rin miraba a su amiga y señora, aquella chica que defendió a Aya de esas personas que tanto mal le hacían y que ahora disfrutaba con el hermano de Run una felicidad que ella misma ya no reflejaba―. Ahora yo quiero entenderte, quiero entender lo que sucedió con Rito y el porqué él es culpable de todo. Sé que él no te hizo nada malo y que esas lágrimas no eran por él… Pero no quiero que tu corazón llegue a odiarlo por algo que él no hizo.

Un sentimiento era capaz de generar odio, pero también contrarrestarlo. Cuando su señora una vez se sintió cegada por la envidia que le tenía a la princesa Lala, ella misma creyó odiar a Rito, y aunque tenía razones para odiarlo, nunca fueron suyas del todo. Él no deseaba manosearlas, pero al final pasaba e incluso la presidenta del comité disciplinario llegó a amarlo. Ella amaba a Rito, él la había salvado y por primera vez su corazón sentía tranquilidad al estar junto a él.

Saki no era mala, al contrario, ella era una persona buena, pero sabía que muchas veces aquellos sentimientos la hacían tomar malas decisiones. Ella no quería eso, pero debía darle la razón a Rin por los sermones que probablemente le daría. Ella no era Rin, no era Lala ni Némesis ni nadie, no, ella era Tenjouin Saki. Si su amiga la sermoneaba al haber dejado de lado esa relación amo-sirviente, quería decir que Rin había madurado, pero aún seguiría estando ahí como su amiga.

―Sé lo que se siente llorar por un corazón roto, pero no deberías quedarte en el suelo llorando―dijo Rin para abrazar a Saki quien en ese momento se quebró, llorando nuevamente―. Y no creas que te abandonaré, me quedaré a tu lado y nuevamente trabajaré para que seas feliz.

― ¡Gracias, gracias por todo, Rin! ¡Gracias por ser mi amiga! ―ella en verdad agradecía el hecho de su amistada con Rin siempre fuera sincera.

La castaña dejó que su amiga llorara, dejando salir todo aquello que la molestaba para que así su herido corazón al final pudiera encontrar algo de tranquilidad.

Arriba, en la habitación preparada por Mikado, las cosas se llevaban un tanto bien. Lala y Rito conversaban tranquilamente con su nuevo aliado, pero la cosa no era para nada sencilla. Como se sabe en toda la galaxia, para que el asesino de Kuro pueda tomar una tarea, este debe obtener algo a cambio de gran valor que le sea de utilidad. Lala ya había ofrecido parte de las propiedades que por derecho ella tenía al ser la heredera al trono, pero aquello no le importaba para nada al hombre de mirada seca.

Las opciones eran limitadas, pero tras pensarlo un poco, la brillante mente de Lala encontró algo de valor y que al mismo tiempo sea de utilidad. Sacando su D-Dial frente a Kuro, ella trajo con ayuda de su aparato uno similar al que usaba de color oscuro y aparentemente más moderno a comparación del modelo actual.

― ¿Qué te parece tener un aparato que te ayude a traer lo que sea de un mundo virtual creado por mí? ―preguntó Lala mientras le extendía aquel aparato―. ¡Vamos! Puedes tomarlo. Juro que este aparato es mejor que el que yo o el de mis hermanas; fue creado para mi padre, pero esto jamás lo tomó y… Bueno, creo que es mejor que alguien lo use en vez de que se eche a perder.

Rito notaba la mirada triste al momento que Lala dijo ese último, pero se impresionó mucho más al ver que Kuro tomaba aquel aparato con sus manos para comenzar a utilizarlo.

―Un teléfono como el que usan aquí en la Tierra, pero con los dotes de una de las mentes más brillantes de la galaxia. ¡Vaya! Jamás creí tener algo como esto―comentó él mientras lo encendía con cuidado notando la capacidad de memoria que poseía dicho aparato y la función de vida de su batería―. Sin duda es algo que alguien como yo puedo usar, pero me sorprende que usted no construyera más como estos.

―Es muy complicado hacer uno solo, existe otro, pero ese no está completo y es un regalo que no puedo ofrecer―dijo Lala con una sonrisa en su rostro para mirar de reojo a su futuro esposo―. ¿Es suficiente para poder ayudarnos?

Para Kuro, esta misión era un suicidio en el ámbito de la palabra, pero al ver que tantas personas iban siguiendo los pasos de estos dos, no le dejaba más opciones, pero, aunque tuviera, el simple hecho de enfrentarse a Gid lo hacía feliz.

―Con esto hemos cerrado el trato, señorita Deviluke―miró como los ojos de Rito y Lala se iluminaron tras decir esas palabras lo que le causó una sonrisa―, pero no puedo prometer absolutamente nada. Su padre obviamente logró una paz que ni yo logré hacer, pero me dan ganas de medir mis fuerzas contra él.

Rito estaba sorprendido ya que notó por primera como sonreía en verdad alguien que incluso puede someter a Némesis o a Yami con su fuerza. La idea de tener a Kuro de lado, descabellada de por sí, era francamente una excelente jugad para un simple humano contra él. Además, la ayuda que le brindaban sus amadas serviría para frenar de una vez por todas a la mujer que se encuentra detrás de todo esto y que atentó en contra de la vida de la madre de las princesas.

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En un lugar más alejado, algunos miembros de la guardia real se han reunido por las ordenes de espadachín del Rey. Tras enterarse de todo lo que había pasado, Zastin logró reunir algunos fieles a la reina a favor de la cusa para así desterrar nuevamente a la hermana de su señor. El grupo no pasaba del veintenar de personas, pero todos ellos formaban parte de la guardia especial de la reina a la cual han cuidado por años debido a la propia naturaleza de su señora.

― Sé que no somos un grupo tan grande como el que nuestro ciego señor ha de traer, pero Rito-dono nos ha confiado la tarea de ayudarle para resolver esta crisis―dijo Zastin a sus camaradas―. Incluso el día de hoy, Rito-dono ha conseguido la ayuda del mejor asesino de la galaxia sin contar con el hecho de que tres de sus mujeres poseen las habilidades de transformar su cuerpo en armas―explicaba él esperando que todos sintieran ánimos de luchar en contra de la injusticia que se ha creado.

―Incluso hoy, señor, seguiremos leales a la reina que nos acogió en brazos―habló uno de ellos para ponerse de rodillas ante su superior―. Si el amo Rito ha puesto de su parte, incluso sacrificando mucho de él, lo que menos podemos hacer es ayudarlo para encontrar su felicidad con la princesa Lala.

―Así es, nosotros lucharemos por ellos

― ¡Jamás nos rendiremos!

― ¡Sí, por los bomberos!... Quiero decir, ¡Por las princesas!

Todos y cada uno de ellos comenzó a mostrar el orgullo que era pertenecer a la guardia de las princesas y de su madre. Para Zastin, esta imagen lograba conmoverlo al grado de que no aguantó las lágrimas.

―Chicos… Ustedes son los mejores―decía él a punto de quebrarse―. ¡Hagámoslo! Vayamos con la princesa Lala a decirle lo que hemos descubierto para vencer de una vez por todas a la señora Lilith.

― ¡Sí!

Así, con una gran confianza, los espadachines emprendieron camino rumbo a la casa de los Yuuki tras haber olvidado en la emoción que ellos no estarían ahí.

En un parque cercano, Kotegawa y Haruna se encontraban descansando tras haber ayudado a sus hermanos en su cita, siendo que estos dos comenzaron a alejarse pronto de ellas. Ambas estaban cansadas ya que caminaron por un buen rato por las plazas comerciales de la ciudad, hasta que de repente se despidieron ambos de ellas. Las dos se habían percatado de que nuevamente ellos comenzaban a enamorarse, por lo que fueron a descansar sentándose en una banca donde disfrutaban de un delicioso helado.

―Al menos esta vez todo terminó bien, ¿no lo crees? ―comentó Haruna algo tranquila.

―Sí, pero te apuesto a que mi hermano lo arruina―dijo Yui con una sonrisa burlona.

―Mi hermana tampoco deja las cosas tan sencillas que digamos, de seguro él ha de sufrir cuando entra a una zapatería o a una tienda de vestidos―de tan solo pensarlo, Haruna ya se sentía lastima por el hermano de Kotegawa.

―Al menos podemos agradecer de que nos dejaran en paz, ¿podemos?

Yui y Haruna se vieron a los ojos para soltar una fuerte carcajada. Las dos se sentían aliviadas de no sufrir más por sus molestos hermanos que no se percataron de que tres chicas y un chico se encontraban corriendo por el parque, siendo una de ellas la cual notó a ambas para así acercarse.

― ¡Haruna, Yui! ¿Qué están haciendo aquí?

Las dos chicas pararon de reír tras escuchar la voz perteneciente de Run la cual se encontraba frente a ambas con una mirada preocupada. Junto a ella se encontraba Kyoko, Aya y Ren, los cuales también se acercaron a ambas con rostros llenos de preocupación.

― ¿Sucede algo? ―preguntó Kotegawa sin saber lo que pasaba.

― ¡El asesino más temido de la galaxia se encuentra en el consultorio de Mikado! ―había gritado Run con preocupación.

Antes de que las dos se alarmaran por la noticia que Run les había dado, su hermano Ren la golpeó en la cabeza mientras le regalaba una mirada seria a su amada hermana

― ¡No lo digas en ese tono! ―exclamó él evidentemente molesto.

― ¡No era necesario que me pegaras en la cabeza! ¡Te voy a acusar con Rito! ―contestó Run con lágrimas en los ojos mientras le enseñaba su lengua a su adorado hermano.

― ¿Qué es lo que sucede en verdad? ―preguntó Yui en un tono un poco más serio que antes―. Y quiero que seas tú la que me explique esto en vez de este par―le dijo a Kyoko, señalando a los gemelos quienes se sintieron ofendidos.

―B-Bueno, es que yo también me acabo de enterar de eso y sólo vengo a apoyar a Run―explicó la idol un poco nerviosa al sentirse intimidad por la mirada que Kotegawa le daba―. ¡Lo juro!

La amante de los gatos soltó un suspiro al ver que no recibía información que las calmara, pero en ese momento la amiga de Saki decidió meterse a la conversación.

―Bueno, Rin me envió algo de información porque Saki-sama se encuentra junto a ella―dijo Aya para enseñar su teléfono a todos donde se apreciaba un mensaje de parte de Rin―. Parece ser que deben tratar un problema con la madre de las princesas, pero nos pidió que fuéramos al consultorio de la doctora Mikado de manera urgente.

La forma en que venía escrito no difería de lo que explicó Aya. Era un poco extraño todo, pero si era relacionado con el problema que había entre el padre y la madre de las princesas, lo mejor sería ir de manera urgente junto a ellas. Sin titubear, las dos tomaron sus cosas y siguieron el camino junto al grupo de Run quien estaba preocupada por su amado Rito, el cual se encontraba con el peor de los asesinos. Ren, sabiendo que su hermana armaría un escándalo, preparaba junto a su novia una soga para amarrarla en caso de ser necesario.

Ya en el consultorio de Mikado, todos se encontraban listos para cualquier invasión de parte de Gid Luceon Deviluke y de la hermana de este; Lilith era bien conocida por Sephie y sabía que sus ojos eran capaces de manipular a cualquier hombre sin distinción de rasgos sanguíneos debido a que representaban una forma alterada y manipulada de su efecto charm.

― ¿Seguro que me tengo que quedar aquí? Sabes, puedo ser de mucha utilidad―decía Sephie un poco triste mientras era sentada por Rito en una de las camas del consultorio.

―No quiero que te pase absolutamente nada malo―declaró él mientras la tomaba de las manos―. Ten por seguro que esto se resolverá de forma sencilla.

―Eso dices para que no me preocupe, pero es ahí donde más me preocupo―no quería preocuparse, pero la forma de ser del prometido de su hijo sólo hacía que su corazón se sintiera intranquila.

«Parece ser que ha adoptado la frase de la madre de Hikari» pensó Rito para darle así un beso a Sephie en la frente―. Vamos, no quiero verte triste, además de que tus hijas esperan verte tan feliz como siempre. Las tres aman a su madre y sé que desean que todo termine para bien.

―Rito…

Sephie comenzó a llorar; sus ojos se habían vuelto grandes y brillosos mientras lágrimas cómicas salían de ellos. Viendo la situación en la que se encontraba, Rito decidió abrazarla para tranquilizarla siendo que esta se aferró al chico con fuerza mientras agradecía una y otra vez por la ayuda que le brindaba. Sin que ambos supieran, en la puerta las tres hijas miraban la escena de su madre con sentimientos encontrados ya que las tres deseaban ser tratadas en ese momento por Rito, pero sabían que él las consentiría a su manera una vez se resolviera la crisis.

― ¿Creen que Mamá quiera ser parte del harén de Rito-san? ―preguntó Momo en tono de broma.

―Sabes que, si haces eso, técnicamente tú plan se va a la basura, hermanita―contestó Nana con una mirada algo molesta―, además de que no quiero llamarle papá a esa bestia.

―Creo que mejor replanteó el plan por completo―dijo Momo con una gota de sudor―, por cierto, hermana, ¿cuándo se van a casar Rito y tú? ―la pregunta hizo que Lala sonriera.

―Nos vamos a casar cuando esto termine―respondió Lala mirando a sus hermanas que estaban con los ojos abiertos―. ¿Qué?

De repente un fuerte grito se escuchó en toda la ciudad e incluso en el vacío del espacio, aun cuando la física lo prohíbe. Rito y Sephie miraron a la puerta para encontrarse a las dos gemelas gritándole a su hermana una serie de preguntas que de inmediato llamaron la atención de la madre y que hicieron temer por la vida de Rito.

― Así que… ¿Se casan después de todo esto? ―preguntó ella con un tono sombrío.

―B-Bueno, es algo que tenía que suceder tarde o temprano―contestó Rito sintiendo como otras dos miradas molestas le miraban―. ¿Sucede algo, Nana? ¿Momo? ¿Por qué me miran así?

―Sería muy sencillo decirte todo, pero mejor… ¡Ven aquí! ―exclamó Nana para saltarle a Rito junto a su hermana.

El pobre chico se encontraba siendo enfrentando por sus otras dos prometidas que, en vez de estar molestas por la boda, estaban molestas porque apresuraron todo sin decirles nada. Se podía decir que ahora solo faltaba poco para que la autentica felicidad de Rito y Lala por fin llegara a sus corazones.